Entrevista a Mario Amorós sobre ¡No pasarán! Biografía de Dolores Ibárruri, Pasionaria

Salvador López Arnal

Mario Amorós (Alicante, 1973) es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y licenciado y doctor en Historia por la Universidad de Barcelona. Ha sido profesor invitado en la Universidad de Chile y entre sus obras destacan las biografías consagradas a Salvador Allende, Pablo Neruda y el dictador Augusto Pinochet, publicadas por Ediciones B. También Argentina contra Franco. El gran desafío a la impunidad de la dictadura (Akal, 2014), la única monografía sobre la llamada Querella Argentina. En su faceta de periodista escribe en medios de comunicación relevantes, tanto españoles como chilenos. Su último libro es ¡No pasarán! Biografía de Dolores Ibárruri, Pasionaria (Akal, 2021), en él centramos nuestra conversación.

Enhorabuena por tu nuevo libro. Mucha historia de España y del mundo, mucha historia del PCE y mucha historia republicana y del comunismo internacional en sus 607 páginas (¡que se lee como una buena novela!). ¿Por qué una nueva biografía de Dolores Ibárruri?

Es un proyecto en el que empecé a pensar hace cinco años. Para mí lo decisivo fue la posibilidad de consultar el archivo personal de Dolores Ibárruri. En 2016, contacté por primera vez con su nieta, Lola, que lo conserva en su casa de Madrid, y en 2019, después de concluir mi biografía de Pinochet, me centré en la revisión de sus más de 150 cajas y decenas de miles de páginas (discursos, artículos, correspondencia, folletos, documentación personal…). Soy el primer historiador que ha podido examinar en profundidad este acervo documental y citarlo de manera profusa. Junto con la consulta de los fondos del Archivo Histórico del PCE y de otros archivos, una amplísima bibliografía y la revisión de las colecciones de Mundo Obrero y Nuestra Bandera hasta 1978, entre otras fuentes, he logrado concluir la que espero que sea considerada como la biografía de referencia de una de las personalidades políticas más importantes de la España del siglo XX.

¿Pasionaria o la Pasionaria? ¿De dónde el nombre?

En el libro de conversaciones que Eusebio Cimorra y Andrés Carabantes publicaron en 1982, ella misma señaló que prefería Pasionaria porque la Pasionaria le parecía un nombre de folklórica. «Prefiero que me digan Pasionaria, a secas. Vamos, mejor Dolores, que me llamen Dolores…», añadió. Como es sabido, en la Semana Santa de 1918 firmó con ese seudónimo el primero de sus artículos periodísticos (titulado «La hipocresía religiosa»), que apareció en El Minero Vizcaíno, periódico del Sindicato Minero de Vizcaya, del que no se conservan ejemplares. Con este seudónimo firmó la mayor parte de sus artículos hasta 1939; desde el fin de la guerra en España jamás volvió a utilizarlo para sus escritos. Como señaló Manuel Vázquez Montalbán cuando falleció en noviembre de 1989 su seudónimo ya es un término universal para describir a aquellas mujeres que destacan en la lucha por las causas más nobles.

Hablando de Vázquez Montalbán ¿qué opinión te merece el ensayo que le dedicó, su Pasionaria y los siete enanitos?

Es un trabajo biográfico e histórico denso y profundo que nos hace añorar la pluma lúcida y el compromiso insobornable de quien tanta falta nos hace…

Además de publicaciones periódicas y de una amplísima bibliografía, has consultado dieciséis archivos, nueve bibliotecas, tres centros de documentación y dos hemerotecas. ¿Cuánto tiempo de trabajo te ha llevado la investigación y la escritura de la biografía?

Siempre trabajo con varios proyectos al mismo tiempo, aunque llega un punto en que tengo que concentrarme en la escritura y preparación final de uno solo… En los dos últimos años me he ocupado básicamente de este libro, aunque he tenido que entregar otros trabajos, entre ellos un libro sobre historia de Chile: Entre la araña y la flecha. La trama civil contra la Unidad Popular (Ediciones B-Chile, 2020).

Abres con una dedicatoria y tres citas (Hemingway, Eisenstein y Vilar). La primera de ellas, de Por quién doblan las campanas, dice así: «Si hubieras podido oírla […] Las palabras surgían de su boca irradiando una luz que no es de este mundo. Su voz tenía el acento mismo de la verdad». ¿Tan magnética y potente era Pasionaria en sus intervenciones orales?

Es indudable que su voz y el magnetismo de su figura cautivaron a varias generaciones. Cito innumerables testimonios en esta dirección. Eric Hobsbawm, por ejemplo, destacó en sus memorias el impacto que le produjo su intervención en el Velódromo de Invierno de París el 3 de septiembre de 1936. Desde aquellas semanas Dolores Ibárruri se convirtió ante la España republicana y la humanidad antifascista en el icono popular de la resistencia frente a la marea parda. Junto a sus cualidades personales, a ello contribuyó decisivamente todo el aparato de agit-prop del PCE y de la Internacional Comunista.

El haber nacido en Gallarta, en el seno de una familia minera, ¿fue esencial para su compromiso político?

Dolores Ibárruri nació en el corazón de la que durante casi un siglo fue la cuenca minera vizcaína. Vino al mundo en el momento de máximo apogeo de la explotación de las minas de hierro de los montes de Triano y Galdames, una actividad que fue esencial para la configuración de la burguesía y el capitalismo en Vizcaya y también para la aparición de un poderoso y combativo movimiento obrero vinculado a la UGT y al PSOE. Creció en un ambiente social en el que convivían la religiosidad tradicional, el peso del carlismo en el caso de su familia (su padre y sus tíos lucharon en las filas tradicionalistas en la guerra que concluyó en 1876) y las sucesivas huelgas de los mineros, con sucesos tan significativos como el despliegue del Ejército en la zona en la de 1903.

Fue una joven que asistió a la escuela hasta los 15 años. Llegó incluso a preparar el ingreso en la Escuela Normal Superior de Maestras de Vizcaya, aunque finalmente aquella vocación tan temprana se vio frustrada y asistió durante dos años a un taller de costura. Entre 1913 y 1915 trabajó como sirvienta, hasta que en febrero de 1916 contrajo matrimonio con un minero socialista, Julián Ruiz…

Citas unas palabras de Teresa Pàmies: «Sin Julián Ruiz probablemente no habría existido Pasionaria». Una afirmación, añades, que Ibárruri admitió como cierta en 1984. ¿Por qué fue tan importante su relación y matrimonio con ese minero socialista que, según cuentas, disgustó profundamente a su familia?

Se casaron en la iglesia de Gallarta el 19 de febrero de 1916 e incluso bautizaron a su primogénita, Esther, que nació en diciembre de aquel año. Sin embargo, de la mano de Julián Ruiz, abandonó la religiosidad que había abrazado con intensidad durante su infancia (perteneció al Apostolado de la Oración) y empezó a frecuentar la Casa del Pueblo e inició la lectura de los libros disponibles en su biblioteca, como el Manifiesto Comunista. La huelga revolucionaria de agosto de 1917 y el impacto de la Revolución rusa marcaron su futuro político. Por una parte, ingresó en el PSOE a fines de 1917 y desde 1920, con Julián Ruiz y sus compañeros de la Agrupación Socialista de Somorrostro, participó desde Vizcaya en la fundación del Partido Comunista de España, que se concretó el 14 de noviembre de 1921, hace justamente un siglo.

«Una maternidad trágica» es el título del segundo capítulo. ¿Nos explicas brevemente la tragedia? Haciendo un salto en el tiempo ¿qué significó para Ibárruri la muerte de Rubén el 3 de septiembre de 1942 en Stalingrado, a los 22 años?

Entre 1916 y 1928, perdió a cuatro de los seis hijos que alumbró: Esther, Amagoya, Azucena y Eva. Solo Amaya, quien falleció hace tres años y dejó unas memorias inéditas que he podido consultar y citar, y Rubén llegaron a la edad adulta. Esa «maternidad trágica» fue una de las claves de su discurso político, en el que siempre destacó, principalmente en los momentos más dramáticos (la guerra civil, la Segunda Guerra Mundial), su apelación a «las madres».

Desde luego, para ella seguramente la muerte heroica de Rubén en los primeros combates de la defensa de Stalingrado fue la gran herida de su vida. Como he comprobado en su archivo personal, siempre mantuvo correspondencia, hasta el fin de sus días, en relación con la memoria de su hijo. Y en algunas ocasiones, como durante su visita a Cuba en diciembre de 1963, le recordó públicamente como un orgulloso oficial del Ejército Rojo.

¿Desde cuándo empezó Pasionaria a sonar con fuerza y a ser reconocida en el PCE? ¿No fue extraño que una mujer como ella destacara en una organización con amplia mayoría de hombres?

Dolores Ibárruri tomó la palabra por primera vez en los mítines del PCE en Vizcaya en la campaña de las decisivas elecciones municipales de abril de 1931 y en el Primero de Mayo de aquel año. Fue candidata a las Cortes Constituyentes en junio y se trasladó a Madrid, para trabajar en la redacción de Mundo Obrero, el 30 de septiembre de aquel año. En 1932 era la encargada de la Secretaría Femenina del partido y miembro de su Buró Político. Su nombre ya aparecía con frecuencia en la prensa comunista y firmaba artículos con cierta regularidad. A principios de 1936, tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero, era una figura política de talla nacional. Como el resto de partidos y centrales sindicales, la dirección del PCE estaba formada por hombres de manera casi exclusiva, pero desde luego supieron aprovechar las cualidades de Pasionaria.

¿Tuvo Pasionaria preocupaciones feministas? De ella son estas palabras que citas de marzo de 1936: «Discrepo en absoluto de aquellos que sostienen el criterio de que la mujer no merece el reconocimiento de sus derechos políticos. Los que atribuyen a la mujer el resultado de las elecciones de noviembre del 33 están equivocados… Ello se ha confirmado en las elecciones últimas, en las cuales la contribución femenina ha sido decisiva y se ha acentuado la rebeldía en la conciencia femenina»…

Aunque desde una posición ortodoxa jamás se definió como feminista, puesto que para ella la definición de comunista era ya suficiente para cubrir todos los frentes de lucha, sí lo fue. Entre 1931 y julio de 1936 publicó varios artículos en los que defendió de manera ardiente la igualdad de derechos entre hombres y mujeres e incidió en sus discursos en la importancia de la incorporación de las mujeres a la lucha revolucionaria. Su papel como presidenta del Comité Nacional de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, que convocó no solo a las comunistas, sino también a militantes de partidos republicanos y algunas socialistas, prefiguró el viraje unitario de la estrategia del PCE a partir de 1935. En la guerra de España, la Agrupación de Mujeres Antifascistas, que ella presidía, jugó un papel importante en la retaguardia. En 1945, participó en la fundación de la Federación Democrática Internacional de Mujeres, de la que fue vicepresidenta.

¿Amenazó de muerte a José Calvo Sotelo en las Cortes? Se sigue afirmando que sí lo hizo…

La legislatura se abrió el 16 de marzo de 1936 y en los cuatro meses de actividad parlamentaria hasta la sublevación militar Dolores Ibárruri demostró una capacidad innata para la «esgrima parlamentaria». Así lo demostró la tarde del 16 de junio de 1936, cuando le correspondió rebatir las palabras del líder de la CEDA, José María Gil Robles, en aquella sesión tan recordada (y manipulada) de las Cortes. Fue aplaudida por todo el arco del Frente Popular y al día siguiente El Socialista destacó la calidad de una intervención que denunció la conspiración de las derechas. Ni la prensa conservadora de entonces, ni el Diario de Sesiones recogieron sus supuestas amenazas de muerte a José Calvo Sotelo, amenazas que incluso el biógrafo del líder monárquico ha negado, amenazas que no existieron, pero que aún hoy la extrema derecha inventa.

Su intervención radiofónica con el «No pasarán», ¿fue uno de esos discursos que transforman la historia?

A los diez minutos del 19 de julio de 1936, en aquella medianoche de verano en un Madrid que ardía en rumores acerca de lo que realmente estaba sucediendo tras el golpe de Estado que estalló la tarde del 17 de julio en el Protectorado de Marruecos, Dolores Ibárruri se situó, de pie, ante los micrófonos de Unión Radio, instalados en las dependencias del Ministerio de la Gobernación, en la Puerta del Sol. Había sido designada por la dirección del PCE para leer ante la emisora de radio más importante de la capital el llamamiento del partido en defensa de la República.

En aquellas horas cruciales para la suerte de la democracia en España, ni los principales dirigentes socialistas (como Francisco Largo Caballero o Indalecio Prieto), ni el presidente Manuel Azaña, quien en aquellas horas encargó la formación de gobierno a Diego Martínez Barrio, entendieron la trascendencia de dirigirse al país.

Aquel llamamiento del PCE leído por Pasionaria fue publicado al día siguiente por la prensa republicana y de izquierdas (al igual que otras declaraciones oficiales de los partidos del Frente Popular y las centrales sindicales) y popularizó una consigna, «No pasarán» (utilizada por la propaganda comunista desde 1934), que se extendió durante las semanas siguientes y galvanizó la voluntad de resistencia del pueblo republicano. Es uno de los grandes discursos políticos del siglo XX.

¿Pronunció realmente el famoso discurso de despedida de las Brigadas Internacionales en la Diagonal de Barcelona? Así se ha dicho durante décadas…

Para mí fue una gran sorpresa constatar que el bellísimo texto de Dolores Ibárruri de despedida de las Brigadas Internacionales, en el otoño de 1938, no fue un discurso pronunciado en el desfile del 28 de octubre de aquel año en la Avenida 14 de Abril de Barcelona (la Diagonal), puesto que en aquel acto, en el que estuvieron presentes Azaña y Negrín entre otras muchas personalidades, no hubo discurso alguno… La prensa del día siguiente (La Vanguardia, El Socialista y los diarios comunistas Frente Rojo y Mundo Obrero) no deja espacio a la duda.

¿Entonces?

En realidad, aquel texto fue escrito a los pocos días del anuncio de la retirada de los brigadistas por parte de Negrín ante la Sociedad de Naciones y su publicación, en Barcelona en un documento en español, francés e inglés, tiene fecha de septiembre de 1938. Este mismo folleto lo editó el Partido Comunista Francés a fines de aquel mismo año y en marzo de 1939 incluyó el texto en una de sus revistas. No ha sido nada fácil aclarar este episodio, pero creo que lo fundamento con solvencia en las seis páginas del libro que le he dedicado.

¿Qué pudo significar para Pasionaria la derrota republicana?

Como han explicado Ángel Viñas o Paul Preston, la II República tuvo la peor de las derrotas, la más amarga: el golpe de Estado del 5 de marzo de 1939 fue una verdadera puñalada por la espalda que, junto con la huida de la flota desde el puerto de Cartagena, desbarató los planes de evacuación de miles de combatientes y cuadros políticos republicanos previstos por Negrín. Como ha examinado Fernando Hernández Sánchez, la dirección del PCE se vio sorprendida y enfrentó el fin de la guerra sin ninguna preparación para la nueva etapa que venía.

Dolores Ibárruri partió al exilio desde el aeródromo de Monóvar (Alicante) en la mañana del 6 de marzo de 1939. En abril de 1939 llegó a la Unión Soviética y en Moscú le sorprendió el pacto germano-soviético y el estallido de la II Guerra Mundial. A pesar de la amargura de la derrota, hay que destacar la voluntad del PCE de no ser un partido de personalidades en el exilio, sino de continuar la lucha en condiciones muy difíciles en el interior de España, a un coste humano elevadísimo.

¿Qué relaciones mantuvo con Stalin?

Desde diciembre de 1933 hasta la celebración del 70º cumpleaños de Stalin en el teatro Bolshoi en 1949 (ocasión en que le remitió una carta inédita que reproduzco y se conserva en el Archivo Nacional de Cataluña) se encontraron en varias ocasiones. Por ejemplo, en febrero de 1945 (días después de la Conferencia de Yalta) Dolores Ibárruri se despidió de él antes de emprender un largo viaje a la Francia liberada. Seguramente, el encuentro más trascendente fue aquel de agosto de 1948 en el Kremlin, cuando Stalin, Mólotov y Súslov recibieron a la secretaria general del PCE, a Santiago Carrillo y Francisco Antón y el propio Stalin les recomendó (en los inicios de la Guerra Fría) «paciencia». Aquella reunión fue el punto de partida del viraje de la estrategia del PCE que llevó en el plazo de algunos años al abandono de la lucha guerrillera y la opción por el entrismo en los sindicatos verticales.

¿Fue Francisco Antón el amor de su vida? ¿Por qué fue tan criticada la relación que mantuvieron?

He podido consultar la ficha autobiográfica que Antón redactó para la Internacional Comunista en 1940, a su llegada a Moscú tras su liberación del campo de concentración de Vernet d’Ariège. Antón era casi catorce años más joven que Dolores Ibárruri, militaba en el PCE desde julio de 1931 cuando era empleado administrativo en la compañía de Ferrocarriles del Norte. Inició una escalada notable dentro de la estructura del PCE hasta que en abril de 1936 fue elegido secretario político del Comité Provincial de Madrid. A principios de 1937, cuando era miembro del Comité Central, mantenía ya una relación de pareja con Dolores Ibárruri que, según Irene Falcón y Carrillo, se prolongó hasta 1943 y, según Gregorio Morán, algunos años más.

Pasionaria seguía casada legalmente con Julián Ruiz, aunque la vida conyugal terminó en septiembre de 1931 con su traslado a Madrid. Si aquella relación de amor, que fue conocida más allá del núcleo dirigente del PCE, hubiera trascendido a la opinión pública hubiera sido motivo de escándalo en una sociedad moralista y conservadora, a pesar de los avances que se habían producido con la II República. Recordemos los ataques que sufrió Margarita Nelken por hacer uso de su libertad también en este terreno, muy bien descritos por Preston en el excelente perfil biográfico que trazó de ella en Palomas de guerra.

Entre 1951 y 1953, Antón sufrió un proceso de depuración característico del estalinismo, tras el que fue apartado de la dirección y enviado a trabajar a una fábrica en Polonia. La documentación se conserva en el Archivo Histórico del PCE y, desde luego, Dolores Ibárruri desplegó una gran dureza en sus críticas.

¿Desde cuándo fue la secretaria general del PCE? No recuerdo muchas mujeres que hayan dirigido partidos comunistas…

Después del suicidio de José Díaz en Tiflis (Georgia) en marzo de 1942, con la dirección del partido repartida principalmente por una URSS que sufría la embestida nazi y México, no se resolvió formalmente la sucesión al frente del PCE. La depuración de Jesús Hernández en 1944 despejó cualquier incógnita que pudiera haber y, con el apoyo soviético, Dolores Ibárruri se convirtió en la secretaria general. La primera noticia en prensa que lo indica apareció en L’Humanité el 28 de octubre de 1944. Fue la primera o una de las primeras mujeres en encabezar la dirección de un partido. En el caso de los partidos comunistas son contados los casos: Marina Arismendi en Uruguay (1992-2006) o Gladys Marín en Chile (1993-2005) me vienen a la cabeza.

¿Fue una estalinista convencida? ¿Cómo reaccionó cuando el informe Jrushchov destapó los crímenes del estalinismo?

Como todos los dirigentes de los partidos que fueron secciones nacionales de la Internacional Comunista, rindió un culto casi religioso a la figura de Stalin. En marzo de 1956 fue la primera dirigente del PCE que conoció el contenido del «informe secreto» que Jrushchov presentó ante el XX Congreso del PCUS. En su caso destaco que, a partir de entonces, jamás volvió a citar a Stalin en sus discursos. Y fue en septiembre de 1968, en la reunión del Comité Central del PCE que valoró la posición adoptada ante la invasión de Checoslovaquia, cuando hizo la reflexión más lúcida: «Vosotros recordáis la impresión que nos produjo el XX Congreso de la Unión Soviética. Tengo que deciros que es verdad que hubo algunos camaradas que lo consideraban todo a beneficio de inventario y no les parecía que eso tenía ninguna importancia. Pero el día que recibí el informe donde se planteaba el problema del culto a la personalidad y de lo que eso había significado, para mí fue –como dicen las mujeres en nuestro país– caérseme los palos del sombrajo. La fe, la confianza, la ilusión, la emoción que sentía por Stalin, que sentía por todo lo que representaba la obra que se había realizado, para mí fue como si me hubieran dejado vacía…»

Por cierto, el XX Congreso del PCUS, con su crítica al «culto a la personalidad», puso fin a esta práctica dentro del PCE, que se había centrado en José Díaz y de manera especialmente exagerada en ella, principalmente con motivo de sus cumpleaños.

¿Por qué dejó de ser secretaria general del Partido?

Precisamente en 1956 se produjo el ascenso de Carrillo a la secretaría de Organización y la marginación de Vicente Uribe. Desde París, Carrillo y su equipo dirigían la actividad clandestina en España, mientras que Dolores Ibárruri vivía en Moscú, tras unos años en Bucarest y un breve periodo en la capital francesa, y por primera vez podía disfrutar de la vida familiar junto a su hija Amaya y sus tres nietos, Rubén, Fiódor y Lola. La imposibilidad de permanecer en Francia terminó por imponer el relevo en la secretaría general, que se concretó en el marco del VI Congreso del PCE, celebrado en diciembre de 1959 en Praga. Carrillo asumió el timón político y ella ejerció un papel de representación internacional y mantuvo su rol simbólico ante una militancia repartida por tres continentes y que en España luchaba en condiciones muy difíciles.

Se ha afirmado que su intervención en la crisis Claudín-Semprún fue una demostración de su cerrazón política, de su antiintelectualismo, de su falta de finezza política y de su lejanía de la situación real de España en aquellos años. ¿Son justas esas apreciaciones?

He revisado especialmente las actas de aquella reunión del Comité Ejecutivo celebrada en un castillo checo a fines de marzo y principios de abril de 1964. Las intervenciones de Dolores Ibárruri de réplica a Fernando Claudín (el gran antagonista del momento, mucho más que Jorge Semprún) son muy interesantes, entre otras razones porque ofreció una síntesis de la evolución histórica del PCE desde su fundación. El tema de fondo era la discusión sobre cómo sería la salida de la dictadura franquista y, en función de estas previsiones, cuál debía ser el programa y la estrategia del PCE. Seguramente fue el debate interno más interesante de la dirección comunista en el exilio. Creo que tanto las posiciones que sostenían Carrillo, Pasionaria y el resto de dirigentes del Comité Ejecutivo como las que argumentaron Claudín y Semprún tenían razones de peso a su lado. Y, como sabemos, la Transición se ajustó más al análisis que entonces plantearon estos últimos. Hay desde luego «perlas» en las palabras de Dolores Ibárruri para sustentar las críticas que señalas (con la mítica frase de «intelectuales cabeza de chorlito» en primer lugar), pero, si las leemos en su contexto, yo no las asumiría, ya que también hizo un elogio de las aportaciones al PCE y a la lucha de una gran cantidad de intelectuales, profesionales y artistas.

¿Apoyó la posición (moderadamente) crítica del Partido, el «no aprobamos», ante la invasión de Checoslovaquia por tropas de cinco países del Pacto de Varsovia? ¿Fue dura para ella esa posición teniendo en cuenta sus largos años de vida en la URSS?

Desde mi punto de vista, la posición de la dirección del PCE ante el aplastamiento de la Primavera de Praga, con su presidenta viviendo en Moscú y disfrutando de los privilegios de la élite política del país, fue firme y contundente. Para Dolores Ibárruri, desde luego, fue desgarrador, como confesó en la reunión del Comité Central de septiembre de 1968, pero la asumió con firmeza desde el primer momento. Ahora bien, aquí hay una diferencia importante: para ella fue un desacuerdo puntual entre el PCE y los dirigentes soviéticos; en cambio, para Carrillo y su equipo fue el punto de partida de un proceso de varios años que desembocaría en las tesis eurocomunistas, que Dolores Ibárruri no apoyó abiertamente, aunque tampoco cuestionó; sí respaldó, en cambio, la supresión del leninismo en la definición ideológica del PCE en su IX Congreso.

En 1977, cuando los soviéticos dieron una dura réplica al libro Eurocomunismo y Estado de Carrillo, Dolores Ibárruri guardó silencio y permaneció al margen de la polémica.

¿Y cómo cabe interpretar ese silencio?

Entramos en el territorio de la especulación… Posiblemente, para ella el enfrentamiento de Carrillo con los dirigentes soviéticos había llegado demasiado lejos. Pero, por su sentido de lealtad al Partido y a su dirección, no podía expresar un punto de vista diferente al que esta exponía.

¿Qué significó para Pasionaria la vuelta a España?

Regresar a una España democrática fue el anhelo más íntimo de su última etapa en el exilio, que se convirtió en un sentimiento de angustia cuando, tras la muerte del dictador, dicho retorno no se concretaba. A esa extrema derecha que intenta apropiarse de palabras como «España» o «patria» les recomiendo que lean algunos de los discursos en el destierro de Dolores Ibárruri, quien sentía profundamente sus raíces vascas y españolas, con «el recuerdo de España grabado en el alma», como dijo en Montreuil en junio de 1971. Por fin, pudo volver aquel 13 de mayo de 1977, a tiempo para participar en la campaña electoral y ser elegida por Asturias. De los 473 diputados de las Cortes de la II República fue la única de todos ellos que volvió a sentarse en el hemiciclo.

¿Fue difícil para ella apoyar la aceptación de la monarquía juancarlista y la bandera bicolor? ¿Apoyó la política del Partido durante los años de transición?

Como sabemos, fue Santiago Carrillo quien negoció con Adolfo Suárez los acuerdos y transacciones de la Transición. Dolores Ibárruri jamás los cuestionó; su papel era ya eminentemente simbólico y en los mítines que protagonizó en Bilbao y Asturias en mayo y junio de 1977 sus discursos no duraron siquiera diez minutos. Ella, que era la secretaria general cuando en junio de 1956 el PCE lanzó su Política de Reconciliación Nacional, valoró esencialmente la recuperación de la democracia y de las libertades.

Citas unas palabras de Manuel Tuñón de Lara: «Dolores es, para mí, una cumbre en la historia de España.» ¿Lo ha sido? ¿Ves algún hilo de continuidad entre Pasionaria y Anguita?

Para varias generaciones, Dolores Ibárruri representó la historia del PCE. Fue también, seguramente, la mujer que simbolizó a escala universal la militancia comunista en el siglo XX. Su figura sobrevivió a la durísima crisis del PCE en los años 80, aunque creo que entre las generaciones más jóvenes es bastante desconocida. Es cierto que le correspondió vivir en una época muy difícil, pero creo que prevalece (y lo extiendo al conjunto del PCE) su aportación al Frente Popular y la defensa de la República en la guerra, la contribución a la derrota del nazi-fascismo en la Segunda Guerra Mundial y el largo combate contra la dictadura franquista y por la reconquista de la libertad. La historia de España en el último siglo no puede explicarse sin hacer referencia al PCE y a Dolores Ibárruri.

En el caso de Julio Anguita, fue el maestro que nos educó políticamente a los jóvenes comunistas y militantes de IU en los años 90. Su ejemplo de honradez y austeridad son unánimemente reconocidos. Dolores y Julio forman parte de lo mejor de la historia de España y del movimiento comunista.

Gracias, muchas gracias. ¿Quieres añadir algo más?

Me gustaría dejar constancia de la importancia que diversos libros publicados por El Viejo Topo han tenido en la bibliografía manejada para construir esta biografía.

Fuente: El Viejo Topo, noviembre de 2021.

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