Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Sobre las contribuciones filosóficas de Manuel Sacristán en Horitzons y Nous Horitzons

Manuel Sacristán Luzón

*Para Toni Doménech y como a él le gusta: sin (pedir) permiso.

NH de 1960 se proponía llegar, sobre todo, a las organizaciones del partido, para promover su crecimiento intelectual, y a los intelectuales antifascistas, para darles constancia de la existencia de una intención cultural en el movimiento obrero marxista y para invitarles a una tarea que podía ser en parte común. No me atrevo a decir si se logró algo con ello.

                                                                       Manuel Sacristán (1977)

1. Un lógico y filósofo marxista que escribía en revistas del Partido.

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Varios textos de Manuel Sacristán

Manuel Sacristán Luzón

Anexo 1: Una carta de Sacristán al Ministerio de Educación traducida al catalán por Salvador Espriu.

Xavier Folch, compañero de militancia en el PSUC en los años sesenta, ha conservado un papel, traducido al catalán por Salvador Espriu, que fue escrito por Sacristán a instancias de unos estudiantes -entre ellos el mismo Folch- del incipiente movimiento universitario barcelonés de finales de los cincuenta. Pretendían dar respuesta con él a un artículo del entonces ministro franquista de Educación, Jesús Rubio.

            No he podido encontrar el original castellano del texto que lleva por título “La enfermedad nacional”. Presento a continuación una traducción castellana de la exquisita traducción de Salvador Espriu del original de Sacristán que ha contado con la generosa y competente ayuda de Carles Gil:

            “Bajo el título “La buena salud universitaria”, el ministro de Educación Nacional, don Jesús Rubio, publicó en La Hora un artículo en el que aseguraba que el estado de salud de la Universidad española era malo: lo explica de la manera siguiente: “Nuestros jóvenes universitarios, en contraste con lo que pasa en otros países, no son suficientemente aplicados”. Después de este diagnóstico y de su comentario (“Se precisa, por el propio equilibrio y por el equilibrio de la colectividad a la que pertenecen, que nuestro esfuerzo tenga una aplicación exacta…”), el núcleo del artículo queda redondeado con una promesa (“El resto le será otorgado por añadidura”), mezclada con una amenaza elegante: “…y no hay error más grave que el de intentar alcanzar directamente aquello que tan sólo por añadidura se puede conseguir”.

            Nosotros, los universitarios de Barcelona, muy especialmente afectados por la política y por las frases del señor Ministro, creemos que esa acusación no está fundamentada. Por el contrario, los funcionarios del Ministerio de Educación Nacional han repetido muchas veces que jamás se había estudiado en España con tanta aplicación como ahora. Es cierto que el testimonio de unos funcionarios no puede convencer de nada al ciudadano español actual, pero en este caso coincide con nuestra experiencia: muchos de nosotros hemos visitado en estos últimos años universidades extranjeras y hemos podido comprobar que nuestra inferioridad intelectual, respecto al estudiante europeo de nuestra edad y de nuestra misma especialidad, no consiste en una mayor aplicación por su parte. Por el contrario, es normal que el estudiante español sea, por decirlo así, más “erudito” que su colega extranjero: sabemos más cosas -datos, por ejemplo, o, títulos de obras, o nombres de cónsules romanos-, adquiridos con una paciente aplicación. Nuestra inferioridad proviene de otra fuente: del hecho de no conocer casi nunca el planteamiento actual de los grandes problemas ideológicos y científicos. Si no tenemos la suerte de encontrarnos con un profesor ajeno a los elaboradores de cuestionarios oficiales, o si alguna casualidad no nos ayuda a dirigir con buenas lecturas nuestro forzado autodidactismo, somos inevitablemente, con todas nuestras montañas de cosas con tanta aplicación aprendidas, unos rústicos provincianos en la cultura del siglo XX, unos provincianos a los que nadie ha mostrado donde radica la fuente, signo de estudio y de discusión, de la vida espiritual del mundo en que vivimos.

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Los otros trabajos lógico-filosóficos de Manuel Sacristán. El oficio de traductor y tareas complementarias

Manuel Sacristán Luzón

Nota: Una versión de este trabajo apareció publicado en el volumen: Salvador López Arnal, Albert Domin go y otros (eds), Donde no habita el olvido, Montesinos, Barcelona, 2005.

[17] Para una completa relación de las traducciones de Sacristán, véanse: Juan- Ramón Capella, “Aproximación a la bibliografía de Manuel Sacristán”, mientras tanto  nº 30-31, mayo 1987, pp. 197-223, y Juan-Ramón Capella, “Bibliografía de Manuel Sacristán Luzón: Addenda”, mientras tanto nº 63, 1995, pp. 155-159.

[18] Ahora en Manuel Sacristán Luzón, Escritos sobre El Capital (y textos afines). Barcelona, El Viejo Topo 2004 (con prólogo de Alfons Barceló y epílogo de Óscar Carpintero), pp. 37-41.

[19] Palabra y objeto y Desde un punto de vista lógico han sido reeditados recientemente por la editorial Paidós, este último ensayo con un nuevo (y muy elogioso) prólogo de Jesús Mosterín.

[20] Pueden consultarse en Reserva de la Universidad de Barcelona, fondo Manuel Sacristán Luzón (RUB-FMSL).

[21] Puede verse la carta de Sacristán en la nota del anejo 3 de este volumen.

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Relámpagos temperados en noches apacibles

Salvador López Arnal

“Si no aprendo a errar, no aprenderé a ser”.

Vicente Núñez (2002), p.47

“Me condenaron a veinte años de hastío / por intentar cambiar el sistema desde dentro./ Ahora regreso, ahora vengo a desquitarme./ Primero tomaremos Manhattan, luego tomaremos Berlín./ Me guía una señal en los cielos,/ me guía esta marca de mi piel,/ me guía la belleza en nuestras armas/ Primero conquistaremos Manhattan, después conquistaremos Berlín”.

Leonard Cohen, First we take Manhattan

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Amables cartas lógicas

Manuel Sacristán Luzón

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Para Paula Olmos y Luis Vega Reñón, por su gentileza y apoyo

[…] También he de protestar de que llames “magníficos” a los dos tomos aparecidos de Panfletos y Materiales. Me parece que ellos revelan bastante bien el desastre que en muchos de nosotros produjo el franquismo (en mí desde luego): son escritos de ocasión, sin tiempo suficiente para la reflexión ni para la documentación. En cambio, te agradezco mucho lo que dices de una posible utilidad mía en otras épocas. Supongo que también eso es falso, pero el hombre es débil y acepta algunas falsedades.

Carta de Manuel Sacristán a Eloy Fernández Clemente, 30/6/1985.

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Hugo Chávez, la revolución bolivariana y el decrecimiento

Yannick-Hélène de la Fuente, Claude Llena

NB: Este artículo fue escrito para un público francés , para dar algunos elementos de comprensión de la situación venezolana y abrir el debate entre ambos países acerca del modelo diseñado por el descrecimiento pero este tendría que ser otro artículo . Las referencias sobre el tema son Nicolas Georgescu, René Dumont, Mauss, Cornelius Castoriadis, François Partant, Serge Latouche, Albert Jacquart , entre otros .

Resumen: Las representaciones occidentales de la revolución bolivariana son generalmente distorsionadadas por un etnocentrismo cultivado por los medios de comunicación. Si el discurso de H.Chávez no utiliza nunca el concepto de descrecimiento, la sensibilidad a las cuestiones medioambientales y sociales lo sitúa claramente dentro de este paradigma. La confrontación de las prácticas que autonomizan el pueblo venezolano y la reflexión teórica llevada por el movimiento post desarrollista deberían permitir concretar sinergías constructivas para una alternativa al capitalismo.

Palabras clave: Venezuela, H.Chávez, revolución bolivariana, descrecimiento, democracia participativa "Nuestra casa arde y no lo queremos ver. Mutilada, sobreexplotada, la naturaleza, no logra reconstituirse y nos negamos a admitirlo "[1]

Jacques Chirac, Johannesburgo el 2 de septiembre del 2002

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Antología de textos de Manuel Sacristán sobre Friedrich Engels (1820-1895)

Manuel Sacristán Luzón

Trabajadores:

A vosotros dedico una obra en la que he intentado poner ante mis conciudadanos alemanes una fiel pintura de vuestra situación, de vuestros sufrimientos y luchas, de vuestras esperanzas y perspectivas. He vivido bastante entre vosotros, para conocer algo de vuestra condición; a vuestro conocimiento he dedicado mi mayor solicitud, he estudiado, cuanto que me fue posible, los varios documentos oficiales y no oficiales; no me contenté con esto; más que el conocimiento abstracto de mi asunto, sentí la necesidad de veros en vuestras mismas casas, de observaros en vuestra vida cotidiana, de charlar con vosotros respecto a vuestras condiciones de vida y sufrimiento, de asistir a vuestras luchas contra el poder político y social de vuestros opresores. He hecho así: abandoné la compañía, los convites, el vino de oporto y el champaña de las clases medias, y he dedicado mis horas de ocio, casi exclusivamente, a establecer relación con simples trabajadores. Estoy contento y orgulloso de haberlo hecho así. Contento, porque así dediqué horas felices a conocer la realidad de la vida -muchas horas que de otro modo habrían estado ocupadas en discursos a la moda y etiquetas cansadoras-; orgulloso, porque de esta manera encuentro una oportunidad de hacer justicia a una clase de hombres oprimida y calumniada, los cuales, a pesar de sus posibles errores y de las desventajas de su condición, sin embargo, imponen respeto a todo el mundo, excepto al especulador inglés; orgulloso, también, porque de este modo estoy en situación de defender al pueblo inglés del desprestigio creciente en que ha caído en el continente, como necesaria consecuencia de la política brutalmente egoísta y de la conducta general de vuestra clase media de gobernante.

Friedrich Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra

Muy probablemente [Engels] sintió -como quizás también Marx viejo- la imposibilidad de la tarea de Marx: destruir sociedad y ciencia de esa sociedad (genitivo objetivo) haciendo ciencia con los requisitos, etc. de esa sociedad, esto es, el “movimiento real”. Siempre se la anticuaban los datos, etc.

Nota de Manuel Sacristán a Rubel, Gallimard II, “Engels como editor del Capital”.

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12 de octubre, el «descubrimiento» de América y la historia oficial… Caras y caretas

Brecha

¿Cristóbal Colón descubrió América en 1492? ¿O antes que él la descubrieron los vikingos? ¿Y antes que los vikingos? Los que allí vivían, ¿no existían?

Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?

¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Los que allí vivían, ¿eran mudos?

Nos han dicho, y nos siguen diciendo, que los peregrinos del Mayflower

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¿Hay que linchar a Lenin?

Pepe Gutiérrez-Álvarez

          El centenario del nacimiento del bolchevismo,  el cincuentenario de la muerte de Stalin (1953) o los ecos de la revolución húngara de 1956, por no hablar de las diferentes polémicas, por ejemplo en KAOS, pueden ocasiones tan buenas como cualquier otra para  volver a reconsiderar la posible vigencia de Lenin.

        Históricamente, Lenin fue  de  las  figuras  mayores del  Partenón  de  las izquierdas hasta 1989, y  actualmente duramente maltratada incluso desde la izquierda transformada, todo en aras de la “corrección política” impuesta por la restauración conservadora. Se puede decir que el derrumbamiento de sus (odiosas)  efigies se ha convertido  en uno de los emblemas de la época como daría fe (con la presencia de sus enormes estatuas erigidas tras su muerte por su instrumentalización "religiosa" efectuada por el estalinismo, ahora desguazadas a consecuencia del desplome del régimen soviético) fílmicamente La mirada de Ulises  (To Vlemma   tou Odyssea, Theo Angelopoulus, Grecia, 1995); al igual que antes, desde un ángulo muy diferente lo fueron, entre otros muchos (1), respectivamente, el retrato tan "providencial" de su llegada a la Estación de Finlandia tomado de las crónicas de John Reed desarrollado en Octubre ("Oktiabr",  S.M.  Eisenstein,  URSS,  1927, y que tanta impresión causó sobre varias generaciones o sobre mentes en principio tan excépticas como la de André Gide,  o desde un enfoque disidente su (presumible) llanto con ocasión de la intervención de los tanques rusos para  poner fin a la  "primavera  de Praga", imagen reproducida  La  Confesión  (L’Aveu,  C. Costa-Gavras,  Francia-Italia, 1979). Estas dos imágenes vistas desde la izquierda de Lenin resultarían actualmente "inaceptables" en los ámbitos del pensamiento único, no solamente en el conservador tradicional sin también en los códigos del socialiberalismo (2). 

      Al mismo tiempo en que se daban grandes pasos en la concentración de las riquezas en unas pocas manos, y se incrementaba el mal social,  se imponía una moda en la que las tentativas de alternativa al capitalismo (incluyendo las más recientes como la revolución sandinistas) aparecían como culpables de "totalitarismo", y Lenin ocupaba el lugar de Stalin, para personalizar toda la aventura revolucionaria del siglo XX, o sea no ya la deformación de un revolución, sino el carácter intrínsecamente perverso de ésta. En este tiempo "linchar" moralmente a Lenin se convirtió en una seña de identidad, no solamente de los anticomunistas sino también de buena parte de la "intelligentzia" instalada cuyo furor restauracionista llegaría hasta juzgar a los representantes de mayor del 68, de sospechosos de antiimperialismo trasnochados, cuando no sueño utópicos que (irreversiblemente) llevan al abismo totalitario.

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