Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Luz sobre un poder poco conocido

Salvador López Arnal

Reseña de Rafael Méndez: Los dueños del Estado. Los altos funcionarios que mueven los hilos en España, Barcelona: Península, 2026, 258 páginas.

Dirán: no es un libro imprescindible. De acuerdo, no lo es. Pero enseña (y no poco) sobre los entresijos de algunas aristas del poder y nunca sobran esas enseñanzas.

Una aclaración del autor: «Este no un libro contra los altos funcionarios [no lo es]. La inmensa mayoría [¿inmensa?] trabaja por su país con la misma determinación que el personal del sector privado; es decir, que de todos habrá [pero abundan, según él mismo cuenta, los interesados sin espíritu público]. Son necesarias élites funcionariales independientes [muchas no lo son] y bien formadas [mucha formación memorística especializada] que paren los pies al político de turno si hace falta [a veces sin hacer falta]. Pero ese poder debería llevar aparejado una rendición de cuentas que ahora mismo no se produce [ni de lejos]. Nadie pone el foco ahí.» (pp. 237-238). Él lo ha puesto, agradezcamos su esfuerzo.

Como el título –«Los dueños del Estado»– y el subtítulo –«Los altos funcionarios que mueven los hijos del poder en España»– pueden dar pie a alguna confusión sobre el poder y los poderosos (¡dueños del Estado, nada menos!), les copio otra aclaración del propio Rafael Méndez [RM, a partir de ahora]: «La imagen de Chitín [José Luis] del Valle Pérez [abogado de Estado] en el fondo de una sala [en la que se juzgaba por defraudador a Cristiano Ronaldo] a la que ha entrado gracias a sus contactos, callado, escuchando para transmitir luego a Florentino Pérez [está o estaba en su nómina] lo que allí pasa mientras cientos de periodistas [como RM] se agolpan a la puerta sin reconocerlo siquiera, me parece la imagen perfecta de una historia por contar. Una historia sobre una pata del poder real de este país: los altos funcionarios [abogados del Estado, letrados de Cortes y letrados del Consejo de Estado]. Personas de mucho prestigio [entre los suyos básicamente, entre las élites y familias], mérito y capacidad que ostentan un gran poder y de los que sabemos poco» (pp. 14-15, las cursivas son mías). La acotación es necesaria: una pata del poder real, funcionarios que ostentan un gran poder, no todo el poder por supuesto, aunque RM páginas más adelante (65-66), crea confusión de nuevo al comentar: «Son los que, desde el corazón mismo de la maquinaria informan sobre las leyes y los reglamentos, los que conocen quién sabe qué y a quién llamar, qué techa hay que tocar para afinar un proyecto o para hacerlo descarrilar, cuáles son los agujeros negros que siempre quedan en las leyes y cómo sortearlas. Por eso son el PODER.» (La mayúscula es de RM). Pero no lo son, no son el poder, ni siquiera en minúsculas, sino una pata servicial y técnicamente muy preparada del poder real del país (sin excluirles a ellos mismos, por supuesto). De ahí que tampoco sea exacta otra de las afirmaciones de RM: «Probablemente, Sáenz de Santamaría era entonces [primer gobierno de M. Rajoy] la persona que más mandaba en España» (97). No lo era, no era la persona que más mandaba. Ni de lejos y aún mandando mucho.

Un apunte sobre el autor que tomo de la solapa interior: Rafael Méndez (Murcia, 1975) es un periodista que ha trabajado en El País, El Confidencial y Salvados. Colabora con elDiario.es y participó en los equipos que publicaron los cables de Wikileaks y los Papeles de Panamá, lo que sin duda dice mucho a favor de él.

Añado este apunte complementario, también favorable: «En esta redacción [de El País] corrían muchos rumores y hubo quien empezó a decirme que si era un castigo [su traslado a la sección Domingo del diario] por hablar de más en las convulsas asambleas de la época. No hacía mucho que la dirección de Javier Moreno y Vicente Jiménez había ejecutado un ERE que dejó en la calle a un tercio de la plantilla mientras defendía que Juan Luis Cebrián, su jefe directo y en última instancia el nuestro, cobrase 13 millones de euros al año.» (p. 56). Lo de 13 millones no es una errata, tampoco una exageración de RM.

Componen Los dueños del Estado el prólogo, 12 capítulos, el epílogo, un apartado de agradecimientos y las notas (básicamente referencias). Se echa a faltar un índice onomástico que hubiera sido muy útil en este caso. Los títulos de los capítulos:

1. «A todos estos del pueblo los he hecho ricos». Serrano Alberca, el letrado de las Cortes que elevó el precio de las expropiaciones.

2. «No te olvides de mí para los temas jurídicos que puedan surgir». Enrique Arnaldo, un letrado de Cortes en todas las salsas.

3. «No deja de ser preocupante lo que denominará «política de puertas abiertas».» Los abogados de Estado y su camino de idea y vuelta a la empresa privada. Capítulo destacable, importante, vale la pena leerlo con calma.

4. «Pleitean contra el Estado que los amamantó, y que les recogerá, magnánimo, al finalizar su recreo». Abogados del Estado contra España en los arbitrajes internacionales de las renovables.

5. Guerra en el cuerpo. Cisma por la polémica concesión del Club Náutico de Ibiza.

6. «Mi incompatibilidad en estos asuntos es total». La estafa de AFINSA y el nivel 24 [Son 30 los niveles de la Administración; el 30 es el más alto; los abogados de Estado tienen el nivel 28].

7. «Esto nos interesa a ti y a mí». Un exministro [Jordi Sevilla] analiza el fenómeno: faltan sueldos e incentivos.

8. GCLegal. Tomás González Cueto y la Federación Española de Fútbol.

9. «Aquí hay mucho negocio en torno al conflicto de interés». La paradoja de Elisa de la Nuez.

10. «Los consejeros permanentes jamás enferman… y rara ver mueren». El Consejo de Estado, un arcano gobernado por ancianos.

11. «Primero tendrán que venir por la mañana». Los letrados del Consejo de Estado: el poder en la sombra.

12. «Yo pertenezco de alguna manera a la Agencia Tributaria. Y no soy desleal con la Agencia.» Las tramas fiscales de los inspectores de Hacienda en excedencia.

Algunos nombres (pero no todos los nombres): letrados de las Cortes: Ignacio Astarloa (es también consultor en el bufete CMS), Francisco Martínez (acusado en la Kitchen, tiene su propio bufete), Iñigo Méndez de Vigo (exministro portavoz del PP). Abogados del Estado: Soraya Sáenz de Santamaría, Dolores de Cospedal, Miguel Arias Cañete, Pablo Isla (INDITEX), Mario Conde (lo fue), Carmen Tejera, Macarena Olona (VOX), Jorge Buxadé (VOX), José Luis Martínez-Almeida (alcalde de Madrid), Fernando Irurzun, Rosa Seoane. El autor da más nombres en las páginas del libro. Muchos VOX, muchos PP.

Mis observaciones, sin adelantarles mucho del contenido:

1. De las historias narradas hay algunas que resultan de mayor interés que otras, pero ninguna es insustantiva, ninguna está de más, empezando por la que RM cuenta en el prólogo del libro, relativa al juicio por defraudador de Cristiano Ronaldo, quien no es el protagonista del caso.

2. Para hacernos idea de las prácticas de estos altos funcionarios: «Un letrado del Consejo de Estado de la sección que examina las normas del Banco de España era, a la vez, consejero en un banco andorrano. Un letrado de las Cortes en activo había sido el impulsor de una doctrina sobre las expropiaciones que costó miles de millones de euros a los contribuyentes.» (17). Hay muchos más ejemplos.

3. También para hacernos idea de qué altos funcionarios de está hablando: «Los letrados de las Cortes son un cuerpo poco conocido, pero fundamental. En cada comisión del Congreso hay dos, el principal y otro más joven. Ellos dicen a los diputados si lo que están aprobando es posiblemente inconstitucional o encaja con el reglamento. También ordenan las enmiendas o, por ejemplo, desdoblan leyes si una parte tiene que ser tramitada como ley orgánica de más importancia u ordinaria, y revisan las disonancias que puedan quedar después de las enmiendas con la exposición de motivos.» A principios de 2025, el propio Congreso publicó un vídeo de los letrados de las Cortes «animando a los jóvenes a presentarse a las oposiciones. El problema es que salen poquísimas plazas –tres fueron las que convocó el Congreso en diciembre de 2024-, y quienes buscan la estabilidad tras haber cursado Derecho no suelen fijarse en esta posibilidad para la que, además, tiene que prepararte un letrado en ejercicio.» Como ocurre en muchos de estos cuerpos (también en otros), «la mayoría de sus ingredientes son apolíticos… de derechas, igual que el personaje de José Sazatornil en La escopeta nacional». Los que entran, tras una oposición larga y difícil (en torno al 10% de los que se presentan), «suelen proceder de un estirpe de juristas con experiencia en estos altos cuerpos, que suelen ser conservadores.» (25; todas las cursivas son mías). ¿Alguna duda sobre el origen y composición social de este cuerpo de funcionarios tan esenciales para el funcionamiento, para el día a día del Estado?

4. Número de Abogados de Estado en toda España: 663. Aproximadamente la mitad se encuentra en situación de excedencia o «prestando servicios» en el sector privado. En 2022 había 264 en excedencia (el 39%) y 46 en servicios especiales. En total, un 46% de la plantilla no ejerció su función en 2022. La cifra de letrados que ejercen realmente en activo se sitúa en torno a los 357. «Entre los abogados del Estado están los que defienden al Gobierno -ministerios, empresas púbicas- en los tribunales. Pero también los hay incrustados en los ministerios y las delegaciones del Gobierno donde realizan informes jurídicos sobre proyectos legislativos, reglamentos, procedimientos, interpretaciones de leyes,…» Un informe contrario de un abogado de Estado «puede paralizar todo un proyecto político, ya que, si un alto cargo decida ignorar ese dictamen negativo, se arriesga a ser acusado de prevaricación.» (61).

5. Trece de las 35 empresas del IBEX (casi un 40%) tienen a Abogados de Estado (en excedencia, a su servicio) como secretarios del consejo empresarial. Entre ellas: Telefónica, ACS, Iberdrola, Endesa, Naturgy, Repsol, Santander, Mapfre, grandes empresas del país. CEPSA fichó en 2024 a Soraya Sáenz de Santamaría. Estos altos funcionarios circulan de un lado a otro de la «línea de demarcación» (que no demarca realmente) público-privado. «Pasados los cincuenta, cuando los despachos empiezan a prejubilar a los sénior, muchos vuelven a la Abogacía del Estado a cotizar esos últimos años» (p. 77). Ciclo completado (pero sin generalización): público (sueldazos)-privado (muchos beneficios, grandes ganancias)-público (sueldazos)- jubilación).

6. Para oxigenarse: una bella historia que cuenta RM, la del ingeniero republicano Federico Melero. Está en el capítulo IV.

7. Sobre el papel de Jordi Sevilla (al que RM trata con muchísimo respeto) y los intentos de Reforma de la administración, céntrense sobre todo en el capítulo VII.

8. En el capítulo X se muestra claramente la alargada sombra del franquismo y el avaro comportamiento de las élites… hasta su fallecimiento (no es exagerado como verán).

9. Una observación de RM: «En uno de los presupuestos más restrictivos de la democracia, meses antes de que Rodríguez Zapatero congelase las pensiones y quitase una paga extra a los funcionarios para combatir [generoso decir] la crisis de Lehman Brothers y el estallido de la burbuja inmobiliaria, el Gobierno aprobaba una pensión extra para dos veteranos del franquismo -y los que vinieran después- que no quería irse de su cargo pese a tener casi cien años. Eso es un pilar del estado, coño, Eso es tener poder». Siempre sobre el «coño», también en esta ocasión. Lo que cuenta sobre los casi centenarios es tal cual. Es decir, ¡puñetas!

10. Un pasaje muy poco lúcido de RM que transita en dirección equivocada: «Quizá crea que exagero y que la motivación de los consejeros permanentes no puede ser solo la económica, ni solo la de mantener el cargo, el estatus y la pompa. En ese caso es usted un idealista. O muy joven. Yo también hubo un tiempo en que desdeñaba el dinero. Ahora, en cambio, sin ese incentivo, menor en mi caso, no estaría tecleando estas líneas. Los ejemplos de Sánchez del Corral y Vizcaíno no son los únicos que me dicen en la dirección correcta.» ¡¡No creo que la dos personas citadas puedan ser ejemplo de nada! Y muchos son, como sabemos y reconocemos, los que teclean libros de mucho interés sin esperar remuneraciones.

11. Hay varias referencias a Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, letrado del consejo de Estado, uno de «los siete padres» de la Constitución de 1978. Presten atención a ellas. Trazan más puntos negros de la turbia trayectoria de este político-alto funcionario de la derecha conservadora española que tan bien ha sido tratado por los medios de formación de opinión. Por la cadena SER por ejemplo.

12. Sobre la figura de Lucas Blanche y su impío papel en la denuncia al ex fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, páginas finales del capítulo XI.

13. Una breve lista de artistas, muchos de ellos admirados por todos nosotros (no doy nombres), que confiaron en las «habilidades fiscales» de Fernando Peña Álvarez, inspector de hacienda en excedencia, está en la página 222. Se entristecerán. ¡La distancia entre el decir (¡mayor Estado asistencial, mejores pensiones, más ayudas a las personas vulnerables y más bla-bla-bla!) y el hacer (pagar los mínimos impuestos posibles ayudados de «expertos» con pocos escrúpulos) en el puesto de mando, como en tantas otras ocasiones!

14. En julio de 2016, observa RM, «unos meses antes de que Margarita García-Valdecasas registrara las oficinas de Fernando Peña, era a su casa a la que llamaba la Guardia Civil en busca de papeles de su marido. ¿Era posible que la jefa de Antifraude viviera, sin saberlo y bajo el mismo techo, junto con el líder de una trama de evasión? ¿Que estuviera casada con el líder de una red de defraudación? En aquellos años todo era posible.» (p. 230) No, en aquellos años, los años de Rajoy, muchas cosas eran posibles, pero no las que eran imposibles, y la que cuenta RM lo era.

14.1. Añade: «García-Valdecasas tiene todo el pedigrí posible. Es hija de un rector de la Universidad de Barcelona, hermana de la exministra del Gobierno de José María Aznar, Julia García Valdecasas [también gobernadora civil de Barcelona de infausto recuerdo], y exnovia de Artur Mas, con el que durante mucho tiempo conservó una buena relación. Tanto que, en 2012, Mas agasajó en público a Pérez Calzada, el marido de esta, a su regreso de un periplo de cinco años por todo el mundo con el Charisma. «Gente así te enseña a no desfallecer, a aprovechar los buenos vientos y a tener una actitud acogedora». Fue García-Valdecasas la que impulsó la investigación contra Rodrigo Rato, a instancias, según él, de su antiguo subalterno y ya entonces enemigo Cristóbal Montoro». No es fácil ver que haber sido novia de Artur Mas sea un elemento positivo del excelso pedigrí [casta o calidad del origen o linaje] de cualquier ciudadana o ciudadano, y no lo es, en absoluto, haber sido hija de un rector de la Universidad de Barcelona, Francisco García-Valdecasas Santamaría (¡de nuevo apellidos compuestos, tan abundantes entre estos altos funcionarios!), discípulo como su hermano José María (republicano, exiliado a México) del científico fisiólogo y presidente republicano Juan Negrín, un rector franquista (Francisco) que en colaboración con la BPS (hay documentación sobre ello) expulsó a Manuel Sacristán y a otros muchos profesores universitarios -rojos o separatistas en su vocabulario- de la universidad barclonesa a mediados de los años sesenta del pasado siglo.

(Dicho entre paréntesis: el tío de Margarita García-Valdecasas, el que tuvo que exiliarse a México y «que acabó en México junto a Rafael Méndez», un tío abuelo del autor, no se llamaba Francisco (así se llamaba su padre), como señala RM, sino José María. RM ha escrito con prisas este pasaje).

15. Relacionado con puntos anteriores. Soñemos un momento, supongamos que una amplia movilización organizada de la ciudadanía trabajadora de nuestro país con valores socialistas (no parole, parole, parole; deseo de un cambio de vida e internacionalismo) consigue una mayoría parlamentaria, puede formar gobierno y se toma en serio la transformación socialista que anuncia en su programa. ¿Cuál sería la probable actitud de estos altos funcionarios? Es de imaginar: boicot, palos en las ruedes y pasividad en algún caso (con algún pequeño núcleo favorable). ¿Qué hacer entonces? No es fácil responder a la pregunta… pero habría que responderla aunque estemos años-luz de una situación así. (Aunque suene a «algo muy antiguo», un revolucionario ruso dio muchas pistas sobre ello):

El autor recibió un consejo de un profesor de Derecho, cuyo nombre no cita, cuando le explicó el libro que tenía entre manos. «Nadie ha investigado eso», le dijo, «porque solo puedes perder. No tienes nada que ganar y vas a hacerte muchos enemigos». Seguramente ha sido así. Pero en la balanza estamos también muchos lectores que agradecemos el buen hacer de Rafael Méndez, su coraje periodístico (nada frecuente a día de hoy) y la mucha luz que ha arrojada sobre poderes ocultos y ocultados, desconocidos por un amplio sector de la ciudadanía. Gracias por ello… y por la buena prosa.

PS. El autor ha puesto el foco en la Administración General del Estado. Pero este, como es sabido, tiene prolongaciones autonómicas de poder nada desdeñable que también tienen sus propios cuerpos funcionariales. Recordemos, por ejemplo, el papel que desempeñaron los altos funcionarios de la Generalitat en los nefastos años del procesismo. Nadie mejor que Rafael Méndez para estudiar la arista autonómica, tan poco conocida como la general.

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