Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Nana de Gaza

Carlos Piera

Nana de Gaza.

Por Carlos Piera.

Qué guapa en la cuna, mi niña adorada, para que la muerte cuando venga a verte te encuentre acostada. Cierra los ojitos, vida de mi vida, para que la muerte cuando venga a verte te encuentre dormida. Duérmete, mi rosa, para que la muerte cuando venga a verte sea cariñosa. Duérmete, ojos bellos, si hay gatitos muertos por entre las ruinas jugarás con ellos. Duérmete, rubí, y a ver si la muerte cuando venga a verte se me lleva a mí. (La imagen es una acuarela de Charles Vernant, Mère et enfant).

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Un genocidio es un genocidio, aunque lo llamen guerra defensiva

Albert Recio Andreu

Esta es una nota de urgencia. De rabia e impotencia. Para constatar, una vez más, que Israel tiene total impunidad para practicar cualquier barbaridad sobre el pueblo palestino. Muchos de quienes callaron el exterminio de los campos nazis podían alegar que no se habían enterado, que el holocausto ocurría en espacios cerrados, fuera del ojo público. Y que estaban sometidos a un régimen dictatorial que impedía la disensión abierta. Pero el genocidio, la limpieza étnica que practica Israel, su ocupación sistemática de nuevos territorios, la expulsión y expropiación de tierras y derechos, y el uso masivo y despiadado de su fuerza militar viene ocurriendo delante de todo el mundo. Convirtiéndose ahora en la noticia de portada de las fiestas navideñas. Muestra no sólo la crueldad y la impudicia de los políticos israelíes (la que explica tan bien el pequeño-gran film israelí "Los limoneros"), sino el cinismo de quienes les apoyan. Sabemos que los hombres de Bush han sido tan genocidas como sus aliados. Pero que Obama esté aún de vacaciones (y con una futura secretaría de Estado netamente aliada del lobby pro israelí) no augura cambios significativos. Por no citar a nuestro "progresista" Ministro de Exteriores, que mientras con la boca pequeña condenaba la dureza israelí en voz clara acusaba a Hamas de haber roto la tregua.

Muchas de las actuaciones de Hamas son sin duda incomprensibles, como el disparo de cohetes a territorio israelí, injustificables moralmente e inútiles en el plano militar. Pero una actitud que ha estado precedida, una vez más, por una agresión continua israelí durante la tregua. Si uno repasa las hemerotecas del mes de noviembre pasado, lo que encuentra son dos cosas: bombardeos "selectivos" de Israel causando muertos en Gaza y bloqueo sistemático de los accesos a la llegada de ayuda humanitaria. Como puede aprender cualquiera que haya visitado o leído sobre los campos de exterminio, el hambre y las privaciones mataban tanto o más que los crematorios. Nadie en los meses finales de la tregua denunció los bombardeos ni los bloqueos de Israel. Poner a ambos contendientes en la misma balanza es una muestra del servilismo de nuestro Gobierno hacia el Imperio decadente y una garantía de que seguiremos sin hacer nada para cambiar las cosas. Oponerse a los EEUU e Israel es sin duda necesario pero de difícil impacto. Exigir la responsabilidad a nuestro ministro debería ser un ejercicio básico de ética democrática.

http://www.ucm.es/info/nomadas/mientrastanto/

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El legado de Auschwitz

Eduardo Subirats

El legado de Auschwitz

Eduardo Subirats

Los reiterados tributos oficiales a las víctimas de los campos de concentración europeos, creados durante la Segunda Guerra Mundial, pareciera que iban a poner un fin a su lógica del genocidio. A comienzos del siglo XXI es difícil creer que sea éste el caso. Las guerras de los Balcanes, las atrocidades que se sucedieron en África y en las guerras de Irak y Afganistán señalan más bien una espantosa regresión histórica. Las masacres y genocidios, los desplazamientos de millones de humanos, el confinamiento masivo en campos de concentración o de refugiados y, no en último lugar, los movimientos migratorios provocados por la pobreza y la destrucción ecológica no han cesado de multiplicarse.

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Los niños del plomo

Marina Walker

Ecoportal.net

Mishell Barzola tiene seis años y hace tiempo dejó de crecer. Mide apenas un metro y pesa 14 kilos, sólo un poco más que su hermano Steven de dos años. Su madre, Paulina Ccanto, sospecha que el plomo se le ha metido en el cuerpo.

En La Oroya, Perú, donde vive Mishell, los niños respiran y tragan constantemente el metal que viaja en el aire y se deposita en el suelo. Cuando juegan al fútbol o a las canicas en las calles de tierra, el viento arroja polvo tóxico en sus caras. Cuando se llevan los dedos a la boca, los pequeños, literalmente, comen plomo.

“No la veo bien a la niña”, me dice Paulina sentada en la pequeña habitación que alquila en esta ciudad andina de 33.000 almas, 180 kilómetros al sureste de Lima. Anoche llovió y las goteras se han ensañado con la cama que comparten tres de los cuatro hijos de la mujer. Un débil rayo de sol se cuela por el mismo agujero del techo por el que se filtra el agua.

“Mishell no engorda ni crece. El doctor me dijo que puede ser por el exceso de plomo”, me explica Paulina casi susurrando, como si de ese modo la amenaza se tornase menos real. Su hija Rosario, de doce años, habla con la soltura propia de los niños: “A veces nos llenamos de plomo y nos da una enfermedad. Nuestro estómago se llena de plomo. Con eso también podemos morir”.

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Entrevista a David Harvey. Los nuevos rostros del imperialismo

Herramienta

David Harvey es uno de los más conocidos intelectuales de la izquierda norteamericana, y un geógrafo y urbanista de prestigio mundial. Autor de varios trabajos ya clásicos sobre urbanismo y la dinámica espacial del capitalismo, tiene además contribuciones importantes a la teoría económica, y ha escrito una obra de referencia en el campo de la crítica cultural: La condición de la postmodernidad, considerada por el London Independent como uno de los cincuenta libros de no-ficción más importantes publicados desde 1945. A principios de este año, estuvo en Zürich participando en la conferencia El otro Davos, organizada por Attac Suiza como contrapunto altermundialista al encuentro del Foro Económico Mundial. Allí tuvo lugar esta entrevista.

David Harvey nació en 1935 en el Reino Unido. Se doctoró en la Universidad de Cambridge en geografía histórica, y en 1969 se mudó a Baltimore, en Estados Unidos, como profesor de geografía en la John Hopkins University. En ese mismo año aparece su primer libro, La explicación en geografía, y a partir de ese momento su interés comienza a centrarse en los aspectos sociales y políticos de la disciplina. En 1973 publica La ciudad y la justicia social , y durante los años 1970 estudia a Marx en profundidad. Este esfuerzo culmina en 1982 con la publicación de una obra mayor de teoría económica, Los límites del capital . En 1985 publica dos libros de ensayos sobre urbanismo, La conciencia y la experiencia urbana y La urbanización del capital, y en 1989 aparece La condición de la postmodernidad (publicado en español por Amorrortu), probablemente su obra más conocida, donde investiga la emergencia de la cultura y del arte postmodernos como un efecto de las transformaciones del capitalismo y de la aparición del postfordismo. De 1987 a 1993 ocupa la cátedra Halford Mackinder de geografía en la universidad de Oxford, y en 1993 vuelve a Johns Hopkins, donde permanece hasta el año 2000. En la actualidad es profesor en el Graduate Center in Anthropology de la City University of New York. Además de las obras ya mencionadas, Harvey es autor de Justicia, naturaleza y la geografía de la diferencia (1996) y, más recientemente, de Espacios de esperanza (2000) y El nuevo imperialismo (2003), ambos publicados en español por Akal.

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Terratenientes: Pentágono y bases militares

Juan Gelman

27 de febrero de 2007

Parece increíble: uno de los terratenientes más grandes del mundo es el Pentágono.

Según cifras oficiales de 2005, sus 737 bases militares en todo el mundo más las que posee en territorio propio ocupan una superficie de 2.202.735 hectáreas.

ales datos figuran en el Base Structure Report ( BSR , por sus siglas en inglés, 2005), un inventario anual del Departamento de Defensa de EE.UU. que registra la proliferación de tales bases a partir del 2002.

El colonialismo, antes, consistía en la ocupación militar permanente de países enteros. Ya no.

El historiador Chalmers Johnson señala en Nemesis: The Last Days of the American Republic (Metropolitan Books, 2007) que las cifras del BSR no incluyen las 106 guarniciones estadounidenses instaladas en Irak y Afganistán desde mayo del 2005 ni las construidas en Israel, Qatar, Kirguizistán y Uzbekistán. Tampoco las 20 que las fuerzas norteamericanas comparten con tropas locales en Turquía, de propiedad del gobierno de Ankara, pero bases norteamericanas al fin.

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Mensaje de Evo Morales Aima, Presidente de Bolivia y candidato al Nobel de la Paz 2007, al VII Foro Social Mundial (Nairobi, Kenia).

Evo Morales

Primero quiero saludar al Foro Social Mundial y a todos los compañeros y compañeras, hermanos y hermanas que participan para seguir dando línea programática, política e ideológica, para cambiar el mundo finalmente, este mundo de injusticias, de desigualdades. Los foros, los eventos internacionales, mundiales, siempre nos orientan a los líderes sindicales, y ahora -porqué no decir- a los presidentes. Espero que de este Foro salgan propuestas que permitan cambiar y aseverar cómo terminar con el modelo neoliberal que ha hecho mucho daño en mi país, Bolivia, como también en América latina y con seguridad en otros países del mundo. Yo creo que en el mundo hay dos líneas: gobiernos, presidentes, que apuestan por la vida y hay presidentes y gobiernos que, con sus políticas, apuestan para acabar con vidas. En menos de un año de Presidente, yo he encontrado dos pueblos, dos gobiernos o dos programas, si somos más claros, unos gobiernos mandan tropas para salvar vidas y otros gobiernos mandan tropas para acabar con vidas. Esa es la profunda diferencia, unos están para buscar cierta hegemonía, otros para salvar vidas en el marco de la solidaridad, de la reciprocidad. Entonces, ¿a cual nos sumamos? Yo digo a los gobiernos de presidentes, comandantes, que salvan vidas, solidaria, incondicionalmente. Otros, en una cuestión de hegemonía, siguen pensado en cómo dominar el mundo con costos de vidas, irrespetando a los derechos humanos. Por tanto aquí hay que pensar en la vida, hay que pensar en la humanidad, hay que pensar en cómo salvar a la humanidad, y eso es salvando al planeta Tierra; desde el movimiento indígena es un aporte importante cómo vivir en armonía con el planeta Tierra, como decimos en Bolivia, con la Pacha Mama, la madre tierra. Me alegra mucho que vayan creciendo movimientos ecologistas, movimientos llamados verdes, movimientos por la humanidad, movimientos humanistas. Todos debemos juntarnos en todo el mundo para salvar a la humanidad salvando al planeta Tierra, acabando con cualquier política militarista, intervencionista, soberbia. Pensar en dominar, bajo la militarización, no es la vía correcta sino es una forma mas bien de seguir atentando contra la vida, por tanto, contra los derechos humanos. Por un momento había pensado que nuestros líderes sindicales, sociales, planteaban en la región que aprendieran inglés para ir a compartir experiencias de lucha en África. No se puede entender cómo en algunos países de África tengan tanta riqueza pero con más pobreza que en Bolivia, que Bolivia tiene tanta riqueza pero también tanta pobreza. Lamentablemente los recursos naturales están tan destruidos, que para recuperarlos es necesario prepararnos como pueblos, en base a la conciencia, a la conscientización, que los pueblos planteen la recuperación de sus recursos naturales para cambiar la situación social en los países del Sur. Esta relación de Sur a Sur no solo es importante en acuerdos y contactos entre presidentes y gobiernos, sino entre los pueblos, lo que hay que gestar son esos encuentros, porque a mí me preocupa que en algunos países de África, los excluidos, los marginados, los discriminados, asuman la conducción del país, tal vez se liberen como seres humanos pero no están pensando en la liberación de los recursos naturales y mientras no liberemos los recursos naturales, no habrán cambios. Tal vez algunos grupos oligárquicos digan: bueno, pobrecitos, negros, indígenas, ya están en el gobierno; sí, gobernamos, pero si no afectamos los intereses económicos nos van a apoyar mas bien; si de lo que se trata es de liberar, de nacionalizar los recursos naturales. Me parece importante este encuentro, las alianzas Sur Sur pero desde los pueblos fundamentalmente. Bien, siento que tenemos unos vacíos, en Latinoamérica, en Suramérica, somos campeones para expulsar presidentes, siento que ahora en estos países no hay esta situación y la tarea es cómo crear mayor conciencia para que juntos podamos luchar. Yo resaltaría un acuerdo Sur Sur, del Medio Oriente, África, África del Sur, con Sur América o Latinoamérica, para que sea una base para frenar la soberbia del imperio.

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Los muros de la emigración

Marcos Roitman

Los coyotes y las mafias trafican con carne humana. Las imágenes de subsaharianos en pateras tratando de alcanzar las costas canarias son un calco de camiones transportando salvadoreños, guatemaltecos o mexicanos, cuyo deseo es pisar suelo yanqui. Para unos Europa, para otros Estados Unidos. En ambos casos el ansia de vivir en una sociedad de consumo. Romper el círculo de la precariedad. Sin embargo, quienes se arriesgan no son los más pobres. Los que pagan a sus enganchadores poseen propiedades, animales de labranza o riquezas en hijas. De lo contrario no se pueden hipotecar, abandonar sus pueblos o ranchos. Es una decisión meditada. Africanos, asiáticos y latinos están preparados. Resulta curioso encontrarse con los "ilegales" de las pateras en los centros de acogida llamando por sus teléfonos móviles informando que han llegado bien. No son indigentes. Han vendido y han apostado con la muerte. Todo, menos quedarse. Es legítimo. Muchos hablan dos idiomas, efecto de la colonización inglesa, francesa o italiana. Otros son profesionales o jefes con poderes tribales. Pero se produce una ruptura con su entorno. Sus valores culturales se identifican con otro mundo, el del capitalismo agresivo o simple capitalismo que vende la televisión y proyecta una vida donde todo resulta color de rosa y las depresiones se solucionan en los centros comerciales. Los otros, los condenados de la tierra. Los pobres de solemnidad, los parias que viven la miseria no tienen como horizonte irse a Europa o Chicago, sufren la sobrexplotación del gamonal y los caciques locales. Son la solución cotidiana para las oligarquías, aportan el excedente en horas de trabajo impagado, en comercio injusto, en expolio de sus tierras comunales. Continúan bajo el ser del colonialismo interno. Les aplican leyes antiterroristas o simplemente les envían paramilitares. Los ejemplos con los pueblos indios en América Latina están a la orden del día. Qué decir en Africa, donde las compañías trasnacionales esquilman todo tipo de riquezas naturales, promueven guerras interétnicas y prueban en niños, mujeres y varones virus y bacterias para fármacos de última generación. Sin olvidar Asia, donde el gigante chino aplica la misma lógica en su dinámica de acumulación y crecimiento económico. Los que se quedan, desean pelear en sus países, no abandonan, resisten y se enfrentan con lo que tienen y como pueden. El resultado es una lucha desigual. Ejército invadiendo territorios, destruyendo aquí su temor. Lo malo es que no se les puede disuadir antes de su partida, hacerlo pondría en cuestión toda la iconografía del capitalismo. Es mejor que mueran en el intento o buscar soluciones aleatorias. Construir muros, sacar el ejército o instruirlos en sus países de origen de la imposibilidad del disfrute de los parabienes de la sociedad de consumo de masas. En otras palabras, decirles que en el capitalismo no todos podrán llegar a ser millonarios, tener éxito o ser banqueros. milpas, policías violando, matando y reprimiendo. Atenco, sin ir más lejos. Hoy por hoy, los defensores de la economía de mercado y el capitalismo se llenan la boca con la libertad y la libre circulación de mercancías. Incluso, existe para que el beneficio y el lucro circule libremente por todo el mundo. Se premia a los máximos exponentes de la ganancia. Sin embargo, lo único que no puede circular como mercancía libre en un mundo de mercancías es la fuerza de trabajo. Una legislación restrictiva por parte del capital la somete a condiciones de represión. Usted puede importar o exportar cualquier producto, incluso trozos del cuerpo humano: intestinos, corazones, hígados, páncreas, ojos o riñones. La OMC lo avala. Pero las personas no pueden emigrar libremente. El capitalismo lo impide, levanta muros. No entiendo el pánico de las elites políticas en Estados Unidos y Europa por evitar la entrada de nuevos migrantes. Más aún cuando no son comunistas ni terroristas. Se trata de gente adicta al capitalismo. Por sus venas corre la ideología del dinero, la ganancia, el sacrificio, el ascetismo ahorrador y el esfuerzo. La única peculiaridad: provienen de países pobres. Comparten la meta del capitalismo originario: convertirse en millonarios, en triunfadores. Quieren tener éxito. No les importa ser explotados y comenzar desde abajo. Pero los anfitriones piensan otra cosa, saben que no es real. No hay lugar ni riqueza para tanto Dentro del capitalismo el número de migrantes, legales o ilegales, tiene límites. Su racionalidad entra en crisis. Lo decía Celso Furtado en los años 60: la forma de vida que proyecta no es posible extenderla a toda la población, hacerlo supondría su colapso. Ese es el problema real. Explotados bajo el capitalismo, estén en Nueva York, Madrid, Barcelona, París o Berlín y sean o no emigrantes no tienen garantizadas las condiciones y calidad mínima de vida. Me refiero a salud, trabajo, educación, vivienda o jubilación. No de otra manera se entiende la gran revuelta en Francia. El capitalismo no resiste la prueba: sus principios teóricos no son compatibles con su práctica. La necesidad de frenar la entrada de migrantes se ha transformado en una necesidad perentoria si el capitalismo quiere sobrevivir como sistema. Sus olas migratorias están sometidas a un escrupuloso criterio de explotación y racionalidad. Más allá de ciertas cotas legales o ilegales, donde se incorporan negros, blancos, mestizos o amarillos, se convierten en un problema sin respuesta dentro de su dinámica de explotación. La actual avalancha de emigración evidencia la irracionalidad de la explotación capitalista del ser humano y de la naturaleza.

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