Debate sobre la «forma valor» en el Marx maduro

Hace unos días publicábamos el artículo de Joaquín Miras “Marx y el aparente galimatías de la «forma valor»: sobre la ontología filosófica del Marx maduro“. Algunos amigos del seminario sobre El Capital de la Facultad de Económicas de la UPV-EHU tras leer el texto mantuvieron con el autor un pequeño intercambio de correos sobre la idoneidad del concepto de “forma valor” y otras consideraciones de la obra de Marx. Reproducimos a continuación los mensajes en el orden en que se emitieron.

PRIMER MENSAJE: DAVID FUENTE

Muy buenas Joaquín,

Muchas gracias por considerarnos. Me he puesto casi inmediatamente a leerlo con interés. Lo cierto es que, a pesar de las varias cuestiones que me han interesado, sobre todo de Aristóteles y Hegel, me he encontrado algunos puntos con los que no puedo estar de acuerdo, al menos de momento. Te los transmito, como es de obligación marxista. Y aprovecho para hacerles llegar el correo también a Joaquín y a Víctor, para ver si llegamos a conclusiones compartidas.

Empiezo por la cuestión más objetiva: La categoría “forma de valor” está presente desde el primer capítulo de la primera edición de El Capital. Ahí Marx incluso añadió un apéndice explicando este tema con más detalle (se lo había pedido Kugelmann). Véase:

1) El propio texto de la primera edición: en la edición de siglo XXI, pp. 984-1006 (estas son las páginas del capítulo 1 de la primera edición donde se habla de la forma de valor) y pp. 1017-1042  (apéndice de la primera edición, donde se expone paso a paso la cuestión, con subtítulos específicos para cada paso, tal y como le había indicado Engels),

2) la nota de los editores de siglo XXI,

3) el prólogo a la primera edición alemana y el epílogo a la segunda (aquí se me menciona haber eliminado la dualidad explicativa sobre esta cuestión),

4) la carta de Marx a Engels del 27 de junio de 1867, la carta de Marx a Engels del 22 de junio de 1867, la carta de Engels a Marx del 16 de junio de 1867.

Es interesante, y no había caído en ello, que la categoría “forma de valor” no aparece nítidamente en la Contribución ni en los Grundrisse (alguna frase parece acercarse, porque de fondo esta categoría es coherente con lo que expone Marx; pero no aparece expuesta en el sentido claro que tiene en El Capital). Y justo en estos dos trabajos previos tampoco está esclarecida otra cuestión que sí habíamos detectado en el seminario: la diferencia entre valor y valor de cambio (que solo queda claramente explicada en El capital, p.47; aún así, se le cuela a Marx un error incluso en la segunda edición, que Engels resuelve después: p. 45). Como el “valor de cambio ” es la “forma de valor” (sinónimos en el índice), o la “expresión del valor” (sinónimos en el cuerpo del texto: p.74) o la “forma de manifestación necesaria” que impone el intercambio (p.47), es lógico que todo esto quede aclarado a la vez. Es lo mismo. Ya queda clara la diferencia entre el valor (tiempo de trabajo socialmente necesario objetivado) y la forma de valor (relación de equivalencia de valor entre dos o más mercancías y, llegado el caso, respecto a la mercancía dineraria).

(Todos los números de página que pongo corresponden a la edición clásica de siglo XXI, la de 1975, con sucesivas reimpresiones).

Por esto tengo que decirte que no estoy de acuerdo en que “la forma de valor” (quizá fuese mejor traducción “la forma del valor”) tenga este sentido que comentas en el texto. El sentido que comentas es similar por ejemplo a la noción de la “forma mercancía”: el producto de trabajo cobra la forma de mercancía bajo determinadas condiciones históricas de producción. Pero lo que Marx llama “forma de valor o valor de cambio” es la expresión del valor de una mercancía mediante cierta cantidad de otra. Lo cual por supuesto presupone la producción mercantil y el trabajo que se objetiva en la forma de valor ante determinadas relaciones de producción y cambio. Pero a lo que concretamente se está refiriendo Marx es a que el valor de una mercancía solo se expresa en el intercambio al “reflejarse” en otra (Marx usa varias veces la noción de reflejar).

Sobre si Marx hace una crítica a la economía política, muestra sus límites y por tanto no hace economía política, es una cosa sobre la cual tengo dudas. En realidad, la economía política de Marx (con sus desarrollos pertinentes) es la única que nos sirve para explicar plenamente el funcionamiento del modo de producción capitalista. La categoría “plusvalor” no es un agregado moral ni filosófico, sino la identificación de un elemento real del que tenemos que partir, ineludiblemente, para explicar la reproducción del modo de producción capitalista. Por ejemplo, la siguiente cita del epílogo a la segunda edición da a entender que la economía política, si es burguesa, solo puede desarrollarse como ciencia en determinadas circunstancias, ¿y si no fuera burguesa? : «En la medida en que es burguesa, esto es, en la medida en que se considera el orden capitalista no como fase de desarrollo históricamente transitoria, sino, a la inversa, como figura absoluta y definitiva de la producción social, la economía política sólo puede seguir siendo una ciencia mientras la lucha de clases se mantenga latente o se manifieste tan sólo episódicamente» (p.13). En el manifiesto de la AIT se habla de la “economía política de la clase obrera”. En una carta del 10 de octubre de 1868, Marx le dice a Engels, tras exponerle el debate que hay entre los economistas sobre si la renta se debe al suelo o al capital invertido (por tanto: expresión teórica del conflicto arrendatario vs terrateniente): «Solo sustituyendo los conflictos dogmáticos por los hechos en conflicto y los antagonismos reales que constituyen su fundamento oculto, se puede transformar la economía política en una ciencia positiva». Esto es, creo yo, lo que hace El Capital. Claro que, para eso, como dices, la ciencia debe ser sometida a crítica filosófica, cuyo fruto solo es efectivo si progresa la propia ciencia. Y Marx lo hace al alcanzar la exposición teórica más perfecta hasta el momento del movimiento del modo de producción capitalista, al identificar la categoría plusvalor y, desde ahí, ordenar el análisis. Por otra parte, en mi opinión, El Capital tiene un objetivo acotado: exponer el funcionamiento del modo de producción capitalista (no del conjunto de la sociedad burguesa). Los libros I, II y III se acotan a esto. Y este es el modo de producción que domina a la sociedad burguesa; ni siquiera toda la base económica de la sociedad burguesa (que era menos netamente capitalista en la época de Marx que en la nuestra).

Veo que cuando hablas sobre el trabajo y su carácter histórico pones por un lado a Darwin y a Ricardo, y por otro a Hegel, Marx, Gramsci y Lukács, pero no mencionas a Engels y su borrador “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”. En mi opinión, el trabajo es precisamente la praxis intersubjetiva, que no es cualquier praxis, sino una económicamente determinada. Praxis intersubjetiva que tiene que resolver necesidades, por más que estas mismas se transformen. No veo por qué aceptar “praxis intersubjetiva” y rechazar “trabajo”, si aceptamos que el trabajo es el gasto de esfuerzo físico y mental para satisfacer necesidades, y que ahí caben infinitas tareas concretas y formas de organización. No veo por qué tenemos que reducir “trabajo” a “trabajo productor de mercancías”. Es más, Marx habla de plustrabajo en modos de producción previos al capitalista; en la Crítica al programa de Gotha califica como trabajo útil la pedrada que un salvaje lanza a un animal, y ahí también habla del trabajo en el comunismo. Lo cual se contradice con lo siguiente:
«Para Marx, que comprende la radicalidad del historicismo ontológico humano, el «trabajo» es un algo específico, histórico, solo existente en el capital, en la totalidad práxica concreta inmanente capitalista». En mi opinión, lo histórico es el trabajo asalariado, el trabajo productor de mercancías, el valor, el trabajo abstracto, la mercancía, el trabajo esclavo, etc. Pero no el trabajo, que Marx identifica desde que el ser humano deja de ser mono y hasta la sociedad comunista, incluida. En unos momentos, bajo ciertas relaciones, el trabajo produce, además de cosas útiles, valor (mercancías). Tampoco pienso que la fuerza de trabajo sea una categoría capitalista. Lo es la fuerza de trabajo bajo la forma de mercancía del trabajador libre: «la fuerza de trabajo, como mercancía, sólo puede aparecer en el mercado en la medida y por el hecho de que su propio poseedor —la persona a quien pertenece esa fuerza de trabajo— la ofrezca y venda como mercancía. […] si la vende toda junta, de una vez para siempre, se vende a sí mismo, se transforma de hombre libre en esclavo, de poseedor de mercancía en simple mercancía» (p. 203-204). «La propiedad privada erigida a fuerza de trabajo propio; fundada, por así decirlo, en la consustanciación entre el individuo laborante independiente, aislado, y sus condiciones de trabajo, es desplazada por la propiedad privada capitalista, que reposa en la explotación de trabajo ajeno, aunque formalmente libre» (p. 952). «Imaginémonos finalmente, para variar, una asociación de hombres libres que trabajen con medios de producción colectivos y empleen, conscientemente, sus muchas fuerzas de trabajo individuales como una fuerza de trabajo social» (p. 96).

Por otra parte, cuando más abajo mencionas el Anti-Dühring, criticas una cita de Engels cuyo equivalente podemos encontrar en Marx también, por ejemplo en el prólogo a la Contribución (y que en mi opinión no es problemático si cambiamos “praxis intersubjetiva” por “trabajo” y en cada momento histórico atendemos en primera instancia a las fuerzas productivas existentes, la división del trabajo y las relaciones de producción): «Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización. A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso en la formación económica de la sociedad el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués. Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso social de producción; antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana.»

A ver qué opinas de todas estas cosas… Igual es un embrollo contestar por correo. Igual mejor por otro medio. Vamos viendo.

Un abrazo,

David

 

REPLICA DE JOAQUÍN MIRAS

Querido David: en primer lugar, muchísimas gracias por dar lectura inmediata a mi texto y por responderlo con tanto cuidado y tanto respeto. El rigor es una forma máxima de respeto intelectual.

Sobre lo primero que me anotas, no tengo nada que añadir: es error mío no haber consultado más que la edición del 73 y no haber indicado en consecuencia que la noción de forma valor existía ya en formulaciones anteriores de Marx.

Sí tenía en cuenta que en los Grundrisse no aparecía la noción de Forma, no por relectura mía actual de la obra, sino porque recordaba que Enrique Dussel así lo señalaba en su obra, y también Roberto Fineschi.

Tienes razón en que yo comparo o asocio la forma valor a la forma mercancía, y sobre todo la de una mercancía sin precedentes, la mercancía gelatina de trabajo, por decirlo con frase de Marx, que no consulto ahora al citar. Pero quizás para lograr que mi respuesta sea menos caótica, debo comenzar por un punto de los que tú planteas al final. No creo que el Marx maduro, el de El Capital, lo editado por él en papel, sostenga la noción de Modos de producción, que todavía puede encontrarse en alguno de los cuadernos de los Grundrisse -Formaciones económicas anteriores al capitalismo- con todo lo que tiene ya el título de cauteloso.  Como sabes, los Grundrisse son un comenzar y volver a comenzar, sus cuadernos apuntan en diversas direcciones; pero uno de ellos sí recoge esa noción suya. En este sentido, me adscribo a quienes consideran que en la historia de la humanidad solo ha habido un Modo de producción, el organizado por el capital, mientras que lo anterior había sido modos de exacción, en las que las clases dominantes no se empleaban en la organización sistemática de la producción como medio para obtener su riqueza.  Dussel por ejemplo si mal no recuerdo. Los modos de producir, lo que denominamos así estrictamente, vendrían determinados, antes, por la familia extensa, cuya organización estructuraría la forma de organizar la actividad porductiva y las relaciones sociales que la ordenaban -Godelier-. Pero, me repito, para no ser lioso: No es que Marx no  haya sostenido anteriormente a la publicación de su tomo primero de El capital e incluso en algunos manuscritos de los que forman la colección de textos denominados El capital -el cuaderno indicado del manuscrito primero del 57 y 58, denominado Grundrisse o borrador primero de los cuatro de El capital-, la noción de modos de producción. Pero creo que no lo considera ya en el momento en que comienza a atreverse a publicar su obra, El Capital. Obra que sí establece los mejores fundamentos que tenemos para el estudio del capital y de su modo de explotación, que, tal como tú dices, no es lucubración moral, pero obra que no logra acabar. En este sentido, -no sé si habrás leído las notas que Manuel Sacristán escribía para sí, mientras traducía El Capital o leía los Grundrisse,- una obra «fracasada». Dado que no es la falta de tiempo de vida, sino las dudas, las diferencias internas entre puntos de vista propios diversos, y lo que va descubriendo, lo que le induce a Marx a dejar pospuesta su escritura. Lo que tenemos es una síntesis de manuscritos de diversas épocas, con fortísimas intervenciones en el redactado, por parte de Engels, sobre todo para el libro tres. En el dos hay creo recordar, 1200 retoques de Engels. En el tres Engels escribe capítulos enteros y, además, junta capítulos de diversos manuscritos de Marx -61 a 63 y del 64 a 65, creo  recordar y son recuerdos de lecturas de estudiosos, no son investigaciones mías, como ya comprendes- que poseen diversos grados conscientes de abstracción modelizadora, pero Engels no se percata de ello; con lo que, por ejemplo, al poner un texto de una abstracción analítica determinada -supongamos que la totalidad de la producción se venda, partamos del supuesto abstracto ese- junto con otro que intenta ver cómo se produce en concreto, el intercambio en el mercado mundial, se crea el falso dilema, por Marx nunca planteado del intento de convertir valor en precio…

En este sentido, soy partidario de historizar los escritos de Marx  -y veo que me estoy yendo de lo que nos ocupa-  e ir registrando los cambios de opinión que él va elaborando; desde antes de El capital. Por ejemplo en Miseria de la filosofía, Marx sí dice que la tecnología la variante independiente que impulsa la trasnformación de la producción y de la totalidad de la sociedad, de su totalidad -el molino a mano da feudalismo si mal  no recuerdo…etc- y que es esto lo que va forzando el cambio de modos de producción. Pero no así en  El Capital, cuyo capítulo XXIV es muy explícito:  son las relaciones generadas por la violencia y el despojamieto de las comunidades lo que genera el capital, las relaciones sociales, nuevas, que, luego, o secundariamente, a partir de tecnologías viejas, generan, de entrada la producción capitalista. Posteriormente, no antes y como causa, se producirá la aparición de la nueva tecnología, la subsunción real del trabajo al capital.

Por ello, todas las  categorías que se usan en El capital son, en mi interpretación -que en este punto no es mia- son solo propias de El capital. No los valores de uso, por su puesto. Se abre, ciertamente ahí otro asunto de debate: qué es lo que convierte un objeto en función-valor de uso: en valor de uso. Algo que Marx no trata, si bien, es interesante que los denomine valores, es decir algo que adquiere papel dentro de un todo, pues eso quiere decir a  mi juicio, Marx, cuando usa la categoría valor: que los objetos producidos para el uso,  son valores, esto es, elementos interrelacionables, funciones, que… solo podrían tener sentido de uso en un determinado ethos o cultura material de vida, que serían históricos, por ello valiosos y hasta imprescindibles en su momento. El combate o la arista que acentúo va contra las interpretaciones de tipo Ilustración que considerarían ridiculez, engaño y superstición la existencia de elementos culturales,  rituales, etc sin los cuales, sin embargo, las comunidades anteriores a las nuestras no hubieran sido capaces de reproducirse: fundamentales en su momento, pero juzgados desde nuestra cultura como irrisorios o engañosos. Que es la misma crítica que se hace contra otros ethos aún existentes que son potentes formas de resistencia contra el capital. Que para  nosotros, al verlos desde el capital como modo natural quedan convertidos en reaccionarios. Los valores de uso, con todo, y lo dejamos aquí preexistirían al valor – al valor, «valor»- y en esto no hay duda. Pero, no así el valor o valor de cambio o forma de valor; tienes razón, para mi el valor -la forma valor- es una resultante de las relaciones mercantiles, entendidas estas no en el sentido ahistórico de algo que preexiste al capitalismo y del cual éste se origina, sino en el sentido histórico de que el valor como tú señalas solo surge como expresión de una cantidad de una mercancía en la cantidad de otra mercancía. ¿Cuándo es eso posible? Solo cuando la totalidad de la producción y solo cuando la totalidad o la mayor parte de la propia actividad que las produce es mercancía. Solo se produce esa situación espontánea, no mediada por contables, de que uno compra el té y el hierro en distintas cantidades que sean cambiables por el mismo dinero, de forma espontánea, y sin embargo, se esté cambiando, sin tenerlo presente, una aproximada cantidad de valor trabajo por otra semejante. A la actividad, cuando ella es mercancía, es a lo que llamo «trabajo», cuando es una gelatina que se ofrece en competencia con otras gelatinas y de esa competencia surge su valor, se forma su valor. Solo de un mundo ya sistematizado como capitalista puede aparecer ese modo de actividad que es vendida voluntaria y libremente como mercancía en un mercado «automático», de fuerza de trabajo. La formación de precios que permite reflejar dos mercancías, y cambiar una por otra, a partir de precios, pero logrando que se ajusten bastante bien al intrcambio de valor de tiempos d etrabajo, sin que el comprador se lo plantee, es el mercado, una relación social total nueva; o sea la conversión de la totalidad de la producción y del elemento fundamental que la genera, la actividad humana, en mercancía. Y es esa regulación a espaldas de todos nosotros, una relación social, la que crea el valor. Sin ello, la formación de los precios, de los intercambios de cierta cantidad de una mercancía en otra cantidad de otra mercancía, sería imposible sería… a la rusa una imposible para contables. Algo que pretendería hacerse desde el plan.

No es posible medir la magnitud de trabajo incorporado a una mercancía al margen de las relaciones sistémicas de mercado -que no es lo mismo que comercio- pero es que no tendría ningún interés saber cuánto tiempo de trabajo se enfrentaba con cuanto tiempo de trabajo, cuando el intercambio se basaba en necesidades. Suntuarias por ejemplo -jade contra seda- en mundos donde el excedente no era creado por la organización de la producción por parte de la clase dominante para competir con un producto por un mercado o una cuota de mercado. Cambiar una cantidad de mercancía por otra cantidad -libra de té, por hierro, creo que son los ejemplos,…- y que resulte que se está cambiando más o menos acertadamente tiempo de trabajo por tiempo de trabajo, es algo que no surge del ingenio de un estudioso, surge como realidad material histórica ontológicamente generada en un concreto orden sistémico que es el de la mercancía. Repito mi idea porque creo que he sido muy confuso.  Y porque quizá no entiendo bien la frase que me expones, o la interpretación que me propones, frasevque para mi tiene lectura plena en el orden inverso:

«el producto de trabajo cobra la forma de mercancía bajo determinadas condiciones históricas de producción. Pero lo que Marx llama “forma de valor o valor de cambio” es la expresión del valor de una mercancía mediante cierta cantidad de otra»

Eso para mi es por entero aceptable a condición de que eso que denominamos trabajo, no quede excluido de la concepción de mercancía,como algo ahistórico y externo,  y por el contrario, sea él, la primordial mercancía y pueda susbistir como tal mercancía a su vez gracias a que todo lo que le es necesario, puede ser adquirido por el precio que recibe como mercancía, es decir, que todo lo necesario sea ya, exista ya, a la par que él, como mercancía.  Porque, a mi juicio, lo que define al capitalismo no es que  solo el producto de trabajo es mercancía, sino que la propia actividad, que antes nunca había existido sistemáticamente como separada de los medios de producción, es mercancía. La característica del capitalismo es, no que los productos sean mercancía, y se expresen los unos en los otros, sino que la misma capacidad de hacer es mercancía, y, cuando esa capacidad de hacer posee esas características sociales, relacionales, yo la denomino -con otros- y para distinguirla, no actividad productiva, no praxis, sino trabajo o fuerza de trabajo. Y es un ente, al que, creo, hay que darle una denominación singular o específica, porque  antes es inexistente: no se trata de la denominación de las capacidades sicofisicas que ponen en obra los hombres al producir, sino de las relaciones sociales, de las relaciones sociales que se establecen entre ese hacer sin atributos, entre esa abstracción real, carente de medios de trabajo, que se vende libremente como mercancía  y su comprador. Y entre el salario que ese ser cuya relación con los medios de producción depende de otro, y las mercancías que le permiten subsistir, que son relaciones también.

Creo interesante y para acabar, aún dejándome muchas importantes ideas y objeciones que tú me planteas, volver a destacar que el trabajo, la fuerza de trabajo, no es un ex ante al mercado capitalista. De serlo sería una unidad contable creada por administrativos, por economistas, la fuerza de trabajo sería una convención intelectual. Marx insiste en que es una abstracción real –si mal no recuerdo es literal, aunque le ponga de los nervios a los analíticos, que dicen que lo abstracto solo puede ser intelectual- una gelatina de trabajo… o sea, una realidad histórica que emerge en un mundo concreto como resultado de una totalidad. Y sí creo que Ricardo resuelve esto por la brava, convirtiendo eso, ese trabajo, en algo que siempre se ha dado, eliminando para ello, como dirimente las relaciones sociales y convirtiéndolo en actividad sicofísica.

Un fuerte abrazo y continuamos, querido David

Joaquín

MENSAJE DE VICTOR AGUILLO

Gracias por este escrito Joaquín, aún no he podido leerlo pero, después de leer la discusión, me da muy buena impresión. Suscribo tu posición en este debate que tienes con David y quería añadir un par de cosas a este respecto. Según Rolando Astarita, y no se hay otros que compartan esta visión, es en el capitalismo donde por vez primera se desdobla el valor en valor de uso y valor de cambio, de igual forma que es la primera vez que el trabajo, entendido como gasto de energía para la reproducción de la vida humana, se desglosa en fuerza de trabajo y producto del trabajo o mercancía. Esto vendría a presuponer dos cosas:

1º el valor preexiste al capital, pero no lo hace de igual forma que en este sistema, el valor es una necesidad del cambio, sea capitalista o no, no obstante, cuando no existe igualación de los trabajos, esto es, cuando no existe el trabajo socialmente necesario (o existe de forma muy limitada, a comunidades concretas), este valor irá asociado a la forma concreta en que se dió dicha producción y en relación, no al valor de la mercancía por la que se intercambia en general, sino en relación al valor que esa mercancía comprada tiene para la sociedad compradora. Por supuesto, todo esto permite muchas divergencias y oscilaciones con ese valor hipotético, que no puede cuantificarse. Es necesario que el producto intercambiado sea portador de una sustancia que le otorgue esa valía, pero en las sociedades precapitalistas tal sustancia no se distingue en valor de uso y valor de cambio, es una misma cosa, y no domina las relaciones sociales ni el intercambio. Por eso, en el primer libro del capital, en el primer capítulo, encontramos esta cita referente a las investigaciones de Aristóteles sobre la teoría del valor:  «El propio Aristóteles nos dice, pues, por falta de qué se malogra su análisis ulterior: por carecer del concepto de valor. ¿Qué es lo igual, es decir, cuál es la sustancia común que la casa representa para el lecho, en la expresión del valor de éste? Algo así “en verdad no puede existir”, afirma Aristóteles. ¿Por qué? Contrapuesta al lecho, la casa representa un algo igual, en la medida en que esto representa en ambos –casa y lecho– algo que es efectivamente igual. Y eso es el trabajo humano. Pero que bajo la forma de los valores mercantiles todos los trabajos se expresan como trabajo humano igual, y por tanto como equivalentes, era un resultado que no podía alcanzar Aristóteles partiendo de la forma misma del valor, porque la sociedad griega se fundaba en el trabajo esclavo y por consiguiente su base natural era la desigualdad de los hombres y de sus fuerzas de trabajo. El secreto de la expresión de valor, la igualdad y la validez igual de todos los trabajos por ser trabajo humano en general, y en la medida en que lo son, sólo podía ser descifrado cuando el concepto de la igualdad humana poseyera ya la firmeza de un prejuicio popular. Mas esto sólo es posible en una sociedad donde la forma de mercancía es la forma general que adopta el producto del trabajo, y donde, por consiguiente, la relación entre unos y otros hombres como poseedores de mercancías se ha convertido, asimismo, en la relación social dominante. El genio de Aristóteles brilla precisamente por descubrir en la expresión del valor de las mercancías una relación de igualdad. Sólo la limitación histórica de la sociedad en que vivía le impidió averiguar en qué consistía, “en verdad”, esa relación de igualdad.»

2º El trabajo asalariado, frente al trabajo tal y como lo he definido, presupone una ruptura psicológica del proceso de producción brutal en la mente del trabajador, crea la alienación, y por lo tanto la intersubjetividad que puede alcanzarse a través de esta forma de trabajo es nula o muy limitada, pues no se comprende lo que se está haciendo en toda su magnitud ni la relación que guarda con otros sujetos, todo ello queda oscurecido por las formas que adoptan las relaciones de producción capitalistas.

Me parece que la aproximación al pensamiento de Marx como un pensamiento dinámico y cambiante es la acertada, no es que no exista una coherencia importante en su pensamiento, y cierta linealidad lógica en el desarrollo del mismo, desde el principio, pero sí muchos puntos de vista enfrentados (la contradicción no es necesariamente un problema) y matizados. Desconocía esa teoría según la cual Marx abandona la idea de los modos de producción, lo cual parece muy interesante. Ta y como lo entiendo, en los modos de exacción la ley del valor no sería determinante ni dominante, los costes de trabajo derivados de la reproducción de la vida serían colaterales, aunque también limitantes, de relaciones sociales cuya reproducción no pasa por la expansión de la producción.

Sobre las modificaciones de Engels en El Capital, hay muchos que niegan que tengan un efecto importante en la obra final, que genere distorsión alguna, ahora bien, lo que planteas Joaquín sobre los distintos niveles de abstracción no lo había oído anteriormente y parece sumamente acertado.

 

MENSAJE DE JOAQUÍN ARRIOLA

Pues nada, terciemos: la discusión sobre la “forma valor” es relevante, porque es parte de una corriente muy presente en el mundo anglosajón y germano de re-interpretación de la obra de Marx, que tiene implicaciones políticas (en la interpretación de que es el socialismo, el dinero, el papel del estado, las clases, las crisis y tutti cuanti: ver por ejemplo el debate de 2013 entre Heinrichs por un lado y Carchedi, Roberts, Mage y Moseley por otro, en Monthly Review). O su reprecusión en España, con los filósofos podemitas-madridistas – o UCMistas- a la cabeza de la reivindicación de la novísima interpretación.

No creo que a la “forma valor” se le pueda denominar “categoría”, porque en ese caso estaríamos afirmado en caracter heurístico de la “forma”. Creo que en esto hay una continuidad, desde la Ideología Alemana a El Capital en Marx, y es la idea repetida en varios lugares de que las formas como se presenta la realidad no es la misma realidad, pero a diferencia de Kant, la cosa-en-sí (lo real) se puede captar con el entendimiento, mediante un esfuerzo físico-mental de análisis científico, descubriendo las determinaciones esenciales de “la cosa”. Para no acudir al texto tan reiterado del Prólogo a la Contribución, veamos este párrafo  que acabamos de leer en el seminario sobre las Teorías de la Plusvalía:

Como hemos visto más arriba, Adam Smith comienza, acertadamente, concibiendo el valor y la relación entre ganancia, salario, etc., como partes integrantes de este valor, pero luego procede a la inversa y presupone y trata de determinar los precios como independientes del salario, la ganancia y la renta de la tierra, para componer luego a base de estos elementos el precio de la mercancía. Esta inversión tiene un sentido: primero, concibe la cosa con arreglo a su concatenación interna y luego, bajo la forma inversa; tal y como se manifiesta en la competencia. Estas dos concepciones se entrecruzan en él candorosamente, sin que se dé cuenta de la contradicción. Ricardo, por el contrario, hace conscientemente abstracción de la forma de la competencia, del modo de manifestarse ésta, para concebir las leyes en cuanto tales. De una parte, hay que reprocharle el que no vaya lo bastante allá y no sea lo bastante completo en la abstracción, el que, por ejemplo, cuando concibe el valor de la mercancía, se deje llevar también, entre otras cosas, enseguida, por la atención prestada a toda suerte de relaciones concretas y, de otra parte, el que sólo vea en la forma de manifestarse, -directamente, inmediatamente, la confirmación o la expresión de las leyes generales, sin entrar a desarrollarlas. Con respecto a lo primero, su abstracción es demasiado incompleta y, en relación con lo segundo, es una abstracción formal, falsa en sí y de por sí.

Bien: no creo que se pueda sostener con fundamento que cuando emplea la expresión “forma”, Marx se refiera en ocasiones a la “apariencia fenoménica”, y en otras ocasiones, le da valor de categoría -como sería el caso en la “forma valor”. Me parece que es fruto de un exceso de imaginación que Marx desarrolle la “forma valor” como una abstracción que explique una concatenación interna, una ley del desarrollo histórico de la producción capitalista, y no sea más que una expresión equivalente a la de “forma mercancía”: la “forma valor” no puede ser otra cosa que la “forma mercancia”, forma inversa de la concatenación interna de “la cosa”. Vamos, que no da para más… aunque al parecer da hasta para tesis doctorales.

Salud

2º MENSAJE DE DAVID FUENTE

Bueno, esto ya exige una reunión virtual…

Veo que no he expuesto con claridad a qué considero que Marx se refiere específicamente con la “forma de valor”. Me ciño a esto y dejo de lado los flecos.

Por supuesto, la forma de valor solo puede existir dentro de unas relaciones de producción donde existe el valor. ¿Pero en qué se diferencia el “valor” de la “forma de valor” (sinónimo de “valor de cambio” o “expresión del valor”) para que Marx use estas dos categorías (luego voy a lo de Arriola)? En que el valor es tiempo de trabajo socialmente necesario, pero no puede expresarse como tal en el intercambio. ¿Cómo se expresa el valor? Mediante el valor de cambio (que es la forma del valor): una vara de lienzo = una biblia. Una biblia es el valor de cambio de una vara de lienzo. No es su valor, sino su valor de cambio (esta distinción es fundamental, porque si la biblia reduce a la mitad su valor, el valor de cambio del lienzo serán dos biblias, pero el valor del lienzo no se habrá modificado; como siempre, Marx pone nombres porque lo impone la realidad). Ese algo en común que hay entre la vara de lienzo y la biblia, eso sí es el valor. Pero en la producción mercantil no puede expresarse el valor directamente, y solo puede hacerlo contra otra mercancía. De modo que el valor de cambio (o “forma de valor” o “expresión del valor”) es una relación entre dos o más mercancías (forma simple, forma desplegada, etc.). Ese valor de cambio, cuando se expresa contra la mercancía dineraria es, específicamente, la forma precio (1 vara de lienzo = 1 onza de oro). O sea, la forma precio es la forma de valor pero que específicamente se está expresando contra la mercancía dineraria.

Estos pasajes resumen la cuestión (cito de la edición de Siglo XXI, 1975):

«Ese algo común que se manifiesta en la relación de intercambio o en el valor de cambio de las mercancías es, pues, su valor. El desenvolvimiento de la investigación volverá a conducirnos al valor de cambio como modo de expresión o forma de manifestación necesaria del valor, al que por de pronto, sin embargo, se ha de considerar independientemente de esa forma.

Un valor de uso o un bien, por ende, sólo tiene valor porque en él está objetivado o materializado trabajo abstractamente humano.» (p. 47)

«Se advierte a primera vista la insuficiencia de la forma simple de valor, de esa forma embrionaria que tiene que padecer una serie de metamorfosis antes de llegar a su madurez en la forma de precio.» (p. 76)

«La expresión relativa simple del valor de una mercancía, por ejemplo del lienzo, en la mercancía que ya funciona como mercancía dineraria, por ejemplo en el oro, es la forma de precio.» (p. 86)

Es decir, el asunto específico por el que viene a aparecer la categoría “forma de valor”, que no estaba en 1857-1859, se reduce a que sabemos que el valor es tiempo de trabajo, pero que en el intercambio no se presenta directamente como tal (Marx sabía esto en 1857-1859, pero no lo había ordenado en su sistema de categorías -cierro con esto el correo, eh Arriola-). ¿Bajo qué forma se presenta el valor? Bajo una relación cuantitativa entre mercancías. Esa es la forma de valor o valor de cambio o forma de expresión del valor.

Sobre que Marx abandona la noción de modo de producción, no la comparto. Es más, desconozco dónde puede haber sustento para defender esto. Por supuesto, estoy de acuerdo con historizar el trabajo de Marx. Lo que es más delicado es estar de acuerdo con cuáles son exactamente los cambios y a qué responden (que sobre esto ya sabemos que hay muchas polémicas).

En una nota al pie (p.100) Marx defiende su prólogo a la Contribución. En esa nota se enuncia «el modo de producción fundado en el trabajo esclavo».

Hay más ejemplos en El Capital donde se emplea “modo de producción” para referirse a una forma específica de organizar la producción según determinadas relaciones de producción, cierto grado de desarrollo de las fuerzas productivas y de la división del trabajo (subrayo yo):

«La economía campesina en pequeña escala y la empresa artesanal independiente, que en parte forman la base del modo de producción feudal y en parte aparecen tras la disolución de éste a la vera de la industria capitalista, constituyen a la vez la base económica de la comunidad clásica en sus mejores tiempos». (p. 406)

«Un modo de producción tradicional y orientado a la propia subsistencia, corresponde un conjunto de necesidades firmemente delimitado.» (p. 159)

Aquí con el sinónimo de “formaciones económico-sociales” y otros (p.206): «Si hubiéramos proseguido nuestra investigación y averiguado bajo qué circunstancias todos los productos o la mayor parte de ellos adoptan la forma de la mercancía, habríamos encontrado que ello no ocurre sino sobre la base de un modo de producción absolutamente específico [luego, hay otros], el modo de producción capitalista. Esa investigación, empero, es extraña al análisis de la mercancía. Pueden existir producción y circulación mercantiles aunque la parte abrumadoramente mayor de los productos se destine directamente al consumo de los productores mismos, no se transforme en mercancía; aunque, pues, el proceso social de producción no esté regido todavía, en toda su extensión y profundidad, por el valor de cambio. La presentación del producto como mercancía implica una división del trabajo tan desarrollada dentro de la sociedad, como para que se consume la escisión entre valor de uso y valor de cambio, iniciada apenas en el comercio directo de trueque. Esa etapa de desarrollo, sin embargo, es común a las formaciones económico-sociales históricamente más diversas.» (De pasada: aquí queda claro que la forma mercancía no es exclusiva del modo de producción capitalista, sino «común a las formaciones económico-sociales históricamente más diversas». De modo que no todas las categorías de El Capital se acotan al modo de producción capitalista. Eso sí ocurre desde la sección segunda. Lo específicamente capitalista no es la mercancía, sino la extracción de plusvalor, y, desde ahí, todo lo que sigue. Y esto conecta exactamente con lo que dices: lo específico del capitalismo es que la fuerza de trabajo del trabajador libre es una mercancía ―clave de que exista el plusvalor―. Pero lo que esta mercancía despliega en esas relaciones sociales no es trabajo a secas, sino trabajo asalariado. Ese es el nombre específico. En mi opinión, Miras -uso apellido por necesidad-, en los dos últimos párrafos de este correo has usado indistintamente tres categorías que son distintas: 1) la fuerza de trabajo, que es una capacidad; 2) el trabajo, que es el despliegue de esa capacidad; 3) el trabajo abstracto, que es la existencia objetivada de cierta forma social de trabajo en la forma mercancía (que, como dices, es una abstracción real, práctica, no meramente teórica, porque realmente en el intercambio se hace abstracción de los trabajos concretos). De modo que solo podemos hablar de trabajo abstracto en la producción mercantil, pero podemos hablar (y Marx lo hace, como he citado en el anterior correo) de trabajo y de fuerza de trabajo en otros contextos. La forma social del trabajo tiene que ponerse en el apellido: trabajo esclavo, servil, autónomo, asalariado, libremente asociado…).

Sigo con los ejemplos de modos de producción:

«Su modo de producción originario se fundaba en la propiedad comunal, pero no en la propiedad comunal bajo su forma eslava, ni tampoco en la índica. Los miembros de la comunidad cultivaban de manera independiente, como propiedad privada libre, una parte de los predios». (p. 285)

«El capital no ha inventado el plustrabajo. Dondequiera que una parte de la sociedad ejerce el monopolio de los medios de producción, el trabajador, libre o no, se ve obligado a añadir al tiempo de trabajo necesario para su propia subsistencia tiempo de trabajo excedentario y producir así los medios de subsistencia para el propietario de los medios de producción, ya sea ese propietario un XXXXXXXX [aristócrata] ateniense, el teócrata etrusco, un civis romanus [ciudadano romano], el barón normando, el esclavista norteamericano, el boyardo valaco, el terrateniente moderno o el capitalista. Es evidente, con todo, que cuando en una formación económico-social no prepondera el valor de cambio sino el valor de uso del producto, el plustrabajo está limitado por un círculo de necesidades más estrecho o más amplio». (p. 286)

«Todo el misticismo del mundo de las mercancías, toda la magia y la fantasmagoría que nimban los productos del trabajo fundados en la producción de mercancías, se esfuma de inmediato cuando emprendemos camino hacia otras formas de producción [y Marx pasa a la producción servil, familiar y la de hombres libres asociados].» (p. 93)

Modo de producción entendido como formación económico-social, por tanto, es una categoría presente, incluso en El Capital, para nombrar otras formas de organización (fuerzas productivas, división del trabajo y relaciones de producción). La oposición entre modo de producción y modo de exacción no la encuentro en Marx. Lo que hay es siempre un intento por analizar la especificidad de cada modo de producción, porque se asientan sobre determinadas condiciones históricas y promueven determinadas cuestiones económicas, formaciones políticas, jurídicas, etc.

De los textos posteriores a El Capital tenemos, por ejemplo, la carta al director de las Anales de la patria (1877): «Los proletarios romanos se transformaron, no en trabajadores asalariados, sino en una chusma de desocupados más abyectos que los “pobres blancos” que hubo en el Sur de los Estados Unidos, y junto con ello se desarrolló un modo de producción que no era capitalista sino que dependía de la esclavitud».

Sobre lo que comentas de los cambios de modo de producción en función de las fuerzas productivas o de las relaciones de producción, yo creo que Marx es claro en que hay una relación recíproca entre ambas cuestiones. Podemos encontrar pasajes en los que hace énfasis en una u otra cuestión, pero su perspectiva es la de la unidad dialéctica entre ambas (por supuesto, con sus contradicciones). El desenvolvimiento histórico concreto sigue toda serie de cambios, avances, retrocesos etc., complejos. Pero no hay relaciones de producción al margen de las fuerzas productivas, ni fuerzas productivas al margen de las relaciones de producción. Los modos de producción nacen unos en el seno de otros, y en una sociedad puede haber varios modos de producción (aunque uno domine; de ahí la primera frase de El Capital).

En cuanto a lo que dice Arriola en el último párrafo, yo insisto en que vayamos a ver de qué habla Marx cuando habla de la “forma de valor o valor de cambio”, capítulo 1.3, y creo sinceramente que no hay más dilema (forma en la que se manifiesta la objetividad social). Me adscribo a la definición de “categoría” que hace Eli de Gortari en el libro que os adjunto, Dialéctica de la física (que permite identificar bien por qué Marx, desde la primera página de El Capital, deja de lado el profundizar en el valor de uso de las mercancías, mientras se dispone a dedicar miles de páginas a cómo se produce y reproduce su valor: porque analizar qué hace del pan, el mercurio o cierta máquina un valor de uso en cierta sociedad, nos saca de la economía política y nos lleva a otras ciencias; de modo que la categoría valor de uso enuncia una faceta ineludible de la mercancía, sin la cual no puede explicarse la producción mercantil, pero en El Capital se toma como elemento dado que además, en ciertos aspectos, tiene implicaciones en cuanto al valor ―como puede ser cuando se logra una mejora técnica que aumenta la fuerza productiva del trabajo; mejora técnica, es decir, del valor de uso de una máquina, de la cual Marx no hace un análisis en el orden de la mecánica, sino que abstrae esto y considera solo el tiempo de trabajo que permite reducir, es decir, su análisis está en el orden de la economía política―. En la Contribución, p. 10: «El valor de uso, en esta indiferencia para con la determinación económica formal — es decir, el valor de uso en cuanto tal— se encuentra más allá del ámbito de consideración de la economía política. Sólo cae dentro de él cuando él mismo es determinación formal. De una manera inmediata constituye la base material en la cual se representa una relación económica determinada: el valor de cambio»).

Las categorías de una ciencia dan nombre a propiedades, procesos y relaciones reales para desentrañar un orden determinado de hechos que son analizados desde un orden determinado de abstracción. Aquí se producen las categorías y su interconexión teórica, surgidas de enunciar interconexiones reales. Las categorías de la economía política, todas ellas, está en el horizonte de abstracción propio del estudio del trabajo humano (“plusvalor”, “salario” y “capital” se relacionan como ya sabemos, y las tres presuponen “trabajo abstracto”, etc.). Cada proceso o relación real específica que la ciencia identifica y aísla, es nombrada (por ejemplo, las funciones del dinero: medio de cambio, medio de pago, etc.). Si el valor de una mercancía no puede expresarse más que contra otra, ese vínculo real e impuesto por la práctica debe ser nombrado. Porque hay ahí algo que no es meramente al valor y tampoco es una relación cuantitativa arbitraria. Es algo específico: el valor de cambio o la forma de valor. Y esta es una categoría más abstracta que la de precio (a la que llegamos cuando la forma de valor se expresa en la mercancía dineraria), del mismo modo que plusvalor es una categoría más abstracta que ganancia, renta e interés.

«La reflexión en torno a las formas de la vida humana, y por consiguiente el análisis científico de las mismas, toma un camino opuesto al seguido por el desarrollo real. […] Si digo que la chaqueta, los botines, etc., se vinculan con el lienzo como con la encarnación general de trabajo humano abstracto, salta a la vista la insensatez de tal modo de expresarse. Pero cuando los productores de chaquetas, botines, etc., refieren esas mercancías al lienzo —o al oro y la plata, lo que en nada modifica la cosa— como equivalente general, la relación entre sus trabajos privados y el trabajo social en su conjunto se les presenta exactamente bajo esa forma insensata.

Formas semejantes constituyen precisamente las categorías de la economía burguesa. Se trata de formas del pensar socialmente válidas, y por tanto objetivas, para las relaciones de producción que caracterizan ese modo de producción social históricamente determinado: la producción de mercancías.» (p.92-93)

Esta es mi postura a día de hoy, y creo firmemente que tienen coherencia con el trabajo general de Marx, también de Engels (no solo en las citas que os comparto), y con sus aprendizajes y modificaciones. Pero bueno, seguiremos sin duda leyendo hasta la muerte, así que tendré el piloto encendido en torno a estos debates. Y si dentro de otros miles de páginas la cosa parece distinta, pues comparto mi rectificación

Un abrazo,
David

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