Para leer a Gramsci. Entrevista con Giuseppe Cospito

Juan Dal Maso

Giuseppe Cospito (Savona, 1966) es investigador de la Universidad de Pavía en Italia e integrante de la International Gramsci Society. Autor de El Ritmo del Pensamiento de Gramsci. Una lectura diacrónica de los Cuadernos de la cárcel, su trabajo es representativo de la nueva generación de investigadores gramscianos italianos que buscan profundizar en una lectura filológica de la obra del comunista sardo.

En esta entrevista conversamos sobre algunas de las principales ideas planteadas en su libro, así como sobre el trabajo de la nueva edición crítica de los Cuadernos de la cárcel que está en curso en Italia y de cuyo equipo forma parte.

Su lectura de Gramsci destaca la importancia de la problemática de las “relaciones de fuerzas” y su incidencia en el modo en que el autor de los Cuadernos de la cárcel lee a Marx y a la tradición marxista. Y más en general, ofrece claves metodológicas para abordar la lectura y el estudio de la teoría gramsciana. Un tema fundamental sobre el que tenemos lecturas diferentes es el de la guerra de posiciones. Mientras para Cospito, la fórmula gramsciana de la “guerra de posiciones” para la revolución en Occidente implica la superación definitiva de la “guerra de movimiento”, desde nuestra óptica Gramsci introduce más matices en cuanto a las combinaciones de ambas formas de lucha, a propósito de lo cual hemos realizado una lectura alternativa a la que esboza Cospito en esta entrevista.

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Democracia, mito y religión

Fabio Frosini

La política para Gramsci no es solamente arte o técnica política neutra sino que es una voluntad colectiva, es decir una democracia real, que se refuerza, se “estabiliza” en la auto-educación de los subalternos en el arte del gobierno. Pero en esta auto-educación los subalternos afrontan todas las cuestiones, no sólo las políticas en sentido técnico, y critican colectivamente todos los dogmas de la sociedad presente, desde los de la religión cristiana a los de la moral burguesa. Esto se hace posible gracias al hecho que en el “mito” la política y la concepción del mundo se encuentran fundidas en un único bloque, y por tanto, pensando en sus términos, las cuestiones “religiosas” no pueden quedar fuera del campo de la crítica.

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