Algunas preguntas sobre eticidad, filosofía e historia

Joaquín Miras Albarrán y Juan Delgado

Reproducimos a continuación un intercambio epistolar entre nuestro presidente, Joaquín Miras, y un compañero argentino de la asociación Sociedad Futura, Juan Delgado. A raíz de la lectura de un libro de Joaquín, Praxis política y estado republicano, se inició un diálogo del que este intercambio es la última incorporación hasta el momento.

 

Joaquín, ¿cómo estás?

Te molesto porque ayer terminé el libro que muy amablemente me enviaste hace algunas semanas. Disfruté muchísimo de su lectura, iluminadora en muchísimos aspectos que me venían –como decimos los argentinos– «comiendo la cabeza» hace años. En Sociedad Futura intentamos continuar la hipótesis del socialismo (y sus exponentes) como herederos del movimiento democrático-republicano que analizas en el libro. Pero aún así, la interpretación que realizas de Gramsci es clarificadora y auténtica, excelente para los debates que suscita su figura y su constante mala interpretación.

Te quería hacer algunas preguntas, si es que no es mucha molestia. Son inquietudes que me fueron surgiendo gracias a la reflexión a la que invita constantemente tu texto. Espero no pecar de molesto nuevamente.

1.  En algún pasaje señalas que la Modernidad implicó el triunfo de la autoconsciencia práxica del individuo.Con la Revolución Francesa, el hombre habría recuperado la noción de ethos comunitario que tan bien describís. En ese sentido, ¿cómo interpretamos a las experiencias ético-políticas democráticas previas a la Revolución, es decir, los movimientos políticos tardomedievales y del renacimiento italiano, por ejemplo? Si solo a partir de la RF entramos en el ethos donde los individuos son capaces de autoconcebirse como seres práxicos comunitarios, ¿no se postula una filosofía de la historia en la que todo lo anterior estaba condenado a desaparecer hasta la llegada de la RF?
Entiendo que no es tu intención señalar eso, ya que sería una contradicción con la idea de radical historicidad e incapacidad de pronóstico sobre el accionar humano.

2. En varias instancias recordás, siguiendo a Hegel, que una Constitución puede ser realizada como marco legal exógeno al ethos de la comunidad política, pero en ese caso, si no coincide con la cultura material de vida autodesarrollada por la praxis individual y comunitaria, dicha Constitución escrita estalla o no se respeta. Sin caer en la vetusta metáfora de la base-superestructura, ¿esto quiere decir que la Ley o la Constitución no ejercen ninguna presión «desde arriba» hacia las costumbres y la eticidad? ¿Tampoco penetra la ley en las prácticas cotidianas, de forma de poder condicionar los límites de la labor autocreadora comunitaria?

Esta pregunta surge porque existe una línea dentro del marxismo latinoamericano (gramsciana, curiosamente) que encuentra entre las razones de la poca penetración del pensamiento de izquierda en las capas populares el hecho de que no existió históricamente en nuestra región un movimiento «desde abajo» para la constitución del Estado, sino que seríamos más permeables a la categoría gramsciana de «oriente». De esta forma, América Latina sería una formación social donde el Estado fue el catalizador de las dinámicas de la sociedad civil y no viceversa. (Presento esto de forma tajante y taxativa para no aburrirte; hay matices dentro de esta postura pero es a grandes rasgos como la acabo de describir).

3. Por último, si el individuo «no puede saber lo que él es antes de haberse llevado a la realidad efectiva por medio de la actividad» (Hegel, Fenomenología), ¿se puede pensar al hombre, al estilo de Kant, como «fin en sí mismo»? Esa idea moral es la que sirve de crítica ética al modo de producción capitalista, a la alienación por parte del trabajo expropiado en las relaciones de producción capitalistas. ¿Qué lugar queda para los a priori morales de ese tipo si entran en contradicción con esta antropología de la autocreación del ser por medio de la actividad?

Como verás, no son cuestiones menores así que entendería que no tengas el tiempo para resolver mis dudas. De todas formas, te agradezco nuevamente por el envío del libro y por tu trabajo, que es muy inspirador.

Un abrazo fraternal,
Juan Delgado

 

Querido Juan: mantengo la oferta que te hice, de poder platicar en directo entre nosotros. Pero aprovecho ahora mismo que he vuelto a mi casa temprano y te escribo lo que son opiniones mías sobre los temas respecto de los que me preguntas. Tan opiniones mías como lo es el libro, por más que siempre trato de sopesarlas y fundamentarlas lo mejor que sé y que puedo, porque he perdido mucho tiempo que debía dedicar a estudiar que no puedo recuperar.

Un par de cosas  generales, previas, sobre el libro. En él hay dos silencios. Uno, porque no sabía cómo elaborar el asunto. En el plano filosófico, la Modernidad se abre con Francisco de Vitoria, –en el del ethos, no en el filosófico, se abre una nueva eticidad, pero sigue siendo comunitaria, si bien aparece el yo, un yo en comunidad que ya está en la filosofía del siglo Xlll, del XlV donde «sujeto» «sub iectum», se reelabora como palabra para referirse al agente activo moralmente que protagoniza su hacer, y se le retira el sentido aristotélico: lo que subyace, lo inerte debajo de lo creado, la materia que sustenta, lo pasivo– y sobre este autor, yo tenía ya hecho un trabajo extenso, publicado en Sinpermiso, que ni siquiera resumo en el libro: podía haberlo convertido en 7 u 8 paginitas. No es que no saque rendimientos de esto, es que no sabía cómo establecer las continuidades en el plano filosófico. Ahora trato ese aspecto: el filosófico. Cierto que en el libro escribí que la R francesa era iusnaturalista, o sea, conectada con la Modernidad…«vitoriana», pero no sabía cómo ir al «punto de inflexión verdadero, que es sin embargo a la par continuidad»: Hegel.

Ahora sí lo sé; de hecho, ahora estoy trabajando sobre ello. Es Francisco de Suárez, quien, para defender la libertad, se carga la física aristotélica para la antropología humana: causa-efecto, y potencia-acto, esencia-existencia. Es una total revolución, y sale de ahí, no solo Descartes –Meditaciones metafísicas, homenaje a las Disputationes metafísicas– sino Leibniz y Wolff, sale Spinoza, o sea los fundamentos de la filosofía clásica alemana y de Hegel. Cargarse la física aristotélica «para defender la libertad-libre albedrío» es una forma expeditiva de explicar el porqué adopta Suárez precisamente esa drástica radicalidad: Báñez y los dominicos, que también la defienden se le enfrentan fieramente –el debate «de auxiliis»–. Es que Suárez descubre, –en realidad, eso es lo que descubre, ya antes, «eso nuevo que surge» en el XVl, y que es la Iglesia Católica, tal y como nosotros la conocemos, que se inventa en Trento…–, Suárez, digo, ha descubierto, el cambio social el torrente de acción nueva, la diversidad de eticidades fruto de la praxis comunitaria… ante la que se ponen para asumirla y dirigirla…; reflexiona sobre el descubrimiento católico –América, mexicas, chichimecas, mayas, incas, indios Pueblo…China, India, Japón–, reflexiona sobre los cambios que se producen en la vieja cristiandad «europea», la matriz de la reflexión base de Trento. Por debajo de la política imperial y por debajo de los artículos dogmáticos, está la noción revolucionaria de la libertad humana, el libre albedrío y el intento de responder filosóficamente a tanta creatividad diversa humana e integrarla… –el ethos barroco…– y Suárez, siguiendo este hilo, radicalizándolo, y reflexionado sobre las noticias que llegan a su orden, de todas partes del mundo, descubre la historicidad: «los futuros contingentes posibles». Lo hace una vez decide que el ser humano tiene como esencia el guiar su acción libremente, pues es lo que le ha conferido Dios: como «potencia» ser el ser que es causa eficiente de sí mismo, sin más, o sea acto, acción, actividad que es plástica, que no está predeterminada por naturaleza, ni prescrita, como comportamiento fijo, por la divinidad; una actividad indefinida, que, como consecuencia del hacer en comunidad –aristotélica prioridad de la comunidad sobre el individuo, pero con consciencia de historicidad– genera ethe, eticidades diversas en diversas partes del mundo, y genera, está generando en el propio mundo de la vieja cristiandad, nuevas formas de vida, todas las cuales, obras de la comunidad, ethe, res publicas comunitarias, son en principio buenas, aunque en ellas pueda haber pecado; pero no por ser diversas a la del mundo anterior cristiano, son pecaminosas; el catolicismo no elabora la leyenda de una mítica forma de vida primitiva, cristiana, que dé lugar a anabaptismos, amish, etc…un debate muy chulo entre esencia y existencia en la «Disputatio XXXI»…otro, asombroso, sobre la actividad humana: la «generación» actividad –la «creación» de actividad, le corresponde a Dios– por parte de las «causas segundas libres», los seres humanos, es la «Disputatio XLVIII»…Bueno.

Los futuros contingentes posibles es los mundos posibles de Leibniz. El debate en Suárez es divertido porque, lo primero que se pregunta es cómo puede entonces conocer Dios desde toda la eternidad eso que hace el hombre, cuando y como quiere, dado que Dios, por su parte, ha querido crear así al hombre… El asunto sobre el que debe conocer Dios es sobre la «generación» del mundo humano como consecuencia de la actividad humana, cada uno de cuyos actos cierra irremisiblemente mundos posibles, a la par que abre infinidad de mundos posibles; cierra posibilidades indefinidas, posibles en la situación práxica anterior y abre indefinidas posibilidades: historicidad. Y le inventan a Dios una nueva capacidad intelectual junto con la de «presciencia» y la de «visión», la« Scientia conditionata»….etc.

Pero sin esto, no hubiera habido Hegel, plasticidad, o, al menos, la cadena evolutiva, en lo Filosófico, es ésta…

El segundo agujero de mi obra es el salto de Hegel a Antonio Gramsci. Sin palabra sobre Marx. Ahí sí hubiera podido escribir; no tuve valor. Creo que ya he enviado alguna nota señalando que la totalidad social de Marx, que elabora teoría utilizando categorías totalizadoras de Hegel –el Marx maduro, al menos–, sin embargo, no es como la de Hegel, totalidad ética, un ethos, una Sittlichkeit, sino una totalidad solo económica: Das Kapital, el despliegue de la mercancía. Y ni siquiera en los esquemas que ha elaborado cuando planeaba la escritura de su obra, en los que hay mucho más de lo que consta en sus tres libros –más el de la historia de la plusvalía– sale de ahí.

Esto, esta diferencia, sí hubiera podido escribirlo. Así como destacar más lo que diferencia a Gramsci y al Lukács viejo, el de la vida cotidiana y la ontología. Una ontología en la que no pretende decir qué hay que hacer políticamente, no ha prescripción. Como no la hay cuando trata de la necesidad de articular una cotidianidad alternativa. Por tanto su intención es poner de manifiesto que el esquema del maestro es economicista… luego, en su escritura, cita, reformula, reinterpreta, trata de llegar a diálogo con el marxismo oficial, a veces… en vez de partir de la vida cotidiana, que es una noción mucho más totalizadora porque incluye toda acción humana, tal como había hecho en sus conversaciones, parte del metabolismo con la naturaleza y el trabajo como mediación cada vez más alejada de la inmediatez de la naturaleza, más mediada por instrumentos y saberes, que permite la libertad respecto de la misma …Ontología no es «Weltanschauung», no es visión del mundo o cosmovisión, porque, como sabe Gramsci, y lo toma de Hegel, el búho de Minerva… o sea, una Welt de un mundo nuevo, solo sale de la experiencia de la gente sobre su nueva praxis, cuando ésta es la que ya produce el mundo nuevo, cuando el nuevo ethos ya se ha desarrollado. Y los filósofos solo pueden ser sus notarios… No había leído para entonces a Roberto Fineschi, su libro Marx y Hegel, o su libro Un nuevo Marx, que ahora va a publicar la editorial El Viejo Topo, con la colaboración de Espai Marx, y otras cosas, no hubiera podido juzgar sobre la evolución de la lectura, por parte de Marx, de la obra de Hegel… que incluso al final, es muy deficiente… etc,. Pero sí lo que he señalado. Cobardía.

Y ahora, vamos a lo que me preguntabas. La noción, y la consciencia de eticidad, se había dado siempre en la vida cotidiana y en la filosofía: Aristóteles… Rousseau, Vitoria –las res publicas de los indios; o los jesuitas, las res publicas de los indios, sus «misiones» (los franciscanos van tras ellos, enfrente, los dominicos, y otros), la China, Japón, res publicas que son eticidades civilizaciones, formas de vida,… y la misa debería ser dicha en chino clásico, y… etc; –Bolívar Echeverría dice cosas interesantes desde el marxismo…, y el maestro Ramón Kuri Camacho, cuya vida de estudio ha sido la que ha abierto esta gran reflexión. Y la Revolución Francesa, como revolución campesina, fundamentada en el conocimiento de los derechos naturales, conocidos por las explicaciones desde los púlpitos, no como consecuencia de Ilustración, que es continuadora de esa consciencia de comunidad, vida colectiva, religación. Que es ya Modernidad, pero no la actual, la capitalista, en la que se ha perdido esa experiencia y noción.

Es la Ilustración la que expresa la experiencia del capitalismo que está naciendo. Yo soy de la escuela británica o de la de Peter Kriedte, el capitalismo surge en el XVIII, lo mismo dice el Marx del capítulo XXIV de Das Kapital : casi lo mismo, porque Marx, cifra el origen del capital en el XVI, y su fundamento está, no en el desarrollo del mercado, ni la economía mundo, ni eso que son versiones de lo que, antes, escribiría Jacques Pirenne, en los años 40 del siglo XX, sino en el cambio brutal de relaciones sociales, que se inicia con la expulsión de campesinos de sus tierras, debido al poder que la aristocracia tiene gracias al nuevo estado absolutista.

Que esto coloque a los virreinatos americanos en un no lugar explicativo desde «los modos de producción» y obligue a pensar qué eran, en lo económico, los virreinatos americanos, es otra cosa; que decir que eran capitalismo, o feudalismo, es pereza intelectual –siempre a mi juicio– es otra más: eran un orden ético económicocivico, diverso, con su plustrabajo y su…, con las elaboraciones teóricas sobre economía, producidas por jesuitas, y otros, etc. No era feudalidad, no era capitalismo. Era algo que debe ser elaborado. Ni como «atraso», ni como «adelanto», sino como civilización americana.

La subjetividad como «yo», por tanto, ya está en la Modernidad, pero no se opone a un nosotros, a la comunidad; ambas cosas se ven, son, el ethos barroco, que Echeverría considera el ethos primero de la Modernidad, y fruto de Trento…

Todo lo que pienso sobre el origen de un YO que NO tiene consciencia de comunidad, y que es el que elabora como pensamiento suyo lo que denominamos la Ilustración, lo extraigo del capítulo Vl de Fenomenología del espíritu de Hegel. La mayor diatriba que yo conozca, a lo largo de 160 páginas contra la Ilustración, como el fruto de una experiencia de la consciencia que siente que el mundo es FREMD, «extraño», ajeno uno mismo, ent-fremd-ung, y que cree que el YO, su YO, preexiste a ese mundo, no le debe nada, y puede juzgar a ese mundo, desde su excepcionalidad singularísima sin raíces, con total desprecio, igual que puede juzgar con total desprecio a los otros Yo, en la medida en que «ve» –solo los ve a los otros– como los que producen y reproducen ese mundo infame, miserable, que no aprende y comprende la grandeza de YO. Su elaboración es el pensamiento ilustrado, que piensa que lo nuevo brota de su mente aislada… bueno, la ferocidad de Hegel, no le impide, como siempre, rescatar tanto el hecho de que la Ilustración estudia piensa el mundo sin antropomorfismos, conceptualmente, y el mismo YO, que es algo que ha venido para quedarse, solo que debe descubrir lo que antes ya se sabía, que toda subjetividad es una con su mundo, que su especificidad histórica es inherente a su mundo, y que debe pedir en todo caso Reconocimiento dentro del ethos nuevo a crear. Identidad sujeto objeto: la praxis intersubjetiva y el saber hacer, o eticidad, generado en y con ella, en el proceso de generación de un nuevo hacer, generan un mundo objetivo material y una antropología cuyas necesidades y facultades son inmanentes, ambas cosas a la par. Como en Aristóteles, prioridad ontológica de la comunidad polis, sobre los individuos, solo que con consciencia de que el ethos es histórico, y caben, en consecuencia, diversos ethos y diversas antropologías, consecuencia de diversas, históricas, praxis. Una vez se desordene ese mundo y la subjetividad comience a sufrir porque no se satisface su antropología orgánica del mismo,…viene el desdoblamiento, la NEGACIÓN…

Por tanto, a mi juicio todo el movimiento tardo medieval, «ciompi», «uñas azules», comunidades campesinas… es comunitario, parte de la eticidad, de su eticidad conscientemente reconocida, en términos religiosos, claro. Y sus debates, cuando pasan a lo filosófico, son dentro de un marco comunitario, la Religión/religación, y hay broncas, «herejías»…

El novum monstruoso es el capitalismo, que claro que es un ethos, el capitalismo es nosotros y nuestro saber hacer, un saber hacer que fue impuesto, tal como explica Marx en el capítulo XXIV de Das Kapital, a base de látigos, de hierros candentes, a base de destruir sistemáticamente la propiedad privada de las comunidades sobre la tierra, porque si las comunidades poseen la tierra, no existe «fuerza de trabajo… ¡LIBRE!», que es la que acepta cualquier tipo de trabajo, porque de lo contrario no puede sobrevivir, la que no puede controlar su ethos, su cultura material de vida, su cotidianidad, y cuyas necesidades y expectativas son moldeadas, en consecuencia por el nuevo orden civilizatorio impuesto por los capitalistas. Un nuevo ethos, un ethos, creado mediante «la violencia, partera de la historia», pero que creemos que es naturaleza, falacia naturalista porque, contrariamente a otras formas de organización violenta de la explotación humana, desde el neolítico, ha consistido en tratar de organizar la producción institucionalizándola internamente, de forma capilar, separándola de la otra parte de la vida cotidiana, subsumiendo realmente el trabajo bajo relaciones sociales que son mercantiles, algo por entero excepcional en la historia, y generando una capacidad productiva que pasa a producir medios para la vida cotidiana, invade los hogares de los pobres, el ocio, etc, la totalidad de la vida cotidiana, liquidando su autonomía, algo que tampoco había logrado antes, nunca, ningún otro orden civilizatorio.

El capitalismo nos parece ser algo ajeno a nosotros; el mundo que reproducimos capilarmente con nuestros actos cotidianos, nos parece algo ajeno, algo que nada tiene que ver con nuestro hacer, que es FREMD, «extraño», ajeno; lo consideramos, lo interpretamos, en todo caso, como cosa ajena, como ESTRUCTURA, «el » SISTEMA, o «los» burgueses… en todo caso, no nosotros; si algo se carga los equilibrios naturales que posibilitan la existencia del ser humano en el planeta, es EL CAPITALISMO, no nosotros, como autoreproductores protagonistas activos, desde nuestra vida cotidiana, de ese proceso… YO, por aquí, ellos, él, «la gente» que no entiende, por allá…:Hegel…Hegel es, literalmente, posmodernidad; el problema es que la palabra está ya acuñada y no sirve.

Sobre la Revolución Francesa, y vuelvo: es el levantamiento de un mundo que pertenece a la Modernidad, pero no la capitalista. Hay comunidad, se expresa en términos iusnaturalistas, «catós», o como dice Gramsci, es una «herejía católica». Vence el capitalismo, la vence, vence a la Revolución Francesa. El efecto de la Revolución Francesa, con todo, dura, dice Gramsci, hasta 1871, más o menos, con la aparición del gran capital. Cierra ahí la influencia de la Revolución Francesa resultante de la debilidad del capitalismo, aún incipiente, a duras penas vencedor, lo que da lugar a empates, –bonapartismos varios, Francia España, las repúblicas americanas–. Gramsci nos explica muy bien lo que es el bonapartismo, a partir de la obra de Marx, El 18 brumario de Luis Napoleón Bonaparte. Lo mismo hace Arthur Rosenberg. Se podría resumir acertadamente con esa frase aparentemente trivial de un mundo no acaba de morir, el otro no acaba de nacer, terrible porque nosotros hemos visto sus consecuencias históricas. El bonapartismo surge de la derrota mutua de los agente sociales organizados en lucha social de clases. En 1848, la burguesía francesa gobernante, impotente, que es derrotada y da paso a la segunda república, lograda por las clases medias, por los obreros agremiados, un agente organizado que se olvida de la mayor parte de la población, el campesinado, y no solo no ayuda a liquidar el endeudamiento en el que ha caído, sino que decide, en acuerdo con los republicanos de derechas que la financiación de la república será a cargo de impuestos sobre la pequeña propiedad agraria. Se produce una situación en la que se necesita que alguien lleve el pan diariamente a la panadería, resuelva los problemas materiales más básicos de forma inmediata, las fuerzas en contienda se han deslegitimado y derrotado mutuamente, y aparecen los movimientos de masas dirigidos por caudillos, por militares, por funcionarios Luis Napoleón, Oliveira Salazar, Mussolini… toda la historia de América del XlX… donde además, la gente está por un ethos muy arraigado, el suyo de ellos, y el liberalismo, la ideología de la minoría dirigente burguesa quiere destruir –democracia?– ese ethos al que culpan de su atraso; es lo mismo en España del XlX, respecto de la que Hegel dice, como tú me recuerdas, que si la constitución de Bayona, la de Bonaparte, no arraiga es poque el ethos, la cultura material de vida de la comunidad consciente de serlo, la rechaza…( Principios de Filosofía del derecho). Todo esto, no me gusta escribírtelo, porque sé que los esquemas de interpretación sobre la historia de Iberoamérica –Canadá, a parte– que han elaborado las izquierdas, los de Aníbal Quijano, etc, van por otro lado, y las propias historias autoexplicativas de las repúblicas,… pero… en fin: si te tomas la molestia de tener en cuenta lo que escribo, lo mínimo es ser sincero, ser leal. Pero me incomoda mucho.

Con esto, con la historia de la España del XlX, guerras campesinas, denominadas carlistas, contra los liberales, o las guerras civiles americanas de la Argentina, de, etc.,. Unas historiografías donde, «abajo», no hay «nada», sublevados, reaccionarios, rebeldes, «atraso», «primitivos», «ladrones», vagos… pero no un ethos y un proyecto posible alternativo al liberal capitalista. creo que respondo al menos en parte, a lo que me preguntas en el segundo apartado. Como digo, no solo Gramsci piensa el fascismo como bonapartismo, a partir de esa hipótesis, la del 18 brumario… sino Arthur Rosenberg. El Rosenberg de los años veinte, el que escribe para la escuela del partido el libro sobre la democracia ateniense y las luchas de clases cree que es válido para interpretar lo que está pasando en la URSS, y cree que es positivo: recordemos que elogia, en su explicación de la historia de Grecia la sustitución del poder de la aristocracia por los regímenes denominados de los «tiranos», palabra que denomina un fenómeno político de minorías que se apoyan en las mayorías para dominar a los oligoi, y que, una vez, las masas de pobres aprenden a gestionar la política, los deponen sin dificultad y pasan a ser ellas las que gobiernen. En esos momentos, tras la guerra civil rusa, el final de Lenin, el inicio de su sustitución, él valora el régimen soviético como bonapartista, y cree que tendrá una salida como la griega… Con el hecho de plantear el asunto del bonapartismo, el mundo que no acaba de morir, el mundo que no acaba de nacer, puede dar la crisis de civilización hasta alcanzar –ojalá, no lleguemos– la barbarie de civilizatoria, la catástrofe.

…Y por supuesto que la ley bloquea comportamientos, con sus prohibiciones y su violencia. Pero es ley lo que tiene consenso, no otra cosa –o lo que se impone sobre un cementerio de cientos de miles de cadáveres, pero esto mismo, muchos cadáveres debe ser explicado, nunca una minoría logra eso, por eficiente y diligente que ella sea; yo que sé, pues la guerra de España y las leyes posteriores–. Desde luego, los nazis de Alemania imponen sus leyes porque hay un gran consenso de masas que las apoya, y lo demás es leyenda blanqueadora. Ahora, en el cine vemos cómo se ventila el filonacismo de los escandinavos, que era masivo, etc. Desde luego, en España, acaba imponiéndose, durante el XlX, el constitucionalismo liberal y el capitalismo. No será la de Bayona, ni la del 12, pero serán las diversas constituciones impuestas y sostenidas por bonapartistas proliberales, por espadones en apoyo de la burguesía, la nueva y la aristocracia que ha reconvertido sus derechos señoriales sobre la tierra en derechos de propiedad burguesa, como explica Gil Novales y otros.

Viceversa, cuando una ley es rechazada por las fuerzas vivas, como la ley del monopolio comercial sobre los virreinatos, pues, no hay tal ley, no se aplica, todo es «contrabando», y no pasa nada, es incontrolable; pero esto, llamar al no cumplimiento de la ley, «ilegalidad» no es una buena interpretación. En estos momentos la izquierda en España intenta resolver problemas ilegalizando cosas: la prostitución, por ejemplo. Sabemos por las películas, que los EEUU se vieron obligados a legalizar el consumo de alcohol, tras ilegalizarlo… algún delincuente acabó en la cárcel, pero la solución fue esa otra… y bueno, hay que ir, creo, caso a caso. Una ley que exija para ser cumplida una enorme y sistemática violencia, que no sea consensual, que no esté en el proyecto cultural mayoritario… que no tenga de su parte sectores sociales, decae.

Respecto de la historia de América, –te doy mi opinión porque me preguntas– el problema es que los de abajo, la mayoría, no eran liberales como los de arriba. Y los de arriba no sentían que los de abajo fueran de fiar, eran barbarie y no civilización (Doña Barbara y Santos Luz–ardo–) atraso colonial, etc. Como aquí, en la España del XlX, los campesinos que «frenaban el progreso» de los liberales, de los isabelinos, de los industriales, y banqueros los…; Sarmiento, por ejemplo, es muy fiero, muy despreciativo en lo que piensa sobre los de abajo, los considera resultado del atraso católico colonial, no los «ve», no tiene gafas para verlos como un mundo ordenado… alternativo al que él pretende, claro etc… pero no ficcionar mundo alternativos, y partir de lo que hay del bloque ético real existente, eso, es lo fundamental. Como si Mao Tse Tung, hubiera dicho que los campesinos chinos sabían poco diamat… La revolución china, no es ejemplo de nada, pero escuchar a los de abajo, eso sí es intentar crear alternativas no unilineales que pasen siempre por el capitalismo… no considerar que hay que pasar todos y siempre por el «modo de producción capitalista».

Parte de lo que te estoy escribiendo, también me ha hecho retrasarte la respuesta, porque siento que «me meto donde no me llaman…». Juárez, por ejemplo, y su mundo. Pues, su mundo verdadero era así, campesino, católico, no era… masónico –y sabemos que la RF fue «herejía católica»–. Me parece que no se diferencia mucho, en lo grueso, de la historia de las repúblicas iberoamericanas…. como en tantas partes de Europa.

En los años 30, el 70 % de España era campesinado, por lo demás, como en toda Europa excepto Gran Bretaña –en Alemania, casi el 70 por ciento, según Arno Mayer–.

Creo que esto que te escribo aclara aún más lo que pienso sobre Gramsci. Gramsci, como Lenin –en eso, Lenin, desde 1905, sí– piensan en acciones organizativas para masas reales. Lenin desde 1905, y el fracaso de la Revolución en un país en el que según Theodor Shanin, el autor del libro La clase incómoda, había 100 millones de campesinos, y solo 20 de «urbanos», contados con… liberalidad, porque contabiliza generosamente como tales a los maestros del campo, y a los guardianes de las aldeas, que vigilan los corrales mientras los otros están trabajando el campo… desde luego, Lenin, tras el fracaso de la revolución de 1905, se «entera» de que su mundo es campesino, Rosa Luxemburg, a pesar de la derrota, ni lo piensa, sigue con eso de lo bonitos que habían sido los soviets obreros, de la minoría obrera, del cinco… Gramsci desde después de los consejos de fábrica, y su fracaso, claro. En España, los análisis del PC era que España en 1930 era semifeudal (¡?). y que el atraso se debía a que no había habido revolución francesa (esta gente española, qué mala calidad) pero es que eso, la RF, es algo que pasó… en Francia. La Europa de 1930, con sus Polonias, Rumanias, Bulgarias, Finlandias, Irlandas, Portugales, Checoeslovaquias, Italias.. los países bálticos…. Feudal, …¿feudales?. Pereza mental, cretinismo, pero cretinismo cretino, no solo «parlamentario»… Lo que no es «como en Inglaterra, como en los Estados Unidos», es feudalismo, y si la gente es como es, es que la gente debe ser cambiada, como en el poema de Brecht, en el que el Comité central siente que el pueblo no está a su altura… pues así nos ha ido….

Sobre el último tema, el a priori moral kantiano, que es debate filosófico de gran calado. En primer lugar –y es una crítica que elaboro en nombre, no de Aquino, sino de Hegel– también santo Tomás cree que el hombre es un fin en sí mismo; bueno, cree que su fin es honrar a Dios y gozar en la otra vida… pero propone, o acepta una forma de vida que es un fin en sí mismo en la tierra: a cada cual lo que le toca según su… jerarquía, sus tareas, sus… etc. Es la noción de Aristóteles,… sobre la que se escribe, retocada, la del comunismo, no a cada cual según su trabajo sino según lo que necesite. Bueno: la frase un fin en sí mismo, no tiene contenido, es formal. Además, es frase datada, como todas las otras que expongo y todas las filosofías; es historicidad; surge en la filosofía de una época. Su crítica está en los dos primeros tercios de los Principios de Filosofía del Derecho de Hegel, es la moral arbitraria, o la arbitrariedad moral. Porque quien la quiera usar para orientar su acción, le tiene que otorgar contenido: el individuo, un individuo, un YO –volvemos– , arbitrariamente, y no como parte de un ethos, decide su contenido y decide lo que sí es y no es moral…volvemos al ethos, a las deliberaciones en comunidad, en religación…. esa máxima puede orientar buena teoría de vanguardia, buen vanguardismo político, los que saben sobre los que no saben. No está en la eticidad y sus procesos práxicos. No es histórico concreta, sí permite a alguien legitimar la ingeniería social que quiera ejecutar sobre su sociedad, con independencia de lo que la mayoría quiera: sea el culto guadalupano mexicano –soy ateo– o la parcela de la tierra en propiedad, o la comunidad rural… Ciertamente, la comunidad puede defender costumbres morales injustas, que se debe rechazar, pero la lucha de masas no pasa por ese otro lado de la imposición legal….

Creo que lo dejo aquí. Sirve para poder platicar, en directo, si es que eso te parece bien.

Un fuerte abrazo,
Joaquín

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