Nueva contribución a la crítica de la gigantesca estafa monárquico-juancarlista
Salvador López Arnal
Reseña de: Carlos Enrique Bayo Falcón, El rey golfo. El verdadero origen de la fortuna de Juan Carlos I, Madrid: Akal-A Fondo, 2026, 219 páginas.
En este libro, señala el autor, «encontrarás todo ello [comisiones, negocios sucios, blanqueo de capitales,…] y mucho más, producto de años de investigación en los que he consultado decenas de fuentes y numerosísimos materiales inéditos, y en los que he obtenido el testimonio confidencial de algunos de los más estrechos amigos y colaboradores de Juan Carlos I durante su reinado». No hay exageración, no es pulsión publicitaria. (El autor señala que en su investigación también contactó con la Casa Real, y que esta «declinó hacer cualquier tipo de comentario.» Era de esperar; sobre muchos temas, mudos permanecen y mudos permanecerán).
Son sabidas (y compartidas por una buena parte de la ciudadanía) las críticas de las diversas tradiciones republicanas (políticamente moderadas en algún caso) a la institución monárquica: 1. Poder concentrado en el (o la) monarca. 2. Sin elección de la ciudadanía. 3. Trasmisión hereditaria del poder. 4. Carácter históricamente trasnochado de la institución. 5. Desmanes en número no menor: acumulación compulsiva de patrimonio y riquezas, blanqueo de capitales, ejercicio autoritario del poder (en numerosas ocasiones), turbias relaciones con muy turbios poderes, comportamientos público-privados nada ejemplares (y con presiones o chantajes si la ocasión lo requiere), tráfico de influencias, fuertes presiones a los medios de información, etc. En este quinto apartado se centra básicamente El rey golfo de Carlos Enrique Bayo Falcón, muy útil también, nuestra memoria es muy frágil como sabemos, para recordar importantes acontecimientos de la reciente historia de España, décadas en las cuales la Monarquía borbónica ha sido prácticamente intocable. Solo cabía la servil genuflexión… o la rebeldía arriesgada.
Un apunte sobre el autor (que tomo de la solapa interior): Carlos Enrique Bayo Falcón [CEBF a partir de ahora] es periodista de investigación. Fue director del diario Público desde junio de 2012 hasta agosto de 2016. Con posterioridad ha sido jefe de investigación de dicho diario online, levantando numerosas exclusivas sobre el caso Villarejo, los orígenes de la fortuna del mal llamado «Rey emérito» (¿cuáles son los méritos de este supuesto rey emérito? CEBF debería haber evitado esta simpática y elogiosa designación), el auge de la ultraderecha en el Ejército y las fuerzas policiales españolas, los atentados yihadistas del 17-A y muchos otros temas relacionados con las cloacas del Estado (que son abundantes como se sabe). Entre sus libros: Así no puede se puede vivir. Antología del disparate soviético (1992), Toda la verdad (y todas las mentiras) de la guerra civil de Iraq (2019), con Francesc Lausin, y Villarejo. El poder de los secretos (2023), editado en la misma colección, «A fondo» de Akal, en la que se ha editado este rey golfo. (Añado entre paréntesis, y no a modo de cotilleo, que CEBF es hijo de dos grandes intelectuales, fuertemente comprometidos ambos en la lucha antifranquista, de los que muchos aprendimos todo lo que pudimos: Eliseo Bayo y Lidia Falcón).
Componen El rey golfo: la presentación de Pascual Serrano, director de la colección, el preámbulo («De soberano garante de la democracia a rey corrupto, apartado y desheredado»), dieciséis capítulos y un anexo de imágenes -16 en total, pp. 219-232- que documentan algunas de las temáticas desarrolladas en el libro.
Falta un índice onomástico que, en este caso, hubiera sido muy útil.
Los capítulos (con observaciones): 1. El franquista que se vendió a Estados Unidos [asunto cada vez más contrastado, sin atisbos de duda]. 2. El elefante blanco [el general Armada, ya fallecido, sin la menor incertidumbre] del 23-F. 3. ¿Cómo hacerse de oro (negro)? 4. Una fortuna fraguada con la venta de armas. 5. Inconfesable: bombas de racimo contra los saharauis. 6. Millones del erario para callar a El Assir. 7. La Zarzuela, hub de evasión de capitales a Suiza. 8. Los Albertos se libran y Gürtel conduce a Soleado. 9. El gran regalo: acciones de empresas privatizadas. 10. La fiscalía ignora la limpieza de cuentas suizas. 11. Lujos para amantes pagados con dinero público. 12. Una reina traicionada y maltratada por su marido (situación denunciable que en absoluto libra a la ex reina Sofía de fuertes pulsiones autoritarias; está por estudiar con detalle su papel en el 23F). 13. Con la puta «más cara del mundo» (capítulo que, más allá de la autoría y origen de la expresión, no debería haberse titulado en estos términos). 14. Mintiendo al director de los servicios secretos. 15. Gran desclasificación para blanquear el 23F. 16. El CESID organizó el 23F a la sombra del rey.
Observemos los orígenes bélicos de una buena parte de la fortuna juancarlista, estimada en más de 1.800 millones de euros.
No hay capítulo que no tengan apartados de interés incluso para el lector más informado. Pero, pensando, como pensarán seguramente muchos lectores, en el papel de Juan Carlos en el 23F, destaco el capítulo 2º y los dos últimos, en los que CEBF cita extensamente el excelente libro de Carlos Fonseca: 23-F: la farsa.
Un personaje central de la narración, despechado por el rey golfo, sobre el que conviene ubicar el foco en la lectura: Sabino Fernández Campo, el que fuera Jefe de la Casa Real.
La suma de las informaciones que contienen los 16 capítulos del libro muestran bien a las claras, para quien no esté cegado o no quiera proseguir en ese estado, la descomunal estafa que ha significado el juancarlismo, adorado y servido hasta las náuseas por una buena parte de los medios de (des)información y por sectores de la Academia en absoluto marginales. Ni una palabra han dicho sobre sus numerosas tropelías durante años y años, denunciando incluso a quienes se atrevían a alzar su voz en desierto poco poblado.
Una de las razonables críticas de fondo de CEBF, una vergüenza para nuestro país: «Hoy seguimos sin saber, a causa del mantenimiento ilegítimo de la Ley de Secretos Oficiales franquista, que sigue vigente más de medio siglo después de la muerte del dictador, si es cierto que el general Alfonso Armada era el “elefante blanco” que se iba a hacer con el poder en nombre de Juan Carlos, o si “el rey nos salvó in extremis de un golpe que él mismo había puesto en marcha”, como estimó Pilar Urbano», hipótesis que muy probablemente el autor (como tantos otros ciudadanos españoles) comparte con Pilar Urbano.
Otra de sus observaciones críticas en torno a la reciente «desclasificación» (operación en la que el gobierno de coalición ha jugado su nada reluciente papel y en la que se anunció a bombo y platillo la desclasificación total de la documentación secreta relativa al golpe de Estado de Tejero): «Solo adelantaré que en los más de 163 archivos desclasificados por Defensa e Interior no se encuentra absolutamente ningún hecho ni dato concreto que no hubiera sido ya conocidos previamente por los historiadores y periodistas que investigaron el 23-F… muchos de ellos publicados con mucho mayor rigor y profundidad más de 20 años antes de esa gran farsa de supuesta transparencia» (la cursiva es mía). (Recordemos el anuncio en X del presidente Sánchez: «La memoria no puede estar bajo llave. Mañana desclasificaremos los documentos del 23-F para saldar una deuda histórica con la ciudadanía. Las democracias deben conocer su pasado para construir un futuro más libre» (la cursiva es mía). Para Dolores de Redondo, que ha escrito mucho y bien, sobre la intentona golpista: «Los papeluchos publicados, supuestamente oficiales, forman parte de una maniobra cutre de relegitimación del monarca emérito en su eterno rol de héroe de nuestra democracia y, por tanto, de reconocimiento de una monarquía que se encuentra en horas bajas. En esta nueva historieta de Ibáñez, Sánchez y Feijóo encarnan los papeles de Mortadelo y Filemón, dos miembros de la TIA que siempre están tirándose los trastos a la cabeza mientras cumplen las órdenes del Superintendente, protagonizado por su majestad. Para lograr el éxito, sus aventuras cuentan con la ayuda inestimable del doctor Bacterio, de cuyo laboratorio parten las recetas e inventos que difunden los medios de desinformación de masas.»
El lector podrá pensar con razón y razones que no hay grandes novedades historiográficas en el libro, pero sí hay en él (¡y no es poco!) un buen resumen, una buena explicación de las andanzas juancarlistas y de sus próximos, entre los que cabe destacar Manuel Prado y Colón de Carvajal, su «asesor financiero». Juan Carlos lo nombró senador por designación real en las elecciones de 1977 y lo hizo embajador especial plenipotenciario de España, así como administrador solidario al 50% de todos sus negocios.
No hay muchas referencias a Felipe VI. Les copio una de interés: «El ingente cúmulo de evidencias y pruebas indiciarias que he tratado de resumir en este libro lleva a concluir que el CESID participó activamente en el golpe del 23-F siguiendo instrucciones del jefe de Estado [Juan Carlos I], quien siempre mantuvo una estrecha relación con la cúpula del Centro Superior de Información de la Defensa, como comandante supremo de las Fuerzas Armadas. Es imposible de entender que el CESID ayudara a Tejero, Armada y Milans sin informar previamente ni atender antes y después a los deseos y las órdenes del rey Juan Carlos. Igual que es del todo inverosímil que Felipe VI no fuera debidamente informado por el servicio secreto de todos los chanchullos financieros, fiscales y amorosos de su padre, no solo tras su coronación sino muchísimo antes, como parte de su formación confidencial para ser futuro jefe de Estado.» [la cursiva es mía]
Pascual Serrano cierra su presentación en la misma línea, observando en primer lugar que: «Después de conocer todo esto, el lector español [no solo el español] estará deseando que Juan Carlos I deje los Estados árabes y vuelva a España, pero no precisamente para tratarle como un rey respetado [¿hay alguno?] ni alojarle en una residencia oficial. Aunque quizá sea público el alojamiento [la cárcel] que pensará el lector que merece el emérito [¡un no-emérito más bien!] tras leer el libro.» Sugiere a continuación el periodista español que «Antes de abordar estas páginas, el título de El rey golfo le parecerá exagerado; cuando lo haya terminado, llegará a la conclusión de que lo de golfo se quedó corto». Añade finalmente: «Un último detalle para reflexionar: el rey actual, Felipe VI, es su hijo, y ya era mayorcito y se sabía heredero mientras que padre cometía dichas tropelías. De Felipe VI los españoles tienen buena imagen, tan buena como la que tenían de Juan Carlos I con esa misma edad».
El director de la colección «A fondo», un periodista crítico imprescidible, da en la diana en los tres casos.
En resumen: un libro lleno de buena información crítica, que se deja leer muy bien, y que impide, si no queremos cegarnos, servir al becerro de oro del juancarlismo (que, como sabemos, no es solo Juan Carlos I).