¿Qué significa la muerte del agitador barelvi Khadim Rizvi para la política de las corrientes religiosas en Pakistán?

Mohammad Taqi

Rizvi, que tenía solo 54 años, se dice que ha muerto por causas desconocidas. Pronunció un discurso feroz dirigido principalmente contra el establishment militar del país, justo tres días antes de su muerte. Abdullah Hameed Gul, hijo del cabecilla de la red de espionaje yihadista de Pakistan general Hameed Gul, y aliado de Rizvi, sospecha juego sucio.

En ese discurso Rizvi había hablado durante unos 28 minutos, incluidos ocho minutos de Qira’t o recitación lírica del Corán, sin que pareciese que le faltase el aire, tosiese o hiciese gestos de dolor. Por su tono y tenor, sin embargo, parecía apagado y fuera de su elemento. Su propio hijo y ahora sucesor, Saad Rizvi, sin embargo, atribuyó la muerte a una enfermedad respiratoria.

Rizvi era conocido por su feroz oratoria en urdu y panyabí, salpicada con versos árabes del Corán, el Hadiz (dichos del profeta Mahoma), poesía persa de Allama Muhammad Iqbal, e improperios variados. Era el líder del partido político religioso Tehrik-e-Labbaik Pakistan (TLP), un grupo radical de la subsecta barelvi de musulmanes sunitas. Literalmente armó al barelvismo de una manera sin precedentes en el Indo-Pakistán posterior a la Partición.

A su funeral, celebrado en el monumento nacional Minar-e-Pakistan, asistieron decenas de miles de sus devotos. Llegaron inmediatamente condolencias del Jefe de Estado Mayor general Qamar Javed Bajwa y del primer ministro apoyado por el ejército Imran Khan.

Khadim Rizvi saltó a la fama hace una década, cuando dimitió de su empleo público para dirigir el ataque contra el líder del Partido del Pueblo de Pakistán (PPP) y gobernador de Punjab Salmaan Taseer. Calumnió a Taseer acusándolo de cometer blasfemia contra el profeta Mahoma y participó del coro que pedía la muerte del gobernador. Taseer, quien también era dueño del periódico liberal Daily Times, pedía clemencia para Asia Bibi, una mujer cristiana que languidecía en prisión tras ser acusada injustamente de blasfemia tras una pequeña riña con una mujer musulmana de su aldea, y se enfrentaba a la pena de muerte.

Un año más tarde, un policía del servicio de seguridad del gobernador, Mumtaz Quadri, le disparó y lo asesinó. Qadri se había inspirado en clérigos barelvi como Rizvi, cuyo grito de guerra es la defensa del shan (honor) y Khatm-e-Nabuwwat (finalidad) de Mahoma. La apoteosis de la condición de profeta de Mahoma es una creencia fundamental para todos los musulmanes, pero los barelvis la llevan a otro nivel, y este tema ha servido como punto de reunión y vector para el barelvismo político.

El TLP movilizó la calle contra las caricaturas de Mahoma publicadas en países europeos. El último acto de Rizvi fue una campaña contra el gobierno francés y el presidente Emmanuel Macron por defender la libertad de expresión.

El TLP ha servido como una fuerza política multiplicadora útil para el ejército pakistaní durante los últimos años. Se usó con éxito para derribar al gobierno electo de la Liga Musulmana de Pakistán-Nawaz (PMLN por sus siglas en inglés) en 2017, cuando Khadim Rizvi y sus hordas paralizaron Rawalpindi y la vecina capital federal Islamabad, mediante una sentada de protesta. El pretexto fue la exigencia de que el gobiernos revirtiese un cambio en un juramento respecto a la finalidad de la profecía.

El motivo real, sin embargo, era dar una lección al dirigente supremo del PMLN y tres veces primer ministro, Nawaz Sharif. Sharif había estado presionando para la supremacía civil sobre el ejército en la gestión de los asuntos del país. su gobierno también había presentado cargos de traición contra el exdictador militar, general Pervez Musharraf, por el golpe de estado de 1999.

El ejército estaba resentido pero, incapaz de montar un golpe de estado abierto, optó por la subversión mediante una serie de representantes políticos como el Pakistan Therik-e-Insaf (PTI) de Imran Khan y político-religiosos como Khadim Rizvi y antes de él otro clérigo barelvi, el Dr. Tahir-ul-Qadri. El TLP estaba más que feliz de complacer.

Lo vio como una oportunidad para conseguir el patrocinio del ejército pakistaní y volver a ganar el terreno político que los barelvis habían perdido frente a la subsecta sunita rival de los deobandis desde el auge de yihadismo en la década de los 80. Unas pocas semanas antes de esa protesta en particular, el TLP había hecho su debut electoral en una elección parcial contra la última esposa de Sharif en su circunscripción de Lahore. El asiento había quedado vacante despúes de que el exprimer ministro hubiese sido descalificado por cargos fabricados de corrupción. El ejército había intentado socavar el banco de votos conservador de Sharif mediante el despliegue del TLP y otro partido recién creado, la Liga Musulmana Milli, que no es sino una tapadera de la salafista Jama’t-ud-Dawa (JuD).

Kulsoom Nawaz Sharif ganó esas elecciones, pero el TLP consiguió más de 7.000 votos, justo por detrás del segundo, el PTI. En las elecciones generales de 2018 el TLP fue el tercer mayor conseguidor de votos –por detrás del PMLN y el PTI y por delante del PPP– en Punjab, la mayor provincia del país, aunque no consiguió ningún escaño. Pero a pesar del patrocinio del ejército –con un apoyo público total– el TLP de los barelvis estaba tratando de atrapar políticamente a los deobandis.

El movimiento revivalista barelvi era, de hecho, una respuesta al revivalismo deobandi en la India del siglo XIX, iniciado por Ahmad Riza Khan (por el que Khadim Hussain se llamaba a sí mismo Rizvi) en Bareilly, Uttar Pradesh.

Darul Uloom Deoband

Después de que se atenuase el shock de que el poder colonial británico derribase el dominio musulmán sobre la India, comenzó una evaluación política y doctrinal y una introspección dentro de la comunidad vencida. La población musulmana de la India era tan heterodoxa como cualquier otra comunidad del subcontinente, si no más. Tanto los análisis como los remedios propuestos fueron tan diversos como los sectores de la comunidad. Las weltanschauung o cosmovisiones resultantes podrían clasificarse a grandes rasgos en tres interpretaciones políticas del Islam y su papel en la recuperación de la decadente fortuna musulmana: una tradicional o conformista, una fundamentalista u ortodoxa y otra modernista.

El cuarto enfoque fue una orientación laicista con diversas variedades, desde la liberal y la marxista a la nacionalista y militante. Hubo un solapamiento, intercambio y confrontación considerables entre estos paradigmas religiosos y areligiosos.El seminario Deoband fundado en 1867 buscaba purificar a los musulmanes del subcontinente de lo que eran percibidas como prácticas heréticas que habían adoptado en un milenio de contacto con las religiones nativas. Representaba la visión fundamentalista de restaurar el Islam austero de la era del profeta Mahoma. Aunque ambas escuelas de pensamiento (masalik) se adscribían a la confesión suní hanafí del Islam, diferían lo suficiente en credo y práctica como para convertirse virtualmente en corrientes adversarias.

Los barelvis consideran a Mahoma como la luz (nur) divina creada por Dios. Según su punto de vista, el profeta, aunque murió fisicamente, sigue como un poder eterno en el cosmos religioso que otorga deseos e incertede en nombre del creyente ante Dios, no solo para su salvación en el más alla, sino también para asuntos mundanos del día a día.

Los pirs y sheikhs se consideran agentes del profeta Mahoma, actuando como un conducto entre el devoto y él. En todos los casos, todos estos hombres santos se consideraba que tenían un vínculo (shajrah) biológico o espiritual con Mahoma. El honor del profeta, sus dichos y prácticas, por tanto, no solo tienen una preeminencia abrumadora en el barelvismo sino que, frente a cualquier afrenta a estos, hay que defenderse con la fuerza, cuando sea posible.

La variante deobandi del sunismo tiene al profeta en gran estima pero etiqueta las creencias y las prácticas esotéricas de los barelvis como bida’t (herejía e innovación) o aún peor, shirk (pasar de la unidad de Dios al politeísmo).

Pero los puritanos de Deoband estaban en inferioridad numérica, y lo siguen estando. La reacción vino de Ahmad Riza Khan, quien organizó la gran mayoría de madrasas (seminarios), ulamas (clérigos) y pirs (hombres santos que presidían templos y órdenes sufíes) tradicionalistas. Consiguió una ayuda masiva de clérigos hejazitas de la Península Arábiga, quienes se enfrentaban ellos mismos al espectro del fundamentalismo Najdi de la variedad wahabbita.

Armado con una batería de fatwas (edictos religiosos) de más de 250 cléricos, incluidos hejazitas, Riza Khan -llamado Ala Hazrat o “señor glorificado” por sus seguidores– las lanzó publicamente contra los deobandis en su libro de 1905 Hussam al-Harmain (La espada de las dos mezquitas santas)

Riza Khan declaró infiel al triunvirato deobandi –Qasim Nanautavi, Rashid Gangohi y Ahsraf Ali Thanvi–. También atacó a otras corrientes y subcorrientes del Islam, como el ortodoxo Ahl-e-Hadith, los chiítas y también la comunidad Ahmadía, a quienes tanto los sunitas como los chiítas consideraban fuera de los límites del Islam. Riza Khan y sus discípulos también hicieron hincapié en afirmar su mayoría numérica y usaron el término Ahl-e-Sunnat-wal-Jama’t (la gente que sigue la Sunnah del Profeta y son mayoría) o Sawad-e-Azam (el partido o grupo mayor).

Las masalik rivales también tenían enfoques divergentes respecto a la política y la libertad de movimiento.

Aunque al principio no se oponían abiertamente al dominio británico, posteriormente tomaron trayectorias diferentes. Los deobandis desarrollaron finalmente una formidable inclinación nacionalista y anticolonial que dio como resultado la formación del partido político-religioso Jamiat-e-Ulama-e-Hind (JUH). Unió fuerzas con el Congreso Nacional Indio y ambos lucharon juntos por la independencia del la patria común india.

Los barelvis, por su parte, mantuvieron una relación de colaboración con los británicos. Ahmad Riza Khan proclamó la India británica como la Dar-ul-Islam o tierra segura para el Islam y los musulmanes. Tampoco pudieron o quisieron organizarse en un único partido político. Los pirs y sheikhs barelvis preferían mantener su preeminencia política local y regional colaborando con los gobernantes coloniales y, más tarde, también con los postcoloniales.

Optaron por unirse a grupos como la Liga Musulmana de Toda India (AIML por sus siglas en inglés) o, antes de eso, al Partido Unionista radicado en el Punjab. El líder del AIML y posterior fundador de Pakistán, M.A. Jinnah inicialmente fue reacio a los clérigos, la mezcla de religión y política e incluso criticó al Mahatma Gandhi por su uso de términos y símbolos religiosos.

Su base de apoyo estaba compuesta mayoritariamente por los modernistas islámicos de la variedad Aligarh, en las provincias con minoría musulmana. Fundamentalistas a la Deoband y modernistas como Abul Ala Maududi de la Jama’t-e-Islami (JI) no perdieron el amor por Jinnah. Pero todo esto cambió después del desastroso resultado del AIML en las provincias con mayoría musulmana en las elecciones de 1937. Anteriormente laicista, Jinnah se dispuso a cortejar activamente y reclutar a esos mismos clérigos políticos que él había despreciado.

La islamización de Pakistán empezó por tanto casi una década antes de su nacimiento, y mucho antes de que llegase algún dictador militar o general aventurero.

Desgraciadamente, incluso muchos intelectuales pakistaníes son remisos a señalar claramente ese momento decisivo. Por ejemplo, el sociólogo marxista profesor Hamza Alvi ha escrito:

«No fue hasta 1952 que los indignos sucesores de Jinnah se apartaron del ideal secular y empezaron a explotar la gastada retórica de la religión para rescatar su fallida fortuna política. Proclamaron que ‘El Islam estaba en peligro’.»

Alvi y muchos otros han basado estas afirmaciones revisionistas únicamente en el discurso de Jinnah del 11 de agosto de 1947, en el que ciertamente habló de libertades personales y religiosas. En el mismo ensayo, Alvi siguió acusando correctamente a los dictadores militares generales Yahya Khan y Zia-ul-Haq por cooptar a las fuerzas político-religiosas para buscar legitimidad, pero con un giro. Escribe:

«Al dejar de lado la clara declaración de Jinnah sobre la ideología de Pakistán, sus sucesores la redefinieron con posterioridad. En 1969 el ministro del general Yahya Khan, general Sher Ali, declaró que la ‘ideología islámica’ iba a ser la ‘ideología de Pakistán’. Esta solución se proyectó hacia atrás en el pasado y los historiadores (en Pakistán y también en el extranjero) han asumido la tarea de justificar esa afirmación falsa.»Por desgracia, la propia afirmación de Alvi es verdad solo en parte. Ya en 1939, Jinnah aseguraba al clérigo deobandi Ashraf Ali Thanvi que «la religión no podía estar divorciada de la política en el Islam». La campaña de afiliación del AIML trajo a sus filas a deobandis como Thanvi, Maulana Zafar Ahmed Ansari, Maulana Shabbir Ahmed Usmani e incluso al nieto de Qasim Nanautavi, el fundador de la escuela, Zahir Quasmi.

Mediante la agencia de estos clérigos, Jinnah pudo cambiar las tornas respecto al JUH aliado al Congreso. Shabbir Ahmed Usmani y otros forjaron el Jamiat-e-Ulama-e-Islam (JUI) partiendo del JUH. El JUI declaró en su conferencia de Calcuta de 1945 que la teoría de las dos naciones en origen es la proclamación del Corán y no la invención de ningún hombre.

«Sobre esta base esta conferencia declara que los 100 millones de musulmanes en el subcontinente de India son una nacionalidad distinta e independiente y una nacionalidad con una constitución peculiar que se basa en los justos principios del millat y la Sharia islámica y no sobre la base de la raza, el color, la geografía … Esta sesión apoya incondicionalmente la demanda de Pakistán y la división de India.»

De manera similar, el AIML reclutó a docenas de pirs y sheikhs barelvis de las provincias de Frontera Noroeste, Sindh y, sobre todo, Punjab. Pirs de Manki, Zakori, Makhad, Golra, Taunsa, Sial, Multan y demás llenaron las filas del AIML. El grupo paraguas de los barelvi, la Conferencia Sunita de Toda India, a diferencia de los deobandis, no se transformó en un partido político hasta después de la creación de Pakistán, cuando el grupo se convirtió en Jamiat-e-Ulama-e Pakistan (JUP) en 1948.

Jinnah pudo contar también con el apoyo masivo de los clérigos chiítas y otras varias pequeñas comunidades musulmanas de India.

Nunca sabremos si este reclutamiento masivo de clérigos, teólogos y pirs era simplemente realpolitik por parte de Jinnah y él pretendía en realidad mantenerse firme en su discurso del 11 de agosto de 1947. Murió un año después del discurso. No le gustaba mucho escribir y no ha dejado ningún tratado escrito sobre la orientación del estado que él fundó. Sus discursos y cartas son interpretados por su detractores y admiradores según su propia inclinación política.

Pero lo cierto es que el resultado de tener un contingente político-religioso tan grande solo podía ser que todos ellos compitiesen porque su tipo de Islam fuese la grundnorm, la norma básica del estado. Y esto es exactamente lo que sucedió desde el día en que la primera asamblea constituyente del país empezó a trabajar.

Las camarillas y partidos sectarios en disputa han competido por el espacio constitucional y político desde entonces. Casi todos los partidos políticos, incluidos los laicistas, se han comprometido, aplacado o aliado con los grupos religiosos. El ejército, que ha dirigido directa o indirectamente el país durante la mayor parte de su existencia, sin embargo, ha sido siempre el gran patrón. Los mullahs han sacado tajada cuando han podido.

Por ejemplo, el laicista PPP, apoyado por el izquierdista Partido Nacional Awami (NAP), el JUI, JUP, JI y facciones del PML, introdujo la infame Segunda Enmienda a la Constitución de Pakistán, que declaraba a los ahmadíes apóstatas. El gobierno del dictador miltar general Zia-ul-Haq fue testigo de un aún mayor espacio cedido a los fanáticos de todo tipo. Introdujo las leyes sobre blasfemia, que se convirtieron en una pesadilla para la vida no solo de los no musulmanes sino también de los musulmanes en Pakistán, y aún sigue en vigor.

Mientras los barelvis y los deobandis sufrían esta virulenta mutación, la yihad de Zia en Afganistán, patrocinada por los saudíes y los EEUU, reclutó personal y asistencia del JI y una facción del JUI, empoderándolos tremendamente en el proceso. Las consecuencias internas de la yihad afgana y, más tarde, del proyecto talibán del ejército, fueron el terrorismo sectario en el país de los deobandi, los salafistas y otros grupos fundamentalistas. A barelvis, chiítas y ahmadíes les ha tocado recibir el terror desatado por estos grupos.

En cuanto a la manifestación en el escenario político de la división interna sunita entre Barelvi y Deobandi, los dos grupos han seguido básicamente su trayectoria convencional. Los deobandis han trabajado fundamentalmente el paisaje político a través del JUI y sus diversas facciones y filiales radicales. Los barelvis han gravitado hacia partidos políticos mainstream como el PPP, el PMLN e incluso el PTI.

La notable excepción fue el JUP bajo el difunto Maulana Shah Ahmed Noorani, cuando consiguió siete escaños en la asamblea nacional de Pakistán Occidental en las elecciones generales de 1970. Pero después de esto hasta el JUP escogió políticas de alianzas y acuerdos electorales tanto con partidos de corrientes adversarias como con laicistas como el PPP y el desaparecido Pakistan Tehrik-e-Istiqlal.

De hecho, Noorani había fundado y encabezado el conglomerado multipartidista político-religioso Muttahida Majlis-e-Amal (MMA), que incluía al JUI, el JI, Ahl-e-Hadith y un grupo chiíta.

El odioso periodo de Khadim Rizvi, por tanto, ha sido una excepción a la regla en la agitación y política barelvi en el sentido de que volaba solo. Fue capaz de entusiasmar a la gente de la base barelvi en su fortaleza tradicional de Punjab, flexionar músculo militante, y conseguir concesiones del estado y el patrocinio del ejército. Aunque el veneno que ha escupido y el odio que ha extendido continuarán acumulándose en un futuro previsible, su TLP puede que no siga siendo un vector viable para ello.

Rizvi fue un acto vil, pero de difícil continuidad.

A su hijo, que ha sido nombrado nuevo jefe del partido, le falta la educación, experiencia, oratoria y fanatismo de su padre. Es poco probable que los diversos pirs y sheikhs que habían accedido al liderazgo de Rizvi juren lealtad a su hijo. A todos los efectos prácticos, Rizvi fue flor de un día en la política barelvi. Su inesperada muerte puede ralentizar pero no detener el tren fuera de control del fanatismo en Pakistán.

Para que eso ocurra, el país y sus líderes deben hacer un ejercicio de introspección y decidir qué es lo que fue mal, y cuándo.

 

El autor es un columnista pakistaní-estadounidense. Tuitea como @mazdaki

Traducción de Carlos Valmaseda

Fuente: https://thewire.in/south-asia/what-does-the-death-of-barelvi-firebrand-khadim-rizvi-mean-for-pakistans-sectarian-politics

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