Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Alocuciones radiales de Salvador Allende en la mañana del 11 de septiembre de 1973

Salvador Allende

Alocuciones radiales del 11 de Septiembre de 1973. Las primeras emitidas por Radio Corporación. La última por Radio Magallanes.

7:55 A.M. RADIO CORPORACIÓN

Habla el Presidente de la República desde el Palacio de La Moneda. Informaciones confirmadas señalan que un sector de la marinería habría aislado Valparaíso y que la ciudad estaría ocupada, lo que significa un levantamiento contra el Gobierno, del Gobierno legítimamente constituido, del Gobierno que está amparado por la ley y la voluntad del ciudadano.

En estas circunstancias, llamo a todos los trabajadores. Que ocupen sus puestos de trabajo, que concurran a sus fábricas, que mantengan la calma y serenidad. Hasta este momento en Santiago no se ha producido ningún movimiento extraordinario de tropas y, según me ha informado el jefe de la Guarnición, Santiago estaría acuartelado y normal.

En todo caso yo estoy aquí, en el Palacio de Gobierno, y me quedaré aquí defendiendo al Gobierno que represento por voluntad del pueblo. Lo que deseo, esencialmente, es que los trabajadores estén atentos, vigilantes y que eviten provocaciones. Como primera etapa tenemos que ver la respuesta, que espero sea positiva , de los soldados de la Patria, que han jurado defender el régimen establecido que es la expresión de la voluntad ciudadana, y que cumplirán con la doctrina que prestigió a Chile y le prestigia el profesionalismo de las Fuerzas Armadas. En estas circunstancias, tengo la certeza de que los soldados sabrán cumplir con su obligación. De todas maneras, el pueblo y los trabajadores, fundamentalmente, deben estar movilizados activamente, pero en sus sitios de trabajo, escuchando el llamado que pueda hacerle y las instrucciones que les dé el compañero Presidente de la República.

8:15 A.M.

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Socialismo del siglo XXI: ¿Qué es el socialismo?

Michel A. Lebowitz

SOCIALISMO DEL SIGLO XXI: ¿QUÉ ES EL SOCIALISMO? Por Michel A. Lebowitz.

1. En el Siglo XIX, aunque no se habían desarrollados sus detalles, el principio básico del socialismo estaba claro: el socialismo era una sociedad en la cual la naturaleza de las relaciones sociales y de los derechos de propiedad permitirían el pleno desarrollo del potencial humano. Después de los distintos ensayos acontecidos durante el Siglo XX, las cosas se tornaron, sin embargo, más confusas. Por lo tanto, si vamos a construir el socialismo del siglo XXI, es esencial aprender de las lecciones del siglo pasado para volver a tener claridad sobre el tema.

Lo que el socialismo no es

2. A menudo, la mejor forma de entender algo es entender lo que esto no es.

3. El socialismo no es una sociedad en la cual las personas venden su mano de obra y son dirigidos desde arriba por otros cuyas metas son las ganancias más que la satisfacción de las necesidades humanas. No es una sociedad en la cual los dueños de los medios de producción se benefician dividiendo a los trabajadores y a las comunidades para bajar los salarios e intensificar el trabajo –es decir, para ganar más incrementando la explotación–. No es un sistema donde no se toma en cuenta a los campesinos, a los desempleados, y a los excluidos y dónde la única lógica es la lógica del incremento del capital. En resumen, el socialismo no es el capitalismo.

4. Pero el socialismo tampoco es una sociedad estatista, donde las decisiones se imponen desde arriba y donde toda iniciativa es potestad de los funcionarios del gobierno o de los cuadros de vanguardias que se autoreproducen. Precisamente porque el socialismo se centra en el desarrollo humano, enfatiza la necesidad de una sociedad democrática, participativa y protagónica. Una sociedad dominada por un Estado todopoderoso no genera los seres humanos aptos para crear el socialismo.

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La contradicción capitalismo/ecología

Leonardo Boff

La lógica del capital, como modo de producción y como cultura, es ésta: producir acumulación mediante la explotación -de la fuerza del trabajo de las personas, por la dominación de clases, por el sometimiento de los pueblos y finalmente por el pillaje contra la naturaleza-.

Un análisis incluso superficial entre ecología y capitalismo identifica una contradicción básica. Donde impera la práctica capitalista se envía al exilio o al limbo la preocupación ecológica. Ecología y capitalismo se niegan frontalmente. No hay acuerdo posible. Si, a pesar de ello, la lógica del capital asume el discurso ecológico… o es para obtener lucro, o para espiritualizarlo y así vaciarlo, o simplemente para imposibilitarlo y, por tanto, para destruirlo. El capitalismo no sólo quiere dominar la naturaleza, sino arrancar todo de ella, depredarla.

Hoy, por la unificación del espacio económico mundial en los moldes capitalistas, el saqueo sistemático del proceso industrial contra la naturaleza y contra la humanidad, hace al capitalismo claramente incompatible con la vida. Se plantea así una bifurcación: o el capitalismo triunfa al ocupar todos los espacios como pretende, y entonces acaba con la ecología y pone en riesgo el sistema-Tierra, o triunfa la ecología y destruye al capitalismo, o lo somete a tales transformaciones y reconversiones que no pueda ya ser reconocible como tal. Esta vez no va a haber un arca de Noé que nos salve a algunos y deje perecer a los demás. O nos salvamos todos o pereceremos todos. El capitalismo produjo también una cultura, derivada de su modo de producción, asentado en la exportación y el pillaje. Sin una cultura capitalista que vehicula las mil razones justificadoras del orden del capital, el capitalismo no sobrevivirá. La cultura capitalista exalta el valor del individuo, le garantiza la apropiación privada de la riqueza, hecha por el trabajo de todos, coloca como quicio de su dinamismo la competencia de todos contra todos, intenta maximizar las ganancias con la mínima inversión posible, procura transformar todo en mercancía para tener siempre beneficios, instaura el mercado, hoy mundializado, como el mecanismo articulador de todos los procesos de producción, de competencia y de distribución…

Si alguien busca solidaridad, respeto a las alteridades, compasión y veneración frente a la vida y al misterio del mundo… que no los busque en la cultura del capital. George Soros, uno de los mayores especuladores de las finanzas mundiales y profundo conocedor de la lógica de la acumulación sin piedad (vive de eso), afirma claramente en su libro La crisis del Capital que el capitalismo mundialmente integrado amenaza a todos los valores societarios democráticos, poniendo en riesgo el futuro de las sociedades humanas. Queremos mostrar cómo el capitalismo, en cuanto modo de producción y en cuanto cultura, inviabiliza la ecología tanto ambiental como social.

Comencemos con la ecología ambiental. A este respecto, las hipótesis acerca del futuro de la Tierra son dramáticas. Grandes analistas confiesan que el tiempo actual se asemeja mucho a las épocas de gran ruptura en el proceso de evolución, épocas caracterizadas por extinciones en masa.

Efectivamente, la humanidad se encuentra ante una situación inaudita. Debe decidir si quiere continuar viviendo, o si prefiere su propia autodestrucción. Por primera vez en el proceso conocido como hominización, el ser humano se ha dado a sí mismo los instrumentos de su propia destrucción. Se creó el principio de autodestrucción que tiene en el principio de responsabilidad y de cuidado su contrapartida. De ahora en adelante la existencia de la biosfera estará a merced de la decisión humana. Para continuar viviendo el ser humano deberá quererlo positivamente.

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¿Hasta cuándo?

Eduardo Galeano

Un país bombardea dos países. La impunidad podría resultar asombrosa si no fuera costumbre. Algunas tímidas protestas dicen que hubo errores. ¿Hasta cuándo los horrores se seguirán llamando errores?

Esta carnicería de civiles se desató a partir del secuestro de un soldado. ¿Hasta cuándo el secuestro de un soldado israelí podrá justificar el secuestro de la soberanía palestina? ¿Hasta cuándo el secuestro de dos soldados israelíes podrá justificar el secuestro del Líbano entero? La cacería de judíos fue, durante siglos, el deporte preferido de los europeos. En Auschwitz desembocó un antiguo río de espantos, que había atravesado toda Europa. ¿Hasta cuándo seguirán los palestinos y otros árabes pagando crímenes que no cometieron?

Hizbollá no existía cuando Israel arrasó el Líbano en sus invasiones anteriores. ¿Hasta cuándo nos seguiremos creyendo el cuento del agresor agredido, que practica el terrorismo porque tiene derecho a defenderse del terrorismo? Irak, Afganistán, Palestina, Líbano. ¿Hasta cuándo se podrá seguir exterminando países impunemente?

Las torturas de Abu Gjraib, que han despertado cierto malestar universal, no tienen nada de nuevo para nosotros, los latinoamericanos. Nuestros militares aprendieron esas técnicas de interrogatorio en la Escuela de las Américas, que ahora perdió el nombre pero no las mañas. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando que la tortura se siga legitimando, como hizo la Corte Suprema de Israel, en nombre de la legítima defensa de la patria?

Israel ha desoído 46 recomendaciones de la Asamblea General y de otros organismos de las Naciones Unidas. ¿Hasta cuándo el gobierno israelí seguirá ejerciendo el privilegio de ser sordo?

Las Naciones Unidas recomiendan pero no deciden. Cuando deciden, la Casa Blanca impide que decidan, porque tiene derecho de veto. La Casa Blanca ha vetado, en el Consejo de Seguridad, 40 resoluciones que condenaban a Israel. ¿Hasta cuándo las Naciones Unidas seguirán actuando como si fueran otro nombre de Estados Unidos?

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Errores

Juan Gelman

La ONU advirtió 10 veces en el lapso de 6 horas al alto mando israelí sobre el peligro que corría un puesto de cascos azules en la zona del sur del Líbano que su fuerza aérea bombardeaba intensamente el miércoles 25 (El País, 27/7/06). Los militares de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) prometieron cesar el fuego, pero una cosa son palabras y otra, hechos: un misil de precisión made in USA mató a 4 efectivos desarmados de la Finul (Fuerza Interina de la ONU en el Líbano). ¿Serían terroristas? El puesto de observación estaba perfectamente identificado y era perfectamente identificable. Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas, consideró que el ataque israelí fue ‘aparentemente deliberado’ y lo calificó de ‘trágico asesinato’. Para el primer ministro Ehud Olmert, se trató de ‘un error’. Claro que hay errores y errores. Unos días antes de esas muertes, personalidades destacadas de Israel celebraron en Jerusalén el 60 aniversario de… un acto terrorista: la voladura parcial del Hotel King David el 22 de julio de 1946. Palestina era entonces un protectorado inglés, en un ala del hotel residía el alto mando militar británico y el atentado fue obra de la Irgun. Menahem Begin, jefe de esa organización judía, siempre adujo que era un luchador por la libertad de su país, no un terrorista, porque, entre cosas, nunca había perjudicado a civiles. Pero en ese atentado -aprobado por Ben Gurion- murieron 28 británicos y 63 civiles, 41 árabes, 17 judíos y 5 de otras nacionalidades. Ningún gobierno de Israel lo ha condenado hasta el presente. Antes, por el contrario. Los que homenajearon el atentado ‘asumen que un luchador por la libertad es una buena persona y que un terrorista es una mala persona -señala Tom Segev en el diario israelí Ha’aretz (23/7/06). Casi todo terrorista se autodefine como un luchador por la libertad y viceversa: los luchadores por la libertad son calificados de ‘terroristas’. Agrega que el ex primer ministro israelí Benjamín Netanyahu afirmó en la ceremonia que ‘la diferencia entre una operación terrorista y una acción militar legítima se expresa en el hecho de que los terroristas tratan de dañar a los civiles, mientras que los combatientes legítimos tratan de evitarlo’. La captura de soldados israelíes por Hamas y Hezbolá sería entonces legítima. Y ni los 800.000 civiles libaneses obligados a huir de sus hogares ni, si pudieran hacerlo, los 400 civiles libaneses muertos ni los palestinos que las FDI siguen matando en la Franja de Gaza pensarán que los ataques israelíes contra la población entran en la categoría ‘acciones militares legítimas’. La historia de las FDI está plagada de ‘errores’. El fusilamiento de 200 civiles palestinos contra los muros del cementerio de Tantura el 15 de mayo de 1948, cuando una guerra aseguraba el establecimiento del Estado de Israel, sería entonces un error. Otro, la matanza de más de 100 civiles palestinos en Deir Yassin, el 9 de abril de 1948. Otro más, la demolición de la aldea de Qibya y la muerte de 70 civiles palestinos por efectivos al mando del ex primer ministro Ariel Sharon el 14 de octubre de 1953. O la matanza de 48 árabes -incluidos 6 mujeres y 23 menores de 8 a 17 años- en la aldea árabe-israelí de Kafr Qasim el 29 de octubre de 1956. O la de 140 refugiados palestinos y 135 habitantes locales desarmados de Khan Yunis en Gaza el 3 de noviembre de 1956. Y otro error, el asesinato inconcebible de 1500 a 3500 refugiados palestinos en Sabra y Chatila, perpetrado por milicias de cristianos maronitas el 16 de septiembre de 1982 al amparo de las tropas israelíes que habían rodeado los dos campos, ubicados en territorio libanés. Y aun otro, el ataque de artillería del 18 de abril de 1996 contra la sede de los Cascos Azules en Qana, al sur de Tiro, donde se habían refugiado unos 800 civiles libaneses de los que 106 dejaron de vivir. La ocupación israelí del sur del Líbano de 1982 al 2000 dio nacimiento a la guerrilla de Hezbolá, que combatió y echó al ocupante. Aplicando la teoría de Netanyahu, Hezbolá, como el Irgun judío, podría considerarse una organización que lucha por la libertad contra un Estado terrorista. Cabe aclarar que Hezbolá es además un movimiento político y social que ocupa el 18 por ciento de las bancas del Parlamento libanés y dos ministerios en su gobierno, que sostiene una red de escuelas y hospitales y que desarrolla numerosos proyectos microeconómicos y de infraestructura destinados a reconstruir el Líbano después de esa primera ocupación. Los bombardeos han logrado que el 96 por ciento de chiítas, el 73 por ciento de sunnitas, el 55 por ciento de cristianos y el 40 por ciento de drusos del Líbano aprueben el secuestro de soldados israelíes, según una encuesta que el Centro de Investigaciones e Información llevó a cabo en Beirut. La muerte de civiles israelíes por atentados suicidas -a los que Israel supo ponerles coto- y la muerte de decenas de civiles israelíes por los Katyushas de imprecisión iraníes que arroja Hezbolá sobre Haifa y otras ciudades, son absolutamente repudiables. Pero la desmesurada respuesta de Tel Aviv en Líbano y Gaza tiene otras explicaciones. El profesor Gerald Steinberg, de la Universidad israelí de Bar-Ilan, asegura que ‘en cierto sentido, la preparación (del ataque al Líbano) comenzó en mayo del 2000, inmediatamente después de la retirada israelí… En 2004 la campaña militar, cuya duración prevista era de tres semanas y que estamos presenciando ahora, ya estaba diseñada y en el último año o dos se simuló y ensayó al otro lado de la frontera (con Líbano)’ (San Francisco Chronicle, 21/7/06). Esto arroja ciertas dudas sobre cuál habría sido el verdadero origen del enfrentamiento con Hezbolá que causó la muerte de ocho efectivos israelíes y la captura de otros dos. ‘La moral no está de nuestro lado’ se titula la columna del profesor de la Universidad de Tel Aviv Ze’ev Maoz que publicó Ha’aretz el 25/7/06. ‘Esta no es una guerra justa -dice-; Israel usa una fuerza excesiva sin distinguir entre la población civil y el enemigo, cuyo único propósito es la extorsión. Hezbolá cruzó una frontera reconocida por la comunidad internacional. Esto es cierto. Pero nos olvidamos que, desde que nos retiramos del Líbano, la fuerza aérea israelí ha realizado misiones diarias de reconocimiento en el espacio aéreo libanés. Estos vuelos no causaron víctimas, pero las violaciones de frontera son violaciones de frontera. En esto tampoco la moral está de nuestro lado.’ Yagil Levy, profesor de la Universidad Ben Gurion del Néguev señala que el ataque al Líbano es un intento de moldear su orden político a la fuerza. ‘Aunque supongamos que el gabinete (israelí) tenía claro cuál iba a ser el precio que pagaría el frente interno, ha expuesto a la ciudadanía (israelí) a un peligro real por lo que ha sido presentado como una amenaza futura’ (Ha’aretz, 24/7/06). La Casa Blanca no quiere el cese del fuego que reclaman algunos -pocos- gobiernos europeos, la ONU y la opinión pública internacional: desea ‘un nuevo Medio Oriente’ que dijo Bush, siempre en persecución de un planeta dominado por EE.UU. ‘Nuestro corazón está con el pueblo israelí -certificó la secretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice-, que sufre ataques terroristas y (el lanzamiento de) cohetes; estos medios no son aceptables en una sociedad culta’ (Clarín, 25/7/06). Tiene razón: para las sociedades cultas del llamado Primer Mundo sólo son medios aceptables las invasiones ‘preventivas’ a países soberanos, la ocupación de territorios ajenos, el asesinato de civiles ‘por error’. Entre otras cosas.

 

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Aproximació al problema de l’habitatge (1) Les causes i les conseqüències

El dret a l’habitatge i el seu reconeixement com a necessitat de primer ordre, es recull a la Declaració Universal dels Drets Humans per primera vegada al 1948. Més de cinquanta anys després, al nostre país l’habitatge continua essent un dret negat i un problema sense resoldre per a la majoria.

Resulta molt difícil realitzar una radiografia del problema de l’habitatge. Els preus pugen i pugen de tal forma que les xifres queden desfasades d’un mes per l’altre. És fàcil perdre’s en un mar de xifres, desorientar-se i no entendre l’origen del problema i les conseqüències socials que genera. Malgrat tot, les xifres son necessàries ja que ens permeten situar-nos davant el problema i fer-nos càrrec dels drames personals que hi ha al seu darrere.

La situació actual està marcada per un brutal augment dels preus, a la vegada que el sector de la immobiliari presenta xifres rècords. Mai s’ha construït tant com en els darrers quinze anys. De 1992 a 1997 el sol urbanitzat va pujar de 46.700 a 52.000 hectàrees a la regió metropolitana de Barcelona, mentre la població total no creixia. La realitat desfà aquella dita, tan repetida pels aduladors de liberalisme, de que “l’augment de l’oferta provoca la baixada dels preus”.

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En defensa del pueblo palestino

John Berger, Noam Chomsky, Harold Pinter, José Saramago

El último capítulo del conflicto entre Israel y Palestina comenzó

cuando las tropas israelíes cogieron a dos civiles, un médico

y su hermano, en Gaza. Un incidente escasamente contado,

excepto en la prensa turca. Al día siguiente, los palestinos

cogieron prisionero a un soldado israelí —y propusieron negociar

un intercambio con prisioneros tomados por los israelíes:

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De burbuja en burbuja. El irresistible ascenso del oro

Jorge Beinstein

jorgebeinstein@yahoo.com

 

Hacia noviembre del 2005 el precio del oro estaba a punto de perforar el techo de los 500 dólares por onza, el acontecimiento hizo sonar numerosas alarmas. Keith Rabin y Scott MacDonald, dos especialistas prestigiados en el mundo de la especulación financiera, señalaron en ese momento que “con el oro acercándose a los 500 dólares aparece la tendencia a suponer que el tan  esperado “final de juego” se encuentra ahora delante de nosotros” (1). El acontecimiento no tardo mucho en producirse, el 2 de diciembre la cotización  trepó a 504 dólares, el 31 de diciembre se despedía del año viejo a 513 dólares y el 3 de enero de 2006 saludaba al nuevo año con una cotización de 520 dólares, para el 1 de marzo ya llegaba a los 562 dólares. Pero el “final de juego”, es decir la crisis general del sistema monetario vigente y el ingreso en un período de alta turbulencia no se ha producido (todavía). El 18 de abril alcanzaba los 616 dólares y el 17 de mayo 713 para bajar a mediados de Junio a algo menos de 600 dólares en un ambiente donde se multiplicaban los pronósticos de próximas subas. Ahora la pregunta clave es cuando será perforado el techo mágico de los 1000 dólares y en que contexto, ¿podrán en ese caso los bancos centrales de las grandes potencias seguir manteniendo bajo control al esquema monetario global?, ¿comenzará en ese momento la caída vertiginosa del dólar o por el contrario seguirá estirándose la cuerda un poco (o mucho) más?, ¿asistiremos entonces a la emergencia hegemónica del euro o este será también arrastrado por el desorden general?. Y finalmente: ¿cual es el limite superior del precio del oro?, ¿cual será el ritmo de su ascenso?. Si recorremos las paginas web especializadas en el tema veremos aparecer cifras por ahora “asombrosas”, Dana Samuelson en el sitio de “American Gold Exchange” señala lo siguiente: “Considero que nos encontramos en un período de crecimiento explosivo del precio del oro que puede llegar al doble de su anterior precio superior de 850 dólares (durante la breve euforia de 1980)… el estudio del ciclo del mercado y de la coyuntura económica actual (la deuda pública de los Estados Unidos, la burbuja de créditos, la super expansión de la oferta monetaria, la precariedad del dólar, etc.) me llevan a pronosticar 1700 dólares la onza (2).

 

Esos interrogantes están cargados de mitos; se trata del oro, símbolo de riqueza, de lujo, pero también de tiempos difíciles, es lo que nos ha enseñado el siglo XX donde las sucesivas corridas hacia el metal precioso eran en realidad huidas desde sistemas monetarios en crisis. Un especialista europeo señalaba recientemente que  “afortunadamente disponemos de un barómetro que, al menos en el corto plazo, ha funcionado con bastante eficiencia en el pasado: el oro. Como todos sabemos, los barómetros avisan de tormenta cuando luce en el cielo un sol espléndido” (3). En realidad el cielo ya está cargado de nubes.

 

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Nación y clase

Diego Guerrero

Desde luego ya no está de moda el “análisis de clase” de los fenómenos sociales, pero sorprende que nunca se haya hecho uso de él, que yo recuerde, para analizar un fenómeno tan actual y relevante como el del nacionalismo moderno en España. Muchos pensarán que un análisis de este tipo ya no tiene lugar porque pertenece a un pasado intelectual que ha sido desechado por la historia, pero podría ser que este punto de vista ganara relevancia en un futuro no lejano. ¿Acaso piensa alguien en serio que la caída del Muro de Berlín, de la que tanto se usa y abusa en los últimos tiempos, ha supuesto ya el fin definitivo del pensamiento comunista y socialista de tipo transformador, es decir el que aspira a contribuir a la superación del capitalismo?

Nadie duda de que los partidos socialistas y comunistas, se entiendan o no como puras reminiscencias históricas, se han adaptado a una convivencia complaciente con el sistema capitalista actual. Nadie duda de que son ellos en muchos casos los primeros que han renunciado al análisis de clase, como tampoco se puede dudar de que el lector de cualquier periódico serio de nuestro país pueda sorprenderse con el uso de una supuesta “antigualla intelectual” como la que aquí se propone. Pero quizás no se trate de una herramienta tan anticuada como parece, al menos para entender algunas de las claves ocultas en el debate actual español sobre cuestiones, llamémoslas, nacionales.

Los antiguos internacionalistas históricos (socialistas, anarquistas, comunistas) tenían claro que los contenidos eran más importantes que las formas. Por eso, siguiendo a Marx o a Bakunin, consideraban que en el fondo daba poco más o menos lo mismo (aunque no desconocían otras diferencias menores) tener una monarquía como sistema de gobierno que una república. O que el Estado que, junto al capital, contribuía a oprimirlos llevara a cabo una política económica y social más o menos avanzada, siempre que estuvieran dentro de los límites, para ellos insuperables, que restringían su capacidad de maniobra dentro del sistema. Ellos hablaban de que la forma de gobierno no afectaba al contenido esencial de las relaciones económicas y sociales, porque, mientras éstas siguieran siendo capitalistas, no satisfarían nunca sus aspiraciones últimas de transformación social. Y cosas de este tipo, lo mismo pueden leerse en los escritos de Pablo Iglesias que en los de Federica Montseny o Andreu Nin.

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