La aspiración comunista en el nuevo siglo: condiciones de posibilidad

Joaquín Miras Albarrán, Joan Tafalla

De te fabula narratur

En los días 27 y 28 de enero del 2001 el Comité Nacional del PCF convocaba la celebración de un Congreso extraordinario para la  segunda quincena de octubre del  presente año. Misión del congreso: concretar la mutación propuesta hace años por Robert Hue[1], y desarrollada en el congreso de Martigues. Esta concreción se deberá hacer en el congreso extraordinario en forma de estatutos de un nuevo partido comunista[2]. Sin embargo, el debate, según Hue no puede detenerse únicamente en el tema estatutario. Ello constituiría un “congreso autocentrado”, poco útil para aquello que, según Hue, necesitan los comunistas franceses o sea : “…impulsar hasta el final la lógica de Martigues… ir hacia un congreso de donde saldrá efectivamente el nuevo Partido comunista[3].

El dossier que presentamos forma parte del debate desarrollado en Francia entre intelectuales marxistas en torno a las  perspectiva de refundación, relanzamiento o creación de una “ nueva fuerza comunista”. Lógicamente, se trata de una pequeñísima parte de un debate que no ha afectado únicamente a los intelectuales miembros o no del PCF, sino a muchos, muchísimos militantes comunistas, o no, miembros del llamado en Francia “movimiento social” o de otras corrientes de la izquierda revolucionaria. Naturalmente, en la selección de textos hemos optado por destacar algunos de los temas que a nuestro modesto entender nos parecían cruciales. Otros observadores habrían hecho, sin duda otras miradas y habrían focalizado otros documentos, otros artículos, otros autores y otros temas.

Nuestra mirada no es neutral sinó la de observadores intervinientes. No podía ser de otro modo. En la época de la globalización capitalista y de la construcción de un espacio europeo tendiente a diluir los antiguos estados nacionales, y a modificar los marcos de lucha de clases , ampliándolos, aquello que discute la izquierda francesa no es un asunto simplemente francés. Es un asunto europeo, y seguramente, nos quedamos cortos. Sin entrar en las decisiones de cada organización, nos sentimos concernidos por el debate y por los asuntos que se tratan. Por otra parte muchos de los cambios sociales de los que hablaremos a continuación son similares a los que suceden en nuestro pais.

Este año se celebran congresos de diversas fuerzas comunistas en nuestro pais: congresos del PCE, del PSUC y del PCC. Toda el área comunista en Europa occidental está inmersa en un debate sobre sus esencias, sobre su identidad, sobre su función, sobre la forma-partido, sobre la estrategia de transformación social, sobre lo que se llama en jerga “política de alianzas”,…. Refundación Comunista, el Partido de los Comunistas Italianos, Izquierda Unida, el PDS de Alemania, el PCP… Luchan, actúan y debaten para encontrar un espacio en el futuro. Sin embargo, mientras los comunistas nos lamemos las heridas del estalinismo, de la caida del muro, de las falsas salidas reformistas como el eurocomunismo o la disolución del PCI, la reestructuración de los sujetos sociales que dieron base a los potentes partidos comunistas de occidente de los años cincuenta y sesenta se desarrolla al albur de los cambios sociales. Es una reestructuración que viene de lejos, de mucho antes del 89 y que no se resuelve con debates nominalistas. Esta reestructuración social se inicia en un largo ciclo de luchas iniciado a finales de los sesenta y principios de los setenta, en el pase del fordismo al postfordismo. Un ciclo de luchas derrotado entre mediados y finales de los setenta, coincidiendo con la crisis del 73/74 y con la adopción de nuevas estrategias por parte del capital. El modelo neoliberal de acumulación, una nueva división del trabajo, el apoyo en la nueva ideología globalista entre otras medidas servirá para infligir graves derrotas al movimiento obrero. Todo ello incidió en la parálisis e incluso la disolución de potentes sujetos políticos antagonistas como habían sido los partidos comunistas del siglo XX. Una parálisis y una disolución que han incluido la cooptación de numerosos cuadros comunistas a las filas de la tercera via ( ello ha pasado a nivel individual tanto como en Francia, España o Portugal; caso a parte fué Italia con la disolución del PCI y la creación del PDS). Otra vía ha sido la de los que se han mantenido fieles a la identidad comunista, pero se han instalado en la derrotad, integrándose a las filas del ejército de la resignación, del “no hay otra via” tatcheriano. Al planteamiento de que el único espacio posible y la única función real sería, para los comunistas, hacer de “farolillo rojo” del socialiberalismo.

Sin embargo, los nuevos sujetos sociales de la rebeldía social postfordista se mueven. Bullen, se enfrentan y resisten. Un relanzamiento que pasa por Chiapas, por el Movimiento de los Sin Tierra, por la huelga generalizada de otoño del 95 en Francia, por las Marchas Europeas contra el paro, por lo movimientos de los sin papeles capaces de victorias importantes en Francia del 96 o en la España del 2001, por experiencias tan interesantes como la del PT brasileño, por movidas tan fuertes como las de Seattle, Praga, Washington o próximamente Barcelona, por experiencias como las del Presupuesto Participativo en Porto Alegre… la izquierda social se mueve y resurge de las cenizas de los grandes sujetos político-sociales de la época del fordismo y del estado de Bienestar. Y este resurgir de las cenizas es el marco en que se inscribe el debate que presentamos.

La transición del fordismo al postfordismo: el caso francés

El PCF fué, junto con el PCI y con el PC de Grecia , uno de los PC’s con mayor arraigo de masas en Occidente. Los casos del PCE y del PC de Portugal no son análogos a los anteriores debido a las condiciones impuestas por la clandestinidad, y merecerían análisis aparte.

Según Roger Martelli [4] los resultados electorales y el número de miembros del PCF entre el final de la 2ª guerra mundial y 1984, fueron los siguientes:

Elecciones Votos Inscritos % Reales % Militantes nº (*)
21-10-45. Legislativas 5.024.174 20,3 26,3 790.000
2-6-1946. Legislativas 5.145.325 20,8 25,9
10-11-46. Legislativas 5.431.000 21,6 28,3
17-6-51. Legislativas 5.056.605 20,6 25,6
2-1-56. Legislativas 5.514.403 20,6 25,9
23-11-58. Legislativas 3.907.763 14,3 18,6
18-11-62. Legislativas 4.003.553 14,5 21,8 300.000 (1961)
5-3-67. Legislativas 5.029.908 17,8 22,5 350.000 (1966)
23-6-68. Legislativas 4.435.357 15,7 20 380.000
1-6-69. Presidenciales 4.779.539 16,6 21,5
4-3-1973. Legislativas 5.156.619 16,8 21,3 450.000 (1974)
12-3-1978. Legislativas 5.870.402 16,7 20,6 703.000 (1979)
10-6-79. Europeas 4.101.052 11,9 20,6
26-4-81. Presidenciales 4.456.922 12,2 15,3 710.000
14-6-81. Legislativas 4.065.540 11,3 16,1
17-6-84. Europeas 2.261.312 6,1 11,2

(*) En el caso de no coincidir, se expresa entre paréntesis el año más cercano del que facilita

datos Martelli

Estos resultados y esa afiliación muestran un partido de masas, perfectamente insertado en su sociedad, expresión de un determinado bloque social subalterno ( formado por la clase obrera fordista fundamentalmente, pero tambien por sectores del campesinado sobretodo del sudeste y por sectores intelectuales). Muestran un partido asentado sobre un tejido social concreto; que juega un papel determinado en una sociedad fuertemente integrada.

Los resultados electorals del pasado 18 de marzo con la pérdida de numerosas alcaldías, entre ellas la de Nîmes, en el contexto de un retroceso general de la izquierda, ha inducido a numerosas valoraciones. Para unos se trata de que el PCF noha realizado totalmente su “ mutación”. Hoy más que nunca sería necesario que el congreso de otoño próximo culminase la creación de esa fuerza comunista que ellos denominan Nuevo Partico Comunista. Para otros, sin embargo, precisamente se trata  de todo lo contrario, de no perder la identidad, de salir del gobierno, de acentuar la movilización socialy la relación con los nuevos mopvimientos sociales.

La tesis que sostenemos aquí consiste en que este retroceso no se debe principalmente a los avatares sufridos y a los errores cometidos en las diversas coyunturas políticas atravesadas desde la época dorada del 26 % de los votos ( guerra fría, desestalinización tardía y frustrante, Argelia, desencuentro con la juventud obrera y estudiantil en el 68, programa común y ruptura del mismo, debate sobre el eurocomunismo y sobre la dictadura del proletariado, participación en el gobierno de Pierre Maurois entre 1981 -84, divorcio creciente con la intelectualidad marxista, nueva entrada en el gobierno con Jospin…) aunque no vayamos a despreciar estos avatares y errores como causa eficiente del actual declive.  Por el contrario, nuestra tesis consiste en que el declive y descomposición del espacio del PCF ( y probablemente en los otros partidos comunistas de masas europeos) se debe a los intensos cambios de la base social  en que hundía sus raices ese partido. Se ha producido una modificación tal de las condiciones de posibilidad de una propuesta comunista que el problema no se resuelve con debates tácticos ( aunque tengan su importancia) sino en la reformulación completa del proyecto político y de sus bases sociales. Tanto en Francia, como en cualquier otro marco territorial de lucha de clases de la Europa de los quince refundar una propuesta comunista sólo podrá hacerse sobre el diagnóstico de los procesos sociales en curso y sobre la propuesta de estrategia y de organización oportunos y adecuados a estos cambios. Como dirían los clásicos.

Continuar haciéndo propuestas tácticas sin tener en cuenta esa realidad conlleva la certeza de la próxima “muerte súbita” de la aspiración comunista. Sólo hace falta esperar una o dos elecciones.

Empecemos por  examinar las consecuencias del paso de la sociedad del pleno empleo a la generalización de la precareidad y del paro. Veamos algunos datos de ese intenso cambio de la base social. Según Revelli [5], las evolución del paro en Francia ha sio la siguiente:

Paro en Francia 1933-1994 ( % de la fuerza de trabajo)
1933 1959-67 1982-1992 1992 1993 1994
  4,5 0,7 9,5 10,4 11,7 12,4

Las consecuencias para el conjunto de Europa, del crecimiento del paro, según Revelli,  son: “…la consolidación tenaz de una vasta masa de fuerza de trabajo fuera de los procesos productivos, como consecuencia no tanto de un freno de la producción coyuntural, o de contingentes flexiones del mercado, sino más bien de profundos y duraderos fenómenos estructurales de transformación industrial. De modificaciones maduradas en el hard core del sistema productivo europeo. 5’5 millones de estos desocupados de larga duración provienen de hecho de la industria manufacturera, caida en pocos años – entre el 1976 y el 1986- en la Europa de los doce, del 28’9 al 24’4 % de la fuerza del trabajo total… Y precisamente, de un general proceso de “modernización destructiva” hablan las cifras desagregadas por sectores: …en Francia ha sido el derrumbe de una sociedad rural mantenida desde hace mucho en condiciones de sobreocupación (- 8’2 %) sumada a la masiva desmovilización en sectores  obsoletos de la industria ( sobretodo pesada: – 4’9%) lo que ha provocado, incluso en presencia de un elevado crecimiento en los servicios ( + 8’4 %) una subida de la tasa de paro del 4’6 % en poco más de un decenio”.[6]

Revelli nos hablará de una auténtica disolución de la civilización del trabajo, debida a lo hoy llamamos “tercera revolución industrial”. Un proceso que está significando la superación de la civilización fordista que se basaba en un determinado paradigma tecnológico ( “producción de masa basada en el uso masivo de tecnologías de concatenación, en la separación entre dirección y ejecución del proceso de trabajo y en el uso de una fuerza de trabajo masificada y descualificada” ), en un determinado régimen de acumulación ( basado en la “combinación de economías de escala en el plano productivo y consumos de masa en el distributivo”) y en un determinado modo de regulación social y económica ( el Welfare State)[7]. “ Tres niveles que han llegado a su plena integración sólo en la fase específica del desarrollo industrial y social del siglo XX- en aquella que Hobsbawn ha definido como la “edad de oro” del siglo breve, y que los franceses llaman los Trente glorieuses: la larga postguerra de desarrollo acelerado que va del 1945 al 1975. Pero que tenían , los tres, como presupuesto, un tipo de innovación – tecnica ( la estandirazación de los productos), social ( la racionalización de los procesos sociales), institucional (la nacionalización de las masas y la máxima potencia del Estado-nación )- provenientes por decirlo así, “de lejos”.[8]

El paisaje social sobre el que se asienta el desarrollo y la función del PCF del 25 % de los votos  y de los 600.000 o 700.000 afiliados és el del fordismo y el del Estado de Bienestar. Un Estado del Bienestar que los obreros franceses percibían que era fruto de la aportación del PCF a los gobiernos de unión nacional de la postguerra. Por otro lado, la socialización del obrero masa, la construcción de su conciencia y de su identidad de clase se realizaba habitualmente en el marco de una empresa fordista, con una determinada cultura del trabajo de tipo verticalista, sin posibilidad de incidir en el proceso de trabajo y en las decisiones que se toman. Consecuencia de la respuesta obrera será la existencia de una potente sección sindical y, habitualmente, de una potente célula del partido comunista. El funcionamiento tribunicio de estas organizaciones, la división de sus funciones sociales, la cultura delegativa que las impregna eran, sin duda, producto de la cultura del llamado obrero-masa y espejo de la división del trabajo del enemigo de clase.

Ese paisaje social ha variado totalmente en el transcurso de los ochenta y de los noventa. Sigamos otra vez la descripción de Revelli: en Francia, “…la tasa de sindicalización, que entre los años cincuenta y los años sesenta había llegado niveles superiores al 40 % y ido declinando constantemente, llegando a mitad de los años noventa a un miserable 10’9 %. Una “retirada” simétrica y paralela al avance del paro – 141.300 parados en 1965, 500.000 en 1970, un millón en 1977, dos millones en 1982, tres millones en 1992, tres millones y medio en la mitad de los años 90 – y a la descomposición de la “sociedad salarial”;  a la descomposición y a la drástica reducción de las áreas de fuerza de trabajo con garantías que se desprenden contractualmente de la negociación sindical. El contrato de trabajo indefinido típico de aquel moelo de relaciones industriales, que aún en 1975 cubría al 75 % de la población activa francesa, ha ido tambien restringiendo poco a poco el propio radio de acción, hasta cubrir actualmente, apenas el 58 % de la fuerza de trabajo masculina y el 48 % de la femenina. Un tendencia esta que parece destinada a acelerarse desde el momento que más de dos tercios de las nuevas contrataciones en francia estan concetradas en el área de trabajos “atípicos” ( aquellas oficialmente llamadas formes particulières d’emploi: contratos de trabajo a tiempo determinado, ad interim , a tiempo parcial, emplois aidés financiados por el estado, etc.) y que los porcentajes de atipicidad en el campo de la ocupación juvenil traspasan el umbral del 60 por ciento” [9].

Pierre Cours-Salies[10], nos ayuda a descomponer las cifras globales del paro y de la precariedad, que sumaban en 1994: 3’3 millones de parados, 8 millones de personas en situación particular. Aunque se hable de “generación-paro” es difícil  dar un cifra si no hay, previamente una definición. Por eso es necesario ir localizando los diverssos tipos de personas que están afectados de una forma u otra por el paro, la precareidad o que subsisten con rentas de miseria: Pierre Cours-Salies rompe con la definición clásica de parado en contraposición a empleado, puesto “…la imagen de la ‘dualización’ es demasiado pasiva y estática; la de la ?precarización general? Tiene la ventaja de manifestar lo que todo el mundo siente, pero esa fórmula tiene el riesgo de silenciar duras diferencias que se están reconstruyendo”[11]. El autor citará, dentro de ese mundo de la precareidad generalizada a los “surnumeraires” ( sobrenumerarios): parados de larga duración ( viejos y jóvenes sin certificación escolar), parte de los que cobran la Renta Mínima de Inserción que no se inscriben en el paro, los preretirados victimas de los ‘planes sociales’, las mujeres que trabajan unas horas sin buscar empleo establ. Según Cours –Salies, unos cinco millones. El mismo autor cifra en siete-ocho millones de personas aquellas sometidas al “louage de main d’oeuvre” , un conjunto de personas que pasa desde las secretarias interinas, a los empleados de logísticas de pequeñas y medias empresas, los jóvenes que se mueven entre los “stages” y los “emploi-aidé”, los parados ocasionales ( que pasan de un salario temporal, a trabajo negros a empleos pasajeros), junto con los asalariados a tiempo parcial. Finalmente no hay que olvidar la situación de los estables que sienten sobre sí la presión de esta a precareidad generalizada.[12]

Quizás no haría falta leer las descripciones de los sociólogos sino irse al cine y ver películas como “Todo empieza ahora” de Bernard Tavernier o “Marius y Jeanette” de                Robert Guédiguian, para visualizar lo que significa de cambio de suelo social donde debe enraizar una propuesta comunista de transformación radical de la sociedad.

Pero todos estos cambios  en la base social del antaño llamado “pueblo comunista” podría llevar a un cierto pesimismo sobre las posibilidades de reconstrucción de un proyecto comunista: la nueva división internacional capitalista del trabajo, el neoliberalismo, la fábrica difusa, la precarización omnipresente, las formas postfordistas del trabajo, el crecimiento del ejército industrial de reserva ( en forma de parados “nacionales” o de fuerza de trabajo recientemente inmigrada)… En fin, el proletariado ya no es lo que era, incluso la nostalgia ha dejado de ser lo que era. Si dejamos de lado el inmobilismo al que conduce la frustración de la derrota, seguramente estemos de acuerdo en algo: en el caso de que sea posible, una nueva propuesta comunista no va a hacerse sobre la base de  la nostalgia. Ni la función ni la forma que adoptaron los partidos comunistas en el siglo pasado sirven para afrontar la tarea. La aspiración ( lo que los franceses llaman “visée”) comunista permanece. La forma y la función de los PCs del siglo XX ya es simplemente historia, y como tal debe ser tratada. Aunque sea con el cariño con el que cada uno trata su propia historia.

Condiciones de posibilidad de una propuesta comunista

A mediados de los años noventa, la situación de la izquierda social en Francia empezó a variar de forma substancial: de la disgregación , del eclipse de la lucha de clases, de la invisibilidad de los sectores que sufrían de forma más clara los embates de la transición al postfordismo, se pasó a una situación de reagrupamiento, de retomar la voz, de visibilidad de los sectores en lucha. Nuevos movimientos sociales y asociaciones, sindicatos, hacen acto de presencia. Cambios en los sindicatos clásicos ( como en FO y en CGT), incluso escisiones ( como los sindicatos SUD, surgidos de la CFDT), aparecen numerosas las llamadas “coordinaciones” que aspiran a una gestión de las luchas por los propios implicados, sin delegación, el movimiento  de los parados , así como los movimientos de los “sin” ( sin papeles, sin vivienda..)…pero sobretodo la movilización generalizada de noviembre-diciembre del 95 [13].

El conjunto de estos movimientos se ha denominado en Francia, a partir del planteamiento de la escuela sociológica de Pierre Bourdieu[14], movimiento social. Conviene quizás, detenerse un poco en este movimiento, puesto que en él se puede adivinar el nacimiento de nuevas formas de socialización, de construcción de identidad de clase en las condiciones del postfordismo. También porque todo lo que la izquierda española ha hecho hasta ahora al respecto quizá sea importar sin debate ni criba crítica expresiones útiles en su lenguaje de madera como “movimiento social” o “izquierda plural”. ¿ Porqué importar expresiones como “movimiento social” ( así en singular), cuando no existe en España ni en Catalunya algo que se le parezca? ¿ Porqué importar la expresión “izquierda plural”, si no se dan las condiciones en España para su realización y ni tan sólo está claro que sea nuestra tarea prioritaria?

Empecemos por hablar un poco de la huelga genealizada de novimebre-diciembre de 1995.“Lo que se produjo en Francia en otoño de 1995 ( 20 días de huelga de los transportes, 700.000 huelguistas y 2 millones de manifestantes en el momento máximo del movimiento) es incomprensible si el acontecimiento, ciertamente fortuito, no se relaciona con la experiencia política de los asalariados desde 1981”[15]. Tras catorce años de miterrandismo, había accedido a la presidencia Jacques Chirac quien a través de Alain Jupé había lanzado un programa renovadamente liberal tanto en política social, como en privatizaciones, coherente con Maastricht. La movilización social de otoño del 95 da una respuesta a esa ofensiva neoliberal, abriendo una ola de movilizaciones que ha empezado a invertir la situación de desaparición de los trabajadores como sujeto social. Algo infinitamente menos importante será que la estela de esta movilización social supondrá la creación de las condiciones sociales para el acceso de la llamada izquierda plural al gobierno. Pero insistimos, se trata de una consecuencia colateral. Creemos más trascendentes las modificaciones producidas en la sociabilidad de los habitantes del área metropolitana de Paris durante los días de huelga del transporte[16]; la reaparición , aunque sea limitada y con ambigüedades de la solidaridad de clase, expresada en el lema “Tous sensemble”[17]; el renacimiento del orgullo profesional y de las viejas tradiciones de lucha[18],como en los cheminots y de la solidaridad intergeneracional como en los traminots[19]; o bien la defensa del sector público, contra las privatizaciones, una defensa no retórica sino eficiente y real, asímismo que basada en un programa de modernización del mismo[20]; o la aparición de las denominadas huelgas “por poderes” ( quizás sería mejor traducción “por delegación”), es decir aquellos que por la precariedad de su empleo, por estar en paro, o por cualquier otro motivo no pueden  hacer huelga pero se sienten representados, simpatizan y apoyan a los huelguistas[21].

El año siguiente, se produjo el importante encierro de los sin papeles en la iglesia Saint-Bernard entre el 28 de junio y el 23 de agosto. Este movimiento tuvo su repercusión  en la oposición al proyecto Jean –Luis Debré de ley sobre emigración que fué constestado y obtuvo mobilizaciones populares entre el 22 de febrero  y el 29 de marzo de 1997. Como en España, el tema de la emigración deja de ser un tema de caracter étnico o simplemente solidario para pasar a ser un tema de clase. La oposición a la política de la derecha va más allá de una oposición de valores morales o éticos para incidir en el proceso de recomposición de los trabajadores en tanto que clase.

El movimiento de los parados ha sido calificado por Bourdieu como milagro social[22]: “la primera conquista de este movimiento es el movimiento mismo, su existencia misma: el saca a los parados, y con ellos, a todos los trabajadores precarios, cuyo número crece cada día, de la invisibilidad, del aislamiento, en fin , de la inexistencia”. El caràcter estratégico de este movimiento en la reanimación de la clase obrera y en su reconstitución de nuevo en tanto clase se deduce de que : “La precaridad transforma en posibles nuevas estrategias de dominación y de explotación, fundadas sobre el chantaje con el despido, que se ejerce hoy sobre toda la jerarquía, en las empresas privadas tanto como en las públicas, y que hace pesar sobre el conjunto del mundo del trabajo, …, una censura aplastante, prohibiendo la mobilización, y la reivindicación…Es por lo que se puede decir…que la mobilización de aquellos cuya existancia constituye el factor principal de desmobilización es el más extraordinario aliento a la mobilización, a la ruptura con el fatalismo político”[23] .

La movida de los parados genera un  florecimiento de las asociaciones: APEIS ( Association pour l’entraide, l’information et la solidarité), AC! ( Agir ensemble contre le chômage), MNCP ( Mouvement national des chômeurs et precaires) los comités de parados de la CGT… Este florecimiento asociacionista, la capacidad de los movimientos de parados de condicionar el debate público en base a sus movilizaciones, no tan masivas como cargadas de simbolismo ( las marchas euroepas contra el paro, las ocupaciones de oficinas de empleo, las ocupaciones de restaurantes de lujo o de grandes superfícies para hacer picnic) juegan un papel central en el proceso de recomposición de la clase obrera: “  ‘Los que luchan estan vivos’, decía Victor Hugo en el siglo pasado. Los que asocian hoy lo hacen para no asfixiarse de paro, de miseria moral, de olvido, de desprecio. Los que se asocian interpelan. Las asociaciones vuelven a tejer los vínculos sociales distendidos, descuartizados por el retroceso de la sociedad, olvidados bajo los golpes de la crisis política. Sin embargo, ¿ evitan  las asociaciones el cierre de cada uno en la esfera privada? Intermediarias entre electos políticos, intituciones y ciudadanos, ellas juegan un papel que habia desaparecido desde la crisis del militantismo. Gracias a ellas, la sociedad civil se ofrece una representación. Ellas son una expresión de la crisis de la democracia”[24].

Pero el florecimiento asociacionista y sindicalista no atañe solamente a los movimientos de parados sino a todo tipo de movimientos de los “sans”. Además siguiendo a Daniel Bensaïd [25]: “No se trata solamente de una floración de siglas, sino de una renovación de las prácticas, más democráticas, más preocupadas, más allá de la estricta empresa, de reinscribir el sindicalismo en una resistencia de conjunto contre el deterioro de las condiciones de vida, del paro, de la exclusión, como se ha podido verificar con los apoyos sindicales  a los sin papeles”. Las cuatro características de estos nuevos movimientos según Cristophe Aguiton[26] en un artículo publicado en Le Monde de l’Education  (junio 1997) , serían: “…la voluntad de acciones con un motivo palpable y preciso … la voluntad democrática, el rechazo de la delegación de poder a estructuras lejanas y desconectadas de las realidades … la aceptación de las diferencias al tiempo que se trabaja conjuntamente … una forma de organización simboliza esta situación: la red, un sistema flexible, donde se trabaja conjuntamente conservando la identidad propia … en relación con las fuerzas políticas, este desbordamiento militante reivindica una autonmia toal, cuando no una franca desconfianza”.

Seguramente, la reconstrucción del sujeto social antagonista tras la larga derrota se está realizando ya en formas que la vieja izquierda comunista o socialdemócrata no podrán recuperar si no es a costa de profundos cambios en su mentalidad, en su forma de organizarse, en su cultura política. No servirá una socialdemocratización del proyecto comunista : la mayoría de los que la proponen acaban pasándose individualmente ( véase para el caso de Francia a Charles Fiterman) o colectivamente ( véase para Italia el caso del PDS) al campo de la tercera via, privatizaciones incluidas. Tampoco servirá el refugiarse en una cultura política antigua, para unos más criticable que para otros, pero originada en un paisage social totalmente diferente del que hoy vivimos y experimentamos. Ni las organizaciones ni los militantes ( a excepción de las pequeñas sectas) serán o funcionarán como las grandes organizaciones comunistas de masas que han vivido tras el impulso de la revolución de Octubre.

Algunas observaciones sobre los temas en debate

El debate que presentamos aquí es, como vemos de gran calado. En él se ponen en discusión las ideas centrales, que se originaron en el seno del movimiento democratico popular y obrero europeo, entre 1830 y 1848, y que con diversas transformaciones, muchas de ellas, de enorme importancia, posteriormente han definido la identidad cultural, moral y política de la tradición comunista,  y también socialdemócrata, desde los orígenes de ambas.

De la tradición comunista, desde su nacimiento como consecuencia del estallido de la Primera Guerra Mundial, interimperialista, que es resultado, no lo olvidemos, de la capacidad de iniciativa y hegemonía que poseían las diversas oligarquías capitalistas enfrentadas, en el interior de las distintas formaciones sociales que cada una de ellas dominaba.

De la socialdemocracia – de la segunda Internacional- desde su origen como alternativa política tras la derrota, a principios de los años setenta,  del movimiento democrático popular europeo,  organizado en torno a la AIT desde mediados de los años sesenta. Todas estas derrotas fueron ferozmente sangrientas – en 1871, tan sólo en París, treinta mil muertos ; lo mismo que en Chile tras el golpe de Pinochet de 1973-,  que supusieron  la ruptura  de la continuidad y la pérdida de  buena parte de la cultura y la tradición democrático revolucionaria, jacobina, que había inspirado las revoluciones del siglo XlX. Esta tradición había conseguido resistir y reproducirse a pesar de la contundencia de las anteriores derrotas –cuarenta mil muertos en París, tan solo, durante julio de 1848- que consiguió, con todo reorganizarse en continuidad en el movimiento que se recupera y cuaja en la AIT, y en cuyo horizonte cultural, interpretativo –hermenéutico- adquirían sentido y se autocomprendían los teóricos revolucionarios del periodo, nuestros clásicos.

Ambas tradiciones, la socialdemócrata y la comunista, que es de las que interesa tratar aquí, son resultado de una respuesta,  radicalmente digna, de resistencia frente a la derrota aplastante de las fuerzas democráticas, es decir, popular revolucionarias de cada coyuntura. Aunque sea tan solo a beneficio de inventario, quede aquí, para la reflexión, la doble constatación. En consecuencia, la tradición de dignidad que ahora se debate en su ser o no ser nació como consecuencia de una reiterada,  histórica, doble derrota; es fruto de la falta de resignación y de la dignidad humana, pero también de la debilidad social, e intelectual, cultural y politica, desde su origen.

Capítulos y episodios concretos a parte, alguno, de gran calado, como el estalinismo, (y, también, por cierto, el episodio en buena parte bufo que vivimos, de autoaniquilación de la izquierda ), nuestra tradición, la que confiere  identidad a muchos seres humanos que nos hemos formado culturalmente en ella, ha estado moralmente a la altura de las circunstancias, a partir de los recursos de que ha dispuesto en cada momento, como lo prueba el haberse  convertido en una obsesión y una pesadilla para el capitalismo durante varias generaciones.

No se pretende con estas frases escribir el elogio fúnebre de una tradición. No queremos (algunos, al menos) “descansar en paz”. Se pretende recordar también aquí que si el mundo ha sido menos brutal y más civil ha sido gracias a nosotros. Que dentro de la adversidad y de las posibilidades de que hemos dispuesto, hemos actuado con serenidad y valor (Héctor es el nombre del héroe que, en nuestra tradición civilizatoria, encarna estos valores). Hemos sido lo que hemos podido ser .

Pero se trata ahora de comprender y dar razón de la actual situación de  marginación de la izquierda dentro de la sociedad civil, y de descomposición política y cultural, en la que se enmarca el actual debate, del PCF y de los demás Pcs existentes (ya no, por ejemplo en el extinto PCI), ya abiertamente, ya con sordina .

Las razones que hasta ahora llevamos expuestas no explican cuál es el modelo político sobre el que se construyen los partidos comunistas, sea cual sea su variante subcultural, ni por qué el modelo que se hunde ahora, sin embargo, duranta  décadas, con las correcciones y aditamentos parciales realizados en diversos momentos de la anterior etapa histórica, consiguió hegemonizar el movimiento obrero organizado, arraigar en una parte  muy importante del mismo, y  articular en su entorno amplios sectores sociales, o  simplemente, cómo  logró constituirse en el referente político privilegiado para la polémica y el debate (por antonomasia, “los rojos”, no sólo para los anticomunistas y antisocialistas). Qué hizo que esos proyectos políticos fuesen abrazados con esperanza y entusiasmo por los destacamentos obreros y democráticos  organizados.

Sólo a partir de una explicación de los dos aspectos, por somera y esquemática que esta sea, puede permitir que comprendamos cuáles son los cambios (sociales) que han disfuncionalizado el modelo cultural concreto que adoptó la tradición de la democracia y el socialismo durante el siglo XX, y qué elementos de ella han perecido.

No creemos que la explicación del desmoronamiento de nuestra cultura política sea consecuencia del estalinismo. No se trata de excusar ni maquillar la historia, sino de evitar que un episodio de la misma, ciertamente de enorme importancia, se convierta en una pantalla o exutorio que sirva para canalizar y explicar todos los males y  para ocultar  los verdaderos motivos que agotan una cultura.

Pensamos que la tradición política de la segunda internacional surgida tras la derrota de la AIT, como respuesta a una determinada situación hizo época y se constituyó en modelo, por su capacidad, precisamente, de reconocer empíricamente los elementos fundamentales del periodo. Creemos que este modelo inspiró y fue heredado por la tradición comunista, deudora en esto y en otras muchas cosas, de la segunda internacional. El arraigo, la pujanza de ambas corrientes del movimiento social dan testimonio de que el modelo, extraía consecuencias empíricas del nuevo estado de cosas que se abría con la etapa del capitalismo que se denominaría imperialista.

El modelo, que, como hemos indicado, ha evolucionado y sufrido modificaciones (ha vivido en variantes) se basa fundamentalmente en la organización de un instrumento político como institución autónoma y diferenciada dentro de la sociedad civil, al margen de los movimientos sociales y de las demás organizaciones, instituciones y comunidades que organizan la sociedad.

La nueva institución se proclama representante de los intereses de clase de los trabajadores, y estructura un proyecto político que se presenta como alternativa que resuelva sus problemas y necesidades y que es presentado por el partido ante las masas. La posibilidad de realización de dicha alternativa política pasa de forma eminente por el acceso al poder (que no se posee ni se crea, sino que debe ser creado o alcanzado) . Según esta interpretación, la sede del poder es el estado o conjunto de aparatos institucionalizados al margen de la sociedad civil, desde los que se generan políticas de ingeniería sobre ella.

La  relación entre el estado y la política como instrumento / fin determina ya qué es lo que va a ser entendido como política y que no va a ser interpretado como tal: es política el conjunto de actividades que se ejerzan desde las instituciones del estado. La diferencia podrá estar marcada por la disyuntiva entre utilizar los aparatos de estado ya existentes para hacer política o tratar de pensar otros aparatos  de estado alternativos; lo cierto es que, aunque la reflexión sobre alternativas  de estado hubiera dado posibilidad a la aparición de instituciones políticas imbricadas en la sociedad civil, el estado político como institución desencajada de la sociedad civil, y por tanto fundado en burocracia funcionarial, desde el que se administran unos recursos, o desde el que se trata de administrar toda la sociedad, y también ese ámbito de la sociedad civil que el capitalismo ha autonomizado  y privatizado, y que es la producción.

Reformistas y revolucionarios; reformistas  duros y blandos,  han funcionado siempre bajo la idea de la toma o acceso al poder político, es decir, el acceso a la dirección de un estado político institucional. La noción de poder que hay por debajo es muy pobre: poder es capacidad de coacción legal y policiaca, que no tiene por qué ser ilegítima, ejercida desde las instituciones, también propaganda ejercida desde los medios de comunicación. No se percibe el eventual poder que los individuos productores y trabajadores poseen en la sociedad civil y en la producción, al ser ellos  quienes, cada vez más, en un determinado grado controlan la actividad.

Estas instituciones políticas poseen poca incidencia organizativa sobre la sociedad civil. El sindicato en el mundo laboral, como instrumento de reivindicación salarial, que sirve para “educar” al hacer aflorar las contradicciones, y la casa del pueblo o los círculos de debate y lectura de prensa son las dos patas de masas que posee el modelo. Dentro de este modelo el sindicato no se planteó nunca convertirse en impulsor de  poderes democráticos internos al proceso de trabajo que fuesen embrión de un posible poder democrático dentro de la empresa. El mundo de la producción debe ser nacionalizado y dirigido desde la administración del estado.

La “clase”, es decir, el conjunto de organismos de la sociedad civil de carácter popular, que en un mundo en que el capitalismo no ha organizado el consumo ni  desarrollado la industria del entretenimiento, organizan actividades de consumo y recreo, se reproducen al margen de estas fuerzas políticas, que en todo caso los parasitan o los representan ante las intituciones, porque las consideran como “naturales” . La creación y el mantenimiento del entramado asociativo organizado que estructura a la clase obrera como tal en la sociedad civil no depende de ellas. Pero el partido opera como representante en las instituciones políticas de los problemas de los asalariados y demás capas populares organizadas y cuyos tejido o entramado social existente les dota de identidad colectiva.

El partido pretende dirigir  a las masas trabajadoras; dotarlas de conciencia social adecuada y convertirlas en la masa o ejército que le permita alcanzar el poder político del estado –o la articulación de un nuevo estado-. Para ello el partido se dota de una estrategia política que pretende la agitación y la toma de consciencia de clase por parte de las masas. El partido es el depositario de la consciencia de clase. Se considera que el partido está constituido por la parte más lúcida de la clase obrera y por intelectuales que han descubierto la causa.

Según la teoría elaborada, esta élite puede desarrollar el proyecto clasista de alternativa social y la estrategia de clase porque sus miembros componentes poseen los conocimientos científicos adecuados y del debate y la reflexión de estado mayor puede salir la elaboración teorica, científica, adecuada. La consciencia revolucionaria es tal por ser científica.

Esta separación grupo dirigente y vanguardia de la clase, por un lado, clase obrera, naturalemente existente por otro; consciencia madura o revolucionaria, de una parte, consciencia espontánea, reformista, de otra, es el eje vertebrador del modelo de partido político socialdemócrata; es también, como sabemos, la matriz del modelo bolchevique,  cuyo libro fundamental es Qué hacer (también El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo), no El estado y la revolución, que prometía quizá  ser el inicio de una nueva reflexión, y que replantea el asunto del poder político a partir de las experiencias de 1871 y de los soviets de 1905, pero que carece de organicidad respecto de una estategia política de partido que se autoproclama vanguardia de la clase y espera que el movimiento de masas lo lleve al poder político.

Es más, en esta concepción, es la toma del poder político lo que permite que la clase se desarrolle como dirigente. El motor del cambio es el partido , no una clase o bloque social que ha alcanzado un grado de hegemonía y de control de la praxis en la sociedad civil, que necesita remover los últimos obstáculos políticos que le impiden enseñorearse de la sociedad.

Todos estos elementos permiten identificar al modelo adoptado por el movimiento obrero y democrático anterior como teoría liberal de elites en lo político organizativo, y como positivismo cientifista en lo ideológico. Que una minoría pueda prever al margen de la mayoría social y aún en contra de su opinión cuáles son los verdaderos intereses de la mayoría y la estrategia adecuada para conseguir imponerlos, que se plantee la educación de las masas para  hacerles comprender cuáles son sus intereses, sólo es posible afirmarlo suponiendo que la consciencia correcta es asunto de ciencia y que esta minoría es la poseedora del saber científico: consciencia  de clase científica.

Por supuesto estas ideas, esta nueva cultura no tenía nada que ver con la tradición cultural del movimiento democrático popular  que se reorganizó durante los dos tercios anteriores del siglo XlX y que recogía la tradición jacobina de la revolución francesa. Los pensadores formados en esa cultura que asistieron a la constitución de la nueva cultura política del último tercio del siglo XlX, reflejan  en sus textos asombro estupefacto, impotencia, y sentido del ridículo. Marx, en su Crítica del programa de Gotha se burla y a la vez se indigna ante el estatismo que el partido socialdemócrata alemán recoge, aceptando la inspiración de Lassalle y Rodvertus. Frente a la nacionalización estatal, Marx enarbola el concepto de lo público: el asunto del estado y de la política es lo que produce la confrontación abierta. Años depués, Engels, en su Crítica al programa de Erfurt de 1891, recordará que la dictadura del proletariado es la democracia jacobina  que se caracteriza por no elegir a los servidores públicos, no tener funcionarios y por ejercer la democracia directa como, en esas fechas, ocurre en países del area anglosajona: el tema de la organización del estado.

La tradición de la democracia y el socialismo jamás pensó que la consciencia política de las masas alcanzara su grado pleno mediante un sobre plus externo de ciencia.

Acogiéndose a esa tradición,  al tratar los asuntos del pensamiento, Marx y Engels hablaban de consciencia, que es un término que hace referencia a la reflexión individual basada en la experiencia, la cual alcanza un desarrollo dado debido a las capacidades y facultades práxicas poseídas por el que la experimenta en el mundo social organizado por las relaciones sociales dadas, y a las facultades que desarrolla al organizarse para la lucha: el ser social determina la conciencia social. Es un producto intelectual  individual,  fenoménico, fruto de la experiencia vital, práxica de cada individuo en la coyuntura histórico social concreta que le ha tocado vivir.

La palabra “consciencia” empleada en sentido fuerte y reiterado por los clásicos es de tradición romántica, se refiere a la vida en su totalidad. La vida y la consciencia incluyen el saber teórico fuerte, y, dentro de él, la ciencia, como un elemento más de la vida y del ser social, que es instrumentado y hecho orgánico desde la experiencia vital  práxica, y que además, no es pensable como instrumento en manos de una élite directora.

Tampoco la Ilustración es la matriz del nuevo modo de concebir el pensamiento. Los ilustrados apelan a la capacidad de raciocinio de las personas para que hagan uso de él y, así, todos juntos, podamos encontrar, en pública deliberación, las soluciones a los problemas humanos. La categoría central del  pensamiento ilustrado no se confunde con la ciencia; es la  razón, la opinión del individuo, el rechazo del prejuicio. El teórico de la democracia moderna,  Rousseau, por ejemplo, considera que la comunidad democrática, una vez ya organizada como tal,  desarrolla en sus deliberaciones la Volonté General, es decir, una opinión, fruto del desarrollo de la opinión pública  que permite la democracia directa, que posee por ello un grado de rectitud moral absoluto, porque es resultado de ese debate colectivo. Fuera de ese estadio de organización democrática del debate lo único que existe es la “volonte de tous” o pensamiento particular, egoísta,  propio de todos y cada uno de los particulares: por lo tanto, un grupo de particulares rousseaunianos, en ausencia de la organización colectiva general de toda la sociedad, que les permitiera desarrollar en común, mediante debate público democrático,  el pansamiento recto, la volonté general, jamás se habría atrevido a proponer sus particulares deliberaciones de grupo como el saber máximo.

Las instancias organizativas del movimiento de masas democrático de 1848 son el propio tejido social de los gremios obreros, en cuyo seno existen clubs de debate que difunden sus ideas. No se reproduce en reflejo del mundo del trabajo organizado por el capitalismo esa división entre trabajo manual y trabajo intelectual, porque esto no se daba aún y los obreros artesanos dominaban los saberes punta de la producción.

La caracterización del bloque social alternativo en términos sociolaborales de explotación y de intereses económicos  tampoco pertence a la tradición y se basa en una percepción defensiva del agente que debería recrear la nueva sociedad. Los obreros revolucionariuos de París de 1848, que sentían la explotación del capital, se autodenominaban a sí mismos proletarios, con palabra de la tradición democrática clásica. Con ella expresaban su sentimiento de que quienes debían ser los dueños de la sociedad, el demos, carecía del reconocimiento de sus derechos de ciudadanía que eran indispensables para ello, y estaban dispuestos a empujar un proyecto político de democratización de todas las relaciones sociales, muy en primer lugar, las productivas. La socialización de las relaciones de producción es una inspirada y valiosa propuesta política de nuestra cultura que se elaboró, mediante deliberación pública,  a partir de la experiencia de explotación de los propios trabajadores artesanos, cualificados del movimiento democrático de 1848 y es un desideratum moral inspiradísimo que se fundamenta en la idea de aplicar la democracia en el interior de la producción socialmente organizada, como solución a la explotación. Hasta hoy nunca ha sido llevada a la práctica, y por lo tanto, como idea no es producto intelectual originario de la ciencia ya que los contrafácticos no son científicos; pero, además, como el socialismo no ha sido llevado a la práctica,  la ciencia tampoco puede estudiarlo, pues la ciencia estudia y comprende tan sólo lo que ya existe.

El paradigma político que hemos visto fracasar es nuevo, es decir, surge en el último tercio del siglo XlX. Apresurémonos a decir, que ni su actual fracaso ni su novedosa ruptura con la tradición anterior en la que se inscriben Marx y Engels dicen nada en contra de la moralidad del modelos en sí, ni de quienes lo crearon.

Cuáles fueron las condiciones de posibilidad de ese nuevo modelo

Los cambios que permitieron desarrollarse un modelo de partido y de alternativa política basada en la delegación de las masas de los trabajadores en  cuanto políticos en los cuadros políticos, y en cuanto trabajadores en la futura dirección y gestión del estado implica una pérdida de confianza de los trabajadores en sus propias capacidades intelectuales en ambos dominios. El socialismo como democracia de los trabajadores, y en consecuencia como asociación de productores,  se difuminaba y pasaba a solicitar nacionalizaciones e intervención de la burocracia de estado. El capitalismo había logrado la subsunción real del trabajo al capital, había desarrollado técnicas nuevas de trabajo que separaban ejecución de planeamiento –trabajo manual de intelectual- tarea a la que se había dedicado el capital no para aumentar su plusvalía relativa, sino para domar empresa a empresa a los trabajadores por el expedeinte de simplificar tanto el trabajo que se pudiese contratar a cualquiera. Con la aparición de la gran industria este tipo de trabajador se apuntaba como el mayoritario. Con el desarollo de las nuevas ciencias, la química, en concreto, cuyo salto se produce en las universidades, lejos de los trabajadores artesanos y de su circuito de formación tradicional, incluso importantes sectores de trabajadores artesanos, que seguían poseyendo en control de los saberes aplicados en su actividad, cada vez más, pasaron a desconocer el fundamento del saber que organizaba el proceso productivo total nuevo, y a percatarse que la fábrica dependía del ingeniero y el químico[27]. Se operaba una descualificación generalizada de los trabajadores que esfumaba la experiencia de poder sobre la actividad, es decir, que daba sentido a propuestas de democracia capilar radical y daba verosimilitud a los planteamientos de democracia representativa, en todo caso. El fogonero del alto horno, o el de los ferrocarriles se sabían incapaces de dirigir su empresa. El trabajador analfabeto, procedente del campo pudo ser posible. Salvo Inglaterra, toda Europa era mayoritariamente campesina. Por otro lado, Europa aún vivía la experiencia de la pobreza como consecuencia de la subproducción como para que las grandes fábricas de nuevo tipo no fuesen a pesar de todo, simpáticas.

Los explotados seguían organizándose fuera de la producción, para subvenir directamente a necesidades y existía una identidad cultural basada en patrones de vida cotidiana comportamientos, hábitos costumbres, etc. No era una identidad basada en la experiencia de los que saben que pueden sustituir a los burgueses en la dirección  y organización de la producción ni una identidad que se sintiese que en las alternativas de vida y relación, de producción y consumo de arte, de recreo, etc., se sintiese capaz de crear mejores modelos y productos que los que producían los intelectuales universitarios para la burguesía; se identificabam con todo en esos elementos propios como explotados; la identidad de “clase” era una identidad por oposición a los ricos, de carácter económico y sociológico, identitaria. En 1848, no era “clase” la palabra que se había utilizado, sino “proletariado”, es decir, las nueve décimas partes de la sociedad francesa –según Blanquí y otros-. La palabra no es identitario sociológica sino de signo político; procedía de la tradición de la democracia y de su iconografía clásica. Caracterizaba la autenticidad de unos individuos que se sentían “demos” pero sin derechos políticos, y aspiraban a autocosntiuirse en ciudadanos y enseñorear la sociedad para lo que se sentían capacitados, instaurando sobre la totalidad social un poder popular. El carácter general del proyecto concreto articulado, que se basa en una alternativa de organización a la totalidad social es lo que caracteriza a un proyecto como político según la misma tradición, como vemos recogido en los textos de Marx y Engels. Según estos, la clase se constituye paulatinamente a traves de las luchas y conflictos que enfrentan a explotadores y explotados y que van enseñando a estos últimos a organizarse, pero la clase no queda plenamente constituida hasta que no alcanza a elaborar un proyecto político social de alternativa global la sociedad capitalista.

El desarrollo del taylorismo u organización centralizada de la producción en gran escala, y del fordismo, o descomposicón del trabajo en tareas elementales que forman eslabones de una cadena de montaje creció la funcionalidad del nuevo modelo político

Cambios sociales actuales que han disfuncionalizado ese modelo

El modelo comenzó a ser socavado, tras la segunda guerra mundial El capitalismo comenzó a desarrollar una industria pesada dedicada a la producción de bienes de consumo para la vida cotidiana. Se desarrolló una indsutria del ocio y la diversión, etc. El tejido social que articulaba a las clases populares en una socidad civil de carácter alternativo, identitario, fuera de la producción, comenzó a esfumarse. Pero el sindicato, dentro de la empresa y como organización con capacidad de negociar salarios y condiciones de trabajo seguía funcionando. Los partidos políticos de masas, de izquierdas o de derechas – democracias cristianas, gaullismo, etc-  conseguían imponer determinadas reivindicaciones  sociales, por las razones que fuese- salida de la guerra mundial con la derrota del fascismo y nueva correlación de fuerzas, etc.- El tipo de trabajador manual fordista  era en su mayoría menos culto que los cuadros y pequeños funcionarios sindicales y políticos de las orgaanizaciones de izquierda y necesitaba del saber que estos poseían.

La aparición de otros tipos de asalariados comenzó lejos en el tiempo –“cuellos blancos”, “revolución científico técnica”, masividad universitaria, etc. Lo importante sobrevino posteriormente, tras la crisis capitalista de 1973 y su necesaria recomposición posterior. Como resultado de la nueva recomposición del capitalismo se produjo la desaparición de las cadenas de montaje y en consecuencia la desaparición del obrero fordista tradicional, fijo, laboralmente estable. El trabajador descualificado, que había sido el centro del anterior movimiento obrero organizado sindicalmente, dejó de ser el espinazo sobre el que se articulaba la producción La globalización del capitalismo posibilitada por la nueva técnica de las comuniciaciones permitió a las empresas, además, dislocar sus centros de producción y trasaladarlos a otros lugares. Los estados perdieron su capacidad de recaudación fiscal sobre las empresas, que amenazaban con trasladarse; los sindicatos, peridieron capacidad de negociación con el estado para aumentar el salario indirecto. Los trabajadores debían restringir sus salarios pues competían  directamente con la oferta laboral de otros trabajadores más desfavorecidos pero cualificados que podían aceptar peores condiciones salariales (Seat-Volkswagen Barcelona frente a los obreros polacos, p.e.). Y se suprimieron las conquistas  del movimiento obrero tradicional. Los trabajadores , tradicionales se vieron desprotegidos ante las disfunciones políticas y sindicales de instituciones especializadas en la mediación y en la representación dentro de los ámbitos estatales. Además, una transformación tecnológica desarrollada en un tiempo sin precedentes históricos por su brevedad, produjo la expansión inusitada un nuevo tipo de trabajaor cualificado con formación universitaria o tecnológica puntera, que se incorporaba a la producción directa en nuevos sectores productivos y en viejos sectores productivos. Este tipo culto de trabajador dejaba de estar concentraddo en los servicios – enseñanza y salud- para desarrollarse en todo el proceso capitalista de producción y reproducción. Este tipo de trabajador, a menudo tan culto como los más cultos de los ministros, (con independencia de la información reservada que se posea )  experimenta en la actividad que esta depende por completo de él y de otros como él. En su trabajo se le exige que no delegue responsabilidades, sino que actúe y decida. Su experiencia  y su saber le hacen rechazar instituciones que se le ofrecen para representarlo. Los funcionarios de las mismas poseen muy a menudo una cualificación intelectual ínfima en relación con aquellos que se pretende deben delegar en ellos las cuestiones importantes. Las viejas formas institucionales de hacer política no ofrecen tampoco salidas a estos trabajadores ( los contratos basura rigen oficialmente por igual para unos y otros, solo que la escasez de trabajadores cualificados hace que los patronos estén mejorándoles las condiciones, en sectores como el de la informática, etc. al margen de los sindicatos. Donde la suerte de las condiciones de los mismos depende de las instituciones sindicales y políticas partidarias habituales (sanidad, enseñanza) estos dejan que la situación de los trabjadores empeore, entre reproches a los mismos porque no comprenden lo que es la solidaridad, etc.

La nueva situación social, las nuevas relaciones sociales y técnicas que en la nueva etapa ha impuesto el capitalismo (competencia internacional entre trabajadores, relación inmediata con el saber punta, reunificando nuevamente el trabajo directo y la concepción organización del mismo) ha liquidado las bases que permiten a unas minorías autoconstituirse como élites  (tuertos en el reino de los ciegos) y reclamar para sí el papel de guía y representante de los explotados, y han liquidado las bases que posibilitaban que el estado fuese pensado como el instrumento para lograr mejoras sociolaborales para los explotados. Se ha concluido una etapa, se ha muerto un modelo. Y bien enterrado que está. La clase obrera taylor-fordista, por sus propias condiciones sociales no capacitada para constituirse en agente de un proyecto alternativo de organización autónoma de la producción, como se ha demostrado. Las instituciones políticas de representación y gobierno y ejercicio de ingeniería social desde los aparatos de estado, tampoco, como se ha podido comprobar en vivo y en directo.

Excurso sobre la experiencia de la variante bolchevique de la socialdemocracia

Dado que la mayoría de lectores potenciales de este número procedemos de las diversas subculturas de la tradición comunista, conviene detenerse si quiera brevemente sobre la especificidad del modelo bolchevique.

El partido bolchevique tiene su origen en el partido socialdemócrata ruso, miembrom de pleno derecho de la internacional socialista. El texto más revelador de su concepción es, como hemos dicho, Qué hacer, texto que se inspira en el pensamiento y la práctica política del partido alemán. La socialdemocracia internacional lo reconocía como suyo. Por su propia situación específica de partido clandestino, el partido ruso acentuó el carácter aristocrático o elitista en su modelo organizativo. No sería un partido de masas, sino de cuadros profesionales resueltos a todo, vinculados con las organizaciones de masas que deberían ser agitadas y educadas, pues los obreros, desde su experiencia vital espontánea, tan sólo pueden adquirir una conciencia trade unionista de clase, etc. Su fin era la toma del poder político, etc.

Sabemos, pues hemos tenido la posibilidad de conocer el ciclo completo, que el partido bolchevique desarrollaría estas formas centralizadas hasta el paroxismo, por decirlo resumidamente (también, para no cargar toda la historia, y el fracaso del proyecto sobre un individuo, explicación antimarxista donde las haya).

La actividad del partido socialdemócrata ruso se desarrolló en una sociedad en efervescencia. Así, en 1905 estalló una revolución, fracasada, en la que irrumpieron en la escena política unas formas organizativas de masas con las que el partido no contaba y que se habían constiuido al margen del mismo: los soviets. Las mismas formas organizativas reaparecieron durante la revolución  de 1917, y el partido , que tenía en cuenta la experiencia anterior, las impulsó. Lenin, en las vísperas del estallido revolucionario había escrito un opúsculo, que tenía en cuenta esta experiencia y la de la clase obrera francesa de 1871. Sobre ellas especulaba con la posibilidad de instaurar un estado de nuevo tipo. o nuevo poder político. Lo cierto es que los soviets serían apoyados por el partido para batir a la asamblea cosntituyente, y luego, el partido se desharía de los soviets manu militari (Krondstat) cuando estos se convirtiesen en un obstáculo pesado  para el ejercicio del poder del partido que se ejecutaría desde los aparatos de estado tradicionales, reformados y mejorados según el modelo prusiano (modelo prusiano de planificación económica). La doble lógica, contradictoria, abierta, quedaba cerrada así a favor de la prepronderancia del modelo tradicional.

Pero la experiencia de la guerra civil algo debió cambiar las cosas. Al finalizar la misma, dentro del partido fue definiéndose una nueva alternativa o concepción de la política. De entrada, sólo terminada la guerra civil, en un agrio debate se impuso la idea del abandono del comunismo de guerra, noción que implicaba la centralización más absoluta, militarizada, de la economía desde las instancias centrales del estado.

Poco después se abriría paso la Nueva Política Económica (NEP), que impulsaría Lenin y su grupo. Esta política implicaba entregar la mayor parte de la actividad productiva de la URSS a la dirección e iniciativa de los propios productores. El estado conservaba el control de sectores estratégicos que permanecían nacionalizados: energía, industria pesada, minería, y en espacial la minería del oro y del ámbar. Pero no sólo la tierra, sino una enorme multitud de talleres y ferrerías permanecían bajo control de los productores en la  “gelatinosa” sociedad civil soviética. De ellas procedían por ejemplo, los sunministros de bienes de hierro, martillos, clavos, etc., que se utilizaban en las ciudades. Para agotar la descripción de la NEP, cuyo mejor resumen se debe a Karl Polanyi, añadiremos que el control centralizado del oro y el ámbar obedecía al deseo de hacerse con divisas convertibles. La URSS había firmado la conferencia de Ginebra, y había aceptado el proyecto de libre comercio internacional basado en el patrón oro. La importancia conferida a este acuerdo la revela el que el propio Lenin asistiera a dicha conferencia. Se pretendía aprovechar este acuerdo económico internacional de libre cambio para adquirir material industrial moderno, fundamentalmente material eléctrico, y desarrollar así la modernización del país.

El debate previo a la adopción de la NEP en el partido bolchevique fue de gran aspereza. Se ha interpretado que el debate obedecía que se confrontaban diversas posiciones sobre un mismo objetivo común, las vías de desarrollo económico y de modernización industrial de la URSS. El objetivo común sería, según esta versión, el desarrollo de las fuerzas productivas, al que se confiaría la posibilidad de existencia futura del socialismo en la URSS. Habría quienes adoptaban la solución de industrialización forzada a toda costa y otros que habrían adoptado alternativas menos sacrificadas para la sociedad soviética. Pero, sabemos por Georg Lukács, que fue el único sobreviviente de quienes estuvieron en la clave de los debates de la época, que las posiciones encontradas entre los modernizadores-industrializadores a ultranza y los partidarios de la NEP – Lenin y su grupo- obedecían a razones  muy de fondo. Lenin pensaba que la política era la finalidad de la revolución; que la economía era tan sólo la base o el medio que permitía realizar y ejecutar una u otra política, y que la política debía consistir en crear los medios para asegurar el poder popular sobre la sociedad, a partir de las posibilidades que creaban unas condiciones materiales dadas. Los otros pensaban que la economía y el desarrollo de la producción era el fin de la revolución y la política el instrumento que permitía el desarrollo de las fuerzas productivas.  La NEP no era una opción de desarrollo de fuerzas productivas , sino una opción de creación de unas relaciones sociales lo más democráticas posibles sobre  los medios de producción y cambio existentes. Un intento de pasar el poder a la sociedad civil. Venía acompañada de un intento de cambio del papel del partido (ver el discurso de Lenin en el Xl Congreso), que debía abandonar su atrincheramiento en los aparatos de estado, que lo llevaba a convertir la militancia en burocracia: los militantes del partido eran invitados a pasar a desempeñar su actividad en la sociedad civil y a ganarse el prestigio de las masas mediante su acertada ejecuciónde tareas en ella. ¿Qué tareas?: comerciar, y comerciar al menos tan bien, con tanta eficacia, como había sabido hacerlo antaño el explotador burgués. En el documento congresual se hace un balance de la burocratización y de la megalotendencia al desarrollo del estado, como un enorme peligro contra el socialsimo. Sabemos que esta política, que tuvo siempre muchos enemigos dentro del partido, muy dispares entre sí, fue liquidada, y se volvería a la línea de la industrialización y la modernización forzadas de la sociedad, y al control del proceso forzado desde el partido instalado en el estado.

En realidad la NEP no consiguió acabar con el estatismo dentro del partido. Se creó un doble partido, que convivió durante un tiempo mientras no estallaron contradicciones políticas, doble partido que representaba a sectores sociales diferenciados. El partido más estatista y más desarrollista, más positivista cientifista, más vanguardista, que debía recoger las espectativas de los grupos urbanos  y más cultos y refinados, más europeos, los intereses de la gran industria, etc y otro sector del partido, más relacionado con la sociedad civil, con el campesinado, con los pequeños talleres y con la intelectualidad más provinciana, con independencia de lo que ocurriese bajo el estalinismo. La ruptura del compromiso sobrevino cuando la crisis económica internacional, como nos recuerda Polanyi,  invalidó los acuerdos de libre comercio de Ginebra y produjo una oleada de proteccionismo y de conflictividad y confrontación económica internacional, pues no se habían superado las causas que habían empujado a la primera guerra mundial y que llevarían a la segunda. La estrategia de modernización del aparato productivo mediante la polítca de importaciones, que contemplaba la NEP quedó bloqueada. El sector desarrollista se impuso desde su control de los aparatos de estado, de la forma más violenta imaginable, sacrificando a la mayoría de la sociedad soviética y liquidando a la otra parte del partido. No se buscó reorganizar el acuerdo y el consenso social salvando la autonomía de la sociedad civil, y encontrando nuevas formas sensatas de desarrollo de la modrnización. Se fue a la liquidación de la NEP, lo que implicaba liquidar y aterrorizar a los sectores sociales beneficiados por esa política y hacer soportar a todos el retroceso productivo y de consumo que este destrozo de tejido social iba a acarrear. Entre los diversos segmentos del sector social y partidario modernizador o desarrollista se producirían luego ajustes de cuentas, una vez desencadenada la caza de brujas. El “cosmopolitismo” sería una de las etiquetas que podía convertir a alguien en reo de muerte.

La trabajosa vía de superación o atenuación del estatismo y de desarrollo de libertades efectivas  mediante la creación de una sociedad civil autónoma, iniciada desde el seno del partido, fue liquidada. La historia seguiría como todos sabemos

Una nueva izquierda y una nueva cultura democrática

La izquierda actual vive un verdadero fin de época. La cultura en la que se ha fundado su quehacer político desde el último tercio del siglo XlX, y durante todo el siglo XX  carece de posibilidad de contacto con la realidad sociopolítica actual, creada por el capitalismo en nuestros días.

El anterior modelo, en el que se concretó la tradición de la democracia y la igualdad socialista, existió y arraigó con fuerza porque, a pesar de todas las limitacions que le vemos hoy, y que hemos repasado sumariamente, era respuesta a unas determinadas condiciones sociales y a unas posibilidades concretas de los explotados, las cuales imposibilitaban, como hemos visto, el desarrollo de una sociedad socialista, es decir, de una sociedad en la que los productores libres asociados enseñoreasen su sociedad mediante la democracia asentada en la sociedad civil. Esto no es una especulación, sino el  balance de un periodo hoy ya clausurado.

Pero ese modelo permitió a una determinada clase obrera, a una determinada intelectalidad y clases medias, y a unas determinadas clases campesinas organizarse y luchar por la dignidad , las libertades y las mejoras en la vida que proporcionaron las conquistas sociales. La generalización de las democracias procedimentales, que se desarrollan tras la segunda guerra mundial y la aparición de partidos populares de masas, sea cual fuere su adscripción ideológica, que posibilitaban la entrada de los de abajo en la política, todo lo cual había provocado la fascistización del capitalismo tras la primera guerra mundial se debe a la influencia (y a la respuesta frente a él, que acepta la irreversible participación de las masas en política) del movimiento  dirigido por estas fuerzas políticas.

Pero tanto la nueva sociedad civil que ha surgido, y los nuevos individuos que la componen, como el papel que le queda al estado en la nueva recomposición internacional de relaciones económicas desarrolladas e impuestas por el capitalismo, dan por liquidada cuaquier tipo de opción política que pretenda transformar o reformar “en fuerte” una sociedad por el expediente de la intervención, como inegeniería sobre la sociedad civil desde los aparatos de  estado nacionales

La reconstitución de la izquierda, desde su propia tradición, su propia experiencia histórica (nuestro tesoro más preciado y valioso) y  sus valores fundamentales, debe ser capaz de repensar (“revisar”), entre otras muchas cosas, su modelo organizativo y  sus categorías políticas. La futura organización política, como se puede comprender, debe dejar de ser un instrumento de representación, pues no hay agente colectivo organizado, ni intereses colectivas homogéneos a priori, por naturaleza, que representar. Ni el estatismo, ni el papel de educador externo a las masas son posibles ya. Las individualidades de la izquierda deben tratar de constituirse en percha que posibilite la auttoorganización de los trabajadores y demás segmentos de la ciudadanía subalterna. La democracia ( y la política en general) debe dejar de ser concebida como un instrumento basado en el voto que permite el acceso de la élite a las instituciones del estado para  mediar  desde allí según cualquiera de los distintos modelos democráticos que se basan en este esquema.

La democracia debe ser valorada como un recurso ontológico fundamental. Es decir, como el medio que posibilita/genera la autoorganización de la ciudadanía subalterna en  todos los ámbitos de la sociedad civil,, incluidos los ámbitos sociales de producción que el capital excluye y privatiza, el medio y el procedimiento que, al organizar a la gente ( y al posibilitar la creación de una verdadera opinión pública en debate que discuta sus problemas y proyectos y desarrolle las capacidades de lucha organizada para imponerlos, tenga como consecuencia la autocreación directa de un posible nuevo bloque social, que vaya desarrollando expereincias nuevas de su praxis de base  organizada democráticamente) que desarrolle como resultado de esto  la emergencia de una verdadera opinión pública que debata y homogeneice sus espectativas vitales y sea capaz de generar un proyecto de sociedad alternativa  en consonancia con las nuevas capacidades y facultades que los individuos actuales ya poseen, y de las que se generen como conecuencia de la organización y de la lucha y el debate público veraz. Tan solo de la autoorganización  para la lucha y el debate protagonizada por los individuos sublaternos puede llegar a surgir  una mayoría social deseosa de autoinstituirse como nuevo poder político sobre la sociedad civil, utilizando en esa empresa las nuevas capacidades de control sobre la actividad productiva y sobre el saber en general,  que hacen posible o son las condiciones de posibilidad reales, no ficticias de ese proyecto potencial, hoy inexistente.

La democracia radical  es un procedimiento no instrumental  de creación de nuevas relaciones sociales entre los individuos, dentro de las antiguas objetivaciones sociales de la sociedad civil, ya existentes, un medio de creación de nuevas relaciones sociales que impulsen la aparición de nuevas entidades sociales; es por lo tanto, un medio de creación de nueva praxis social y de nueva poiesis social; es decir, es un medio para el desarrollo de la sociabilidad humana, del ser humnano; es un medio de desarrollo ontológico del ser humano, de creación de nueva praxis, imposible sin ella..

Por ello, en un momento histórico en que el capitalismo ha destruido los entramados societarios que conferían identidad a las clases subalternas, la democracia pasa a ser el elemento fundamantal, vital, para la constitución del nuevo bloque social revolucionario posible (antaño se hubiese escrito “para la constitución del proletariado en clase”), a condición de que no se la conciba como elemento instrumental ni se la arrincone,  a ella, es decir  a la política, como un instrumento de acción restringido al ámbito de las actividades de ingeniería que se ejecutan desde los aparatos de estado sobre la sociedad civil. Sólo la democracia  radical auna la necesaria capacidad de desarrollo de la experiencia de los individuos, de cada individuo, desde su realidad cotidiana, fenoménica,  en su relación con los demás, dentro de la sociedad civil, con la capacidad de desarrollar mediante la acción autodeterminada de los individuos participantes en la actividad práxica nuevas capacidades y facultades dominadas por ellos mismos que les permitan estar en mejor disposición de lucha por el poder sobre la actividad que produce y reproduce la sociedad.

Cualquier concepción instrumental de la democracia y de la política se aparta de los objetivos finales y condena a la izquierda a perecer . Recordemos que el tiempo que nos queda casi ya no existe.

 

[1] Robert Hue. Communisme : la mutation. Éditions Stock, Paris, 1995

[2] Patrice Cohen Séat . Rapport au Conseil National , 28 janvier 2001.   http://www.pcf.fr

[3] Robert Hue,  Intervention au Conseil national du PCF 27 et 28 janvier de 2001.  http://www.pcf.fr

[4] Roger Martelli, Communisme français. Histoire sincère du PCF 1920-1984.  Messidor.éditions sociales. Paris, 1984.

[5] Marco Revelli, La sinistra sociale. Oltre la civiltà del lavoro. Bollati Boringhieri, Torino, 1997.Pag. 12.

[6] Revelli, pag 13.

[7] Revelli, pag 34.

[8] Revelli, pag. 35.

[9] Revelli, pag. 23.

[10] Pierre Cours-Salies Pauvres, meprisés, passifs et révoltés… en  Travail Salarié et conflit social, libro colectivo bajo la dirección de Michel Vakaloulis, Actuel Marx Confrontation, Paris, agosto 1999.

[11] Pierre Cours-Salies, artículo citado.

[12] Pierre Cours-Salies, artículo citado.

[13] La única pluma en la izquierda española que ha producido hasta el presente un interesantísimo análisis al respecte ha sido Joaquim Sempere, en Mientras Tanto nº

[14] Véase, por ejemplo, “Les chercheurs, la science économique et le mouvement social”, en Contre-feux, LIBER, Raisons d’ agir, Paris, 1998. En el mismo volumen, Contre la destruction d’une civilisation, y  Pour un mouvement social européen, en Contre-feux 2, LIBER, Raisons d’ agir, Paris, janvier 2001.

[15] Sophie Béroud y René Mouriaux (coordination), Le souffle de décembre. Le mouvement de décembre 1995. continuités, singularités, portée”. Editions Syllepse, Collection “Le présent Avenir”. Paris, 1977.

[16] Véase Joquim Sempere, artículo citado. También  Pascale Korn, La modification de la sociabilité chez les franciliens en Le souffle de décembre, obra citada., pags. 107 a 130.

[17] Jean-Philippe Martin, L’Heraul dans l’arc des luttes en Le souffle de décembre, obra citada, pags. 83 a 106.

[18] Sophie Béroud y Jacques Capdevielle, Des cheminots aux traminots, l’actualisation de la tradition marsellaise en Le souffle de décembre, obra citada, pags. 59 a 81.

[19] Cheminot: ferroviario. Vid.

[20] Pierre Bourdieu,  Contre la destruction d’une civilisation en Contre-feux, obra citada. Sobre el carácter eficiente de este defensa del sector público por el movimiento de diciembre de 1995 véase las posiciones de Francia en la cumbre europea de Estocolmo, 23 demarzo del 2001. Compárese sin ningún tipo de acritud la situación española.

[21] Michel Vakaloulis Qu’est-ce qu’une “grève par procuratiion”? A propos d’une appellation problématique, o Stéphane Rozès La “grève par procuration” de l’opinion à l’égard des mouevements sociaux révèle un nuoveau cicle idéologique, en Travail Salarié et conflit social, obra citada.

[22] Pierre Bourdieu, La mouvement des chômeurs, un miracle social, en Contre-feux, LIBER, Raisons d’ agir, Paris, 1998. Pag. 102-104.

[23] Artículo citado pags. 103-103.. Vésase tambien Bertrand Schmitt i Patrice Spadoni, Les sentiers de la colère. 105472 kilomètres à pied contre le chômage. Ed. L’Esprit frappeur, Paris 2000.

[24] Richard Dethyre, Chômeurs en mouvement et statut des problèmes sociaux, en Travail Salarié et conflit social, obra citada. Dethyre es presidente de APEIS.

[25] Daniel Bensaïd, D’un décembre a l’autre: rytmes et mouvements en Le retour de la Question socialeEditions Page deus, Cahiers libres, Lausanne 1997. Conjunto de artículos de Bensaïd con Christophe Aguiton , uno de los animadores de AC!

[26] Cristophe Aguiton , Militer?, en Le retour… obra citada,  pag 197.

[27] La universidad es un caso muy interesante de institución perteneciente a nustro legado histórico y que, sostenida, ha sido refuncionalizada  en función de las relaciones  sociales imperantes en cada momento histórico. El origen de la universidad son las escuelas catedralicias, eclesiásticas,  de la alta edad media en las que se trataba de recoger y reproducir el saber clásico greco latino. Estas instituciones se liberaron paulatinamente de l a tutela eclesiástica y se autonomizaron en las comunidades municipales en las que se encontraban, y pidieron fueros y privilegios a las monarquías feudales. Posterirormente, cuando el estado burocrático centralizado surge de la mano del feudalismo  a finbes del siglo XV, pasaron a ser insituciones o aparatos del  nuevo estado aristocrático tardo feudal. Con el acceso al poder de la burguesía capitalista, ésta se hace con el legado estatal feudal, que reforma en función de sus necesidades. La universidad pasóa desempeñar nuevas funciones en el desarrollo de saberes y técnicas relacionadas con la producción, que reforzaban escisión del saber respecto de los productores directos.. Son las relaciones socales imperantes la que desarrollan las fuerzas productivas y las instituciones adecuadas a ello, no alk revés.

©EspaiMarx 2001 Artículo incorporado el 22 Mayo, 2001

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