En el acto de presentación de Para la historia del PSUC. La salida a la superficie y la conquista de la democracia

Francisco Fernández Buey

El 25 de agosto de 2022 hizo diez años del fallecimiento de Francisco Fernández Buey. Se están organizando diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 publicaremos como nuestra pequeña aportación un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selección y edición de todos estos textos corre a cargo de Salvador López Arnal.
Esquema de la intervención del autor en la presentación del libro de Gregorio López Raimundo (Barcelona: Ediciones Península, 2006) en UPF/Rambla. 23/II/2006. FFB estuvo acompañado por Carlos Jiménez Villarejo y por el propio GLR.

 

1. Además del cielo estrellado sobre mí y de la ley moral en mi interior, otra cosa que conmueve: la lealtad del ser humano. A propósito de GLR a sus 92 años[1].

2. Lealtad a los ideales. A los ideales de la II República española. A los ideales del autogobierno de Cataluña, de la Generalitat catalana. A los ideales de la democracia en su sentido más riguroso: política, social, económica, participativa, deliberativa. Y, sobre todo, en el caso de GLR, a los ideales del comunismo, particularmente en tiempos difíciles. Que para el ideario comunista lo han sido todos.

3. Pero lealtad también, y sobre todo, a las personas.

Los hay leales al concepto. Y merecen respeto.

Pero los hay leales a las personas que luchan porque la realidad se aproxime al concepto, aunque no siempre compartan todos los supuestos e implicaciones del ideal y aunque duden de que la realidad vaya a corresponder algún día al ideal.

Y estos merecen doble respeto[2].

4. Una de las cosas que más impresionan en este libro de GLR es el recuerdo leal de esas personas, muchas de las cuales no están entre nosotros: los dirigentes de la organización clandestina del PSUC fusilados, los jóvenes comunistas de la primera hora, los que han muerto ya: Comorera, Josep Moix, Cipriano García, Solé Barberà, Pere Ardiaca, Albert Fina, Manuel Sacristán[3], Josep Serradell, Alfonso Carlos Comín, José María Valverde, Manolo Vázquez Montalbán, por citar a algunos de los que aparecen mencionados en el libro.

5. Digo que este recuerdo de las personas me impresiona por su lealtad: porque sé, la mayoría de los presentes sabemos, que a lo largo de tantos años GLR dialogó con ellos, pero tuvo también que lidiar a veces con algunos de ellos, en los debates internos del PSUC. Y en este libro no hay apenas una palabra negativa sobre estas personas, ni siquiera cuando el debate se convirtió en discrepancia seria y la discrepancia en desgarramiento, como ocurrió ya a comienzos de los 80 y en el V Congreso del PSUC[4].

6. Esta lealtad, este tono positivo al hacer referencia a personas que discreparon en lo político, o sea, en la discusión sobre la mejor forma de actuar los comunistas en la salida a la superficie y en la conquista de la democracia, es un gran mérito del libro de GLR precisamente por lo inhabitual en la tribu de los comunistas, que durante muchos años nos acostumbramos a creer, erróneamente, que la escisión y la división nos purifica y nos hace grandes[5].

7. Quiero subrayar este aspecto del libro de GLR, particularmente apreciable en la Introducción y en el artículo «La salida a la superficie y la conquista de la democracia», que es su subtítulo, porque la lealtad a las personas, por encima de las discrepancias acerca de los medios para alcanzar el fin (que es más que político y menos que político) ha sido, en mi opinión, una de las asignaturas pendientes del comunismo en el siglo XX.

8. Estoy convencido de que el futuro del comunismo, como movimiento y como partido, depende en gran medida de que se logre superar esa asignatura pendiente. O sea: de que se logre superar el politicismo estrecho y se dé la importancia que merecen al respeto y la lealtad a las personas con las que no se está de acuerdo en cuestiones tácticas o estratégicas. Sobre todo cuando estas personas han dedicado gran parte de sus vidas a los mismos fines.

9. En este sentido y para precisar un poco más lo que quiero decir: poco importa que algunos, entre ellos yo mismo, hayamos estado en desacuerdo con la política del PSUC en los años que van de 1976 a 1985, con la aceptación de la monarquía, la reforma pactada, el eurocomunismo y todas aquellas cosas. Y que tengamos objeciones que hacer a la explicación, por lo demás plausible en lo esencial, que ahora GLR nos da de la actuación del PSUC en aquellos años. Lo que de verdad importa es que la forma en que se nos propone esta explicación respeta la lealtad de aquellos otros que pensaron lo mismo de otra manera.

10. Y ahí está, en esas páginas de Para la historia del PSUC, el GLR de siempre, el GLR valeroso y bondadoso[6] que conocimos en los años de clandestinidad.

Cuando yo entré en el PSUC[7], en 1963, Gregorio López Raimundo, el «camarada Gregorio», era ya una leyenda. Enseguida me hablaron de él las personas con las que compartí ideales y batallas en aquellos años en los que nacían casi simultáneamente las comisiones obreras y el sindicato democrático de estudiantes. Personas que militaban también en el PSUC, a las que yo quería y a las que algunos (más que los que lo declaran) debemos mucho de lo que hemos llegado a ser en este país: Manuel Sacristán, Josep Solé Barberà, Josep Fontana, Joaquim Sempere[8], Xavier y Dolors Folch, Octavi Pellissa… Ellos, y todos los demás a los que oí hablar por entonces de Gregorio, coincidían en dedicarle dos sustantivos que siempre he apreciado: «valor» y «bondad».

En el mundo de los comunistas de hace cuarenta años estas dos palabras pocas veces iban juntas al hablar de una persona. El «valor» casi se suponía en un dirigente comunista que había de hacer frente a la clandestinidad, a las persecuciones, a las torturas en las comisarías y al aislamiento en las cárceles. El «valor» era lo que hacía de un dirigente una leyenda; pero, por otra parte, el valor se daba por supuesto, como en el servicio militar obligatorio de la época. Y, desde luego, había otros dirigentes comunistas, además de Gregorio, que habían demostrado valentía y entereza en los peores momentos de la lucha antifranquista[9], cuando, como solía ocurrir, se producía una de aquellas detenciones en las que la víctima era detenida por la brigada político-social con todos los pronunciamientos desfavorables, o sea, como dirigente comunista declarado. El «valor» se apreciaba, sí, pero en aquella subcultura nuestra de entonces casi lo identificábamos con el carácter del dirigente.

La «bondad», en cambio, era para nosotros algo así como una flor rara. Habíamos leído el poema de Brecht «A los por nacer» y creíamos saber las razones de aquel dicho del poeta por el cual, habiendo querido ser amistosos en este mundo, no siempre se podía serlo, precisamente por las injusticias y la maldad del mundo en el que a uno le había tocado vivir y quería cambiar. Nosotros éramos los «por nacer» de Brecht, que escribió el poema en los años treinta, y, sin embargo, perseguidos por la dictadura franquista y de nuevo en tiempos miserables, aún teníamos que hacer nuestra la queja del poeta con la esperanza de que los que vendrían después, estos sí, podrían ser amables y bondadosos de verdad. Por eso mismo la «bondad», cuando además se tenía valor y se había sufrido la injusticia, era doblemente apreciada. Gregorio López Raimundo juntaba en su persona las dos cosas. De manera que, para nosotros, la leyenda era historia real.

Conocí personalmente a Gregorio López Raimundo unos años más tarde, creo que en 1970 o 1971. Habíamos pasado por un estado de excepción durísimo[10], muchos compañeros habían sido detenidos, varios de ellos estaban en la cárcel y el PSUC pasaba por un momento delicado. Estábamos intentando reorganizar una comisión de formación de cuadros desmantelada por la brigada político-social y al mismo tiempo tratábamos de entender lo que había pasado en el mundo en 1968. Discutíamos mucho entonces sobre la situación real y sobre el futuro del régimen franquista. Yo entonces no estaba de acuerdo con la valoración que Gregorio hacía de nuestra situación (la del partido y la del régimen franquista) y tampoco con algunas de las cosas que la dirección del partido venía diciendo y escribiendo sobre lo que había de representar el doble aldabonazo del 68[11]. Lo que oí en aquel primer encuentro con el camarada Gregorio no me gustó. Y tampoco me gustó lo que oí en algunas reuniones posteriores con motivo de la redacción del nuevo manifiesto-programa del PSUC[12]. Pero supe entonces que lo que me habían dicho años atrás de la bondad de Gregorio López Raimundo era verdad. Y que esta verdad tenía que estar por encima de las diferencias políticas.

En 1976, poco antes de la legalización del partido, dejé el PSUC. Los motivos no importan en este contexto. Lo que importa, porque es un recuerdo que se me quedó grabado para siempre, es que unas semanas después, yendo yo con Neus Porta[13], coincidimos en un autobús urbano con Gregorio López Raimundo. Fui a saludarle y a preguntarle, con cierto retintín, si habían recibido mi carta de despedida, dispuesto a iniciar la enésima discusión política. Recibí una lección que entonces no entendí bien. Gregorio me dijo que «no». Y añadió que esperaba no recibirla y que, en cualquier caso, seguía habiendo muchas cosas que hacer y volveríamos a encontrarnos. Lo dijo sin acritud, con el mismo tono bondadoso de otras veces, como si nada hubiera cambiado.

Desde entonces he vuelto a coincidir con Gregorio López Raimundo muchas veces, ya sin nombres de guerra y en una situación muy cambiada: en los inicios de Izquierda Unida, en Iniciativa, en Esquerra Unida i Alternativa y últimamente en el PSUC-viu[14]. Mientras tanto, la cultura comunista se ha ido convirtiendo en una de esas cosas en peligro de extinción cuyo valor hay que explicar a los más jóvenes con calma y con paciencia para que no se pierda entre los horrores de lo que fue el estalinismo.

El mundo ha dado muchas vueltas, la mayoría de esas vueltas han hecho que muchas personas valientes perdieran los ideales que tuvieron y que muchas personas bondadosas se dejaran llevar por la melancolía del hemos sido mucho y no somos nada. Gregorio López Raimundo, a sus noventa años, sigue ahí, en todo acto contra la guerra y contra las injusticias, mostrándonos, con su presencia y su palabra, que la ética de la resistencia no tiene edad. Cuando hoy le veo y le oigo hablar de comunismo y alterglobalización pienso que tenían razón los amigos de ayer: valor y bondad. Se necesitaban entonces para resistir a la barbarie franquista. Y se necesitan hoy sencillamente para estar ahí y seguir diciendo lo que se es.

Gracias, Gregorio, por seguir estando, por la compañía.

Notas

[1] El que fuera secretario general del PSUC y presidente del PSUC-viu falleció el 17 de noviembre de 2007, a los 93 años de edad.
[2] A la manera del Brecht de los «Imprescindibles». Brecht fue uno de los poetas-filósofos más próximos al autor.
[3] Véase la entrevista a Gregorio López Raimundo para «Integral Sacristán» de Xavier Juncosa (Biblioteca de la Facultad de Economía y Empresa de la UB).
[4] FFB ha escrito sobre lo sucedido en ese Congreso y en los meses posteriores (sin esconder sus críticas a la praxis de GLR en esa ocasión). La situación que se creó daría pie a la formación del PCC.
[5] Una de las autocríticas del autor, no fue la única.
[6] Raimon: «T’he conegut sempre igual» https://www.youtube.com/watch?v=DK-AdW2OXZY
[7] Fue Enrique Irazoqui (el Jesús de El Evangelio según Mateo, de P. P. Pasolini) quien le dio entrada en el partido.
[8] Sempere y el autor, con apenas veinte años, escribieron un largo y documentado artículo sobre la «Carta al humanismo» de Heidegger: «Heidegger ante el humanismo», Realidad, II, n.º 4, noviembre-diciembre de 1964, pp. 21-41 (firmado como A. Domenech y J. Bru). Será reeditado próximamente en Nuestra Bandera.
[9] Entre otros, Miguel Núñez, el primer responsable político del que fuera maestro, amigo y camarada del autor, Manuel Sacristán.
[10] NE. Decretado en 1969, con dura represión contra el PSUC (el PCE y otras fuerzas comunistas).
[11] NE. Primavera de Praga y Mayo del 68.
[12] NE. Salvo error por mi parte, 1974 o 1975.
[13] NE. Su esposa y compañera. Fallecida en 2011.
[14] NE. GLR fue presidente del PSUC-viu.

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