Kazajistán, una derrota significativa de Occidente en Asia Central

Alberto Cruz

Un país del que poco se habla, Kazajistán, ha sido quien ha comenzado el año a lo grande. Una serie de manifestaciones, inicialmente en protesta por el alza del precio del combustible, terminó convirtiéndose en una lucha entre clanes oligárquicos y en una derrota de las aspiraciones de occidente por lograr un nuevo asentamiento después del fiasco de Afganistán.

Transcurrido casi un mes desde ello, hay que comenzar por un principio que conviene tener en cuenta a la hora de hablar de cualquiera de los países de la ex URSS en Asia Central terminados en «stán» (Uzbekistán, Tayikistán, Turkmenistán, Kirguistán y el propio Kazajistán) y que se resume en seis ejes que se repiten en cualquiera de ellos: 1) Adquieren un papel relevante a nivel geopolítico pasa Occidente tras la retirada de Afganistán porque se han quedado sin un lugar para ubicar sus tropas. 2) En todos ellos hay tensiones recurrentes por motivos étnicos y/o religiosos en los que, en ocasiones, la minoría rusa juega un papel de mayor o menor importancia. 3) En todos ellos hay importantes clanes oligárquicos, casi siempre vinculados a clanes étnicos y/o religiosos diferentes. 4) Dado que estos clanes se han enriquecido hasta extremos insultantes tras la privatización a gran escala practicada tras la desaparición de la URSS, hay una gran desigualdad social que genera periódicas tensiones económicas y sociales. 5) Por el hecho de estar donde están ubicados, han practicado con mayor o menor intensidad la política «multivectorial» o, lo que es lo mismo, han intentado un equilibrio entre sus alianzas con Occidente y con Oriente, con Rusia fundamentalmente en este caso. 6) Tienen un pasado común dentro del imperio otomano hasta la aparición de la URSS y, después, la penetración de Turquía en ellos supone un intento de reconstrucción de lo que el panturquismo denomina «el Gran Turán».

Así que, por orden.

El papel de Gran Bretaña

Tras la retirada occidental en Afganistán hubo un país que se encontró, literalmente, con el culo al aire: no sabía dónde colocar a los 4.000 soldados que tenía en ese país. Mientras que EEUU trasladó los suyos a sus bases en los países del Golfo Pérsico y sus vasallos europeos (porque lo son) retiraron a los suyos hacia sus países dado que eran unos pocos centenares, el Reino Unido de la Gran Bretaña, en plena efervescencia neocolonialista tras el Brexit, no quiso hacer lo mismo aunque finalmente no le quedó otro remedio. Pero quiso remediarlo y volver a la zona. El único país de Asia Central donde tiene grandes intereses es Kazajistán.

Para ello, utilizó su nueva estrategia de seguridad nacional aprobada en marzo de 2021 que rompe con lo que hasta entonces había sido la política exterior británica porque, a partir de ese momento, dos países pasaron a convertirse, de forma oficial, en sus enemigos: Rusia y China. Por este orden. Rusia es considerada desde entonces «la principal amenaza para la seguridad británica» mientras que China es «un desafío sistémico». El documento en cuestión se llama «Gran Bretaña en la era de la competencia. Revisión integrada de seguridad, defensa, desarrollo y política exterior». Pero lo interesante es que se recoge un significativo aumento del presupuesto para las «operaciones especiales» de sus fuerzas armadas que pueden operar en cualquier lugar del mundo. No debería ser un secreto que los británicos están en Ucrania, casi compitiendo con EEUU por ver quién arma más y mejor a los nazis de allá, y que han sido los más rápidos en apoyar a Polonia en la crisis de los refugiados con Bielorrusia.

Lo que sí es un secreto, o al menos muy poco conocido, es que Gran Bretaña tiene grandes intereses económicos en Kazajistán (más que EEUU) como, por ejemplo, el uranio. Kazajistán el el país que más uranio exporta del mundo. Son 13 las empresas que lo extraen y de ellas solo dos son kazajas. El resto son extranjeras. Pero son dos británicas las más importantes, seguidas de otras de Canadá y EEUU. Hay muchos otros sectores donde la presencia británica es la principal, por eso el inefable Tony Blair, ex primer ministro británico, fue durante varios años asesor del ex presidente kazajo Nazarbayev.

Y es por eso que Gran Bretaña es desde hace mucho tiempo el refugio preferido de los oligarcas kazajos, perseguidos por la justicia de su país o no. Aquí es donde tienen sus principales residencias en el exterior los miembros del clan oligárquico más poderoso de Kazajistán, el del ex presidente Nazarbayev, donde desvían gran parte del dinero que logran –se dice que este clan controla el 55% de la riqueza del país– y donde viajan los oligarcas que tienen algún problema con la justicia por su latrocinio. Es el caso de Mujtar Abliazov, uno de los oligarcas más corruptos.

Este tipo es el clásico oligarca de todos y cada uno de los países del Este y de las ex repúblicas de la URSS: pasa de empresario a ministro, vuelve a ser empresario, vuelve a ser ministro, etc. Resumiendo: por la lucha de clanes, o de oligarcas, termina destituido, acusado de corrupto, abuso de poder, y condenado. Pero como era un hombre de Occidente, rápidamente Occidente salió en su apoyo y logró que menos de un año de cárcel después fuese indultado. Pero volvió a las andadas, fue de nuevo condenado aunque no arrestado porque huyó a Gran Bretaña, donde se le concedió asilo político. En virtud de tal, organizó su partido y su lobby de presión, muy activo en el Parlamento Europeo y donde, como también es habitual con todo lo que huela al Este, es bien recibido por todo el espectro político. Sobre todo, si está Rusia por medio.

Pero en Gran Bretaña también hizo de las suyas y molestó tanto a sus anfitriones que amenazaron con detenerle y retirarle el asilo. Abliazov volvió a huir, pero no muy lejos: a Francia. Rusia solicitó su extradición por delitos económicos, pero eso fue suficiente para que se le concediese la carta de asilo argumentando que era un perseguido político, ya se sabe, por el más villano de todos los villanos: Putin. Ya seguro, puso a toda vela su lobby en el Parlamento Europeo (1), organizó su partido y puso su cuartel general lo más cerca que pudo de Kazajistán: en Ucrania. No es extraño, por lo tanto, el papel que ha jugado este país en las revueltas kazajas.

Desde Ucrania, Abliazov ha ido haciendo anuncios de movilizaciones y protestas para «un cambio de régimen» que en muy contadas ocasiones han sido seguidas por la población, a pesar de haber contado con un nada despreciable apoyo: el de EEUU. Desde la página de la embajada de ese país en Kazajistán se han ido publicando todas y cada una de esas iniciativas con la excusa de que los ciudadanos estadounidenses podrían verse envueltos en ellas. La última, con todo lujo de detalles en cuanto a ciudades, lugares y horas fue el 16 de diciembre.

Ese día no ocurrió nada, pero sí quince días más tarde y casi en las mismas ciudades y lugares anunciados por la embajada. Lo interesante es que en cuanto las revueltas comenzaron esa información desapareció de la página de la embajada.

Las luchas obreras como encubrimiento de la lucha de clanes oligárquicos

Una de las ciudades más combativas del país, y donde en la práctica se iniciaron las revueltas es Janaozen. Ya en 2011 hubo movilizaciones obreras en esta ciudad, reprimidas con varios muertos, con el aumento de los salarios –sobre todo en el sector petrolero– como principal reivindicación visible.

Kazajistán tiene una interesante historia de lucha obrera y que va más allá de ese 2011, aunque es a partir de ahí cuando se multiplican y recorren todo este decenio llevando a la prohibición de sindicatos e, incluso, del Partido Comunista. Eso fue durante el mandato de Nazarbayev. Ya el año 2020 hubo huelgas en sectores industriales y petroleros, que se extendieron en el 2021 hasta las minas de oro. No obstante, la diferencia entre unas y otras es que en estas últimas hubo mucha menos represión, aunque la hubo.

Lo interesante es que estas luchas obreras siempre han sido utilizadas por los oligarcas en sus luchas internas, incluso dentro de un mismo clan. Esto es lo que ha sucedido ahora, que una reivindicación social por el alza del precio del combustible se ha convertido en una lucha entre clanes y en un pulso entre Occidente y Oriente a nivel geopolítico, con una pequeña extensión turca. Es por eso que antes decía que las reivindicaciones salariales eran las caras visibles de otras luchas menos visibles pero mucho más contundentes. Es algo, la lucha entre clanes, que se ha multiplicado por mil desde la desaparición de la URSS en todas sus ex repúblicas.

En 2011 se aprovechó esta revuelta obrera para limpiar uno de esos clanes que estaba ligado al propio Nazarbayev y que afectó, ni más ni menos, que a uno de sus yernos. Nazarbayev se lo cargó, figuradamente hablando, por corrupto aprovechando la circunstancia. Pero no le ocurrió nada de nada, entre otras cosas porque eligió salir del país e irse… a Gran Bretaña, el paraíso dorado de los oligarcas kazajos. Cuando Nazarbajev dejó el poder en 2019, aparentemente, el yerno aprovechó su dorado y lujoso exilio para convertirse en un opositor del nuevo gobierno.

La rápida expansión de la revuelta no se puede ver como una coordinación porque, en Kazajistán (y en el resto de países «stán») siempre es más de uno quien mueve los hilos, dentro y fuera del país. Y no siempre hay estrategias iguales, sino más bien diferentes. En este caso concreto, a tres bandas: entre los pro-occidentales, los pro-turcos y entre los pro-orientales. Con los matices que se quieran poner a estos calificativos.

Las demandas iniciales de los manifestantes eran razonables y el gobierno de Tokayev, aunque reaccionó al principio como todos los gobiernos, a los pocos días cedió, planteando la dimisión de sus integrantes. Pero eso no calmó los ánimos, sino que quienes movían los hilos fueron a por todas. Especialmente en el sur del país. Que en algunas ciudades el aparato de seguridad desapareciese de escena fue muy sorprendente, al igual que la aparición de manifestantes armados. Por quién y de dónde son preguntas aún pendientes, aunque el clan vencedor no duda en acusar a los islamistas de estas detrás de todo ello (con una acusación velada a Gran Bretaña y a EEUU por haber trasladado combatientes islamistas desde Siria a Afganistán y, de aquí, a Kazajistán). Pero aunque esta es una de las versiones oficiales, otra es que el máximo responsable de la seguridad del país lo facilitó y lo consintió todo, por lo que cuando las cosas se fueron aclarando un poco, en especial tras la llegada al país de las tropas de la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva (OTSC), fue detenido por «alta traición». Y se destapó su relación con EEUU y con el hoy presidente Biden en particular.

El paralelismo con lo ocurrido en Ucrania en 2014 es más que evidente, así como las implicaciones externas e internas.

La OTSC mandó parar… ¿con acuerdo chino?

Hubo un momento en que pareció que el gobierno no se sostenía, los clanes pujaban en todas partes y la revuelta se extendía. Hasta que hizo su entrada en escena un actor inesperado: la OTSC. Esto fue determinante porque ninguno de los clanes en liza, excepto el que está en el poder, pensó siquiera que algo así podría producirse: no se hizo en Armenia durante la guerra de Nagorno-Karabaj con Azerbaiyán ni en Bielorrusia, pero sí ahora, siendo Armenia y Bielorrusia integrantes de la OTSC.

Una presencia rápida y eficaz, aunque con muchas preguntas aún por responder. Por ejemplo, si Rusia sabía lo que se estaba fraguando (no en vano casi el 25% de la población de Kazajistán es rusa) y tenía todo engrasado para operar en el momento oportuno. Por ejemplo, si ese movimiento fue consultado con China o no. Porque si China tuvo conocimiento de ello estamos en otra etapa de las relaciones geopolíticas, quiera o no Occidente. Ya no habrá más Ucranias, ni más golpes, ni revoluciones de colores, ni nada por el estilo en esa zona. Se está a un paso de la eliminación de Occidente de Asia Central.

No sería sorprendente que Rusia hubiese si no consultado sí comunicado a China la presencia de la OTSC en Kazajistán. Lo que han estado publicando los medios chinos va en esa dirección, sin ser tan explícitos. Se sabe que los ministros de Exteriores de los dos países han estado en contacto estrecho durante toda la revuelta y la postura de China, oficial, es que «China y Rusia, como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y países vecinos y amigos de Asia Central, deben evitar que estalle el caos o la guerra en la región».

Aquí hay que fijarse en dos cosas: primero, se recoge de forma clara su poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, o sea, está avisando a los países occidentales (EEUU, Francia y Gran Bretaña) de que no vayan por ahí porque nada de lo que propongan saldrá. Segundo, cuando habla de «países vecinos y amigos» está hablando de fronteras y dice cuál es el mínimo común que tienen, evitar el caos o la guerra en la región. China está enviando claras señales a los sospechosos habituales, léase Occidente, porque lo que no se ha contado es que la zona donde la revuelta kazaja fue más importante fue en el sur, centrada en la ciudad de Almaty. Y todo este sur, que está formado por dos provincias, Kazajistán Oriental y Almaty, es la frontera entre Kazajistán y China. Pero no con cualquier parte de China, sino con Xinjiang. Justo el quid de la cuestión para entender la campaña occidental contra China y las formas de debilitar a este país.

En Kazajistán ya se reconoce de forma abierta que es aquí donde han sido más violentas las protestas y donde más presencia islámica ha habido. La propia Turquía reconoce que es aquí donde más presentes están sus empresas. Y es aquí donde el gobierno kazajo dice que ha habido «campos de entrenamiento para extremistas islámicos» provenientes tanto de Oriente Próximo (especialmente Siria) como de Afganistán en cifras que oscilan entre los 20.000 y los 8.000 que, a buen seguro, estarán exageradas pero que indican que cuando el río suena, agua lleva. Con independencia de que el cauce sea grande o pequeño.

China es el país que más fronteras tiene con otros, hasta con 14 países. Por lo tanto, todo lo que pasa en los países vecinos es importante para ella. Por eso China siempre dice que con sus vecinos habla de evitar «los tres males: terrorismo, extremismo y separatismo». Esto está directamente relacionado con la seguridad nacional de China o lo que es lo mismo: China no se va a cruzar de brazos en nada de lo que suceda en ellos. Sobre todo porque una de las cosas de las que hablaron los ministros de Exteriores ruso y chino fue que si se dan otras revueltas de este tipo en la zona no sea la OTSC la que intervenga, sino la Organización de Cooperación de Shanghai. En la OTSC no está China, en la OCS sí. Eso es entrar en un nivel mucho más alto. Y decisivo.

La política del contento

Resumiendo: que ha habido una coordinación de fuerzas internas y externas es evidente. Que una lucha que puede haya tenido su origen en reivindicaciones populares y luchas obreras se ha desarrollado en un terreno muy diferente es real. Que en ese terreno los jugadores principales han sido los clanes es obvio, así como que cada clan ha buscado un apoyo diferente, en el Este o en el Oeste. No hay que olvidar, nunca, que las «revoluciones de colores» cuentan siempre, lo que se dice siempre, con cómplices locales. Tras la desaparición de la URSS en todas sus ex repúblicas, incluida Rusia, se produjo una privatización a gran escala en la que los antiguos dirigentes comunistas se convirtieron en oligarcas. Es el caso de Nazarbayev, que se convirtió en el dueño y señor del país tras la independencia.

En su discurso tras la revuelta, el presidente Tokayev acusó formalmente al clan de Nazarbayev de haber formado «un club de super ricos, incluso según los estándares internacionales». Sin mencionar expresamente a Nazarbayev, todo su «séquito» (palabra utilizada, es decir, a todos los que lo rodean pero no él) ha quedado marcado. Es decir, se reconoce –y esto es una victoria para los trabajadores, aunque pírrica– que los grupos oligárquicos se han convertido en los principales beneficiarios de la desaparición de la URSS y de la economía capitalista seguida desde entonces. Por lo tanto, todos estos clanes «deben rendir homenaje al pueblo de Kazajistán». Para ello, y con una celeridad sorprendente, el gobierno kazajo ha aprobado un fondo especial, llamado «Kazajstan jalkyna» (Al pueblo de Kazajistán) para que los oligarcas hagan «entregas voluntarias de capital para hacer frente a las necesidades de los ciudadanos», añadiendo que esas cantidades tendrán carácter anual. Ya se han hecho las primeras entregas por valor de un millón de euros. Una muestra de que los oligarcas han visto las orejas al lobo.

Al mismo tiempo, y aunque ni se menciona ni se toca a Nazarbayev, y esa fue una de las principales consignas de los primeros manifestantes, que se fuese Nazarbayev, el gobierno ahora está limpiando varios departamentos y empresas de la presencia de sus yernos, sobrinos y demás. Que es el clan perdedor es indudable. Hasta tal punto que ya se está hablando de recuperar el nombre de la capital, oficialmente llamada Nur-Sultán (en homenaje a Nazarbayev), por el antiguo de Astaná y de que su nombre desaparezca del aeropuerto y la principal universidad. Por el momento no son más que propuestas.

No es el único paso que el gobierno está dando para contentar a los manifestantes: se anuncia una congelación de los sueldos de los altos cargos del gobierno (ministros, viceministros, gobernadores, etc.) durante 5 años, la cancelación definitiva del aumento de las tarifas de combustible y la presentación antes de septiembre de una serie de medidas económicas que «ayuden a reducir la desigualdad social». Junto a ello, se ofrecen pequeñas piezas a los manifestantes como parar la privatización de dos centrales eléctricas que se habían ofrecido a empresas de los Emiratos Árabes Unidos.

¿Y qué pintar los turcos en esto?

Uno de los datos que está publicando el gobierno es que durante la revuelta se atacaron edificios y empresas de propiedad rusa y china, pero no turca u occidental. Por supuesto, hay imágenes de ello y los propios turcos están alarmados por la visibilización de este hecho, que da pie al discurso oficial de que ha habido presencia islámica. Si durante la revuelta Turquía reprochó la «represión antiislámica» ahora está viendo las orejas al lobo. «Los estados turcos bajo amenaza», se dice en Turquía. Y es que Nazarbayev una de las cosas que hizo fue aliarse con Turquía no solo por una cuestión económica, sino para lanzar el Consejo de Cooperación de los Estados de Habla Túrquica u Organización de Estados Turcos. Como primera medida, en 2017, se aprobó una ley que cambia el alfabeto cirílico al latino, basado en el alfabeto turco, en un proceso gradual que tendría que terminar el 2025.

Turquía teme ahora que este proceso se revierta o se haga mucho más lentamente. Incluso que quede estancado. Si Turquía dio un paso importante en la guerra de Nagorno-Karabaj al apoyar a Azerbaiyán, ahora ha retrocedido exponencialmente mucho más. Sobre todo porque dentro de la OTSC está Armenia, que ha enviado también sus soldados a Kazajistán. Algo más que una ironía y un aviso.

Nota

(1) El 20 de enero el Parlamento Europeo aprobó una resolución sobre «la violación de los derechos humanos» en Kazajistán y solicitó al responsable de la política exterior de la UE que visite el país «para evaluar la situación y contribuir a la liberación de los manifestantes detenidos».

Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor. Su nuevo libro es Las brujas de la noche. El 46 Regimiento “Taman” de aviadoras soviéticas en la II Guerra Mundial, editado por La Caída con la colaboración del CEPRID y que ya va por la tercera edición. Los pedidos se pueden hacer a libros.lacaida@gmail.com o bien a ceprid@nodo50.org También se puede encontrar en librerías.

albercruz@eresmas.com

Fuente: CEPRID (https://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article2668)

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