Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Transitando por el lado salvaje (e incluso por el más afable) del capitalismo sin bridas

Salvador López Arnal

Transitando por el lado salvaje (e incluso por el más afable) del capitalismo sin bridas.

 

Salvador López Arnal

 

Me alegro que hayáis venido. No habéis hecho caso de esos idiotas que han dicho: ¡Marx ha muerto! Bueno, lo estoy… y no lo estoy. Eso es dialéctica para vosotros.

Howard Zinn, Marx en el Soho

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Estudio sobre la revolución antropológica en Italia

Pier Paolo Pasolini

Estudio sobre la revolución antropológica en Italia*

Pier Paolo Pasolini

2 de junio: en la primera página de l’Unità hay un titular para las grandes ocasiones: «Viva la república antifascista».

Claro que sí, viva la república antifascista. Pero ¿qué sentido real tiene esta frase? Tratemos de analizarlo.

En concreto se origina en dos hechos que la justifican plenamente: 1) La victoria aplastante del «no» el 12 de mayo, y 2) la matanza fascista de Brescia el 28 del mismo mes.

La victoria del «no» en realidad es una derrota no solo de Fanfani y del Vaticano, sino también, en cierto sentido, de Berlinguer y del partido comunista. ¿Por qué? Fanfani y el Vaticano han demostrado que no han entendido nada de lo que ha pasado en nuestro país durante los últimos diez años: el pueblo italiano ha resultado —de un modo objetivo y palmario— muchísimo más «avanzado» de lo que pensaban, por estar anclados en el viejo conservadurismo campesino y paleoindustrial.

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El marxismo praxeológico: Giulia Adinolfi y Manuel Sacristán -a propósito de una nota de Gregorio Morán-

Joaquín Miras Albarrán

El marxismo praxeológico: Giulia Adinolfi y Manuel Sacristán -a propósito de una nota de Gregorio Morán-

 

Joaquín Miras Albarrán

 

Acabo de leer en La Vanguardia el texto semanal, sabatino, de Gregorio Morán sobre Craxi. En un momento dado se refiere, de pasada, a la influencia de la cultura italiana en Cataluña, y se detiene en Giulia Adinolfi y Manolo Sacristán. Hace sobre ellos varias breves -y elogiosas- referencias a ambos. La primera, y sin ir más lejos, considerarlos el marxismo catalán, y, junto a otros, -cita Barral- causa del refinamiento cultural de la izquierda catalana. Eso es verdad. Las dos cosas: eran de Cataluña y ayudaron a que la cultura en Cataluña -en Barcelona, y hasta donde irradiara su influencia a través del partido-, el pensar, fuera mejor. Ellos fueron militantes del PSUC, partido de ámbito catalán. Se agradece que se indique eso, su compromiso con su sociedad, ahora que para ser catalán hay que proclamar el amor sin límites al pan con tomate. Añade luego otros dos matices, que son los que me gustaría comentar, y matizar. No sé, con todo, si mi opinión tendrá interés para alguien –“alguienes”- más que para los viejos del lugar. De hecho uno de los matices es lo que me ha llevado durante años a nunca sentirme capacitado para opinar, por falta de determinadas lecturas, y por lo escaso de los recuerdos sobre los que me baso, ecos de opiniones que solo son ecos de frases aisladas, y hora, que tengo ciertas lecturas hechas me da todavía más pereza entrar en el tema, por respeto en primer lugar a estos dos grandes maestros nuestros, en segundo lugar, porque no sé qué utilidad puede tener, pues su obra y su legado no son “frecuentados” –la ruptura es tan honda que para personas un poco más jóvenes que los viejos del lugar estos personajes son ya nombres sin cuerpo intelectual, iconos de personas de vida ejemplar, como mucho- y por último, porque, como muy bien sabe y ha experimentado Salvador López Arnal en carne propia, e pericoloso sporgersi a la finestra. Dice el periodista que sin la influencia de Giulia no se podría entender la interpretación de Gramsci que hacía Sacristán. Yo tengo una opinión –un barrunto- viejo, y es que había matices y hasta conceptos diferenciales. Seguramente una interpretación, la de Manolo –me permito lo que nunca me consiento, decir “Manolo” en lugar de Manuel sacristán- estaba fundamentada más desde la recepción analítica, menos referida a las culturas existentes, a la antropología del individuo, etc, (y se podría ver el distanciamiento sobre el historicismo de Gramsci), la insistencia más sobre el momento científico –que es la insistencia sobre la dirección externa, pues es el partido el que puede poner la ciencia- y la de Giulia más “croceana” y hegeliana, tal como lo era el marxismo italiano; el del hegeliano Labriola, que formó en el marxismo –que conocía- a Croce, y el de Gramsci y Togliatti, que eran universitarios de un país cuyo gran filósofo era Benedetto Croce, un gran hegeliano. Labriola, es el gran difusor del marxismo en Italia y su texto sobre el manifiesto no tiene desperdicio. Togliatti…tradujo 150 páginas de la Fenomenología del Espíritu. Esta otra lectura está más basada en la actividad que la cultura popular podía generar desde sus propios recursos. Más abocada a discutir contra los elementos culturales existentes retrógrados –“crítica”- y a propulsar los progresistas y a tratar de que los propios protagonistas, desde su cultura y su racionalidad práctica crearan nuevas prácticas y nuevas ideas: “marxismo cultural”, por decir algo…y sé que soy burdo con Sacristán. Sacristán aceptó y defendió la iniciativa del contrato laboral para funcionarios –esto va dentro de una vieja lucha de masas- no porque la ciencia científica se lo soplara al oído, no porque el comité universitario decidiera que dada la coyuntura internacional, y habida cuenta de la coyuntura económica y teniendo en cuenta la situación del régimen, y considerando que …esa era “la fetén” científica, sino porque en una asamblea de nivel estatal del movimiento de pnns celebrada en Granada esa había sido la propuesta surgida…

 

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La moral, la tragedia ateniense y la ética

La moral, la tragedia ateniense y la ética

Por Luis Mattini*

Algo sobre el papel del individuo en la historia

Propongo un breve examen sobre el papel de los seres humanos en la historia y dentro de ella el papel del individuo, aclarando que este examen deviene fundamentalmente de nuestra experiencia militante

Aclaración: Para evitar las antiestéticas consecuencias literarias en castellano de ese feminismo beato, de claro signo anglosajón, que, trasladado a nuestra lengua, confunde un elemento gramatical llamado "género", femenino y masculino, con otras acepciones de esa palabra, como ser los géneros sociales, biológicos o tejidos, aclaro que en todos los casos me refiero a seres humanos: mujeres y varones. Prometo poner mi buena voluntad no usando el vocablo genérico "hombre", pero mi buen gusto se niega a escribir "la persona y el persono"; "el ser humano y la sera humana" o ese absurdo adefesio de cambiar la muy latina letra "o" por el signo arroba en las palabras en posición gramatical genérica. ("todos, "muchos" "amigos", "nosotros", etc)

Bien, terminada esta aclaración, digamos que yo empecé a militar a los quince años cuando de un modo casual, casual en lo que hace a mi concretura, me topé con gusto con la idea de que éramos agentes de la historia. La adquirí de inmediato con enorme entusiasmo, porque esa idea funcionó como un fortísimo estimulante, casi diría una justificación venida desde cierta trascendencia, al impulso vital que, no se sabe desde dónde, nos empujaba hacia el compromiso militante. Y cuando nuestros padres, tíos, vecinos o compañeros de trabajo nos preguntaban, respondíamos de diversas maneras, plenos de pasión y satisfacción por "el hacer", argumentando que militábamos porque no tolerábamos la injusticia social, que nos dolía el sufrimiento de los niños, que el mundo debía ser cambiado; pero en última instancia nos decíamos agentes de la historia. O sea un rol predeterminado, una especie de mandato.

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Entrevista a Josep Maria Antentas y Esther Vivas sobre Resistencias globales

Salvador López Arnal

Entrevista a Josep Maria Antentas y Esther Vivas sobre Resistencias globales. De Seattle a la crisis de Wall Street (Editorial Popular, 2009): “[…] Sigue habiendo mucho escepticismo entre el grueso de los activistas sociales acerca de la posibilidad de articular una alternativa anticapitalista en el plano político, pero es verdad que hoy, diez años después de Seattle, su necesidad va apareciendo como más evidente ante los ojos de muchos activistas, aunque muchas veces de forma imprecisa o contradictoria.”

Salvador López Arnal

 

Josep Maria Antentas es profesor de sociología en la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro del QUIT (Centre d’Estudis Sociològics sobre la Vida Quotidiana i el treball). Esther Vivas es periodista y  forma parte del CEMS (Centre d’Estudis sobre Moviments Socials de la Universitat Pompeu Fabra). Autores de muy diversas, conocidas y reconocidas publicaciones sobre soberanía alimentaria, movimientos alterglobalizadores, cadenas de distribución y deuda externa, son además de ello, y en consistencia con ello y con la undécima tesis marxiana, activistas incansables, luchadores que piensan con su propia cabeza y con un alma alzada contra todo tipo de injusticias. De esos admirables militantes,  que, como quería Brecht y cantaba Silvio Rodríguez, combaten toda la vida y son, con ello, imprescindibles,  simplemente imprescindibles.

La conversación que hemos mantenido se centra en su último libro: De Seattle a la crisis de Wall Street. Algunas de sus numerosas publicaciones y artículos pueden verse en: http://esthervivas.wordpress.com.

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¿Podemos fiarnos de los desconocidos?

Santiago Alba Rico

¿Podemos fiarnos de los desconocidos?

Santiago Alba Rico

Atlántica XXII (Asturias)

La habitabilidad material del mundo es sobre todo una cuestión de confianza. La pugna y la sospecha son siempre secundarios o reactivos; y la economía y la política, que determinan su curso, explotan la credulidad constructiva de una humanidad a la que sorprenden una bombilla fundida y una cañería vacía, pues esperamos ingenuamente que se encienda la luz al presionar el interruptor y salga agua al abrir el grifo. Todo se sostiene con una cierta estabilidad, y todo se reproduce con una cierta continuidad, gracias a la ilusión individual de que, mientras nosotros dudamos, el otro sabe lo que se trae entre manos; y de que, si nosotros confeccionamos chapuzas provisionales, nuestro compañero, nuestro vecino, nuestro fontanero, saben bien lo que se hacen. Estamos seguros de que los padres saben cuidar a sus hijos, de que el paseante no nos va a mentir si le preguntamos la hora, de que el médico quiere curarnos, de que el puente no va a caerse, de que la silla va a soportar nuestro peso, de que el picaporte va a ceder a nuestro empuje. Si Gian Battista Vico, el filósofo italiano dieciochesco, tenía razón y “sólo conocemos de verdad lo que nosotros mismos hacemos”, hay que admitir que nuestra vida cotidiana consiste -y sólo es posible por ello- en una radical confianza en lo desconocido, en una fe ciega en millones de desconocidos que han levantado nuestras casas, instalado nuestros teléfonos, fabricado nuestros coches, construido nuestras carreteras (y preparado, desde que somos pequeños, nuestras comidas, remendado nuestros vestidos, curado nuestras heridas).

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El Dr. Bunge sobre Engels: Los escombros ideológicos del Nepositivismo

Nicolás González Varela

El Dr. Bunge sobre Engels: Los escombros ideológicos del Nepositivismo

Por Nicolás González Varela

De la noche a la mañana descubrimos que a un gran descalificador (y enorme desconocedor) del Marxismo, le interesan las lecturas biográficas sobre Friedrich Engels. El doctor Mario Bunge vuelve a exhibir su infalible método cientificista después de habernos desvelado de manera brillante los puntos más oscuros y sobresalientes del pensamiento occidental. Ya Bunge racionalmente expuso al gran público las implicancias nazis del pensamiento carente de sentido de Martin Heidegger, después de haber afirmado sin sonrojarse que “Karl Marx no fue a ninguna universidad. No tuvo cerca a nadie que le enseñara, creía que todo nace de la Economía”, después de liquidar a Hegel diciendo que su filosofía es “absurda y abstrusa”, ahora vuelve sobre ese perro muerto llamado “Marxismo” y nosotros humildes lectores preguntamos por qué. ¿Le interesan las biografías de luchadores sociales? ¿Estará investigando el racionalismo en la época victoriana? ¿Reescribiendo la Historia de la filosofía del siglo XIX y XX? ¿Le preocupa si Friedrich Engels fue una personalidad histórica en el sentido de una ilación de sus acciones y su significado? ¿Bunge hablará sobre el método biográfico de Hunt o sobre la vignette de Engels? No lo sabemos, pero intuimos la hybris que se esconde en su inocencia literaria, en su incursión en las historias de vida. Bunge escribe para una Review académica canadiense de sociología y antropología una recensión de la segunda biografía de Friedrich Engels, escrita por el activista político, columnista de The Guardian e historiador de la época victoriana Tristram Hunt. Las biografías huntianas son un gran avance literario desde la última completa escrita por Gustav Mayer en 1932, editada en español por el Fondo de Cultura de México en 1979.[i]

Nos podíamos ahorrar el mal trago: ya teníamos una recensión estilo ideología “Cold War”, retorcida y mal intencionada en el diario liberal The New York Times. El pathos anticomunista de Dwight Garner, su autor, se puede percibir ya desde el título: Fox Hunter, Party Animal, Leftist Warrior, o sea: “Cazador de Zorros, Fiestero y Guerrero Izquierdista”. Garner ya denominó al Marxismo como un “parásito maligno” en otro artículo. No es el único. El diario neoliberal y representante del capital financiero The Wall Street Journal también le dedicó una recensión al libro de Hunt, llena de mala fe maccartista, style George Kennan: se titulaba “The Champagne Communist”, el comunista “champañero”. Pero: ¿porqué que los centros de agitprop liberales y neoconservadores están tan preocupados por una biografía sobre Engels de un joven profesor de historia y pierden tiempo, tinta y papel en un escombro ideológico? Algo huele a podrido en Dinamarca… Por cierto, la recensión NYT tiene muchas similitudes con el artículo bungeano: un regodeo en las naturales debilidades del Engels humano, demasiado humano. Y pos supuesto: se lo contrapone como Hyde, al propio Marx. Bunge no se propone valorar el tour de forçe de Hunt: su trabajo de zapa ideológico es justamente eliminar lo que Hunt trataba de realizar con su saga biográfica. Bunge va a por Hunt: si logra desarmar su empresa histórica, Engels volverá a ser lo que era: un proto-stalinista, el Meistersinger del Gulag. Mientras Hunt, en dos obras biográficas secuenciales, separa el Engels hombre y pensador de su deificación dogmática, de su Karicatur en el petrificado templo del DiaMat soviético, clarificando la manipulación del marxismo soviético sobre el Engels real, Bunge se propone precisamente lo contrario. Le recuerda al lector inocente que Marx-Engels y el stalinismo son la misma cosa, a pesar del “libro realmente ameno” de Hunt, obra que recomienda con sarcasmo ¿canadiense? podría serle útil a algún biopic de Hollywood. Quizá a James Cameron… No hay otro objetivo ideológico en su pobre artículo que poner el signo igual entre el legado teórico-práctico de Marx&Engels y la stalinista URSS: “Imagino que el entusiasmo por la filosofía cruda de Engels en los treinta y los cuarenta, tanto en el Reino Unido como en Francia, formaba parte del paquete: socialismo, antifascismo, admiración por la rápida aunque brutal modernización de la URSS y una fe ingenua en que el Marx-Engelsismo era la última y más elevada versión del cientificismo.” Hunt se propone una meta antibungeana, precisamente recuperar a Engels de la etiqueta de ser “the ideological architect of Soviet-style Communism.”

En la primera parte Bunge nos regala un rosario de anécdotas mal contextualizadas del libro de Hunt, piquant details, en las cuales Engels aparece como una suerte de patético y divertido Boswell de Marx-Johnson. Bunge es en este momento literario, feliz: trata de Épater le communiste. Engels es una inconsciente contradictio in corpum: comunista y cazador de zorros, un bon vivant prusiano, gran bebedor de cerveza Pilsen. Es como si a Bunge le recordáramos las debilidades personales de Wittgenstein como argumento ad hominem: la homosexualidad, su autoritarismo pedagógico, su chauvinismo austro-húngaro, su espiritualismo simplista y vulgar siguiendo a Tagore, su ignorancia de la propia historia de la filosofía, en suma: que era un filósofo amateur, igual o peor que Engels (estudió para ingeniero aeronáutico)… ¿sabrá Bunge todas estas cosas? Al menos le reconoce algunos méritos filopositivistas: Engels intentaba investigar a partir de la empiria y además prácticamente era un millonario de la época gracias a que creía en la racionalidad y la teoría de las expectativas del homo oeconomicus. Menos mal. En la segunda parte de la recensión aparecen por fin las críticas formales a la biografía. Como Bunge no tiene nada que opinar en lo biográfico sobre Engels o Marx (creo que ni siquiera a leído a Kolakowski y su escolar Historia del Marxismo), ni en el método histórico de Hunt, vuelve sobre seguro. Descubre dónde está enroscado el gusano de la pseudofilosofía con dos críticas simplistas y descolgadas. La primera objeción de Bunge es que “aunque Hunt afirma que Engels no fue sólo cientificista sino científico, yo creo que lo primero es correcto, pero que lo segundo sólo lo es a medias. Es más, Engels tuvo una gran fe en la aproximación científica y la aplicó en sus propios estudios sociales, pero sus críticas a las matemáticas y a la física revelan su profunda ignorancia en estas ciencias elementales”. Pero: ¿la Historia o la Política no son ciencias? Si hablamos de las ciencias duras y naturales, Engels se vio obligado “políticamente” a intervenir en campos científicos por necesidades polémicas (contra el socialista antisemita Eugene Dühring, por ejemplo, que por cierto era un académico numerario de la Universidad de Berlín para el gusto de Bunge) porque sus oponentes partían de la biología o la física del siglo XIX. Y Bunge se olvida el nivel retórico de los escritos de Engels: pretendía divulgar la discusión en círculos de trabajadores con pocas referencias académicas en su capital simbólico, eran artículos por entregas en el diario obrero Vorwarts! Bunge no sabe que entre los dos autores se había aceptado una división del trabajo intelectual explícita, dentro de la cual Engels tenía la tarea de “popularizar” las ideas de Marx al gran público. Ni Engels ni Marx escribían en un gabinete o en una cátedra académica: son medios de lucha política. Aparte de las limitaciones en las propias ciencias exactas y duras a mediados del siglo XIX (como por ejemplo el cálculo infinitesimal). Pero a Bunge no le interesa nada de esto: lo abruma su “Enfoque”. Al valorar desde el dogma hiperracionalista un poco a Engels (pero no en demasía, sólo para colocarlo un peldaño más arriba que Marx) Bunge demuestra el norte de su publicística positivista. Se trata, por enésima vez, del manido recurso de enfrentar a Engels contra Marx. Si Engels, nos susurra Bunge, es el inspirador del Stalinismo, y a pesar de ello, es superior desde el racionalismo bungeano a Marx, ya nada queda por decir o leer de su obra. O sí, una tarea piadosa para un sepulturero: “debería ayudar a los marxistas, antimarxistas y académicos sin partido a clarificar los puntos oscuros del marxismo, una mezcla de ciencia, pseudociencia, ideología y filosofía…”

La segunda crítica se refiere a la afinidad electiva y valoración de Hegel (y la izquierda hegeliana) que aparece positivamente en el libro de Hunt. Esto es demasiado para Bunge, Hegel ni siquiera dio muestras de un sano instinto positivista: “es que se toma a Hegel tan seriamente como Engels, mientras que yo creo que, aunque Hegel abordó muchos problemas importantes, lo hizo de un modo tan hermético, con tal desdén hacia la ciencia de su época, que mucha de su obra acaba por asemejarse al parloteo posmoderno.” ¿No es la misma opinión esquemática sobre el difficult style de Hegel que sostenía Russell en su History of Western Philosophy de 1945? ¿no son vituperios parafilosóficos similares a los que emitía Popper, preocupado por el Hegel’s radical collectivism? Por supuesto: atacando a Hegel, por elevación, se erosiona la seriedad científica de Marx. Bunge en muchas ocasiones reconoció que estudió con detenimiento la filosofía de Hegel. No se nota o fue hace mucho tiempo atrás. Lo dudamos. Afirmar que Hegel tenía desdén por las ciencias modernas de su época es demostrar que no se conoce nada en absoluto de su filosofía. Desde la Economía Política de su época (gran lector de Ferguson, Smith, Sismondi), pasando por ciencias nuevas de la época (Frenología), gran lector de matemáticos de vanguardia (Cauchy y Lagrange), de geólogos (Cuvier y Hutton), de experimentadores y teóricos en Química (Bertthollet y Pohl), de la Biología (Bonnet, Cuvier, Haller y Linneo), hasta la Geometría (en este campo su concepción fue superior a la de Kant, a pesar de la confusión de Carnap, Hillbert y Russell). Como dice el filósofo inglés Stephen Hollgate, el rechazo de la Filosofía de la Naturaleza de Hegel, o de Hegel in toto, está basada en una profunda ignorancia de la filosofía hegeliana y de su relación con las ciencias de la época. Act est fabula. Después de ver otra exhibición perogrullesca y simplista del enfoque racionalista enfocado a la crítica literaria, mutatis mutandis, al Marxismo, no nos queda más que preguntar: Dr. Bunge: ¿Qué puede salvarse de los escombros del Neopositivismo? (NGV)

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