¿Perder pasada? No se puede

Rossana Rossanda

Manifesto, 2 de  febrero 09

Escribía Gabriele Polo[1], en su editorial de la semana pasada: “Dado que tanto se habla de reconstrucción desde abajo, de vínculos con el territorio, de echarle la culpa al centro… entonces quizá –en relación con las elecciones europeas-  mejor dejarlas pasar y centrarse en la política “desde abajo”. Sería incluso una protesta clara contra la reducción de la actividad pública a interés privado”. Quien ha participado en el debate en nuestras páginas se ha manifestado, generalmente contrario a esta hipótesis y se ha pronunciado, al contrario, -y a menudo “a toda costa”- en pro de alguna versión de lista común de la izquierda. Continuamos en consecuencia el debate publicando la intervención de Rossana Rossanda -contraria a cualquier forma de abstención, al “ perder pasada” de las elecciones europeas – propuesto en el “manifiesto” del domingo:

 

La dirección del manifiesto propone una no presentación de las izquierdas en las elecciones del parlamento europeo. No estoy de acuerdo.¿ Cómo podemos permitirnos  negar  la posibilidad de expresarse a toda una franja de sociedad que no se siente representada por el PD? Es una franja que asciende,  a pesar de la presencia del DS, a más del 13 por ciento, pero los pequeños partidos todavía en presencia, principalmente Refundación Comunista, se guardaron muy bien de alcanzar un acuerdo alectoral –cada cual se buscó los votos por su cuenta , y alcanzó la correspondiente mayor o menor miseria; y después de las elecciones, tras las que todavía tenían menos peso, continuaron divididos, cuanto más perdían, más se dividían, hasta quedar reducidos a los pocos millares de personas que se encuentran  alrededor de los grupúsculos dirigentes.Tras estos poco edificantes acontecimientos los citados grupos no han aprendido nada y ahora se lamentan de  que el PDL y el PD pongan un tope electoral mínimo del 4 por ciento, porcentaje que ninguno de ellos , por sí solo, está en condiciones de alcanzar y que además –para diversión del PD- no quieren alcanzar. Que reviente el  que quiera poder votar, o que vote a Veltroni o a Di Pietro, un antiguo muchacho de centro o un justicialista de derechas. Si no es para  ellos, no será para nadie. Après de moi le déluge. La oposición a la actual Europa –casi inexistente porque a parte de competir y pugnar entre sí, no sabe pensar en otra cosa, sobre la crisis- no rechista, sobre el Oriente Medio no ha hecho más que sostener a Israel en la guerra de Gaza –además ha estado representada por el PSE, es decir, por una especie de nada- .No es una casualidad que hayamos llegado a esto. Es el resultado de la convicción de todas las izquierdas e izquierdillas, y de gran parte de su exigua base “militante” de que instituciones y partidos son, idénticamente, la misma cosa. ¿No aciertan a formar un partido de una cierta consistencia? Pues la representación se la van repartir el centro y la derecha. Del más que aproximado intento de la Izquierda  Arcoiris, que debía pasar a ser, de golpe, “el” partido de la izquierda no han sabido extraer la deducción de que una cosa es dar voz , o una coalición de voces, a la inquietud crítica de la sociedad compleja y otra cosa es dar forma a un grupo anticapitalista que se propone establecer un nexo entre los conflictos existentes entre capital y trabajo, modo capitalista de producción y relaciones entre hombres y mujeres, lógica del capital y defensa del ecosistema, modo de producir e instituciones; esto es,  a las cuestiones no resueltas durante el siglo veinte, sobre las cuales somos más capaces de  hacer chistes que de hacer un análisis. Mejor perder una pasada.Como si esto fuese un baile en el que se vuelve a entrar cuando a uno le viene en gana

Sin embargo, el Parlamento es un observatorio importante para comprender el continente que nos  condiciona y el por qué de su cada vez más escaso peso en el mundo. No es que decida mucho, pero puede oponerse, saber y hacer saber. Y no es todavía una institución bilateral. Menuda ocurrencia, reducirla a tal cosa. Se me responderá: pero esos a quienes también nosotros denominamos “matojos”  no se ponen de acuerdo. Respondo. Primero,  no hay que concederles una coartada. Segundo, allí donde éstos estén ausentes o sean demasiado débiles para hacerla, podemos proponer que se forme una lista de candidatos que no sean y no ambicionen convertirse en líderes de tal o cual sigla, sino que estén dispuestos a comprometer dinero y voluntad para decir: “Sin embargo, existe una izquierda italiana”¿Acaso no conocemos muchedumbres de juristas, constitucionalistas,  economistas, lavoristas, sindicalistas, trabajadores rojos y expertos, mujeres que reflexionan sobre feminismo, ecólogos, sociólogos, científicos, etc que tendrían mucho que decir y que ningún partido escucha? ¿No hemos tenido siempre la impresión de que ahora las elecciones de los candidatos a las instituciones están rodeadas de secretismos, ocultos bajo la coartada de las primarias a la italiana? ¿DE manera que son candidatos dirigentes muy bien relacionados ,o tienen como candidato cada vez más a trepas obedientes?¿Que han hecho de las europeas una mera ocasión para medir las relaciones de fuerza internas?

No estoy proponiendo una lista de Il Manifesto, no nos corresponde a nosotros. Pero es nuestro deber hacer sonar la alarma, provocar una conmoción, movilizar y movilizar, reunir  y hacer que se reúnan las personas necesarias. Hacer todos los días la crónica de la imposibilidad no es muy interesante. Ni es lo propio, tampoco, de ese diario que toma seriamente partido, que decimos ser.

Rossana Rossanda

 

[1] Gabriele Polo es codirector del diario Il Manifesto. En consecuencia, estamos ante un debate en el seno de Il Manifesto

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