Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Sobre Manuel Sacristán y Manuel Vázquez Montalbán (y asuntos afines)

Salvador López Arnal

Respuesta a Joaquim Roglan i Llop

Con el título «La penetración americana de Colau» el doctor en periodismo y profesor universitario retirado Joaquim Roglan i Llop publicó el pasado 2 de septiembre un artículo en Metrópoli abierta [1]. La finalidad de su nota era criticar el que considera antiamericanismo de Ada Colau e intelectuales de su entorno («Y es que con pseudo intelectuales y pensadores de la talla de Asens, Badia, Pisarello o Subirats no se llega a otra parte que a un fachoso revival de Bienvenido Mr. Marshall»). No entro en ello; sí, en cambio, en otras consideraciones del artículo. En las siguientes:

1. En 1974, señala Roglan i Llop, Manuel Vázquez Montalbán escribió el ensayo La penetración americana en España, un ensayo, afirma, que fue prohibido (Lo escribió, si mi memoria ha acuñado bien esta moneda, mientras estaba encarcelado en Lérida). Añade: «Comunista, y sin embargo lúcido, sostenía que la influencia económica de Estados Unidos penetraba también a través de la ideología popular estadounidense» [el énfasis es mío]. No andaba errado MVM en su conjetura, pero tampoco es ese el punto de esta nota. Es este: ¿qué significa, cómo podemos intepretar eso de comunista y, sin embargo, lúcido? ¿Está queriendo decir Roglan i Llop que la gran mayoría de los intelectualistas comunistas son torpes, confusos, ciegos o idiotas, y que MVM fue una excepción en una regla generalizada? Un rápido repaso a intelectuales comunistas de las últimas décadas refuta su menosprecio. Recuerdo algunos nombres: Giulia Adinolfi, José María Valverde, Francisco Fernández Buey, Antoni Domènech, Miguel Candel, Joaquín Miras, José Luis Martín Ramos, Adrià Casinos, Francesc Xavier Pardo… y así siguiendo. ¿Dónde está la torpeza, la estupidez, la simpleza de estos pensadores? ¿Conoce Roglan i Llopez sus obras, sus aportaciones científico-filosóficas y sus contribuciones democrático-socialistas? ¿Tiene presente los riesgos de su compromiso poliético en tiempos de silencio, represión y tortura (que algunos sufrieron directamente)?

2. Añade Roglan i Llop una guinda a su pastel: «No fue casual que su detective Pepe Carvahlo hubiese trabajado para la CIA y matase a Kennedy. A MVM lo expulsó del partido comunista un marxista, antes falangista, llamado Manuel Sacristán» [el énfasis también es mío], que «era el santón ideológico de los progres de entonces, que se negaban a beber Coca Cola y a vestir tejanos Levis en público.» Manuel Sacristán no fue santón de nadie, sino un profesor expulsado de la universidad barcelonesa en dos ocasiones por el franquismo, que fue dirigente del PSUC y del PCE, maestro admirado por muchos ciudadanos y ciudadanas de Cataluña. Dudo que los que llama Roglan i Llopez despreciativamente «progres» se negaran a beber Coca Cola en toda circunstancia y a vestir tejanos en público (en todo caso, no veo problema alguno en ello), pero lo que es una verdadera insidia, una falsedad descomunal impropia de ex un profesor universitario, de un intelectual informado que se les da de crítico, es afirmar que Sacristán expulsó a Vázquez Montalbán del PSUC, con el que, por cierto, compartió mesa en una sesión de febrero de 1978 «Sobre el estalinismo» celebrada en los Capuchinos de Sarrià. No puedo extenderme sobre este nudo, pero el lector puede encontrar información contrastada (con el testimonio, entre otros, de Gregorio López Raimundo, secretario general entonces del PSUC) en el tercer capítulo de La observación de Goethe [2].

3. La perspectiva ideológica del autor, aparte de un servilismo usamericano que produce en ocasiones vergüenza ajena, queda patente en este paso: «Nada que ver, tampoco, con las simpatías ideológicas de Colau y su feligresía por el Che Guevara y Castro en Cuba, por Maduro en Venezuela, por Preto en Colombia o por Morales en Bolivia. Todos ellos, excrementos de dictaduras en las venas exangües de la América Latina sin pan ni libertad». Aparte de la incorrecta atribución a Colau y su entorno de fidelidad con los autores citados, la mayor parte de ellos nada tienen que ver con esa tradición político-filosófica, ¿Guevara, Castro, Maduro, Preto, Morales, excrementos de dictaduras? ¿De qué dictaduras habla Roglan i Llop?

4. Por la misma línea de crítica no contrastada: «En la Barcelona de este verano ha quedado claro que la culpa de todos sus males, crímenes y corrupciones no es de los alegres turistas de las barras y estrellas». De toda evidencia. Pero, ¿han oído o leído alguna vez que algún ciudadano de izquierdas se haya expresado en estos términos culpando a los turistas usamericanos de los males, crímenes y corrupciones de la ciudad?

En síntesis: no todo vale en nuestras críticas. No valen la falsedad ni el menosprecio. El profesor Roglan i Llop puede tener la opinión que estime conveneinte de Ada Colau y los comunes, pero no la puede fundamentarla ni en la inexactitud [3] ni en la insidia.

Notas

[1] https://www.metropoliabierta.com/opinion/penetracion-americana-colau_60295_102.html 2/9/2022.

[2] SLA, La observación de Goethe, Madrid: La linterna sorda, 2005 (prólogo de Jordi Torrent Bestit). Véase también «La veracidad de una información» https://rebelion.org/la-veracidad-de-una-informacion-a-proposito-de-manuel-vazquez-montalban-manuel-sacristan-y-el-psuc/

[3] Otro ejemplo de inexactitud. Roglan i Llop sostiene: «Recordaba MVM: “Un español que se llamaba Alfredo Manzanares se convirtió en un novelista popular bajo el seudónimo Alf Manz. Le bastó especializarse en novelas de FBI, novelas baratas llenas de emociones, llenas de imposibles ademanes para el español medio..”». Fue un error de memoria de MVM. El novelista en cuestión se llamaba realmente Alfonso Rubio-Manzanares. A Roglan i Llop le hubiera bastado con mirar 10 segundos en la red para comprobarlo. https://bolsilibrosmemoriablog.wordpress.com/2016/04/16/alf-manz-y-su-ayudante-en-la-sombra/

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