Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Deslumbrante, apabullante, abrumador (II)

Salvador López Arnal

Reseña (2ª parte) de Mario Bunge, Filosofía de la ciencia y de la técnica. Parte 2. Ciencias de la vida, ciencias sociales y tecnología (Tratado de filosofía, 7. Gnoseología y metodología III) Pamplona: Laetoli, 2026, 459 páginas (traducción y edición revisada de Antoni Hernández Fernández y Alfons Barceló).

La primera parte en: https://espai-marx.net/?p=20410.

Nos habíamos quedado en este punto. Les decía que no estoy en condiciones de hacerles un resumen del libro, que creía de hecho que tal empresa era casi (o sin el casi) una tarea imposible. Pero, en cambio, sí he seleccionado un ramillete (uno entre muchísimos posibles) de tesis y argumentos del autor para abrir su apetito lector (que, con toda seguridad, debe estar ya muy abierto):

1. Sobre filósofos y biólogos: «Los filósofos, ya era hora, disponen de un rico yacimiento que explotar. Y pueden utilizar las herramientas conceptuales forjadas por los matemáticos y los filósofos exactos. Lamentablemente, rara vez usan esas herramientas para dilucidar las ideas metodológicas y filosóficas inherentes a la biología contemporánea ni, muchos menos, reconstruyen las teorías biológicas actuales de mayor interés filosófico. Por ejemplo, casi nunca utilizan el concepto de conjunto para dilucidar los conceptos de especie y género; ni el concepto de función para aclarar el de bifurcación; ni el concepto semántico de referencia para averiguar a qué se refiere la teoría de la evolución (¿a organismos, poblaciones, especie?); ni el concepto metodológico de enunciado de ley para establecer si hay leyes biológicas. En pocas palabras, la mayoría de los filósofos [MB no afirma que sean todos] no están ayudando a los biólogos a aclarar cuestiones biológicas ni utilizan cabalmente la biología para enriquecer la ontología y la gnoseología. En cambio, algunos biólogos han hecho aportaciones interesantes, aunque con frecuencia controvertidas, a la filosofía de su ciencia…» (16-17)

2. Resultados de gran interés filosófico: «Hasta ahora, esta investigación [sobre la naturaleza («esencia») y origen de la vida], que ahora forma parte de la química y la biología evolucionista, ha ofrecido dos resultados de gran interés filosófico. Uno es que la vida, en lugar de caracterizarse por una propiedad única, por no mencionar siquiera una entidad especial, se caracteriza por un sistema de propiedades (esto es, una colección de propiedades interdependientes). El otro resultado es que los organismos, aunque cualitativamente diferentes de los sistemas químicos, están formados por estos sistemas y han emergido a partir de ellos en un proceso de múltiples etapas, de manera tan espontánea y legal como el planeta (o planetas) que los acoge.» (27).

3. La revolución darwiniana: «introdujo cambios profundos y duraderos en la forma misma de pensar la ciencia. Ha tenido entre otros los siguientes efectos: (a) nos ha enseñado a considerar cada aspecto de la vida sub specie evolutionis. (b) expulsó el creacionismo y, en general, el sobrenaturalismo de la ciencia, alentando a los científicos a buscar explicaciones puramente naturalistas (materialismo); (c) destruyó la teleología, al explicar las adaptaciones como resultados de largos procesos de ensayo (involuntario) y error (no cognitivo), en lugar de manifestaciones del diseño divino, fuerzas inmateriales inmanentes o impulsos de búsqueda de objetivos; (d) mató la tipología platónica, así como el nominalismo, al mostrar que las bioespecies son clases naturales; (e) nos ha enseñado a manejar problemas del tipo gallina y huevo (¿cuál fue primero?), al buscar los ancestros remotos (a saber, ciertos reptiles) de las gallinas contemporáneas; (f) sugirió buscar la unidad (de descendencia) en la diversidad (de especies) -una unidad ampliamente confirmada en nuestro tiempo por la biología molecular-; (g) introdujo los conceptos de accidente y azar en la biología; y (h) colocó el hombre firmemente dentro del orden natural.

Estos profundos cambios no pudieron evitar afectar a la filosofía. De hecho, la revolución darwiniana afectó a la ontología desde sus inicios, reforzando el materialismo, el dinamismo y el emergentismo; afectó a la filosofía de la mente al desacreditar el dualismo mente-cuerpo; y ha comenzado a afectar a la teoría del conocimiento al impulsar el enfoque biológico de la cognición. A su vez, la propia evolución de la teoría de la evolución plantea algunos problemas filosóficos interesantes… En resumen, la biología evolucionista estándar no tiene hoy en día ningún rival digno. Esto no implica que sea perfecta y, por lo tanto, definitiva: lejos de eso, la teoría es incompleta y no dejado de evolucionar. La teoría original de Darwin (1859) se fusionó con la genética de poblaciones en las décadas de 1930 y 1940 para constituir la teoría sintética de la evolución. A su vez, esta teoría se está fusionando ahora con la ecologia, de modo que una segunda síntesis está en ciernes. Y todo el asunto está envuelto en controversias sobre los mecanismos evolutivos concretos…» (68-71).

4. Sobre el todo y sus partes: «En segundo lugar, no es cierto que el comportamiento de un todo sea siempre más complejo que el de sus partes, de modo que al efectuar una reducción siempre se simplifique. Las leyes de la macrofísica se derivan en parte de las de la microfísica, muchas de las cuales son más complejas que las primeras. Siempre que surge un sistema, algunas de sus leyes son inevitablemente más imples que algunas de las leyes de sus componentes, simplemente porque el sistema actúa como una unidad en algún aspecto (por ejemplo, el comportamiento de una bandada de gansos migratorios es más simple que el de cualquiera de sus componentes). Por tanto, se debe esperar encontrar ciertas regularidades comparativamente simples a nivel del sistema multineuronal como resultado de la cancelación de irregularidades individuales a nivel celular.» (91)

5. Sobre el psicoanálisis (este reseñador mantiene reservas respecto a algunas de las consideraciones del autor: no cree que el psicoanálisis sea una pseudociencia; en cualquier caso, no es solo eso como sostiene MB): «El declive del prestigio del psicoanálisis se debe a cinco causas principales. Una es, como se sugirió hace un momento, que no es un campo de investigación sino un sistema de creencias. Por lo tanto, las únicas novedades de las que puede presumir son las críticas y contracríticas. Otra es la desintegración de la escuela de Freud en casi doscientas escuelas rivales, unidas únicamente por una perspectiva general acientífica y una fe ciega en la logoterapia. Una tercera causa de declive fue el renacimiento del estudio científico de la mente en la década de 1960, tras un largo período de obsesión con el comportamiento de las ratas. Desde entonces el vacío dejado por la desaparición del conductismo se ha ido llenando con la psicología cognitiva y del desarrollo, así como con la neuropsicología. Una cuarta causa de declive fue el éxito de la terapia conductual en el tratamiento de neurosis como las fobias y adicciones como el alcoholismo. Una quinta causa fue la llamada revolución de las drogas en el tratamiento de la psicosis. Lamentablemente no podemos citar la crítica metodológica y filosófica como otra causa del declive del psicoanálisis. De hecho, solo unos pocos filósofos -en particular Karl Popper, Ernest Nagel y el autor de este libro- han sostenido siempre que el psicoanálisis no es nada más que una pseudociencia» (114).

6. Sobre las teorías científicas: «…no debe esperarse que la neuropsicología finalmente lo explique todo con gran detalle. Ninguna teoría científica puede hacerlo, ya que teorizar implica ignorar los detalles y centrare en lo que se conjetura que son los rasgos esenciales de lo que modela. Así se explica la trayectoria de un cuerpo de tal o cual tipo en tales o cuales circunstancias idealizadas, en lugar de la trayectoria real de este cuerpo en una circunstancia real y, por lo tanto, compleja. La mayoría de las idiosincrasias se omiten en una teoría científica; solo algunas de ellas se representen en los datos y los supuestos secundarios. Por tanto, podemos esperar que la neuropsicología explique finalmente el pensamiento, e incluso tipos específicos de procesos de pensamiento, como la formación de conceptos y el cálculo. Sin embargo, sería poco realista esperar que explique en detalle los pensamientos del lector al reflexionar sobre estas líneas, ya que lograr tal hazaña requeriría un conocimiento exhaustivo de su cerebro, con su historial de aprendizaje completo.» (135)

7. Geología, ciencias sociales: «Las ciencias sociales no deberían ser declaradas no científicas por haber revelado solo unas pocas leyes. Varias ciencias naturales, en particular las ciencias de la tierra, no descubren leyes propiamente dichas, sino que utilizan leyes de otras ciencias para explicar los hechos que estudian… Así, casi nadie afirmaría que todos los cursos fluviales, que presentan una enorme variedad, están regulados por un único conjunto de leyes hidrográficas. Sin embargo, los geógrafos están dispuestos a explicar cada detalle del lecho de un río como resultado de procesos legales, algunos geológicos, otros atmosféricos. En otras palabras, se coincide en que estos y otros accidentes geográficos son resultado de procesos legales. La palabra «accidentes» en la frase anterior no es casual: pretende transmitir la idea de que esos detalles son aleatorios. Lo son por ser el resultado de coincidencias entre procesos mutuamente independientes como las lluvias y los movimientos de las rocas. De hecho, una nube de lluvia «obedece» a una dinámica esencialmente interna, y los movimientos de la corteza son esencialmente independientes de los procesos atmosféricos (Crisipo y Cournot afirmarían con razón que, si bien cada uno de estos procesos es causal, su intersección es un suceso fortuito….). Ahora bien, si la geografía puede proporcionar explicaciones nomotéticas de la idiografía, ¿por qué no podrían las ciencias sociales hacer lo mismo? El que las ciencias sociales contengan enunciados de leyes depende si se adopta una noción permisiva o restrictiva de ley. Lo que es indudable es que las ciencias sociales pueden presumir de varias generalizaciones bien confirmadas, que podrían pasar por enunciados de leyes dados los estándares metodológicos relativamente laxos que prevalecen actualmente en ellas. Tomemos una muestra aleatoria que debería ser suficiente para refutar el antinomianismo: (i) La tasa de natalidad en cualquier comunidad es directamente proporcional a la mortalidad infantil e inversamente proporcional al nivel de vida en la misma comunidad. (ii) Los excesos de población causan prácticas de control de la natalidad, en particular el aborto, el infanticidio y el abandono infantil. (iii) El rápido crecimiento de la población causa deforestación, que causa erosión, que disminuye la producción de alimentos, que causa escasez de alimentos, que causa malestar político… (ix) La presión migratoria entre dos regiones es proporcional a la diferencia en el nivel de vida entre ellas (Bunge, 1973b, cap. 7) (x) La concentración del poder económico va acompañada de una concentración del poder político y cultural.

Hay literalmente cientos de generalizaciones adicionales del mismo tipo. Pocas son universales, es decir, válidas para todas las sociedades; la mayoría son locales, esto es, limitadas por el espacio y el tiempo. Pero también lo son las leyes de la química y la biología: solo la física contiene leyes cósmicas, como las de la mecánica, el electromagnetismo y la gravitación.» (177-179)

8. Lenguaje y centralidad de la filosofía: «Indudablemente, cada uno de estos conceptos del lenguaje es útil. Y, sin duda, cada uno de ellos es solo parcial, pues el lenguaje es un objeto multidimensional. Una comprensión adecuada del lenguaje solo puede resultar de una fusión de las diversas disciplinas que la estudian. Dicha fusión puede representarse como un hexágono centrado en la filosofía, en particular la filosofía del lenguaje, parte de la ontología y la epistemología, y la filosofía de la lingüística, parte de la filosofía de la ciencia… (No incluimos la filosofía lingüística ni la filosofía analítica, à la Wittgenstein o Austin, porque no presta atención a la lingüística, es inexacta y apenas se interesa por los grandes problemas ontológicos y epistemológicos de la filosofía). El papel de la filosofía en el hexágono lingüístico es el de una araña sabia (o malvada) que mantiene unidos los hilos de la red, revisando sus debilidades y ayudando a repararlas, además de intentar atrapar al especialista incauto que no percibe la existencia misma de la red. Si alguien duda de la centralidad de la filosofía, debería recordar que se encuentra en el centro mismo de la tormenta actual de la lingüística. La naturaleza de nuestra pregunta fundamental -«¿qué es el lenguaje?»- probablemente se comprende mejor al abordar la pregunta relacionada: «¿cómo existe el lenguaje?.» (198-199)

9. Sobre Chomsky: «El rechazo de Chomsky al enfoque evolutivo del lenguaje se debe tanto a su mentalismo como a su interpretación errónea de la biología evolutiva, que la considera excluyente del surgimiento de la novedad radical, que es precisamente de lo que trata la biología evolutiva…». (202)

10. Teoría de juegos y politología: «La teoría de juegos ha adquirido un papel central en la politología actual, pues se cree que situaciones como el dilema del prisionero son tan típicas que su investigación precisa revelará el mecanismo del conflicto y, por lo tanto, mostrará el camino hacia su resolución. Sin embargo, el dilema es muy artificial, pues solo puede surgir cuando los actores no pertenecen a ningún grupo social estable y cuando son libres de actuar para maximizar sus ganancias inmediatas, sin preocuparse por futuros encuentros con otros. Ya que estas condiciones solo se dan excepcionalmente, el dilema del prisionero es poco más que un ejercicio académico.» (243)

11. Historia y ciencia: «Esto nos lleva a nuestro último problema: ¿es la historia una ciencia, una rama de las humanidades o un arte? Nuestra respuesta es tan sibilina como obvia: depende del trabajo de la historia. Por ejemplo, las primeras narraciones de las vida de Jesús y Mahoma fueron en gran parte ficticias: su objetivo no era informar sino edificar. Los historiadores tradicionales, que usaban anteojeras que les impedían ver los factores ambientales, biológicos y económicos, y que evitaban los números como la peste, pueden considerarse humanistas anticuadas: de hecho, tomaron la filología y el derecho como modelos. Por otro lado, las obras de la llamada «nueva historia» y «nueva izquierda» son harina de otro costal; sus autores se consideran científicos y hacen todo lo posible por merecer ese nombre… Centrémonos en cinco de las características de la nueva mirada al pasado: materialismo, sistematicidad, interdisciplinariedad, cuantificación y uso de leyes y modelos. La nueva perspectiva es profundamente materialista: no es que niegue el papel de las ideas en la historia, sino que no admite la existencia de ideas en sí mismas, como las de libertad, memoria colectiva y destino nacional. Además, enfatiza la importancia de los factores ambientales, biológicos y económicos, que fueron sistemáticamente subestimados o incluso ignorados por los historiadores tradicionales.» (288-289)

12. Tecnología y ciencia básica: «La tecnología y la ciencia básica son, por lo tanto, muy diferentes. Pero, por supuesto, no están mutuamente separadas, porque la tecnología, a diferencia de la técnica, aborda los problemas prácticos indirectamente, es decir, a través de la investigación científica (Por ejemplo, la biología molecular ha ofrecido métodos prácticos para la síntesis de polipéptidos, como la insulina y el interferón). Se calcula que, en la actualidad, los avances tecnológicos son resultado de aproximadamente [NE: son datos de los años 70 y principios de los 80] un 70% de investigación básica, un 20% de investigación aplicada y un 10% de desarrollo (los costos correspondientes son aproximadamente inversamente proporcionales). La mayor parte de la investigación básica se realizó entre 10 y 30 años antes de la innovación tecnológica, y en ese momento, aproximadamente la mitad no presentaba aplicaciones prácticas (la energía nuclear fue la excepción destacada). El puente entre la ciencia básica y la tecnología es la ciencia aplicada… Algunos resultados de la ciencia aplicada son directamente utilizables en la tecnología; pero la investigación aplicada, al igual que la investigación básica, genera conocimiento, no artefactos» (323)

13. Ética y medicina: «En cuanto a los problemas morales que plantea la investigación médica, son obvios y los abordaremos en el vol. 8 [del Tratado, de próxima aparición en Laetoli]. Aquí solo mencionaremos los escrúpulos morales que el investigador debe sentir ante la inducción experimental de una enfermedad. Desafortunadamente, esto es necesario, ya que así nos aseguramos de que los nuevos síntomas sean causados por un patógeno determinado y se pueda desvelar parcialmente la etiología de la afección. Existe consenso en que el procedimiento es criminal cuando se aplica por la fuerza, pero que es permisible cuando se practica con el consentimiento del paciente y a cambio de una compensación. Si se admite esto, el problema moral se convierte en el problema técnico de determinar cuál es la compensación justa por ejecutarlo.» (336)

14. Medicina social y urbanización: «Se comete otra falacia del mismo tipo al afirmar que la medicina moderna es responsable del marcado descenso de la mortalidad infantil durante este siglo [*]. Las estadísticas médicas refutan esta afirmación al demostrar que las grandes causas de la mortalidad infantil prácticamente perdieron su poder antes de que se inventaran las vacunas y los medicamentos correspondientes. La principal causa del declive no fue la medicina individual sino la medicina social, junto con la planificación urbana: agua potable, tratamiento adecuado de aguas residuales, viviendas con mejor exposición al social y al aire libre, etc. Así fue como se erradicaron la mayoría de las enfermedades sociales, como la tuberculosis y el tifus, en el mundo industrializado (una enfermedades se puede llamar «social» si es infecciosa y afecta a los grupos sociales más desfavorecidos.» (346)

[*] Tal vez MB debería haber añadido una nota haciendo referencia a las desigualdades entre países y entre clases sociales. Dos científicos naturales y sociales, discípulos de Sacristán y lectores de MB, Eduard Rodríguez Farré y Joan Benach, no estarían alejados de la anterior consideración bungiana.

15. C+T, valores y moral: «Nuestra civilización es la primera que posee el conocimiento y los medios para seguir adelante. Pero también es la primera que posee los medios para aniquilarse en cuestión de minutos. ¿Qué sucederá: la supervivencia o la extinción? Tenemos los medios para lograr cualquiera de las dos. Mientras se implementen políticas de destrucción mutua asegurada (MAD, por sus siglas en inglés; Mutual Assured Destruction), permaneceremos al borde del abismo, arriesgándonos a la aniquilación definitiva,o, en el mejor de los casos, al estancamiento y, en última instancia, al declive causado por la monstruosa inversión de cerebros y recursos naturales en la carrera armamentística. La ciencia y la tecnología son indispensables para el funcionamiento de nuestra civilización y pueden ayudar a evitar su destrucción, pero no son suficientes para este propósito. La ciencia nos dice cómo es el mundo y la tecnología nos dice qué podemos hacer con él, pero ninguna nos dice qué debemos hacer con él. Tienen sus propios códigos de conducta, pero estos no bastan para guiar el comportamiento cotidiano. Necesitamos saber más sobre valores y moral si deseamos conocernos mejor a nosotros mismos, y hacer algo al respecto sobre las amenazas a la civilización moderna».

La teoría del valor y la técnica, con estas palabras cierra el libro MB, serán los temas del próximo y último volumen de este Tratado. Como les decía, Laetoli ha anunciado (sin fecha concreta) su futura publicación en castellano.

Hasta aquí esta selección que, como indiqué, es una entre los numerosos mundos bungianos posibles.

Unas observaciones finales:

1. El original de este libro se publicó en 1985. Cabe preguntarse (muy de acuerdo con el espíritu de Bunge y con algunas de sus consideraciones): «los avances científicos y tecnológicos en los más de 50 años transcurridos, ¿refutan o ponen en dificultades los principios esenciales de la cosmovisión del autor?». No en mi opinión. Su materialismo dinamicista, su emergentismo, su realismo científico y ontológico, siguen ahí y no parecen falsados por los nuevos desarrollos científicos y tecnológicos. Eso sí, como señala el revisor del volumen 7.1. (Gustavo E. Romero) a propósito de los comentarios de MB sobre la teoría del Bing Bang y la cosmología estándar de aquellos años: «La vertiginosa evolución de la cosmología observacional en los últimos 30 años ha dejado desactualizadas varias de estas afirmaciones. Por ejemplo, las dificultades que presenta actualmente el modelo cosmológico son diferentes. Se le han incorporado elementos nuevos, tales como la materia oscura, la constante cosmológica y una fase de expansión inicial exponencial que han dado origen a otros problemas, con lo cual el foco de la discusión filosófica se ha desplazado» (344). Y tal vez, en esa línea, otros ejemplos.

2. Se podría señalar: hay pocos comentarios críticos a los desmanes de la C+T contemporánea, no hay insumisión en el pensamiento del autor. Pero no es este, desde luego que no, el nudo central del volumen. Por lo demás, MB se ha manifestado sobre la temática en numerosas ocasiones con posiciones atendibles. Aparte de las palabras finales que hemos reproducido, en el penúltimo apartado del libro señala: «Debemos distinguir dos tipos de evaluación tecnológica: la de la eficacia y eficiencia técnicas, pero socialmente inservible o incluso maligna. Así, un arma ofensiva puede ser muy útil para el asesinato en masa, pero, al ser maligna, carece de valor social. Los tecnólogos tienden a pasar por alto la evaluación social, eludiendo así su responsabilidad moral. La mayoría de los productos industriales son moralmente neutros, en el sentido de que pueden usarse para el bien o para el mal… El tecnólogo solo es culpable cuando participa conscientemente en el diseño o planificación de cosas o procesos que son inequívocamente malignos.» (416-417)

3. Es probable que una manifiesta incomodidad aceche en determinados momentos a lectores partidarios o sensibles a lo que se ha llamado en estos últimos años «epistemologías del Sur». Ciertamente, MB piensa con frecuencia, a lo largo de estas páginas, en países avanzados en el ámbito de la tecnociencia, en problemas filosóficos asociados a estas disciplinas, sin olvidar, al mismo tiempo, su batallar ininterrumpido contra las pseudociencias (entre las que MB incluye, erróneamente en mi opinión, disciplinas tan diversas como el psicoanálisis, el marxismo, la frenología o la astrología). Pero no parece que el gran físico y filósofo argentino esté alejado ni sea acrítico de los robos epistémicos imperiales, ni que esté próximo a la desconsideración elitista y supremacista de saberes próximos a la práctica ancestral de pueblos y comunidades, aunque no estén teorizados ni fundamentos más allá de su éxito práctico y del papel que juegan en la vida y cosmovisiones de esos pueblos.

4. El lector, incluso el lector bungiano (mi caso) o muy bungiano, puede encontrarse incómodo en alguna ocasión con un escribir demasiado seguro de sí mismo, fuertemente seguro de la bondad y corrección de sus posiciones y argumentaciones, incluso en el (no buen) decir concreto presente en algunas (¡pocas!) ocasiones. Un ejemplo «llamativo» del volumen 7.1. (el anterior al reseñado), p. 279: «Salvo por unos cuantos lamentables dementes, las personas -hasta los teóricos cuánticos y filósofos- viven sus vidas cotidianas dando por sentado el realismo gnoseológico: a los no realistas consistentes, cuando se los encuentra, se los encierra y se los trata.» Tal cual está escrito. Que conste que yo suscribiría lo dicho con otro decir más amable.»

[Aprovechando el caso. MB define el realismo gnoseológico en los siguientes términos: «Familia de gnoseologías que supone (a) el mundo existe independientemente del sujeto cognoscente y (b) la tarea de la ciencia es producir modelos conceptuales de la realidad máximamente verdaderos». Matiz: «Solo el realista ingenuo exige una correspondencia uno a uno entre los conceptos de una teoría y los «elementos de la realidad» (una expresión de EPR). El realismo científico solo exige que haya una correspondencia entre la teoría como totalidad y la cosa representada… En resumen, los inobservables, especialmente las cosas y los procesos virtuales, no pueden ofrecer ningún consuelo a los antirrealistas.»].

En síntesis (y con repitiéndome): no se pierdan la lectura de un libro (parte de un gran Tratado) que merece el máximo reconocimiento, nuestra admiración más sentida.

PS: En el volumen 7.1. (Parte I. Ciencias formales y físicas) se incluye un prólogo a la edición española fechado en junio de 2018 (MB falleció en febrero de 2020). Les hago un resumen. Se recogen en él sus ideas finales sobre la filosofía española e hispanoamericana.

La filosofía, comenta MB, se ha desarrollado vigorosamente en España e Hispanoamérica en el curso de las últimas décadas (sin mayor precisión en las décadas). Se ha desarrollo hasta el punto que «ya tenemos poco que aprender de la filosofía alemana, que aún se está recuperando del desastre de 1933 [toma del poder por el nazismo], y menos todavía de la filosofía francesa, que desde hace más de un siglo se arrastra a la zaga de la retaguardia alemana».

MB cita a continuación a Francisco Romero, un filosofo argentino de origen español, muy olvidado entre nosotros (Sacristán lo cita en alguno de sus textos juveniles). Romero decía con razón, según MB (no en mi opinión), que en todos los pueblos la filosofía pasa por tres etapas: «la adhesión entusiasta y dogmática a una escuela, el estudio crítico de la filosofía toda y la creación original» (¿influencia triádica hegeliana?). MB cree que algunos países de habla española (que tampoco indica) están pasando de la segunda etapa a la tercera.

Es verdad, admite, que aún importamos, con retraso, modas filosóficas europeas («la diferencia es que hoy se copia a Oxford o París en lugar de Friburgo» (en la década de los sesenta, como se señalo, el autor dio clases en su Universidad; aquí está pensando seguramente en Heidegger, que nunca ha sido santo de su devoción, o en alguno de sus discípulos). Admite también que la mayoría de los estudios filosóficos son apologéticos o críticos, pero no creativos. Pero, observa, «ya hay un comienzo bien claro de investigación original en áreas de la filosofía que hace un par de décadas solíamos evitar o incluso ignorar». Entre ellas destaca «la lógica matemática y la semántica formal, la teoría del conocimiento y la epistemología, la ontología seria y la axiología, así como la ética y la filosofía de la técnica». Es decir, una buena parte de las disciplinas filosóficas más en voga.

En nuestros países, prosigue MB, hay literalmente miles de profesores de filosofía (NE: en España, actualmente, entre 8 y 10 mil; en Hispanoamérica, entre 40 y 60 mil) y algunas decenas de investigadores originales». Muchos de ellos, en su opinión, están al día en la literatura filosófica internacional y algunos, sin más precisiones por su parte, escriben libros o artículos que contienen aportes nuevos a la filosofía. Hay, además de congresos nacionales e internacionales de filosofía, «diversas sociedades nacionales de filosofía y docenas de revistas filosóficas, algunas de ellas bilingües o aun trilingües, entre ellas por lo menos seis [que tampoco enumera] de buen nivel».

Para MB, todos estos son hechos nuevos, ocurridos en el curso de las últimas décadas. Lo que, en su opinión, «permite afirmar no solo que hay filosofía en España y en Hispanoamérica, sino que hay hoy una filosofía hispanoamericana original no menos importante que la alemana, la italiana o la francesa». Para MB esta novedad es motivo de legítimo orgullo «para todos quienes, de una manera u otra, han contribuido a construir esta filosofía y, muy particularmente, para quienes lo han hecho en condiciones materiales y políticas difíciles.»

Sea como fuere, añade, la existencia de esta vigorosa filosofía contemporánea «no debería ser motivo de complacencia. Primero, porque no está sino en los comienzos de la etapa creadora. Segundo, porque la filosofía es una planta muy delicada, que no prospera al aire libre, que a menudo escasea en nuestros países.»

MB finaliza este prólogo a la edición española con las siguientes palabras: «Me alegra sobremanera que la prestigiosa editorial Laetoli haya decidido publicar la segunda mitad de la versión castellana de mi Tratado. Y me honra que Rafael González del Solar [NE: que no es el traductor del volumen comentado, pero sí de los anteriores V, VI, VII.1], joven ecólogo y filósofo que ya tradujo doce de mis libros, haya aceptado ocuparse de esta tarea, tan pesada como delicada. Finalmente, he aprovechado esta ocasión para corregir algunos errores que aparecen en la edición original».

Pues tampoco está nada mal este elogio bungiano del filosofar español (no españolista) e hispanoamericano.

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