Un punto de encuentro para las alternativas sociales

La militancia en la organización de nuevo tipo

Javier Elorriaga Berdegu

Los que estamos embarcados en la enorme tarea de construir una organización política de nuevo tipo, que se oriente bajo la idea zapatista de hacer política sin plantearse la toma del poder, que no acepte seguir las viejas reglas y calendarios de la clase política, que busca acompañar y no vanguardizar a nuestro pueblo en sus luchas, nos enfrentamos a un problema igual de mayúsculo que el demostrar que se puede hacer política sin aspirar o suspirar por el poder: la militancia dentro de esa organización que día a día se está construyendo, es decir, las relaciones sociales que se dan entre un grupo de compañeras y compañe- ros que han decidido trabajar y convivir juntos para lograr una serie de objetivos políticos. Sin una militancia también de nuevo tipo, es imposible hablar de una organización política que se quiere de nuevo tipo y por lo tanto de una práctica política consecuente con esta caracterización. Es por eso que en este artículo de Rebeldía quiero reflexionar un poco sobre la militancia en una organización de nuevo tipo.

Lo primero que podemos decir acerca de la militancia es que ésta tiene que ser asumida de una manera conciente y voluntaria por cada miembro de la organización política. Y aquí conciente y voluntaria significa comprender y aceptar no sólo los objetivos políticos de la organización, sino también, y fundamentalmente, la práctica política que cada militante de la organización debe de seguir. Y más cuando decimos que la organización que queremos construir, la queremos zapatista, es decir, una organización que basa "su acción no sólo de acuerdo a un análisis teórico, sino también y sobre todo, de acuerdo a lo que consideramos es nuestro deber". (SCI Marcos, El mundo: siete pensamientos en mayo de 2003).

Cuando decimos que queremos construir una organización de nuevo tipo, es porque pensamos que las formas organizativas que a lo largo de la historia se ha dado la izquierda para transformar la realidad, ya no funcionan como tales en el momento histórico que vivimos. No echamos por la borda todo lo que se ha hecho ni decimos que nada funcionó, no es que las demás organizaciones de izquierda sean malas o no sirva lo que hacen, es simplemente que pensamos que hay que construir de otra manera para que algún día la mayoría pueda decidir libremente su destino, por eso queremos intentar nuevas formas organizativas, por eso estamos construyendo una organización en específico y no queriendo reformar la práctica de las ya existentes. Igual nos equivocamos y nunca logramos lo que queremos, pero tenemos el derecho de intentarlo. Salirse de la lógica del poder, de su tablero y de su calendario, y a la par construir teniendo en mente que se está sembrando para que otros sean los que cosechen, sólo se puede hacer con humildad, paciencia histórica y la seguridad de que lo que estamos construyendo es correcto, aunque no se vean los frutos en el corto plazo. Seguramente el militante tendrá que oír a lo largo de su vida muchos "así no se puede", "por ese lado sólo te aíslas y no pesas políticamente", "la gente no te hace caso si no les planteas algo más concreto", "si no tienes una propuesta acabada para qué te va a escuchar la gente", "sin poder no cambias nada", etc. Por eso el militante tiene que estar muy conciente de que no sólo está luchando contra el actual sistema de explotación y exclusión, sino sobre todo de que tiene que luchar con otras herramientas y bajo otras reglas que las que el poder ha impuesto. Y en tanto que esas reglas apenas las está construyendo, muchas veces su actividad lo hará no sólo enfrentarse al Poder, sino a recibir las críticas más fuertes por parte de quien también está luchando, con viejas reglas y métodos, contra ese mismo poder.

Así pues, el militante se puede encontrar con que su forma política de actuar la mayoría de las veces no es entendida, ni compartida, por otros luchadores. Pero eso en realidad no debe causarle muchos problemas si su conciencia y la práctica política de su organización lo fortalecen en el trabajo diario. De hecho, las críticas las tiene que escuchar y analizar para no caer en la soberbia de pensar que todo lo que hace es correcto y no puede aprender nada de los demás, lo que lo alejaría poco a poco ya no de otras organizaciones, sino del pueblo mismo con quien debe estar siempre caminando hombro con hombro.

Pero aparte de estas razones, hay otra más por la que el militante tiene que estar muy claro del ca-mino que voluntariamente escogió. La construcción de una organización rebelde, que busca realmente ayudar a destruir el actual sistema de explotación y exclusión que vivimos, llevará a que tarde o temprano esos mismos miembros vivan no sólo las formas más directas de represión por parte del Estado, sino muchas presiones más del propio sistema político, económico y social en que dicha organización y sus militantes se mueven. A lo largo de la historia se ha demostrado que la represión abierta en sí no puede terminar con la rebeldía, siempre quedará alguna semilla y alguien dispuesto a cultivarla. No sucede lo mismo con otras armas que adquiere el sistema, tal vez menos directas, pero igual de destructivas a la larga y que, por lo menos en nuestro país, son las que han destruido a la mayoría de las organizaciones que buscaban cambiar de fondo las relaciones políticas, económicas y sociales: hablamos de cómo el sistema político se va refuncionalizando conforme el tiempo transcurre y cómo en esa refuncionalización va aplicando métodos de cooptación frente a quienes lo combaten, logrando así ir incorporando poco a poco a la oposición, primero en su práctica, y después en su conciencia, al sistema mismo, hasta quitarle toda posibilidad real de rebeldía y por lo tanto de transformación radical de la realidad. Engullirlas pues, sin necesidad de masticarlas. ¿No fue lo que logró el sistema político mexicano, con dos representantes que ejemplifican muy bien estas mismas caras del Poder, Reyes Heróles y Gutiérrez Barrios, uno con la guerra sucia, las torturas y desapariciones, el otro con la "legalización" de varios grupos políticos, en la década de los setenta y ochenta del siglo pasado? Represión e incorporación, igual de letales en sus objetivos contra la oposición al sistema.

El camino es pues muy difícil para el rebelde. Es por eso, precisamente por eso, que quien decida militar en una organización de nuevo tipo, rebelde, que esté dispuesta a no jugar en el tablero del poder, tiene que estar muy conciente de que será, más que un actor político, un sembrador de semillas, es decir, que los frutos de su rebeldía y de su lucha tal vez no los llegue a ver, que no hay recompensa pues, más que la satisfacción del deber cumplido. Y eso se puede decir muy bonito, pero si no se tiene plena y concientemente asumido, es sumamente difícil cumplirlo día a día en el trabajo que implica construir una organización política que no lucha por el poder, pero sí por "iniciar, seguir, acompañar, encontrar y abrir espacios para algo y para alguien, nosotros incluidos." (SCI Marcos, El mundo: siete pensamientos en mayo de 2003).

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¿Puede ser verde la teoría? Sí, siempre y cuando la vida no sea gris

Sergio Rodríguez Lascano

"En nuestras reflexiones teóricas hablamos de lo que nosotros vemos como tendencias, no hechos consumados ni inevitables. Tendencias que no sólo no se han convertido en homogéneas y hegemónicas (aún), sino que pueden (y deben) ser revertidas.

Nuestra reflexión teórica como zapatistas no suele ser sobre nosotros mismos, sino sobre la realidad en la que nos movemos. Y es, además, de carácter aproximado y limitado en el tiempo, en el espacio, en los conceptos y en la estructura de esos conceptos. Por eso rechazamos las pretensiones de universalidad y eternidad en lo que decimos y hacemos.

Las respuestas a las preguntas sobre el zapatismo no están en nuestras reflexiones y análisis teóricos, sino en nuestra práctica. Y, en nuestro caso, la práctica tiene una fuerte carga moral, ética. Es decir, intentamos (no siempre con fortuna, es cierto) una acción no sólo de acuerdo a un análisis teórico, sino también, y sobre todo, de acuerdo a lo que consideramos es nuestro deber. Tratamos de ser consecuentes, siempre. Tal vez por eso no somos pragmáticos (otra forma de decir "una práctica sin teoría y sin principios")…

Nosotros sentimos que nuestro deber es iniciar, seguir, acompañar, encontrar y abrir espacios para algo y para alguien, nosotros incluidos…

Quienes son parte de ese recorrido y de quien hace el inventario, pueden descubrir cosas que quienes suman y restan en los escritorios de las ciencias sociales no alcanzan a ver, a saber, que importan, sí, el caminante y su paso, pero sobre todo importa el camino, el rumbo, la tendencia. Al señalar y analizar, al discutir y polemizar, no sólo lo hacemos para saber qué ocurre y entenderlo, sino también, y sobre todo, para tratar de transformarlo.

La reflexión teórica sobre la teoría se llama "Metateoría". La Metateoría de los zapatistas es nuestra práctica"(1). Subcomandante Insurgente Marcos

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Una aproximación al ecosistema de la nueva fuerza de trabajo

Ángel Luis Lara

En la fase del motor informacional los cuerpos funcionan como signos: la tarea fundamental consiste en homogeneizar el espacio-tiempo social y en someter a los cuerpos a un sistema de transformaciones que aseguren su óptima intercambiabilidad, su perfecta circulación. Jesús Ibáñez

Introducción

Las nuevas realidades del trabajo y del empleo están atravesadas en nuestros días por el fenómeno de la precarización. Cada vez más la fuerza de trabajo actual aparece tendencialmente definida en términos de precariado: sujeta a una fuerte temporalidad e inestabilidad en el empleo, a una desprotección manifiesta en las relaciones laborales y a una incertidumbre constante. Una nueva fuerza de trabajo intercambiable en cuanto a las tareas, inmaterial en cuanto a los contenidos y flexible en cuanto a las prestaciones, que se mueve en la cuerda floja de un escenario conformado paulatinamente por las transformaciones a las que hemos asistido en las dos últimas décadas: procesos de reestructuración de los mercados de trabajo y de los estatutos de empleo, así como modificaciones sustanciales de los procesos productivos.

El presente artículo se propone un viaje al territorio de los trabajadores precarios y de los procesos políticos de constitución de su universo laboral. Transformación de la lógica económica hegemónica, medidas legislativas concretas, dinámicas de gobernabilidad y control social, naturaleza de la actividad laboral, estatutos de empleo y relaciones entre los diferentes ciclos y temporalidades inscritas en los espacios de las relaciones salariales que el precario habita: estas son las coordenadas por las que se mueve la cartografía de la realidad de los procesos de precarización del trabajo y el empleo en los que está obligada a habitar la fuerza de trabajo contemporánea. Las cifras son del Estado español, el fenómeno, pensamos, es tendencialmente global. Un mínimo acercamiento a ellas es el propósito que anima el presente texto.

Entre la flexibilización sistémica y la reestructuración de las relaciones laborales

El ecosistema del precariado se encuentra marcado por una reestructuración de las relaciones sociales que tiene su origen en la década de los años setenta y en la emergencia de una nueva racionalidad económica que se materializa plenamente con el desarrollo de las políticas de corte neoliberal a partir de los años ochenta. Según esta nueva racionalidad económico-social el objetivo más importante de las políticas económicas es el control permanente del crecimiento del coste del factor trabajo y de los gastos del Estado, definiendo el crecimiento de ambos elementos como el origen del aumento conjunto de la inflación y el desempleo. Exactamente al contrario que en la etapa de hegemonía del modelo de racionalidad keynesiana, la lógica que permea este razonamiento es la de la preeminencia e independencia de la oferta. Desde este punto de vista, la constitución de la oferta como principio de realidad y su privatización se convierten en las referencias obligadas de un orden social en el que absolutamente todas las relaciones se sujetan a la racionalidad económica. La única política económica posible es aquella que tiene como propósito básico la flexibilización empresarial de las rigideces en la fijación del precio de los factores que intervienen en el mecanismo productivo y la plena restitución al mercado de la función de asignación de recursos.

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Zapatismo o barbarie

Wu Ming

Ya han pasado casi diez años desde aquel famoso 1 de enero de 1994 (fecha del comienzo de la sublevación indígena en Chiapas), y parece superfluo reseñar los méritos históricos de los zapatistas, a quienes se reconoce de forma muy generalizada haber sido los primeros que, sobre el escenario mundial, han devuelto la voz a quienes sufren la globalización capitalista sobre su propia piel. Lo hicieron en plenos años 90 del siglo pasado, cuando Occidente aún se atiborraba de teoría y teología neoliberal, y caminaba uniformemente hacia la mayor recesión económica de la historia contemporánea.

También es innegable que, por primera vez desde hace muchos años, el EZLN ha sabido poner en marcha una estrategia comunicativa eficaz, adecuada a los tiempos, demostrando así que aunque no se posean grandes medios de comunicación de masas también se puede desafiar al adversario en este terreno, de una manera nueva, eficaz. Durante los últimos años, mucho se ha escrito y dicho sobre la genial guerrilla semántica y semiótica conducida por el EZLN, o sobre el “estilo” de la insurgencia zapatista.

No obstante, hoy podemos decir que la recepción dada a este patrimonio de intuiciones y experimentos, en buena parte asumido por el movimiento post-Seattle, no ha bastado para desentrañar realmente el nudo central y específico propio del zapatismo, con el cambio de paradigma político —antropológico, podría decirse— que representa.

Si bien la ferocidad de la globalización capitalista permanece, más que nunca, en el orden del día, por otra parte nos encontramos con que la toma en consideración de las formas y modos “zapatistas” de la política parece haber quedado en un segundo plano, pese a que durante los últimos tres años hemos asistido a la más evidente materialización concreta de estas intuiciones: hemos visto movilizarse sin tregua a la sociedad civil mundial, ese eficaz espectro retórico, pero hecho de sangre y carne; hemos visto a millones de personas moviéndose sin banderas, al margen de los aparatos, retomando en sus manos, con una óptica nueva, la propia vida y el propio destino colectivo, o al menos intentar hacerlo, conscientemente o no. En suma, hemos visto cómo se expresaba una posible política “desde abajo”.

El motor de este movimiento no han sido los viejos partidos, sino miles de asociaciones, comités, grupos, organizaciones, “perros” sin dogal, conectados en una red planetaria y capaces de dialogar entre sí pese a proceder de espacios políticos muy diversos. El motor ha sido su trabajo cotidiano y certero, que ha mantenido activas las energías y las mentes, y que ha producido sentido y conflicto en todos los rincones del planeta, más allá incluso de las grandes movilizaciones en las calles.

No se nos ocurre nada que pueda ser más “zapatista” que todo esto.

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La vida después de la muerte. La viabilidad del postcapitalismo

Jorge Beinstein

jorgebeinstein@yahoo.com

Las actuales turbulencias de la economía mundial forman parte de una crisis crónica iniciada a comienzos de los años 1970 una de cuyas expresiones más notables ha sido la tendencia de largo plazo a la caída de la tasas de crecimiento productivo global, en especial en los países centrales. La magnitud alcanzada por dicha crisis se combina con la declinación norteamericana ante la que no aparecen en el futuro previsible potencias de reemplazo; Japón lleva ya casi de tres lustros de estancamiento y la Unión Europea está acosada por el déficit fiscal, la desocupación y la asfixiante interpenetración económica con Estados Unidos. Este último mal también agrava la situación japonesa e impone dudas sobre la solidez de la emergencia china. A lo que se suma la inviabilidad económica de amplias zonas de la periferia, algunas de las cuales ya han colapsado o están muy próximas al desastre. El subdesarrollo ha dejado de ser desarrollo subordinado, caótico-elitista, complemento de las necesidades de los países centrales para convertirse en depredación de fuerzas productivas, aniquilamiento de poblaciones.

Esta es la imagen trágica que marca el comienzo del siglo XXI, telón de fondo de la reinstalación del debate sobre el postcapitalismo desprendido ahora de la ideología del progreso que lo había moldeado cien años atrás y que desapareció casi por completo luego del hundimiento paralelo del keynesianismo y del socialismo soviético. En plena euforia neoliberal los proyectos igualitarios (en primer lugar el socialismo) habían sido arrojados al museo de las ilusiones incumplidas de los siglos XIX y XX pero en el último lustro han ido reapareciendo con una fuerza inesperada, no como nostalgia de la URSS sino a partir de la constatación simultánea de su fracaso y del estancamiento decadente del capitalismo.

Aunque también se insinúa la posibilidad del postcapitalismo bárbaro, retomando utopías nazis, en torno del proyecto de imperio militar, de ilusorio retorno al mundo antiguo (1), a formas próximas a la explotación tributaria o esclavista, en realidad exacerbación de un modernismo reaccionario que combina la tecnología más avanzada con visiones del mundo previas a la Revolución Francesa (2). El delirio colonial de Bush y sus halcones es un ejemplo de ello.

Desde del inicio del milenio, se han ido generando numerosos hechos políticos que podrían llegar a conformar próximamente la base de una nueva divisoria de aguas en el plano de la ideas. Frente a la agudización de la crisis y la aparición de la podredumbre militarista en Estados Unidos irrumpe una amplia variedad de rebeliones novedosas en los países subdesarrollados como la resistencia iraquí (inscripta en un movimiento más amplio de radicalización de los pueblos islámicos), las sublevaciones indígenas en la zona andina latinoamericana, los movimientos sociales de marginados como los piqueteros argentinos, o los Sin Tierra de Brasil, etc. Pero también la presencia de países de la periferia con distintos grados de autonomía respecto de Occidente (casos de Cuba, China, Vietnam. Venezuela…) que demuestran el fracaso de los vaticinios de hace tres lustros acerca de la inminente homogeneización neoliberal del planeta.

El debate aparece dominado por dos interrogantes decisivos: ¿ha entrado el mundo burgués en un proceso de decadencia?, ¿ existe capacidad humana real para superar esa decadencia?. La primera pregunta esta asociada al tema de la hegemonía del parasitismo financiero y en consecuencia al potencial de regeneración del capitalismo, la segunda al de la posible irrupción de masas insurgentes con fuerza cultural suficiente como para desatar el proceso de abolición de la modernidad occidental (3).

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Un relato corto

Eduardo Galeano

Hacía pocos años que había terminado la guerra de España y la cruz y la espada reinaban sobre las ruinas de la República. Uno de los vencidos, un obrero anarquista, recién salido de la cárcel, buscaba trabajo. En vano revolvía cielo y tierra. No había trabajo para un rojo. Todos le ponían mala cara, se encogían de hombros o le daban la espalda. Con nadie se entendía, nadie lo escuchaba. El vino era el único amigo que le quedaba. Por las noches, ante los platos vacíos, soportaba sin decir nada los reproches de su esposa beata, mujer de misa diaria, mientras el hijo, un niño pequeño, le recitaba el catecismo.

Mucho tiempo después, Josep Verdura, hijo de aquel obrero maldito, me lo contó. Me lo contó en Barcelona cuando yo llegué al exilio. Me lo contó: el era un niño desesperado que quería salvar a su padre de la condenación eterna y el muy ateo, el muy tozudo, no entendía razones

– Pero papá – le dijo Josep llorando – Si Dios no existe, ¿quien hizo el mundo?

– Tonto – dijo el obrero, cabizbajo, casi en secreto – Tonto. Al mundo lo hicimos nosotros, los albañiles.

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Pensar la decadencia. El concepto de crisis a comienzos del siglo XXI

Jorge Beinstein

jorgebeinstein@yahoo.com

1. El concepto

El concepto de crisis es extremadamente ambiguo, ha tenido múltiples usos, muchas veces contradictorios. A lo largo del siglo XX ha gozado de períodos de enorme popularidad en contraste con otros donde su existencia futura, como fenómeno social de amplitud y duración significativas, era casi descartada. Así ocurrió hacia finales de la era keynesiana, en los lejanos años 1960 y aún muy al comienzo de los 1970, en esa época el mito del estado burgués regulador, domesticador de los ciclos económicos, hacía que un economista prestigioso en esa época como Marchal señalara en 1963 que ‘en el estado actual de los conocimientos y de las ideas, una crisis prolongada sería imposible’ (Marchal J. M, 1963). Mientras que el premio Nobel de economía Paul Samuelson afirmaba poco antes de la crisis de 1973-74: ‘El National Bureau of Economics Research  ha trabajado tan bien que de hecho ha eliminado una de sus propias tareas principales, a saber: las fluctuaciones cíclicas’  agregando que ‘Gracias al empleo apropiado de políticas monetarias y fiscales, nuestro sistema de economía mixta puede evitar los excesos de los booms y de las depresiones y desarrollar un crecimiento sano y sostenido’ (Mandel E., 1978).

Pero antes de la primera guerra mundial en plena hegemonía del liberalismo y de la ideología del progreso (que muchos suponían indefinido) también era subestimada la idea de crisis, arrojada   al museo de antigüedades anarquistas y marxistas catastrofistas.  Pero el paraíso se derrumbó en 1914.

Y más recientemente en los años 1990, sobre todo en el segundo lustro, en pleno delirio bursátil, la prosperidad de Estados Unidos  solía ser presentada como el modelo del futuro, la matriz de un capitalismo que finalmente había logrado desatar una dinámica de crecimiento imparable durante un larguísimo período. Se nos explicaba que la revolución tecnológica hacia subir los ingresos y en consecuencia la demanda, incitando a más revolución tecnológica, aumentando la productividad laboral y generando nuevos ingresos, etc. etc. Pero el círculo virtuoso de las tecnologías de punta ocultaba al circulo vicioso de la especulación financiera que terminó por pudrir completamente a la mega fortaleza del capitalismo global. Ese frenesí neoliberal de los 90 fue bendecido en sus comienzos por personajes como Francis Fukuyama quien nos informaba que estábamos entrando no solo en una era sin crisis significativas sino en el mismísimo ‘fin de la historia’ (Fukuyama F, 1990).

Como es sabido el origen del concepto de crisis es muy remoto, si nos restringimos a la historia de Occidente suele ser situado en la Grecia Antigua, lo empleó Tucídides en ‘La guerra del Peloponeso’ para señalar el momento de decisión en la batalla pero también la evolución de la peste en Atenas atravesando ciertos puntos de inflexión, y por supuesto Hipócrates, anclando el tema en la medicina donde estuvo instalado con casi exclusividad durante muchos siglos en los que apareció tímidamente en algunas reflexiones sobre acontecimiento sociales.

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Immigrants en Lluita: L’anomalia o la Llei

“Papeles o muerte”. La consigna va recorrer des dels primers dies de febrer de 2001 tota la geografia estatal i europea. Arribava als suburbis i fàbriques il·legals, als edificis malalts d’hacinament on malviuen families senceres en el cor de les grans ciutats d’Occident. Removia les consciències i els cossos dels milers que protagonitzen l’èxode de la posmodernitat. Despertava els afectes narcotitzats pel fatalisme, els desitgos oblidats a la petita bossa de viatge.

Centenars d’immigrants sense papers havien decidit declarar-se en vaga de fam indefinida; havien decidit tancar-se en les Esglesies de Barcelona i d’arreu de l’Estat: reclamaven la seva existència com a persones. Marroquins, pakistanessos, indis, bangladeshis, sudamericans,…tots compartien un mateix objectiu: tornar a ser persones, tenir papers, existir davant de l’Administració de l’Estat per accedir als beneficis que concedeix el mutilat estatut ciutadà del immigrant resident.

Entorn d’una reivindicació justa s’articulà la solidaritat d’organitzacions socials i polítiques de tot tipus. Uns van sumar-se sense condicions, solidaritzant-se amb la seva lluita, fent seves les consignes del moviment autoorganitzat dels immigrants, integrant-se en l’espiral del col·lectiu que s’estava autoinstituint. D’altres van sumar-se creant una nova organització, empenyent per imposar uns nous criteris. Per aquests la vaga de fam havia de ser abandonada, la negociació havía de ser rogada, la consigna havia de ser canviada: la lluita fins ara havia estat inviable, utòpica, poc realista. Els immigrants havien d’aprendre a ser súbdits abans que ciutadans.

Al mes de maig de 2004, tres anys més tard, més d’un miler d’immigrants sense papers tornaven a irrompre als carrers de la ciutat al crit de “Per la regularització sense condicions”. Era el mateix subjecte, definit pel mateix problema, que tornava a resorgir de les misèries de les lleis migratòries. La situació era tràgica per uns i altres. Les diverses reformes legislatives i procedimentals implementades pel govern sortint no nomès havien condemnat a l’oblit a milers de sense papers, sinò que a més propiciaven la fallida de la mateixa condició administrativa, espùria i maltractada, sempre sota sospita, dels immigrants residents, convertint la renovació del seu títol d’integració en un humiliant laberint.

Afirmant que “la ciutadania es conquesta exercint-la” van entrar en la Catedral i en l’Esglesia del Pi, només per unes hores, amb el recolzament de les organitzacions i associacions que sempre els havien recolzat. No obstant, aquesta vegada quelcom havia canviat respecte a la situació del 2001. Les forces aparents dels immigrants havien minvat: els micos enjoiats de la política de pasadissos ja no estaven disposats a extendre mediàticament el discurs constitutiu de la lluita dels immigrants. Ja no hi eren els partits polítics i sindicats que en les lluites del 2001 s’havien sumat progresivament al moviment amb l’objectiu de desgastar al partit del govern i beure de les sinèrgies de l’autorganització. Els mateixos que havien escapçat el moviment del 2001 per canalitzar-lo cap a vies institucionals, els mateixos que havien fet prevaldre la negociació a la dignitat i el reconeixement, ara no admetien la negociació, ni la dignitat, ni el reconeixement.

QUÈ ENS HA PASSAT? AUTOORGANITZACIÓ I ANTAGONISME INSTITUCIONAL

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La Segunda Oleada de la Crisis

Robert Kurz

Una llamada "gran crisis" del capitalismo profunda, tal y como se manifiesta en el desmoronamiento estructural del conjunto del sistema de producción y reproducción, evoluciona siempre en diversas oleadas repartidas en el tiempo. Primero alcanza el centro industrial de producción de plusvalía, después los sectores subordinados como la circulación (comercio), los servicios y las infraestructuras estatales. Esto es así mucho más en una situación como la de hoy cuando la tercera revolución industrial al final lleva la "valorización del valor" a sus límites. Las industrias fordistas de producción de automóviles, de mercancías de "gama blanca" (electrodomésticos como frigoríficos, cocinas, máquinas de lavar, aspiradoras etc.) o de "gama marrón" (televisión, vídeo, Hi-Fi etc.) se agotaron ya hace mucho tiempo como soporte de la acumulación. Por eso, la racionalización microelectrónica, los despidos en masa y cierres socavan cada vez más la base de creación de valor (utilización de fuerza de trabajo, "capital variable") mientras que la capacidad de producción de bienes aumenta hasta dimensiones incomensurables. Pero no está a la vista una nueva base con suficiente capacidad de crear valor que signifique una nueva absorción masiva de fuerza de trabajo. En este aspecto, el sector de las tecnologías de información (IT) fue un fracaso, igual que el comercio por Internet. La ilusión de la sociedad de servicios sólo pudo surgir porque la segunda oleada de crisis en los sectores subordinados se hizo esperar. La fosa entre la creación real de valor y el consumo de mercancías o de servicios fue rellenado en primer lugar a través de dinero "aparcado" y de capital ficticio. A nivel del conjunto de la sociedad era, y aún es, sobre todo el endeudamiento estatal el que hacía de parachoques. De él dependen grandes cantidades de puestos de trabajo de los sectores secundarios; desde el servicio militar a las piscinas públicas, desde los aparatos administrativos a la enseñanza, desde la construcción de carreteras a la recogida de basura. Y todos estos ocupados compran bienes y servicios. Pero también el creciente endeudamiento privado en un primer momento produce poder adquisitivo. En cambio, quien tenga ahorros, empieza a gastarlos (y ahora por el "Hartz IV" [1] muchos incluso se ven obligados a ello). Finalmente, la generación del milagro económico se va muriendo poco a poco y deja herencias que de ahora en adelante también serán gastadas. Todos estos factores prolongan la capacidad capitalista de consumo más allá de la base real de creación de valor y dan origen a la ilusión óptica de que podría haber un capitalismo de circulación y de servicios sin trabajo industrial de masas. Pero la vida de segunda mano no puede durar eternamente. El endeudamiento estatal choca contra sus límites, igual que el privado. Tarde o temprano los ahorros se habrán gastado y las herencias se habrán agotado. Ahora ya la crisis empieza a alcanzar imparablemente las infraestructuras, la circulación y los servicios. Tanto las oficinas de correo como los teatros, así como guarniciones militares federales y talleres para discapacitados, trenes de cercanías como centros de terapia serán eliminados. Los bancos cierran sucursales y liquidan ramas enteras de negocios. Ya desde hace años el comercio al por menor está en decadencia. En este sentido la crisis aguda en Karstadt/Quelle[2] es una señal de alarma. Ya ha empezado la liquidación de bares de copas, igual que la de periódicos; hasta el turismo está en vuelo descendente. Los alemanes, campeones mundiales en compra de muebles, flaquean hasta en este sector: desde el comienzo de la presente década, un 10% de las empresas tuvieron que cerrar; sólo en 2003 el volumen global de ventas cayó un 12%, mientras, en competencia eliminatoria, surgen cada vez más nuevas superficies comerciales gigantescas. Junto con el espejismo de la sociedad de servicios se desvanece también la mezquina opción para grandes sectores de salarios de miseria. Todavía habrá alguna que otra "última comida del condenado a muerte" en forma de consumo endeudado, subvencionado o sacado de las reservas; pero en un futuro próximo expirarán las sobrecapacidades, estimadas en más del 50% en algunos sectores secundarios y terciarios. Ya Comenzó la reacción en cadena, la segunda oleada de la crisis está en movimiento. Original alemán DIE ZWEITE KRISENWELLE publicado en Neues Deutschland, 26.11.2004 Traducción al portugués: B.A. Traducción al español: Reinhart Pablo Esch

——————————————————————————– Notas del traductor: 1. Bajo este nombre se esconde un paquete de medidas de drásticos recortes sociales, recientemente aprobado por el parlamento alemán. 2. Cadena de grandes almacenes, más o menos comparable con El Corte Inglés; hace poco entró en una crisis aguda de liquidez.

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La descomposición

“Todas las tradiciones están gastadas, todas

las creencias anuladas, y no despunta una nueva

conciencia en las masas; es lo que yo llamo la descomposición,

es el momento mas atroz en la existencia de las sociedades”

Pierre-Joseph Proudhon

 

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