El imperialismo en la era de la globalización

Paramjit Singh

Reseña de:
A Theory of Imperialism by Utsa Patnaik and Prabhat Patnaik, New Delhi: Tulika Books, 2016; pp xxviii + 206.

Imperialism in the Twenty-First Century: The Globalization of Production, Super-Exploitation, and the Crisis of Capitalism by John Smith, New York: Monthly Review Press, 2016; pp 382.

El capitalismo ha sido siempre un fenómeno mundial e, históricamente, el imperialismo ha sido una parte integral de su crecimiento. El imperialismo ha sido impulsado por la expansión territorial en búsqueda de nuevos canales económicos. El fin del dominio colonial, por tanto, parece a veces ser el fin del imperialismo, pero no es necesariamente así. Al analizar el carácter imperialista del capitalismo, los escritos de Marx (2001 [1962]), Hobson (1902), Hilferding (1981 [1910]), Bujarin (2010 [1915]), Luxemburg (2003 [1913]), y Lenin (2010 [1917])  han sido de un valor incalculable. Aunque ya no son aplicables directamente en la fase contemporánea del imperialismo-capitalismo, estas teorías clásicas tampoco son totalmente irrelevantes; aunque la fenomenología del imperialismo ha cambiado, los parámetros fundamentales del imperialismo esbozados en las obras clásicas siguen siendo centrales (Baron 2005).

El proceso de descolonización -seguido por la llegada al poder de regímenes dirigistas en los nuevos países independientes y por el movimiento hacia el socialismo en China- restringieron la naturaleza imperialista del capitalismo. El período de la década de los 50 a los 70 del siglo XX fue una fase de capitalismo y explotación imperialista controlados. Durante los 70, la sobreproducción y la disminución de la rentabilidad en el Norte global causaron estanflación y una recesión global sincronizadas. Fueron necesarios estímulos exógenos para sacar al sistema capitalista de estas crisis gemelas, y los marxistas denominaron a este nuevo conjunto de prácticas y a esta nueva era Nuevo Imperialismo. Es hoy una creencia consolidada entre los pensadores marxistas que son necesarios nuevos conceptos y categorías para comprender la fase contemporánea del imperialismo. Los libros de John Smith y Utsa Patnaik y Prabhat Patnaik intentan presentar las características invariables en el escenario contemporáneo.

La contribución de Utsa y Prabhat Patnaik, Una teoría del imperialismo [A Theory of Imperialism, no publicado en español, Nota del tr.], considera al imperialismo en un sentido abierto: el período colonial forma parte de él. Ellos (Patnaik y Patnaik 2015) argumentan que el imperialismo no es solo un fenómeno limitado a la historia sino que subraya necesariamente al capitalismo en todas sus épocas, incluida la era actual de globalización. El libro de Smith El imperialismo en el siglo XXI: la globalización de la producción, super-explotación y la crisis del capitalismo [Imperialism in the Twenty-First Century: The Globalization of Production, Super-Exploitation, and the Crisis of Capitalism], ganó la primera edición del Premio Memorial Paul A Baran-Paul M Sweezy- es un intento completo, aunque no bien organizado, de arrojar luz sobre la forma de las relaciones que surgen en la era del capitalismo neoliberal entre los países centrales capitalistas y el resto del mundo.

Ambas contribuciones presentan las características del imperialismo contemporáneo sobre bases teóricas y empíricas. El análisis teórico de los Patnaik trata del aumento de precio de los suministros de productos tropicales y subtropicales; la estabilidad del valor del dinero en las metrópoli y la deflación de ingresos, que ellos relacionan con los conceptos de pobreza, desigualdad y ejército de reserva de mano de obra. Smith, por su parte, subraya que para una valoración de la fase actual de capitalismo neoliberal hace falta comprender tres temas importantes relacionados: la globalización del capital, la proletarización del trabajo en el Sur y los métodos contemporáneos de extracción de excedente. Esta reseña sintetiza ambos puntos de vista en un intento de desarrollar una visión completa de la fase contemporánea del imperialismo.

Deflación de ingresos como condición previa

El trabajo de los Patnaik se centra en el argumento de que bajo ciertas condiciones, ciertas mercancías solo se pueden producir con un precio de oferta en aumento. Si se dan estas condiciones, amenazan el valor del dinero. La amenaza se puede evitar obligando a una deflación en masa de los ingresos de los productores de estas mercancías. En esencia, argumentan los Patnaik, el capitalismo no puede funcionar sin el acceso a una cierta cantidad de ciertas materias primas que tienen dos características: estas mercancías se producen en regiones periféricas distantes, normalmente por pequeños productores que aunque ligados al capitalismo y, por tanto sin conservar su carácter original, se encuentran sin embargo fuera de la relación capital-trabajo asalariado; y estas mercancías están sujetas al fenómeno del aumento del precio de oferta, o si un aumento de la demanda tuviese que satisfacerse mediante una mayor producción, su coste variable por unidad aumentaría (p. 7).

Los productos de regiones tropicales y subtropicales que tienen una masa terrestre fija constituyen un ejemplo, ya que tales productos solo pueden ser producidos en una zona tropical o acceder a ellos desde estas tierras para evitar una escasez estacional de la oferta en el núcleo capitalista. No hay apenas tierras tropicales no cultivadas y, ante la ausencia de cualquier aumento de cambio tecnológico, el precio de oferta no solo aumenta, sino que crece exponencialmente (p. 9). En el centro de la metrópoli, la acumulación de capital que aumenta la demanda de tales productos debe llevar a un alza de sus precios. Pero puesto que hay un límite al tamaño de la tierra tropical, tal alza no provocará un aumento en su producción. Y esto tiene serias implicaciones para la estabilidad de la economía de la metrópoli porque el aumento del precio de la oferta de productos tropicales es una amenaza para el valor del dinero y, por tanto, para la forma de riqueza del dinero. Lo que el argumento de la “amenaza al valor del dinero” dice, como señalan los Patnaik es que

si la reducción forzosa del consumo que se produce en la región tropical mediante una reducción de los ingresos monetarios y la forzada reducción del consumo en la metrópoli que se produce mediante una disminución de la tasa salarial por unidad de trabajo en la metrópoli no son suficientes conjuntamente en sucesivos periodos de tiempo para eliminar el exceso de demanda de la mercancía tropical cuya producción no puede ser aumentada debido a la cantidad fija de masa terrestre tropical, entonces la estabilidad del valor del dinero en la metrópolis se ve debilitada. (p.21)

¿Por qué es tan importante la estabilidad del valor del dinero? Porque es la base de toda la estructura económica del capitalismo. Se supone que Lenin dijo que “la mejor forma de destruir el sistema capitalista es corromper la moneda” (Keynes (2013 [1919]). Para estabilizar el valor del dinero y la metrópoli en general, el capitalismo debe hacer todos los esfuerzos posibles para obviar la necesidad de aumentar el precio normal de una mercancía en la metrópoli y también en la periferia.

Los Patnaik mencionan cuatro vías para enfrentarse a la amenaza al valor del dinero en la metrópoli: aumento de la tierra, deflación de los ingresos en la periferia, inflación de los beneficios en la periferia y deflación de los ingresos en la metrópoli. Mediante estas vías, la creciente demanda de productos tropicales -surgida de la acumulación de capital en la metrópoli y en las regiones tropicales y subtropicales- se puede cubrir de manera que no suponga un cambio del dinero de la metrópoli y su periferia a otras formas de conservar la riqueza, que es lo que normalmente causaría un incremento continuo del precio de tales productos.

La limitación de la primera vía ya ha sido discutida. El tercer método de contrarrestar la amenaza reduciendo los suministros de productos tropicales desde la periferia para su uso en la metrópoli, lo que Keynes (2013[1930]) llama “inflación de beneficio”. Va acompañada de una depreciación equivalente de la moneda de la periferia frente a la de la metrópoli, contrarrestando así cualquier amenaza al valor del dinero en la metrópoli. Sin embargo, la combinación de inflación de beneficio y depreciación de la tasa de cambio en la periferia amenaza el valor del dinero en la periferia y es insostenible; además, no elimina completamente la amenaza al valor del dinero en la metrópoli y provoca la oposición política de la clase obrera de la metrópoli (p. 44). En la periferia, por tanto, se prefiere la deflación de ingreso monetario a la inflación de beneficio como medio para enfrentarse a la amenaza del precio creciente de la oferta, y el exceso de demanda de productos tropicales y subtropicales se cubre imponiendo la deflación de ingreso en la periferia para excluir mayores  cantidades de un producto dado a expensas de la absorción local (p. 44).Durante el período colonial, la deflación de ingreso era directa; bajo el neoliberalismo, se produce un proceso similar, pero de una manera indirecta. En la deflación de ingreso colonial, una parte de la reducción de ingreso era extraída como drenaje sin ningún quid pro quo. Bajo el neoliberalismo, no es siempre así; el capital de la metrópoli usa un amplio rango de medios indirectos mediante los cuales pone presión sobre el estado y el aparato de estado periféricos para cubrir sus intereses. En un régimen neoliberal, la hacienda pública controla el déficit fiscal, por ejemplo, a la vez que concede exenciones de impuestos a las élites corporativo-financieras nacionales y extranjeras.

Dado que la inclinación a absorber bienes tropicales por unidad de ingreso en manos de estas élites corporativo-financieras es menor que la inclinación correspondiente de las otras clases, tal redistribución, ceteris paribus, reduce la absorción local de productos tropicales en la periferia. De hecho, cualquier redistribución del poder de compra -no solo mediante la política fiscal sino por cualquier otro medio- tiene el mismo efecto de liberar los productos tropicales de su absorción en la periferia para cubrir la demanda de la metrópoli sin aumentar la producción y, por tanto, sin poner en juego un aumento del precio de la oferta (p. 35).

En los países del tercer mundo, la aplicación de los Programas de Ajuste Estructural impuestos por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial han reducido los ingresos reales de las masas trabajadoras (Patnaik 2007). Tales políticas de deflación masiva de los ingresos constituyen una recolonización económica. El mecanismo de deflación de ingreso espontáneo en la metrópoli, que puede no ser equivalente a la de la periferia, es similar a lo que ya ha sido discutido en el caso de la periferia. La deflación de ingreso es muy improbable que se imponga nunca a los trabajadores de la metrópoli; si acaso se impone, se hace para evitar la necesidad de deflación de ingreso de la población trabajadora de la periferia.

En resumen, reducir la absorción local en la periferia para cubrir la demanda de acumulación de capital en la metrópoli es una característica esencial del capitalismo, y esto, lejos de ser evitado por la acumulación de capital (y el desarrollo del capitalismo) en la periferia, solo hace que el problema sea aún más grave. Reducir tal absorción local por parte de la población pobre mediante la deflación de ingreso es la esencia del capitalismo. (p. 44)

La globalización del capital 
Lenin (2010 [1917]) define el “imperialismo” como capitalismo monopolista, especialmente del capital industrial y financiero en la metrópoli. Los primeros años del siglo XX vieron un tremendo crecimiento del capital monopolista. La explotación del mercado nacional fue completa y su tamaño limitado se convirtió en una de las crisis emergentes de la producción capitalista. En tiempos de Lenin, el principal objetivo de la metrópoli fue mantener la rentabilidad expandiendo directamente territorios y mercado para la producción industrial, exportando capital para un uso con más beneficio y exportando la fuerza de trabajo desempleada de los países de la metrópoli a las colonias (Singh 2018). El imperialismo se impuso a los países capitalistas primero por sus condiciones internas y después por la competencia para capturar el mercado mundial, no solamente por materias primas baratas para la producción industrial, sino también para exportar la fuerza de trabajo desempleada de las metrópoli. La fase actual de exportación de capital es diferente cuantitativa y cualitativamente de la caracterizada por Lenin a principios del siglo XX: a diferencia de los cárteles y monopolios nacionales de entonces, los cárteles y monopolios internacionales dominan la fase moderna del imperialismo.

Tal como defiende Smith, durante los años 70 las grandes compañías multinacionales y las compañías transnacionales cambiaron rápidamente su base de producción a los países en desarrollo para sacar el máximo rendimiento a su mano de obra barata, tierra y materias primas. Esta forma de exportación directa de capital se convirtió en una de las principales fuentes de valorización del capital después de los años 70, y este rápido movimiento de capital desde el Norte global al Sur global dio como resultado el declive de la soberanía económica de los países del Tercer Mundo de dos formas. Primera, el capital internacional presionó a los países del Tercer Mundo para que redujesen sus barreras arancelarias y no arancelarias. Uno de los resultados fue inundar los mercados de Tercer Mundo con producción industrial excedente, que destruyó el mercado para actividades manufactureras de pequeña producción porque los pequeños industriales locales no podían competir con los precios de las multinacionales gigantes. Segunda, las principales economías capitalistas presionaron a las economías del Tercer Mundo mediante las instituciones internacionales -Banco Mundial, FMI y Organización Mundial de Comercio (OMC)- para que abriesen esferas de producción hasta entonces reservadas para los pequeños productores locales. Esta apertura ha integrado la producción local a pequeña escala, los medios de vida de la mayor parte de la población, en la red de acumulación capitalista.

El capitalismo moderno dirigido por los grandes monopolios controla no solo las actividades productivas seleccionadas sino todas las grandes esferas de la producción en la economía de la periferia. Los Patnaik caracterizan esta nueva fase de la acumulación imperialista como “acumulación mediante intrusión [encroachment]”. Este proceso explota el sector primario (familias campesinas y actividades relacionadas de los países de la periferia), lo que implica el desplazamiento de formas de producción más pequeñas, precapitalistas. Este proceso de acumulación se vio complementado con la apertura e integración del sector secundario (sector industrial y, especialmente, manufacturero) con las grandes transnacionales de los países imperialistas. La reciente globalización de la producción ha tomado dos formas: inversión extranjera directa, donde la producción se desplaza a ultramar pero se mantiene la misma empresa; y externalización a distancia, cuando las firmas externalizan parte o todo el proceso productivo a un proveedor independiente -independiente en el sentido que la firma principal no posee nada de él, aunque puedan controlar sus actividades de muchas formas (p. 68).

En esta forma emergente de acumulación, las transnacionales se mueven de una relación vertical matriz-filial a una relación contractual horizontal entre socios formalmente iguales. La firma externaliza no solo riesgo comercial y procesos de producción de bajo valor añadido, sino también responsabilidad directa por contaminación, pobreza, salarios y la supervisión de los sindicatos. Estas relaciones a distancia permiten a muchas transnacionales descargarse de muchos de los costos y riesgos asociados a las fluctuaciones cíclicas de la demanda y de una mucho mayor alteración del mercado mundial (p. 81).

En esta forma de imperialismo moderno, las transnacionales extraen el excedente de países con bajos salarios, pero no les exportan ningún capital. Las pequeñas y medianas empresas en la periferia (las principales actividades del sector secundario) están atrapadas en una red de control puesta en marcha por los monopolios internacionales y quedan reducidas a ser sus subcontratadores (Amin 2013). El fin de la centralización que tuvo lugar en el Norte global durante las dos últimas décadas del siglo XX generalizó el control de los monopolios sobre el sistema de producción mundial. El punto planteado por Lenin (2010[1917]) hace cien años ha vuelto con más fuerza y validación en el actual sistema de capitalismo mundial.

Ambos libros ignoran la mercantilización del sector social -la otra esfera de acumulación capitalista-imperialista neoliberal- o no la incorporan en el presente análisis. Sin embargo, las actividades del sector terciario (servicios sociales como la educación, la salud, los mecanismos estatales de seguridad social) que no facilitan directamente el proceso de acumulación de los sectores primario y secundario surgen como otra área importante de las economías de la periferia a las que extender la red capitalista de acumulación. El patrón dominante de acumulación ha cambiado de la reproducción ampliada a la “acumulación por desposesión” junto con la corporativización y privatización de bienes públicos y la mercantilización de recursos naturales y otras empresas de servicio público (Harvey 2005).[1] Las redes de acumulación capitalista presionan a las economías del Tercer mundo para que pasen zonas no mercantilizadas, como la educación, la salud, las pensiones y prestaciones por vejez al capital privado. Estas transformaciones han integrado todas las actividades de las economías periféricas en la red de acumulación capitalista.

Proletarización

Al postular su teoría de la producción de un ejército industrial de reserva y un aumento consiguiente en la pauperización del proletariado en el primer volumen de El Capital, Marx da por sentada una economía cerrada; no considera la existencia de una vasta reserva de trabajo en las colonias y las formaciones precapitalistas (Marx 1990 [1867]). Ni siquiera la teoría del imperialismo de Lenin estaba directamente interesada en el impacto de la exportación de capital sobre la fuerza de trabajo y sobre los medios de vida de las poblaciones de Sur global (Singh 2018).[2] Una característica llamativa de la globalización de capital es que ha desarraigado a centenares de millones de trabajadores y pequeños productores en países del Sur global de sus vínculos con la tierra y sus empleos en las industrias locales y a pequeña escala poseídas o protegidas por el estado. La globalización creó condiciones que forzaron a estos productores a dejar sus ocupaciones ancestrales y a unirse a la mano de obra excedente como el proletariado general.

Una forma alternativa de reducir la reserva de mano de obra y la oferta ilimitada de trabajo en las actividades tradiciones es mediante la acumulación de capital a una tasa mayor en el sector capitalista (Lewis 1954). Pero ambos sectores, el primario y el secundario, tienen un ejército de reserva en los países del Tercer Mundo en esta era de imperialismo moderno, y la tesis lewisiana no se corresponde a esta realidad. Patnaik (2007) utilizó el modelo de ejército de reserva dual: el ejército de reserva del sector precapitalista (inspirada por el análisis de Luxemburg (2013 [1913]) ) y el ejército de reserva interno. En este análisis, el ejército de reserva precapitalista lo forma la población excedente en el sector precapitalista, y el ejército de reserva interno lo forma la población excedente del sector manufacturero capitalista. La globalización de la agricultura y sectores afines (sector primario) bajo las regulaciones de la OMC y el auge de las transnacionales en la agricultura (actividades del sector primario) ha surgido como un ataque masivo sobre la agricultura familiar a pequeña escala en el Tercer Mundo. Según el punto de vista metropolitano capitalista propuesto por la OMC, el FMI y el Banco Mundial, la producción campesina en la economía precapitalista está destinada a transformarse en una agricultura capitalista avanzada según el modelo de los países de la metrópoli; en el escenario capitalista ideal, 20 millones de nuevos granjeros modernos reemplazarían a unos tres mil millones de trabajadores rurales, particularmente campesinos (Amin, 2003).

La intervención del capital internacional creará una enorme masa de mano de obra excedente. ¿Puede el sector industrial (sector secundario) del capitalismo contemporáneo absorberla? No. En la fase actual del capitalismo, los países de la metrópoli exportan no solo capital al Sur, sino también tecnología impulsada por el capital; la tecnología no puede absorber el excedente de trabajadores. En las economías del Tercer Mundo, el sector secundario no solo no está absorbiendo la población excedente del sector primario, está despidiendo a la fuerza de trabajo ya empleada. El ejército de reserva interno está creciendo debido al cambio en la demanda internacional de una producción con uso intensivo de mano de obra a una producción con uso intensivo de capital, y el movimiento de la tecnología intensiva en capital del Norte global al Sur global, ha desplazado a muchos trabajadores. Las economías del Sur global no pueden absorber a la población desarraigada, ni siquiera en el mercado de trabajo mal pagado. El resultado es desempleo estructural masivo, miseria y grave pobreza, y una enorme presión hacia abajo sobre los salarios de aquellos que pueden encontrar trabajo (Smith 2017: 104). Este es el escenario mundial. No hay posibilidades de agotar el trabajo en el marco lewisiano. “A pesar de un robusto crecimiento económico… la economía mundial no está consiguiendo ofrecer suficientes nuevos empleos a quienes entran en el mercado de trabajo” (ILO 2006).

El grueso del nuevo empleo en los países en desarrollo ha sido en la economía informal. El capitalismo emergente impulsado por tecnología con uso intensivo de capital y capital internacional financiero no solo aumentará la actual proletarización y pauperización en los países del Tercer Mundo, sino que también, como argumentan los Patnaik, presionará a los trabajadores de los países de la metrópoli para que no reivindiquen salarios más altos. Los factores que hacen subir los costos -ya sea debido a una subida autónoma en la tasa de masa salarial en la metrópoli, o a la subida en el precio de mercancías primarias producidas en la periferia- se mantienen bajo control por el ejército laboral de reserva. Como dicen los Patnaik, el sistema capitalista necesita un ejército de reserva además del ejército de reserva que tiene dentro de la metrópoli; el ejército de reserva en la periferia lo genera el sistema capitalista en la economía de la periferia (p. 47).

El capitalismo, en pocas palabras, siempre ha tenido dos ejércitos de reserva de trabajo y no uno: uno de estos ejércitos de reserva laboral localizado dentro de la metrópoli, que, como expuso Marx, ha servido para ‘disciplinar’ a los trabajadores directamente empleados por el capital; el otro localizado en la periferia, que ha servido para mantener bajos los ingresos monetarios/salarios de aquellos dedicados a producir bienes para el sector capitalista, y también mantenerlos disciplinados. (p. 49)

Esta es la era del capital monopolizado global dirigido por las transnacionales y las finanzas internacionales. En este fase de capitalismo, monopolios generalizados han generalizado proletarios en todo el mundo. La teoría del imperialismo contemporáneo tiene dos elementos necesarios: la variación internacional en el valor de la fuerza de trabajo y en la tasa de explotación (Smith 2017: 238). Samir Amin (2003) denomina esta nueva forma de extracción de excedente “renta imperialista”, o los super-beneficios de las multinacionales conseguidos por los monopolios generalizados de muchas maneras. Una forma que Amin señala es la diferencia de precio de la fuerza de trabajo de igual productividad. La otra forma -muy visible en la moderna red del imperialismo- es la subcontratación, o la producción a distancia, mediante la cual los accionistas y trabajadores de clase alta de las transnacionales basadas en los centros de la metrópoli extraen renta de la explotación del trabajo de la periferia sin estar directamente implicados en el proceso de explotación.

De ahí que los proletarios de los países semi-coloniales sean sus primeras víctimas, pero las amplias masas trabajadoras de los países imperialistas también se enfrentan a la pobreza. La super-explotación de proletarios nuevos, jóvenes y mujeres en los países con bajos salarios tuvieron un papel importante desde los años 70 en adelante para sacar al capitalismo de la crisis (p. 251). Esta super-explotación de las masas trabajadoras del Tercer Mundo, en particular, y de la población trabajadora mundial, en general, ha profundizado la pauperización de la población trabajadora.

Empobrecimiento

Marx (1990 [1867]: 799) dice que

la acumulación de riqueza en un polo es, por tanto, al mismo tiempo acumulación de miseria, el tormento del trabajo, esclavitud, ignorancia, brutalización y degradación moral, en el polo opuesto, esto es, en le lado de la clase que produce sus propios productos como capital.

El efecto de la acumulación de capital se puede entender, como argumentan correctamente los Patnaik, mediante la famosa explicación de Marx. Esta explicación debería ser entendida en un sentido más amplio en el que el capitalismo con posesiones coloniales o dominio imperialista interpreta un papel central. La acumulación de riqueza en una metrópoli lleva a la deflación de ingresos y la privación material de la fuerza de trabajo en la periferia. En pocas palabras, debe haber un empeoramiento absoluto de sus estándares de nutrición, o, como otros dirían, su pobreza nutricional. Las políticas de deflación de ingresos han dado como resultado una disminución de la absorción de grano per cápita en la periferia y el mundo capitalista en su conjunto, lo que ha aumentado la pobreza absoluta medida en consumo de calorías.

La persistente reserva de trabajo en la periferia, como señalan tanto Smith como los Patnaik, también pone presión sobre los salarios reales de los trabajadores en la metrópoli, y, como resultado, la parte de los salarios en la suma de valor en la metrópoli permanece básicamente constante. Por otra parte, a lo que Amin llama capital oligopólico-financiero internacional no le gusta el gasto público, y eso da como resultado austeridad en el gasto público. En el régimen de globalización contemporáneo, la disminución del consumo proporcionalmente del Producto Interior Bruto (PIB) y la introducción de un amplio conjunto de medidas de austeridad han causado la absoluta pauperización de la mayoría de la población. Esto ha dado como resultado una ex ante tendencia al subconsumo tanto en la metrópoli como en la periferia.

El instrumento principal para impulsar la demanda agregada es el gasto privado financiado mediante crédito, pero requiere que aumente el valor de los activos, o se formarán burbujas en el mercado de valores. La burbuja producida por el capitalismo financiero en 2008 llevó a la crisis financiera global y a la recesión. La demanda agregada -una de las precondiciones para la estabilidad de la producción y el crecimiento en los sectores reales de la economía- había sido avivada por el crédito al consumo, no por un aumento de los salarios reales en la economía. Esta demanda aumentada terminó con la crisis financiera global en 2008 y, finalmente, llegó a la producción y el comercio.

Segundo, muchos países han experimentado “precariedad del empleo”, o la falta de empleos decentes. Los signos de tal precariedad en los países desarrollados son los contratos de empleo de duración determinada y el trabajo temporal o a tiempo parcial, y en las economías periféricas, la informalización del trabajo con horas de trabajo irregulares, bajos salarios e incerteza respecto al futuro desde el punto de vista de medios de vida. La desregulación del mercado de trabajo ha provocado que los salarios mínimos reales caigan no solo en las economías emergentes sino también en las del a metrópoli. En todo el mundo, el debilitamiento de los sindicatos ha reducido el poder de negociación de los trabajadores y avivado la proletarización de la población trabajadora. La disminución de los salarios reales, disminución de las oportunidades de trabajo y el colapso del sistema financiero han llevado a una disminución de la demanda agregada y provocado una recesión en los sectores productivos. Como dicen los Patnaik, el imperialismo está llevando al mundo a un impasse caracterizado por crisis económica, estancamiento y desempleo, tanto en la metrópolis como en la periferia (p. 150).

En su teoría del imperialismo, Lenin vio el capitalismo como una fase transitoria que daría a luz la las posibilidades de una revolución socialista. Defendía que las contradicciones internas de esta fase traían al mundo las posibilidades de una revolución no solo entre los países coloniales, debido a las condiciones intolerables de la clase obrera. La disparidad entre salarios y precios durante las primeras décadas del siglo XX empujaron a las masas trabajadoras a una situación intolerable. Lenin (1966 [1920])  cita a Braun:

En los Estados Unidos de América los precios de los alimentos han subido, de media, un 120 por ciento, mientras los salarios han aumentado solo un 100 por ciento. En Gran Bretaña, los precios de los alimentos han subido un 170 por ciento, y los salarios un 130 por ciento; en Francia, los precios de los alimentos 300 por ciento; y salarios 200 por ciento; en Japón, los precios de los alimentos 130 por ciento y salarios 60 por ciento… En tales circunstancias, el resentimiento creciente de los trabajadores, el crecimiento de un estado de ánimo e ideas revolucionarios, y el aumento de huelgas espontáneas de masas son obviamente inevitables, dado que la posición de los trabajadores se está volviendo intolerable. La experiencia de los propios trabajadores los está convenciendo de que los capitalistas se han vuelto prodigiosamente ricos por la guerra y colocan el peso de los costes de guerra y las deudas sobre las espaldas de los trabajadores.

La crisis actual se encuentra entre las más graves en la historia del capitalismo. El estado ha socializado las pérdidas del sistema financiero, pero esta es una medida temporal y no puede estabilizar el capitalismo a largo plazo. La disminución de los salarios reales pronto reducirá la demanda de la producción real y producirá otra crisis que será definitivamente más fuerte y más poderosa que la actual.

¿Traen consigo estas tendencias la posibilidad de una alternativa socialista? Aunque una alianza global de trabajadores y campesinos que derroque el sistema no es previsible en un futuro cercano (p. 149), los Patnaik enfatizan la necesidad de una alianza obrero-campesina que resista la hegemonía del capital financiero internacional y trascienda el sistema capitalista de progreso humano. Los países en desarrollo deberían desarrollar una agenda común de socialismo y emancipación humana y unirse contra la explotación imperialista de las masas y los recursos naturales. El único camino por delante para la humanidad es

empezar la transición a un modo comunista de producción… O el pueblo destruirá el poder imperialista y establecerá el suyo o el fin de la historia. No es socialismo o barbarie, como dijo Luxemburg en 1918, sino socialismo o nada. (Smith 2017: 315)

El autor agradece la revisión anónima por sus útiles sugerencias y valiosos comentarios. Cualquier error que quede es responsabilidad del autor de la reseña.

Notas

[1] Smith y los Patnaik, lógica y empíricamente critican al conocido académico marxista David Harvey por su posición sobre el imperialismo. Harvey llama la atención correctamente sobre las continuadas viejas y nuevas formas de acumulación por desposesión, e incluso reconoce su importancia. Pero Harvey no reconoce que el cambio de énfasis más importante del imperialismo va en una dirección completamente diferente: hacia la transformación de su propios procesos centrales de extraccíón de valor de excedente mediante la globalización de la producción global dirigida por el arbitraje laboral, un fenómeno que es totalmente interno a la relación capital-trabajo. Para más críticas sobre la posición de Harvey, véase Smith (2017) y la réplica de los Patnaik al comentario de David Harvey sobre A Theory of Imperialism.

[2] No obstante, Lenin aborda el impacto en “Una caricatura del marxismo y el economicismo imperialista”. Dice que la burguesía de los países opresores obtiene super-beneficios mediante la explotación extra de los trabajadores de los países oprimidos. Hasta un cierto punto, los trabajadores de los países opresores son socios de su propia burguesía en el saqueo de los trabajadores y las masas de la población de los países oprimidos.

[3] Para una explicación detallada de su posición respecto al imperialismo, veáse Luxemburg (2003 [1913], Section III).

Referencias

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Smith, John (2017): “A Critique of David Harvey’s Analysis of Imperialism,” https://mronline.org/2017/08/26/a-critique-of-david-harveys-analysis-of-imperialism.

Paramjit Singh (paramjiteco@yahoo.com) enseña en el Departamento de Economía de la Panjab University, Chandigarh.

Fuente del artículo: Economic & Political Weekly  ( Vol. 55, Issue No. 5, 01 Feb, 2020)
Traducción de Carlos Valmaseda

 

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