“A wonderful world” (Un mundo maravilloso)

Pablo Rieznik

“Este es un mundo maravilloso” es lo que repetía el estribillo de un famoso tema de Louis Armstrong. Algo muy similar planteó recientemente la revista inglesa “The Economist” en un largo editorial sobre el panorama económico – social mundial de las últimas décadas. Por eso, y más allá de la crisis presente – decía el artículo -, lo que aparece es  un “mundo inesperadamente próspero y pacífico”, resultado del “paciente trabajo” desenvuelto por el capitalismo “global”. No habría que dejarse impresionar entonces por el caos financiero y económico planetario actual. Con humor británico el editorial  de marras concluye recordando la consigna del Foro Mundial que debutara en Porto Alegre algunos años atrás: “otro mundo es posible”. Y será aún mucho mejor: la globalización capitalista “lo está haciendo” (1)..

Pobreza y fraude estadístico

El editorial de marras, siguiendo la tradición anglosajona, privilegia los “datos” que probarían su tesis con la asepsia propia de la estadística y la contabilidad. El más significativo sería la disminución de la extrema pobreza que caracteriza a las personas que viven con un ingreso  máximo de un dólar por día. La población en estas condiciones, según los datos del Banco Mundial, ha caído vertiginosamente en el último cuarto de siglo, en todo el mundo y en China en particular. La editorial, claro, no toma nota de las críticas de los especialistas a la a la metodología con la cual el Banco Mundial estima el poder adquisitivo del dólar para las diversas economías ni la arbitrariedad de establecer la medida de extrema pobreza en el nivel de un dólar por día, como si un ingreso superior a los 30 dólares mensuales, permitiera caracterizar a una persona como “no pobre”. El asunto es tan ridículo que en China, inclusive representantes de institutos oficiales de estadística reclamaron meses atrás que se eleve la equivalencia en la moneda local a esa línea de “extrema pobreza”, que se contabiliza no en un dólar sino en 20 centavos de dólar y que subestima groseramente la realidad (2). Parece que no solo en el INDEC se cuecen habas.

Un importante trabajo sobre la pobreza en el mundo señala que la línea de la pobreza debería situarse en un nivel superior (entre 2 y 3 dólares diarios) al de un dólar diario para ser más realista. Y si el  umbral de pobreza se considera no en el nivel de 1 sino de  2,15 dólares diarios, la pobreza mundial habría aumentado durante los noventa. La población mundial que subsistía por debajo de este umbral en 1987 ascendía a 2.549 millones de personas y se situó en 2.812 millones en 1998. Bien es cierto que, excluyendo a China del cómputo, el crecimiento de la pobreza sería aún mayor, pasando de 1.797 millones de personas en 1987 a 2.178 millones en 1998. Pero en China, además, “la mayor parte de la reducción de la pobreza se produjo antes de que se iniciara la apertura comercial y financiera, con lo que no puede ser esta última el principal motor de la caída de los niveles de pobreza de ingreso en este país” (3). Aunque la pobreza no haya bajado, “The Economist” indica que una  gran caída de la tasa de natalidad en el mundo, evitó una catástrofe demográfica.  En realidad, el menor número de nacimientos por habitante se debe contradictoriamente al aumento descomunal de la explotación de la mujer y de los niños incorporados al circuito de la producción capitalista

Mujeres y niños esclavizados

La revista norteamericana Forbes, en su número de enero último (4), acaba de detallar en una larga nota el aumento pavoroso del trabajo infantil en condiciones de semiesclavitud en la lndia. El caso importa porque, junto con China, India es tomada como el ejemplo de las bondades del capitalismo cuando este avanza sobre los países atrasados. Sólo en 2007 420 mil chicos menores de 18 años fueron empleados en la India en el cultivo de algodón realizado, con las más modernas semillas genéticamente modificadas y en tierras compradas por gigantes capitalistas como es el caso de Monsanto, citado por la revista. Según una investigación de la fundación “Global Research”, que estudia las condiciones del trabajo rural en India, en el caso de las “modernas” empresas algodoneras estudiadas en cuatro provincias indias, el 54% de la fuerza trabajo estaba constituida por menores de 14 años ilegalmente contratados (5). Según Forbes cuando estos niños, que trabajan de sol a sol, están “en blanco”, cobran 20 centavos de dólar la hora. ¡Y para el Banco Mundial no son más pobres! Hay que agregar que en la tropa de niños semiesclavos figuran cantidad de huérfanos de padres que eran pequeños productores rurales y que se suicidaron en masa en la India en los últimos años, arruinados por hipotecas impagables en medio del enorme “progreso” capitalista en el campo. Una “epidemia” que dio lugar a campañas especiales de variadas ONGs que difundieron el asunto ya hace dos o tres años. En toda Asia, según datos de la Organización Internacional del Trabajo, 100 millones de chicos “trabajan” en la agricultura en la zona del Asia-Pacífico.

Otro meduloso trabajo, publicado esta vez en Francia en el año 2005 sobre este tema, revela las aristas más terribles de esta incorporación en masa “a la producción” de mujeres y chicos: el volumen alcanzado por la trata de personas a nivel mundial (¡principalmente mujeres y niños!) supera ahora la del tráfico de esclavos en los siglos XVI y XVII. Y buena parte del tráfico actual está dirigido a la explotación sexual organizada bajo criterios capitalistas (6). En Asia, cuyo “desarrollo” The Economist no cesa de alabar, tenemos el caso de Tailandia cuyo producto bruto se encuentra determinado en parte muy significativa por el “turismo sexual”. Recordemos que esta “industria” fue promovida “estatalmente” con el suministro de prostitutas en masa para los ejércitos invasores en Asia, primero en Corea y luego en Vietnam.

La semana pasada, uno de los más importantes diarios italianos tituló en letra catástrofe: “600 mil esclavos en Europa” (7). El informe se sencillamente devastador: “los esclavos del 2000 son sobretodo mujeres y niños listos para satisfacer un mercado siempre exigente y en expansión: pedopornografía, disfrute sexual, comercio de órganos, trabajo forzado… (Es la) compraventa de carne viva. Son 27 millones de esclavos en un negocio de 30 mil millones de dólares, según cifras aproximadas y que siempre subestiman la escala del fenómeno”. El tráfico de personas rivaliza ya en el mercado internacional con otros negocios también “prósperos”, diría  “The Economist”, como son el de las drogas y el de las armas. Sí, un “mundo maravilloso”.

Paz, salud y tecnología

Haciendo gala no ya de humor inglés sino más bien de cinismo, la revista británica justifica  su tesis sobre un mundo más “pacífico” con el argumento de que en las últimas décadas cayó el número de víctimas en guerras y conflictos armados. Esto no lo cree ni el editorialista de turno obligado a admitir que las cifras que menciona pueden contener “errores” y ser “poco confiables”. Por supuesto, no hay ni una palabra sobre la masacre humana en Irak donde las víctimas se contabilizan en centenares de miles, ni tampoco sobre el mayor campo de concentración a cielo abierto en Palestina o sobre la barbarie en Yugoeslavia y Afghanistán, en plena época de “globalización”. ¿Y sobre Rusia que ha sufrido con la restauración la mayor debacle económica y social  que se conozca en la historia contemporánea sin mediar una guerra? Ni una mención. ¿Y sobre la catástrofe ambiental gigantesca que se desarrolla en China con la invasión de la producción capitalista? Tampoco.

Al hablar de lo que “The Economist” llama  las “mejoras” en el nivel de la “salud” de la población mundial, los “datos” tienen el mismo rigor que las cifras que utiliza sobre la pobreza del Banco Mundial; es decir, son un fraude. El propio artículo, además,  aclara en menos de un renglón que las supuestas evidencias de un mejor pasar para la humanidad en términos de salud en el planeta, “no incluyen a Africa”. Lo que no aclara es que el continente es arrasado por la extensión del SIDA que mata a millones de seres humanos en la perspectiva inédita de un genocidio continental sin precedentes desde la peste que diezmó a la Europa medieval. Esto, mientras los grandes laboratorio fabrican drogas y vacunas contra la variante de la enfermedad en el llamado primer mundo, que ha reducido enormemente la mortalidad en EEUU y Europa. Los negros, como se sabe, no serían seres humanos, es lo que faltaría agregar al respecto.

“The Economist”  debe admitir que entre los “datos” que maneja y manipula hay que incluir el “incremento de la desigualdad” a nivel planetario pero adjudica el fenómeno a la… “tecnología” que ahorra trabajo humano. Lo que no explica es porque un beneficio para la especie  –sustituir la penosa labor del hombre por la máquina- se transforma en penuria miserable para millones de hombres, mujeres y niños del planeta entero. Pero es además otra macana porque lo que caracteriza el crecimiento de la actividad capitalista en las últimas décadas es la bajísima inversión en lo que se denomina investigación y desarrollo  y nuevo equipamiento, con relación a los ciclos previos. Por otra parte, ¿que significa “tecnología” así a secas? El uso de los avances más importantes en la industria de punta de la informática se concentra en las instituciones financieras y en el negocio bursátil mundial, que están cayendo como patitos en una kermese. La revista británica no sólo se jacta de las cifras de crecimiento económico de los últimos años en momentos en que inicia el derrumbe. Ni se le ocurre ponderar el parasitismo y la especulación que dominaron las recientes “expansiones” económicas que incluyen la prostitución, el narcotráfico, la trata de mujeres y chicos, y la burbuja de un capital ficticio sin precedentes destinado a desmoronarse. Ninguna cifra de “crecimiento” de la actividad capitalista puede sustituir el análisis sobre su naturaleza y dinámica específica.

Crecimiento y miseria

El progreso económico del capital no es incompatible con la mayor explotación del trabajo ni con la miseria social sino que recrea uno y otra cosa sin césar. Y no sólo en China e India. Una reciente encuesta en el corazón de la primera economía del mundo, EEUU, revela que el ingreso disponible de los hogares yanquis aumentó era de la “globalización” con la incorporación de la mujer al “mundo del trabajo” y, por supuesto, con el endeudamiento creciente. Pero el salario de los trabajadores cayó, es decir la tasa de explotación aumentó y el progreso histórico general que implica arrancar a la mujer de la esclavitud hogareña se transforma en un retroceso en las condiciones de vida y del desamparo familiar que enajena al hombre y la mujer en el mundo globalizado.

Lo que vale para todas las época del desarrollo capitalista se acentúa en una época de decadencia histórica como la presente. Un siglo y medio atrás, un medio de prensa también inglés, que no era “The Economist”, se decía: “(con el capitalismo) han despertado a la vida unas fuerzas industriales y científicas de cuya existencia no hubiese podido sospechar siquiera ninguna de las épocas históricas precedentes. Por otro lado, existen unos síntomas de decadencia que superan en mucho a los horrores que registra la historia de los últimos tiempos del Imperio Romano…Las fuentes de riqueza recién descubiertas se convierten, por arte de un extraño maleficio, en fuentes de privaciones”. Eran las palabras de un discurso pronunciado por Karl Marx el 14 de abril de 1856 y publicado en el periódico People’s Paper del 19 de abril de 1856 (acaban de ser recordadas en la página web de  una organización socialista también británica).

(1)     “The Economist”, 26/1/08

(2)     “Economistas chinos piden que Gobierno aumente el umbral de pobreza del país” en  www.noticias.notiemail.com

(3)      Ver Olivié, Iliana,  “Globalización para reducir la pobreza. ¿el modelo chino?”  en www.realinstitutoelcano.org/documentos/202.asp

(4)     publicado el 25 de enero de 2008

(5)     citado por Forbes.

(6)     ver  “Prostitution, la mondialisation incarnée” en “Alternatives Sud”, 2005  revista publicada por el Centre Tricontinental de Bélgica

(7)     ver Corriere de la Sera, 13 de febrero.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *