En Fortaleza, Brasil, una biblioteca reúne 201 ediciones del Manifiesto Comunista

Monyse Ravena

En el centro de Fortaleza, la capital del estado de Ceará, en el nordeste del país, una biblioteca reúne 201 ediciones del Manifiesto del Partido Comunista en varios idiomas, formatos y ediciones diferentes. Es posible encontrar el manifiesto en versiones ilustradas, historietas y hasta literatura de cordel en la biblioteca social Plebeu Gabinete de Leitura [Plebeyo Gabinete de Lectura], que alberga esa colección funciona en la sede de la Asociación Cearense de Prensa (ACI por su sigla en portugués).

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Volver a partir de Marx: ciclo de encuentros sobre la actualidad de la teoría del Capital con Roberto Fineschi

Roberto Fineschi

En la primavera de 2016 Noi restiamo  y la Rete dei comunisti organizaron el ciclo de encuentros ‘Ripartire da Marx : ciclo di incontri sull’attualità della teoria del Capitale’ para lo que contaron con la participación de Roberto Fineschi, filósofo italiano. Fineschi forma parte del comité científico de la edición italiana del nuevo proyecto de edición de las Obras de Marx y Engels, más conocido como MEGA 2. (Marx-Engels-Gesamtausgabe). Es también editor del blog Marx Dialectical Studies (con textos en inglés e italiano fundamentalmente).
Nos ha parecido interesante reproducir el programa del ciclo con las lecturas recomendadas y el vídeo correspondiente de cada una de las sesiones. Lo hemos reproducido tal cual sin traducir los títulos de las lecturas. En primer lugar porque creemos que son claramente comprensibles para un público hispano. En segundo lugar, porque tampoco hemos subtitulado los vídeos así que será necesario un nivel mínimo de comprensión del italiano para poder seguirlos.

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El brillante Marx, el fiel Engels. Una amistad

En 1844 Karl Marx y Friedrich Engels inician una relación de amistad que habría de durar hasta la muerte del primero en 1883. Durante todo este tiempo, además de compartir trabajo y debates intelectuales, tuvieron una relación personal fuera de lo común. A la muerte de Marx, Engels consagrará la mayor parte de los años que le restaban al ciclópeo trabajo de recopilar y publicar los trabajos que su amigo no pudo completar.

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Algunes notes per a una presentació del Manifest Comunista

Gerard Marín Plana

Aquesta presentació pretén servir d’introducció al Manifest Comunista, obra publicada al 1848 que avui segueix dient-nos coses però que, amb els seus més de 150 anys de vida, necessita ser posada en context per no confondre el seu sentit i missatge. Per això, en la presentació s’explica breument la seva gestació en el sí dels moviments revolucionaris europeus de l’època, així com els motius que van portar a la seva redacció per part de Marx i Engels. A més, la presentació vol mostrar com en la relació entre el context i el text del Manifest s’hi troba realitzat i definit de manera especialment clara el projecte marxista. Finalment, s’analitzen dos conceptes polèmics que en el Manifest es troben tractats extensament: el de classe i el de nació.

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Sobre el capítulo I de “La Ideología Alemana” de Marx-Engels (Bruselas, 1845-1846)

Antonio Ruiz

Es un capítulo interesante para conocer la interpretación base de Marx acerca de la historia material del ser humano. Al leerlo detenidamente se ve que están exponiendo, quizás por primera vez, todo un cuerpo de la concepción materialista de la historia como base filosófica de la teoría del comunismo.

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El Dr. Bunge sobre Engels: Los escombros ideológicos del Nepositivismo

Nicolás González Varela

El Dr. Bunge sobre Engels: Los escombros ideológicos del Nepositivismo

Por Nicolás González Varela

De la noche a la mañana descubrimos que a un gran descalificador (y enorme desconocedor) del Marxismo, le interesan las lecturas biográficas sobre Friedrich Engels. El doctor Mario Bunge vuelve a exhibir su infalible método cientificista después de habernos desvelado de manera brillante los puntos más oscuros y sobresalientes del pensamiento occidental. Ya Bunge racionalmente expuso al gran público las implicancias nazis del pensamiento carente de sentido de Martin Heidegger, después de haber afirmado sin sonrojarse que “Karl Marx no fue a ninguna universidad. No tuvo cerca a nadie que le enseñara, creía que todo nace de la Economía”, después de liquidar a Hegel diciendo que su filosofía es “absurda y abstrusa”, ahora vuelve sobre ese perro muerto llamado “Marxismo” y nosotros humildes lectores preguntamos por qué. ¿Le interesan las biografías de luchadores sociales? ¿Estará investigando el racionalismo en la época victoriana? ¿Reescribiendo la Historia de la filosofía del siglo XIX y XX? ¿Le preocupa si Friedrich Engels fue una personalidad histórica en el sentido de una ilación de sus acciones y su significado? ¿Bunge hablará sobre el método biográfico de Hunt o sobre la vignette de Engels? No lo sabemos, pero intuimos la hybris que se esconde en su inocencia literaria, en su incursión en las historias de vida. Bunge escribe para una Review académica canadiense de sociología y antropología una recensión de la segunda biografía de Friedrich Engels, escrita por el activista político, columnista de The Guardian e historiador de la época victoriana Tristram Hunt. Las biografías huntianas son un gran avance literario desde la última completa escrita por Gustav Mayer en 1932, editada en español por el Fondo de Cultura de México en 1979.[i]

Nos podíamos ahorrar el mal trago: ya teníamos una recensión estilo ideología “Cold War”, retorcida y mal intencionada en el diario liberal The New York Times. El pathos anticomunista de Dwight Garner, su autor, se puede percibir ya desde el título: Fox Hunter, Party Animal, Leftist Warrior, o sea: “Cazador de Zorros, Fiestero y Guerrero Izquierdista”. Garner ya denominó al Marxismo como un “parásito maligno” en otro artículo. No es el único. El diario neoliberal y representante del capital financiero The Wall Street Journal también le dedicó una recensión al libro de Hunt, llena de mala fe maccartista, style George Kennan: se titulaba “The Champagne Communist”, el comunista “champañero”. Pero: ¿porqué que los centros de agitprop liberales y neoconservadores están tan preocupados por una biografía sobre Engels de un joven profesor de historia y pierden tiempo, tinta y papel en un escombro ideológico? Algo huele a podrido en Dinamarca… Por cierto, la recensión NYT tiene muchas similitudes con el artículo bungeano: un regodeo en las naturales debilidades del Engels humano, demasiado humano. Y pos supuesto: se lo contrapone como Hyde, al propio Marx. Bunge no se propone valorar el tour de forçe de Hunt: su trabajo de zapa ideológico es justamente eliminar lo que Hunt trataba de realizar con su saga biográfica. Bunge va a por Hunt: si logra desarmar su empresa histórica, Engels volverá a ser lo que era: un proto-stalinista, el Meistersinger del Gulag. Mientras Hunt, en dos obras biográficas secuenciales, separa el Engels hombre y pensador de su deificación dogmática, de su Karicatur en el petrificado templo del DiaMat soviético, clarificando la manipulación del marxismo soviético sobre el Engels real, Bunge se propone precisamente lo contrario. Le recuerda al lector inocente que Marx-Engels y el stalinismo son la misma cosa, a pesar del “libro realmente ameno” de Hunt, obra que recomienda con sarcasmo ¿canadiense? podría serle útil a algún biopic de Hollywood. Quizá a James Cameron… No hay otro objetivo ideológico en su pobre artículo que poner el signo igual entre el legado teórico-práctico de Marx&Engels y la stalinista URSS: “Imagino que el entusiasmo por la filosofía cruda de Engels en los treinta y los cuarenta, tanto en el Reino Unido como en Francia, formaba parte del paquete: socialismo, antifascismo, admiración por la rápida aunque brutal modernización de la URSS y una fe ingenua en que el Marx-Engelsismo era la última y más elevada versión del cientificismo.” Hunt se propone una meta antibungeana, precisamente recuperar a Engels de la etiqueta de ser “the ideological architect of Soviet-style Communism.”

En la primera parte Bunge nos regala un rosario de anécdotas mal contextualizadas del libro de Hunt, piquant details, en las cuales Engels aparece como una suerte de patético y divertido Boswell de Marx-Johnson. Bunge es en este momento literario, feliz: trata de Épater le communiste. Engels es una inconsciente contradictio in corpum: comunista y cazador de zorros, un bon vivant prusiano, gran bebedor de cerveza Pilsen. Es como si a Bunge le recordáramos las debilidades personales de Wittgenstein como argumento ad hominem: la homosexualidad, su autoritarismo pedagógico, su chauvinismo austro-húngaro, su espiritualismo simplista y vulgar siguiendo a Tagore, su ignorancia de la propia historia de la filosofía, en suma: que era un filósofo amateur, igual o peor que Engels (estudió para ingeniero aeronáutico)… ¿sabrá Bunge todas estas cosas? Al menos le reconoce algunos méritos filopositivistas: Engels intentaba investigar a partir de la empiria y además prácticamente era un millonario de la época gracias a que creía en la racionalidad y la teoría de las expectativas del homo oeconomicus. Menos mal. En la segunda parte de la recensión aparecen por fin las críticas formales a la biografía. Como Bunge no tiene nada que opinar en lo biográfico sobre Engels o Marx (creo que ni siquiera a leído a Kolakowski y su escolar Historia del Marxismo), ni en el método histórico de Hunt, vuelve sobre seguro. Descubre dónde está enroscado el gusano de la pseudofilosofía con dos críticas simplistas y descolgadas. La primera objeción de Bunge es que “aunque Hunt afirma que Engels no fue sólo cientificista sino científico, yo creo que lo primero es correcto, pero que lo segundo sólo lo es a medias. Es más, Engels tuvo una gran fe en la aproximación científica y la aplicó en sus propios estudios sociales, pero sus críticas a las matemáticas y a la física revelan su profunda ignorancia en estas ciencias elementales”. Pero: ¿la Historia o la Política no son ciencias? Si hablamos de las ciencias duras y naturales, Engels se vio obligado “políticamente” a intervenir en campos científicos por necesidades polémicas (contra el socialista antisemita Eugene Dühring, por ejemplo, que por cierto era un académico numerario de la Universidad de Berlín para el gusto de Bunge) porque sus oponentes partían de la biología o la física del siglo XIX. Y Bunge se olvida el nivel retórico de los escritos de Engels: pretendía divulgar la discusión en círculos de trabajadores con pocas referencias académicas en su capital simbólico, eran artículos por entregas en el diario obrero Vorwarts! Bunge no sabe que entre los dos autores se había aceptado una división del trabajo intelectual explícita, dentro de la cual Engels tenía la tarea de “popularizar” las ideas de Marx al gran público. Ni Engels ni Marx escribían en un gabinete o en una cátedra académica: son medios de lucha política. Aparte de las limitaciones en las propias ciencias exactas y duras a mediados del siglo XIX (como por ejemplo el cálculo infinitesimal). Pero a Bunge no le interesa nada de esto: lo abruma su “Enfoque”. Al valorar desde el dogma hiperracionalista un poco a Engels (pero no en demasía, sólo para colocarlo un peldaño más arriba que Marx) Bunge demuestra el norte de su publicística positivista. Se trata, por enésima vez, del manido recurso de enfrentar a Engels contra Marx. Si Engels, nos susurra Bunge, es el inspirador del Stalinismo, y a pesar de ello, es superior desde el racionalismo bungeano a Marx, ya nada queda por decir o leer de su obra. O sí, una tarea piadosa para un sepulturero: “debería ayudar a los marxistas, antimarxistas y académicos sin partido a clarificar los puntos oscuros del marxismo, una mezcla de ciencia, pseudociencia, ideología y filosofía…”

La segunda crítica se refiere a la afinidad electiva y valoración de Hegel (y la izquierda hegeliana) que aparece positivamente en el libro de Hunt. Esto es demasiado para Bunge, Hegel ni siquiera dio muestras de un sano instinto positivista: “es que se toma a Hegel tan seriamente como Engels, mientras que yo creo que, aunque Hegel abordó muchos problemas importantes, lo hizo de un modo tan hermético, con tal desdén hacia la ciencia de su época, que mucha de su obra acaba por asemejarse al parloteo posmoderno.” ¿No es la misma opinión esquemática sobre el difficult style de Hegel que sostenía Russell en su History of Western Philosophy de 1945? ¿no son vituperios parafilosóficos similares a los que emitía Popper, preocupado por el Hegel’s radical collectivism? Por supuesto: atacando a Hegel, por elevación, se erosiona la seriedad científica de Marx. Bunge en muchas ocasiones reconoció que estudió con detenimiento la filosofía de Hegel. No se nota o fue hace mucho tiempo atrás. Lo dudamos. Afirmar que Hegel tenía desdén por las ciencias modernas de su época es demostrar que no se conoce nada en absoluto de su filosofía. Desde la Economía Política de su época (gran lector de Ferguson, Smith, Sismondi), pasando por ciencias nuevas de la época (Frenología), gran lector de matemáticos de vanguardia (Cauchy y Lagrange), de geólogos (Cuvier y Hutton), de experimentadores y teóricos en Química (Bertthollet y Pohl), de la Biología (Bonnet, Cuvier, Haller y Linneo), hasta la Geometría (en este campo su concepción fue superior a la de Kant, a pesar de la confusión de Carnap, Hillbert y Russell). Como dice el filósofo inglés Stephen Hollgate, el rechazo de la Filosofía de la Naturaleza de Hegel, o de Hegel in toto, está basada en una profunda ignorancia de la filosofía hegeliana y de su relación con las ciencias de la época. Act est fabula. Después de ver otra exhibición perogrullesca y simplista del enfoque racionalista enfocado a la crítica literaria, mutatis mutandis, al Marxismo, no nos queda más que preguntar: Dr. Bunge: ¿Qué puede salvarse de los escombros del Neopositivismo? (NGV)

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Antología de textos de Manuel Sacristán sobre Friedrich Engels (1820-1895)

Manuel Sacristán Luzón

Trabajadores:

A vosotros dedico una obra en la que he intentado poner ante mis conciudadanos alemanes una fiel pintura de vuestra situación, de vuestros sufrimientos y luchas, de vuestras esperanzas y perspectivas. He vivido bastante entre vosotros, para conocer algo de vuestra condición; a vuestro conocimiento he dedicado mi mayor solicitud, he estudiado, cuanto que me fue posible, los varios documentos oficiales y no oficiales; no me contenté con esto; más que el conocimiento abstracto de mi asunto, sentí la necesidad de veros en vuestras mismas casas, de observaros en vuestra vida cotidiana, de charlar con vosotros respecto a vuestras condiciones de vida y sufrimiento, de asistir a vuestras luchas contra el poder político y social de vuestros opresores. He hecho así: abandoné la compañía, los convites, el vino de oporto y el champaña de las clases medias, y he dedicado mis horas de ocio, casi exclusivamente, a establecer relación con simples trabajadores. Estoy contento y orgulloso de haberlo hecho así. Contento, porque así dediqué horas felices a conocer la realidad de la vida -muchas horas que de otro modo habrían estado ocupadas en discursos a la moda y etiquetas cansadoras-; orgulloso, porque de esta manera encuentro una oportunidad de hacer justicia a una clase de hombres oprimida y calumniada, los cuales, a pesar de sus posibles errores y de las desventajas de su condición, sin embargo, imponen respeto a todo el mundo, excepto al especulador inglés; orgulloso, también, porque de este modo estoy en situación de defender al pueblo inglés del desprestigio creciente en que ha caído en el continente, como necesaria consecuencia de la política brutalmente egoísta y de la conducta general de vuestra clase media de gobernante.

Friedrich Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra

Muy probablemente [Engels] sintió -como quizás también Marx viejo- la imposibilidad de la tarea de Marx: destruir sociedad y ciencia de esa sociedad (genitivo objetivo) haciendo ciencia con los requisitos, etc. de esa sociedad, esto es, el “movimiento real”. Siempre se la anticuaban los datos, etc.

Nota de Manuel Sacristán a Rubel, Gallimard II, “Engels como editor del Capital”.

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Una lectura prohibida: El Manifiesto Comunista

José Luis Escohotado Ibor

El texto, inédito hasta ahora, es reproducción de la conferencia impartida por el autor en la Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife, con motivo de un ciclo organizado por dicha institución en el año 2000 sobre libros prohibidos.

Debo agradecer a mi buena amiga de hace tantos años, Isabel Pérez Schwarz, la invitación que me ha hecho como Directora de la Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife, para participar en esta serie de conferencias sobre lecturas prohibidas o censuradas a través de la historia.

Como todos ustedes saben, desde antiguo, la expresión cultural espontánea sufre diversas formas de represión ideológica, de prohibición absoluta o de censura, ejecutadas por los poderes establecidos contra lo que se supone puede socavar la autoridad o el orden moral. Los ejemplos de intolerancia que representan la Inquisición, el Índice de libros prohibidos por la Iglesia, las hogueras de libros quemados por los nazis, los procesos políticos estalinianos, la caza de brujas del senador Mc Carthy o la censura previa de todas las publicaciones por la policía administrativa franquista, no son más que casos exacerbados de un fenómeno mucho más amplio de refracción ideológica bajo el yugo de la cultura dominante. De todas formas, siempre es preferible que se quemen los libros a que se quemen los autores de los libros. Desde la moral del poder y la óptica oficialista, siempre se ha tendido a demarcar lo tolerable y lo prohibido, la conformidad y la disidencia, la ortodoxia y la trasgresión, generándose un principio de censurabilidad ideológica difusa que funciona subrepticiamente a lo largo de todas las expresiones culturales, incluso en los regímenes políticos que hacen declaración explícita de libertad de expresión.

En nuestra época, lejos de haberse cumplido el ideal ilustrado del libre pensamiento, los métodos de exclusión se han hecho mucho más complejos y sutiles, a través del control del mercado de la cultura por las grandes empresas multinacionales, cuya influencia oligopolística sobre los medios de emisión cultural se realiza de manera oculta y privada. En una cultura masmediotizada como la nuestra, en la que ya todo es mercantilizable, – dios, patria, sexo, órganos, verdad, ocio y genes –, el criterio de rentabilidad publicitaria puede funcionar, de hecho, como una censura excluyente. En esa situación, el mercado mismo es la censura.

PANFLETO POLÍTICO

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