El último brahmán (esto no es una reseña)

Òscar Pujol Riembau

The Last Brahmin: Life and Reflections of a Modern-day Sanskrit Pandit / Rani Siva Sankara Sarma, D. Venkat Rao( Tr.). New Delhi: Permanent Black/Orient BlackSwan, 2012

 

El último brahmán (The last brahmin) es el título de un libro sorprendente en el que se vierten las reflexiones de un pandit moderno del sur de la India, concretamente de la zona de Palanadu en Andhra Pradesh. El libro es un recuento heterodoxo de la ortodoxia brahmánica. El pandit o el erudito brahmán, que dedica largas horas al estudio y a la recitación de los textos sánscritos, es un personaje paradigmático del universo indio que tiene a su cargo no sólo la producción de conocimiento, sino la transmisión del mismo a un linaje de discípulos, así como la participación en debates académicos donde pueda hacer gala de toda su erudición. El pandit ha de llevar una vida austera y no puede vender sus conocimientos a cambio de dinero, pues eso le convertiría automáticamente en un comerciante. A pesar de ello el brahmán a menudo era propietario de tierras y disfrutaba de una considerable riqueza, como es el caso de nuestro protagonista, aunque abundan también especialmente en las zonas rurales los brahmanes empobrecidos. En todo caso, la figura del pandit entregado austeramente a sus estudios era todavía bastante conspicua en la India de los años setenta y ochenta.

A la paulatina desaparición de esta figura va dedicado este libro iconoclasta escrito por el hijo menor del último brahmán, Rani Siva Sankara Sarma. Sarma, un maestro de escuela, narra la historia de su padre Rani Narasimha Shastry que representa aquí simbólicamente la figura del último brahmán, depositario de una de las tradiciones más antigua del hinduismo, la de los brahmanes védicos y drávidas de Perurú. El último brahmán se aferra a un estilo de vida austero, dedicado al estudio y a la recitación; acérrimo defensor del sistema de castas desconfía por naturaleza de los aparatos modernos y aunque tiene dinero se niega incluso a comprar una radio para su esposa. Estamos ante un tipo de brahmanes que no sólo ni fuman ni beben, sino que consideran un hábito nocivo la costumbre de tomar una taza té. La madre toma té en secreto y cuando el marido se entera estalla encolerizado.

La narración del hijo no se realiza desde la veneración tradicional, sino desde la ruptura colérica y reivindicativa de la modernidad: “Soy un ideólogo que cree en la erradicación del sistema de castas y un ateo de corazón. Yo soy aquel que ha declarado una permanente hostilidad a la cultura de mi padre”. Lo que más recuerda de su padre no es su maravillosa erudición, sino que pegaba a su madre. Al igual que lo que más recuerda de su hermano mayor no es su gran capacidad oratoria y su aurea de gurú, sino su desprecio por los ignorantes. Sin embargo, el autor no adopta solamente una visión unilateral, lo que hace que el libro sea aún más fascinante, ya que el disgusto explícito por la tradición se vuelve difuso al teñirse simultáneamente de una apreciación oculta y ambigua por un mundo en extinción; un mundo, que, a pesar de sus injusticias y limitaciones, era ajeno al proselitismo religioso y a la codicia del mercado. Así, en cierto momento, el autor llega a ver en la figura de su padre a un rebelde escondido bajo las normas del brahmanismo védico, mucho más radical que los reformadores actuales.

Rani Narasimha Shastry, el último brahmán, tiene ochenta años y se encuentra gravemente enfermo. Para los brahmanes ortodoxos las exequias o ritos funerarios son de una gran importancia. Sin embargo, ninguno de los dos hijos puede realizar las honras fúnebres. El hijo mayor se ha convertido al hinduismo y por lo tanto ha degenerado y no tiene la pureza ritual necesaria. El hijo menor, como hemos visto, es un ateo confeso que aspira a destruir el universo cultural del padre. Sin embargo, él, el ateo, es el único testigo de la decadencia irremisible de una cultura antigua. El hermano mayor, convertido al hinduismo moderno, tiene un gran éxito como gurú y predica una religión más racional e igualitaria. Ocupado en su carrera religiosa el hijo mayor ha abandonado la casa paterna. Sin embargo, el autor, que se considera a sí mismo un inútil, ejerce de maestro de escuela y permanece todavía en el hogar familiar.

Se nos revela entonces la existencia de una fractura en lo que hoy llamamos hinduismo. ¿Los brahmanes son hindúes?, se pregunta repetidas veces el autor del libro. Para el padre la respuesta es clarísima: no. Esta pregunta, que puede causar perplejidad tanto al extranjero como al indio, refleja en realidad un hecho histórico. El concepto de “hindú” nace con el establecimiento de los musulmanes en la India, que utilizaron la palabra persa hindu para distinguir a los indios musulmanes de los indios no musulmanes. Posteriormente con la llegada de los misioneros y de los administradores ingleses, la palabra hindu se utiliza para distinguir no sólo a los indios musulmanes, sino también a los cristianos, a los budistas, a los jainistas, a los sikhs…

Antes, pues, de la llegada de los musulmanes existía en la India un conjunto de prácticas religiosas distintas entre sí que no se designaban con el nombre de hinduismo, pero que pertenecían a un mismo espacio civilizacional. Muchas de estas doctrinas reclamaban un origen común en su adherencia formal a los vedas. Otras, como el budismo y el jainismo, se desmarcaban de cualquier posible relación con los vedas, aunque es evidente que se desarrollaron en un contexto cultural influenciado por la literatura védica. Por este motivo, los brahmanes ortodoxos que aparecen en el libro no se consideran a sí mismos hindúes y arguyen que la palabra hindu o hinduismo no aparece en las escrituras, sino que refleja un fenómeno moderno posterior a su dharma eterno.

En todo caso, la llegada primero de los musulmanes y después de los occidentales exacerbó el sentimiento de unidad y contribuyó a la formación del hinduismo moderno como una religión compacta, a la par con el islam y el cristianismo, y que al mismo tiempo respondía a las críticas de los misioneros y de los administradores coloniales. La élite bengalí jugó un papel primordial en la formación de este hinduismo reformado que crítica el sistema de castas y que adapta muchas de las enseñanzas antiguas a las exigencias de la modernidad. Este es la forma más conocida de hinduismo y está representada por grandes maestros como Ramakrishna, Vivekananda y Sarvapalli Radhakrishnan. Muchos académicos lo bautizan con el nombre de neohinduismo para distinguirlo del hinduismo anterior no reformado, encarnado aquí por el último brahmán. En este sentido los brahmanes ortodoxos que aparecen en el libro serían más radicales y reservarían la palabra hinduismo sólo para este hinduismo moderno.

Anterior a este hinduismo moderno sólo existía para ellos el dharma antiguo y eterno, el dharma védico centrado en el ritual y el estudio de los textos védicos y no en la devoción a un Dios personal o en el ascetismo. Estos brahmanes védicos no visitaban los templos ni seguían ninguna vía devocional o de renuncia del mundo. Sus prácticas tenían lugar en la misma casa, no en el templo, y giraban en torno a los rituales domésticos, especialmente al amanecer y al anochecer, en los ritos a los antepasados, en el mantenimiento de los fuegos sagrados y en el estudio, la recitación y la enseñanza. Los más radicales de entre ellos, como nos dice el libro, consideran incluso que las instituciones monásticas hindúes son en realidad de origen budista y que el mismo Shankaracharya estableció las órdenes de renunciantes por influencia budista. Posteriormente muchos brahmanes del antiguo orden aceptaron la reforma de Shankara que constituye hoy en día la columna vertebral del hinduismo.

El último brahmán, a pesar de que es un libro decididamente mal escrito como indica su traductor en la Introducción, ofrece una lectura apasionante al abrirnos las puertas de un mundo antiguo y poco conocido que ofrece una imagen muy distinta del hinduismo actual y que nos muestra una vez más toda la complejidad de los fenómenos religiosos de la India.

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