Rebusqueros de uvas y rebuscadores de votos
Tienen alma de señoritos. Lo llevan en la sangre, se les conoce en las trazas y hasta en los andares. “La propiedad es sagrada y un pobre es siempre un ladrón en potencia”, murmuran. Ha cambiado el decorado y la jerga, pero la solidez gremial de los dueños es la misma. Ayer se conjuraban en el casino y lo hacían con el lenguaje brutal del caciquismo. Hoy, el nuevo escenario son las exclusivas urbanizaciones privadas, blindadas por cámaras y vigilantes de seguridad, y se entienden en el universal idioma del individualismo propietario.
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