Antes del patriarcado o cuando las mujeres eran libres

Òscar Pujol

El Mahābhārata es una obra que parece haber salido literalmente de una de las bibliotecas imposibles de Borges, ya que en varios momentos reclama para sí la inclusividad de todo lo real. En un verso de alabanza hiperbólica se llega a afirmar que todo lo que se encuentra en el mundo se encuentra también en el Mahābhārata y lo que no se encuentra en el Mahābhārata tampoco se hallará en el mundo. Sin duda alguna, una manera más de publicitar el libro más extenso que se conoce, siete veces el tamaño combinado de la Ilíada y la Odisea, y seis veces el de la Biblia. El Mahābhārata no es ciertamente un catálogo perfecto de la realidad, pero sí que abarca una variedad de temas insospechados que parecen tocar todos los registros de la actividad humana.

Fiel a su vocación enciclopédica hallamos en el Mahābhārata innumerables historias sobre el origen de los usos y costumbres de los pueblos y entre ellos se cuenta el origen de la institución del matrimonio. Se trata de un pasaje sorprendente, ya que nos habla de una edad en la que el matrimonio no existía y las mujeres eran libres. Muchos han interpretado este texto como una alusión a una época anterior a la aparición del patriarcado. Hay muchos otros indicios en el Mahābhārata de costumbres poco ortodoxas, para una sociedad tradicionalmente patriarcal. Por ejemplo, los cinco protagonistas de la historia están casados con una sola mujer, ilustrando la práctica de la poliandria, todavía frecuente en ciertas zonas del Himalaya.

Nuestra historia afirma sin ambages que estos usos y costumbres eran muy favorables para las mujeres. Lo curioso es que el culpable de coartar la libertad sexual femenina no fue un marido celoso, sino un hijo suspicaz que no toleraba la independencia de su madre. Este personaje se llama Śvetaketu y coincide con el conocido filósofo de fama upanishádica. La narración adopta la forma de un diálogo entre el rey Pandu y su mujer Kunti. Pero dejemos que el texto hable por sí mismo:

«¡Oh tú (Kunti) de bello rostro y hermosos ojos!, a continuación te relataré una ley (dharma) antigua, registrada por los sabios venerables, buenos conocedores del dharma. En la antigüedad las mujeres no estaban recluidas (anāvṛta), sino que eran libres (svatantra) y se movían y disfrutaban a su antojo. ¡Oh querida de hermosas caderas!, ya desde la temprana adolescencia las mujeres no eran fieles a sus maridos, pero no había en ello inmoralidad alguna, ya que esta era la ley vigente en la antigüedad.

Incluso hoy los animales siguen esta vieja norma sin sufrir el ataque de los celos o la pasión indebida. Esta ley ancestral es celebrada por los grandes sabios y aún hoy se practica en el país de los Kurus del Norte. En realidad esta práctica, tan favorable para las mujeres, es de una venerable antigüedad (dharmaḥ sanātanaḥ). De hecho, hace poco que en este mundo se implantaron las normas morales. Escucha con todo detalle, ¡oh tú de delicada sonrisa!, por quién y por qué fueron estas normas establecidas.

¡Oh tú de ojos de loto!, hemos oído que había un gran sabio llamado Uddalaka. Uddalaka tuvo un hijo conocido como Śvetaketu y éste fue quien en un arranque de cólera estableció estas leyes para los humanos. Aprende de mí por qué lo hizo.

En cierta ocasión y en presencia del padre de Śvetaketu, un brahmán cogió a su madre por la mano y le dijo: “Anda, vamos”. Al ver que se llevaban a su madre, como si fuese a la fuerza, el hijo del sabio, lleno de rabia, se enfadó sobremanera. Al verlo tan encolerizado el padre le dijo a Śvetaketu: “No te enfurezcas, querido, esta es una costumbre de una antigüedad venerable. Libres son en verdad las mujeres en este mundo, sean de la clase que sean”.

Pero Śvetaketu, el hijo del sabio, no toleró esta usanza e instauró las normas morales para los hombres y las mujeres de esta tierra. ¡Oh venerable señora! Esta moral se estableció entre los humanos, pero no entre las otras especies. Hemos escuchado que desde entonces imperan estas normas. Desde ese momento si una mujer es infiel a su marido cometerá una grave falta, un pecado horrible similar a la destrucción de un feto. Del mismo modo el hombre incurrirá en el mismo pecado si engaña a una mujer fiel que haya permanecido casta desde su mocedad. Por otro lado si la esposa no cumple los deberes conyugales de la procreación, tal y como indique el marido, cometerá también la misma falta. Esta es la ley moral dictada a la fuerza en la antigüedad.» (MBh 11.13)

Como podemos observar el texto señala claramente el establecimiento de una moralidad conforme al uso tradicionalmente patriarcal que se prolonga hasta el presente narrativo. La historia, de hecho, se narra en el contexto de justificar la obligación de la esposa de concebir hijos para satisfacer las aspiraciones del marido o mejor de la familia del marido. Lo que resulta sin duda alguna singular es el tono crítico con qué se considera la instauración de la moral patriarcal: surgen por la intolerancia y la cólera de Śvetaketu y se implanta a la fuerza, mientras que el dharma anterior al matrimonio era una ley ancestral celebrada por los sabios.

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