Un punto de encuentro para las alternativas sociales

El imperecedero obituario de Víctor Sánchez de Zavala y sus observaciones y sugerencias sobre Introducción a la lógica y al análisis formal

Salvador López Arnal

Para Enrique Olivas Cabanillas, por su fraternal y generosa amistad.

Fue a principios de la década de los cincuenta del pasado siglo cuando se inició la relación (filosófica y de amistad) entre Víctor Sánchez de Zavala (1926-1996) y Manuel Sacristán Luzón (1925-1985). El vínculo entre ambos tuvo un momento de especial relevancia lógico-filosófica con la publicación de Introducción a la lógica y al análisis formal y el detallado y documentado comentario que el filósofo, lingüista e ingeniero madrileño escribió sobre el libro.

Tras la muerte de su amigo en agosto de 1985, Víctor Sánchez de Zavala publicó en Theoria un obituario que, en mi opinión, está entre lo más verdadero, certero y emotivo que se ha escrito nunca sobre el autor de Panfletos y materiales.

Este artículo está centrado en estos dos asuntos.

1. Acabados sus estudios de Filosofía (después Derecho) en la Universidad de Barcelona, Manuel Sacristán fue becado por el Instituto Luis Vives del CSIC durante el curso 1952-1953. Su nota media de sobresaliente y su premio extraordinario de fin de carrera fueron argumentos concluyentes para la obtención de la beca.

La Deutscher Akademischer Austauschdienst (DAAD)1 le apoyó los dos cursos siguientes. El futuro autor de Las ideas gnoseológicas de Heidegger eligió el «Institut für mathematische Logik und Grundlagenforschung», el Instituto de Lógica Matemática y de Investigación de Fundamentos de la Universidad de Münster en Westfalia, en la entonces República Federal de Alemania, para introducirse y profundizar en un ámbito muy poco frecuentado por él hasta entonces.

Tomada la decisión de dedicarse a la lógica la elección fue muy razonable. El Instituto de Lógica dirigido por el lógico, filósofo y ex teólogo Heinrich Scholz, una figura que resultaría muy atractiva para el joven Sacristán, estaba en aquellos momentos, según ha recordado Jesús Mosterín2 que pocos años más tarde estudiaría también en el Instituto, en la vanguardia de los centros europeos dedicados a la investigación y didáctica de la lógica formal y su filosofía.

¿Qué llevó a Sacristán tomar esa decisión? Motivo importante, bien documentado, fue su deseo de perfeccionar su alemán y, más en general, su amor e interés por la cultura alemana3. Aspirando a una mayor concreción, recordemos que Sacristán no había manifestado hasta entonces especial interés por la disciplina. En la colección de fichas de catalogación bibliográfica que preparó en su juventud, y que Albert Domingo Curto4 estudió cuidadosamente, pueden verse lecturas científicas y epistemológicas. Entre ellas: Mach (Conocimiento y error), Russell (Los principios de la matemática, El conocimiento humano), Poincaré (Ciencia y método, La ciencia y la hipótesis), Laplace (Breve historia de la astronomía), De Broglie (Materia y luz, La Física nueva y los cuantos), Galileo Galilei (Diálogos acerca de dos nuevas ciencias), Eddigton (La filosofía de la ciencia física), Einstein5 (El significado de la relatividad), Uexküll (Teoría de la vida, Ideas para una concepción biológica del mundo), Papp (Filosofía de las Leyes Naturales), Ibérico (El sentimiento de la vida cósmica) y, en lo que respecta más directamente a la lógica, el orteguiano Manuel Granell y su Lógica (Madrid, 1949), que no es propiamente un libro de lógica matemática, de lógica formal.

La catalogación, unas 200 fichas en total, finaliza en 1950 o 1951. En el supuesto de que el orden numérico de las fichas coincidiera laxamente con la ordenación cronológica de lecturas, la presencia de ensayos científico-filosóficos es prácticamente nula en los cien primeros libros y es, en cambio, muy notable en los volúmenes restantes. No es aventurado colegir de ello un creciente interés del joven Sacristán por temáticas científicas y reflexiones filosóficas e históricas anexas.

Su amigo Juan Carlos García Borrón, director de Qvadrante. Los universitarios hablan y colaborador de Laye, ha destacado el interés de siempre de Sacristán por la argumentación correcta, su gusto por la búsqueda de falacias explícitas o encubiertas, su gran habilidad para desenmascarar argumentos inválidos, su permanente lucha contra la pseudoargumentación en cualquier campo filosófico o afín. Su segunda licenciatura en Derecho, sus propias aficiones teóricas, su singular estilo de escritura y exposición oral, sus exigencias en el hacer intelectual, sus críticas y penetrantes anotaciones de lectura y su forma de entender los estudios de humanidades desde sus años de juventud no están alejados ni son inconsistentes con las habilidades señaladas.

En parecidos términos se ha manifestado otro compañero y amigo de aquellos años, Esteban Pinilla de las Heras, el coordinador de la enciclopedia (no publicada) Argos Vergara. Sin olvidar, por otra parte, el rigor y buena información de sus primeros escritos juveniles (los de Qvadrante, por ejemplo) o la presencia de autores neopositivistas en los compases finales de un artículo de 1953 (Laye, 23, penúltimo número de la revista) centrado en la noción de verdad en Heidegger y Ortega: «Verdad: desvelación y ley»6.

2. No hay ciertamente una relación causal directa entre estos iniciales intereses filosóficos globales de Sacristán y su apuesta concreta por los estudios lógicos. Luis Vega7 lo ha explicado en los términos siguientes en su imprescindible estudio sobre la obra lógica de Sacristán, añadiendo, es justo destacarlo, una decisiva derivada moral en su interpretación.

Sacristán, comenta el autor de Si de argumentar se trata, también relacionaba el rigor moral y la virtud «con la precisión en el razonamiento y en la expresión de ideas, mientras se sentía atraído por corrientes coetáneas de pensamiento que tenían que ver con el análisis lingüístico y existencial, en una perspectiva lógica como la de la analítica post-positivista o en una perspectiva ontológica como la de la analítica heideggeriana»8. Quizás, proseguía Vega, pudiera traerse a colación «su inclinación al trabajo serio, a la fundamentación científica y a la justificación racional, como señales de actitudes «pro-lógicas».» Pero esas valoraciones de la verdad y de la honestidad discursiva, su preocupación ante las nuevas formas de irracionalismo (su tesis doctoral es un ejemplo destacable) e, incluso, sus actitudes «pro-lógicas», «resultan motivos demasiado genéricos para explicar la decisión específica de estudiar lógica en el Instituto de Lógica Matemática e Investigación en Fundamentos dirigido por Heinrich Scholz en Münster, en 1954».

Todo se complica, añade Vega Reñón, en una interesante vuelta de tuerca, si el proyecto de especialización académica de Sacristán hubiera tenido que ver inicialmente con la Filosofía del Derecho (recordemos que el traductor de Coing se había licenciado en Derecho y Filosofía), antes que con la Lógica y sólo se hubiera decidido por esta última al encontrarse en Münster, sin plan previo, como parece sugerir Pinilla de las Heras en En menos de la libertad9: «En aquella época gozaban de un gran prestigio académico las cátedras de Filosofía del Derecho, y él había pensado orientarse en esa dirección profesional. Fue su estancia en Münster de Westfalia la que le llevó definitivamente a la lógica.» [el énfasis es mío]. Para lo cual, en opinión de Pinilla, Sacristán tenía cualidades casi espontáneas. Cada vez que oía en la radio o leía algún paralogismo o alguna argumentación falaz «las pescaba al vuelo, saltaba de indignación, hacía un comentario sarcástico». Todo ello, remarca el sociólogo soriano-barcelonés, desde muy joven.

La conjetura sobre el gusto del joven Sacristán por la Filosofía del Derecho, apuntada también por Luis Vega, queda corroborada páginas después: «Sacristán define el formalismo [artículo para la Enciclopedia Argos Vergara] en el ámbito de la historia de la filosofía, como un paso metódico a su estudio de los filósofos del Derecho formalistas (Recordemos que en aquella época Sacristán pensaba especializarse en filosofía del Derecho, y todavía no se había decidido por la lógica matemática)» [el énfasis es mío]

Por su parte, para mayor complejidad, Juan-Ramón Capella10, en su biografía política de Sacristán, señaló en nota a pie de página que, según Pinilla de las Heras, «Sacristán consideró la posibilidad de dedicarse a la filosofía del derecho. Sin embargo, jamás comentó nada al respecto al autor de estas líneas, que sí ha cultivado esa especialidad, más allá de que le interesó en sus años de estudiante, aunque también es cierto que Sacristán tradujo a iusfilósofos destacados como Coing, A. Brecht, Wolf o Heck, y que su trabajo «Sobre la idealidad en el derecho» (texto de 1963, que se puede ver ahora en M. Sacristán, Papeles de Filosofía, op. cit., pp. 302-317) le muestra ampliamente familiarizado con la literatura filosófico-jurídica de la época».

A todo ello, como se ha señalado brevemente, habría que sumar el gran atractivo intelectual y personal que para un filósofo como Sacristán pudo tener la figura y la obra del director del Instituto. De H. Scholz escribirá en 1969, en una breve entrada para el Diccionario de Filosofía editado por Dagobert D. Runes cuya traducción castellana coordinó:

Profesor de teología en Breslau, 1917-1919. Profesor de filosofía y, por último, profesor de lógica e investigación de fundamentos en Münster desde 1943. Tras su jubilación escribió nuevamente teología. Scholz ha sido un filósofo de la lógica y un propagandista del valor educativo de ésta. Su filosofía de la lógica es anticonvencionalista, antipositivista y platonizante según la tradición leibniziana. Una «metafísica como ciencia exacta» puede según él construirse con la lógica como «teoría de los mundos posibles».

Años después, en una conferencia de 1979 sobre las características y necesidad de una política de la ciencia de orientación ecosocialista (ecomunista en el buen decir de Ariel Petruccelli), volvió Sacristán a hablar de Scholz como maestro, como uno de los pocos maestros que había tenido, a pesar de no haber sido ser alumno de sus clases. Mayor y gravemente enfermo, Scholz no pudo dar ya su curso sobre Kant anunciado para el semestre de invierno del curso 1954-1955. No obstante, recordaba Sacristán, aún siguió asistiendo a los coloquios semanales del Instituto. Fue allí probablemente donde le conoció11.

3. Así, pues, el traductor de Quine y Gasenjaeger (también de H. B. Curry y R. Feys y su lógica combinatoria) se formó como lógico (y filósofo de la lógica) en el Instituto alemán de la Universidad de Münster. Fue también entonces, acabados sus estudios, en la primavera de 1956, cuando inició su militancia en el PSUC-PCE. Su amistad con el lógico italiano y militante del PCI, Ettore Casari12, que también cursaba estudios en Münster; su relación política y de amistad con Vicente Romano13 y, sobre todo, con el fresador comunista alemán Hans Schweins, resultaron decisivas en su decisión, al igual que en su forma de entender, nunca talmúdicamente (siempre fue crítico de toda dogmática), la militancia en la tradición marxista-comunista revolucionaria, nunca considerada por él desde perspectivas solo teóricas.

Esa misma posición político-moral y una derivada laboral de su estancia en el Instituto de Münster le plantearon una difícil decisión. Finalizados sus estudios se le ofreció la posibilidad de ser profesor ayudante en el Instituto14. Su compromiso con la lucha antifranquista, le empujó a rechazar una oferta que le hubiera facilitado enormemente su ubicación profesional y su dedicación investigadora a la lógica, de la cual nunca perdió afición ni adicción15.

Él mismo comentó años después que su decisión, su difícil determinación de volver a España para incorporarse a las filas de la activa y muy arriesgada oposición antifascista comunista, significaba la imposibilidad de seguir haciendo lógica y teoría del conocimiento en condiciones profesionalmente adecuadas16.

Iniciada su dilatada militancia en las filas del PSUC-PCE, Sacristán pasó a ser ayudante de Joaquim Carreras Artau en la Facultad de Filosofía de la UB. Allí impartió clases de Fundamentos de Filosofía. Sus apuntes se editaron por la cooperativa universitaria con el título: «Apuntes de las lecciones del curso 1956-57. Fundamentos de filosofía»17. Lo mismo sucedió en el curso siguiente de 1957-58. Parte del material contenido en estos apuntes sirvió de base para su ensayo de 1964.

El índice de las lecciones era el siguiente: Introducción (3 lecciones) (16 páginas). 1.1. Camino para obtener una noción de la filosofía. 1.2. Fuentes y métodos de la Filosofía. 1.3. Los problemas de la filosofía. Parte primera: Lógica (71 páginas). Parte segunda: Metodología (10 páginas). Parte tercera: Teoría del conocimiento (21 páginas). Parte cuarta: Ontología (14 páginas).

La parte primera dedicada a Lógica ocupaba más del 50% del total de los apuntes. Con ocho apartados:

1. Nociones generales. 1.1. Los problemas del conocimiento. 1.2. Las formas lógicas. 1.3. Lógica y metodología.

2. Las grandes etapas de la historia de la lógica. 2.1. El Organon de Aristóteles. 2.2. La lógica de las escuelas medievales. 2.3. Ampliaciones no-formales de la lógica aristotélica. 2.4. Las lógicas no-aristotélicas. 2.5. La lógica en su estado actual.

3. El programa lógico formal. 3.1. Aspecto formal del conocimiento. 3.2. Necesidad del discurso simbólico-formal en lógica. 3.3. Cualidades del discurso simbólico-formal perfecto. 3.4. Variables y constantes lógicas

4. Lógica de proposiciones. 4.1. Variables proposicionales y constantes lógico-proposicionales. 4.2. Sintaxis de la lógica de proposiciones. 4.3. Metodología del cálculo proposicional.

5. Lógica de predicados. 5.1. Variables, constantes y operadores. 5.2. Sintaxis de la lógica de predicados. 5.3. Cuestiones de metalógica.

6. Nociones de lógica de clases y de lógica de relaciones. 6.1. Nociones de lógica de clases. 6.2. Nociones de lógica de relaciones

7. La inducción. 7.1. Concepto de inducción. 7.2. Aspectos formal y metodológico del problema de la inducción.

8. Tratamiento moderno de la inducción y la deducción 8.1. Deducción: el concepto de cálculo de la inferencia «natural». 8.2. Tratamiento simbólico-formal de la doctrina del silogismo categórico. 8.3. Inducción: la teoría general de la reducción. 8.4. El tema de la inducción sustituido por el de la lógica del cálculo de probabilidades.

Su aguda capacidad crítica seguía en perfecto estado. Al presentar el inolvidable ensayo de Werner Jaeger sobre Aristóteles, cuya traducción española había publicado Gredos en 1946, señalaba: «Resulta poco convincente (aunque se apoye en textos aristotélicos) la afirmación del mismo autor de que Aristóteles jamás reconoció en la lógica «una parte de la filosofía ni nada que tuviera un objeto propio». Jaeger escribe a continuación: «siempre la trató meramente como un arte o facultad (dynamis) con reglas formales especiales, más o menos semejante a la retórica. Había llegado a ser ya el primer especialista en lógica antes de deducir de su nueva doctrina de la abstracción consecuencias que iban contra la teoría de las ideas».» Empero, comentaba Sacristán agudamente: «Si de la doctrina de la abstracción –una doctrina metodológica y, por lo tanto, lógica en sentido amplio– sacó consecuencias contra la teoría de las ideas de Platón, es que su lógica «intervino», por así decirlo, en su filosofía.» Lo importante no era que Aristóteles lo hiciera de joven o de viejo.

Merecen también destacarse comentarios históricos y metodológicos –el dedicado a los modos resolutivo y compositivo de Galileo, por ejemplo– y los ejercicios finales de los capítulos. Un ejemplo: en la 8ª lección, se solicitaba formular en el lenguaje de la lógica de predicados los axiomas de la geometría proyectiva de Godeuax: 1. Dos puntos determinan una recta a la que pertenecen. 2. Dos planos determinan una recta que les pertenece. Etc.

En la recapitulación, se señalaba que una consecuencia práctica de las ideas de lógica simbólica expuestas en los citados apuntes era desautorizar como falsas las frases siguientes:

9. «La lógica padece una grave crisis» (Granell). Es crisis de crecimiento, no de destrucción.

13. «No vale la refutación del relativismo». Su argumento: negar la ontopredicabilidad como paradójica es una paradoja.

15. «Tal como está el mundo, equivale a la más alta perfección. Dios no se revela en el mundo» (Tractatus Logico-Philosophicus). Esta expresión y otras de cuño positivístico (como también las nominalistas) proceden de una extrapolación enteramente ilógica, que termina negando aquellos elementos de que se prescindió al empezar convencionalmente. Cada día esta actitud está más desprestigiada. B Russell, por ejemplo, negaría este aserto de Wittgenstein18.

Pero al arzobispado barcelonés, la rama catalana del nacional-catolicismo español sin señas propias de identidad en aquellos oscuros y durísimos años, no le entusiasmaban las exquisiteces lógico-filosóficas de un profesor no titular recién llegado de Alemania y con creciente fama de combatiente antifranquista de tendencia comunista. No estaban dispuestos a que un insignificante profesor ayudante explicara documentadamente a Kant y la Ilustración a los estudiantes universitarios barceloneses de finales de los cincuenta19. Sólo el apoyo del que sería su director de tesis, J. Carreras Artau, impediría (de momento) la más que probable expulsión de Sacristán de la universidad barcelonesa.

Se impuso un traslado y el lugar de acogida fue la Facultad de Económicas que tras ello se convirtió, cuando fue el caso que no fue siempre (el traductor de El Capital sufrió dos expulsiones), en su lugar de trabajo, en su facultad, institución en la que también impartirían clases muchos años después discípulos suyos como Francisco Fernández Buey, Félix Ovejero o Antoni Domènech.

4. Tras su regreso a Barcelona en 1956, Sacristán escribió un sentido y detallado artículo sobre la filosofía de la lógica de Heinrich Scholz, fallecido en diciembre de ese mismo año; reseñó Lógica matemática de Ferrater Mora (con el que se carteó) y Hugo Leblanc; publicó su primera gran aportación enciclopédica (para el suplemento de 1957-58 de la Enciclopedia Espasa); defendió su tesis doctoral sobre la gnoseología de Heidegger en 1959; escribió sus primeros escritos marxistas («Tres notas sobre la alianza impía», «Para leer el Manifiesto Comunista»;…); inició su prolongada labor socrática de traductor (en 1956 publicó su versión de El Banquete); editó legalmente a Marx y Engels en 1960; optó (sin éxito) en 1962 a la cátedra de lógica de la Universidad de Valencia para la que elaboró una memoria de oposiciones y un texto «Sobre el Calculus universalis de Leibniz en los manuscritos 1-3 de abril de 1679» y preparó, finalmente, Introducción a la lógica y al análisis formal. Con el rigor de siempre y con el gusto por la reflexión filosófica sustantiva anexa.

Una ilustración de ese rigor. Cuando estaba preparando los últimos capítulos de ILAF, escribió a su hermana bióloga, Marisol Sacristán20, entonces residente en la República Federal alemana, pidiéndole ayuda para un ejemplo de división de especies que no fuera dicotómica. En estos términos:

Querida Lola:

necesito con mucha prisa que me mandes un ejemplo de división de algún género en especies, o de alguna clase, o de alguna familia en categorías inmediatamente inferiores y que tenga las siguientes características: a) ser una división en pocos miembros, pero más de dos (que no sea dicotómica); b) tener un principio de división intuitivamente muy claro, como el de angiospermas y gimnospermas. Pero ésta no me vale porque es dicotómica. No hace falta, en cambio, que el principio de la división sea teórico. Puede ser práctico, agronómico, por ejemplo. Pero de uso real por teóricos o por técnicos (P.e. ¿hay tres o cuatro clases de trigos que compongan una verdadera división, es decir, que agoten la clasificación posible –desde algún punto de vista– de toda planta de trigo?).

Anda, date prisita, Manolo

De todos modos, añadía Sacristán finalmente, prefería que el ejemplo fuera teórico, de sistemática.

La ayuda llegó el tiempo y fue incorporada en el apartado 95 –«Un ejemplo de división»– de ILAF21. Sirvió para ilustrar el siguiente tema:

El orden de las Eubacteriales comprende la mayor parte de las bacterias, las unicelulares no ramificadas. Es el predicado «unicelular-no-ramificada» el que permite la abstracción de ese orden. Los biólogos lo han dividido en base a un principio basado a su vez en la forma y el modo de división de los individuos según dimensiones espaciales. No hay entonces predicados atómicos sino moleculares en el primer estadio de la división: los atributos atómicos a partir de los que se componen los predicados de los que se abstraen las subclases (familias) de Eubacteriales son, en la división más breve de este orden: P1: ser esférico; P2: ser cilíndrico no encorvado ni arrollado; P3: ser cilíndrico arrollado o encorvado; Q1: dividirse según una sola dimensión espacial; Q2: estar indeterminado en cuanto a dimensiones espaciales de la división. Con ellos se componían los siguientes predicados para la abstracción de subclases del orden Eubacteriales: P1 ∧ Q2: del cual se abstrae la familia de los Cocáceas (los cocos); P2 ∧ Q1: del cual se abstrae la familia Bacteriáceas (bacterias y bacilos); P3 ∧ Q1: del cual se abstrae la familia de los Espiraláceas (vibriones y espirilos).

5. Sacristán envió ILAF a destacados miembros de la comunidad filosófica de aquellos años: Ferrater Mora, Sánchez-Mazas, probablemente también a García Bacca, Gustavo Bueno, A. García Calvo y Rafael Sánchez Ferlosio, al igual que a Víctor Sánchez de Zavala. También a Salvador Espriu, con el que se carteó. (Habló de su poesía en «La veracidad de Goethe»).

Algunos amigos le respondieron comentando su trabajo, haciéndole llegar una valoración general de ILAF. En otros casos, le señalaron observaciones muy precisas sobre aspectos lógicos, filosóficos y lingüísticos del libro. Este fue el caso, de forma muy destacada, de Víctor Sánchez de Zavala.

Sin embargo, recordemos que en la presentación de ILAF22 Sacristán apuntaba en una dirección distinta, hacia ámbitos no estrictamente filosóficos. Importantes conceptos epistemológicos –sistema deductivo, algoritmo, modelo, función o estructura–, que eran de uso frecuente en ciencias positivas, tenían en la lógica formal el lugar de su primera introducción y aclaración. Aunque, sin duda, esta inicial dilucidación que se encontraba en la lógica era muy general, «y los conceptos en cuestión toman en las diversas ciencias positivas que los usan connotaciones específicas», una introducción a esas nociones en el marco de una iniciación a la lógica formal era útil, desde su punto de vista, para toda formación científica que se quiera educar también en el espíritu de la teoría.

Por ello, la principal motivación con que había escrito el manual era la de suministrar una presentación introductoria que, a diferencia de lo que muy naturalmente solía ocurrir a los libros de lógica, no presupusiera en sus lectores ningún interés especial por la filosofía ni por la matemática, ni menos aún una educación universitaria en ellas. El lector típico tenido en cuenta era más bien «el estudiante de nuestras facultades de ciencias positivas (naturales y sociales)». Esto podía dar razón «del carácter ingenuo de la información y las discusiones sobre temas filosóficos y matemáticos, así como del abandono de venerables doctrinas tradicionales (por ejemplo: de la renuncia a un tratamiento sustantivo de la silogística)»23.

Así, pues, lo que pretendía Sacristán con ILAF era ayudar a la introducción del estudio de la lógica y su filosofía fuera de las secciones de filosofía y matemáticas, muy consciente de que salvo en algunas facultades muy singulares que ya en aquellos años contaban con unos «Fundamentos de Filosofía» en sus primeros cursos, en su propia facultad, la de Económicas, por ejemplo, no era nada fácil alcanzar entonces ese deseable objetivo en el ámbito universitario español.

No sabemos con exactitud el impacto real que tuvo ILAF en la propia facultad de Económicas de la UB (o en otras facultades similares) donde Sacristán impartía clases en aquellos años. Tenemos, eso sí, la positiva opinión de algunos alumnos suyos de aquellos años. Recordemos que el autor de «La Universidad y la división del trabajo» fue expulsado en 1965, al año siguiente de la primera edición del manual, que sus sustitutos (por ejemplo, Francisco/Francesc Canals) no tuvieron la arista lógico-analítica en un lugar destacado de sus preocupaciones filosófico-pedagógicas, que el mismo Sacristán se mostró autocrítico con algunas de sus iniciales pretensiones didácticas24 y que, en fin, hasta prácticamente 1976, hasta después de la muerte del dictador golpista, el que fuera miembro del comité ejecutivo del PSUC no pudo reincorporarse a la Universidad, a excepción del curso 1972-1973 (al final del cual fue expulsado de nuevo).

En todo caso, aun cuando no fuera su finalidad inicial y central, ILAF sí tuvo influencia en las facultades de filosofía del país25 y fue valorado positivamente por destacados miembros de la comunidad filosófica de la época26.

6. Cuando en tiempos de lucha antifranquista, clandestinidad y fraternidad, Sacristán viajaba a Madrid para asistir a reuniones del Partido o por tareas políticas anexas («gestiones» las llamó en su nota autobiográfica de finales de los sesenta), solía reunirse, en casa de Javier Pradera, con Rafael Sánchez Ferlosio, Agustín García Calvo, Víctor de Sánchez de Zavala [VSZ] y el anfitrión. Las conversaciones no giraban sobre temas políticos. Según recordó Xavier Folch, se hablaba, larga y nocturnamente, sobre lingüística, lógica y filosofía del lenguaje.

Uno de los asistentes, VSZ escribió a Sacristán una larga carta manuscrita no fechada sobre ILAF27: cuatro páginas de comentarios generales y catorce más de detalladas y estudiadas observaciones lingüísticas y lógico-filosóficas, amén de señalar, con acierto de corrector experimentado, diversas erratas.

En la primera parte de la carta, VSZ afirma que el libro, «como pensaba», era extraordinario «como conjunto expositivo gnoseológico y de una enorme claridad en los detalles». Resaltaba que le había impresionado «como, casi sin fórmula alguna ni términos técnicos, presentas la demostración del teorema de Gödel» y apuntaba a continuación, muy en línea con las posiciones metafilosóficas de su amigo, que, «naturalmente, no sólo me parece apropiado para quienes no tengan una formación filosófica ni matemática, sino muy en especial para ellos –esto es, quienes crean que lo que se les ha suministrado como tal en España (o, al menos, en Madrid) es una verdadera formación o preparación–: “los filósofos” necesitan más que nadie tener alguna idea de lo que ocurre en las ciencias, siquiera sea en su duplicado espectral de la lógica; y no les viene mal a los otros, antes de salir armados de todos sus chirimbolos algorítmicos, una ojeada a la cocina de donde los han tomado».

Eso sí, VSZ matizaba a continuación: le había gustado menos la terminología que empleaba en varios casos «y por ello verás que opongo, numerosas objeciones a tus términos técnicos». Pero, con harta osadía añadía, no sólo a ellos: «como según iba leyendo anotaba al margen todo lo que encontraba objetable, te mando esta cuádruple lista de observaciones críticas (que es completa: es decir, que no me he dejado nada en el tintero, pues otra cosa sería acción indigna de un amigo)». Como la distribución de los pasajes del texto que no le agradaban tenía un importante factor de arbitrariedad, «espero que me disculpes si en algunos casos te atribuyo expresiones que se deban únicamente al tipógrafo».

En general, frente «al flexible y preciso» manejo del idioma castellano con el que Sacristán había vertido en sus traducciones de 1962 los conceptos adornianos28, a VSZ le parecía que aquí «te has dejado ganar por las resonancias procedentes de un “abuso” de lecturas del inglés; lo cual lamento más de lo que te puedas figurar, y muy especialmente si te lo justificas pensando que el lenguaje de la ciencia tiene sus propios requisitos y módulos», muy distintos, por otra parte de los literarios y filosóficos, «como si no fuera justamente ése nuestro porvenir lingüístico (igual que el de la Edad Media lo constituyeron, acaso, las expresiones artesanales y de la vida rural) y si, por tanto, no tuviésemos ante todo el deber de construir una lengua científica desde dentro del castellano –cosa difícil, por lo demás, cuando la ciencia la hacen otros».

Ello no era obstáculo para que reconociera lo fácil que era «que muchas de las cosas ante las que protesto sean inobjetables desde el castellano; mas lo único que puedo yo hacer es señalar lo que el oído de mi “idiolecto” [muy influido por el de Rafael [Sánchez Ferlosio], desde luego] registra como violento o extraño: con no hacer caso, basta)».

Proseguía VSZ lamentando que no se había decidido a seguir seriamente ninguna demostración, «algo poderosamente aburrido»29, y que ello debería valer a Sacristán como advertencia sobre «los límites de la zona en que he podido advertir alguna errata» y que, por otra parte, su «escasa preparación lógica» le impedía hacer crítica de fondo. A pesar de ello, apuntaba que «sólo diría que posiblemente se venza un poco todo del lado de la deducción natural». Era cierto que en los libros que aquí más se manejaban era, tal vez, «lo peor expuesto, pero temo algo que el estudiante que empiece con la I. a la L. y al a. f. (feliz quien empieza con tan buen pie, sea dicho entre paréntesis) saque una idea algo raquítica del método axiomático, al que dedicas sólo 15 páginas30», en tanto que unas treinta a la deducción natural y unas ocho a exponer «con todo detalle un punto importante de mencionar, pero acaso no tanto de desarrollar a fondo en un libro introductorio: la equivalencia de ambos sistemas en cuanto al rendimiento».31

Sobre los temas desarrollados por Sacristán con más acierto, aparte del punto de vista gnoseológico general en el que volvía a insistir, VSZ destacaba «modestamente» que la extensión dada a la lógica de las relaciones y el excelente capítulo XVI sobre «La división y la definición» merecían todo el agradecimiento del lector. En cambio, el XVII, «El análisis formal de la inducción», «con ser también muy interesante y convenientísimo para los no lógicos profesionales (reitero: también para los “filósofos” y “matemáticos”)», adolecía en su opinión de cierta lentitud expositiva «que lo hace un poco menos agradable –aunque acaso sea mi actitud de prevención ante la teoría carnapiana de la inducción y la confirmación (actitud que deseo y espero disolver pronto) lo que me hace fatigarme en su lectura».

Finalizaba VSZ su comentario señalando que dado que nunca, hasta la fecha, se habían escrito sobre sus respectivas «producciones», no quería dejar de indicar algo que, aunque estaba seguro de que era ocioso, había alguna posibilidad, por remota que se evaluara, de que pudiera evitar algún malentendido «que estas críticas de aficionado no aluden […] ni en el fondo se refieren a nada que no sea lo que explícitamente indican (y también saben lo criticables que ellas mismas son). Si pudiese dar una orden, diría, pues: PROHIBIDO RESPONDER A ELLAS (yo he dado todos mis argumentos; y en la próxima edición se verá qué es lo que tú piensas)».

Los argumentos, los cuidadosos comentarios y observaciones de VSZ, estaban divididos en tres apartados. Antes de entrar en ellos, veamos algunos nudos biográficos del autor de Ensayos de la palabra y el pensamiento en los años en que escribió sus notas sobre ILAF.

7. Hacia 1950, VSZ (Pamplona, 1926-Madrid, 1996), un año menor que Sacristán, era un joven ingeniero industrial de apenas 24 años y brillante porvenir, como señaló su amiga Carmen Martín Gaite32. Atraído por las humanidades, le interesó confrontar ambos mundos y establecer relaciones y dependencias entre ambos lenguajes: «[…] campo muy cercano al de la Lógica Matemática, que cultivó su también amigo Miguel Sánchez [Mazas], creador posteriormente de la revista Theoria, donde Víctor había de colaborar asiduamente»33.

En aquellos primeros años cincuenta, los hermanos Miguel y Rafael Sánchez Ferlosio, Martín Gaite y VSZ eran contertulios del grupo de Gambrinus, un restaurante situado en la calle Zorrilla de Madrid. A media tarde, una o dos veces por semana, se reunían para comentar textos literarios y filosóficos. Por la tertulia pasaron jóvenes estudiantes de Medicina como Eva Forest34 o Luis Martín Santos35, amén de ingenieros de caminos como Juan Benet y un diverso grupo de «letraheridos» como Francisco Pérez Navarro o Alfonso Sastre. La tertulia fue bautizada con el pomposo nombre, según el propio decir de la autora de Nubosidad variable, de «la Universidad Libre de Gambrinus». «Allí no se pedía carnet alguno ni hacía falta para quedarse un par de horas otra cosa que el exiguo precio de un café y afición a saber un poco más de lo que se sabía por conducto de los centros oficiales. Los libros enseñaban a disentir o a entusiasmarse. Fomentaban la réplica, y el profesor no se enfadaba, porque no había profesor.»36.

Sus primeras publicaciones fueron en la revista Theoria que fundara su amigo Miguel Sánchez-Mazas Ferlosio. Allí publicó VSZ, en el número 5-6 de 1954, «Pequeña nota sobre filosofía» y en el 9 de 1956, «Sobre las funciones del lenguaje». En 1962, en el número 21 de Revista de Filosofía, publicó un largo artículo titulado «Adversus Mathematicos».

Algunos de los contertulios formaron más tarde parte del llamado «Anillo lingüístico del Manzanares». A ese «anillo», alusión burlesca al círculo lingüístico de Praga (o incluso al mismísimo Círculo de Viena), acudieron Agustín García Calvo, Isabel Llacer, el poeta y lingüista Carlos Piera y varias personas más. Son los años, cuenta Martín Gaite, en que Rafael Sánchez Ferlosio «se había consagrado en cuerpo y alma a la gramática» y discutía con VSZ, «que le reprochaba su falta de rigor y academicismo, su condición, en fin, de autodidacta». VSZ le solía señalar al futuro premio Cervantes que corría el riesgo de ir descubriendo mediterráneos ya explorados por otros y, además, desde antiguo.

VSZ, que vivía, en significativa consistencia nominal, en la calle Gutenberg de Madrid, alternaba entonces su profesión de ingeniero con una encendida pasión por la fotografía. En la librería Miessner (Paseo de Recoletos, nº 3), de la que era habitual cliente, consiguió que se le hiciera una exposición de los paisajes captados por su máquina: «tierras de color ocre, sin figuras, como hechas de remiendos bajo cielos infinitos». Paisajes desolados de la provincia de Guadalajara, muy parecidos unos a otros. La afición fotográfica, desgraciadamente, se le pasó muy pronto, aunque la retomó nuevamente a finales de los años ochenta.

A finales de 1953, el contertulio del Manzanares partió para Denver (California), a colaborar durante un tiempo en un proyecto ingenieril de lluvia artificial. Durante algunos de esos años, Sánchez Ferlosio y Martín Gaite fueron secretarios suyos. Cuidaron de sus papeles, ordenaron su biblioteca y le enviaron revistas y correspondencia. Fue probablemente una petición –y una ayuda solidaria a un tiempo– de un amigo mejor situado.

A su vuelta de Estados Unidos, VSZ tomó una decisión en firme: colgó definitivamente su carrera de ingeniero y se matriculó en el primero de la entonces llamada Filosofía Pura en la Universidad Complutense. Fue en el curso 1960-61. Tenía entonces 35 años. Carlos Piera, compañero suyo de estudios, pero mucho más joven (nació en 1942), recordaba la atmósfera de aquella facultad37:

Para licenciarse entonces, como se proponía mi amigo, en esta Filosofía que se llamaba Pura, no hacía falta leer ningún libro. De hecho era recomendable no leer ninguno. Víctor, que era prodigiosamente trabajador y disciplinado, se había preparado aprendiendo por su cuenta alemán y griego e iba siguiendo el programa de «Historia de la Filosofía» empezando por Die Fragmente der Vorsokratiker, comprado a crédito, como todo lo que leía, a los heroicos libreros Miessner. Nunca lo hubiera hecho: el primer indicio que dio de semejante actividad le acarreó un rapapolvo público del enseñante, que no había visto cosa igual.

Era una generación, comenta Piera, condenada a la ignorancia. Si esa condena no se cumplió del todo se debió en Madrid a Aranguren en Filosofía y a los profesores Lapesa y Eugenio de Bustos Tovar en Filología románica, y, más allá del profesorado, «muy en especial a aquel extraterrestre que misteriosamente habitaba entre nosotros», un ingeniero industrial de 35 años, «especialista en lluvia artificial y experto fotógrafo que, ante un desplante de los que soltaba un docente con la displicencia de los ignorantes, retintinaba muy despacito: “Ruego a la cá-te-dra que no emplee ar-gu-men-tos ad ho-mi-nem para hacerse la publicidad”.»38.

Juan Delval (n. 1941), que fue también su compañero de estudios, comentó que en aquella facultad de filosofía de la Complutense VSZ tuvo un papel muy activo y que sabía mucho más que sus profesores de aquellos años, con la salvedad de Aranguren, «el único oasis», en cuyos cursos y seminarios se discutía libremente y donde participaban activamente otros alumnos como Jesús Mosterín, Eugenio Trías, Xavier Rubert de Ventós o Paco Gracia39. «Poco después de conocerle dejó su trabajo como ingeniero y empezó a estudiar filosofía, con lo que nos convertimos en compañeros de estudios pues yo, que había comenzado a estudiar en la Facultad de Ciencias, había empezado a simultanear esos estudios con los de Filosofía». Allí se formó un pequeño grupo de amigos que luego siguieron trayectorias muy distintas «pero que teníamos en común un profundo desacuerdo con lo que nos enseñaban en la facultad y sobre todo con cómo nos lo enseñaban. Lourdes Ortiz, Jesús Muñárriz, Carlos Piera, Manolo Gutiérrez Aragón, Félix Lumbreras, Alberto Méndez40, Julio Ferrer eran algunos de los miembros de ese grupo. Pero en muchas cosas Víctor estaba mucho más avanzado que nosotros y era de alguna manera el maestro de sus compañeros».

En ese mismo año de 1965, en la editorial Península, VSZ publicó su primer libro: Enseñar y aprender41 y fue también en ese año cuando tradujo La explicación científica de R. B. Braithwaite y Proyecto para un cerebro: el origen del comportamiento adaptativo de V. R. Ashby para la colección «Estructura y función» de Tecnos, dirigida por Enrique Tierno Galván, para la que ya antes había traducido La lógica de la investigación científica de Popper, Verdad y denotación de R. M. Martín, y los Elementos de lógica teórica de Hilbert y Ackermann.42 También Sacristán, que conocía las traducciones de su amigo (a las que citaría en sus clases de Metodología), tradujo para esa colección Lógica combinatoria de H. B. Curry y R. Feys.

8. El extenso y cuidadísimo anexo de la carta que VSZ dirigió a su amigo se iniciaba con una detallada página de erratas. VSZ señalaba, por ejemplo, que en la página 235, l. -5, de ILAF se decía «intención» y que, en cambio, debería decir «intensión».

VSZ dividía su explicación en cuatro apartados: «página», «línea a la página», «dice», «debe decir». Algunas de sus anotaciones:

Página

Línea a la página

Dice

Debe decir

7

Línea -7

De formal normal

De forma normal

8

«Capítulo XIII»

Decibilidad

Decidibilidad

108

Lín. 6

Mi mano derecha

Mi brazo izquierdo

124

Lín. -13

Ls + 1

Ls + 1 (s)

187

Lín. -18

Y (2º), si la posee

Y (2º) que, si la posee

208

Líneas 4/5

Manchas tipográficas

Marcas tipográficas

248

Párr. 4, líneas 2/3

Correspondientes: (DC8) y (DC9)

[correspondientes a (DC8) y (DC9) en la

[correspondientes: (DC16) y (DC17) de la

264

Lín. -1

1- equívoca

1-unívoca (o bien, según lo que digo en el apartado sobre terminología, ‘unívoca en 1’.

295

Lín. -2

Básicos en el que

Básicos en la que

313

Lín 8 (izq)

.a funcional: 67

. a funcional: 67, 262

El segundo apartado del anexo de la carta estaba dedicado a los términos técnicos de ILAF. Estructuradas en cuatro columnas –página, especificación en la página, textos, comentarios–, el lingüista y ex-ingeniero, siempre filósofo, hacía aquí agudas observaciones lógicas y lingüísticas del siguiente tenor:

Pág.

Especificación en página

Texto

Comentarios

106284 Líneas 16, 18 y 25Lín. 4

[instancia

instanciar]

¿Por qué hemos de calcar el inglés teniendo ejemplo y ejemplificar?; además, así se debilita la acepción normal de instancia, cara a Adorno, de la que echas mano en la p. 156, párrs. 4 y 5, y que tan poco rigor tiene en contextos no jurídicos.
29 Cuadro, casilla inferior derecha

sentencia

¿No se puede utilizar oración (o, quizá, cláusula)? Con este nuevo uso temo que su significado usual quede bastante aguado (llegue a ser un sinónimo más de frase y oración).
48159

168

Pár.3,lín,–1P2, líneas –2/-1

P2, lín 5 líneas 1 y 3/4

Lenguaje-objeto En no sé qué libro he visto empleado «lenguaje de objetos», que me parece mucho mejor, pues este lenguaje no es un objeto, sino un lenguaje que mienta objetos (frente al que mienta otro lenguaje, o metalenguaje).
5965

67

80

81

100

136

137

138

144

147

148

151

152

152

153

179

183

206

207

208

209

210

252

273

274

277

283

287

291

294

295

297

303

Lín –20Lín –3

Lín –3

Lín 15

Lín 3

Lín 17

Líns 1 y –7

Lín –3

Líns 2 y –7

L 18 y 19

L 3,-6 y –1

Lín –2

L -3-10,-8

L 13,15,…

27,-5,3,-1

lín 2

lín –16

lín 6 y 9

lín –11

lín –11

l –14,-11

l–2, 5, 8, 15, 16, 20 y 23

l –13,-11

lín –2

lín –14

l14 y 14/5

l 3 y 8

l 1 y –9

l 7 y 7/8

l 1

l –4

l 2 y –2

l 8

lin 19, 20 y 25

Conjunción conjuntivo La antonomasia de que hablas en la p. 65 me parece muy poco recomendable en una terminología científica; cuando se emplea conjunción saltan por todas partes expresiones muy extrañas, especialmente cuando, como tú haces, se emplea diferentemente para la «conectiva» (o el símbolo de esa función veritativa) y para el enunciado molecular formado con ella; además la polaridad de las dos operaciones (∧ y v) quedaría perfectamente explícita con conyunción-disyunción. Por otra parte, la pareja conjunción-conyunción vale para oponer la vinculación de objetos de carácter no lingüístico (o conjunción de dos planetas, conjunción de estudios distintos [prefacio de Principia Mathematica, 1er párrafo], por ejemplo), en donde no cabe confusión alguna con la acepción de la gramática, a la vinculación de enunciados, fórmulas, oraciones, etc., en la que se hace cierta violencia al idioma con esa dichosa antonomasia. Por lo demás, recuerda que además de disyunción (en lógica) tenemos disjunción (en matemáticas), de modo que también a este respecto tenemos precedentes en cuanto a reservar la j para objetos y la y para entes intencionales (o lingüísticos, si quieres).Independientemente de lo anterior, desde que leí Formale ogik de Lorenzen creo absolutamente preferible el nombre de adyunción para la función simbolizada por ‘v’ y el de disyunción para la correspondiente a f5 (lo cual, para mi gusto, debería registrarse en las págs. 206/7).

(Por si lo quieres encontrar con rapidez: está en las pp. 38/9 de mi edición [Sammlung Göschen, 1176/1176a, 2ª edición, 1962].)

79

65

72

73

79…

Lín –6Lín 7

Lín –17

Lin 2,7 y 9

Líns 4 y 5

Lín 1…

functor

Esta palabra es impronunciable en castellano. ¿Por qué no decir simplemente funtor, de la misma manera que decimos tintorero, tinto, unto, etc y hasta el neologismo disyuntor?(Yo he empleado funtor en el Popper y en el Martin).
256 Párr. 3, lín 3 Construcción Parece que tratas aquí de reproducir el doble sentido de construction en inglés (que puede entenderse referente a to construe y a to construct), pero ¿acaso no sería mejor decir interpretación, reinterpretación, o algo así?
295301

302

303

304

Párrs –4 y –3Párr. –2

Párr central

Párr –2

Párr 2

Concepto empírico y concepto lógico No me parece muy oportuno, pese a Carnap, oponer a la probabilidad lógica la frecuencial (empírica); pues esta última está completamente substituida, gracias a Kolmogorov (y a Popper, si es que hemos de creerle), por una probabilidad formal o abstracta (interpretada numéricamente), que en absoluto puede llamarse empírica, por más que las predicciones que se hagan con ella se pueden confrontar, naturalmente, con datos empíricos. En cuanto a la probabilidad lógica, acaso sea algo aventurado identificarla, sin hacer ninguna aclaración, con la «confirmatoria» (recuerda las objeciones de Popper a Carnap [The L. of Sc Dis, pp. 392/5, o La lógica de la inv. cient., pp. 364/7], aunque he de reconocer, abochornado, que no he comparado las Logical Foundations of Probability con lo que dice nuestro buen Karl R.); es verdad que en la pág. 306, párr.-1, indicas algo de esto, pero tal vez convendría aludir a ello desde la pág. 295.
3310 Lín –13Lín 7 Educacióneducado ¿No crees que sería mejor hablar de formación, formado o preparación y preparado? Me remito a lo dicho en Enseñar y aprender.
8201 Cap. XIIILín 2 Decidibilidad en… Tal como está escrito los ojos sufren cierta violencia: es una construcción apropiada para nombres propios (‘Alicia en el país de las maravillas’), no para sustantivos (comunes). Acaso podría decirse: La decidibilidad en o Decidibilidad de… ¿no te parece?».
22 Lín 15 Sencilla palabra Yo votaría por palabra sencilla (o única, o simple, según lo que quieras decir exactamente): la posposición del adjetivo permite efectuar la determinación del sustantivo sin connotaciones subjetivas (si en lugar del artículo indeterminado tuviésemos el determinado, la diferencia entre anteposición y posposición sería aún mayor: en «el caballo blanco», blanco determina qué caballo es; en «el blanco caballo», el hablante no hace sino calificar un caballo que se determina mediante otros recursos [ejemplo de Rafael S-F [Sánchez Ferlosio], que recoge y mejora observaciones de Bello]).
2573 Lín -13Lín 1 En términos de Esto es un anglicismo quizá inofensivo, pero muy irritante, pues no es inteligible con el significado normal de «término»: habría que… importarlo como locución; pero ¿qué necesidad hay de ella si podemos decir a base de, como algo irreductible a, y otras muchas expresiones semejantes?
2667

108

123

179

181

194

209

218

273

277

295

P –1, l –1Lin –5

p. 3, l.-2

lín 9

lín 4

lín –6

lín –7

p.-2, lín -5 /-4

lín 3

p. 3, l. 1

p. 2, l. –1

p.–4, lín -1

…pues… Tanto lógicamente como por la elocución, pues está separado del contexto inmediato y debería, por tanto, a mi juicio, escribirse entre comas: es tan claramente una reflexión del hablante sobre lo hablado -esto es, metalingüística- que la prosodia y la entonación más descuidadas lo marcan con toda claridad (no digamos mi propia e insufrible elocución, que parece reflejo del lenguaje escrito). Observa que en la página 124, línea 10, por tanto cumple una función exactamente igual a la de pues, y lo has escrito entre comas (también lo haces con pues en la p. 277, lín. 6). Por lo demás, en la p. 277 (párr. 2, lín 1), yo haría, además, una inversión, diciendo. ‘También por este camino pues llegamos…’
27 Líns –3/-2 Descubrir y precisar verdad empírica ¿Qué quiere decir eso? Esta forma es adecuada para nombres de masa (‘descubrir y alumbrar agua’ por ejemplo); pero no hay masa alguna de verdad de la cual puiser, sino, si acaso, verdades discretas. Pienso que lo mejor sería emplear verdades empíricas.
54102

243

Lín 10Lín 7

Lín 1

Una tal, una tal Esto suena a galicismo. Es cierto que decir sólo ‘Tal...», es, quizá, algo débil, no aísla suficientemente el objeto singular designado por el sustantivo correspondiente; pero creo que la deixis unívoca y unificante que probablemente quieres conseguir puede lograrse empleando otros medios: en la p. 54, un poco más enérgico que tal (diciendo ‘Semejante…’); en la p. 102, con otro giro (por ejemplo, ‘De esta índole sería la…’) y en la p. 243 con uno cualquiera de estos dos tipos de recursos.
54 Lín -8

Pablo

‘Pablo’ denota sólo una de las innumerables personas que se llaman Pablo: para individualizarla se requiere completar ese nombre propio. Me dirás, tal vez, que no se necesita, pues la misma obra citada nos remite al autor; pero no es tal el uso que hacemos, en castellano, de los nombres de pila (no decimos *’Isaac Philosophiae naturalis principia mathematica ni *’Juan Sebastián, 2º concierto de Brandenburgo). ¿Acaso no indica por sí mismo el San que se está empleando la terminología de una Iglesia al margen de toda aceptación o no de sus supuestos o tesis?Aunque tal vez convenga, ahora y en España, marcar la distancia frente a términos como San, Padre, etc., por el carácter absoluto (y no circunscrito a una terminología) con que suelen entenderse.
65 Párr 3, lín 1 Operadores son conjunciones Esta construcción resulta violenta, pues en castellano se usa sólo (y en singular, según parece necesario) con nombres propios; o bien en un estilo más o menos implícitamente indirecto: así, si dijeras ‘Operadores son [esto es, llamamos a] las conjunciones’. No haciéndolo así, me parece imprescindible el artículo determinado delante del primer sustantivo (fíjate en cómo hablas de las conectivas en el párrafo -2, línea 1, de la misma página).
84 Líns –6/-5 Como ese conocimiento ha sido Al emplear el «perfecto de indicativo» parece que te estás refiriendo a un conocimiento real, que esté a la vista y al que baste señalar; pero creo que aquí no se quiere afirmar que haya, de hecho, conocimiento alguno: indicas una dimensión cognoscitiva sea cual sea la «magnitud del conocimiento efectivamente alcanzado (cosa en que no entras ahora) y, por tanto, en forma hipotética, for the sake of the argument; si eso es así, habría que emplear haya sido (recuerda que Rafael llama al subjuntivo el modo «positivo» para subrayar que lo que se miente con él no se afirma -ni, por tanto, se pone en tela de juicio-, sino que simplemente se alude como algo que se da por sentado, sin discusión explícita ni implícita).
95 Lín 8 Una dada expresión ¿Por qué no una expresión dada, que es la forma que pide el castellano, con el determinante pospuesto?
107 Párr. -3 Es modelo de ¿No requiere el idioma decir en este caso es un modelo de, ya que es uno entre varios posibles que se tienen, en cierto modo, ante la vista? Uno trata de interpretarlo como aposición elidida (‘es [interpretación] modelo de’), pero en este caso modelo adquiere un sentido francamente valorativo, que aquí sería impertinente.
111 Lín 8 y 12Lín 9 y 13 Tal que ‘x’ está libre en Y y no se presenta en X Puesto que pones una condición (a x) y dejas todo lo demás indeterminado, parece imprescindible el uso del subjuntivo, que no entra a considerar tales objetos, sino que simplemente, los da por supuestos.
123 Lín -1 Vale la fórmula Análogamente a como ocurría en la p. 111, parece necesario decir No es correcto afirmar que bajo la premisa […] valga la fórmula; pues lo que estás afirmando en el texto es que no es correcto y lo otro es una cláusula completiva, que introduce una especificación sin «mirarla» (sin ponerla en tela de juicio.
156 p. 3, lín 1 posibles dudas que pueda haber suscitado ¿No te resulta redundante esta expresión?
156 Lín -4 Como muestra la demostración ¿No crees que sería más agradable cómo hace ver la demostración o algo así?
166 Lín -18 La línea en que está x Una vez más esas líneas no se someten a consideración, sino que sólo las caracterizamos por esa propiedad, y el oído castellano pide, creo, esté.
184 Líns 18/9 En nuestro ejemplo diádico Aquí la posposición de diádico lo convierte en determinante y así la expresión parece indicar que has puesto otros ejemplos no diádicos; pero no es así, y por ello habría que decir en nuestro diádico ejemplo (expresión que, desgraciadamente, es casi grotesca), en el ejemplo puesto, pues era diádico, o algo por el estilo.
194 Líns 12/3 De Gödel en nuestra tabla I9 Esto resulta difícilmente inteligible: parece aludir a alguna «tabla I9», pero no existe semejante cosa, ¿no sería mejor decir de Gödel es, en nuestra tabla I, 9?
195 p.3, lín -2. Tendrá una concreta cifra Lo mismo que había dicho acerca de la página 95, creo mejor una cifra concreta.
196 p.-1, lín –9p.–1., lín –5

p.–1, lín -4

Lo fuera. Entonces, es también si (ii) es un teorema, si (II) eslo es también Aquí estás haciendo una hipótesis «irreal». Es cierto que, valiéndote de ese entonces, puedes poner todo en indicativo como haces; pero sonaría mejor y estaría más claro (por no haber así posibilidad de confusión con la afirmación aritmética que transcribes ni con lo que dices [afirmas] de ella), con el potencial (en las líns –9 y –4) y el imperfecto (en las líneas –9 y –4) y el imperfecto de subjuntivo (en la lín –5).Por otra parte, yo puntuaría así. ‘Lo fuera; entonces, sería también’.
202 Párr.4, lín 9/10 Aquellas que no contienen También aquí parece mejor que se aludiera a esos objetos (líneas) que no conocemos con el subjuntivo.
208 Apartado 73, lín 4 veritativas. Con la tablas ¿No crees que serían preferibles los dos puntos al punto y seguido? (Creo que estás algo contagiado por las oraciones sueltas, incomunicadas, del alemán y el inglés [y el francés, desde luego]).
228 Párr-2, lín -4 Propiedad que permite […] que la poseen Estas palabras se interpretan naturalmente de dos maneras distintas: 1) esa propiedad, como todas las propiedades, permite reunir todos los objetos que la poseen; 2) es propiedad es tal (tiene tal índole) que permite, etc.En el primer caso creo que habría que decir propiedad, que permite […] que la posean (no poseen, por las mismas razones que siempre acerca del subjuntivo) y en el segundo –que, según pienso, es el que más probablemente tendrás en las mientes- sería mejor, a mi juicio, la formulación propiedad que permita […] que la posean (dos veces subjuntivo, por las razones de siempre).
235 Lín. -4 Que el uno es padre del otro Otra vez, sería mejor el subjuntivo, según mi oído.
237 Lín -7 Incluida en familiar-de Aunque esto es una nimiedad, ¿por qué contribuir al desuso de pariente, que el francés y el inglés, por su uso especializado de parent, en nosotros imposible, evitan en estos casos?Por otra parte, el aumento de la frecuencia de empleo de familiar en el sentido de algo con lo que estamos familiarizados, usual (aumento en el que, sin duda, influye también el inglés) desaconseja esta palabra para aquí; otra acepción que aquí utilizas para un término técnico (‘familiar´de’).
272 p. 2, lín 2 Una correcta división n-tónica Puesto que aquí estás hablando de modo enteramente objetivo no puedo por menos de considerar más propio una división n-tónica correcta, aunque he de reconocer que la diferencia de significado es mínima (acaso el contenido semántico, tan «objetivo», de esta acepción de correcta).
281 Lín -1 Axiomático, por ejemplo, y por El inciso ‘por ejemplo’ no se entiende bien: parece dar a entender que lo que se obscurece es un sistema axiomático concreto (y que acaso otros no queden obscurecidos); pero tal cosa no parece ser lo que quieres decir.
286 Lín -3 (hipótesis implica información) Esto me resulta ininteligible. ¿Por qué pretender que el castellano tenga, a la fuerza, la misma concisión del inglés? ¿No podría tener otra concisión, en ciertas ocasiones y, en general, las virtudes propias de una sintaxis más explícita? Acaso podría escribirse: (cierta hipótesis determinada, p, implica, cierta información determinada, q).
287 Lín 7 De un conjunto (o conjunción) de Me parece que aquí te has dejado arrastrar por la similitud de las palabras (que, como sabes, creo conveniente romper, por lo demás): de un conjunto de enunciados no puede extraerse nada mientras no se los enlace de algún modo (por una «conjunción» o conyunción, por una disyunción, etc).
294 Par 5, lín 1Par –2, lín 1 Tuviera buen sentidoNo hace buen sentido ¿No te resuenan engañosamente en los oídos to have good sense y to make good sense? Pero tener buen sentido es algo que entre nosotros se dice de personas, no de expresiones; y lo otro no se dice de nada. ¿Por qué no decir algo así como tuviese verdaderamente sentido y no tiene mucho sentido?
298 p. 2, l. 4 …o no el real estado del Una vez más creo que lo que debería decirse es o no el estado real del.
298 p. 3, lín. 1

Que no consta más que de

Me parece que esta cláusula relativa (determinante) pide el subjuntivo, lo mismo que las que he dicho antes.
303 p.–2, lín 4 del discurso, determinado por No se sabe qué es lo que está determinado: con la coma detrás del discurso parece que es el cociente, pero el sentido de toda la exposición inclina a pensar que es el universo del discurso.

Con la anterior anotación sobre la página 303 de ILAF finalizaba esta extensa, detallada, aguda y deslumbrante sección de «términos técnicos». Y había más.

9. El último apartado del anexo llevaba por título «EXTREMOS QUE POSIBLEMENTE FUESE OPORTUNO ACLARAR». Las observaciones estaban estructuradas en esta ocasión en tres columnas: página, especificación de página y comentario. Algunos ejemplos:

Pág.

Especificación de pág.

Comentario

18 Apartado 3, párrafo –2 y -1 Acaso convendría reconocer aquí que lo formal y la formalización se entienden siempre en una dirección determinada (o sea, cuando se prescinde de lo que en cada caso se entienda como «material» o «contenido») y que más adelante –apartados 6, 19 y 70– se explicará en qué sentido es formal la lógica formal.
23 Línea -6 Aunque en la página siguiente (en realidad, en el párrafo inmediato, pero el hecho de encontrarse al otro lado casi impide su consulta según se va leyendo) se aclare qué puede querer decir que un esquema es verdadero, ¿no sería mejor no emplear la expresión el esquema […] es verdadero, ya que para que sea verdadero tiene que dejar de ser esquema?; o bien habría que definir qué va a querer decir verdadero aplicado a esquemas.
42 Párrafo 1, línea -1 No parece muy acertado hablar de enunciados singulares cuando se habla de «helio», sin especificación y, por lo tanto, en general (Sí lo sería si el autor de este libro de química dijese que esos resultados de unas mediciones determinadas se refieren sólo a las mesas de gas allí empleadas; pero aunque así fuese, la transcripción que tú haces, tus comentarios posteriores, parecen referirse al helio).
53 Párrafo 2, línea -1 Tal vez conviniese matizar la afirmación de que Quine es nominalista: recuerda que en Word and Object [Palabra y objeto] lo niega explícitamente, y que incluso reinterpreta desde tal negación su viejo trabajo con Goodman.
62/63 En el ejemplo de Sancho y la ínsula, el que haya o no habitantes en ésta es un hecho empírico (y aun esto es discutible, por el carácter de ficción literaria de la obra en que aparecen ambos); pero el texto lleva a pensar al lector ingenuo que toda afirmación de existencia se refiere a un hecho empírico (y no sólo esto, sino además casual y accidental), cosa que sería errónea.
78 Párrafo 1 Me parece que convendría indicar que no se puede prescindir de alguna materialización simbólica (aunque se den unas convenciones de «ligadura» de conectivas, espacios vacíos o el orden y número de veces que aparezcan los símbolos) que indique el alcance de los símbolos conectivos y de las funciones veritativas (no digamos cuando se llega a los cuantificadores).
107 Párrafo 3, líneas 1/2 Acaso estaría bien subrayar explícitamente que este campo de individuos un solo para todas las variables que intervengan en la fórmula (por supuesto, mientras no pasemos a una lógica múltiple de predicados o a la lógica de orden superior ordinaria; pero lo único que se hace entonces es multiplicar la misma situación, en varios «zonas» disjuntas o en «escalones»), y que de ello se encargan justamente A5 y A6 (página 110).
165 Párrafo 2: La demostración d es una P-demostración de X…

Me pregunto si no habría que modificar esta definición para albergar en ella la salvedad que haces en el párrafo siguiente. Si ambos párrafos formasen uno solo no habría dificultad, pues podría entenderse que tal aclaración formaba parte de la definición; pero tal y como está ahora creo que algún ser minucioso –como yo– podría acusarte de presentar una definición inadecuada (aunque tú mismo señales en qué lo es).
216 Párrafo –1, líneas –6/-5 ¿No crees que habría que anotar que algunos matemáticos se valen en sus teorías («de conjuntos») tanto de clase (o agregado) como de conjuntos para designar géneros (distintos) de entes matemáticos? Temamos al purista y al joven que haya ojeado algo de matemáticas (y se escandalice o se confunda).
219 Párrafo 1 Me parece que sería muy oportuno indicar ahora explícitamente que el universo del discurso de las clases se compone, con esta interpretación, sólo de dos: la clase universal y la clase nula. Es cierto que lo señalas más adelante (página 226, líneas –7/-5), pero el lector que llega de primera vez a la «lectura» de la Tabla IV (página 220) se queda, ciertamente, muy sorprendido ante lo que allí se dice.

10. No cayeron en saco roto (o en el desinterés) los comentarios y las detalladas indicaciones de VSZ. No sólo está el que Sacristán conservara la carta manuscrita entre sus papeles durante años y que, con toda seguridad, algunos de los comentarios de su amigo influyeran en la concepción y elaboración de varios apartados de Lógica elemental, sino que cuando menos en una ocasión Sacristán discutió una de las observaciones de VSZ, después de reconocer la aceptación de usos lingüísticos distintos a los empleados por él hasta entonces. Fue en el siguiente caso:

Como se recuerda, en una de sus notas VSZ hacía referencia al uso del término «functor». Sucintamente: «p. 7, lín. -6; p. 9, lín. 7; p. 65, lín. -17… Texto «functor». Comentario: Esta palabra es impronunciable en castellano. ¿Por qué no decir simplemente funtor, de la misma manera que decimos tintorero, tinto, unto, etc. y hasta el neologismo disyuntor? (Yo he empleado funtor en el Popper y en el Martin)».

En una nota a pie de página de su traducción de la Filosofía de la lógica de Quine, Sacristán hacia referencia a la sugerencia de su amigo en los siguientes términos:

Aunque en esta traducción he admitido buen número de usos de otros autores que han escrito lógica o de lógica, con objeto de facilitar la normación del léxico de nuestra lengua, y he alterado en alguna medida el léxico de escritos de lógica o de traducciones de textos lógicos que he publicado en otra época, no consigo aceptar la crítica, que en alguna ocasión se me ha dirigido, por el uso de «functor». Se me ha dicho que el sonido /k/ de ese término es impronunciable por los castellanos. Pero yo creo que los castellanos lo pronunciamos sin dificultad, como el /k/ de ‘inspección’, y que la dificultad fonética aducida es dialectal, propia a lo sumo del castellano meridional, quizá de Madrid para abajo.

No fue con ocasión de esta detallada lectura, la última vez que VSZ escribió a Sacristán a propósito de ILAF ni de temáticas lógicas complementarias.

En una segunda carta, tampoco fechada, el autor de Enseñar y aprender explicaba a Sacristán que había tenido el «atolondramiento de encargarse de dar un curso» de introducción a la lógica formal dentro del conjunto de un cursillos-seminarios que habían llamado, algo pomposamente, de «ciencia y humanidades», incluidos dentro de las enseñanzas que se pretendían impartir en el Centro Aquisgrán, «organizado para albergar a los ex-profesores de la Escuela de Sociología, una vez lanzados a la intemperie».

Le comentaba también que en el tema de «Semiótica lógica y las categorías lógicas» se había guiado por ILAF señalándole que, de pronto, le habían saltado a la vista dos cosas:

La primera: ciertas reclasificaciones de una misma categoría –las constantes lógicas, en el apartado de las constantes (p. 59, apartado 24), que comprendían en sí las conectivas, que estaban clasificadas como categorías compositivas o conjuntivas (p. 65)– y la falta de una ordenación de todas las categorías, «pensando y dándole vuelta a la cosa», le habían terminado por excogitar «un método que creo general –y relativamente objetivo– de rastrear las categorías de una ciencia dada (categoría [ciencia] que, a su vez, habría que poner en extremada tela de juicio). Le transcribía, con levísimas aclaraciones, «las notas que preparé hace un par de días para dar la clase de ayer43; acaso puedan no serte enteramente inútiles para la próxima edición del libro».

Una segunda observación se centraba en la afirmación de Sacristán de que Px, que solía leerse ‘x es P’ o, simplemente ‘Px’, podía leerse igualmente como «puesto que ‘x’ no significa nada concreto: cualquiera [cosa] es P» (p. 61). Creía VSZ que debía matizarse algo.

Pues «cualquier cosa es P» es un enunciado declarativo nada difícil de poner en símbolos (opino, algo ligeramente tal vez); creo que, a lo más, debería leerse como ‘que es P», o, lo mejor, como ‘…es P’ (por supuesto, la concepción pronominal de la variable es muy útil para retirar ciertos malentendidos, pero acaba por ser engañosa. Quine mismo, en Los métodos de la lógica pone ejemplos mucho más desorientadores que éste, y en gran abundancia).

VSZ proseguía su carta recordando a su amigo el viejo proyecto de una revista, seguramente de temas lógicos y epistemológicos, continuando la labor de Theoria, y las condiciones económicas necesarias para lograr su independencia. «Independientemente de todo esto tengo mucho interés en hablar contigo y pronto: el viejo proyecto de la revista es cada vez más apremiante». Existían varias propuestas para sufragarla pero «todas ellas indirectas y temo que conducentes a aplazamientos casi interminables». Lo mejor sería encontrar «de 10 a 15 personas que pusieran de 10 a 20 mil pesetas cada una, en régimen de cooperativa, y se tenía así un núcleo absolutamente independiente».

Javier Muguerza, a quien Sacristán había conocido en Madrid durante la oposición de 196244, tenía varias propuestas y papeles para él acerca de la publicación, pero aún no había podido hacérselas llegar, por lo que «lo mejor sería, si es que puedes –pero te insto a que puedas encarecidamente–, que aparecieses por aquí algún día de la semana próxima o sea viernes o anterior a él: pues el viernes sé donde podríamos reunirnos con él y otras personas muy estimables intelectualmente y discutir a fondo la cuestión».

Por qué no iba él, se preguntaba a sí mismo, adivinando una probable respuesta de Sacristán. Bien le gustaría hacerlo, «pero la situación económica actual es de casi miseria (según diría Borges, «como la de todos los hombres»)45, hasta el extremo de hacer prohibitiva cualquier salida a más de 10 o 12 km. de Madrid». Esto era realmente ponerle una pistola al pecho, ¿se lo disculparía «a un amigo deseoso de tu conversación y buen consejo»?

VSZ le ofrecía su casa en el supuesto de que pudiese emprender un viaje que finalmente, según creo, no pudo realizar Sacristán. «Bien, avísame si vienes (y ven, por favor). Hay sitio en esta tu casa para ti y para tu mujer [Giulia Adinolfi]; Teresa y yo os rogamos rendidamente que nos alegréis unos días con vuestra compañía. El viernes próximo a las 8 de la noche sé donde encontrar a Muguerza. Venid».

El anexo de VSZ dedicado a la categorías lógicas era un escrito de cuatro páginas que abría con estas palabras: «Normalmente solemos entender por categorías de una ciencia o rama científica las maneras más generales de referirse a sus objetos, esto es, las nociones más generales valiéndonos de las cuales ordenamos un campo de estudio (y clasificamos, pues, sus elementos)».

¿Era bastante ese sentido meramente clasificatorio? VSZ respondía negativamente y añadía que frente a esa actitud, «vamos a entender por categorías de una ciencia o rama científica las nociones directivas de ella, orientadora de su estudio: desde las más amplias y vagas a las de mayor precisión pero aun no conceptos estrictamente pertenecientes a la ciencia o rama del caso». Serían algo así, proseguía, «[…] como la “prehistoria conceptual” de las nociones primitivas de ésta, cuya averiguación propone Carnap para aclarar lógicamente las teorías científicas (método que, eficacísimo dentro de teorías a su vez formales, es demasiado rígido y en un solo plano cuando se trata de ver la posición y supuestos de las teorías en una perspectiva epistemológica general, y no digamos gnoseológica).»

En el caso de las ciencias formales, no quedaba definida la esfera, campo de objetos y objeto material de que se ocupan mediante conceptos anteriores a los específicos de ella. «Tal esfera se alcanza mediante una formalización previa y privativa en cada caso de la ciencia que sea (que se operará “mirando” el campo definido por dichos conceptos “anteriores” con las categorías últimas de esa ciencia de nivel primero o más elemental)»46.

11. Aunque, como señalara en el punto 12 de sus reflexiones autobiográficas de finales de los sesenta y tal como ya vio en 1956 tras su vuelta de Alemania, Sacristán no pudo hacer lógica «en serio» dada su situación laboral y su compromiso político; aunque el intento de poner en práctica su nuevo programa exigía un corte drástico de otras actividades, como, por ejemplo, «conferencias, salvo dentro del tema que esté tratando», no siempre fue consecuente en esto último, realizando varias intervenciones, no siempre académicas, cuyo tema central fue el de las relaciones entre la dialéctica y la lógica formal. Igualmente, su reincorporación a la Facultad de Económicas de la UB tras la muerte del dictador golpista en el curso 1976-1977, le llevó de nuevo a la preparación y estudio de diversos materiales para la preparación de sus concurridas clases de metodología de las ciencias sociales y seminarios en la Facultad de Económicas de la UB en los que la lógica formal y su filosofía no eran personajes forasteros, Sacristán fue muy consciente de sus límites.

El 5 de agosto de 1980, seis meses después del fallecimiento de Giulia Adinolfi, respondía una carta de López Ardid, donde nuevamente se confirma la importancia que concedía a su relación con las nuevas generaciones de estudiantes y profesores jóvenes y su probada vocación didáctico-universitaria. En su respuesta apuntaba:

Hay, por de pronto, una dificultad muy visible: tú pareces interesarte bastante estrictamente por los temas de lógica. Yo los descuidé, inevitablemente cuando me echaron de la Universidad. Al tener que ganarme la vida con trabajo editorial, comprendí que me iba a ser imposible seguir cultivando una disciplina tan técnica como la lógica, que impone a la larga la necesidad de un ambiente adecuado (bibliografía, acceso a máquinas, etc.). De modo que hoy día lo más que me acerco a la lógica consiste en la lectura del Journal of Philosohical Logic, al que sigo suscrito. Pero en los últimos quince años he cultivado más bien la filosofía de la ciencia, en especial de las ciencias sociales…

La que fue su última carta, dirigida a Félix Novales47, entonces preso político en la prisión de Soria, escrita tres días antes de su fallecimiento, confirma parcialmente su última consideración. En ella, después de admitir que le parecía que «a pesar de las diferencias, ninguna historia de errores, irrealismos y sectarismos es excepcional en la izquierda española», Sacristán informaba finalmente a Novales que sobre el estudio de la historia, tal como le había dicho a principios de septiembre, podría hablar con Josep Fontana, añadiendo que:

Tu mención del problema bibliográfico en la cárcel me sugiere un modo de elemental solidaridad fácil: te podemos mandar libros, revistas o fotocopias (por correo aparte) algún número de la revista [mientras tanto] que saca el colectivo en que yo estoy. Pero es muy posible que otras cosas te interesen más: dilo. Por último, si pasas a trabajar en filosofía, ahí te puedo ser útil, porque es mi campo (propiamente, filosofía de la ciencia, y lógica, que tal vez no sea lo que te interese. Pero, en fin, de algo puede servir).

Filosofía de la ciencia y lógica. De hecho, Sacristán volvió en sus últimos cursos al estudio de temas lógicos relacionados con la inducción y la dialéctica, como indican sus cursos de postgrado sobre «Inducción y dialéctica»48, o sobre «La lógica de J. S. Mill», amén de sus conferencias sobre lógicas paraconsistentes y multivaloradas, informes editoriales y sus cuidadosos y anotados resúmenes sobre lógica inductiva y ensayos dedicados a la marcha inductiva de pensamiento elaborados a principios de los años ochenta.

Pero acaso aquí, en el lodo y en la aceptación del mundo tal como éste se nos presenta, esté el núcleo básico que nos permita comprender la evolución intelectual de Sacristán en el ámbito de la lógica: el no reconciliarse con una realidad poco amable, el combate contra la noria histórica de desastres y desigualdades, le llevó a un compromiso político central en su vida y en su concepción de la filosofía y el filosofar. En aquel entonces, ese compromiso se pagaba con desplazamientos forzados, expulsiones, pérdida de cátedra, falta de oportunidades, malas o pésimas condiciones laborales, jornadas agotadoras de traducción, marginación de la Universidad y más que mezquinos aplazamientos de un nombramiento académico a todas luces merecido desde cualquier punto de vista documentando y no sectario.

No fue el suyo el único caso, como es sabido. Hubo otros con compromiso similar que sufrieron similares consecuencias, pero no hay duda de que el autor de El orden y el tiempo fue uno de los ciudadanos que actuó, que resistió y combatió de forma destacada y destacable el franquismo. Muchos de los que tuvieron la suerte de ser sus alumnos pueden dar fe de que el país se perdió –sólo en parte ciertamente– un lógico de relevancia en el ámbito de la investigación que, por otra parte, nunca dejó de ser filósofo.

12. Tras su fallecimiento en agosto de 1985, amigos, discípulos, filósofos, compañeros de militancia en movimientos sociales (antinucleares, ecologistas, antimilitaristas) o antiguos compañeros de Partido (PCE-PSUC), escribieron sobre él, sobre su obra, sobre su compromiso político-filosófico. Destaca entre esos escritos49, un inolvidable texto de Víctor Sánchez de Zavala. Se publicó en 1986 en Theoria50 segunda época, la revista que dirigía entonces otro lógico represaliado, Miguel Sánchez Mazas.

Precisamente Miguel Sánchez Mazas, desde Ginebra, había escrito a Sacristán el 20 de Julio de 1984 anunciándole el nuevo proyecto de Theoria. Le invitaba a una reunión del consejo de redacción que iba a celebrarse el 7 u 8 de septiembre de 1984 en la facultad de filosofía de San Sebastián.

Sacristán respondió a su amigo pocos días después, el 30 de julio de 1984. En estos términos:

Querido Miguel,

[…] Desde luego que acepto con agradecimiento y buen ánimo vuestro ofrecimiento de tener que ver con Theoria 2ª época. Yo te conocí porque existió la vieja Theoria51.

La verdad es que en los primeros tiempos, mientras no haya recuperado no diré la salud (porque ya no puedo pensar en una restitución in integrum), pero sí al menos la energía suficiente, no voy a ser de mucho servicio. De todos modos, en el cuestionario, al que he contestado, y que adjunto, os propongo algunos posibles asesores y redactores, e incluso me permito recoger tu invitación a que escriba una nota editorial, si el asunto os parece de interés: mi intención es escribir unas pocas palabras para decir que no tiene ninguna utilidad ya hoy contraponer a un irracionalismo oscurantista bastante de moda una euforia progresista y cientificista que pocos científicos admitirían; recordar cortésmente a los románticos anticientificistas su ignorancia y a los petulantes progresistas ciegos el hecho, por ejemplo, de que entre los que pidieron la moratoria en ingeniería genética no estaba el cardenal Bellarmino, ni siquiera Theodore Roszak, pero, en cambio, estaba el mismísimo Watson. Si os parece que esa «toma de posición» merece una notita editorial, me lo decís (y me dais instrucciones sobre extensión); y si no, me lo decís también y pasamos a otra cosa.

Le apetecía muchísimo ir a la reunión donostiarra de principios de septiembre –«cuando sepáis las fechas, haz el favor de avisarme a mi dirección de Barcelona y a esta otra, en la que pasaré varias semanas: Ca la Neus Parlavà (Girona)»–, sin embargo, no podía asegurarle su presencia: estaba en función de su situación médica «y de que pueda cambiar la fecha de la convocatoria de exámenes de septiembre de la asignatura (qué risa, ¿no?) que cae el 7 de septiembre».

En todo caso, el proyecto de Theoria 2ª época le parecía sólido, aunque en un punto estaba dubitativo:

parece que calculáis unos costes de distribución del 25% al 30%. Yo dirijo una pequeña revista [mientras tanto] y nuestro coste de distribución es del 50%. Los porcentajes que tú me das sólo me parecen probables si prescindís de agencia distribuidora y la revista vende directamente a los libreros. ¿Es eso lo previsto?

Le escribía a San Sebastián y Ginebra para asegurar que su carta le llegara. «Y discúlpame que lo haga a máquina: siempre tuve mala letra, pero ahora, después de tanto bisturí, ya ni garrapateo».

Esperaba tener la alegría de ver a su amigo en San Sebastián, «mientras tanto te mando un abrazo».

Regresemos al obituario de Sánchez de Zavala, quien abría su texto, imperecedero en mi opinión, observando que:

Nadie que sepa algo de lo que ha sido la vida intelectual española durante los largos años de franquismo y de su lenta disolución –incompleta, sin duda, y no sólo en sus aspectos policiales y políticos– ignorará el decisivo papel desempeñado en ella por Manolo Sacristán (a quien hubiéramos querido ver participar activamente en la segunda etapa de THEORIA, pero cuando pudo ésta empezar a dibujarse como proyecto realizable ya le faltaban a él las fuerzas) como exponente único o casi único del pensamiento más exigente consigo mismo, enraizado en el legado de Marx, pero en las antípodas de toda rigidez y todo dogmatismo –en los años de persecución (!)–, como impulsor del por entonces naciente interés por la lógica y por las reflexiones modernas de teoría de la ciencia y del conocimiento, como presentador en parte, y en parte como crítico, de importantes figuras de distintos ámbitos filosóficos (Heidegger, Quine, la escuela de Frankfurt, entre otros).

Sus compañeros de Partido, sus colaboradores cercanos, varios amigos más o menos próximos, los innumerables testigos de su admirable ética cívica, quienes crecieron ayudados y estimulados por su fecunda docencia, académica y extraacadémica, proseguía VSZ:

han escrito sobre él con cierta profusión a raíz de su fallecimiento, han recalcado justamente la pérdida que para todos ha significado las implacables exclusiones de que fue objeto, casi hasta los últimos momentos, por parte de los poderes establecidos. Otra cosa, sin embargo, es lo que a nosotros nos compete: a quienes, unos en más ocasiones, otros en menos, tuvimos el inolvidable privilegio de su conversación más libre, menos enderezada a ningún otro fin que el del puro entender la realidad, las ideas, y hoy participamos en el duelo de su muerte.

VSZ recordaba, como también ha recordado recientemente Víctor Méndez Baiges en La tradición de la intradición, que Ortega había dicho:

que el mero estudiar la doctrina de los grandes maestros del pensamiento «es una impiedad: hay que imitar sus virtudes» (refiriéndose, sin duda, a las dianoéticas). Ardua tarea espera, pues, a quienes querríamos recoger con piedad la memoria de Manuel Sacristán: abrir el oído y el espíritu, con sosiego atento, a la reflexión más ajena y hasta más opuesta, penetrarla con invariable, imparcial, idéntica lucidez que la reflexión propia, salvándola en cuanto en ella haya de válido, de esclarecedor, de significativo; apoyar el riguroso arco de las ideas en una precisión sin desfallecimiento de las palabras, y tanto más cuanto mayores adherencia afectivas o ideológicas ribeteen el tema; enfocar con la transparente pasión del conocimiento desapasionado de la vida propia, transportándola aún más limpiamente que si de la de otro se tratara a la luz del saber objetivo, para examinarla allí de cerca, con irónica, amistosa curiosidad templada por una punta de desengaño; y, sobre todo, nos espera la tarea de permanecer fieles a las exigencias de nuestra condición intelectual, a aquella empresa de conocimiento y de teoría cuya posibilidad sintamos que yace en nosotros, sin conceder importancia a avatares adversos –un muro casi inacabable en su vida–, sin ufanarnos de no empeorarlos lamentándolos, sin distraer energía de un poner por obra imperturbablemente lo más valioso de que en cada momento seamos capaces.

Pero, concluía Sánchez de Zavala, aún restaba una tarea y una fidelidad a su memoria más difíciles:

las que se concretan en hacer permanentemente imposible que las discrepancias de ideas, de valoraciones, de perspectiva de las cosas que nos pueden separar de una persona de valía demostrada, cualesquiera que sean, nos lleven jamás, caso de tener entre las manos algún poder de decisión pública, a vetarle el paso. Esto es lo que se hizo con él reiteradamente; que a todos nos sea ya invencible la repugnancia –si ocasión llegase– a hacer nada parecido.

Que así sea, que sí siga siendo.

Notas

1 El servicio alemán de intercambio académico.

2 «Entrevista con Jesús Mosterín». En S. López Arnal y Pere de la Fuente, Acerca de Manuel Sacristán, Barcelona: Destino, 1996, pp. 631-668.

3 «Entrevista con J. Guiu y A. Munné». En F. Fernández Buey y S. López Arnal (eds). De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán, Madrid: Los Libros de la Catarata, 2004, pp. 91-114. Véanse también sus cartas de juventud a Josep M.ª Castellet y Juan Carlos García Borrón: https://espai-marx.net/?p=17436

4 A. Domingo Curto: «La biblioteca de juventud de Manuel Sacristán». En S. López Arnal et alii (eds), 30 años después. Acerca del opúsculo de Manuel Sacristán Luzón «Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores». Barcelona: EUB, 1999, pp. 43-50.

5 Su interés por la obra (científica, política y filosófica) de Einstein, al igual que en el caso de su amigo y discípulo Francisco Fernández Buey, no le abandonó hasta el final de sus días

6 Ahora en M. Sacristán, Papeles de filosofía, Barcelona: Icaria, 1984, pp. 15-55. El autor citaba en este trabajo a Russell, Reichenbach, Heisenberg, Schlick, Hempel, Neurath, Carnap, Von Weizsäcker y De Broglie.

7 Luis Vega, «Sobre el papel de Sacristán en los estudios de lógica en España». En: S. López Arnal y otros, Donde no habita el olvido. Barcelona: Montesinos, 2005, pp. 15-47. Sobre la obra de este gran lógico, filósofo e historiador de la lógica y la argumentación: Hubert Marraud y Paula Olmos (eds), De la demostración a la argumentación. Ensayos en honor de Luis Vega, Madrid: UA ediciones, 2015.

8 Sacristán defendió su tesis doctoral sobre Las ideas gnoseológicas de Heidegger en 1959. Reeditada en 1995 por Crítica, edición y prólogo de Francisco Fernández Buey.

9 E. Pinillla de las Heras, En menos de la libertad. Dimensiones políticas del Grupo Laye en Barcelona y en España, Barcelona: Anthropos, 1989, p. 132.

10 Juan-Ramón Capella, La práctica de Manuel Sacristán. Una biografía política. Madrid: Trota, 2004, p. 36, nota 31.

11 Tras el fallecimiento de Scholz, Sacristán publicó en la revista Convivium, año II; año 1, 1957: «Lógica formal y filosofía en la obra de Heinrich Scholz». Papeles de filosofía, op. cit., pp. 56-89.

12 Salvo error por mi parte, Sacristán coincidió con Casari años después, en 1976, en unas jornadas sobre filosofía y política de la ciencia organizadas con ocasión del 125º aniversario de la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona. Ambos intervinieron el 3 de diciembre. La comunicación de Casari llevó por título «Ciencia y técnica». La de Sacristán: «De la filosofía de la ciencia a la política de la ciencia». Véase M. Sacristán, Filosofía y metodología de las ciencias sociales, Barcelona: Montesinos, 2022, pp. 314-361. Véase también la conversación del lógico pisano con Xavier Juncosa para los documentales Integral Sacristán (Barcelona: El Viejo Topo, 2006).

13 Véase «Entrevista con Vicente Romano». En S. López Arnal y Pere de la Fuente (eds), Acerca de Manuel Sacristán, op. cit, pp. 324-338.

14 No fue esta la única ocasión. Tras su expulsión de la UB en 1965, además de la que recibió desde Ginebra a finales de ese mismo año y también desde Italia (¿Geymonat?), Mario Bunge, de quien tradujo años después La investigación científica, le ofreció la posibilidad de interceder ante una institución alemana para que pudiera impartir clases en ella. Sacristán declinó nuevamente esta posibilidad por el mismo motivo: su deseo de permanecer en España, su decisión de no exiliarse, su compromiso político antifranquista en las filas del PSUC-PCE. Véase la conversación de Carles Muntaner, colaborador inicial de mientras tanto, con Mario Bunge en S. López Arnal (ed), Conversaciones sobre Manuel Sacristán. http://www.rebelion.org/53432.pdf

15 En estos términos se expresaba en una carta de agosto de 1983 dirigida a su discípulo y amigo Antoni Domènech

16 Véase su nota autobiográfica de finales de los años 60 en: M. Sacristán, M.A.R.X, Barcelona: El Viejo Topo, 2025.

17 Apuntes que me fueron facilitados por una alumna suya de aquellos años, la profesora Sara Estrada.

18 Sobre el autor del Tractatus, «Ludwig Wittgenstein», Papeles de filosofía, ed cit, pp. 334-338; «Filosofía», Ibidem, pp. 170-171, y «Corrientes principales del pensamiento filosófico contemporáneo», Enciclopedia Labor, vol X, p. 792.

19 «Entrevista con María Rosa Borràs». En S. López Arnal y Pere de la Fuente, Acerca de Manuel Sacristán, op. cit., pp. 375-399.

20 La carta fue facilitada por Marisol Sacristán a Xavier Juncosa, el director de los documentales «Integral Sacristán», op. cit. y de «Filosofando desde abajo», dedicado al filosofar de Francisco Fernández Buey.

21 M. Sacristán, Introducción a la lógica y al análisis formal, Círculo de Lectores, 1990, pp. 359-360..
22 M. Sacristán, Introducción a la lógica y al análisis formal, op cit., pp. 19-20. En el apartado de agradecimientos Sacristán citó únicamente al Dr. José López Urquía, catedrático de Matemáticas de las Operaciones financieras de la facultad de Económicas de la UB.

23 Tratamiento que si efectuará en Lógica elemental, op. cit., pp. 193-224.

24 Así lo había manifestado el propio Sacristán en su correspondencia con Josep Ferrater Mora.

25 Véanse las entrevistas con Jesús Hernández Alonso (https://espai-marx.net/?p=18741) y con Enrique Alonso González (https://espai-marx.net/?p=17912.)

26 Dos de ellos, Josep Ferrater Mora y Miguel Sánchez Mazas, en el exilio exterior, y el tercero, Víctor Sánchez de Zavala, en un real y nada acomodaticio exilio interior. Una prueba más, como apuntó el mismo León Felipe, de la necesaria alianza objetiva, para el desarrollo de la cultura democrático-republicana española, del exilio de final de la guerra, de los exiliados políticos generados durante los años oscuros del franquismo y los partícipes, nada silenciosos, en la resistencia antifranquista interior. Este enlace fue visto muy rápidamente por Sacristán, desde sus escritos de Laye.

27 Puede consultarse entre la documentación depositada en BFEEUB.

28 Sacristán había traducido para ediciones Ariel Prismas y Notas de literatura de Adorno en 1962.

29 En una anotación de lectura sobre La estructura de las revoluciones científicas, Sacristán discrepaba de una desconsideración del trabajo del «científico normal», del practicante, digamos, de la ciencia normal, incluyendo en ella la lógica y sus «pesadas deducciones». Sobre su aproximación a la obra de Kuhn, A. Domingo Curto y S. López Arnal, «Anotaciones de Manuel Sacristán sobre La estructura de las revoluciones científicas de Kuhn». En AAVV, Popper, Kuhn. Ecos de un debate. Barcelona, Montesinos 2003, pp. 379-414. También M. Sacristán, Filosofía y metodología de las ciencias sociales, op. cit., pp. 424-476.

30 Páginas 141-160 en la edición del Círculo de Lectores de 1990.

31 Es probable que Sacristán no presentara en ILAF un desarrollo más extenso del método axiomático dadas las características de los lectores a los que inicialmente iba dirigido su manual, estudiantes de ciencias sociales y/o naturales, o, también, que tomara nota del comentario de VSZ y corrigiera su exposición en el otro volumen de lógica que escribió por aquellas fechas, el editado póstumamente por Vera Sacristán Adinolfi: M. Sacristán Luzón, Lógica elemental, Barcelona: Vicens Vives, 1990. Aquí, la «Axiomática de la lógica elemental» ocupa las páginas 144-184.

32 Tomo pie en las consideraciones de Carmen Martín Gaite (amiga de Giulia Adinolfi), Ernesto García Camarero, Eustaquio Barjau y Fernando García Murga en el libro compilado por Kepa Korta y Fernando García Murga, Palabras: Víctor Sánchez de Zavala in memoriam. Bilbao: Universidad del País Vasco, 2000.

33 Carmen Martín Gaite: «Pasarela hacia lo desconocido». Ibidem, p. 18.

34 Eva Forest estaba a punto de iniciar la escritura de 1956, una novela de juventud sobre aquella generación y sus luchas que reeditó Hiru en 2010.

35 Sacristán conoció a Luis Martín-Santos en 1950, durante su primer viaje a Alemania. Sobre el autor de Tiempo de silencio, véase Gregorio Morán, El cura y los mandarines. Historia no oficial del bosque los letrados. Cultura y política en España 1962-1996, Madrid: Akal, pp. 165-198, 211-214 y 236-243.

36 Ibidem, p. 19.

37 C. Piera, «Alrededores de Víctor Sánchez de Zavala». Revista de Occidente, nº 196, septiembre de 1997, pp. 74-88.

38 Ibidem, pp. 76-77

39 Juan Delval, «Sobre la naturaleza de los fenómenos sociales». Ibidem, p. 119.

40 Alberto Méndez, el autor de Los girasoles ciegos, y Sacristán tradujeron al alimón documentos de Dubcek y la Primavera de Praga que editaron en Ediciones Ariel en 1968. Se cartearon.

41 Carlos Piera –art. cit, p. 81– recordaba que «El primer libro de Sánchez de Zavala (Enseñar y aprender, de 1965, surgido de una iniciativa hispanofrancesa casi explícitamente «contestaria» en que participaban Aranguren, Bourdieu, Touraine y otros) lleva una carta-envío de Rafael Sánchez Ferlosio donde el problema de alcanzar »un estilo expositivo mínimamente viable» se tiene por «uno de los más serios que, en las circunstancias actuales, puede plantearse en la vida intelectual, a lo menos en lo que a la cultura española se refiere», y se ponderan los esfuerzos, como los del autor del libro, «encaminados a romper con las arcaicas inercias verbales, en busca de un estilo cuya complejidad y sutileza estén a la altura de las difíciles cosas que es preciso decir»[…] Se echa de ver que la exposición de Víctor es precisa, ramificante e intrincada, como siguió siéndolo luego y como es típico de muchos de los mejores intelectuales de su momento».

42 Sacristán prestó su ejemplar de ese clásico al poeta Gabriel Ferrater, quien, según contó Sacristán, se lo devolvió con anotaciones y con una lista de erratas. ¡Era, probablemente, el primer libro de lógica formal que Ferrater leía! Véase S. López Arnal, La observación de Goethe, Madrid: La Linterna Sorda, 2015.

43 VSZ incluía una copia de su texto –«Las categorías lógicas»– como anexo de la carta.

44 Años después Javier Muguerza dedicaría a Sacristán La razón sin esperanza.

45 Partiendo de una situación acomodada –ingeniero superior en la España de los cincuenta–, VSZ, que había renunciado a sus trabajos anteriores, se ganaba la vida traduciendo, básicamente para la editorial Tecnos, la misma, dura e importantísima labor que Sacristán desempeñó durante muchos años de su vida.

46 No se conocen más cartas de VSZ. No se sabe de cartas de respuesta de Sacristán.
47 Fue editada en mientras tanto, nº 38, primavera 1989, pp. 159-160, y en Félix Novales, El tazón de hierro. Memoria personal de un militante de los GRAPO. Barcelona, Crítica 1989 (con prólogo de Francisco Fernández Buey), pp. 220-221.
48 Uno de los cursos que impartió durante su estancia en la UNAM. El otro estuvo dedicado a Karl Marx como sociólogo de la ciencia.

49 Recordemos también los de Paco Fernández Buey y Miguel Candel aparecidos en mientras tanto.

50 V. Sánchez de Zavala, «En memoria de Manuel Sacristán». Theoria. Revista de teoría, historia y fundamentos de la ciencia, segunda época, nº 2, 1986, pp. 611-612.

51 Sacristán guardaba artículos de la primera época de Theoria entre su documentación. Entre esos artículos, un texto de Robert Oppenheimer.

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