La transición no es un largo río tranquilo

Michel Bauwens es uno de los pioneros del movimiento ‘entre pares’ (peer-to-peer), activista y conferenciante, fundador de la P2P Foundation en 2005. Es igualmente uno de los primeros compañeros de viaje de OuiShare (figura, además, entre los cabezas de cartel de la próxima edición del OuiShare Fest). Su pensamiento, rico y complejo, se articula en torno a las ideas de red y de común, y lanza las bases conceptuales de un sistema de producción alternativo al capitalismo industrial. Me he vuelto a encontrar con él con motivo de la publicación en Francia de su última obra, Sauver le Monde – Vers une société post-capitaliste avec le peer-to-peer (édition Les Liens qui Libèrent).

Capitalismo, peer-to-peer : it’s complicated

Michel, Sauver le Monde, tu última obra, es la traducción de una serie de entrevistas con Jean Lievens publicadas hace dos años. ¿Qué ha pasado entre tanto? ¿Tienes la sensación de que la dinámica de la transición de la que hablas se ha acelerado?

Michel Bauwens. Con respecto a esto, conviene apresurarse lentamente. Está claro que la transición hacia una economía postcapitalista y duradera no se hará en un día, ni siquiera en varios años. Es un proceso de largo recorrido. Algunos proyectos que parecía, aún no hace uno o dos años, que iban a funcionar según una lógica peer-to-peer se han encaminado después claramente a un puro espíritu capitalista. Esto les permite desarrollarse rápidamente, cuando otros proyectos, más abiertos, verdaderamente colaborativos, han escogido un crecimiento más lento.

Cuando no se tiene capital hay que contar con las dinámicas de solidaridad. Por tanto sí, esto puede dar una impresión de relativo estancamiento, pero yo no me preocupo demasiado. Porque es una crisis mayor, a la vez ecológica, social y económica la que se perfila en el horizonte. El reto es estar preparado cuando esta última estalle, probablemente hacia los años 2030. FairCoop, WikiSpeed…Los proyectos de este tipo son todavía modestos y sí, demasiado poco numerosos. En los próximos años será necesario que aquellos que no son todavía más que las semillas de esta transición creen un ecosistema estable, para iniciar un verdadero movimiento.

En una entrevista que nos concediste en 2013, afirmabas que el capitalismo y el peer-to-peer eran todavía interdependientes. ¿No es ahí donde está el verdadero problema? ¿Esta relación es estable?

M. B. No, por supuesto, ¿cómo podría serlo? El valor generado por los comunes en su mayor parte es todavía captado por el capital: al adoptar lógicas extractivas, las grandes plataformas de la economía de la compartición se entregan a una forma de parasitismo. Si el capitalismo era antaño un modo de asignación de recursos en situación de escasez, hoy se ha convertido en un sistema de ingeniería de la escasez. Nuestro sistema está loco: fingimos creer que los recursos naturales son infinitos y nos imponemos barreras artificiales a lo que es por naturaleza abundante: la creatividad y la inteligencia humanas. Es un problema profundamente moral.

En su libro Owning Our Future: The Emergent Ownership Revolution, Marjorie Kelly define muy bien la naturaleza del desafío que nos espera: pasar de un capital extractivo a un capital generativo. La buena noticia es que este proceso ya está en marcha. Para empezar, porque hoy es imposible ocultar el hecho de que la sociedad civil se ha convertido en creadora de valor. Es un punto importante, porque la sociedad civil ha estado básicamente ausente de la ecuación capitalista ‘clásica’. Además, empezamos a asistir a la mutación de las propias estructuras de mercado: estructuras mercantiles de nuevo tipo se estructuran en torno a lo común. [se trata de una red colaborativa de empresas responsables], en Nueva Zelanda, es el ejemplo perfecto de este tipo de coalición empresarial.

¿Cuáles son las soluciones concretas que permitirían en tu opinión que el modelo peer-to-peer consiguiese su independencia frente al capitalismo?

M. B. Para empezar, no hay que equivocar la estrategia. Yo pienso que a pesar de todas las buenas voluntades, los proyectos que ambicionan competir frontalmente con Google o Facebook están condenados al fracaso. Yo creo mucho más en enfoques más centrados, a la manera de Loomio [herramienta en línea para la deliberación y la toma de decisiones colaborativas]. La transición se realizará mediante pequeñas victorias de este tipo que se conectarán unas con otras.

Esto pasa también por la invención de herramientas jurídicas nuevas. Hemos perdido completamente la memoria de los comunes, y de esto se resiente muy claramente nuestra tradición jurídica. Hay que dar lugar a la innovación jurídica. A este respecto, lógicas como la del , copylefto en sentido opuesto el copysol [esta última licencia impide cualquier interacción con el sector comercial tradicional] son ciertamente interesantes, pero muy imperfectas porque son muy radicales en sus implicaciones. Quiero encontrar una tercera vía que permita asegurar una relación equilibrada entre la esfera mercantil y la de los comunes. Este es todo el sentido de la reflexión iniciada en torno a la idea de ‘licencia de producción de pares‘ [Peer Production License], que equilibra la contribución a los comunes y la deducción sobre estos últimos.

¿Será suficiente? Aquellos en cuyas manos se concentra hoy el capital no tienen ningún interés en el surgimiento de un modelo distribuido y equitativo…

M. B. ¡Ninguna revolución se ha hecho nunca sin que una fracción de la élite tome partido por el progreso! Esto significa que es necesario un cambio de cultura. Hoy, Joe Justice [fundador de la comunidad WikiSpeed) sufre para conseguir fondos, incluidos los de la banca ética, porque WikiSpeed no registra patentes. Ya no es posible que el mundo de las finanzas responsables siga sosteniendo lógicas creadoras de escasez artificial.

Como decía antes, cuando faltan medios, se trabaja conjuntamente. Para las iniciativas de la economía de los comunes, crear una red es más que una apuesta por la supervivencia. Para tener una idea de aquello a lo que este tipo de ecosistema se podría parecer, hay que ir a Madison, en Wisconsin: allí, cooperativas alimentarias, sistemas de crédito cooperativo entre empresas, bancos de tiempo, etc. se han unido en el seno de Mutual Aid Network. Allí, la economía alternativa se ve en la calle, ¡y este cambio se ha hecho en menos de dos años! Se encuentra el mismo tipo de ambición en el origen de una iniciativa como FairCoop en España.

Por ahora, las grandes corrientes transformadoras que atraviesan la economía -la economía abierta, la economía solidaria y la ecología- se desarrollan independientemente unas de otras. Pero cuando estas últimas converjan, asistiremos al nacimiento de una economía de fuente abierta y circular. Este concepto de Open Source Circular Economy está en el centro de la reflexión que llevamos a cabo en el seno de la P2P Foundation.

Todo es política

Tengo a menudo la sensación de que al centrarnos en la economía y dejar de lado los procesos políticos, unos y otros hemos cedido a los cantos de sirena del ”solucionismo’ tecnológico descrito por Evgeny Morozov. ¿Qué piensas tú? ¿Debemos reaprender a hacer política?

M. B. Sí, en cierta forma, pero lo que cuenta es que la política haya terminado por reimponerse por sí misma al final de un aprendizaje colectivo. La Commons Transition Platform con la que estoy muy implicado, reúne y detalla los planes de transformación política necesarios para poner en marcha una sociedad postcapitalista. Es también el sentido de la gestión que hemos llevado a cabo en el proyecto FLOK en Ecuador. El plan de transición política imaginado se articulaba en torno a una sociedad civil en el centro de la creación de valor en común, de una esfera mercantil que integre las externalidades y de un Estado facilitador. Si el FLOK ha sido un semifracaso, debido a la falta de voluntad política y a la ausencia de base social sobre la que apoyarse, la visión política que hemos esbozado sigue su camino en Europa (cabe destacar que ciertas propuestas se han integrado en el programa económico de Syriza en Grecia).

¿Cómo superar la contradicción entre las lógicas institucionales que implican la entrada en el juego político y la horizontalidad tan apreciada por los movimientos sociales contemporáneos? Occupy Wall Street o los Indignados han terminado por perder fuelle, y las Primaveras Árabes han sido ampliamente descarriadas. En España, Podemos se esfuerza por mantener este equilibrio entre bottom-up y poder vertical, pero pagando el precio de tensiones permanentes.

M. B. Conseguir un movimiento a gran escala de forma duradera según una pura lógica horizontal es muy complicado, si no imposible. En un momento u otro, es necesario que una entidad colectiva intervenga para trascender los intereses individuales. Esto forma parte igualmente del aprendizaje colectivo de la política que tenemos que hacer. Es también el sentido de la experiencia Podemos en España. Un sistema de organización totalmente horizontal provoca muchas pérdidas de energía; a contrario, el funcionamiento vertical debería limitarse a los espacios en los que garantiza un mayor grado de autonomía de cada uno. Un poco a la manera del Domain Name System en los inicios de Internet.

Pregunta subsidiaria: ¿Los comunes son de izquierda?

M. B. La P2P Foundation es una organización plural en el plano político, simplemente porque la lógica que subyace a los comunes atraviesa todo el espectro político. Existe solidaridad en la derecha, ciertos elementos de la ideología del Frente Nacional podrían incluso pasar por más socialistas que lo que propone hoy el PS. Toda la cuestión es saber a quién se aplica esta solidaridad. En la derecha, ¡solo se apoya verdaderamente a los suyos! Es por tanto en la cuestión de la inclusión donde se revela la verdadera línea de fractura entre derecha e izquierda.

Personalmente soy una persona de izquierdas y creo que la transición hacia una economía de los comunes solo es válida si beneficia a todos. Lo que está en juego es superar el progresismo basado en el mundo del trabajo heredado del siglo pasado. En este contexto, no sorprende que el socialismo europeo atraviese una profunda crisis de identidad.

Lo cierto es que ninguna formación partidaria se ha apropiado de este tema de los comunes. ¿Con razón o sin ella? ¿Se puede verdaderamente hacer de esta cuestión un objeto político? El concepto de común sigue siendo algo más bien hermético.

M. B. El lenguaje de los comunes puede a primera vista parece técnico e indigesto, es cierto. Pero a mediados de los años 2000, cuando creé la P2P Foundation, escogí abandonar totalmente el viejo léxico político de la izquierda. En esa época el gran público no sabía muy bien qué podía significar un concepto como peer-to-peer. Pero a medida que las prácticas culturales y sociales se transformaron, que la experiencia de red se volvió cotidiana, este lenguaje nuevo fue adoptado por franjas cada vez mayores de la población. Probablemente pasará lo mismo con el vocabulario de los comunes.

Todo dependerá de los movimientos sociales que adopten este arsenal conceptual original. Te veo por lo demás más bien pesimista: el Partido Pirata, los ecologistas europeos, Podemos o incluso Syriza ya han adoptado en gran parte esta cuestión de los comunes. Está en el núcleo de un nuevo pensamiento progresista.

Si el derecho deja hoy poco lugar a los comunes, es porque hemos perdido la memoria. Sin embargo, este modo de organización y de gestión de recursos existía mucho antes del capitalismo industrial moderno. Es necesario que volvamos a ligarnos a esta tradición y reescribamos este pedazo olvidado de nuestra historia económica. Politizar los comunes es también hacer genealogía. Es con esta condición que podemos lanzar las bases de un nuevo discurso sobre el progreso. Cambiar el mundo a mejor exigirá esfuerzos considerables por parte de todos y cada uno, pero yo creo que el peer-to-peer es una visión de sociedad por la que vale la pena este sacrificio.

¡Gracias, Michel, y nos volvemos a encontrar en París el próximo mayo!

Fuente : OuiShare Fest 21 abril 2015

Publicada en inglés por Shareable y traducido al castellano por Carlos Valmaseda

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