Conexión con todo más descentramiento del ego
Salvador López Arnal
Reseña de: Jorge Riechmann, Ecoespiritualidad para laicos. Cuadernos de apuntes, Córdoba: Ediciones Almuzara, 2025, 143 páginas.
Nuevo ensayo de uno de nuestros filósofos más imprescindibles, en su segunda edición. El libro fue llegando a las librerías en octubre de 2024, comenta el autor, «pero ya en la primavera de 2025 costaba encontrar algún ejemplar, y en ese momento Javier Fernández Rubio (editor de El Desvelo que justo en ese invierno de 2024-2025 se estaba integrando en el grupo Almuzara) me propuso preparar una segunda edición: esta que ahora que tienes entre manos, curioso lector, atenta lectora. En ella he corregido algunas erratas y añadido algo de texto nuevo».
Desde tiempos inmemoriales, no han sido pocas las corrientes filosóficas (y, por supuesto, teológicas de muy diverso signo) que han ubicado (y muchas veces condenado) a atomistas, materialistas, epicúreos, estoicos, socialistas, socialdemócratas, marxistas, anarquistas, republicanos, agnósticos, ateos, irreligiosos, críticos del clericalismo (y algunas de sus prácticas ocultas), y comunistas de todo signo y condición en coordenadas años-luz alejadas de toda creencia y práctica espiritual. El autor, Jorge Reichmann [JR, a partir de ahora], navega, justamente, en dirección contraria. Lo suyo nunca ha sido el reduccionismo ni la simplificación hasta la caricatura, la incomprensión o la falta de empatía.
Un apunte sobre él (innecesario a todas luces) que tomo de la solapa interior del libro:
Jorge Riechmann (Madrid, 1962) es vecino de Cercedilla (Sierra de Guadarrama). Ha vivido en Madrid, Berlín, París y Barcelona (¡los barceloneses hemos tenido ese honor!). Ensayista, escribe poesía (¡es poeta!), actúa (de manera incansable) en cuestiones de ecologismo social, enseña moral y política en en el departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid (¡que suerte tienen sus alumnos!) y codirige el máster en Humanidades ecológicas MHESTE. Ha traducido extensamente a René Char y a Heiner Muller (¡y a muchos otros autores!), y ha sido redactor (¡siempre leído!) de las revistas En pie de paz y mientras tanto. Dos extensos períodos de su poesía están reunidos en Futuralgia (poesía 1979 a 2000, Calambur 2011) y Entreser (poesía 1993 a 2016, Calambur 2021) (¡No se los pierdan!). Es autor de docenas y docenas de ensayos sobre ecología política y pensamiento ecológico. Su último poemario es En el fondo del valle ha muerto Jorge Riechmann (Baile del Sol, 2022).
Añado por mi parte que JR es autor de más de 100 libros; discípulo de René Char, John Berger, Manuel Sacristán y Francisco Fernández Buey; maestro (a su pesar) de muchos de nosotros (no solo en el plano de a teoría), y activista siempre presente en toda lucha relacionada con la justicia, la igualdad, el ecosocialismo y la defensa de los más vulnerables en estos tiempos decisvos que él ha llamado el Siglo de la Gran Prueba. JR es un imprescindible de los Brecht (de los que cantaba y canta Silvio Rodríguez), un filósofo grande y comprometido (con los riesgos que esa posición sigue comportando como ha vivido recientemente) que ha hecho y sigue haciendo grandes aportaciones a la cultura ecosocialista de nuestro país (y de más allá de nuestras fronteras) y a la praxis transformadora anexa.
Una de sus quejas centrales, que destacado y es fácil compartir: «No puede ser que uno necesite treinta años de educación formal y un inacabable programa de lecturas profundas para conseguir orientar su vida medio bien. Una cultura viable nos situaría en la dirección correcta ya de niños, y luego solo vendrían correcciones menores.»
Componen Ecoespiritualidad para laicos (EpL) un conjunto enlazado de breves ensayos (incluidas algunas deslumbrantes notas al pie de página que no hay que saltarse) y una nota previa en la que JR comenta que «la primera edición de esta Ecoespiritualidad para laicos encontró lectores y (sobre todo) lectoras muy entusiastas: Rebeca, Ana, Amador,…». La poeta Begoña Abad le escribió «desde Logroño para explicar su cercanía respecto a esta obrita (¡que es mucho más que una obrita!) y al final de su carta mencionaba un par de frases que se le habían quedado grabadas (y que sentía sintetizaban también su propia meta)». La primera: «mi legado son las cosas que he mirado con piedad»; la segunda: «mirar de frente la verdad y actuar con un corazón compasivo».
Las hago mías y añado dos más: 1ª. «Que seamos capaces de vernos de verdad, de mirarnos a los ojos, de abrazarnos, de estar presentes el uno para el otro.» 2ª. «No me interesa tanto la ecoangustia (del todo justificada y comprensible, habida cuenta de la desesperada situación ecosocial en que nos hallamos) como la ecoarticulación y la ecopelea».
Para no dar lugar a equívocos, JR afirma que no quiere ser maestro (lo es como se ha señalado) ni gurú de nadie. Sigue en eso, afirma, «fiel a la Ilustración europea más o menos kantiana». En nota aclara qué ilustración es la suya: «La Ilustración europea -con su anastomosis [unión, conexión] que la conectaría con ciertos pueblos originarios, no lo olvido-, si la purgamos de sus elementos coloniales, patriarcales, capitalistas, mecanicistas y antropocéntricos, sigue siendo bastante presentable.» No sostiene, desde luego, que la Ilustración que hace suya sea perfecta.
EpL reúne las características de todos los libros del autor de ¿Vivir como huérfanos? Ensayos sobre el sentido de la vida en el Siglo de la Gran Prueba: bellísima escritura, deslumbrante prosa poética en muchas ocasiones; profundidad de pensamiento; descubrimientos de nuevos autores y temáticas (¡cómo puede leer tanto y tan bien!); citas que siempre dejan huella en los lectores; notas a pie de página que, como he indicado, merecen atenta lectura (y que no hay que saltarse a pesar de su extensión en ocasiones); buena argumentación, ausencia de falacias y descalificaciones; excelente espíritu crítico; nuevas ideas; conjeturas que hacen pensar, sentir y emocionarse, etc. Es decir, excelente alimento para nuestro cuerpo-espíritu necesitado.
Además de recomendar muy sinceramente su lectura, cabe aquí una breve aproximación a la noción de espiritualidad que defiende JR (lo único que les adelanto):
1. «El sentimiento de interconexión probablemente se encuentra en la base de lo mejor de la espiritualidad humana. Así debemos entender la espiritualidad: en la perspectiva que más nos interesa, quiere decir esencialmente interconexión: conciencia y experiencia de la interconexión entre todos los seres.»
2. «La espiritualidad en sentido laico tiene, en mi opinión, dos grandes componentes; primero la vivencia de conexión con todo (y con el Todo) que acabamos de explorar, y en segundo lugar el descentramiento del ego.»
3. «Una ecoespiritualidad es una espiritualidad de la Tierra, de la madre Tierra: Gaia o Gea. Y por eso tiene todo el sentido volver a conversar con los pueblos y las culturas que han mantenido vivas esas cosmovisiones de una Tierra viva, especialmente los pueblos originarios (pienso en mediadores como Robin Wall Kimmerer, como Ailton Krenak, como Eliane Brum, como los mamos koguis y arhuacos). Y por eso tiene todo el sentido hablar de indigenación.»
4. «Lo espiritual se refiere a nuestra relación con algo mucho más grande y perdurable que nosotros, que nos engloba, a los que pertenecemos. El teísmo lo llama Dios; alternativas laicas más plausibles que un Dios personal son la Gaia de Carlos de Castro […] o el mundo común de Corine Pelluchon».
La siguiente cita de Simone Weil, de La gravedad y la gracia, está en conexión con las posiciones defendidas por JR: «Todo cuanto en mí es valioso procede sin excepción de más allá de mí, y viene, no como don, sino como préstamo que debe ser renovado sin cesar».
Estamos ante un libro que nos ayuda a ser mejores.
No tengan ninguna duda: lean, relean, comenten… y, a poder ser, recomienden.
PS. Ser laico no es ser anticlerical (sin más matizaciones), ni ateo o agnóstico. Del diccionario de la RAE: 1. Que no tiene órdenes clericales. Independiente de cualquier organización o confesión religiosa (Por ejemplo, estado laico, enseñanza laica.).
España, que es un estado constitucionalmente aconfesional (aunque el desarrollo e información sobre la reciente visita papal haga tambalear la afirmación), está muy, pero muy lejos de ser un estado laico con una enseñanza a la altura de las circunstancias, un enseñanza que fomente una espiritualidad como la que defiende en este libro nuesto gran filósofo y activista, Jorge Riechmann.