Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Roque Dalton, intelectual integral, palabra integral

Luis Alvarenga

Una de las herencias más poderosas —y menos atendidas— que nos deja Roque Dalton, cuando faltan apenas treinta años para su centenario, es su talante de intelectual integral. La cuestión de la integralidad intelectual de Dalton se puede explorar a varios niveles.

En primer lugar, hay que definir qué es lo que se quiere decir con integralidad. Su opuesto es la fragmentariedad. El intelectual contemporáneo suele ser fragmentario, especialista en un área determinada del pensamiento. Aunque se hable mucho de interdisciplinariedad, de saber «holístico», la práctica intelectual es monologante. No hay un diálogo, una incursión en otras disciplinas. El artista contemporáneo no suele ambicionar más que lo que persigue un «especialista». Más allá de eso, suele haber también una pérdida de contacto entre la interpretación de la realidad que puede ser el pensamiento y la poesía, y esa realidad que constituye el sustrato del artista y el intelectual.

Dalton es, pues, no solamente el artista que cultivó la poesía, el periodismo, la narrativa, el ensayo y el teatro. Fue también el intelectual que estuvo abierto a los problemas sociales y políticos de su tiempo. En este tiempo de especialistas y monologantes, la política se deja en las manos poco confiables de los políticos profesionales. La sociedad deja, pues, de ser un problema del que ocuparse, pues su destino se toca en el ámbito de esos profesionales. Para Dalton no es así. Su trabajo intelectual está sustentado por un proyecto político de país. De ahí que este poeta aparezca actuando en política, en vez de dejar esto en manos de los supuestos profesionales. Con esto, recupera el sentido originario de política: la preocupación del ciudadano por el destino de su polis; por tanto, la política es algo constitutivo del ser humano. Este es un primer nivel del análisis.

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El desafío de Roque Dalton

James Iffland

A los treinta años de su asesinato, Roque Dalton sigue desafiando. El desafío mayor es determinar la verdadera naturaleza de su legado. ¿Cuál es y qué hacemos con él?.

Hay muchos peligros que tenemos que afrontar en nuestra tarea. Por un lado, Roque puede fungir sólo como figura invocada dentro de la agitación política -un nombre para ser blandido en vez de un autor para ser leído-. Por otro, Roque puede ser asimilado por la maquinaria de la cultura institucionalizada como piedra angular de un incipiente canon literario centroamericano. Sí, Roque pertenece ahora al canon, pero resistiría hasta más no poder el ser convertido en “monumento”.

Para las dos tendencias señaladas, es fundamental la condición de Roque como asesinado. Su asesinato la derecha para socavar a la izquierda. Otro peligro que enfrentamos es el de “Roque como leyenda”. Roque circula por la imaginación colectiva de manera rocambolesca. Es cierto que su vida estuvo llena de percances insólitos. Pero esa condición de “leyenda” puede fomentar la tendencia de convertirlo en simple materia prima de divertidas anécdotas en cocteles de intelectuales y académicos.

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Con la mano que acerca el vaso

HAY MÁS DE DOS SIGLOS de arte europeo, sustancialmente religioso, dedicado a la satisfacción y el gozo producido por el dolor         

QUIENES ACUSAN A LOS demás de intransigentes están afectados por el virus de lo políticamente correcto; epidemia contra la que no hay defensa        

13/05/2006  

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El regreso del «Caimán»

Marco Santopadre

(Roma)   

publicado en el cotidiano vasco Gara del 18 de abril 2006   

En una película del director izquierdista Nanni Moretti, estrenada pocos días antes de las elecciones del 9-10A, a Silvio Berlusconi se le llama El caimán y se celebra su entrada en la cárcel después de ser condenado en uno de los muchos juicios que lo tienen como protagonista. Mucha gente ha pasado horas en las colas para poder entrar en los cines que tenían programada una de las películas italianas más exitosas de los últimos meses. Páginas enteras dedicadas al director Moretti en los periódicos, entrevistas en las cadenas televisivas, debates en las radios… Todo parecía formar parte de un ritual colectivo que sólo podía acabar con la desaparición de un personaje político que todas las encuestas y sondeos daban perdedor, y a mucha distancia, en las elecciones.    

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Memoria y olvido del pasado nazi en la Alemania de la segunda posguerra

Bruno Groppo

Publicado en Memoria 164 octubre 2002 | Groppo, Bruno | Reflexiones

Un caso paradigmático

La memoria, en tanto presencia del pasado, es el fundamento de la identidad. La memoria colectiva, es decir, la memoria compartida por un grupo social, reasume y reelabora la historia de este grupo en función del presente, seleccionando ciertos aspectos del pasado, destinados a ser recordados y transmitidos, y condenando otros al olvido. Las identidades colectivas, incluidas las identidades nacionales, son en gran medida el resultado de este trabajo de memoria, que presenta dos características esenciales. Ante todo, es una obra de selección entre los innumerables elementos que componen el pasado. La memoria es selectiva. En efecto, es imposible recordar íntegramente el pasado1: sólo una parte de ello permanece impresa en la memoria, mientras el resto cae en el olvido. Por lo tanto, memoria y olvido son indisociables, como las dos caras de una misma medalla o dos aspectos de una misma realidad. Es importante observar que también el olvido interviene en el proceso de construcción de la identidad, en particular de las identidades nacionales, que están fundadas precisamente sobre el olvido compartido de muchos aspectos del pasado.

La segunda característica consiste en que la memoria no es una restitución idéntica de los eventos pasados, sino siempre una reconstrucción del pasado en función de los problemas y las preocupaciones del presente. El recuerdo de un mismo suceso varía en el tiempo, asumiendo significados distintos según los momentos y las épocas en las cuales viene evocado. En Francia, por ejemplo, la memoria de la Revolución Francesa no es la misma en la época del Frente Popular, que al día siguiente de la Liberación o en ocasión del segundo bicentenario. El trabajo de la memoria consiste precisamente en la reconstrucción incesante del pasado a la luz del presente, atribuyéndole cada vez nuevos significados y contribuyendo en tal modo a la construcción, también ella permanente, de las identidades, sean individuales sean colectivas. También, la pérdida de memoria significa la pérdida de la identidad: equivale a cortar total o parcialmente los filos que unen al grupo o al individuo con su pasado y que dan un sentido a su presente.

Cada grupo social, del más pequeño al más grande, produce y transmite su memoria específica, que constituye, como lo hemos dicho, el fundamento de su identidad. En cada sociedad, existe por lo tanto una pluralidad de memorias de grupo, o memorias sociales, que coexisten y frecuentemente se confrontan, provocando verdaderas y propias guerras de la memoria, porque cada una de estas memorias colectivas busca afirmarse, de frente a las otras, para devenir la memoria dominante, es decir, aquella compartida por el número más grande de personas. Cada grupo recuerda del propio pasado sobre todo aquellos aspectos que contribuyen a valorizar y a consolidar su identidad, mientras deja en cambio, en la sombra, condenándolos consciente o inconscientemente al olvido, aquellos que atentan en cambio con cargar de prejuicio tal identidad. No analizaremos aquí en modo pormenorizado la distinción entre historia y memoria. Nos limitaremos a observar que éstas tienen en común el carácter selectivo y de reelaboración del pasado, pero que la historia tiene una pretensión científica, es decir, busca interpretar el pasado sobre la base de los criterios del trabajo científico (verificación de hipótesis, etcétera). En otras palabras, la historia quiere ser una forma “científica” de la memoria, pero también ella, como la memoria, reconstruye el pasado a la luz de las preocupaciones del presente.

Hechas estas premisas, nos proponemos reflexionar sobre el funcionamiento de la memoria colectiva, o más exactamente de las memorias colectivas, en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial. Sobre todo, nos interesa saber cómo ha sido recordado, en las dos partes de Alemania, un aspecto particular del pasado, que a saber es la dictadura nazi. Desde el punto de vista de una reflexión sobre la memoria colectiva y sobre la relación entre historia y memoria, el caso alemán es particularmente interesante por una serie de razones que lo vuelven casi paradigmático. La primera razón consiste en el carácter de ruptura radical y traumática que el nazismo ha representado en la historia alemana y, por lo tanto, es lógico que ocupe un lugar importante en las memorias colectivas. Después, existe el hecho de que el régimen nazi cometió, en nombre de Alemania, crímenes particularmente monstruosos; el principal de ellos fue el exterminio de los judíos en Europa. La sombra de Auschwitz, símbolo de esta política de exterminio, se extiende sobre toda una parte de la historia y de la memoria alemana. La memoria del periodo nazi es sobre todo memoria de los crímenes cometidos durante dicho periodo. El problema de esta memoria es que el régimen nazi tuvo el apoyo, frecuentemente entusiasta, de gran parte de la población alemana. Por lo tanto, hay un problema -político y moral- de co-responsabilidad, en el sentido de que la responsabilidad por los crímenes cometidos por el nazismo no puede ser atribuida exclusivamente a un restringido número de jerarcas nazis, sino que se extiende también, en distinta medida, a aquella parte de la población alemana que apoyó a Hitler y que permanece fiel a él hasta el final. La existencia, por más de cuarenta años, de dos Alemanias, dotadas de sistemas políticos y económicos opuestos, permite además confrontar el funcionamiento de dos memorias colectivas muy distintas que se refieren al mismo pasado. Por todas estas razones, el caso de Alemania amerita una atención particular, también si los mecanismos fundamentales de la memoria colectiva en este país son análogos a aquellos que se pudieran observar en otro lugar.

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Racismo de estado en Francia

Alain Vidal

El racismo de Estado en Francia

De las leyes antiárabes a las leyes antijudías

El racismo de estado, de Jules Ferry al mariscal Petain.

El 28 de junio de 1881, Francia instituía oficialmente el racismo de Estado. Bajo la autoridad de Jules Ferry, entonces jefe de Gobierno, fue promulgado el Código del indigenismo. En aquella época, Argelia, formaba parte integrante del territorio de Francia, todos sus habitantes eran franceses. Con este Código, más de dos millones de franceses quedaron relegados "legalmente" al estatuto de sub-hombres.

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Entrevista a Felipe Quispe, el Mallku

Jorge Beinstein

Esta entrevista fue realizada a fines del año pasado, desde entonces algunas cosas han cambiado en Bolivia. El gobierno dispone ahora de una legitimidad popular de origen inexistente en ese país en las última décadas. Sin embargo los intereses económicos dominantes no han sido desplazados, sobre todo aquellos que ascendieron o se consolidaron durante la era neoliberal iniciada a mediados de los años 1980. Fue contra ese régimen que a lo largo de la década actual se desató una sucesión de rebeliones populares coincidentes con la decadencia de la dirigencia política tradicional, además el aparato militar demostró su impotencia para aplastar o frenar la revueltas. Entonces fue abierta la puerta a lo que los medios de comunicación denominan “alternativa progresista”, su encarnación fue el MAS bajo la conducción de Evo Morales, cuya estrategia se basaba en la realización de reformas a través del sistema institucional existente. Y que en consecuencia rechazaba las inclinaciones insurreccionales de las organizaciones que habían estado a la cabeza de las rebeliones, entre ellas la CSUTCB (central sindical única de los trabajadores campesinos de Bolivia) liderada por Felipe Quispe,  el “Mallku”. Su nombre es símbolo de rebeldía para  sectores muy extendidos de los pueblos originarios andinos pero también objeto de repudio virulento, visceralmente racista, por parte de las elites bolivianas. Para ellas él expresa como pocos al demonio social que buscan exorcizar de una vez por todas. No lo pudieron lograr con la represión, ahora creen que podrán conseguirlo por medio de un complicado juego gatopardista que desarticule, desmovilice, desmoralice a las bases y sus estructuras. Mientras Evo Morales arranca con su previsto vaivén reformista esperanzando a unos, desconcertando a otros, irritando a muchos, lanzando gestos mediáticos, dirigentes como el Mallku confían superar el embrollo progresista afirmándose en la realidad profunda de su tierra.

Cuando concreté la entrevista que ahora publicamos faltaban pocos días para las elecciones que consagraron al Evo Morales. El Mallku demostró en una conversación previa su total escepticismo respecto del camino institucional que estaba por emprender el MAS, antítesis de sus aspiraciones revolucionarias, decidimos de común acuerdo centrar nuestra conversación en algunos temas estratégicos sin poder ello dejar de tocar la actualidad.

Si leemos el discurso pronunciado por Evo Morales en Tiwanaku, durante la ceremonia montada el día anterior a su asunción como presidente, no dejará de llamarnos la atención que allí un solo dirigente boliviano es mencionado con nombre y apellido: Felipe Quispe, el Mallku. Y lo hizo para pedirle que se una a su gobierno (1), la reacción negativa del líder indígena no se hizo esperar, considera que el proyecto “progresista” de Evo Morales está destinado al fracaso y que en realidad forma parte de la estrategia de gobernabilidad de las elites dominantes. Se trata de dos personalidades diametralmente opuestas, Evo Morales es un componedor, cultivador de gestos mediáticos, de origen político confuso y que salvo en la entronización de Tiwanaku, nunca se postuló como dirigente indígena sino como un conductor “social” o como un “político boliviano”, Mallku por el contrario es un dirigente histórico indígena que ha hecho del indigenismo el fundamento de su vida, su trayectoria  no tiene zigzagueos, rechaza al sistema institucional existente, descree de las veleidades “reformistas” de Evo Morales y afirma una y otra vez que la única alternativa viable para  los de abajo es la revolución. Los medios internacionales de comunicación han focalizado sus expectativas en el actual presidente ignorando al Mallku. Incluso la curiosa mención de Evo Morales en Tiwanaku no mereció ningún comentario en los medios.

 

Jorge Beinstein (Director de la revista “Enfoques Críticos”, Buenos Aires)

 

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Dinero y fusiles «rehaciendo» a la sociedad argentina

Daniel Campione

ALAI AMLATINA, 23/03/2006, Buenos Aires.-  A treinta años del golpe de estado del 24 de marzo de 1976, una de las preguntas que debe plantearse es acerca de las razones que impulsaron a las FF.AA y sus aliados, no sólo a dar el golpe, sino a desarrollar el tipo de políticas que pusieron en práctica.   Sin duda una vía de comprensión se encuentra en el contexto mundial de la época. En los últimos años 60 y primeros 70, tocaba a su fin un cuarto de siglo signado en el mundo capitalista por el crecimiento económico sostenido, por la vía del desarrollo del mercado interno y los altos salarios. Los empresarios tenían obstáculos crecientes para seguir incrementando la productividad frente a sindicatos unificados y poderosos; y masas trabajadoras que habían aprendido a convertir los condicionamientos del "fordismo" en medidas para la defensa de sus intereses. La universalización de las prestaciones sociales comenzaba a ser vista como una amenaza para la rentabilidad de las empresas…  

El incremento explosivo de los precios del petróleo desencadenado por la "cartelización" de los proveedores tercermundistas del fluido, y el déficit de la balanza comercial norteamericana contribuyeron a hacer más complejo el panorama.   La segunda posguerra había sido marcada por sucesivas victorias de movimientos de liberación nacional, muchos de ellos definidos luego como socialistas; de China a Argelia, pasando por Cuba. Esa tendencia se había acentuado en los sesenta y primeros setenta (el que se sintetiza como el "Mayo Francés"), para culminar con un movimiento que si bien no desembocó en un proceso revolucionario triunfante, sacudió las bases políticas y culturales del orden social tradicional en el mismo centro del poder capitalista, y alentó una renovación en el campo de la izquierda mundial.  

Las usinas de pensamiento del poder mundial comenzaron a movilizarse buscando el sendero para una contraofensiva que sacara al orden capitalista de su situación de crisis cada vez más integral, de su pérdida de prestigio en todos los órdenes. Desde los teóricos militares que delinearon la estrategia de "guerra contrarrevolucionaria" poniendo énfasis en las batallas en el terreno de la cultura, pasando por las doctrinas económicas que sólo años después comenzarían a llamarse "neoliberalismo", y las concepciones de Samuel Huntington en cuanto a la necesidad de "restringir" los límites de la democracia de modo de socavar las bases de movimientos contestatarios, germinaba una respuesta que pretendía restaurar a pleno la vigencia de los postulados originales del capitalismo, al tiempo que infligir una derrota estratégica a quienes militaban por una revolución socialista.  

En América Latina se vivía ese momento histórico con particularidades y tiempos diferentes. En Chile y Uruguay; dos procesos que parecían marcar la posibilidad de una transición socialista por vía pacífica dieron lugar a golpes militares que triunfaron, sin enfrentar resistencias eficaces, e impusieron dictaduras sanguinarias. Las guerrillas de los 60′ habían terminado casi todas en derrotas sangrientas.  

En Argentina el proceso de radicalización estaba vigente, pero dando síntomas tanto de debilidad propia, como de la decisión y carencia de límites por parte de sus enemigos. La Doctrina de la Seguridad Nacional estaba alcanzando un nuevo estadio de aplicación, con EE.UU alentándolo, consciente del riesgo de catástrofe. El "estado de bienestar", las políticas dirigistas de tipo keynesiano, y más en profundidad, toda la organización "fondista" de la producción y el consumo empezaban a ser cuestionadas, aún en la versión precaria y periférica que habitaba a países como Argentina.  

Tampoco puede comprenderse la dictadura iniciada el 24 de marzo, sin tomar en cuenta sucesos desencadenados durante el gobierno anterior. Se marchaba a una confrontación cada vez más abierta entre proyectos diferentes; que se simplifican y radicalizan en la medida que el encarnado en José Gelbard y el propio Perón, de retomar la senda de crecimiento relativamente autónomo emparentada con el primer peronismo aparece como inviable y buena parte de sus sostenedores se pliegan a una perspectiva regresiva y represora. La "misión" Ivanissevich y el rectorado de Ottalagano en la UBA fueron, ya en 1974, el preámbulo de las políticas educativas y culturales de la dictadura. Los planes económicos de Celestino Rodrigo y luego de Adolfo Mondelli, señalaron el comienzo de los intentos de imponer la "economía de mercado", que Martínez de Hoz llevaría a cabo poco después, ya en dictadura. La Triple A y otras organizaciones paramilitares iniciaron una masacre de militantes populares que el decreto del presidente interino Luder disponiendo la "aniquilación" de los "subversivos" convirtió en política pública.  

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Fonaments teològics de la política de G. Bush

Jaume Botey

Pot semblar estrany el títol d’aquesta trobada. Però son també estranyes a l’Occident les continuades referències de Bush a la Bíblia, a la religió, a Déu com a garantia publica de les seves decisions. A l’Occident és inusual que un president confessi que ho és per exprés designi de Déu, que les sessions d’un Consell de Ministres comencin amb una estona d’oració o que el divendres a la tarda les oficines del govern tanquin a fi que els treballadors puguin assistir a sessions d’estudi de la Bíblia.

El discurs religiós, sempre present en la vida pública nord-americana malgrat la separació de poders establert per la Constitució des de la independència al 1776, s’ha fet més present en els últims anys. I sovint ha explicat el propi president que era la raó última de les decisions de l’actual administració republicana.

Discurs que connecta, tan amb la tradició calvinista com amb el de les identitats i enfrontament entre cultures, el màxim exponent del qual es Samuel Huntington amb el “xoc de civilitzacions”. Tan Huntington com el clàssic de Fukuyama de “El final de la història” fonamenten les seves tesis indemostrables en una mena de categorització religiosa dels pobles, ètnies i cultures en funció del model occidental i nord-americà, al que es considera han d’assemblar-se totes les cultures..

Heus aquí tres texts:

“He escoltat una crida. Sé que Déu vol que em presenti a les eleccions presidencials” (Bush al telepredicador James Robinson, al 1998). El mateix Bush després de l’atemptat de l’11 de setembre: “Ha sigut una desgràcia nacional. Ha sigut un acte de guerra. La llibertat i la democràcia han sigut atacades (…). El terrorisme contra el nostre país no quedarà impune. Els que han comès aquestes accions i els que les protegeixen, pagaran un preu molt alt pel que han fet (…). La guerra que ens espera es una lluita monumental entre el bé i el mal (…). Serà llarga i bruta (…). Els que ens han atacat han escollit la seva pròpia destrucció (…). O s’està amb nosaltres o amb el terrorisme (…). Déu està amb nosaltres (…). Déu beneeixi Amèrica”.

O el 21 de novembre del 2001 davant de militars destinats a Afganistan: “El que no està amb nosaltres està contra nosaltres”, “sabem que Déu no es neutral”, “Estem al començament d’una intervenció militar que serà llarga. La intervenció a Afganistan no es més que l’inici de la guerra contra el terror. Durant molts anys i a tot el món haurem de combatre els malvats. Es la nostra missió. I estem segurs que guanyarem”.

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