Federico Engels: ¿reformista?

Doug E. Greene

Hace más de un siglo, Eduard Bernstein afirmó que ya era hora que los socialistas abandonaran el objetivo revolucionario de derrocar al capitalismo. Argumentó que el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) debía adoptar una línea política reformista –basado estrictamente en mecanismo legales como las elecciones- y que el socialismo debía instalarse gradualmente.

Para apoyar su posición, Bernstein citó a Friedrich Engels, quien supuestamente había llegado a conclusiones similares en una de sus últimas obras. Citando la introducción de Engels a “La lucha de clases en Francia” de Karl Marx, el político socialdemócrata sostuvo: «Engels estaba profundamente convencido que las tácticas orientadas a una revolución son cosa del pasado. Ha llegado el momento de su revisión para abandonarlas, esto vale incluso para los países latinos donde su tradición revolucionaria tiene mucha más historia que en Alemania» (1).

Bernstein no ha sido el único en reclamar a Engels para las posiciones reformistas; con el tiempo se le unieron muchos otros como Karl Kautsky, Ralph Miliband y Santiago Carrillo (2). Incluso el socialdemócrata estadounidense Michael Harrington –que veía a Engels como un «distorsionador» del marxismo– no tuvo ningún problema en utilizarlo para reivindicar una estrategia socialdemócrata: «En el Prefacio de 1895 a una nueva edición de “La lucha de clases en Francia» (de Karl Marx), Engels resumió la estrategia democrática en términos históricos muy amplios… El giro de Engels hacia lo que sólo puede llamarse socialismo democrático fue una profundización de gran importancia para la idea del socialismo” (3).

¿Estaban en lo correcto Bernstein, Harrington y sus partidarios al afirmar que Federico Engels se había mudado hacia el reformismo? ¿O, por el contrario, Engels siguió siendo un revolucionario hasta sus últimos años?

Sus intervenciones en los movimientos socialistas en Francia y en Alemania no dejan lugar a dudas; Engels siguió siendo un comunista revolucionario hasta su último aliento.

A Engels le apodaban “el general”

Hijo del dueño de una fábrica textil, Engels nació con un futuro asegurado, sin embargo, desde una temprana edad decepcionó a su familia porque todos sus esfuerzos estuvieron dedicados a los desheredados.

Mientras estaba en la empresa familiar en Inglaterra, Engels fue testigo de primera mano de los efectos de la revolución industrial, comprobó con sus ojos como la burguesía se enriquecía explotando a la clase trabajadora. A partir de esta experiencia, Engels se dio cuenta de que la clase trabajadora tenía el potencial de liberarse a sí misma y, con ello a toda la humanidad, a través de una revolución socialista/comunista.

En 1844, cuando Engels y Karl Marx descubrieron que compartían la misma cosmovisión, unieron fuerzas y comenzaron una colaboración de por vida. Engels consideraba a Marx un genio y creía que a él le tocaba un papel secundario. Junto a Marx, fue coautor de La Sagrada Familia, La ideología alemana y el Manifiesto Comunista.

La contribución de Engels al desarrollo del socialismo científico fue mayor de lo que sugería su modestia. Para apoyar económicamente el trabajo de Marx, Engels sacrificó su propia felicidad y pasó años trabajando en la empresa de su padre.

Después de la muerte de Marx (en 1883) trabajó incansablemente para asegurar que los volúmenes de El capital fueran editados y publicados. Engels no fue simplemente un teórico, sino un hombre de acción. Apodado «el General» por sus amigos, estudió con dedicación el arte de la guerra y luchó en las barricadas durante la revolución de 1848 en Alemania. Si jugó un papel secundario, nadie como Engels lo ha hecho mejor.

Engels y el partido proletario

Cuando Marx murió en 1883, se estaban formando en toda Europa partidos de la clase trabajadora con programas socialistas. Los líderes de estos nuevos partidos buscaron el consejo de Engels, porque lo consideraban la voz más autorizada del socialismo científico.

Con cierta aprensión, Engels estuvo dispuesto a jugar ese papel: «ahora de repente se espera que tome el lugar de Marx en cuestiones de teoría y toque el primer violín. Inevitablemente cometeré errores, nadie es más consciente de eso que yo». (4)

En los años siguientes, Engels recibió cartas de socialistas de toda Europa y Estados Unidos pidiendo consejos sobre cuestiones de estrategia, táctica y teoría. En Estados Unidos y Gran Bretaña, donde la clase trabajadora estaba políticamente subordinada a los partidos de la clase dominante, Engels abogó por la creación de partidos obreros independientes. En Alemania y Francia, donde ya existían partidos declaradamente marxistas (como el SPD y el Parti Ouvrier Français) Engels se centró en desarrollar la teoría, el programa y la estrategia de esos partidos.

El Programa de Gotha

Ningún partido ocupó tanto la atención de Engels (y de Marx) como el SPD alemán. Durante el siglo XIX, el SPD se convirtió en el partido socialista más grande del mundo. Sus amigos y enemigos lo consideraban el modelo de un partido marxista exitoso. Por tanto, Engels pensó que era imperativo orientar al SPD por el camino adecuado y evitar compromisos innecesarios.

En 1875, en el Congreso realizado en la ciudad de Gotha, el Partido de los Trabajadores Socialdemócratas liderado por marxistas se fusionó con la Asociación General de Trabajadores Alemanes (ADAV) para crear un partido unificado. La ADAV inspirada en Ferdinand Lassalle -con el pretexto del “socialismo de Estado”- mantenía una política de colaboración con el canciller alemán Bismarck. Los “lassalleanos” sostenían un punto de vista erróneo sobre temas central de la economía política, como la «ley de hierro de los salarios».

Como el programa de la nueva organización unificada (el SPD) reflejaba las concepciones de Lassalle, Marx escribió una extensa crítica al Programa Gotha por sus concepciones teóricas. (5) Para Engels, “el partido no tiene absolutamente nada que aprender de los lassalleanos en el ámbito teórico” (6).

Marx y Engels no se opusieron a unificar las dos alas de la socialdemocracia, pero ambos creían que la fusión no debería producirse a expensas de la claridad programática. Normalmente, Marx y Engels se abstuvieron de intervenir en los asuntos internos del partido, pero considerando lo que estaba en juego con la unificación creyeron que era necesario interponerse. En una carta al líder del SPD, August Bebel, Federico Engels clarificó su posición. «La gente imagina que dirigimos el Partido, pero usted sabe tan bien como yo que nunca hemos interferido en lo más mínimo en los asuntos internos del partido, y sólo decimos algo cuando consideramos que se están cometiendo graves errores teóricos. Ahora, como usted mismo se dará cuenta, este programa marca un punto de inflexión que bien puede obligarnos a renunciar a cualquier tipo de responsabilidad con respecto a la organización» (7).

Sin embargo, a pesar de sus duras críticas, Marx y Engels siguieron asociados con el Partido Alemán. El SPD se mantuvo unido y siguió creciendo. Pero, como los capitalistas y los trabajadores veían el Programa Gotha como comunista Marx y Engels mantuvieron un silencio público sobre las insuficiencias teóricas del SPD, pero cuando se trató de defender la integridad programática del partido, Marx y Engels fueron intransigentes (8).

La política revolucionaria

El bajo nivel teórico del SPD siguió siendo una preocupación constante para Marx y Engels. Y a finales de la década de 1870, las ideas de Eugen Dühring ganaban posiciones dentro del partido. Dühring criticó la dialéctica materialista y la política revolucionaria que son fundamentales para el marxismo. Su discurso atrajo a numerosos seguidores en el SPD, incluidos miembros de la dirección como Bebel y Bernstein.

Entonces, Engels asumió la ardua tarea de refutar las ideas de Dühring. Años más tarde, dijo: «El Dr. Dühring procedió abiertamente a formar a su alrededor una secta, que se instaló en el núcleo del partido. Por lo tanto, se hizo necesario tomar el guante que se nos arrojó y librar la lucha, nos guste o no» (9).

Publicado en 1878, el Anti-Dühring de Engels tuvo un éxito sin precedentes. El libro fue más allá de una simple polémica; fue una completa declaración de la cosmovisión marxista. El trabajo de Engels no sólo demolió la influencia de Dühring dentro del SPD, sino que también popularizó el socialismo científico a millones de personas.

Marx, que había escrito un capítulo para el Anti-Dühring, defendió su valor: «Hay muchos que aprender del libro de Engels. No solo los están haciendo los trabajadores sino también muchas personas con formación científica en todo el mundo»(10). El Anti-Dühring de Engels había demostrado que un movimiento revolucionario requiere de una teoría revolucionaria.

Bismarck y los socialdemócratas

Una prueba importante para el SPD se produjo en 1878, cuando Bismarck aprobó las leyes anti-socialistas, que ilegalizaron al SPD y su prensa. (aunque permitió al partido presentar candidatos al Parlamento). En lugar de mantener una oposición revolucionaria a Bismarck, la facción parlamentaria del SPD, incluido Wilhelm Liebknecht, se comprometió con el gobierno alemán votando los aranceles y el presupuesto estatal. Al mismo tiempo, Bernstein declaró que el partido debería trabajar hacia la burguesía y la pequeña burguesía, además de adoptar un enfoque conciliador hacia Bismarck.

En septiembre de 1879, Engels respondió a Bernstein. Reconoció nada más y nada menos que existía un abismo entre su posición y la del oportunismo socialdemócrata:

«En cuanto a nosotros, considerando todos nuestros antecedentes, solo tenemos un camino. Durante casi 40 años hemos enfatizado que la lucha de clases es el motor de la historia y, que la lucha de clases entre burguesía y proletariado es la gran palanca de la revolución social moderna; de ahí que no podamos cooperar con hombres que buscan eliminar la lucha de clases del movimiento obrero. En la fundación de la Internacional formulamos expresamente un grito de batalla: la emancipación de la clase obrera debe ser lograda por la misma clase obrera. Por tanto, no podemos cooperar con los hombres que dicen abiertamente que los trabajadores son demasiado incultos para emanciparse, y que deben ser liberados desde arriba por filántropos de las clases media alta. Si el nuevo órgano del partido va a adoptar una política que se corresponda con las opiniones de estos señores, entonces todo lo que podemos hacer -por mucho que lo lamentemos- será declararnos públicamente en contra y abandonar la solidaridad que hasta ahora hemos sostenido en el exterior con el partido alemán» (11).

En otras palabras, según Engels, el partido no debería incluir en sus filas a quienes niegan el carácter obrero del partido o la emancipación de la clase obrera. Con respecto a la facción parlamentaria del SPD, Engels enfrentó directamente su posición de apoyo a los aranceles y el presupuesto. Y aunque el SPD finalmente no adoptó una posición oficial, Engels argumentó que apoyarlos violaba dos principios fundamentales del partido: Uno, la abolición de los impuestos indirectos, «que es expresamente exigida por el programa del partido», y dos, «ni un centavo para este gobierno «(12).

En una carta escrita a Bebel dos meses después, Engels fue aún más claro. Afirmó que el SPD no podía ofrecer apoyo a ninguna medida que aumentara el poder represivo del Estado burgués: «En el caso de todas las demás cuestiones económicas, como tarifas proteccionistas, nacionalización de los ferrocarriles, compañías de seguros, etc., los diputados socialdemócratas deben defender siempre el principio vital de no consentir nada que aumente el poder del gobierno. Y si el partido está divido en este asunto, entonces se requiere una actitud negativa o por lo menos la abstención»(13).

Engels exigió que el SPD se opusiera directamente al estado capitalista y rechazó la colaboración con los partidos burgueses. Sin embargo, esto no significaba que Engels se opusiera a comprometerse con otras fuerzas políticas. Hacerlo estaba permitido, dijo, cuando se trataba de votar proyectos de ley que valieran la pena: «El esfuerzo siempre debe resguardar el carácter de clase del partido y su política no debe ser comprometida por estas votaciones. Un partido proletario no puede ir más allá, en sus compromisos» (14)

Para Engels, las reformas no significaban ganar las elecciones, sino que eran otra forma más de organizar a la clase trabajadora, para que luchará por sus intereses inmediatos y por la revolución socialista.

El Programa de Erfurt

A pesar de las leyes antisocialistas, el SPD logró aumentar su representación parlamentaria. En 1890 quedó claro que la política de Bismarck había fracasado y se legalizó el SPD. En 1891, animado por este éxito, el Congreso de Erfurt del SPD decidió adoptar un nuevo programa de inspiración marxista. Engels, sin embargo, seguía preocupado por el lassalleanismo en el SPD y por los elementos oportunistas de la fracción parlamentaria del partido.

Engels reinició la batalla ideológica publicando la Crítica del programa de Gotha, hecho que escandalizó a la dirección del SPD por su mención a la «dictadura del proletariado». En el Reichstag, el diputado del SPD Karl Grillenberger repudió públicamente a Marx y declaró que “el Partido Socialdemócrata no accedió a esta propuesta programática de Marx» (15).

Engels respondió semanas después publicando una nueva introducción de la “La Guerra Civil en Francia”, la obra de Marx sobre la Comuna de París de 1871. Pensando en los debates en Alemania, el último párrafo de Engels celebró la Comuna como la dictadura del proletariado: «Últimamente, el filisteo socialdemócrata se ha sentido invadido por el terror ante las palabras, dictadura del proletariado. Bien, señores, ¿quieren saber cómo es esa dictadura? Mirad la Comuna de París. Esa fue una dictadura del proletariado». (16)

Para Engels, el Programa Erfurt fue un avance sobre el Programa Gotha. Estaba basado en el análisis de Marx del capitalismo y la necesidad del socialismo. Como observó Engels con satisfacción, el Programa de Erfurt enfatizaba la misión histórica de la clase trabajadora y el papel del partido en la conducción de esa lucha. «A Liebknecht le tocó la amarga tarea de tener que recomendar hacer el borrador del programa a Kautsky y a mí, Y esta redacción fue aceptado como la base teórica del nuevo programa. Hemos tenido la satisfacción de ver triunfar la crítica de Marx en toda la línea. Incluso se han eliminado los últimos vestigios del lassalleanismo. Al parecer , con la excepción de unos pocos términos mal redactados, no hay nada de qué quejarse con el programa después de una primera lectura» (17).

Sin embargo, después de una segunda lectura Engels descubrió que tenía muchas críticas qué hacer: «ante la falta de una auténtica libertad política en la Alemania imperial el Partido debe plantear un desafío revolucionario al Estado. El Programa de Erfurt se ha quedado corto al señalar que sólo la lucha por reformas» (18).

Para Engels al acentuar las demandas inmediatas, el programa fortaleció las políticas oportunistas dentro del SPD, estos sectores creían que el estado era lo suficientemente maleable para aceptar reformas importantes. El énfasis del Programa de Erfurt en la lucha cotidiana en oposición a la revolución provino probablemente de los temores de una nueva ola de represión: «Temiendo una renovación de la Ley Antisocialista, ahora quieren que el partido encuentre en el orden legal actual de Alemania un camino adecuado para llevar a cabo las demandas del partido por medios pacíficos. Se trata de un intento de convencerse a sí mismo y al partido de que “la sociedad actual se está desarrollando hacia el socialismo” sin preguntarse que por ello necesariamente debemos romper el caparazón del viejo orden social por la fuerza, tal como un cangrejo rompe su caparazón» (19).

Otra crítica de Engels al Programa de Erfurt fue que el documento retrocedió a los llamados del SPD a luchar por una república democrática. Para levantar esta demanda, dijo Engels, el programa debe exigir «la concentración de todo el poder político en manos de los representantes del pueblo. Esto sería suficiente, por el momento». Para Engels, esta era la esencia de una república democrática por la que el SPD tenía que luchar. Si bien el Programa de Erfurt vaciló sobre la cuestión de la libertad política, Engels afirmó sin rodeos que consideraba que una república democrática era el único sistema de gobierno en el que el SPD podía llegar al poder y era «incluso la forma específica de una dictadura del proletariado» (20).

Engels tenía esperanzas en el SPD. Creía que las tácticas del partido le permitírian conquistar a la clase obrera y que era sólo cuestión de tiempo que el SPD llegara al poder. Sin embargo, le preocupaba que los éxitos del partido y la fuerza del oportunismo amenazaran su carácter de clase: «[Bebel] se queja con razón de que el partido se está volviendo burgués. Ésa es la desgracia de las políticas cuando se convierten en ‘posibilistas’» (21). Lamentablemente, el curso del SPD tras la muerte de Engels hizo realidad estos temores.

Formando el Partido

A diferencia de otros países europeos, Francia tenía un movimiento socialista amplio y diverso que abarcaba proudhonianos, bakuninistas, blanquistas, sindicalistas y reformistas. Una corriente claramente marxista no surgió hasta finales de la década de 1870 bajo el liderazgo de Jules Guesde.

La aceptación del marxismo por parte de Guesde se produjo cuando el movimiento obrero francés volvió a la vida después de la derrota de la Comuna de París. Después de una amnistía general para los comuneros exiliados y encarcelados, Guesde y otros socialistas formaron un partido obrero conocido como Federación de Trabajadores Socialistas de Francia (FTSF). (22) Pero, este nuevo partido estaba fuertemente dividido entre reformistas y revolucionarios. Guesde quería fusionar estos elementos diferentes en una organización disciplinada en la que un programa revolucionario proporcionaría un punto de encuentro común.

En mayo de 1880, Guesde fue a Londres en busca de la orientación de Marx y Engels para desarrollar el programa. Marx aportó al programa una sección introductoria que describía el objetivo final del comunismo. A esto le siguió una sección que constaba de demandas económicas y políticas mínimas alcanzables bajo el capitalismo. (23) Según Engels, el programa fue una «obra maestra de razonamiento convincente, calculado para explicar las cosas en pocas palabras; Rara vez he visto algo parecido e, incluso la versión concisa, era asombrosa» (24). Para Engels, el programa del Partido de los Trabajadores Franceses sirvió de modelo para el programa del SPD alemán en Erfurt.

Las cosas llegaron a un punto crítico en el FTSF, que en 1882 se dividió entre revolucionarios y reformistas. Engels dio la bienvenida a la división. «Ha sucedido lo inevitable, los elementos irreconciliables se han separado», escribió. «Y eso es algo bueno» (25). Además, Engels reconoció que la lucha ideológica y política era ineludible y necesaria en un partido proletario: «Parecería que cualquier partido obrero sólo puede desarrollarse a través de la lucha interna, como de hecho ocurre generalmente con las leyes dialécticas del desarrollo» (26).

Los marxistas franceses formaron rápidamente una nueva organización: el POF. Si bien el POF era ideológicamente marxista, su nivel teórico era bastante bajo. Además, el POF tenía una membresía pequeña y le fue mal en las elecciones en comparación con el SPD. Fue dirigido por Guesde y Paul Lafargue (yerno de Marx). Guesde era un agitador eficaz, pero no era un teórico, ni un líder político brillante. Si bien Lafargue estaba mucho más desarrollado teóricamente y fue un popularizador eficaz del marxismo, ejerció una influencia deficiente que causó a Engels más de una frustración.

El sufragio universal

A diferencia de Alemania, Francia era una república y el POF operaba legalmente. Engels imploró al POF que aprovechara su legalidad para agitar y difundir un mensaje revolucionario en Francia. En 1892 le escribió a Lafargue:

«¿Te das cuenta que importante ha sido que Francia tenga –durante cuarenta años- sufragio universal? ¡Si tan solo la gente hubiera sabido cómo usarlo! Es más lento y aburrido que llamar a la revolución, pero es más seguro y, lo que es mejor, indica con mayor precisión el día en que se debe hacer un llamado a la revolución armada. Utilizado inteligentemente por los trabajadores, el sufragio universal los puede llevar a derrocar la legalidad, es decir, a ponerlos en una posición más favorable para hacer la revolución» (27).

Una lectura atenta de este pasaje deja claro que Engels no veía las elecciones como un fin en sí mismo. Más bien, vio las elecciones como un termómetro para medir el apoyo que los socialistas tenían en la sociedad. Las elecciones también eran un medio para juzgar cuál era el momento propicio para que el partido cambiara al terreno de juego e iniciara la revolución armada. Para que las elecciones desempeñaran ese papel, Engels afirmaba, que los socialistas tenían que defender su programa propio y actuar de forma independiente (en oposición a todos los partidos burgueses): «Lo que dijimos de Bebel con respecto al SPD se aplica igualmente a la situación en Francia. No me preocupa el número de escaños que eventualmente se ganen… Lo principal es que el movimiento avance a un ritmo rápido y seguro. Pero lo que también es importante es la forma en que nuestros trabajadores han manejado el asunto, la tenacidad, determinación que la que han ganado y derrotado amenazas por parte del gobierno y de la burguesía» (28).

En última instancia, el principal logro de los socialistas en las elecciones fue aumentar la autoorganización del proletariado y su capacidad para luchar por la revolución. (29) En realidad, Engels creía que una «república democrática es la única forma política en que la lucha entre la clase obrera y la clase capitalista puede primero generalizarse para luego culminar con la victoria del proletariado» (30).

También insistió que la república francesa sólo era formalmente democrática, ya que su carácter de clase era burgués. Sostuvo que «una república, como cualquier otra forma de gobierno, está determinada por los elementos que la componen; mientras tenga la forma de un gobierno burgués, será tan hostil con nosotros como cualquier monarquía (salvo en las formas de esa hostilidad). De ahí que sea una ilusión gratuita tratar al gobierno con delicadeza ; y encomendarle tareas socialistas. Podemos sacarle concesiones, pero nunca esperamos que lleve a cabo nuestro trabajo» (31).

En otras palabras, Engels reconoció que todos los Estados capitalistas, por muy democráticos que parezcan en la superficie, no podían introducir el socialismo porque seguían siendo, una dictadura de la burguesía.

El populismo de derecha

A pesar de todas las críticas a un gobierno republicano bajo el capitalismo, Engels reconoció que era un “mejor terreno político” para la lucha de la clase trabajadora y llamó a los socialistas a defender las libertades democráticas.

Una prueba importante se produjo a fines de la década de 1880 con el surgimiento del movimiento boulangista. Durante ese tiempo, la Tercera República francesa estuvo sumida en la inestabilidad, la corrupción, la politiquería y el escándalo. Francia también se encontraba en medio de una larga recesión económica en la que los trabajadores sufrieron privaciones y desempleo. Esto desacreditó a los partidos políticos, abriendo la puerta al movimiento boulangista.

El general Boulanger, un ex ministro de guerra, apareció para muchos trabajadores como ‘el hombre fuerte’ que vengaría la derrota de Francia a manos de Alemania, favorecería a la gente común y acabaría con la corrupción republicana. Para los enemigos de la Tercera República, ya fueran nacionalistas, blanquistas, antisemitas o realistas exiliados, el ascenso de Boulanger presagiaba la caída de un régimen odiado.

Engels prestó mucha atención a Boulanger y vio en él la amenaza de una dictadura militar. Engels reconoció que el peligro de una dictadura boulangista significaba el fin tanto de la Tercera República como del movimiento socialista: «Boulanger será con toda probabilidad el dictador de Francia, acabará con el parlamentarismo, intervendrá el poder judicial con el pretexto de la corrupción, tendrá un gouvernement à poigne (gobierno fuerte) y una chambre pour rire (parlamento ilegítimo), y aplastará a marxistas, blanquistas y posibilistas, todos juntos… Y después, “ma belle France –¿tu l’as voulu? (mi hermosa Francia–¿esto es lo que querías?)» (32).

Para Engels, la cuestión principal no era sólo cómo analizar el boulangismo, sino cómo combatirlo. Tuvo que lidiar con dos corrientes diferentes en el POF. Por un lado, Guesde entendió que la lucha entre Boulanger y los corruptos políticos burgueses era una disputa entre dos sectores de la burguesía en la que la clase obrera no tenía ningún interés. Su opinión la resumió con esta frase «entre el cólera y la peste, uno no tiene donde elegir».

Al contrario de esa opinión Engels alertó al Partido que los vínculos de Boulanger con los realistas y la amenaza de guerra se utilizarían para acabar con el movimiento obrero. Engels dijo que el Partido no debe permitir que el odio a los partidos burgueses lo cegaran ante la amenaza de una dictadura de derecha: «Los socialistas serán las primeras víctimas del “buen Boulanger” que estáis anhelando y por cada vez que ataque a la Bolsa, pondrá un pie sobre al proletariado, aunque sólo sea para nivelar las cosas» (33).

Engels les dijo a los trabajadores que defender la democracia era vital, tan vital, que no podía dejarse en manos de la burguesía. Más bien, los socialistas tenían que liderar la lucha para preservar las libertades democráticas, utilizando métodos revolucionarios.

Algunos marxistas, como Paul Lafargue, fueron blandos con el boulangismo, lo vieron como un movimiento que expresaba el descontento popular con la corrupción. Lafargue creía que, dado que el general Boulanger era tan popular, el POF no debería atacarlo. Si los socialistas atacaban a Boulanger, temía Lafargue, serían confundidos con republicanos burgueses y perderían votos.

Engels advirtió que no era el trabajo de los socialistas “seguir la corriente”, incluso si el boulangismo era popular momentáneamente los socialistas debían adoptar una visión a largo plazo: «Si no vamos a ir contra de la corriente, ¿qué demonios es nuestro Partido?» (34).

Engels reiteró a Lafargue y Guesde que las opciones que tenían no eran simplemente entre partidos burgueses y Boulanger, sino que existía una tercera opción: la acción política independiente de la clase obrera, por eso instó a los socialistas a presentar sus propios candidatos, opuestos a ambos bandos.

Cuando los marxistas presentaron su propio candidato en París en 1889, contra los boulangistas, Engels elogió la decisión «al menos se ha dado un paso en la dirección correcta al proclamar una candidatura socialista independiente» (35). Engels recordó a Lafargue: «Durante los últimos veinte años hemos estado abogando por la formación de un Partido que fuera distinto y opuesto a todos los partidos burgueses» (36).

Para Engels, la lección del asunto Boulanger fue que la clase obrera no podía renunciar a la lucha contra el populismo derechista y que, para derrotar a la reacción, la clase trabajadora no podía depender de las urnas, ni de la buena voluntad de la clase dominante. La clase trabajadora necesitaba defender las libertades democráticas, principalmente por medios extraparlamentarios y organizando un partido independiente.

Como ganar a los campesinos

Un problema urgente que enfrentaba el POF y el SPD era cómo ganar el apoyo del campesinado. Ambos partidos estaban fuertemente concentrados en la clase trabajadora urbana, y el campesinado constituía la mayoría de la población tanto en Francia como en Alemania. Pero el campesinado aparentemente había sido descartado por los partidos socialistas. Sin embargo, Marx y Engels se opusieron a esas tendencias sectarias. Por ejemplo, el Programa de Gotha había sido criticado por Marx y Engels por describir a todas las clases fuera del proletariado como «una masa reaccionaria».

Al respecto, en 1891 Engels escribió a Kautsky: «Mientras no seamos lo bastante fuertes para tomar el timón del Estado y realizar nuestros principios, no se puede hablar, estrictamente hablando, de los campesinos como una masa reaccionaria. De lo contrario, toda la nación se dividiría en una mayoría reaccionaria y una minoría impotente» (37). Para Engels, la clase obrera necesitaba ganar a la mayoría de los oprimidos y explotados y colocarlos bajo su dirección si quería tener éxito en la revolución socialista.

Cuando el campesinado francés de inclinación realista comenzó a aceptar la Tercera República, Engels la aclamó como un cambio de suma importancia: «Significa también la próxima alianza entre los trabajadores de las ciudades y los trabajadores del campo… El establecimiento de la República ha dado por fin a los trabajadores franceses el terreno sobre el cual pueden organizarse como un partido político independiente y librar sus futuras batallas, no en beneficio de los demás, sino en el suyo propio; el terreno, también, sobre el que pueden unirse con la masa hasta ahora hostil del campesinado y así obtener futuras victorias. No, como hasta ahora, triunfos efímeros de París sobre Francia, sino triunfos finales de todas las clases oprimidas de Francia, dirigidas por los obreros de París y de las grandes ciudades de provincia» (38).

Sin embargo, con el paso del tiempo, el campesinado se presentó ante muchos en el SPD y el POF como un espacio electoral más donde ganar votos. Esto trajo a la superficie enfoques oportunistas como diluir el programa del partido para atraer a los campesinos más ricos.

En Alemania, esta tendencia estuvo representada por Georg Vollmar y el SPD de Baviera. En Francia, esta política se manifestó en la Conferencia de Marsella (1892) y la Conferencia de Nantes (1894), que pretendía conquistar al campesinado terrateniente, en contraposición a los pequeños campesinos y al proletariado agrícola. Engels contrarrestó estas desviaciones escribiendo La cuestión campesina en Francia y Alemania (1894) para explicar cómo los socialistas podían conquistar al campesinado sobre la base de su programa revolucionario.

Engels argumentó que el partido debería proponer políticas para aliviar la suerte del campesinado más pobre bajo el capitalismo y ganar su lealtad: «El sacrificio que se hará con este fin en interés de los campesinos y se sufragará con fondos públicos puede, desde el punto de vista de la economía capitalista, ser visto sólo como dinero tirado, pero sin embargo es una excelente inversión porque efectuará un ahorro quizás diez veces mayor en el costo de la reorganización social en general. En este sentido, podemos, por lo tanto, permitirnos explicar con libertad nuestro programa a los campesinos» (39).

Aquí, Engels dijo que el partido no debe hacer promesas demagógicas al campesinado para ganar votos. Más bien, el partido necesitaba aprender a ganar al campesinado para la lucha revolucionaria por el socialismo.

Para mantenerse fiel al programa revolucionario, el partido debe apelar principalmente a los pequeños campesinos y al proletariado agrícola. El partido necesitaba ganarse a los campesinos no haciendo falsas promesas como detener el capitalismo en el campo, lo que debía hacer es insistir en que no tenía intención de expropiar por la fuerza a los campesinos bajo el socialismo: «Para empezar, el programa del partido francés tiene toda la razón al afirmar: que prevemos como inevitable ruina del pequeño campesino, pero que no es nuestra misión acelerarla. En segundo lugar, es igualmente evidente que cuando estemos en posesión del poder estatal, no expropiaremos por la fuerza a los pequeños campesinos (con o sin compensación), pero si tendremos que hacerlo en el caso de los grandes campesinos terratenientes» (40)

En cuanto a los trabajadores agrícolas en general, Engels argumentó que el partido necesitaba apoyar la expropiación de los latifundios y crear las bases para una agricultura socializada a gran escala. Engels afirmó, sin embargo, que después de la revolución, puede llegar a ser necesario la compensación de los grandes terratenientes: «De ninguna manera consideramos que la compensación sea inadmisible; Marx me dijo (muchas veces) que, en su opinión, saldría más barato para la Revolución si el estado pudiéramos comprar la tierra» (41).

El enfoque de Engels hacia el campesinado se basó en la necesidad de crear una alianza obrero-campesina. Con ese fin, buscó a los sectores del campesinado más proclives a una revolución socialista. Se planteó cómo ganar su apoyo, o al menos neutralizar su hostilidad.

Si bien Engels era tácticamente flexible, no estaba dispuesto a cruzar la línea de sacrificar la integridad programática. Los oportunistas en el POF y el SPD se rebelaron contra una adherencia “dogmática” al programa del partido y estaban dispuestos a diluir su carácter de clase basándose en los resultados electorales de corto plazo. En última instancia, el enfoque de Engels hacia el campesinado no tenía nada en común con el oportunismo, pero fue fundamental para las tácticas revolucionarias que aplicó posteriormente el bolchevismo ruso.

El «testamento».

En los últimos años de la vida de Engels, el POF finalmente rompió su aislamiento y logró avances electorales importantes. Al mismo tiempo, el SPD ganó casi una cuarta parte de los votos en las elecciones al Reichstag de 1893. Engels especuló razonablemente que, si continuaban esas tendencias, el SPD podría esperar obtener una mayoría en la próxima década: «Si el crecimiento del Partido continúa a un ritmo normal, tendremos una mayoría entre los años 1900 y 1910. Y cuando lo consigamos, podéis estar seguro de que no nos faltarán ideas ni hombres para llevar a cabo la revolución» (42).

Engels reflexionó sobre el éxito de los socialistas en las urnas en su introducción de 1895 a Las luchas de clases de Marx en Francia, texto a veces referido como su ‘Testamento’. En este prefacio observó que las condiciones habían cambiado desde las revoluciones de 1848, lo que permitió a los socialistas usar las urnas en su beneficio: «Con la utilización exitosa del sufragio universal, entró en vigor un modo completamente nuevo de lucha proletaria, y esta se desarrolló rápidamente. Se encontró que las instituciones estatales, en las que se organiza el dominio de la burguesía, ofrecen oportunidades para que la clase trabajadora combata contra estas mismas instituciones estatales» (43).

Engels señaló la ironía que hizo que las elecciones y la legalidad parecieran un curso razonable a seguir por los socialistas: «La ironía de la historia mundial lo pone todo patas arriba. Nosotros, los revolucionarios, los ‘rebeldes’, estamos creciendo mucho mejor con los métodos legales que con los métodos ilegales. Los partidos del orden, como ellos mismos se llaman, están declinando bajo las condiciones creadas por ellos mismos» (44). También observó que las insurrecciones urbanas parecían estar pasadas de moda: «La rebelión a la vieja usanza, la lucha callejera con barricadas, que hasta 1848 daba en todas partes la decisión final, está en buena medida obsoleta» (45)

Si esto fuera todo el ‘testamento’ de Engels, entonces quizás Bernstein y Harrington podrían reclamar a Engels para el entorno del reformismo y de la socialdemocracia. Sin embargo, la verdad historia es muy distinta.

El ‘testamento’ de Engels fue publicado en un momento que se imponía una represiva ley de prensa en Alemania. Como resultado, Engels se vio obligado a bajar el tono de su defensa de la revolución armada. Pero, la autocensura de Engels no fue suficiente para el SPD, el partido temía el regreso de las Leyes Anti-socialistas si daban algún indicio de favorecer la revolución. Como resultado, el texto de Engels fue corregido por Liebknecht, que tuvo la tarea de eliminar todos los pasajes dedicados a la lucha callejera, la violencia y la revolución. Cuando Engels se enteró de estos cambios, le escribió airadamente a Kautsky: «Me ha sorprendido ver hoy en el diario Vorwärts un extracto de mi ‘Introducción’ que ha sido publicada sin mi conocimiento previo y re-elaborado de tal manera que me presenta como “un defensor de la legalidad y amante de la paz” [pase lo que pase]. Razón de más tengo en exigir que el texto íntegro debe aparecer en el Neue Zeit para anular esa vergonzosa publicación. Sin ninguna duda le diré a Liebknecht sobre lo que pienso al respecto y lo mismo se aplica a quienes, independientemente de quiénes sean, pervirtieron mis puntos de vista y, lo que es peor, no me dijeron una palabra sobre esta falsificación» (46).

Uno de los pasajes clave eliminados del texto fue la supuesta obsolescencia de las luchas callejeras. Aquí, Engels dejó en claro que la lucha callejera no estaba fuera de la mesa de los partidos socialistas: «¿Acaso en el futuro la lucha callejera no jugará ningún papel? Ciertamente no» (47). Lo que Engels pensaba era que debido a que las condiciones políticas y técnicas la lucha callejera se habían vuelto «más desfavorables para las luchas de los ciudadanos y mucho más favorables para los militares». En Europa occidental, las futuras insurrecciones urbanas podrían «por lo tanto, salir victoriosas solo cuando esta situación desfavorable sea compensada por otros factores»(48).

¿Cuáles eran estos «otros factores» que Engels tenía en mente? Él tenía claro que el éxito en la guerra urbana requería «zarandear la firmeza de los militares«(49). Esto significaba ganar el apoyo de los soldados y, en última instancia, dividir el ejército.

Como había señalado dos años antes, el ejército alemán estaba «cada vez más influido por las ideas del socialismo. Hoy tenemos un soldado de cada cinco, dentro de unos años tendremos uno de cada tres. Aunque hasta ahora el elemento prusiano es más fuerte en Alemania, en el futuro el ejército podría tendrá una mayoría socialista» (50).

En su ‘testamento’, Engels dice que la clase dominante es impotente para evitar el crecimiento de los partidos socialistas. Si se lee fuera de contexto, esta opinión podría fortalecer la posición oportunista que sostenía que los socialistas obtendrían inexorablemente más miembros y votos del partido y llegarían pacíficamente un gobierno socialista.

Engels no compartía en absoluto estas ilusiones de lo que llamaba «idiotez lineal». «Para empezar, nunca he dicho que el partido socialista se convertirá en la mayoría y luego tomará el poder. Por el contrario, he dicho expresamente que las probabilidades son de diez a uno. Y que nuestros gobernantes, mucho antes de que llegue ese momento, usarán la violencia contra nosotros, y esto cambiaría del terreno de la lucha por mayoría por el terreno de la revolución» (51).

Engels estaba convencido que la clase dominante iba a golpear primero a las fuerzas del socialismo: «Queda por ver si serán los burgueses y su gobierno los primeros en dar la espalda a la ley para aplastarnos con la violencia. Los estaremos esperando. Disparen primero, señores les bourgeois» (52).

Engels advirtió si la burguesía usa la violencia, entonces la clase trabajadora deberá responder de la misma manera: «Si, por lo tanto, se rompe la constitución del Reich, entonces la socialdemocracia es libre para hacer lo que quiera contra la burguesía. ¡Pero lo que haremos entonces difícilmente lo revelaremos hoy!» (53). Este no es precisamente la opinión de un político dedicado a la legalidad a toda costa.

Engels, un revolucionario y comunista hasta el último aliento

A diferencia de Bernstein, Michael Harrington es al menos lo suficientemente honesto como para admitir que el “testamento” de Engels fue censurado. Sin embargo, ambos todavía reclaman a Engels para sus estrategias reformistas y socialdemócratas.

Ninguno de los dos tienen derecho a reclamar a Engels para sí. Engels pasó toda su vida luchando contra las políticas representadas por los Bernstein o los Harringtons. Defendió la perspectiva de construir un partido proletario basado en un programa revolucionario que utilice tácticas y estrategias flexibles, pero nunca negó que la lucha tiene como objetivo final del comunismo. Por lo tanto, en su 200 cumpleaños, debemos recordar con orgullo a Federico Engels (quien junto a Marx, Lenin, Luxemburg y Trotsky) porque fue hasta su último aliento un revolucionario y un comunista.

 

Notas

[1] Bernstein, Preconditions of Socialism, ed. y trans. Henry Tudor (Cambridge: Cambridge University Press, 1993), 4.

[2] Kautsky invocó a Engels en apoyo de la «estrategia de desgaste» reformista de facto del SPD. Kautsky, «Mass Strike», en Kautsky: Selected Political Writings, ed. Patrick Goode (Londres: Macmillan, 1983), 55–56; Ralph Miliband fue un teórico marxista polaco-inglés. Véase Miliband, Marxism and Politics (Oxford: Oxford University Press, 1977), 79–80; Santiago Carrillo era un líder del Partido Comunista Español (PCE) y utilizó a Engels para defender el eurocomunismo. Ver Carrillo, Eurocommunism and the State (Westport: Lawrence y Wishart, 1978), 92–95.

[3] Harrington, Socialism: Past and Future (Nueva York: Mentor Books, 1989), 45–47. Para más información sobre Harrington, vea Doug Enaa Greene, “Michael Harrington and His Afterlives” , Cosmonaut , 8 de abril de 2019; Doug Enaa Greene, A Failure of Vision: Michael Harrington and the Limits of Democratic Socialism (Alresford, Reino Unido: Zero Books, de próxima publicación).

[4] “Engels a Becker. 15 de octubre de 1884”, en Obras completas de Marx y Engels [en adelante MECW ], vol. 47 (Londres: Lawrence y Wishart, 1975), 202.

[5] Marx, «Crítica del programa de Gotha», en MECW , vol. 24, 75–99.

[6] “Engels a August Bebel. 18-28 de marzo de 1875”, en MECW , vol. 45, 60.

[7] Ibíd., 65.

[8] “Engels a August Bebel. 12 de octubre de 1875 ”, en MECW , vol. 45, 98.

[9] Engels, “Introducción a la edición inglesa (1892) de Socialismo: utópico y científico ”, en MECW , vol. 27, 278.

[10] “Marx a Wilhelm Bracke. 11 de abril de 1877 ”, en MECW , vol. 45, 218.

[11] Marx y Engels, “Carta circular a August Bebel, Wilhelm Liebknecht, Wilhelm Bracke y otros”, en MECW, vol. 24, 269.

[12] Ibid., 260. Ver también Hal Draper, Karl Marx’s Theory of Revolution, vol. 4, Crítica de otros socialismos (Nueva York: Monthly Review Press, 1990), 92–97.

[13] “Frederick Engels to August Bebel 24 de noviembre de 1879”, en MECW , vol. 45, 423-24.

[14] “Engels to Gerson Trier 18 de diciembre de 1889”, en MECW , vol. 48, 424.

[15] Hal Draper, Teoría de la revolución de Karl Marx ,vol. 3, La “dictadura del proletariado” (Nueva York: Monthly Review Press, 1986), 313.

[16] Engels, “Introducción a la guerra civil de Karl Marx en Francia ”, en MECW, vol. 27, 191.

[17] “Engels a Sorge. 24 de octubre de 1891 ”, en MECW, vol. 49, 266.

[18] Engels, “Crítica del proyecto de programa socialdemócrata de 1891”, en MECW , vol. 27, 225.

[19] Ibíd., 226.

[20] Ibíd., 227.

[21] “Engels a Paul Lafargue 22 de noviembre de 1894”, en MECW , vol. 50, 369.

[22] Partes de esta sección toman prestado libremente de Doug Enaa Greene, “The Rise of Marxism in France” , Links, 11 de mayo de 2016; Doug Enaa Greene, “Engels, Boulanger y la lucha contra el fascismo” , Blanquist, 6 de enero de 2018.

[23] Para el texto completo, ver Karl Marx, “Preámbulo al Programa del Partido de los Trabajadores Franceses”, en MECW , vol. 24, 340–42, 638.

[24] “Engels a Bernstein. 25 de octubre de 1881 ”, en MECW , vol. 46, 148. Según Engels, fue en respuesta a la vulgarización de las ideas de Marx por parte de Guesde que Marx dijo que no era «marxista»: «Ahora bien, lo que se conoce como» marxismo «en Francia es, de hecho, un producto completamente de modo que Marx dijo una vez a Lafargue: ‘Ce qu’il ya de Certain c’est que moi, je ne suis pas Marxiste’ ”.“Engels a Bernstein. 2-3 de noviembre de 1882 ”, en MECW , vol. 46, 356.

[25] “Engels a Bernstein. 20 de octubre de 1882 ”, en MECW , vol. 46, 341.

[26] Ibídem. 342.

[27] “Engels a Paul Lafargue. 12 de noviembre de 1892 ”, en MECW , vol. 50, 29.

[28] “Engels a August Bebel. 29 de octubre de 1884 ”, en MECW , vol. 47, 210.

[29] Esta conclusión se extrae de August H. Nimtz Jr., Marx y Engels: su contribución al avance democrático (Albany: State University of New York Press, 2000), 261.

[30] Engels, “Respuesta al Honorable Giovanni Bovio”, en MECW, vol. 27, 271.

[31] “Engels a Paul Lafargue. 6 de marzo de 1894 ”, en MECW, vol. 50, 276.

[32] “Engels a Laura Lafargue. 7 de mayo de 1889 ”en MECW, vol. 48, 309.

[33] “Engels a Paul Lafargue. 1 de abril de 1889 ”, en MECW, vol. 48, 288.

[34] “Engels a Laura Lafargue. 4 de febrero de 1889 ”, en MECW, vol. 48, 262.

[35] “Engels a Laura Lafargue. 2 de enero de 1889 ”, en MECW, vol. 48, 244.

[36] “Engels a Paul Lafargue. 16 de noviembre de 1889 ”, en MECW, vol. 48, 406.

[37] “Engels a Kautsky. 14 de octubre de 1891 ”, en MECW, vol. 49, 262.

[38] Engels, “Los trabajadores de Europa en 1877”, en MECW, vol. 24, 224-25.

[39] Engels, La cuestión campesina en Francia y Alemania, en MECW, vol. 27, 498.

[40] Ibíd., 496.

[41] Ibid., 500. Para más información sobre la actitud de Marx y Engels hacia el campesinado, ver Hal Draper, Karl Marx’s Theory of Revolution, vol. 2, The Politics of Social Classes (Nueva York: Monthly Review Press, 1978), 358–452.

[42] “Entrevista de Frederick Engels por el corresponsal del Daily Chronicle a fines de junio de 1893”, en MECW, vol. 27, 553.

[43] Engels, “Introducción a las luchas de clases de Karl Marx en Francia ”, en MECW, vol. 27, 516.

[44] Ibíd., 522.

[45] Ibíd., 517.

[46] “Engels a Karl Kautsky. 1 de abril de 1895 ”, en MECW, vol. 50, 486. Para más antecedentes sobre la introducción de Engels, véase A. Neuberg, Armed Insurrection (Londres: New Left Books, 1970), 33–36; Doug Enaa Greene, «Balas y barricadas: sobre el arte de la insurrección» , Links , 6 de noviembre de 2016.

[47] Engels, “Introducción”, 519.

[48] Ibídem.

[49] Ibíd., 518.

[50] Engels, “Socialism in Germany”, en MECW, vol. 27, 240. Para más información sobre Engels y la necesidad de que los revolucionarios dividan el ejército, véase Gilbert Achcar, “Engels: Theorist of War, Theorist of Revolution”, International Socialism 2, no. 97 (invierno de 2002).

[52] Engels, “Respuesta al Honorable Giovanni Bovio”, 271. Para conocer lo que Marx imaginó si un gobierno socialista llegara al poder, véase Doug Enaa Greene, “Defending First Principles” , Blanquist, 5 de mayo de 2020.

[53] Engels, “Socialism in Germany”, pág. 241.

[54] Engels, “Introducción”, 523.

DOUG E. GREENE, HISTORIADOR ESTADOUNIDENSE (UNIVERSIDAD DE BOSTON)

Fuente: https://observatoriocrisis.com/2020/12/13/federico-engels-reformista/

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