Transitando por el lado salvaje (e incluso por el más afable) del capitalismo sin bridas

Salvador López Arnal

Me alegro que hayáis venido. No habéis hecho caso de esos idiotas que han dicho: ¡Marx ha muerto! Bueno, lo estoy… y no lo estoy. Eso es dialéctica para vosotros.
Howard Zinn, Marx en el Soho

Es normativamente razonable vivir o intentar vivir sin concepciones acabadas del mundo, multiuso, siempre a punto para rodar y embalar. Es conveniente, e incluso necesario, documentar posiciones, evitar encuadrar novedades en viejos esquemas inalterables, estar abierto a rectificaciones y falsaciones. No se trata de ocultar valoraciones poliéticas ni negar la ineludible existencia de finalidades ni objetivos, pero sí parece un reto razonable y justo no partir ni aspirar a alcanzar cosmovisiones globales, amigas nuestras para siempre, que explican lo explicado sin huellas de sombra ni dudas y que, puestos en materia, sirven para explicar lo inexplicable, lo apenas comprendido. Se usan para todo: para un raspado, para fregado y para aventurarse sin riesgos en lo desconocido que, de hecho, no es conocido en un periquete y sin excesivo esfuerzo.

Pero de hecho, admitámoslo, sin negar la validez de las anteriores críticas, haberlas haylas. Actúan consciente o inconscientemente, aunque el portador no sea totalmente consciente de las coordenadas por las transita su pensamiento. La inconsciencia, en este caso, está directamente relacionada con la naturalización de lo adquirido, de lo dado por verdadero de forma indiscutible. Tan natural como el aire que respiramos o la necesidad de ayuda alimenticia para nuestros quehaceres vitales.

Un ejemplo de la cara salvaje del capitalismo más desinhibido y otro que suele presentar una cara más afable pueden ilustrar lo señalado con las inferencias oportunas que pueden colegirse. La impiedad de los experimentos militares, atómicos en este caso, pueden cerrar el círculo de la abyección.

La insidia del lenguaje publicitario.

William Cabrera es director de investigación de Havas Media para España y Portugal. Como el que no dice la cosa, sin inmutarse, estás son algunas de sus sesudas consideraciones, algunas de sus reflexiones sobre el negocio publicitario televisivo actual. “Estamos machacando a los mismos telespectadores una y otra vez sin que haya cobertura, y sin que la mitad de la población sepa que un producto existe”. “La publicidad es cada vez más cara pero menos eficiente; las cadenas nos suben los precios y nos venden el mismo consumidor cincuenta veces” [las cursivas son mías]

Así, directo al corazón y a las cuentas de resultados.

¿Qué cosmovisión esconde ese lenguaje? ¿Qué concepción antropológica subyace a todo esa insidia?

La apuesta nuclear del presidente Nobel de la Paz.

El presidente usamericano anunció el 15 de febrero de 2010 la construcción de la primera central nuclear en Estados Unidos tras 30 años de moratoria [1]. Sus razones: “Se supone que los defensores del medio ambiente se oponen a la energía nuclear. Pero el hecho es que, aunque no hayamos hecho nada nuevo hace 30 años, esta es nuestra mayor fuente de energía que no produce emisiones de carbono”. “Para satisfacer nuestra demanda y evitar las consecuencias desastrosas del cambio climático, necesitamos aumentar nuestra capacidad nuclear. Es así de sencillo”. “Es un tema que afecta a nuestra economía a nuestra seguridad, no podemos seguir empantanados en los mismos viejos debates entre la izquierda y la derecha, entre los ambientalistas y los empresarios”. Es, cabe añadir, en opinión del presidente usamericano, una fuente energética renovable o alternativa.

¿Viejos debates en los que no podemos seguir empantanados? ¿De qué hablamos entonces cuando se supone que hablamos de algo sustantivo? ¿Del tiempo que hizo ayer por la tarde?

Por si fuera necesario: contra toda apariencia, el presidente usamericano autor de estas declaraciones no es Bush II. ¿Hay grandes diferencias de matiz, o de fondo, entre la cosmovisión demócrata y la mirada republicana desarrollista, alocada y crematística?

Tras la bomba.

Minutos después de que estallara una bomba en el marco de una prueba atómica llamada “Gerboise Verte”, realizada el 25 de abril de 1961 en el Sahara argelino, en Reggane, por el Ejército francés, cuanto menos 155 reclutas fueron enviados por sus mandos a maniobrar a pie por la zona [2]. La maniobra fue llamada Garigliano. Se querían estudiar los efectos fisiológicos de la bomba. En caliente y en vivo, con cobayas humanas. Querían saber los generales franceses si podían enviar soldados a combatir y tomar posiciones enemigas pocos minutos después de la explosión y a sólo metros del lugar (a poco más de medio kilómetro). Los soldados llevaban, básicamente, máscaras antipolvo. Los mandos permanecieron en el interior de sus blindados y sabían que la radiactividad subiría de 1 a 5 rötngens [3] por hora. En cada hora de operación militar, los soldados se expusieron a un nivel de radiación entre 9 y 45 veces superior a lo que hoy se aceptaría en todo un año.

¿Obsolescencia del ser humano? ¿Obsolescencia de la soldadesca? ¿Lucha de clases en el seno del Ejército francés? ¿Menosprecio del ser humano? ¿Complejo militar-industrial-atómico en plena actividad? ¿Nueva demostración de los nudos menos civilizados de la civilización occidental?

En el fondo, y también en los contornos, aristas, nudos, caras salvajes, directamente infames o aterciopeladas con discursos llenos de estudiada retórica, de ese poliedro omnipotente que conocemos con el nombre de capitalismo[4].

Sin alma, sin piedad. Los seres humanos tienen su importancia pero los resultados trimestrales cuentan mucho más.

Notas:

[1] Isabel Piquer, “Obama resucita la energía nuclear en Estados Unidos”. Público, 17 de febrero de 2010, p. 36

[2] Andrés Pérez, “Francia uso a sus soldados como cobayas nucleares”. Público, 17 de febrero de 2010, p. 12.

[3] Röntgen o Roentgen. Denominada así por el físico alemán Wilhelm Conrad Röntgen. Es la medida más antigua de radiación ionizante. Se define así: la cantidad de radiación que producirá, bajo condiciones especificadas, en un centímetro cúbico de aire, una cantidad de ionización positiva o negativa igual a una unidad electrotástica de carga (una carga eléctrica que repelerá una carga similar a un centímetro de distancia con la fuerza de una DINA).

[4] Noción -capitalismo, edad del capital, modo de producción capitalista o afines- que también la izquierda apenas usó durante años: era poco moderno, sonaba a muy antiguo.

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