Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Asesinato de un gran filósofo, historia de un gran Círculo

Salvador López Arnal

Reseña de David Edmonds, El asesinato del profesor Schlick. Auge y caída del Círculo de Viena [EAPS], Madrid: Cátedra, 2025, 348 páginas (traducción de Luis M. Valdés Villanueva).

Si siempre ha estado interesado por el abyecto asesinato de Moritz Schlick, el filósofo (y físico) fundador del Círculo de Viena. Si disfrutó de lo lindo cuando leyó El atizador de Wittgenstein, el relato filosófico sobre el encontronazo Popper-Wittgenstein que el autor, David Edmons, escribió junto con John Eidinow. Si le apetece leer un excelente ensayo filosófico de 21 capítulos (más Dramatis personae, cronología y un muy útil índice de conceptos personas y lugares) que nada tiene que envidiar a una buena novela. Si le interesa conocer más detalles de una figura científica y filosófica de la talla de Ernst Mach y de la Sociedad que llevó su nombre. Si Otto Neurath, uno de los miembros más comprometidos políticamente del Círculo, es para usted una figura filosófica (aunque no sólo filosófica) que crece y crece con el tiempo («Su doctorado versaba sobre el mundo antiguo y las sociedades de trueque, pero sus conocimientos abarcaban desde Goethe hasta Marx, pasando por la historia de la óptica», p. 33). Si no recuerda con detalle que la primera pasión intelectual de Moritz Schlick fue la física y que se doctoró con una tesis sobre la naturaleza de la luz supervisada por Max Planck (Premio Nobel en 1918). Si Hans Hahn sigue siendo un filósofo-científico al que no ha olvidado. Si sigue pensando que Rudolf Carnap –a quien influyeron, según propia confesión, los libros de Russell más que los de cualquier otro filósofo– ha sido uno de los grandes filósofos del siglo XX («Carnap era la antítesis de la ostentación: trabajaba de forma constante y metódica, construyendo su estructura filosófica ladrillo a ladrillo», p. 39), un gigante que muchos filósofos formalistas actuales (David Chalmers, por ejemplo) consideran un héroe (un grande también para Sacristán). Si de entrada no se siente alejado de un grupo de filósofos que sentían pasión real por la ciencia, que creían en sus posibilidades transformadoras y sentían casi fervor por el papel que la filosofía podía desempeñar en esa empresa transformadora (no eran chatos positivistas insensibles, se diga lo que se diga y lo diga quien lo diga). Si no le cuesta transigir –¡qué le vamos a hacer, nadie es perfecto!– con los inexactos (y por lo demás tan usuales) comentarios de Edmonds sobre Lenin. Si quiere conocer la relación que el filósofo asesinado mantuvo con Einstein, uno de los grandes héroes del Círculo. Si quiere recordar de nuevo la Viena roja, sin idealizaciones, con buen realismo político («un laboratorio perfecto para quienes, como Neurath, tenían la motivación y el impulso de experimentar», p. 84): «Desde 1922, Viena tenía las competencias de un Land o provincia, lo que le otorgaba un margen considerable para recaudar impuestos y gastar. El socialismo austromarxista, como experimento de socialismo democrático, dio resultados espectaculares» (jornada laboral de 8 horas, seguro de desempleo, vivienda pública), p. 81. Si apenas conoce a un filósofo como Edgar Zilsel, uno de los miembros más a la izquierda del Círculo, un defensor de la educación de adultos que se suicidó en Estados Unidos en 1944, a los 53 años. Si sigue deslumbrado por la metáfora sobre de la ciencia de Neurath, la del del barco en alta mar (que tanto gustaba y tanto analizó Paco Fernández Buey). Si está interesado por la compleja relación de Wittgenstein con el Círculo. Si quiere introducirse en el interesante asunto de los isotipos de Neurath. Si quiere conocer la relación de los miembros del Círculo con el judaísmo y su «sentirse judíos» (nada que ver con el sionismo). Si tiene interés en saber por qué el austrofascismo no podía tolerar al Círculo y si el empirismo lógico era inherentemente socialista. Si quiere ver analizado con detalle el Manifiesto de 1929 del Círculo (escrito por Neurath, con la ayuda de Carnap y Hahn): «El Círculo de Viena cree que […] cumple una exigencia del momento: tenemos que crear herramientas intelectuales para la vida cotidiana, para la vida cotidiana del erudito, pero también para la vida cotidiana de todos aquellos que de alguna manera se unen para trabajar en la remodelación consciente de la vida». Si quiere saber por qué el SDAP (el Partido Socialdemócrata austriaco) era el hogar político natural de la mayoría de los miembros del Círculo («Sin embargo, dar la impresión de que el Círculo de Viena sirvió como una especie de primera línea intelectual para los socialdemócratas sería un error», p. 170). Si quiere conocer por qué para los miembros del Círculo la figura idolatrada de Martin Heidegger era un portentoso fraude. Si quiere informarse sobre el choque de personalidades más importante dentro del Círculo, el que se produjo entre Schlick y Neurath. Si quiere tener información detallada sobre el asesinato de Schlick y de su asesino: Johann Nelböck (capítulo 15). Si quiere conocer las penalidades y vicisitudes de muchos miembros del Círculo (especialmente en el caso de Kurt Gödel) ante el auge de la extrema derecha austríaca y la anexión alemana de Austria, y las condiciones de su exilio. Si quieren tomar nota las revisiones filosóficas del Círculo, de su alejamiento de sus propuestas iniciales («En la década de 1960, el empirismo lógico empezó a ser atacado por todos los frentes –incluso, y sobre todo, por los miembros del Círculo y sus asociados–, hasta el punto que muchos de sus principios centrales ya no parecían defendibles», p. 302). Si quieren ver como describe David Edmonds el legado del Círculo («el éxito de las ideas del Círculo reside en su aparente ausencia», p. 309)… En fin, si algunos de los anteriores antecedentes es verdadero en su opinión, no tenga ninguna duda: háganse con El asesinato del profesor Schlick. Auge y caída del Círculo de Viena. Tal vez no sean horas o días de vino y rosas (¡se narra un asesinato!), pero sí se buena lectura, de goce filosófico y de nítida y documentada crítica de prejuicios y lugares comunes que no deberían serlo.

Más aún, pensando desde otro punto de vista (que nunca ha sido el mío, por cierto): Si nunca ha sentido simpatía por el neopositivismo lógico ni por sus derivadas. Si les parece un ejemplo de barbaridad teórica, una clara ilustración de incultura filosófica, la forma en que los del Círculo (Carnap, por ejemplo) se aproximaron a la obra del autor de los Cuadernos negros. Si piensan que esta amplia y diversa tradición filosófica ha tocado (y sigu tocando) fundamentalmente temas insustantivos. Si están alejados años-luz de su filosofar, de sus «complejas sofisticaciones formales» para desarrollar temas nimios, insignificantes. Si creen que, en general, les falta siempre o casi siempre perspectiva histórica y que tratan a Hume o a Ockham, pongamos por caso, como si fueran colegas de Facultad. Si no han olvidado las tortuosas y ocultadas relaciones que algunos de estos filósofos positivistas-analíticos han mantenido en ocasiones con instituciones del establishment político anglosajón (especialmente el usamericano). Si les molesta ad nauseam el tono despreciativo (con insondables pozos de ignorancia) con que muchos de estos autores han tratado al marxismo y su tradición (sin olvidar al anticomunismo de algunos de ellos). Si siempre les aburrió soberanamente la lectura de estos filósofos con desarrollada conciencia narcisista de sus propias aportaciones filosóficas. Si creen que les falta, salvadas algunas excepciones, pulsión poliética, sensibilidad social, deseo de igualdad. Si los piensan y sienten como «señores muy instalados» de la filosofía institucional. Si los ven en general como un instrumento exitoso y nada inocente de la prolongada influencia ideológica y cultural usamericana. En fin, para no cansarles más, si prefieren (en discutible disyumntiva) 10 páginas de Benjamin, Korsch, Gramsci o Thompson a 250 de Carnap, Quine, Popper o Chalmers, este libro, este ensayo de David Edmonds, también puede ser su libro aunque sea para corroborar su lejanía, sus críticas y sus consideraciones centrales… O, admitámoslo también, para pulir y matizar opiniones, posiciones, gustos y creencias.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *