Un punto de encuentro para las alternativas sociales

IU: Abrazados a una política muerta

Manuel Cañada

" Adso, el error consiste en creer que primero viene la herejía y después los simples que la abrazan (y por ella acaban abrasados). En realidad, primero viene la situación en que se encuentran los simples, y después la herejía." El nombre de la rosa, Umberto Eco

La próxima celebración de la asamblea extraordinaria de IU me anima a poner por escrito algunas dudas y reflexiones que revolotean hace tiempo en mi cabeza, pero que quieren posarse en un territorio ajeno y desconfiado de las luchas de poder propias de este tipo de eventos. Soy afiliado del PCE y de IU, pero antes soy militante de un partido más amplio y decisivo, el partido de la alergia al capitalismo, el partido de la rebeldía contra el poder. Mi lealtad pertenece a esas ideas antes que a un partido. Para empezar habría que bajarle los humos y atemperarles la prisa a todos aquellos dirigentes de esa formación política que, enfangados en la enésima lucha de misérrimo poder, no se percatan siquiera (o sí, lo que es más grave aún), de que IU es una pequeña expresión, cada día más pobre y extraña a la vida cotidiana de los comunes, dentro del campo de fuerzas sociales y culturales de la transformación o del antagonismo. Relájense los burócratas, de variada procedencia y adscripción, prestos siempre a vender la última confrontación interna como la madre de todas las batallas. No sirven los atajos para quienes, exiliados interiores en la dictadura del capital, quieren "cambiar el mundo de base". Ni afinamientos de discurso, ni líderes providenciales elegidos o subastadas por la Cadena Ser o El País, resolverán la encrucijada. O al menos no lo hará para aquellos que, honestamente, siguen pensando en IU como un instrumento más de lucha por una forma de vivir alternativa, ajena a la explotación del ser humano y de la naturaleza. 1. La mutación de IU Hace ya mucho tiempo que en IU las palabras son lana marchita, que diría Vicente Aleixandre. Las palabras ya no sirven, se independizan de su significado original, declinan hacia el metalenguaje de los aparatos. Se pierde la congruencia básica entre lo que se dice y lo que se hace, se pierde la tensión moral imprescindible para quienes pugnan por otro mundo. "En una sociedad basada en el antagonismo clasista, todos estamos calados por este antagonismo, todos somos auto-contradictorios", afirma Holloway, uno más de tantos repudiados por una izquierda tan expeditiva en sus juicios como perezosa en el estudio. Odiamos el mundo que amamos. Y todos somos autocontradictorios, pero los que nos levantamos contra el desorden existente tenemos que estar peleando todos los días (y hacerlo si es posible con alegría) por derrotar la resignación, el interés individual, el poder que vive en cada uno de nosotros. En los siglos XII y XIII surgieron numerosas corrientes heréticas en el seno de la Iglesia. Era la particular forma que adoptaba la lucha de clases de aquel tiempo. Las herejías, e incluso movimientos "moderados" como los franciscanos, nacían como una denuncia del divorcio entre la retórica de la pobreza que hacía la Iglesia Católica y su práctica de ostentación, corrupción y sólida alianza con los poderes temporales. Los debates de la Iglesia oficial de aquel tiempo eran monumentos exquisitos de hipocresía, acabadas muestras de sutileza doctrinal y bizantinismo solo accesible para los elegidos. A quienes demostraban combinar mejor el arte de los equilibrios internos y la falta de escrúpulos les estaban reservados los mejores púlpitos. Bastante de esto ocurre hoy en IU, y también en otras capillas del mundo alternativo. En tiempos del vilipendiado Julio Anguita al que, en una demostración más de que el estalinismo anida en los corazones más renovadores y tiernos que uno pueda imaginarse, eliminaron incluso del video de la historia de IU, al menos existía un afán por la coherencia. Julio Anguita y la IU de esos años, incluso cuando enunciaba un discurso moderadísimo como la defensa de los contenidos sociales de la constitución o la exigencia de pleno empleo, era creíble. Un rojo, dispuesto a hacer transacciones, aplazamientos, alianzas, pero un rojo. Dispuestos a negociar los ritmos, pero no los principios. En IU se ha producido una mutación, un cambio de naturaleza, una pérdida de identidad. Y reconozco que tengo muchas dudas (y ojalá me equivocase) sobre la reversibilidad de ese proceso "transgénico". Porque no ha sido un episodio sino un proceso al que además hemos contribuido, por acción o por omisión, muchos de nosotros. Hoy podría decirse, y nadie se ofenda, que a IU no la conoce "ni la madre que la parió". IU es una fuerza crecientemente subalterna del PSOE y de su entramado mediático y sindical, agarrotada por los intereses (institucionales, pero no solo institucionales) de sus aparatos, y afincada en el discurso políticamente correcto. De la IU soberana, intento de movimiento político-social y rebelde, quedan poco más que los ecos. Una fuerza política que ha perdido la capacidad de indignarse contra la injusticia, la desconfianza contra el poder, la voluntad de autonomía: * Que contempla con pasividad cómplice la excarcelación del general Galindo, condenado por torturas y terrorismo de estado. * Que no se atreve siquiera a pedir la comparecencia en la comisión del 11-M de los confidentes habituales de la policía que tenían montado el "supermercado" de explosivos y armas con los que se produjo el atentado. 25 años después del atentado de Piazza Fontana en 1969 en Italia se conoció la implicación de la red Gladio. Ahora terrorismo y guerra se hermanan en la política estratégica del choque de civilizaciones. La connivencia con las alcantarillas, donde estado y terrorismo se dan la mano y se confunden, se entiende en partidos de orden (del orden establecido), pero ¿lo es también IU? * Que no es capaz de oponerse alto y claro a la participación del ejército español en Afganistán y Haití, guerras de la misma lógica del Imperio. Una fuerza que, a pesar de que una de sus señas de identidad y de independencia fuera la oposición al Tratado de Maastricht, no se atreve a pronunciarse sobre la Constitución europea claramente neoliberal y militarista. Y que para pronunciarse, con más miedo que vergüenza, necesita previamente ser derrotada en las urnas en y que se abra un conflicto interno por las listas de las elecciones europeas. En fin, estos son sólo algunas muestras recientes, cogidas al paso, de un discurso cada vez más subordinado al partido que gobierna. El último, que nos habla de la interiorización profunda del papel complementario, de bisagra con respecto al PSOE, es la ausencia de irritación siquiera por una reforma electoral que va a reforzar descaradamente el bipartidismo, con la excusa populista de la elección "directa" de los alcaldes. Por eso hay que reconocerle al equipo de dirección de IU una enorme coherencia en la selección de algunas de sus referencias. La asistencia de Carrillo a la última asamblea federal de IU y el ensalzamiento de Iniciativa per Catalunya como modelo a seguir, son muy representativas de la línea que se va imponiendo. El carrillismo, el eurocomunismo era una variante de socialdemocracia caracterizada por la "ascensión" a los altares del tacticismo y la primacía de lo institucional. Tradición y verbalismo comunista, pero práctica decididamente reformista. Iniciativa per Catalunya es el correlato en nuestro país de la involución del Partido Comunista Italiano hacia el capitalismo. Y representa magistralmente un modelo de partido funcional para las élites dirigentes que huían del "colapso del comunismo", pertrechándose por el camino de todos los retales de la posmodernidad. Iniciativa ha acabado siendo un modelo de partido posmoderno de políticos. No un partido político, que era otra cosa, sino un partido de políticos, una agencia de representación que corre con la parte del mercado electoral que se sitúa más a la izquierda del PSOE. Toda una vida de vanguardia: antes de vanguardia del proletariado, y ahora de vanguardia de las identidades múltiples y fragmentarias de la posmodernidad. "En España los novedosos apedrean a los originales" dijo Mairena/Machado. La IU punta de lanza de la experimentación política en toda Europa a finales de los 80 y principios de los 90, la fuerza de la convivencia rojiverdevioleta, el movimiento que respondía a la crisis de los partidos, está siendo demoradamente deglutida. 2. A Matrix le crecen los rebeldes Hubo un tiempo en el que los que querían cambiar el mundo utilizaban como termómetro la lucha de clases. "La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases" que dijera con precisión y dotes de publicista adelantado Marx. Hoy hay mucha lucha de clases, pero de las cabezas dirigentes de la izquierda oficial ha desaparecido y en su lugar solo hay votos y titulares de periódico. "En 1900 los trabajadores asalariados sumaban alrededor de 50 millones de una población global de 1000 millones, hoy en día son alrededor de 2000 sobre 6000 millones", nos recuerda Daniel Bensaid, para ilustrar la proletarización creciente del mundo. Aunque ello no implique automáticamente más lucha de clases, ni la lucha de clases sea tampoco lucha salarial ni sindical, sino algo más complejo. Más proletariado que nunca, pero cada día más huecas y miedosas las cabezas de los celosos usufructuarios de la herencia del marxismo. La globalización ha terminado su década prodigiosa. La "globalización feliz", como le gusta llamarla a Ramón Fernández Durán ha encallado. El paraíso que alcanzaríamos gracias la aceleración del desarrollo combinado de la biotecnología, la informática y las telecomunicaciones se ha teñido de sangre. Esta guerra, como continuación de la globalización por otros medios, fracasa. Tiempo de canallas y tiempo de rebeldías. El golpe de estado americano ha fracasado. 135.000 soldados invadiendo Irak no han sido suficientes. Las multitudes en la calle el 15 de febrero del 2003 han deslegitimado la guerra y la resistencia iraquí consuma la derrota americana. A veces no basta con una cierta dosis de ternura, y hay que añadirle una cierta dosis de plomo, dice el subcomandante Marcos. Pero nadie se engañe. El bloque del poder, temporalmente dividido, busca recomponer su unidad. Sus ideólogos rastrean las revueltas, especulan y experimentan con la absorción/recuperación de las rebeldías. Ha fracasado el golpe de estado americano, pero no Matrix y su lógica. La Gran Máquina del Capital Global busca a marchas forzadas la salida de su crisis política. Tres ejemplos de ello, las reformas laborales en Alemania, el Forum de Barcelona y los centros de internamiento para inmigrantes. Schroeder y la patronal en Alemania inician una ofensiva de calado estratégico. Un ataque articulado capaz de apresar las contradicciones de la clase trabajadora e intervenir en ellas. En nombre del empleo y del mantenimiento del Estado del Bienestar (la misma retórica abyecta en todos sitios) se simultanean dos agresiones brutales. Por un lado incremento de la jornada laboral y menos salario para los trabajadores que se incorporen, a cambio de que las grandes empresas como la Siemens no se vayan de Alemania. Y justamente en los sectores como el metal, pioneros en la consecución de la jornada de 35 horas. Si no quieres sopa dos tazas. Por otro lado una brutal reducción de las prestaciones de desempleo y las ayudas sociales, el conocido como plan Hartz 4. Los sindicatos pactan los recortes en las grandes empresas. Por el contrario los parados y precarios salen a la calle todos los lunes contra el plan de recortes sociales. El capital desmigaja aún más la subjetividad obrera. Para unos, los restos del navío fordista, clase trabajadora industrial con antigüedad y derechos, un trocito cada vez más pequeño de cielo. Para los otros, la "morralla" precaria, pura intemperie. Los primeros agachan la cabeza, los segundos gritan su desesperación. Renuncia y resistencia, dramática descomposición del sentido de clase. Pero no se olvide que Schroeder es "de los buenos", de los que estiman la ONU y el derecho internacional, de los que se han opuesto a la guerra de los Estados Unidos…. Mientras el movimiento obrero y la "izquierda" no recuperen la capacidad de pensar antagonista, la autonomía de clase, serán solo serviles acompañantes de una fracción de la burguesía. La tormenta de la guerra se fabrica en la nube del capitalismo. Y a mi al menos no me consuela nada que la guerra sea "legal y justa", amparada por la ONU, argumentario que se han hartado de repetir como loros insensatos, dirigentes de la "izquierda". Solana y otros leales funcionarios de Matrix ya preparan el gran reencuentro, especialistas como son en guerras almidonadas y "humanitarias" como las de Yugoslavia o Afganistán. Segundo laboratorio: el Forum de Barcelona. Políticos socialdemócratas y empresas multinacionales ensayan la apropiación de las rebeldías. Justamente allí donde el movimiento antiglobalización ha manifestado más fuerza y más creatividad. Más allá de la especulación urbanística, lo que revela el Forum es la enorme consciencia por parte de las clases dominantes de las potencialidades de antagonismo real que se han desarrollado en los últimos años. Tras la cháchara de los organizadores (desarrollo sostenible, comercio justo, interculturalidad,…) no sólo hay un intento de apropiarse y "disecar" los conceptos que han puesto en pie los movimientos, empezando por la propia noción de foro social. Forma parte de un intento de cooptación, de recuperación de las energías de lucha que han liberado los movimientos. Porque los movimientos, "el pueblo de Seattle" existe. Es algo más que una moda, más que un eco de la sociedad del espectáculo. "Donde reina el espectáculo, las únicas fuerzas que pueden organizarse son las del espectáculo. A una guerra televisada corresponde una protesta televisable" dice Miguel Amorós. Comparto muchos de los recelos de quienes desconfían de las movilizaciones que se inscriben en la lógica y los tiempos del espectáculo, pero la protesta no es ilusoria y el movimiento existe más allá de lo mediático y de los aparatos políticos y sindicales. Es más, son precisamente esos instrumentos los que pretenden capturar las fugas, la resistencia anticapitalista que a pesar de todo existe y se escapa. Hay, con todas las contradicciones que se quiera, una intuición anticapitalista en las luchas de los últimos años, algo inapropiable e irreductible que perturba a los estados mayores y menores del capital….. Tercer laboratorio: los campos de internamiento de inmigrantes. La Unión Europea propone crear en los países del Norte de Europa campos "de acogida" para los inmigrantes "ilegales" que pretenden llegar al mundo de la abundancia. No se trata de una medida más de control migratorio, ámbito de intervención preferente de la Unión Europea que, como "mercado común" también de mano de obra, adopta decisiones reguladoras de los flujos laborales. Es mucho más que eso, significa el flirteo con la idea del campo. Giorgio Agamben alertó hace años sobre la lógica jurídico-política que compartían los centros de internamiento de inmigrantes con los campos de concentración. "El campo es el espacio que se abre cuando el estado de excepción empieza a convertirse en regla. En él, el estado de excepción, que era esencialmente una suspensión temporal del orden jurídico, adquiere un sustrato espacial permanente. La ley es suspendida de forma integral, todo es verdaderamente posible en ellos". La negación de ciudadanía implícita en la consideración de ilegales, pasa a convertirse en explícita. Nuda vida, simples cuerpos en el limbo de los sin derechos. Volvamos al inicio. Los poderes indagan salidas a la crisis política e intentan reconstruir su unidad. No excluyen ninguna posibilidad, ninguna vía, ningún atajo. "Blair y yo contra las fuerzas del conservadurismo" proclama Haider, el líder de la extrema derecha austriaca, con una ironía que revela al mismo tiempo el tronco común de los experimentos neoliberales. Pero, a pesar de todo, Matrix vive en el desasosiego. Hoy rinde a los de Izar en Corea, y a los de Atento en Marruecos, pero y mañana cuando la tasa de ganancia se estanque allí ¿donde irá?. ¿Cuáles son los límites de la deslocalización, de lo que Wallerstein llama desruralización?. ¿Cuánto tiempo soportarán las víctimas de un lado y otro del planeta ser piececitas prescindibles, material sobrante, simple grasa de la Máquina? Cuando todo parece atado y bien atado, vuelve a asomar el cabo suelto, el cabo disolvente, la testarudez del ser humano que se niega a ser reducido a mercancía. En la selva del libre mercado aparecen destellos inesperados de comunidad, de inteligencia colectiva autoorganizada, de comunismo intuitivo. Véase lo que ocurre por ejemplo con los programas de ordenador P2P, utilizados por los jóvenes para compartir gratuitamente la música, las películas, el ocio, la cultura. El capital se muestra más parasitario que nunca, puro excedente de explotación que necesita de represiones y capataces para apropiarse de la riqueza social. Ahora, sin ir más lejos toda la legislación que se anuncia en España para suprimir estas prácticas de préstamo gratuito, a mayor gloria de sanguijuelas como la SGAE. A lo mejor va a tener razón el exaltado Negri cuando afirma, para escándalo de las mentes mortecinas, que el comunismo está maduro… "El sujeto revolucionario ha muerto" sentenciaron los que mandan, y junto a él la historia, el marxismo, los grandes relatos, y todo lo que oliese a esperanza, a emancipación. Pero la partida sigue, bien lo saben, y sus tres vértices son la guerra, el trabajo y la democracia. La guerra global es la política estratégica del poder para los próximos años y el "choque de civilizaciones" su ideología legitimadora. La guerra "infinita", la guerra duradera que se nos anuncia corresponde a esta transición en la que Polifemo no sabe qué hacer con su rabia. El enemigo, nadie se confunda, somos nosotros, ese gigantesco y difuso movimiento del Otro Mundo Posible, que amenaza con colapsar la Máquina. El moro, el inmigrante, no son más que las nuevas figuras preliminares y anticipatorias del enemigo interno. Santiago López Petit utiliza las categorías de fascismo posmoderno y Estado-Guerra para aproximarse a la criatura que se está incubando en las pesadillas de los poderosos. El fascismo, como máquina de producción de indiferencia moral, late cada día más fuerte. Modernidad tecnológica e involución social se funden. En la película de Michel Moore, Fahrenheit 9/11, un soldado americano relata cómo la guerra para él es algo entretenido y natural: mientras aprieta los botones mortíferos de su carro de combate escucha a su grupo musical favorito. La globalización traducida a la vida cotidiana de la gente se llama precariedad. "La fase actual del capitalismo necesita la precariedad como una condición estructural" afirma la CGT. Pero la precariedad, como analiza con rigor este sindicato, va mucho más allá de las relaciones laborales. La precariedad se convierte, de la mano de la deslocalización y del dominio del capital, en sustancia constituyente del trabajo asalariado y de nuestras vidas. Miedo a perder el trabajo, miedo a no encontrarlo, miedo global. "Vivo en un mundo de gente encorvada pero nadie lo nota porque todas viven de erguirse sobre alguien" El poeta Antonio Orihuela sintetiza con amargura el dominó de precariedades de nuestro tiempo. La clase obrera va al paraíso, decía el título de la película. A veces, solo a veces, habría que añadirle. El funcionario, sometido al moobing o a la creciente presión en la empresa precariza a la empleada de hogar inmigrante legal o ilegal. El trabajador que después de toda una vida de hipotecas consigue la propiedad de una vivienda que quiere vender a alto precio engrasa la maquinaria del capital inmobiliario/financiero que convierte la vivienda en un yugo para los jóvenes…. ¿Dónde consigue este régimen de poder su hegemonía?. La respuesta seguramente tiene mucho que ver con la capacidad del poder para intervenir en la oposición entre los intereses del individuo como productor y los del individuo en tanto que consumidor/propietario. El neoliberalismo se ha "naturalizado" en la conciencia de la población. 9 millones de personas participan en España en el mercado de la bolsa; los fondos privados de pensiones o el accionariado asalariado, se extienden… Sin abordar estas contradicciones la izquierda y el movimiento obrero no saldrán de la retórica. En el último año se ha producido, en un silencio casi clandestino, un expediente de regulación de empleo de 15.000 trabajadores nada menos en Telefónica, contando con el aval cómplice de los sindicatos mayoritarios (luego se entera uno de que ha aumentado la participación de los mismos en los fondos privados de pensiones de la empresa). Y esto ocurre en el sector de telecomunicaciones, que es precisamente el que está en mayor expansión. Es evidente que esos 15.000 puestos de trabajo van a ser ocupados por otros trabajadores, obviamente en subcontratas, y cobrando menos de la mitad de quienes hasta ahora los ocupaban. ¿Se puede llamar a esto, sin ofender al lenguaje, sindicato de clase?. ¿Se puede llamar a estas prácticas corruptas siquiera sindicalismo?. Y por último la ausencia de democracia . La última novela de Saramago "Ensayo sobre la lucidez", que ha pasado casi desapercibida para una izquierda decididamente autista, plantea un debate crucial y actualísimo: ¿existe realmente democracia en los llamados países democráticos? ¿es la naturaleza del poder existente, democrática? ¿cómo funcionan los resortes del terrorismo de estado?. "Le llaman democracia y no lo es" gritaban los jóvenes en la calle en la primavera del año pasado. No hay democracia que merezca tal nombre, y sin embargo la "izquierda" sigue dando vueltas a la noria, aceptando como una maldición bíblica la farsa. El poder real ha huido, en gran medida, de las instituciones. Tienmeyer lo dijo clarito "Los ciudadanos votan una vez cada cuatro años, los mercados financieros votan todos los días", pero sin embargo la izquierda sigue, encerrada con su solo juguete, como aquel amante despechado y ridículo que cantara George Brassens: "y yo aquí, con mi flor, como un jilipollas". La democracia censitaria es un hecho (2 millones de inmigrantes que viven en España no pueden participar en las elecciones), las leyes electorales violan el principio de un hombre/una mujer, un voto; la desigualdad de origen entre los contendientes es evidente (financiación, presencia en medios de comunicación…). A lo que existe no se le puede llamar siquiera democracia representativa, pero sin embargo la "izquierda" sigue cultivando la ficción de la igualdad de oportunidades. Las cartas están marcadas. Y para aquellos que no aceptamos la estafa, solo es lícito participar en el juego en determinadas condiciones, desde la más escrupulosa y desconfiada distancia. Participar en el juego pero solo desde la continua denuncia del mal de origen, la ausencia de democracia. Participar en el juego solo en la medida que sea complementario y útil a la tarea principal, la construcción desde la base de una democracia participativa, expresiva, no representativa. Aspiramos no a que las víctimas sean representadas, sino a que se expresen. 3. Resistir es crear Se me dirá que baje a la arena de lo concreto, que haga propuestas, que me moje. No tengo respuestas, solo interrogantes y alguna certeza. Y además no me corresponde a mi esa tarea, sino a aquellos que serán o aspiran a ser delegados en la próxima Asamblea de IU. En cualquier caso, vaya además por delante mi acuerdo en lo fundamental con las propuestas que se hacen en el documento que suscriben los compañeros Víctor Casco, Susana López, Manuel Monereo, Pedro Montes y Jaime Pastor. He aquí mis interrogantes y mis certezas. Mi única certeza: hay que cambiar de rumbo, no solo de timonel. O mejor aún, que en la embarcación no haya timonel, sino dirección colectiva. Cambiar de rumbo y de flotilla, de compañía. La herejía es de los simples, de los comunes, de los leprosos, de los precarios, o sencillamente no es herejía. "Los propios gobiernos son esclavos de la Bolsa y del mercado. Cuando votamos sabemos que estamos reemplazando a un esclavo del capital por otro esclavo del capital. ¿Es posible no seguir siendo esclavos del capital y del mercado? Esta es una definición posible de la política, la posibilidad de no ser esclavos". Alain Badiou nos anima, al igual que Saramago, a andar un camino arriesgado pero inevitable. Si la política se ha convertido en pura gestión de lo existente, si democracia representativa y mercado son principios inamovibles fuera de la discusión, qué significan hoy transformación, revolución o democracia. Estamos seguramente al inicio de un largo proceso de bifurcación. Las únicas esperanzas de lucha anticapitalista nacen y se desarrollan fuera de lo institucional, cuando no contra lo institucional. El zapatismo, el movimiento de los sin tierra (MST), los piqueteros, el movimiento antiglobalización cuestionan los límites de la política institucional. Hoy es una quimera reaccionaria pensar que el cambio social puede venir con una forma de entender y practicar la política que pivota sobre lo institucional, o dicho con más propiedad, sobre la noción dominante de política. Es metafísicamente imposible hacer política transformadora en el círculo elecciones- instituciones- partido- medios de comunicación. Manuel Sacristán denunció con lucidez y amargura aquello que se llamó eurocomunismo. "El eurocomunismo como estrategia socialista es la insulsa utopía de una clase dominante dispuesta a abdicar graciosamente y una clase ascendente capaz de cambiar las relaciones de producción (empezando por las de propiedad) sin ejercer coacción. Para creerse semejante utopía (si es que alguien se la cree) es necesario haber perdido la idea de lo que pueda ser un cambio, conscientemente querido de modo de producción y de lo que es una clase amenazada de expropiación por la clase a la que ella domina y explota actualmente". Tengo que confesar que, en mi opinión y muy a mi pesar, el eurocomunismo, aún cuando se exprese con otros nombres (ecosocialismo, izquierda plural…) es en este momento una concepción mayoritaria en IU. "Lo peor es creer que se tiene razón por haberla tenido Lo peor es no ver que la nostalgia es señal del engaño o que este otoño la misma sangre que tuvimos canta más cierta en otros labios." José Ángel Valente Y sin embargo el volcán sofocado se desata a veces. En la primavera del 2003 un temblor de desobediencia se apoderó de las calles y de los balcones; el 13 de marzo se produjo una hermosa rebelión frente a las sedes del PP, en pleno día de reflexión. Un escrache, " un momento de producción de verdad y justicia desde abajo que no precisa de mediaciones para ser validada" como señalan Pablo Carmona y Amador Fernández Savater entre otros, en un artículo colectivo. Pero la izquierda triste no quiere saber nada de "alborotos" y ni siquiera le dedica un simple comentario ni reflexión a estos hechos en sus documentos. Otra democracia y otra política se están creando incipientemente en los márgenes, ajenas a la delegación y a la representación. Como en su día fueron los estados generales en Francia, y andando el tiempo los soviets, o los consejos obreros. Una nueva generación de cambio histórico, efectivamente, está surgiendo. El poder sí estudia lo que ocurrió el 13 de marzo, o el 15 de febrero. El poder sí estudia las rebeldías y se pone manos a la obra a recuperarlas, a espectacularizarlas, a comercializarlas, a capitalizarlas, a acartonarlas. La lucha de las gentes demuestra un inaudito sentido de la oportunidad, "una familiaridad con lo contingente", pero el poder también se espabila, reconduce, ahorma. En los Foros, desembarcan la socialdemocracia y los partidarios del capitalismo con rostro humano… Refundar la política desde donde únicamente puede hacerse, desde abajo. Y marcando las distancias con el poder. Máxime cuando se demostró que fue el poder el que nos tomó a nosotros… Crear nuestro propio tiempo y espacio, al margen de los poderes. Crear y fortalecer medios de comunicación propios, editoriales, formas de crédito, cooperativas de consumo…es cien veces más revolucionario que la mejor de las iniciativas parlamentarias. Unir en torno a un programa. Que es lo serio, frente al cambalache, a los personalismos y oportunismos. Y un programa valiente, que se atreva a poner el dedo en las contradicciones estratégicas: república, renta básica fuerte, papeles y derechos de ciudadanía para todos… Volvamos a Alain Badiou: "Hay que reemplazar la política impaciente de los partidos por la política paciente de los movimientos". ¡Los movimientos, malditos, los movimientos!. Ahí está constituyéndose el sujeto del cambio, en las infinitas formas que adopta la precariedad, en el dolor de la inmigración, en la capacidad creativa de la juventud, en las madrigueras de la globalización. Y eso significa movimiento antiglobalización, sindicalismo de lucha, redes de economía alternativa, colectivos culturales, ecologistas…. No se trata de idealizar los movimientos. En su seno, no podía ser de otro modo, se reproducen las mismas tendencias dominantes que existen en la sociedad e incluso en ellos se produce también a veces el repliegue, el miedo a mezclarse y a la experimentación. Las luchas de poder, los enroques "identitarios", los metalenguajes también se dan aquí aunque, obviamente, no en la misma medida. Pero aquí al menos se pelea. Tiempo de bifurcación. Resistencia o renuncia, construcción de alternativa o embellecimiento de lo existente, lucha o acomodación. No se puede estar eternamente abrazado a una política muerta. "Como dice el pueblo: a la hora del cambio de luna la luna joven sostiene en brazos a la vieja durante toda una noche. El titubeo de los miedosos denuncia la nueva época. Siempre colocad el todavía y el ya. Las luchas de clases, las luchas entre lo viejo y lo nuevo se entablan también en el interior de cada uno". Búsqueda de lo viejo y lo nuevo. Bertold Brecht * Manuel Cañada, militante del PCE y de la CGT.

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Contra el Fatalismo Económico

Pierre Bourdieu

Texto del discurso pronunciado por Pierre Bourdieu el 22 de noviembre de 1997, en el acto de recepción del Premio Ernst Bloch, concedido por el Instituto Ernst Bloch, en la ciudad alemana de Ludwigshafen. Mis más cálidos agradecimientos para la ciudad de Ludwigshafen, su alcalde el Señor Wolfgang Schulte y al Instituto Ernst Bloch, por el honor que se me ha concedido y asocia mi nombre con el de uno de los filósofos a quien más admiro. Mis agradecimientos también para el señor Ulrich Beck por el generoso discurso que acaba de pronunciar. Me hace pensar en que en el futuro próximo podremos asistir al nacimiento de la utopía de un colectivo intelectual europeo, cosa que he apoyado durante mucho tiempo. Mi única crítica a esta eulogia es su excesiva generosidad, especialmente por la forma en que atribuyó a mi persona una cantidad de propiedades y cualidades que sólo son producto de condiciones sociales. No puedo dejar de pensar, cuando se me honra de semejante manera y se me eleva al nivel de gran defensor de la idea utópica -en estos días tan desacreditada, desechada y ridiculizada, en nombre del realismo económico-, que estoy siendo autorizado o más precisamente urgido a intentar definir cual tiene que ser y debe ser el papel del intelectual, en relación a la utopía en general y la utopía europea en particular. Revolución conservadora Debemos reconocer que estamos actualmente en un período de restauración neoconservadora. Pero esta revolución conservadora asume una forma sin precedentes: no hay, como en tiempos anteriores, ningún intento de invocar un pasado idealizado mediante la exaltación de la tierra, la sangre, y los temas de las antiguas mitologías rurales. Es un nuevo tipo de revolución conservadora que, para justificar su restauración reclama una relación con el progreso, la razón y la ciencia -la economía, en verdad-, y a partir de esto intenta relegar el pensamiento y la acción progresiva a un estatus arcaico. Se erige como patrón de normas para todas las prácticas, y por tanto como norma ideal, el orden del mundo económico librado a su propia lógica: la ley del mercado, la ley del más fuerte. Ratifica y jerarquiza la norma de los llamados mercados financieros, el retorno a un tipo de capitalismo radical que no responde a ninguna ley más que a la máxima ganancia; un capitalismo sin tapujos, desenfrenado, que ha sido llevado hasta el límite de su eficiencia económica por medio de las formas modernas de conducción management y las técnicas manipuladoras como la investigación de mercado y las propagandas de venta y comercialización.

El aspecto engañoso de esta revolución conservadora es que, atrapada por todos los signos de la modernidad, aparentemente no conserva nada de la oscura pastoral de la Selva Negra, tan amada por los revolucionarios de los años 30. Después de todo, viene de Chicago ¿no es así? Galileo dijo que el mundo natural está escrito en lenguaje matemático. Actualmente, tratan de inventar que el mundo social está escrito en lenguaje económico. Mediante el arma de las matemáticas -y también del poder de los medios- el neoliberalismo se ha transformado en la forma suprema de contraataque conservador, apareciendo durante los últimos treinta años bajo la denominación de "el fin de la ideología" o, mas recientemente, "el fin de la historia". Fatalismo economicista Lo que se nos presenta como un horizonte imposible de superar por el pensamiento -el fin de las utopías criticas- no es nada más que un fatalismo economicista, que puede criticarse en los términos empleados por Ernst Bloch en El espíritu de la utopía (1) dirigiéndose al economicismo y fatalismo que pueden encontrarse en el marxismo. La fechitización de las fuerzas productivas y el fatalismo resultante, se encuentra hoy paradójicamente en los profetas del neoliberalismo y en los sacerdotes del Deutschmark y la estabilidad monetaria. El neoliberalismo es una poderosa teoría económica cuya estricta fuerza simbólica, combinada con el efecto de la teoría, redobla la fuerza de las realidades económicas que supuestamente expresa. Sostiene la filosofía espontanea de los administradores de las grandes multinacionales y de los agentes de la gran finanza, en especial los agentes de Fondos de pensión. Seguida en todo el mundo por políticos nacionales e internacionales, funcionarios oficiales y especialmente por el mundillo de los periodistas tradicionales -todos mas o menos igualmente ignorantes de la teología matemática subyacente- se esta transformando en una creencia universal, en un nuevo evangelio ecuménico. Este evangelio, o más bien la vulgarización gradual que se ha hecho a nombre del liberalismo en todos los lugares, está confeccionada con una colección de palabras mal definidas -"globalización", "flexibilidad", "desrregulación" y otras- que, a través de sus connotaciones liberales e incluso libertarias pueden ayudar a dar la apariencia de un mensaje de libertad y liberación a una ideología que se piensa a si misma como opuesta a toda ideología. De hecho, esta filosofía tiene y reconoce como su único objetivo la permanente creación de riqueza y, más secretamente, su concentración en manos de una minoría privilegiada, y por lo tanto conduce un combate por cualquier medio, incluso la destrucción del medio ambiente y el sacrificio humano, contra cualquier obstáculo a la maximización de las ganancias. Seguidores del laisser-faire, como Thatcher, Reagan y sus sucesores ponen cuidado en la práctica no del laisser-faire sino, al contrario, en dar mano libre a la lógica de los mercados financieros para llevar adelante una guerra total contra los sindicatos, contra las adquisiciones sociales de los últimos siglos, en una palabra, contra todas las formas de civilización asociadas con el estado social. Juzgar por los resultados La política neoliberal puede ser ahora juzgada por sus resultados, que son claros para todos, a pesar de los esfuerzos para probar por medio de trucos estadísticos y trampas groseras que Estados Unidos y Gran Bretaña han alcanzado el pleno empleo. Hay desempleo masivo. Los trabajos que hay son precarios, la permanente inseguridad resultante afecta una creciente proporción de la población, aun en las clases medias. Hay una profunda desmoralización ligada al colapso de la solidaridad elemental, especialmente en la familia y todas las consecuencias de este estado de anomia: delincuencia juvenil, crimen, drogas, alcoholismo, la reaparición en Francia y en otros lugares de movimientos políticos de corte fascista. Y hay una destrucción gradual de las adquisiciones sociales y cualquier defensa de estas es denunciada como conservadurismo pasado de moda. A esto podemos sumar ahora la destrucción de las bases económicas y sociales de las más notables conquistas culturales de la humanidad. La autonomía de la cual gozaban los universos de la producción cultural en relación al mercado, que había crecido continuamente por medio de las luchas de los escritores, artistas y científicos, está cada vez más amenazada. La dominación del "comercio" y de "lo comercial" sobre la literatura aumenta día a día, especialmente por medio de la concentración de la industria de publicidad que está cada vez más sujeta a las restricciones de la ganancia inmediata. Acerca del cine, podemos preguntarnos qué quedará del cine artístico experimental europeo en diez años, a no ser que se haga todo lo posible para proporcionar a los productores de vanguardia los medios de producción y más importante aún, de distribución. Todo esto, sin mencionar los servicios sociales, condenados o a las órdenes directamente interesadas de las burocracias estatales o empresariales o a ser estrangulados económicamente. Se me preguntará ¿cual fue el papel de los intelectuales en todo esto ? No intentaré hacer un listado -sería muy largo y muy cruel- de todas las formas omisión o, peor aun, de colaboración.

No necesito mencionar los argumentos de los así llamados filósofos modernistas y posmodernistas que, no satisfechos con enterrarse a sí mismos en juegos escolásticos, se reducen a la defensa verbal de la razón y el diálogo racional, o peor aun, sugieren una versión supuestamente posmoderna pero realmente radical-chic de la ideología del fin de las ideologías, con toda su condena de las grandes narrativas y una denuncia nihilista de la ciencia. Utopismo razonado ¿Cómo podremos evitar desmoralizarnos en este entorno más o menos desalentador? ¿Cómo devolveremos la vida y la fortaleza social al "utopismo razonado" del que habla Ernst Bloch refiriéndose a Francis Bacon? (2). Para empezar ¿cómo debemos entender el significado de esta frase? Otorgándole un riguroso significado a la oposición descrita por Marx entre "sociologismo" (la pura y simple sumisión a las leyes sociales) y "utopismo" ( el desafío audaz de estas leyes), Ernst Bloch describe al "utópico razonable" como quien actúa en virtud de "el pleno conocimiento conciente del curso objetivo", la posibilidad objetiva y real de su "época"; a quien, en otras palabras, "anticipa psicológicamente una posible realidad". El utopismo racional se define como opuesto tanto al "pensamiento ilusorio que siempre ha traído descrédito a la utopía" como a "las trivialidades filisteas preocupadas esencialmente por los hechos". Se opone al "derrotismo ultimatista" -la herejía de un automatismo objetivista, según el que las contradicciones objetivas del mundo serían suficientes en sí mismas para revolucionar el mundo en el cual se dan- y, al mismo tiempo, al "activismo por sí mismo" , puro voluntarismo basado en un exceso de optimismo.(3) Así que contra este "fatalismo de banquero" que pretende hacernos creer que el mundo no puede ser diferente a lo que es -en otras palabras, totalmente sometido a los intereses y deseos de ellos-, los intelectuales y todos aquellos preocupados por el bienestar de la humanidad tendrán que restablecer un pensamiento utópico con respaldo científico, tanto en sus metas, que deben ser compatibles con las tendencias objetivas, como en sus medios, que también deben ser científicamente examinados. Necesitan trabajar colectivamente en estudios que puedan impulsar proyectos y acciones adecuados a los procesos objetivos que se intenta transformar. El utopismo razonado, como lo he definido, es indiscutiblemente lo más ausente en la Europa actual. La forma de resistir a esta Europa -la que el pensamiento de los banqueros intenta hacernos aceptar a toda costa- no es el rechazo a Europa en sí misma desde una posición nacionalista, como lo hacen algunos, sino levantar un rechazo progresivo a la Europa neoliberal definida por bancos y banqueros. Sirve a sus intereses suponer que cualquier rechazo a la Europa que quieren equivale a un rechazo a cualquier Europa. Pero rechazando a una Europa definida y dominada por los bancos, rechazamos el pensamiento de los banqueros y el proceso que -bajo la cobertura neoliberal- termina haciendo del dinero la medida de todas las cosas, incluido el valor de los hombres y mujeres en el mercado laboral y así en todos los terrenos, en todas las dimensiones de la existencia; un proceso que al establecer la ganancia como criterio único para evaluar la educación, la cultura, el arte, la literatura, nos condena a una prosaica civilización desabrida de "fast food", novelas de aeropuertos y guisos televisivos. Resistencia europea La resistencia a la Europa de los banqueros y la previsible restauración conservadora, sólo puede ser europea. Y solamente puede ser europea en el sentido de liberarse de intereses, presunciones, prejuicios y hábitos de pensamiento que son nacionales y aun vagamente nacionalistas, siendo realmente una acción de todos los europeos, en otras palabras, una combinación concertada de intelectuales de todos los países europeos, sindicatos de todos los países europeos, de las más diversas asociaciones de todos los países europeos. Es por esto que la tarea más urgente del momento no es elaborar programas europeos comunes, sino la creación de instituciones -parlamentos, federaciones internacionales, asociaciones europeas de esto y aquello: camioneros, editores, maestros y demás, pero también defensores de árboles, peces, hongos, aire puro, niños y todo lo demás- en el seno de los cuales pueden ser discutidos y elaborados determinados programas europeos. La gente podrá decir que todo esto ya existe, pero yo estoy plenamente seguro de lo contrario, no es preciso más que mirar la actual situación de la federación europea de sindicatos; la única corporación internacional europea que se está construyendo y que posee cierto nivel de efectividad es la de los tecnócratas, contra la cual no tengo nada que decir, en verdad sería el primero en defenderla contra las dudas generalmente estúpidas, nacionalistas o -peor aún- populistas que se ciernen sobre ella. Finalmente, para no dar una respuesta general y abstracta a la pregunta por la cual comencé -sobre el papel de los intelectuales en la construcción de la utopía europea- quisiera decir que contribución espero hacer personalmente a esta inmensa y urgente tarea. Convencido como estoy de que los mayores vacíos de la construcción europea pueden ubicarse en cuatro áreas principales -el estado social y sus funciones; la unificación de los sindicatos; la armonía y modernización de el sistema educativo; y la articulación entre la política económica y la política social- estoy trabajando actualmente, en colaboración con investigadores de diversos países europeos, sobre la concepción y construcción de las estructuras organizativas esenciales para llevar a cabo la investigación comparativa y complementaria necesaria para aportar al utopismo en estas cuestiones su carácter razonado, especialmente, por ejemplo, esclareciendo los obstáculos sociales hacia una europeización real de instituciones tales como estado, sistema educativo y sindicatos. Un proyecto especialmente querido por mí, se refiere a la articulación entre la política económica y lo que llamamos política social, más precisamente, los efectos sociales y los costos de la política económica. Incluye el intento de encontrar las causas primarias de las diversas formas de la miseria social que aflige a hombres y mujeres de las sociedades europeas, lo que casi siempre nos remite a decisiones económicas. Es una oportunidad para que el sociólogo, a quien corrientemente no se consulta excepto para remendar la vajilla que rompen los economistas, aproveche para recordarnos que la sociología puede y debe jugar un papel inicial en las decisiones políticas que son dejadas cada vez más en manos de los economistas o dictadas de acuerdo a consideraciones económicas muy limitadas. A través de una descripción detallada del sufrimiento causado por las políticas neoliberales -en el mismo sentido que en La Misere du monde (4)- y por medio de sistemáticas referencias cruzadas entre, por un lado, los índices económicos concernientes a la política social de las empresas (ajustes, métodos administrativos, salarios y demás) y, por otro lado, los índices de tipo más evidentemente social (accidentes industriales, enfermedades ocupacionales, alcoholismo, utilización de drogas, suicidio, delincuencia, crimen, violaciones, y demás). Me gustaría plantear la pregunta acerca de los costos sociales de la violencia económica y por lo tanto intentar diseñar las bases para una economía del bienestar que tenga en cuenta todas las cosas que, la gente que dirige la economía y los economistas, excluyen de los cálculos más o menos imaginarios en cuyo nombre pretenden gobernarnos. Por lo tanto, para concluir, sólo quiero formular la pregunta que debe estar en el centro de cualquier utopía razonada concerniente a Europa: cómo creamos una Europa realmente europea, una que esté libre de toda dependencia de cualquiera de los imperialismos -comenzando por el imperialismo que afecta la producción y la distribución cultural en particular, vía las restricciones comerciales. Liberada también de todos los residuos nacionales y nacionalistas que aun impiden que Europa acumule, aumente y distribuya todo lo que es más universal en la tradición de todas naciones que la componen. Para terminar con un lugar totalmente concreto del "utopismo" razonado, permítaseme sugerir que esta cuestión, para mí crucial, sea incluida en el programa del Centro Ernst Bloch y el de la organización internacional de "utópicos reflexivos" que en él podría constituirse. * Publicado en New Left Review Nº 227, enero-febrero 1998, Londres. * Traducido del inglés por Clara Inés Restrepo. * Pierre Bourdieu fué uno de los principales sociólogos y antropólogos contemporáneos, autor entre otros muchos de libros como El oficio del sociólogo (en colaboración con J.C Chamboredon y J:C Passeron), La distinción, El sentido práctico, La reproducción, Elementos para una teoría de la enseñanza, etc. Director de la revista Actes de la recherche en Sciences Sociales y de numerosos trabajos colectivos de investigación, como el publicado bajo el título La miseria del mundo, así como de incisivas denuncias contra las manipulaciones mediáticas, se destaca también por su militante solidaridad con las luchas de los trabajadores, ante la guerra en los Balcanes, por una clara postura de condena tanto a la agresión de la NATO como la "limpieza étnica" lanzada contra los kosovares por el régimen de Milosevic. Muró el 24 de enero del año 2002.

Algunas páginas vinculadas con su pensamiento:

Pierre Bourdieu, sociologue énervant

Pierre Bourdieu en la Wikipedia

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En la silla de Galileo Galilei

Leonardo Boff

09-09-2004 El día 7 de septiembre se cumplirán 20 años de que me senté en la pequeña en la que se sentó también Galileo Galilei y Giordano Bruno, en el Palacio del Santo Oficio (ex-Inquisición), en Roma, para defender opiniones de mi libro «Iglesia: carisma y poder». Ser convocado a comparecer ante la presencia de la más alta instancia doctrinal de la Iglesia no es un hecho corriente en la biografía de un teólogo. Remitiéndome al poeta chileno Pablo Neruda, es ciertamente memorable -y al mismo tiempo desgarrador- encarnar siquiera por un momento, la razón y el destino de todo un camino de pensamiento y de práctica eclesial con los pobres.

Subjetivamente es muy costoso sentir el peso de la institución milenaria de la Iglesia cayendo sobre tu cabeza. Más penoso todavía es sentir los límites de esta institución, pues percibe uno que, no raras veces, está más interesada por la seguridad que por la verdad, más por su propia imagen que por servir a la Causa de los humillados y condenados de la Tierra.

Pasados veinte años, hoy veo en aquel episodio algo providencial. El hecho fue publicitado y comentado en los principales medios de comunicación de todo el mundo. Por ahí, la opinión pública pudo entrar en contacto con otro tipo de Iglesia, despojada de poder, sencilla y profética, que hace cuerpo con los pobres y que, por eso, participa también de la maledicencia y de la persecución que ellos padecen. Pudo conocer también una teología que pone la vida en el centro, una teología que es elaborada con la mira puesta en la liberación histórico-social de los oprimidos, y no sólo en la edificación interna de la galaxia eclesial. La teología de la liberación se convirtió en tema de conversaciones en las calles, en los bares y en los círculos de intelectuales. La opinión pública captó la dimensión ética de la liberación, una liberación que concierne a las grandes mayorías dolientes de la humanidad. Entendió la argumentación básica: los cristianos, por el hecho de ser seguidores del Nazareno, torturado y muerto en la cruz, están obligados a ser agentes de liberación. Es posible una teología que nazca de este compromiso, fiel a la gran Tradición, articulada contra la injusticia social y a favor de cambios estructurales.

La imagen de Dios que de ahí surge es comprensible por todos: Dios está más interesado por la justicia que por el rito, más ligado al grito del oprimido que a las alabanzas de los piadosos. Son las prácticas y no las prédicas lo que cuenta. Finalmente, por más que las autoridades se consideren «Eminencias Reverendísimas», no dejan de tener las limitaciones de la condición humana. Bien lo dijo el teólogo francés Yves Congar que me defendió en «La Croix» (8 sept 1984): «El carisma del poder central del Vaticano es el de no tener nunca ninguna duda. Ahora bien, no tener ninguna duda es, a la vez, magnífico y terrible. Es magnífico porque el carisma del centro consiste precisamente en permanecer firme cuando todo vacila alrededor. Y es terrible porque en Roma están hombres que tienen límites de todo tipo, en su inteligencia, en su vocabulario, en sus referencias y en su ángulo de visión. Y cayeron contra Boff». Pero me niego a mirarlos con la óptica del Gran Inquisidor. A su manera, pretenden también ellos servir a la verdad. En definitiva, es a ella y no a ellos a quien compete la última palabra. A Roma fui y volví como teólogo católico. Ninguna doctrina fue condenada, sólo «opciones que ponen en peligro la fe cristiana». Pero las opciones pertenecen a la ética, no a la doctrina. Soy consciente de que en todo este asunto fui un mero servidor. Hice simplemente lo que debía hacer, como corresponde a un servidor.

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Ética y Moral

Leonardo Boff

¿Qué es ética y que es moral? ¿Son lo mismo o hay que hacer distinciones entre ellas? Hay mucha confusión acerca de esto. Tratemos de aclararlo. En el lenguaje corriente e incluso culto, ética y moral son sinónimos. Así decimos: "aquí hay un problema ético" o "un problema moral". Con eso emitimos un juicio de valor sobre alguna práctica personal o social, si buena, mala o dudosa. Pero profundizando la cuestión, percibimos que ética y moral no son sinónimos. La ética es parte de la filosofía. Considera concepciones de fondo, principios y valores que orientan a personas y sociedades. Una persona es ética cuando se orienta por principios y convicciones. Decimos entonces que tiene carácter y buena índole. La moral forma parte de la vida concreta. Trata de la práctica real de las personas que se expresan por costumbres, hábitos y valores aceptados. Una persona es moral cuando obra conforme a las costumbres y valores establecidos que, eventualmente, pueden ser cuestionados por la ética. Una persona puede ser moral (sigue las costumbres) pero no necesariamente ética (obedece a principios). Estas definiciones, aunque útiles, son abstractas porque no muestran el proceso, cómo surgen efectivamente la ética y la moral. Y aquí los griegos pueden ayudarnos. Ellos parten de una experiencia de base, siempre válida, la de la morada entendida existencialmente como el conjunto de las relaciones entre el medio físico y las personas. Y llaman a la morada, "ethos" (con e larga en griego). Para que la morada sea morada, hay que organizar el espacio físico (cuartos, sala, cocina) y el espacio humano (relaciones de los moradores entre sí y con sus vecinos) según criterios, valores y principios para que todo fluya y esté como se desea. Eso da carácter a la casa y a las personas. Los griegos también llaman a esto "ethos". Nosotros diríamos ética y carácter ético de las personas. Además, en la morada, los moradores tienen costumbres, maneras de organizar las comidas, los encuentros, modos de relacionarse, tensos y competitivos o armoniosos y cooperativos. A esto los griegos también lo llamaban "ethos" (con e corta). Nosotros diríamos moral y la postura moral de una persona. Sucede que esas costumbres (moral) forman el carácter (ética) de las personas. Winnicot, continuando a Freud, estudió la importancia de las relaciones familiares para establecer el carácter de las personas. Éstas serán éticas (tendrán principios y valores) si han tenido una buena moral (relaciones armoniosas e inclusivas) en casa. Los medievales no tenían las sutilezas de los griegos. Usaban la palabra moral (viene de mos/moris) tanto para las costumbres como para el carácter. Distinguían la moral teórica (filosofía moral), que estudia los principios y las actitudes que iluminan las prácticas, y la moral práctica, que analiza los actos a la luz de las actitudes y estudia la aplicación de los principios a la vida. ¿Cuáles son la ética y la moral vigentes hoy? Las del capitalismo. Su ética dice: bueno es lo que permite acumular más con menos inversión y en el menor tiempo posible. Su moral concreta reza: emplear la menor cantidad de gente posible, pagar menos salarios e impuestos y explotar mejor la naturaleza. Imaginemos cómo sería una casa y una sociedad (ethos) que tuviesen tales costumbres (moral/ethos) y produjesen caracteres (ethos/moral) igualmente conflictivos. ¿Sería todavía humana y benéfica para la vida? Aquí está la razón de la grave crisis actual.

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Fragilità, corpo, amore. Lessico pratico per il presente Sotto il cielo della politica. Effetto Sydney

Ida Dominijanni

Il Manifesto. 28 de setembro de 2004

«Italian Effect», un convegno a Sydney sull’influenza del pensiero radicale italiano nell’ultimo decennio. Dal laboratorio nostrano degli anni `70 al laboratorio globale di una politica contrapposta alla forma della guerra

C’è un effetto della globalizzazione che né i suoi fautori più entusiasti né i suoi critici più apocalittici riescono a mettere a fuoco, ed è quello che essa provoca sul pensiero. Come in altri campi, la tecnica qui dice molto ma non tutto: non si tratta solo di una maggiore facilità di comunicazione e diffusione di idee, fonti, testi. Si tratta di una diversa modalità di produzione del pensiero, quando esso si avvale di uno scambio di esperienze e di un contatto diretto con persone, contesti, luoghi, tempi, stagioni differenti. Quando questo avviene, e contrariamente a quanto spesso si crede, l’effetto non è né di piatta omologazione, né di tranquilla contaminazione: c’è invece un rischioso quanto fecondo spiazzamento, che cambia le prospettive, altera le dimensioni, porta in primo piano particolari trascurati, costringe a ruvidi confronti con alterità non considerate, libera associazioni mentali tenute sottotraccia. A Sydney, nel corso di un convegno internazionale dedicato all’«Effetto italiano» sul pensiero politico radicale, tutto questo è felicemente avvenuto, grazie anche all’accoglienza di una «global city» che dello scambio multiculturale e della traduzione linguistica, politica, artistica fa ogni giorno necessità e virtù. Si trattava, grazie all’interesse per la scena politica e intellettuale italiana di alcuni ricercatori di cinque università consorziate – Brett Neilson che ne scrive qui a fianco, Ilaria Vanni, Michael Goddard, Melinda Cooper, Timothy Rayner – di verificare l’ipotesi che in questo decennio si stia verificando uno spostamento dall’influenza prevalente del pensiero francese (Foucault, Deleuze, Derrida) sugli studi politici australiani e, più in generale, di area anglo-americana, a quella del pensiero italiano, e più precisamente di quello che gli organizzatori, sulla scorta del titolo di un libro di Michael Hardt e Paolo Virno, chiamano «pensiero radicale italiano»: l’operaismo degli anni 60 e 70 e il post-operaismo degli anni 90, la cybercultura, il pensiero della differenza sessuale. Il portato, insomma, del «laboratorio politico» italiano dal Sessantotto in avanti, ripensato sulla scia del successo mondiale di Impero di Toni Negri e Michael Hardt, del credito internazionale del lavoro di Giorgio Agamben (tanto più in Australia, dove il tema del campo concentrazionario è imposto dal trauma storico del rapporto con gli aborigeni e dal trauma politico del trattamento dei profughi), dell’esplosione delle potenzialità politiche della Rete e del mediattivismo (tanto più in un continente in cui più che altrove Internet ha significato un salto di qualità nella comunicazione e nell’aggregazione), dell’attenzione per il femminismo italiano (più viva che altrove grazie a una forte presenza nelle università di ricercatrici di lingua italiana). L’operazione, si capisce, era a rischio, e poteva risolversi nell’esegesi e nell’idealizzazione di un patrimonio politico e teorico, gratificante per noi che in Italia sentiamo ancora bollare gli anni Settanta come il decennio maledetto, i «radical thinkers» come cattivi maestri, il femminismo della differenza come una corrente esoterica e via dicendo, ma poco utile ai fini di uno scambio effettivo per il presente. L’effetto di spiazzamento invece ha funzionato, facendo del laboratorio italiano un punto di partenza per pensare le necessità della politica oggi, in una situazione globale che già rende superate le premesse da cui il «pensiero radicale italiano» degli anni `90 partiva; e in un contesto intellettuale vivo come quello allestito dai ricercatori e dagli studenti di Sydney, in cui malgrado le elezioni siano alle porte (si vota l’8 ottobre e lo scontro fra Howard e Lethan ricalca quello fra Bush e Kerry) ciò che conta di più è la politica post-rappresentativa, e dallo scenario di guerra non rimbalza tanto l’eco della bomba sull’ambasciata australiana a Giacarta quanto la catastrofe antropologica dispiegata quotidianamente dalle immagini di torture e decapitazioni. Cambio di decennio, appunto, cambio di scenario, e di conseguenza cambio di tonalità del pensiero politico antagonista. Sotto un cielo in cui l’Impero riscopre bandiere e politiche nazionaliste, il post-umano si rivela disumano, il cyborg si reincarna nei kamikaze, la soldatessa Lyndie England sevizia un prigioniero iracheno al guinzaglio, si può ancora puntare su Spinoza contro Hobbes, scommettere sul futuro di una moltitudine mai segnata dal negativo, tenere viva una politica del desiderio, fidarsi delle tecnologie della comunicazione e dell’agorà virtuale, mettere in valore la differenza sessuale? «Il panorama è cambiato», dice Franco Berardi alias Bifo (che del convegno sta a sua volta raccontando su Rekombinat.org), e tira le somme per quanto riguarda la Rete, il mediattivismo e le teorie del cognitariato: l’ottimismo tecnologico degli anni 90 sta scontando adesso un doppio limite, l’enfasi sulla comunicazione virtuale a spese del corpo e l’enfasi sull’infosfera a spese della psicosfera. Corporeità, sessualità, sensitività, contatto, emotività, elaborazione psichica inconscia dell’informazione cancellate in nome della potenza cognitiva e della velocità comunicativa. Senonché corpo, emotività, sessualità ci presentano adesso il conto: dal teatro della guerra e dal set mediatico di una politica dell’immaginario che dall’alto ci manipola senza che dal basso riusciamo a rispondere con pratiche altrettanto capaci di mobilitare ragione e inconscio, discorso e passione, mente e corpo. La scissione fra corpo e linguaggio, desiderio e razionalità, di cui la politica moderna si nutre fin dalla sua nascita, si è impadronita anche della politica alternativa postmoderna? Il rischio c’è e ed è quello che il femminismo, sulla scena italiana, ha segnalato fin dal suo esordio, «tagliando» con l’esodo femminile la generazione politica del `68. Tanto più diventa interessante ripensare oggi quel taglio, i suoi effetti, le possibilità di un rinnovato dialogo fra donne e uomini di quella generazione politica e delle successive che si aprono oggi. E’ una storia in parte scritta ma in parte tutta da scrivere, a partire dalle contaminazioni linguistiche che si riscontrano fra «pensiero radicale» e pensiero della differenza sessuale, e che tuttavia non ne accorciano le distanze sui due punti cruciali e connessi della concezione della soggettività e delle pratiche del cambiamento. Però non è un caso, o così a me pare, che sotto il cielo di Sydney, e in un clima più mite di quello italiano anche quanto allo scambio politico e intellettuale fra donne e uomini, alcune urgenze si siano ripresentate in comune. L’esigenza di riportare il corpo in primo piano. E quella di pensare una politica dell’amore. Non, o non solo, con la felice baldanza dell’antico slogan «fate l’amore non la guerra» dei tempi del Vietnam. Ma con la consapevolezza che la potenza espropriante dell’amore è l’unica in grado di opporsi alla potenza espropriante della violenza, e di volgere la fragilità e l’esposizione delle nostre «vite precarie», come le definisce Judith Butler, alla relazione con l’altro e non al suo annientamento.

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La posguerra de los movimientos

Toni Negri

Si hay algo que la expansión del movimiento contra el liberalismo y su transformación en movimiento por la paz han puesto inequívocamente de manifiesto, se trata del fin de toda ambigüedad de tipo juvenil: el movimiento se ha hecho adulto. La lucha por la paz ha integrado los objetivos contra el liberalismo, ha permitido el reconocimiento de la guerra como un dispositivo feroz de legitimación del poder capitalista. De esta suerte, el movimiento se ha visto obligado a definirse como resistente siguiendo la vía del éxodo, mostrando su capacidad de oponerse a la guerra en el preciso momento en el que se propone la constitución de una sociedad anticapitalista.

Cuando la guerra se convierte en la razón de la soberanía capitalista e imperial, la resistencia es necesaria: la paz, y no la violencia, es la forma de la resistencia, la lucha anticapitalista es su contenido. Es preciso ser claros y explicar que no hay posibilidad de continuar en el éxodo ni de construir nuevas instituciones en el proceso de liberación del capitalismo si no se asume la resistencia (y la capacidad de expresarla) como un tránsito fundamental. La posguerra de los movimientos llega con esta decisión a su madurez. A la par que las multitudes que se han unificado en la lucha por la paz están compuestas de muchas singularidades, sabiendo que las articulaciones y las recomposiciones de estas diferencias se basan en el respeto recíproco y en las decisiones comunes, se plantea igualmente el problema de la resistencia como algo fundamental.

Con la guerra, el golpe de Estado de G. W. Bush se ha esclarecido en todas sus dimensiones y ha expresado los elementos de un proyecto hegemónico del capitalismo mundial organizado por la dirección estadounidense. En el terreno monetario y financiero, a través del golpe de Estado asistimos a la confirmación de que «un dólar es un dólar», de que éste es y sigue siendo una moneda de reserva mundial y de que esta condición no puede ser puesta en tela de juicio. En el terreno de las instituciones jurídicas internacionales (y de sus correspondientes garantías), se proclama que ni los ciudadanos ni el gobierno estadounidenses pueden ser procesados internacionalmente, mientras que, por el contrario, todos los demás ciudadanos y gobiernos pueden ser procesados por el gobierno estadounidense. En el terreno del desarme (y en lo que atañe, en particular, a las armas de destrucción masiva), se dice que Estados Unidos puede desarmar a cualquiera, pero que nadie puede plantear el problema de su desarme. En el terreno de las instituciones internacionales para la promoción y el control de la paz, G. W. Bush sostiene que estas instituciones deben servir a la política estadounidense, pero que los estadounidenses no están sometidos a ellas. Por último, la información: Estados Unidos informa al mundo, interviene en los ritmos biopolíticos y culturales de su reproducción, prefigura lenguajes —sin embargo, todo esto no es recíproco. El golpe de Estado de G. W. Bush confirma y refuerza todos estos principios. Él ha planteado la guerra, así como la capacidad militar de sostenerla y ganarla, como base de legitimación de una nueva soberanía imperial.

Sin embargo, la guerra no ha terminado. Bush se hace ilusiones cuando lo declara desde el puente del portaaviones Lincoln. No ha terminado porque la llegada a Bagdad no pone fin a la guerra, porque una política que se apoya tan sólo en la fuerza militar no puede resolver ningún problema, porque el universalismo democrático (cuya exportación se pretende hacer a través de la guerra) es algo que no se puede imponer unilateralmente. El golpe de Estado de Bush se ha llevado a cabo contra la nueva figura que ha cobrado la soberanía en el mundo global: una soberanía biopolítica que coloca a quien manda y a quien obedece, al empresario y al trabajador, dentro de una relación complementaria aunque no en un plano de reciprocidad: esta sociedad es demasiado compleja para que alguien pueda pretender dominarla por sí solo, Ni mucho menos desde un punto de vista exclusivamente militar. La posguerra consiste precisamente en esto: consiste en el hecho de que la guerra continúa a través de la posguerra. La guerra de los ejércitos ha terminado y, sin embargo, la guerra continúa en forma de acción de policía, de baja intensidad frente a alta intensidad, de administradores y Karzais en vez de generales y Sharons: la intensidad biopolítica no cambia, mientras que la acción policial afecta no obstante a todos los aspectos de la vida. Sin embargo, en ésta, en la vida, se presenta la resistencia y los movimientos resurgen, en primer lugar contra la explotación, luego contra la guerra y más tarde, de nuevo, contra las feroces medidas liberales de organización del mundo, las operaciones de nation-building y, por último, contra la próxima guerra.

Los vencedores en el campo de batalla tienen ahora el pequeño problema del pago de los costes de la guerra: se trata de una guerra que ha costado a Estados Unidos mucho más de lo que el petróleo iraquí podrá restituir en los próximos años. ¿Quién pagará la diferencia? Cuando no salen las cuentas, cuando queda claro que la llamada «guerra por el petróleo» ha sido una guerra por el control estratégico de los recursos mundiales (y que esta guerra no ha concedido), entonces, como se suele hacer en los Imperios, tendrán que pagarla los vasallos. En este terreno vuelve a abrirse la lucha y las consecuencias de la posguerra se revelan más contradictorias aún. ¿Hasta cuándo podrá ser mantenido el dólar como moneda de reserva en el ámbito global? ¿Hasta cuándo las políticas unilaterales de apoyo a la moneda estadounidense, a pesar de la enorme deuda de Estados Unidos con el resto del mundo, se harán sin suscitar oposición?

Ahora bien, también en este terreno un movimiento maduro debe comenzar a desarrollar su propia respuesta. Los golpistas de Washington lo saben. De ahí que estén organizando, además de guerras preventivas contra los «rogue States», guerras monetarias y económicas «preventivas» contra aquellas economías que pueden oponerse a la hegemonía estadounidense. El «Washington consensus», responsable de los desastres de la pasada década, de Indonesia a Argentina, pretende presentarse ahora como un dispositivo dinámico, encaminado ya no sólo a la defensa del orden liberal del comercio y de la redistribución de la riqueza, sino orientado a la determinación de posibilidades de guerra. Así, pues, cabe esperar «ataques preventivos» contra todos aquellos que rechacen el pago de los costes bélicos estadounidenses. La situación está agravándose (antes las pretensiones de Washington) hasta tal punto que los mismos organismos internacionales que hasta hace muy poco erán súcubos de la voluntad estadounidense empiezan a preocuparse. El hecho es que organismos como el FMI o el Banco Mundial ya ni siquiera consiguen dar cobertura a sus operaciones bajo el manto de coherencia de las políticas liberales: están obligados a intervenir en favor del Estado x o y sencillamente para apoyar la aleatoria voluntad de guerra del Emperador, o para encubrir su debilidad política en determinados sectores del tablero mundial. Esperábamos la vuelta del «Big Government» en el ámbito de los Estados nacionales: lo estamos experimentando en el ámbito global, como máquina de la soberanía imperial.

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Y vivieron felices y descontentos

Slavoj Zizek

¿Cuándo se puede decir que un pueblo es feliz? En un país como la Checoslovaquia de fines de los años setenta hasta los años ochenta, la gente era efectivamente feliz de alguna manera. Primero, sus necesidades materiales eran satisfechas fundamentalmente: no totalmente satisfechas, porque, en sí mismo, el exceso de consumo puede generar infelicidad. Es buena cosa sufrir de tanto en tanto la falta de algunos bienes en el mercado ( nada de café por un par de días, después nada de carne de buey, más tarde nada de televisores). Estos breves periodos de carencia de bienes funcionaban como excepciones para recordar a los individuos que debían estar contentos de la general disponibilidad de bienes: si una cosa es disponible en todo momento, se toma esta disponibilidad como un hecho natural y ya no se aprecia la propia fortuna. Así, la vida procedía de forma regular y previsible, sin grandes esfuerzos o grandes shocks: uno se podía retirar en su propia concha privada. Segundo aspecto extremadamente importante: estaba Otro ( el Partido) a quien darle la culpa de todo lo que iba mal, así no hacía falta sentirse responsable. Si faltaban mercancías temporalmente, incluso si el mal tiempo producía daños, era culpa de “ellos”. Tercer aspecto pero no menos importante, existía Otro lugar ( el Occidente consumista) sobre el cual se podía soñar y quizás incluso de podía visitar. Este lugar estaba a la distancia justa, no muy lejano y tampoco demasiado cerca.

Este fino equilibrio fue alterado.¿ Que lo alteró? Precisamente, el deseo. El deseo fue la fuerza que obligó a los individuos a voltear la página, acabando dentro de un sistema en el cual la gran mayoría de las personas es claramente menos feliz. Por tanto la felicidad no pertenece al orden de la verdad, si no al orden de la opinión: en cuanto tal es confusa, indeterminada, inconsistente.

Acordaos de la respuesta proverbial dada por un inmigrado alemán a los Estados Unidos, el cual a la pregunta “¿es usted feliz?”, respondió: si, si, soy feliz, aber glücklich bin ich nicht…”. Estamos frente a una categoría pagana: para los paganos el objetivo de la vida está en vivir una vida feliz ( la idea de vivir “ felices y contentos para siempre” es ya una versión cristianizada del paganismo), mientras experiencia religiosa y actividad política son consideradas como formas superiores de felicidad ( véase Aristóteles). No debemos maravillarnos que recientemente el Dalai Lama experimente un éxito tan grande predicando en todo el mundo el evangelio de la felicidad, ni debemos maravillarnos que encuentre respuestas mayoritariamente positivas en los Estados Unidos, último imperio de la (búsqueda de la) felicidad.

Esto de cualquier manera, no significa que el cristianismo no implique su propia versión de la felicidad. Es mérito de Gilbert Keith Chesterton haber mostrado con claridad hace un siglo, la naturaleza propiamente perversa del modo en que el cristianismo se coloca con relación al paganismo. Chesterton ha trastornado la (in)comprensión convencional según la cual la actitud pagana antigua consistiría en una gloriosa aceptación de la vida, frente a la cual el cristianismo impondría un sombrío orden de culpa y de renuncia. Por el contrario es la posición pagana la que es profundamente melancólica. Incluso si predica una vida dedicada al placer, lo hace en términos de un “ gozadla mientras dura, por que , al final, siempre se encuentra la muerte y la decadencia”. El mensaje del cristianismo, por el contrario, es de alegría infinita bajo la engañosa superficie de culpa y de renuncia: “el perímetro externo del cristianismo está rígidamente vigilado por abnegaciones éticas y curas de profesión. Pero una vez sobrepasada esta inhumana vigilancia, se encontrará la antigua vida humana danzando como una muchachita y beber vino como un hombre, porque el cristianismo no es más que un marco para la libertad pagana”.

¿ No es El señor de los anillos posiblemente la prueba definitiva de esta paradoja? Solo un cristiano devoto habría podido imaginar un tal magnífico universo pagano, confirmando así que el paganismo es el último sueño cristiano. Por este motivo lo críticos cristianos preocupados de que libros y películas como El señor de los anillos o a la serie Harry Potter, a causa de su mensaje mágico y pagano, pongan en crisis el cristianismo, no perciben la perversa conclusión que es inevitable: ¿ queréis gozar del sueño pagano de una vida dedicada al placer sin pagar el precio de tristeza melancólica? ¡ Escoged el cristianismo!

Se pueden discernir las huellas de esta paradoja hasta en la conocida figura católica del Padre (de la Hermana) presentado como un auténtico portador de sabiduría sexual. Recordamos aquella que puede ser considerada la más potente escena de Sonrisas y lágrimas: después de dejar a la familia Trapp y de retornar al monasterio porque es incapaz de gestionar la atracción sexual que experimenta en relación con el barón von Trapp, Maria continúa sin encontrar la paz, porque aún desea al barón. En una escena memorable la madre Superiora la convoca y la aconseja de volver con los von Trapp para tratar de resolver su propia relación con el barón. Comunica su mensaje en una extrañísima canción que tiene por título Escala todas las montañas, cuyo sorprendente estribillo es “ ¡ Hazlo! ¡Asume el riesgo y has todo lo que tu corazón quiere! ¡No permitas que mezquinas consideraciones te sean un obstáculo!”

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Intervención de Josep Bel en representación de la Xarxa Contra la Precariedad y los Cierres de empresas en el Foro Social Europeo de Londres 17/10/ 2004.

Josep Bel

La reflexión que hemos realizado colectivamente tras ver el aislamiento de los despedidos por multinacionales, nos llevo a constituirnos en red y empezar en un acto contra los cierres o deslocalizaciones que se estaba produciendo. (tras lo de Sintel-Telefónica, como lucha ejemplar, se sucedieron decenas de cierres como Samsung, Philiphs, Fisipe, Valeo, Printer, muchas del Textil, electrónica, etc).

Comprobamos como el sindicalismo institucional no había ni presentado a los distintos colectivos en lucha, ni siquiera habia ofrecido contactos internacionales cuando eran una multinacionales como el caso de coreana la de Samsung. (sabíamos de la combatividad de ese sindicalismo en muchas ocasiones y de su implicación en Portoalegre). Es decir, comprobamos el aislamiento de las luchas ante la globalización capitalista. La teoría de la coordinación internacional hace aguas en el movimiento obrero, cuando están coordinados, cada país pelea frente al empleo del otro y casi nunca hay huelgas conjuntas.

A nivel nacional, en Catalunya, los presentamos, realizamos manifestaciones conjuntas, convocadas como Xarxa frente al gobierno catalan, entregándole las reivindicaciones escritas al gobierno tripartito supuestamente de izquierdas, que no dialogó con las bases afectadas, sino que realizó el pacto social con la patronal y los sindicatos subvencionados, le llamó Mesa del Textil, etc, ante la deslocalización. Su diseño, ayudar a recolocar a través de ETT y ayudar a la patronal a internacionalizar su empresa en esta globalización.

Los chantajes de deslocalización o precariedad se sucedieron en Nissan, SEAT-Wolswagen y otras empresas más o menos famosas. Si los trabajadores no bajan sus salarios o aceptan la doble escala salarial, para los que nuevos jóvenes contratados cobren menos, las empresas amenazan con cerrar o irse en parte. En Alemania vemos al mismo tiempo como aumenta jornada de 35 a 40 horas, de forma pactada con los sindicatos del poder, vemos recortes del estado del bienestar por toda Europa, en muchos casos pactados para ser competitivos en esta globalización capitalista.

Al mismo tiempo vemos que el proyecto de constitución europea es neoliberal, como toda la construcción europea (Maastrich, Pacto de Competitividad, Schenguen, etc) los derechos sociolaborales y las pensiones van a peor y los derechos civiles y libertades también.

Con todo lo que esta lloviendo, algunos le llaman revolución neoliberal, debatimos en la Xarxa unitaria, la necesidad de incorporarnos a la reflexión de que la precariedad es la consecuencia de esta globalización capitalista en la vida cotidiana, es decir, que el capitalismo necesita la precariedad en esta etapa imperialista, para mantener o aumentar su tasa de beneficio. Por lo tanto, cuando definimos precariedad lo hacemos de una forma integral, amplia. No son precarios solo los excluidos o los que tienen un contrato eventual. Sabemos que son 8 millones los excluidos en el estado español y que los eventuales son un 30% de los que tienen trabajo (55% de población activa). Pero el análisis de la palabra precariedad es más completo.

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Una mirada parcialment objectiva de la precarietat

En quant, a la contractació, aquest darrer any s’han registrat un total de 2.085.387 contractes laborals a Catalunya, 273.405 dels quals són indefinits (13,1 %) i 1.811.982, temporals (86,9 %). En comparació amb l’any anterior, el nombre de contractes registrats ha disminuït un 2 % en termes relatius, fet que ha afectat tant els contractes indefinits com els temporals, amb un descens del 5,9 % i de l’1,4 %, respectivament.

A Catalunya, en l’any 2003, el 86,9% dels nous contractes varen ser temporals. Això s’acompanya en que hi ha hagut unes 14.000 persones que, en un any, han sumat més d’onze contractes. Aquests han estat alguns a través d’ETT’s, però d’altres han estat en la mateixa empresa, on el treballador/treballadora ha encadenat aquests contractes, amb el que estem davant d’un clar frau. L’acomiadament, pràcticament lliure, s’enforteix aquesta situació en que els treballadors són, com sempre, els qui han d’arriscar tot per defensar el seu lloc de treball.

El panorama no es massa optimista, ja que des de l’any 2000, el volum de la contractació registrada a Catalunya ha descendit gradualment, amb una pèrdua de 156.596 contractes menys en un període de tres anys. El nombre de contractes indefinits i temporals disminueix a partir de l’any 2001 en nombres absoluts, tot i que incrementa, aquest últim, percentualment el nombre total de contractes. Una nota important, és el fet que la petita empresa és la que té més contractes indefinits.

Al conjunt de l’Estat, el nombre de contractes registrats l’any 2003 es xifra en 14.668.063, dels quals 1.269.768 són indefinits (8,7 %), i 13.398.295, temporals (91,3 %). El nombre de contractes registrats experimenta un creixement del 3,5 %, tot i la davallada, però, de 13.192 contractes indefinits (-1 %); La contractació temporal, per contra, experimenta un increment de 502.007 contractes (3,9 %) en relació amb l’any 2002 .

…I jo afirmo que la realitat no té sentit si no tenen sentit també l’experiència del treball manual, de la sexualitat, de la reproducció, del treball de cura als altri.

Luisa Muraro ( [1] )

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La educación del educador

Joaquín Miras Albarrán y Joan Tafalla

Para que este debate tenga sentido y dé frutos concretos sugerimos modestamente  un cambio de método: hagamos un esfuerzo para evitar que un argumento brillante nos arruine un buen conocimiento de la realidad. Abogamos porque sean el conocimiento y el análisis de las nuevas realidades los que nos arruinen o confirmen los mejores argumentos del pasado.

Abandonemos un viejo hábito de la izquierda del siglo XX: el de justificar teóricamente “a posterori” la línea política forzada por las circunstancias. Dejemos de teorizar las derrotas como victorias y las retiradas estratégicas como victorias tácticas. En nuestros oídos aún resuenan las palabras de un dirigente comunista español aún en activo, en el Ateneo de Cerdanyola ante unos doscientos cuadros comunistas de la zona obrera del Vallès Occidental afirmando que el Pacto de la Moncloa no era ya la vía sino la “autopista” española al socialismo.

Proponemos, modestamente, seguir la sobria indicación de Lenin: “análisis concreto de la situación concreta”. Hacemos la modesta proposición de deducir del análisis las propuestas políticas, culturales y organizativas. Proponemos no forzar la realidad para hacerla caber en el lecho de Procusto de las necesidades de la organización.

 

Los modelos del socialismo.

 

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