Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Entrevista a Íñigo Errejón Galván sobre la situación política boliviana

Salvador López Arnal

Entrevista a Íñigo Errejón Galván sobre la situación política boliviana: “[…]El proyecto de país del MAS, el que Evo se comprometió a “acelerar” durante su intervención en el balcón del Palacio Quemado en la noche de las elecciones, es un programa de modernización industrial, extensión de la ciudadanía y reparto de la riqueza. El Estado boliviano está entonces llamado a ser el instrumento de democratización social que nivele las grandes fracturas históricas provocadas por cinco siglos de colonialismo”.

 

Salvador López Arnal

 

Íñigo Errejón Galván es investigador en la Universidad Complutense de Madrid, donde prepara su tesis doctoral sobre el proceso político boliviano, y ha sido investigador visitante en la Universidad de California Los Ángeles. Es igualmente miembro del Consejo Directivo de la Fundación CEPS, con la que trabajó en Bolivia asesorando a la Asamblea Constituyente y, más recientemente, en un proyecto de formación y capacitación política [E-mail: ierrejon@cps.ucm.es]

 

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Las dificultades de las experiencias de reformismo radical en América Latina

Jesús Sánchez Rodríguez

Las dificultades de las experiencias de reformismo radical en América Latina

Jesús Sánchez Rodríguez *

En los últimos meses se constata una nota de mayor inquietud en los artículos que diversos analistas de la izquierda[1], que se ocupan habitualmente del proceso político en desarrollo en América Latina, realizan sobre la situación y previsible futuro de las experiencias de reformismo radical que diversos gobiernos de izquierda[2] impulsan en esa región.

En general son tres conjuntos de datos los que parecen llevar a esa preocupación. El primero sería el sesgo militarista que ha tomado la oposición que a esas experiencias oponen el imperialismo norteamericano y las oligarquías locales, y cuya escalada ha dado un salto cualitativo con el acuerdo por establecer siete nuevas bases de EEUU en territorio colombiano y el golpe de Estado hondureño[3]. El segundo sería la situación de impasse en que han entrado estas experiencias transformadoras, dando la impresión de que han llegado a un límite que dudan en sobrepasar. El tercero sería el peligro de reversión electoral en algunos de los países de la región, con un regreso al gobierno de opciones políticas derechistas, que añadirían aún más dificultades tanto a las diversas medidas de integración latinoamericanas como al resto de los gobiernos de izquierda que subsistiesen.

La profundización de la primera tendencia llevaría a un escenario de conflictos internos en algunos países e incluso interestatales con consecuencias imprevisibles de evaluar, se trataría, por supuesto, del escenario más inestable e incontrolable, pudiendo producir graves derrotas del movimiento popular, pero sin descartar tampoco que dicha situación, abierta a su pesar, le ofrezca oportunidades de avance. Los retos que plantean este escenario a los movimientos populares y las organizaciones de izquierda  son los retos estratégicos de enfrentamiento abierto a las fuerzas contrarrevolucionarias. A algunas de estas situaciones ya se han enfrentado las experiencias en marcha en América Latina con éxito hasta el momento. Los dos casos más dramáticos fueron el golpe militar contra Hugo Chávez en 2002 y el intento insurrección de los sectores contrarrevolucionarios en septiembre de 2008 en Bolivia. Si la derrota del primero se debió fundamentalmente a la respuesta en gran medida espontánea de los sectores populares, en el segundo caso se trató de una estrategia más elaborada de enfrentar y derrotar la creciente amenaza insurrecional reaccionaria. No obstante, y dada la vía elegida para avanzar en el proceso – de transformación institucional sin ruptura – estas victorias no se convirtieron en definitivas como solía ocurrir en las experiencias revolucionarias del siglo XX. Porque como correctamente señala Nils Castro, “al cabo es claro que ninguno de esos ejemplos ha dado lugar a una revolución en el sentido clásico del término. Ninguno involucró la toma de la totalidad del poder del estado por una fuerza capaz de fundar una nueva formación histórica en reemplazo del capitalismo. Entendido que no es lo mismo llegar al gobierno que tomar el poder, todos esos procesos se resolvieron en cambios de gobierno institucionalmente obtenidos y reconocidos por medios electorales, más o menos en el marco de las restricciones o limitaciones características del sistema político preexistente”[4]

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Razonable y admirable crónica de un mirista que fue responsable de la seguridad de Salvador Allende

Salvador López Arnal

RAZONABLE Y ADMIRABLE CRÓNICA DE UN MIRISTA QUE FUE RESPONSABLE DE LA SEGURIDAD DE SALVADOR ALLENDE

 

MAX MARAMBIO, LAS ARMAS DE AYER. DEBATE, MADRID, 2008,. 239 PÁGINAS.  PRÓLOGO DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ.

 

SALVADOR LÓPEZ ARNAL

El Viejo Topo, julio-agosto de 2009.

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Entrevista a Ramiro Lizondo, viceministro de producción boliviano

Salvador López Arnal

Conferencia de Ramiro Lizondo, viceministro de producción boliviano, en Cerdanyola del Vallès (Barcelona) el 14 de septiembre de 2009.

ENTREVISTA A RAMIRO LIZONDO: “[…] Otro tema importante es que este nuevo texto constitucional establece que los recursos estratégicos del país sólo deben ser explotados por el Estado, entregarlos a las transnacionales se considera traición a la patria.

Salvador López Arnal

Septiembre de 2009.

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Nicaragua 2009. Hechos opinables

Antonio Ruiz

Nicaragua 2009. Hechos opinables

Antonio Ruiz

El FSLN gobernó en Nicaragua desde el 19 de Julio de 1979, tras el triunfo de la revolución, hasta 1990 cuando sorpresivamente para los sandinistas ganó las elecciones la UNO (Unión Nacional Opositora), coalición compuesta por los grupos políticos oligarcas (conservadores y liberales) y otros menores (incluido el Partido Comunista) con el apoyo del gobierno USA. Esta coalición desapareció poco después de las elecciones una vez cumplido su objetivo: derrotar al FSLN.

En las elecciones del 2006, después de 16 años con debates ideológicos y personales, escisiones, y cambios estratégicos en el FSLN, este vuelve a lograr la Presidencia (a pesar de no obtener la mayoría de diputados en  la Asamblea Nacional) y vuelve a gobernar en Nicaragua. Las condiciones políticas, tanto en Nicaragua como a nivel internacional son diferentes a las de los años 80, en consecuencia el FSLN también lo es. En estas elecciones el Frente se presentó en coalición con pequeños y medianos grupos políticos que no querían depender de USA y apostaban por un desarrollo nacional. Esto junto a un programa de amplio alcance en lo económico y socio-político, aunque lejos del programa de los años ochenta, le da el triunfo en la primera vuelta.

Al formar gobierno a principios del 2007 una de las primeras medidas tomadas, después de la adhesión al ALBA, es anunciar la gratuidad de la enseñanza y de la asistencia sanitaria. Todo ello a pesar de haberse encontrado con una situación económica institucional desastrosa, después de 16 años de privatizaciones, corrupciones y  los desmesurados sueldos de altos funcionarios y ministros (7000 $ al mes), que el Frente rebajo considerablemente. Ante esta situación el Frente se centra en apoyar económica y políticamente a medianos y pequeños productores así como planes de desarrollo socio-económico de la población.

Desde Europa antes, durante y después de las elecciones, diferentes personas y sectores político-sociales,  que en otro tiempo apoyaron al FSLN, se están mostrando bastante críticos con los sandinistas y más concretamente con Daniel Ortega, cayendo en esa costumbre tan apolítica, difundida por los vulgares medios de comunicación  y políticos de nuestro entorno, de criticar a una organización opinando sobre una persona concreta. Afortunadamente el FSLN es una organización de masas y no depende de una o varias personas. Es necesario tener una información mínimamente objetiva para dar una opinión personal o colectiva. La información más común que llega a través de los medios capitalistas sobre Nicaragua es la que le interesa al imperialismo, y las entrevistas o artículos que promocionan y difunden son, lógicamente, las que sirven a sus intereses. Este es el caso de la cantidad de espacios que le han dedicado  y le dedican a antiguos miembros del Frente y hoy en el MRS (Movimiento para la Renovación del Sandinismo, que en las ultimas elecciones presidenciales obtuvo poco más del 6 %), dirigido por Sergio Ramírez,   promocionándoles charlas por toda Europa centrando las críticas en determinadas personas,  desvirtuando lo que pueda tener de positiva su valoración para convertirse en un ajuste de cuentas personal.

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A treinta años del triunfo de la revolución de Nicaragua

Jaume Raventos

A treinta años del triunfo de la revolución de Nicaragua

Jaume Raventos

La Revolución Popular Sandinista es un proceso histórico de casi un siglo, cuando el general Sandino rompe con el esquema bipartidario o de paralelas históricas que reflejaban el ejercicio del poder por parte de dos élites: la conservadora y la liberal. La aparición de una nueva fuerza significa que desde ese momento el “juego” político pasa a ser de tres bandas.

El sandinismo empieza a implantarse en amplios sectores de la sociedad: obreros agrícolas e industriales, pequeños y medianos productores y comerciantes, sector cooperativista (las primeras cooperativas en Nicaragua son impulsadas desde el Ejército de Sandino),  pero no hay que olvidar que las otras dos fuerzas políticas también disponían de una base importante. Especialmente el Partido Liberal en el campo. Finalmente destacar que  Sandino empieza cómo general liberal en lucha contra los invasores norteamericanos, y debido a la traición liberal, que entrega el país a manos extranjeras, rechaza los acuerdos y empieza una guerra de liberación nacional.

La dictadura de Somoza representaba una de estas tres fuerzas: la liberal, y contra ella se alineaban los sandinistas y los conservadores. Mientras el sandinismo buscaba el apoyo de las clases populares (incluida una parte de la burguesía), los conservadores tenían el apoyo de la oligarquía histórica local, la cual veía a Somoza cómo un arribista que no les permitía el control económico del país.

En esta situación, a finales de los sesenta, Somoza y la cúpula del partido conservador llegan a un acuerdo sobre gobernabilidad (después de una fuerte represión sobre una manifestación conservadora), con lo cual la juventud conservadora llega a la conclusión que la única forma de hacer oposición es a través del FSLN.  Y se integra a la lucha armada, abandonando (provisionalmente) sus orígenes de clase.  Buena parte de esta juventud de origen conservador se integra en la tendencia Tercerista/insurreccional del FSLN (las otras dos eran la Guerra Popular Prolongada y la Proletaria). Al ser la tendencia tercerista la que, al fin, impone su estrategia para ganar la guerra, la mayor parte de cuadros terceristas copan las instituciones y son la cara del sandinismo de los 80. El sociólogo Nicaragüense Orlando Núñez incluso opina que la oligarquía intentó tomarse el FSLN a través de sus hijos(“La Oligarquía en Nicaragua”, Ediciones CIPRES,2006)

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Entrevista a Francisco Palacios Romeo sobre el golpe de Estado de Honduras y la resistencia popular ciudadana

Salvador López Arnal

Entrevista a Francisco Palacios Romeo sobre el golpe de Estado de Honduras y la resistencia popular ciudadana: “[…] Micheletti es muy directo y ya dijo en cuanto se instaló la mesa de negociaciones que la única manera de que Zelaya regresara a Honduras es directamente al Juzgado para responder por más de diez delitos. A partir de ahí, ¿qué mesa de negociaciones es posible? Zelaya ha hecho bien en aceptar la Mesa para que no se le acusara de intransigente, pero debe marcar un plazo y, sobre todo, debe dejar constancia de la nula voluntad de los golpistas para desalojar el poder usurpado.”

SALVADOR LÓPEZ ARNAL

Francisco Palacios Romeo es profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Zaragoza y miembro del Comité Internacionalista de Aragón. Entre sus últimas publicaciones relacionadas con las transformaciones del Estado en Latinoamérica, cabe destacar: “La ruptura constitucional del Estado precario: los derechos sociales en el nuevo constitucionalismo iberoamericano. La especificidad del modelo venezolano” en Venezuela en transición. La experiencia bolivariana de gobierno, Ágora. Revista de Ciencias Sociales, nº 14, 2006, y “Constitucionalización de un sistema integral de derechos sociales. De la Daseinsvorsorge al Sumak Kawsay” en Desafíos Constitucionales. La Constitución ecuatoriana del 2008 en perspectiva, ed.: Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y Tribunal Constitucional, Quito, 2008.

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Unanimidad aparente

Salvador López Arnal

Salvador López Arnal

     Parece que las fuerzas políticas españolas y, en general, europeas y americanas, del ámbito de la derecha no extrema ni golpista y de la izquierdas, sea cual sea su adscripción, han criticado el golpe militar en Honduras y exigen el inmediato regreso a la presidencia de Manuel Zelaya. Existe, pues, unanimidad.

Es aparente.

     Los portavoces, o algunos portavoces cuanto menos, de la derecha española, critican lo sucedido pero añaden, inmediatamente, quitando podredumbre al golpismo, que Zelaya intentó romper o transgredir el orden constitucional.

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Honduras: que nada pueda cambiar

Gustavo Duch Guillot

GUSTAVO DUCH GUILLOT

Parece que ahora ya tenemos la información precisa. Pero hasta hace unos pocos días la situación que atravesaba Honduras se nos presentaba, en la mayoría de medios de comunicación, bajo un único prisma. Ese enfoque cansino que todo lo interpreta con los adjetivos habituales de chavismo, populismo, apego al cargo, etcétera. La crueldad que significa un golpe de Estado, los recuerdos que trae ver a los militares tomando los espacios ciudadanos y políticos y algunas evidencias han desmontado buena parte de ese discurso ideológico, y se ha abierto espacio a otras lecturas. Un discurso que sólo puedo entender desde la reacción a cualquier movimiento fuera de lo ‘políticamente correcto’. O lo que es lo mismo, contrario de antemano a cualquier soplo de aire que pueda mover un paisaje donde estamos cómodamente instalados.

Mientras nos inundaban con imágenes de Evo Morales o Hugo Chávez del estilo ‘que viene el coco, que viene el coco’ se olvidaron de explicarnos elementos clave. Por un lado, que el ciertamente errático Gobierno de Zelaya decidió mirar hacia el campo, a las organizaciones sindicales, a las organizaciones indígenas y romper con el modelo de libre mercado que se promueve desde EE UU (sustentado en el llamado Acuerdo de Libre Comercio de las Américas), no por capricho, no sólo por el petróleo de Venezuela, sino porque son muy negativas las consecuencias que estos acuerdos provocan sobre las clases más humildes de los países latinoamericanos que los firmaron. Que se lo pregunten por ejemplo a las familias campesinas de México. Por otro lado, se ha informado repetidamente sobre la supuesta inconstitucionalidad de la propuesta de consulta de Zelaya, pero es difícil leer que el tal Micheletti, ascendido a presidente interino, logró imponer su candidatura como precandidato a la presidencia de República en las primarias celebradas el invierno pasado, aun cuando por la ley hondureña está establecido que ningún presidente del Congreso Nacional -asiento que ocupaba Micheletti- podría postularse a dicho cargo. Elecciones para la presidencia que perdió, presidencia que con los votos de los carros blindados ahora ocupa.

Discursos, decía, que se sostienen sobre los mismos cánones que están detrás del golpe de Estado. ¿Qué preocupación existe ante la propuesta de consulta del presidente Zelaya para iniciar un proceso de renovación de la Constitución de Honduras? Pánico a que las cosas puedan cambiar y perder así el poder que durante muchos años han controlado y ha permitido a una rancia oligarquía agroexportadora seguir en la cima, sin importar las desigualdades o injusticias sociales derivadas. Por ello desplegaron inicialmente una serie de ardides legales para impedir, como fuera, la consulta popular pero -para mayor seguridad y para que nada se nos escape- solventaron, con el secuestro del presidente y la canciller del país, el golpe de Estado y manteniendo a la población en estado de sitio y bajo dura represión. Más allá de la opinión que podamos tener de la gestión de Zelaya y de cómo aborda los procesos que quiere abrir, no confundamos las cosas, todo es pura resistencia a la pérdida de poder.

¿Y qué es lo que debería cambiar? Si hablamos de Honduras, como cualquier otro país con una base económica fundamentada en la vida rural, el dato más significativo suele ser la distribución de la propiedad de la tierra. Aproximadamente tenemos que unas 125.000 familias no tienen acceso a la tierra y, junto con unas 80.000 familias que tienen menos de una hectárea, suman un total de 200.000 familias campesinas (casi la mitad de la población rural de Honduras) que se encuentran en condiciones, lógicamente, muy precarias de vida. En cambio tenemos que sólo un 1,6% del censo rural dispone a sus anchas del 40% de los mejores suelos agrícolas hondureños.

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