Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Alocuciones radiales de Salvador Allende en la mañana del 11 de septiembre de 1973

Salvador Allende

Alocuciones radiales del 11 de Septiembre de 1973. Las primeras emitidas por Radio Corporación. La última por Radio Magallanes.

7:55 A.M. RADIO CORPORACIÓN

Habla el Presidente de la República desde el Palacio de La Moneda. Informaciones confirmadas señalan que un sector de la marinería habría aislado Valparaíso y que la ciudad estaría ocupada, lo que significa un levantamiento contra el Gobierno, del Gobierno legítimamente constituido, del Gobierno que está amparado por la ley y la voluntad del ciudadano.

En estas circunstancias, llamo a todos los trabajadores. Que ocupen sus puestos de trabajo, que concurran a sus fábricas, que mantengan la calma y serenidad. Hasta este momento en Santiago no se ha producido ningún movimiento extraordinario de tropas y, según me ha informado el jefe de la Guarnición, Santiago estaría acuartelado y normal.

En todo caso yo estoy aquí, en el Palacio de Gobierno, y me quedaré aquí defendiendo al Gobierno que represento por voluntad del pueblo. Lo que deseo, esencialmente, es que los trabajadores estén atentos, vigilantes y que eviten provocaciones. Como primera etapa tenemos que ver la respuesta, que espero sea positiva , de los soldados de la Patria, que han jurado defender el régimen establecido que es la expresión de la voluntad ciudadana, y que cumplirán con la doctrina que prestigió a Chile y le prestigia el profesionalismo de las Fuerzas Armadas. En estas circunstancias, tengo la certeza de que los soldados sabrán cumplir con su obligación. De todas maneras, el pueblo y los trabajadores, fundamentalmente, deben estar movilizados activamente, pero en sus sitios de trabajo, escuchando el llamado que pueda hacerle y las instrucciones que les dé el compañero Presidente de la República.

8:15 A.M.

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¿Hasta cuándo?

Eduardo Galeano

Un país bombardea dos países. La impunidad podría resultar asombrosa si no fuera costumbre. Algunas tímidas protestas dicen que hubo errores. ¿Hasta cuándo los horrores se seguirán llamando errores?

Esta carnicería de civiles se desató a partir del secuestro de un soldado. ¿Hasta cuándo el secuestro de un soldado israelí podrá justificar el secuestro de la soberanía palestina? ¿Hasta cuándo el secuestro de dos soldados israelíes podrá justificar el secuestro del Líbano entero? La cacería de judíos fue, durante siglos, el deporte preferido de los europeos. En Auschwitz desembocó un antiguo río de espantos, que había atravesado toda Europa. ¿Hasta cuándo seguirán los palestinos y otros árabes pagando crímenes que no cometieron?

Hizbollá no existía cuando Israel arrasó el Líbano en sus invasiones anteriores. ¿Hasta cuándo nos seguiremos creyendo el cuento del agresor agredido, que practica el terrorismo porque tiene derecho a defenderse del terrorismo? Irak, Afganistán, Palestina, Líbano. ¿Hasta cuándo se podrá seguir exterminando países impunemente?

Las torturas de Abu Gjraib, que han despertado cierto malestar universal, no tienen nada de nuevo para nosotros, los latinoamericanos. Nuestros militares aprendieron esas técnicas de interrogatorio en la Escuela de las Américas, que ahora perdió el nombre pero no las mañas. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando que la tortura se siga legitimando, como hizo la Corte Suprema de Israel, en nombre de la legítima defensa de la patria?

Israel ha desoído 46 recomendaciones de la Asamblea General y de otros organismos de las Naciones Unidas. ¿Hasta cuándo el gobierno israelí seguirá ejerciendo el privilegio de ser sordo?

Las Naciones Unidas recomiendan pero no deciden. Cuando deciden, la Casa Blanca impide que decidan, porque tiene derecho de veto. La Casa Blanca ha vetado, en el Consejo de Seguridad, 40 resoluciones que condenaban a Israel. ¿Hasta cuándo las Naciones Unidas seguirán actuando como si fueran otro nombre de Estados Unidos?

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Errores

Juan Gelman

La ONU advirtió 10 veces en el lapso de 6 horas al alto mando israelí sobre el peligro que corría un puesto de cascos azules en la zona del sur del Líbano que su fuerza aérea bombardeaba intensamente el miércoles 25 (El País, 27/7/06). Los militares de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) prometieron cesar el fuego, pero una cosa son palabras y otra, hechos: un misil de precisión made in USA mató a 4 efectivos desarmados de la Finul (Fuerza Interina de la ONU en el Líbano). ¿Serían terroristas? El puesto de observación estaba perfectamente identificado y era perfectamente identificable. Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas, consideró que el ataque israelí fue ‘aparentemente deliberado’ y lo calificó de ‘trágico asesinato’. Para el primer ministro Ehud Olmert, se trató de ‘un error’. Claro que hay errores y errores. Unos días antes de esas muertes, personalidades destacadas de Israel celebraron en Jerusalén el 60 aniversario de… un acto terrorista: la voladura parcial del Hotel King David el 22 de julio de 1946. Palestina era entonces un protectorado inglés, en un ala del hotel residía el alto mando militar británico y el atentado fue obra de la Irgun. Menahem Begin, jefe de esa organización judía, siempre adujo que era un luchador por la libertad de su país, no un terrorista, porque, entre cosas, nunca había perjudicado a civiles. Pero en ese atentado -aprobado por Ben Gurion- murieron 28 británicos y 63 civiles, 41 árabes, 17 judíos y 5 de otras nacionalidades. Ningún gobierno de Israel lo ha condenado hasta el presente. Antes, por el contrario. Los que homenajearon el atentado ‘asumen que un luchador por la libertad es una buena persona y que un terrorista es una mala persona -señala Tom Segev en el diario israelí Ha’aretz (23/7/06). Casi todo terrorista se autodefine como un luchador por la libertad y viceversa: los luchadores por la libertad son calificados de ‘terroristas’. Agrega que el ex primer ministro israelí Benjamín Netanyahu afirmó en la ceremonia que ‘la diferencia entre una operación terrorista y una acción militar legítima se expresa en el hecho de que los terroristas tratan de dañar a los civiles, mientras que los combatientes legítimos tratan de evitarlo’. La captura de soldados israelíes por Hamas y Hezbolá sería entonces legítima. Y ni los 800.000 civiles libaneses obligados a huir de sus hogares ni, si pudieran hacerlo, los 400 civiles libaneses muertos ni los palestinos que las FDI siguen matando en la Franja de Gaza pensarán que los ataques israelíes contra la población entran en la categoría ‘acciones militares legítimas’. La historia de las FDI está plagada de ‘errores’. El fusilamiento de 200 civiles palestinos contra los muros del cementerio de Tantura el 15 de mayo de 1948, cuando una guerra aseguraba el establecimiento del Estado de Israel, sería entonces un error. Otro, la matanza de más de 100 civiles palestinos en Deir Yassin, el 9 de abril de 1948. Otro más, la demolición de la aldea de Qibya y la muerte de 70 civiles palestinos por efectivos al mando del ex primer ministro Ariel Sharon el 14 de octubre de 1953. O la matanza de 48 árabes -incluidos 6 mujeres y 23 menores de 8 a 17 años- en la aldea árabe-israelí de Kafr Qasim el 29 de octubre de 1956. O la de 140 refugiados palestinos y 135 habitantes locales desarmados de Khan Yunis en Gaza el 3 de noviembre de 1956. Y otro error, el asesinato inconcebible de 1500 a 3500 refugiados palestinos en Sabra y Chatila, perpetrado por milicias de cristianos maronitas el 16 de septiembre de 1982 al amparo de las tropas israelíes que habían rodeado los dos campos, ubicados en territorio libanés. Y aun otro, el ataque de artillería del 18 de abril de 1996 contra la sede de los Cascos Azules en Qana, al sur de Tiro, donde se habían refugiado unos 800 civiles libaneses de los que 106 dejaron de vivir. La ocupación israelí del sur del Líbano de 1982 al 2000 dio nacimiento a la guerrilla de Hezbolá, que combatió y echó al ocupante. Aplicando la teoría de Netanyahu, Hezbolá, como el Irgun judío, podría considerarse una organización que lucha por la libertad contra un Estado terrorista. Cabe aclarar que Hezbolá es además un movimiento político y social que ocupa el 18 por ciento de las bancas del Parlamento libanés y dos ministerios en su gobierno, que sostiene una red de escuelas y hospitales y que desarrolla numerosos proyectos microeconómicos y de infraestructura destinados a reconstruir el Líbano después de esa primera ocupación. Los bombardeos han logrado que el 96 por ciento de chiítas, el 73 por ciento de sunnitas, el 55 por ciento de cristianos y el 40 por ciento de drusos del Líbano aprueben el secuestro de soldados israelíes, según una encuesta que el Centro de Investigaciones e Información llevó a cabo en Beirut. La muerte de civiles israelíes por atentados suicidas -a los que Israel supo ponerles coto- y la muerte de decenas de civiles israelíes por los Katyushas de imprecisión iraníes que arroja Hezbolá sobre Haifa y otras ciudades, son absolutamente repudiables. Pero la desmesurada respuesta de Tel Aviv en Líbano y Gaza tiene otras explicaciones. El profesor Gerald Steinberg, de la Universidad israelí de Bar-Ilan, asegura que ‘en cierto sentido, la preparación (del ataque al Líbano) comenzó en mayo del 2000, inmediatamente después de la retirada israelí… En 2004 la campaña militar, cuya duración prevista era de tres semanas y que estamos presenciando ahora, ya estaba diseñada y en el último año o dos se simuló y ensayó al otro lado de la frontera (con Líbano)’ (San Francisco Chronicle, 21/7/06). Esto arroja ciertas dudas sobre cuál habría sido el verdadero origen del enfrentamiento con Hezbolá que causó la muerte de ocho efectivos israelíes y la captura de otros dos. ‘La moral no está de nuestro lado’ se titula la columna del profesor de la Universidad de Tel Aviv Ze’ev Maoz que publicó Ha’aretz el 25/7/06. ‘Esta no es una guerra justa -dice-; Israel usa una fuerza excesiva sin distinguir entre la población civil y el enemigo, cuyo único propósito es la extorsión. Hezbolá cruzó una frontera reconocida por la comunidad internacional. Esto es cierto. Pero nos olvidamos que, desde que nos retiramos del Líbano, la fuerza aérea israelí ha realizado misiones diarias de reconocimiento en el espacio aéreo libanés. Estos vuelos no causaron víctimas, pero las violaciones de frontera son violaciones de frontera. En esto tampoco la moral está de nuestro lado.’ Yagil Levy, profesor de la Universidad Ben Gurion del Néguev señala que el ataque al Líbano es un intento de moldear su orden político a la fuerza. ‘Aunque supongamos que el gabinete (israelí) tenía claro cuál iba a ser el precio que pagaría el frente interno, ha expuesto a la ciudadanía (israelí) a un peligro real por lo que ha sido presentado como una amenaza futura’ (Ha’aretz, 24/7/06). La Casa Blanca no quiere el cese del fuego que reclaman algunos -pocos- gobiernos europeos, la ONU y la opinión pública internacional: desea ‘un nuevo Medio Oriente’ que dijo Bush, siempre en persecución de un planeta dominado por EE.UU. ‘Nuestro corazón está con el pueblo israelí -certificó la secretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice-, que sufre ataques terroristas y (el lanzamiento de) cohetes; estos medios no son aceptables en una sociedad culta’ (Clarín, 25/7/06). Tiene razón: para las sociedades cultas del llamado Primer Mundo sólo son medios aceptables las invasiones ‘preventivas’ a países soberanos, la ocupación de territorios ajenos, el asesinato de civiles ‘por error’. Entre otras cosas.

 

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En defensa del pueblo palestino

John Berger, Noam Chomsky, Harold Pinter, José Saramago

El último capítulo del conflicto entre Israel y Palestina comenzó

cuando las tropas israelíes cogieron a dos civiles, un médico

y su hermano, en Gaza. Un incidente escasamente contado,

excepto en la prensa turca. Al día siguiente, los palestinos

cogieron prisionero a un soldado israelí —y propusieron negociar

un intercambio con prisioneros tomados por los israelíes:

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Roque Dalton, intelectual integral, palabra integral

Luis Alvarenga

Una de las herencias más poderosas —y menos atendidas— que nos deja Roque Dalton, cuando faltan apenas treinta años para su centenario, es su talante de intelectual integral. La cuestión de la integralidad intelectual de Dalton se puede explorar a varios niveles.

En primer lugar, hay que definir qué es lo que se quiere decir con integralidad. Su opuesto es la fragmentariedad. El intelectual contemporáneo suele ser fragmentario, especialista en un área determinada del pensamiento. Aunque se hable mucho de interdisciplinariedad, de saber «holístico», la práctica intelectual es monologante. No hay un diálogo, una incursión en otras disciplinas. El artista contemporáneo no suele ambicionar más que lo que persigue un «especialista». Más allá de eso, suele haber también una pérdida de contacto entre la interpretación de la realidad que puede ser el pensamiento y la poesía, y esa realidad que constituye el sustrato del artista y el intelectual.

Dalton es, pues, no solamente el artista que cultivó la poesía, el periodismo, la narrativa, el ensayo y el teatro. Fue también el intelectual que estuvo abierto a los problemas sociales y políticos de su tiempo. En este tiempo de especialistas y monologantes, la política se deja en las manos poco confiables de los políticos profesionales. La sociedad deja, pues, de ser un problema del que ocuparse, pues su destino se toca en el ámbito de esos profesionales. Para Dalton no es así. Su trabajo intelectual está sustentado por un proyecto político de país. De ahí que este poeta aparezca actuando en política, en vez de dejar esto en manos de los supuestos profesionales. Con esto, recupera el sentido originario de política: la preocupación del ciudadano por el destino de su polis; por tanto, la política es algo constitutivo del ser humano. Este es un primer nivel del análisis.

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El desafío de Roque Dalton

James Iffland

A los treinta años de su asesinato, Roque Dalton sigue desafiando. El desafío mayor es determinar la verdadera naturaleza de su legado. ¿Cuál es y qué hacemos con él?.

Hay muchos peligros que tenemos que afrontar en nuestra tarea. Por un lado, Roque puede fungir sólo como figura invocada dentro de la agitación política -un nombre para ser blandido en vez de un autor para ser leído-. Por otro, Roque puede ser asimilado por la maquinaria de la cultura institucionalizada como piedra angular de un incipiente canon literario centroamericano. Sí, Roque pertenece ahora al canon, pero resistiría hasta más no poder el ser convertido en “monumento”.

Para las dos tendencias señaladas, es fundamental la condición de Roque como asesinado. Su asesinato la derecha para socavar a la izquierda. Otro peligro que enfrentamos es el de “Roque como leyenda”. Roque circula por la imaginación colectiva de manera rocambolesca. Es cierto que su vida estuvo llena de percances insólitos. Pero esa condición de “leyenda” puede fomentar la tendencia de convertirlo en simple materia prima de divertidas anécdotas en cocteles de intelectuales y académicos.

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Con la mano que acerca el vaso

HAY MÁS DE DOS SIGLOS de arte europeo, sustancialmente religioso, dedicado a la satisfacción y el gozo producido por el dolor         

QUIENES ACUSAN A LOS demás de intransigentes están afectados por el virus de lo políticamente correcto; epidemia contra la que no hay defensa        

13/05/2006  

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El regreso del «Caimán»

Marco Santopadre

(Roma)   

publicado en el cotidiano vasco Gara del 18 de abril 2006   

En una película del director izquierdista Nanni Moretti, estrenada pocos días antes de las elecciones del 9-10A, a Silvio Berlusconi se le llama El caimán y se celebra su entrada en la cárcel después de ser condenado en uno de los muchos juicios que lo tienen como protagonista. Mucha gente ha pasado horas en las colas para poder entrar en los cines que tenían programada una de las películas italianas más exitosas de los últimos meses. Páginas enteras dedicadas al director Moretti en los periódicos, entrevistas en las cadenas televisivas, debates en las radios… Todo parecía formar parte de un ritual colectivo que sólo podía acabar con la desaparición de un personaje político que todas las encuestas y sondeos daban perdedor, y a mucha distancia, en las elecciones.    

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