Las raíces históricas de la tragedia afgana (II)

Una nueva entrada de esta serie en tres partes –enlace a la primera– sobre la tragedia de Afganistán, el triunfo inicial y fracaso final de un proyecto de reforma social, iniciado a comienzos de los setenta y gestionado desde 1978 por los comunistas afganos. Se inició entonces un ciclo de violencia, en el que la confrontación interna quedó determinada por los factores internacionales; ciclo de violencia casi ininterrumpida a lo largo de cuarenta años y sobre que el que no hay una seguridad de que haya finalizado tras la última victoria de los talibanes.

1. Formación del sistema de partidos

La reinstauración de un sistema constitucional parlamentarista y el anuncio de elecciones impulsó la formación de un sistema de partidos, del que hasta entonces había carecido Afganistán. La política se había dirimido en el ámbito de la Corte y entre formaciones que eran lobbies con voluntad de influir en las decisiones que tomara el emir o el rey, sin trascender el ámbito en el que éste actuaba, más que partidos políticos formales con aspiración a movilizar a la sociedad. El movimiento Juventud Despierta, que podría haber sido el primero que se configurara en términos de partido, descartó explícitamente esa opción; por más que puso la semilla inicial para germinara más adelante. En aquel contexto Abdul Rahman Mahmudi organizó un pequeño grupo en torno a su publicación, Nida-ye Khalq, que no llegó a ser propiamente un partido político y resultó muy efímero a causa de su detención. Ahora sí, en el decenio que siguió a la caída de Daud, ante la expectativa parlamentarista y a la espera de una ley de partidos que nunca llegó1, se constituyeron partidos políticos con aquella voluntad de movilización social, en algún caso combinada también con su acción de lobby de Corte, que se dividieron en tres campos: los partidos monárquicos –ya fuera conservador como Wahdat-e Melli (Unidad Nacional) o reformistas con un toque de políticas de bienestar como Jamiat-i Susyal Demukrat (Partido Social Demócrata)2 de Ghulam Mohammed Farhad, Jamiat-e Demokrat-e Morataqui (Partido Democrático Progresista), de Hassim Maiwandwal– los partidos comunistas y los partidos islamistas. Los primeros estaban unidos no solo por su identificación con la monarquía, sino por una posición pro-occidental partidarios de que Afganistán entrara en la órbita anglo-americana; también les unió su limitada incidencia social, aunque los monárquicos de Unidad Nacional se vieron favorecidos en las representaciones parlamentarias que obtuvieron por el apoyo explícito de la Corte y sus gobiernos. La nueva confrontación política partidaria iba a estar dominada por el enfrentamiento entre comunistas e islamistas, herederos los primeros del movimiento reformador de finales de los cuarenta y los segundos del rechazo islamista a cualquier alteración del statu quo social y tribal.

1.1 Los primeros grupos marxistas

Afganistán fue un territorio olvidado por el movimiento comunista hasta después de la Segunda Guerra Mundial. No constituyó objeto de ninguna consideración en los debates de la Internacional Comunista sobre la cuestión colonial, ni en el Congreso de los Pueblos de Oriente desarrollado en Bakú en septiembre de 1920, ni en los debates sobre la cuestión colonial desarrollados entre el segundo y el quinto congreso de la Internacional Comunista3. En ellos había referencias constantes a Irán y la colonia británica de la India, al mundo islámico del Turkestán, pero ninguna en absoluto a Afganistán4. A la recíproca, no hubo en este país ninguna manifestación de marxismo y menos de comunismo, ni entre la pequeña intelectualidad ni entre el limitado y disperso proletariado; hasta la evolución hacia el marxismo de una parte de los protagonistas del movimiento Juventud Despierta, radicalizados por la dura experiencia de 1952-19635. La hizo Abdul Rahman Mahmudi, aunque su prematura muerte le impidió desarrollar su liderazgo que fue asumido tras ella por su hermano Abdul Gahim Mahmudi y su sobrino Hadi Mahmudi; por otra parte eso no se manifestó en sus textos de los años cuarenta, por lo que lo más probable es que si su radicalización le llevó a aproximarse al marxismo eso se produjera en la cárcel. También la hizo Taraki, bastante más tarde, a finales de la década de los cincuenta; aunque durante su estancia en Bombay entre 1934 y 1939, como empleado de la empresa de Zabuli, tuvo conocimiento del Partido Comunista de la India, no hay constancia cierta de que ello significara entonces la adopción de posiciones marxistas y menos explícitamente comunistas6. Taraki se libró de la cárcel en 1953 aunque fue alejado de Afganistán y enviado como agregado de prensa de la embajada afgana en Washington7, donde rompió públicamente con el régimen monárquico; regresó aquel mismo 1953 a Kabul y trabajó a partir de entonces como traductor, desarrollando al propio tiempo lo principal de su obra literaria, en la línea del realismo social. En este punto se plantea una de las muchas incógnitas de esta historia. Según la biografía oficial de Taraki8, su novela corta El viaje de Bang, publicada por primer vez en 1958 contendría al final una invitación a la organización de un partido obrero y campesino fundado «sobre los principios del socialismo científico», lo que indicaría ya la definitiva toma de posición ideológica y política de Taraki; el problema es que ese fragmento solo aparece en la edición de 1978 –hecha ya por el gobierno revolucionario– y, supuestamente, en una edición clandestina de 1958, inencontrable. Sea como fuere, Taraki estaría ya en esa dirección a comienzos de la década de los sesenta, y la consolidaría a raíz de su primera visita a la URSS, en 1963.

La radicalización hacia el comunismo se produjo primero entre los elementos más jóvenes del movimiento reformista y tuvo como pionero a un joven militar, graduado en 1947 y destinado como profesor de la Academia de Policía de Kabul, Muhammad Akbar Khaibar, encarcelado en 1950 por defender posiciones de izquierda que ya tenían una orientación marxista; posiblemente influenciado por el comunismo iraní, el partido Tudeh¸ que había organizado en la época una importante rama militar. Parece bastante claro que la primera, o la principal, literatura marxista que se leyó en Afganistán fue la persa, habida cuenta de que el dari, lengua de alfabetización e intelectual de tayikos y pastunes, era el persa afgano. En la cárcel Khaibar conoció al dirigente estudiantil Sultán Hussein, encarcelado en 1953, y se convirtió en su mentor intelectual y político; Sultán Hussein, hijo de un general del ejército real, se adhirió de manera definitiva al comunismo y decidió en la prisión adoptar un nombre de guerra por el que sería conocido en adelante: Babrak Karmal («amigo de los trabajadores»). En 1956, con motivo del acuerdo con la URSS, Daud puso en libertad a la mayoría de sus presos políticos entre ellos Sultán Hussein-Babark Karmal y Khaibar, que mantuvieron su relación a la salida de la prisión. No obstante, Babrak Karmal tuvo que cumplir primero los dos años de servicio militar y hasta su término no pudo recuperar, en 1959, sus estudios en la facultad de Ciencias Políticas y Derecho, de los que se licenció en 1960. El retorno a la universidad fue también el de su activismo político, ahora con la nueva orientación ideológica; con dotes de orador y el carisma de su paso por la cárcel recuperó una posición de liderazgo entre la izquierda estudiantil y consolidó un pequeño grupo del que formaban parte Sultán Alí Kishtmand, Tahir Badakhshi, ambos licenciados en economía en 1961, su hermano menor Mahmud Baryalay, matemático licenciado en 1966, Noor Ahmed Noor, licenciado en Políticas y Derecho en 1961. También incluía a Anahita Ratzebad, hija de un miembro del movimiento de los Jóvenes Afganos co-redactor de la constitución de 1923; enfermera desde 1947 y directora de la Escuela de Enfermería del Hospital de Mujeres de Kabul, entre 1952-1957 completó sus estudios con los de Medicina en 1963. A él se sumó Khaibar, considerado como el «maestro», y fue el primer colectivo comunista que pudo consolidar su relación al coincidir Babrak Karmal, Kishtmand y Badakhshi todos ellos incorporados al Ministerio de Planificación Económica, en tanto que Noor lo hizo en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Un segundo círculo se formalizó en torno a Taraki, quien al regreso de su viaje a la URSS cambió su dedicación a la literatura por la política, intentando impulsar en septiembre de 1963 un denominado Frente Nacional Unido que no pasó de la intención. A pesar de ese fracaso, Taraki salió de él al frente de otro grupo estable entre los que se encontraban dos estudiantes de medicina a punto de graduarse, Sha Wali y Saleh Mohammad Zeary, un ingeniero de minas Ismail Danish, y un funcionario del Ministerio de Transportes Karim Misaq. El tayiko Ghulan Dastagir Panjsheri, licenciado en la Facultad de Letras y Humanidades en 1958, lideró un tercer grupo en 1963, con una menor participación que la que contaban los círculos de Babrak Karmal y Taraki, pero con la particularidad de una incidencia entre trabajadores de la que carecían los otros dos grupos.

Sus trayectorias dibujaban un panorama de grupos comunistas dispersos, integrados por intelectuales y profesionales, hasta que la destitución de Daud en marzo de 1963 abrió un nuevo escenario político. En el mismo 1963 el grupo de Taraki y el de Babrak Karmal decidieron constituir un comité conjunto y ante la convocatoria de las elecciones decidieron dar el paso, de unificarse en un solo partido al que se unió el grupo de Panjsheri. Su congreso fundacional se produjo en enero de 1965, con 27 delegados, de todas las etnias (13 pastunes, 8 tayikos, 3 hazaras y 1 uzbeco); adoptó la denominación de Jamiat-e Demokratik-e Khalq-e Afganistán (Partido Democrático Popular de Afganistán, en lo sucesivo PDPA) y eligió a Taraki como secretario general y a Babrak Karmal como secretario general adjunto. Contra los tópicos de la desinformación que dominan la escasa historiografía sobre el PDPA, su nombre no respondió a ningún supuesto mefistofélico de pretender ocultar su identidad ideológica; era análogo a la del partido de los comunistas iraníes, el Tudeh fundado en 1941 bajo la influencia del frentepopulismo. Ya se ha dicho que sus impulsores hablaban tayiko o pastún y darsi, y tuvieron como lecturas de formación política e ideológica los textos del Tudeh; de hecho la significación del vocablo persa tudeh (masas populares) era equivalente a la del pastún Khalq (masas, pueblo). Su denominación reconocía la realidad social de Afganistán, en la que la clase trabajadora era más que minúscula, y el carácter nacional, democrático y popular que se consideraba que había de tener la inmediata transformación revolucionaria del país; no pretendía ocultar nada, sino por el contrario enfatizar sus objetivos. Poco tiempo después Taraki y Babrak Karmal hicieron su primer viaje a Moscú como dirigentes del nuevo partido y obtuvieron fondos para financiar su participación en las elecciones de la Wolesi Jirga.

Al margen de esa unificación quedaron dos grupos que se posicionaron a favor de las tesis del comunismo chino, liderado uno por Rahim Mahmudi y Hadi Mahmudi y el otro por los hermanos Akram Yari y Sadiq Yari, que se agruparon en una plataforma política propia Sazman-i Demokratik-i Navin-i Afghanistan Nueva Organización Democrática de Afganistán promotora en 1966 del frente de la Sazman-e Jawanan-e Mutaraqui (Organización Pogresista de la Juventud). Rechazaron la participación electoral y sosteniendo que Afganistán se encontraba en una situación prerrevolucionaria propugnaron la insurrección, siguiendo las tesis maoístas de la guerra popular prolongada. La Organización Progresista de la Juventud compitió en los siguientes años con el PDPA y con los islamitas para controlar el movimiento estudiantil universitario. En 1969 fundó el periódico Shu’La-Yi Javid (La Llama Eterna), nombre por el que se conoció a esa minoritaria corriente maoísta, cuya principal incidencia, de la mano de los hermanos Yari, se produjo entre la minoría hazara; lo que les proporcionó una presencia específica entre los trabajadores hazaras de Kabul y Pul-i Khumri. No obstante, el crecimiento del grupo maoísta se vio frenado por la esterilidad política de su insurreccionalismo y la cadena de rupturas internas que se inició en 1972, arrastrada por la crisis del PC Chino; la Organización de la Juventud Progresista se disolvió y Faiz Ahmad lideró una escisión, el Grupo Revolucionario del Pueblo de Afganistán, a lo que se sumó en los siguientes años la división entre el grupo de los Mahmmudi y el de los Yari. En su fragmentación inacabable el maoísmo perdió su pugna por el control del espacio comunista en Afganistán, que quedó muy mayoritariamente en manos del PDPA.

1.2 El inicio del movimiento comunista en Afganistán

El congreso constituyente del PDPA de enero de 1965 acordó la elaboración de una plataforma programática que fue publicada en la prensa del partido en abril de 1966. No había ningún tipo de ocultación, su identidad comunista era explícita en el inicio del documento, en su referencia al contexto de la «lucha de clases y la guerra entre el socialismo internacional y el imperialismo mundial que comenzó con la Gran Revolución Socialista de Octubre»; y también a su término, que concluía afirmando que nunca renunciaría al nuestro objetivo de la igualdad completa que solo podía conseguirse «a través del socialismo». Su posición política partía de la consideración de que el desarrollo de la sociedad afgana en todos sus ámbitos estaba bloqueado por el poder de «las clases feudales», las grandes empresas, los acaparadores, los corruptos, los agentes monopolistas y el imperialismo internacional; de una manera más concreta el combate principal era el que había que desarrollar contra el poder feudal, que en Afganistán se identificaba con los grandes propietarios de la tierra. El objetivo estratégico era el establecimiento de un «Estado democrático nacional y la adopción de un sistema distinto al capitalismo», poniendo como ejemplos presentes de esos objetivos a Egipto, Argelia, Guinea, Mali y Birmania; una economía mixta con peso preponderante del estado, en el que el sector privado podía actuar como cooperador del gubernamental o independiente sometido a regulación pública. Ese estado se articularía sobre la base del reconocimiento de todas las libertades políticas, de asociación, prensa y palabra, así como de los derechos humanos individuales; en un régimen parlamentario, con cámara elegida por sufragio universal –sin distinción de sexo– a partir de los 18 años, con poder judicial independiente y con ejecutivo surgido de la cámara y controlado por ella. Señala tres objetivos particularmente relevantes en Afganistán: la igualdad de la mujer en todos los ámbitos; la lucha contra el analfabetismo y el desarrollo de un sistema universal de enseñanza pública desde los siete años, con el uso de la lengua materna de cada niño en la enseñanza primaria; y el reconocimiento de la diversidad étnica del país, defendiendo la pluralidad cultural dentro de una unidad nacional afgana. El programa recogía también la necesidad de una profunda transformación de la agricultura, mediante la redistribución de la propiedad de la tierra, el fin de las hipotecas y arrendamientos, en beneficio de pequeños propietarios y campesinos sin tierra; y un plan económico de crecimiento productivo, particularmente del hasta entonces débil sector industrial. En política internacional situaba a Afganistán en el terreno en que entonces ya estaba, el de los países neutrales; y se hacía una alusión genérica al rechazo de la Línea Durand.

Todo ello configuraba una propuesta reformadora, homologable con la presente entonces en el campo de los países no alineados; que, no obstante, podía tener implicaciones revolucionarias en su ejecución dado el atraso estructural de la sociedad afgana. El documento obvió la cuestión religiosa y la de la monarquía más que probablemente para evitar dar pretexto a la suspensión del periódico y a una prematura persecución del partido. Tampoco entró en el problema de la organización tribal mayoritaria en la sociedad afgana, no por desconocimiento como algunos publicistas occidentales han afirmado por su propio desconocimiento del comunismo afgano, sino porque lo subsumía dentro de la categoría de feudalismo, como lo hacía por entonces en general el marxismo político, no solo el comunista. Eso podía ser discutible en términos teóricos y no tenía en cuenta el proceso de avance de formas capitalistas en la sociedad tribal-feudal, como señaló Beverley Male, pero no era un error que descalificara el sentido general de la propuesta del PDPA.

El objetivo estratégico de la «democracia nacional» había de perseguirse mediante la articulación de una alianza entre trabajadores industriales, campesinos, intelectuales progresistas, artesanos, pequeña burguesía y «capitalistas nacionales», representados en un frente nacional unido de fuerzas democráticas y nacionalistas; entendiendo por nacionalismo el rechazo al imperialismo y al colonialismo y la defensa de una comunidad nacional afgana común. Tanto esa línea general como buena parte de los detalles e incluso los términos empleados correspondían a la nueva estrategia adoptada por el movimiento comunista con respecto a los países coloniales y semicoloniales a partir de 1955, expuestos públicamente a partir del XX Congreso del PCUS en 1956 y traducidos, por así decirlo, al incipiente comunismo afgano por el Tudeh iraní. En 1948 la dirección comunista a través del periódico de la KominformPor una paz duradera, por una democracia popular– había trasladado la política de guerra fría al interior de esos países, sosteniendo que la confrontación entre el campo socialista y el campo imperialista también se producía en su seno, lo que se concretaba en una descalificación de los «nacionalismos burgueses» en esos países como instrumentos objetivos e incluso subjetivos del imperialismo y la postulación de que los partidos comunistas habían de tomar directamente la dirección y el protagonismo de los movimientos de liberación nacional. La concreción de esa línea se produjo en la Conferencia de la Juventud del Sudeste Asiático, en Calcuta en febrero de 1948, y que en realidad fue un encuentro de partidos comunistas del área, desde Irán hasta Indochina, En ella se acordó llevar a esos partidos promover diversos procesos insurreccionales, que se materializaron en Birmania, Malaysia e Indonesia, entre abril y septiembre de 1948, cosechando todos ellos un trágico fracaso. A pesar de eso, la línea insurreccional se mantuvo en el PC Indio, con una cadena de atentados y actos de violencia que culminaron en la convocatoria de una huelga general ferroviaria en marzo de 1949; fracasada asimismo pudo mantenerse hasta principio de los cincuenta alimentada en la rebelión comunista de Telangana, en el estado de Hyderabad, entre 1946 y 1951. En el Tudeh, la línea del 48 se materializó en el rechazo al gobierno nacionalista de Mosaddeq, incluso a la nacionalización petrolera, en su primera fase entre 1951 y 1952. Los partidos comunistas denunciaban a Sukarno, Gandhi y Mosaddeq como agentes o aliados del imperialismo, enmascarados en una falsa defensa de la independencia nacional.

En 1955 se inició un giro de 180 grado en el movimiento comunista por la autocrítica de la línea insurreccional, que había llevado a sus partidos a promover movimientos sin tener en cuenta su propia debilidad y sus escasas posibilidades de éxito9. También por la elaboración de una nueva propuesta que partía de la aceptación de que la burguesía nacional era objetivamente enemiga del imperialismo, que la liberación del «yugo colonial» se podía producir por diferentes vías y de diferentes maneras en los diversos países y que, «en algunos casos, el pueblo primero lucha y gana su completa independencia política y económica, y luego emprende la tarea de lograr no solo una transformación democrática sino socialista»10; lo que significaba el entierro de la fórmula de Stalin de que la liberación social había de preceder a la colonial, y a la nacional. Los artículos en Sovetskoe Vostokovedenie (Estudios orientales soviéticos) y en Partiinaya Zhin (Vida del Partido), dieron paso a las resoluciones del XX Congreso del PCUS, desarrolladas en posteriores conferencias comunistas internacionales y en los congresos de los partidos afectado. La estrategia había de pasar de la confrontación con los movimientos nacionalistas, con Nehru, Mosaddeq o Sukarno, a la propuesta de constituir frentes nacionales con ellos para completar la independencia política con la económica, mediante un crecimiento no capitalista de la economía, y la construcción de la democracia, en el ámbito político y el ámbito social, como etapa de transición, que podía ser pacífica, al socialismo. El primer partido comunista de los que flanqueaban a la izquierda afgana en asumir el giro fue el Tudeh, que en su Quinto Pleno Ampliado del Comité Central, en febrero de 1958 acordó promover la unidad de todas las fuerzas nacionales y democráticas, incorporando el término mosaddequiano del «frente nacional», para el derrocamiento del régimen dictatorial del Sha y su sustitución por un régimen de democracia nacional. Algo más le costó al Partido Comunista de la India; hasta 1960 no aceptó que Nehru y el Congreso Nacional Indio representaba a la burguesía nacional y que había que trabajar con los militantes y las masas de ese partido, no sin mantener su reserva crítica hacia Nehru. No obstante, el giro fue interpretado de manera diversa, consolidando corrientes diferentes que disputaban el liderazgo en ambos partidos. En el Tudeh, la dirección histórica encabezada por Iradj Eskandary, fundadora del partido, se adhirió de manera absoluta a la política de frente nacional, en sus términos más abiertos, y llegó a defender una relación de coexistencia con el Sha Reza Pahleví a comienzos de los setenta; frente a ella, la liderada por la segunda generación dirigente encabezada por Nur al-Din Kianuri y Ehsanallah Tabari, principales artífice del enfrentamiento con Mosaddeq en 1951-1952, la aceptaron con la boca pequeña, tendiendo a restringirla y a sobreponer el protagonismo del partido. En el PC de la India, la confrontación se produjo en torno a la figura de Nehru y la aceptación del gobierno del Congreso Nacional Indio; en este caso, empero, la división generada por el estallido de la guerra chino-india de 1962, radicalizó la confrontación que desembocó en ruptura formal con la escisión del Partido Comunista de la India-Marxista, opuesto al apoyo dado al gobierno indio en el enfrentamiento. La influencia mayor en la formación inicial de los comunistas afganos provino de los iranies –como ya lo percibiera Dupree en la etapa fundacional de su partido–, y también lo fue en la proyección de sus disidencias internas.

Los inicios del PDPA resultaron prometedores. A las elecciones a la Wolesi Jirga, celebradas entre el 12 y el 24 de septiembre11, presentó ocho candidatos y obtuvo cuatro diputados: Babrak Karmal, Anahita Ratebzad, Noor Ahmed Noor y Fezanul Haq Fezan; no consiguieron ser elegidos ni Taraki ni Hafizullah Amin12, que se quedó fuera por una cincuentena de votos. Era una minoría limitada en número; sin embargo; consiguió un notable protagonismo en la cámara afgana, reforzado por el eco que tuvo sus intervenciones entre los estudiantes y el profesorado universitario y de enseñanza media de Kabul. Y asumió ese protagonismo desde que en los primeros días de octubre, tan buen punto como se inauguró la actividad parlamentaria la minoría del PDPA desencadenó una ofensiva de denuncia contra el primer ministro Yusuf por la corrupción gubernamental y la lentitud con que se había gestionado la convocatoria de las elecciones. Movilizados por el PDPA, las galerías y los pasillos de la cámara se llenaron de estudiantes que impidieron la toma de posesión de Yusuf y su gobierno, que habían de ser ratificados por la Wolesi Jirga, de acuerdo con la nueva constitución. La sesión tuvo que suspenderse y aplazarse al día siguiente, entre invitaciones de Babrak Karmal a los estudiantes para que acudieran de nuevo aquel día. La presidencia de la cámara lo evitó, consiguiendo que ésta aprobara reunirse el 25 a puerta cerrada; lo que trasladó las manifestaciones a la calle, desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde, cuando fueron disueltas por el ejército, matando al menos a tres manifestantes e hiriendo a varias decenas. Aquel día pasó a la historia política de Afganistán y fue recordado en lo sucesivo cada año con manifestaciones de la izquierda por las calles de Kabul. Yusuf se vio obligado a renunciar en favor del reformista Maiwandwal, Ministro de Educación en funciones, que con una intervención carismática en el campus universitario consiguió apaciguar los ánimos. Maiwandwal resultó beneficiado de todo el episodio y se dispuso a impulsar desde el gobierno la formación de su partido “demócrata progresista” al calor de la expectativa que suscitó en Kabul su moderado reformismo. Le duró poco, en octubre de 1967 Zahir Sha, que bloqueó la prosecución de las reformas, lo obligó a dimitir. El vencedor político del episodio de octubre de 1965 fue el PDPA. Una pequeña victoria que acaso llegó demasiado pronto y que, en cualquier caso, no fue bien digerida por todo el PDPA, en el que un año más tarde se inició una división con respecto a la política a seguir que acabó fracturando al partido, de hecho hasta su derrota a comienzos de la década del noventa.

1.3. Una división histórica

La división salió a la luz a finales de mayo de 1966, cuando el joven partido tuvo que enfrentarse al primer golpe de la represión, la prohibición de su periódico Khalq que solo había publicado seis números desde que había sido autorizado en abril13. En la reunión del Comité Central que examinó el cierre, Babrak Karmal criticó que el periódico se hubiese escorado excesivamente hacia un discurso comunista, ignorando en su opinión la fase política en la que el partido se encontraba, la de la articulación del frente nacional unido; una fase que pedía un discurso más abierto, a la vez que menos expuesto a la acción gubernamental. La crítica fue rechazada por Taraki iniciando ambos una larga disputa por la interpretación de la línea del partido. No se trató de un enfrentamiento personal como frecuentemente se interpretado en la bibliografía. Desde luego eran diferentes sus formas personales: las de Taraki, de un hijo de nómadas que se había hecho a sí mismo desde que había empezado a trabajar en la adolescencia; las de Babrak Karmal, de un miembro de la élite con la que había roto ideológicamente, pero con la que mantenía sus lazos familiares y de relaciones personales. A eso se había añadido las diferencias de su discurso en función del rol que cada uno desempeñaba: Taraki, el de líder del partido y editor del periódico sobre el que se discutía; Babrak Karmal diputado y voz principal de la izquierda en la Wolesy Jirga. A pesar de todo, no era simplemente un enfrentamiento ni personal, ni de roles, aunque todo ello contribuyera a hacerlo más marcado. En la perspectiva inmediata recogía la diversa interpretación del frente nacional; como alianza social amplia en la que los partidos comunistas habían de ser la organización promotora sin pretender asumir la dirección en perjuicio de las formaciones nacionalistas, o como plataforma política protagonizada por el partido comunista con el apoyo de sus organizaciones de masas, los sindicatos obreros y campesinos y las juventudes; esa era la discrepancia existente en el Tudeh entre Eskandary y Kianuri. En una consideración más a largo plazo de las principales divisiones en el seno del movimiento comunista había ecos de la disyuntiva histórica entre la teoría de la ofensiva y la propuesta de reorientación de Lenin de los partidos comunistas como partidos de masas y la adopción de una política de alianzas amplia, que califico como la teoría comunista de masas; la disyuntiva entre considerar que la función de vanguardia del partido se había de hacer por delante de las masas, arrastrándolas a la acción revolucionaria emprendida por el partido, o en el seno de ellas, orientando sus movilización; o si considerar que se estaba ya en una fase de asalto revolucionario al poder, en la que toda iniciativa había de partir y girar en torno al partido, o ante una fase de transición, en la que había que enfatizar y respetar las propuestas democráticas, en torno a las cuales desplegar la alianza social más amplia posible. Sobre ese fondo de la concepción del partido, la consideración del momento estratégico, los objetivos políticos y la política de alianzas, se fue desarrollando un debate cuyos motivos de discusión era específicamente afganos: la actitud ante Zahir Sha, la implementación o no de una política de penetración en el aparato de estado, incluido el ejército, la relación con Daud, los tonos –socialistas o democráticos– del discurso propagandístico. Y desde luego una pugna por decantar a favor de las posiciones respectivas la mayoría del partido, empezando por la del Comité Central.

Ante la diferencia surgida entre ambos, Taraki propuso una ampliación del Comité, doblando su número e incorporando tanto partidarios suyos (Hafizullah Amin o Ismail Danish) como de Babrak Karmal (Noor Ahmed Noor o Suleman Laiq) entre otros. El conflicto, lejos de diluirse se enconó al proponer Babrak Karmal el ingreso también de Anahita Ratzebud y de Khaibar. Rechazada esas incorporaciones, Babrak Karmal dio un paso en falso queriendo forzarlas mediante la presentación de su propia dimisión en agosto de 1966. Un error, Taraki maniobró con habilidad y el Comité Central le aceptó la dimisión. La intervención de la embajada soviética en Kabul instando a recuperar la unidad acabó en fracaso en mayo de 1967, cuando Taraki la condicionó a la firma de un manifiesto conjunto contra Zahir Sha, lo que Babrak rehusó insistiendo en la incorporación de Anahita y Khaibar al Comité Central, así como su propia reposición en él de nuevo como segundo secretario. La ruptura resultó definitiva, constituyéndose dos partidos de hecho, con la misma denominación de Partido Democrático Popular de Afganistán. La publicación legal, también por breve tiempo14, del órgano del grupo de Babrak Karmal, del periódico Parcham (Bandera), dirigido por Khaibar, hizo que a partir de entonces los militantes de cada uno de los dos partidos fueran popularmente conocidos como «jalquis»15 y «parchamis». La crisis, por otra parte, dio lugar a otras separaciones, algunas temporales y otras definitivas. Panjsheri abandonó el PDPA para organizar su propio colectivo, Groh-i-Karagar (Grupo de Trabajadores), hasta que en 1968 se reintegró en la formación dirigida por Taraki, aunque manteniendo internamente su grupo. Ufaq fundó el propio Jamiat-e-Inqlabyun (Partido Revolucionario), que no regresó al PDPA hasta 1986. Pero la separación más importante fue la de Badakskhi, que en 1968 fundó Settam-e-Melli (Opresión Nacional); el nuevo grupo centró el foco en la diversidad étnico-nacional de Afganistán y la lucha contra la hegemonía pastún, encontrando apoyo entre la juventud tayika, una parte de ella seducida por los planteamientos maoístas de la guerra popular prolongada, que no obstante Badakhshi nunca asumió. A pesar de esa incidencia, el maoísmo afgano siguió siendo el de la Organización Progresista de la Juventud y las formaciones que se constituyeron tras su disolución.

La división entre «jalquis» y «parchamis» fue perfilando sus propias líneas. La impulsada por Taraki –que a partir de 1969 tuvo a Hafizullah Amin como principal colaborador y, en la práctica, el organizador clave de la nueva formación– defendía una táctica insurreccional para derribar la monarquía, protagonizada por el partido que dirigiría a las masas trabajadoras y asalariadas, los estudiantes y los campesinos; en consecuencia, la prioridad era llevar a esas masas a aceptar el discurso revolucionario y el liderazgo del partido, convirtiendo a sus militantes en predicadores y agitadores más que propagandistas, movilizadores y cuadros políticos. No obstante, tenía un grave problema para avanzar: las clases trabajadoras eran cuantitativamente ínfimas y estaban dispersas en un territorio que apenas había empezado a establecer comunicaciones rápidas, concentradas en las fábricas de Kabul, Kandahar, Kunduz; el campesinado, muy mayoritariamente aislado del mundo urbano y todo él encuadrado bajo la simbiosis entre islamismo conservador y tradiciones ancestrales, era más que difícilmente asequible para el discurso comunista. La insurrección de obreros y campesinos era una entelequia, cuya única traducción en la práctica era la insurrección del partido, a la espera de que las masas no organizadas e inmóviles se movilizaran por fin tras la guía mosaica del PDPA-KHALQhalq. A pesar de ello, el carisma de Taraki y la capacidad proselitista y organizativa de Amin consolidaron una militancia compacta; Amin, profesor de secundaria desde 1955, director de una de las «high school» de Kabul desde 1959 y entre 1960 y 1962 del Instituto de Formación del Profesorado Ibn Sina16, tuvo un importante campo de proselitismo entre los enseñantes, que constituyeron la espina dorsal de la formación «jalquista».

Babrak Karmal, por el contrario, consideraba que no existían todavía condiciones para una insurrección popular en Afganistán. Había que actuar dentro del marco constitucional existente; y en él maximizar las posibilidades reales del partido, combinando la denuncia de la monarquía y del sistema social afgano, que determinaban el atraso del país, con una presencia activa en el parlamento y el incipiente sistema de partidos; estableciendo relaciones de acuerdo político con las formaciones que estuvieran por la transformación democrática del país. La tarea era la construcción del frente nacional. Su línea recibió un golpe en las elecciones a la Wolesi Jirga de 1969, cuando solo Babrak Karmal pudo mantener el escaño; que ésta vez sí consiguió Amin. El gobierno y los jeques, alertados por el resultado de las elecciones de 1965, fomentaron la participación de sus poblaciones partidarias o dominadas; y el gobierno dificultó la propaganda del PDPA, con la ilegalización de Parcham y la negación a legalizar de nuevo Khalq, o cualquier cabecera publicada en su nombre. El resultado de esa presión sobre el proceso electoral fue que solo el 16% de quienes tenían derecho a voto se inscribieron y de los que lo hicieron solo votó el 60%. El proyecto de la democracia parlamentaria encontraba bloqueos desde el corazón del régimen monárquico y las elites sociales dominantes.

La otra línea de acción de los «parchamis» fue la penetración en el aparato del estado, tanto el funcionariado civil –al que pertenecían muchos miembros del partido– como en el militar, en el que la renovación y modernización del ejército estaba promoviendo ideas de ruptura, alentadas por la experiencia de Nasser en Egipto. A comienzos de los sesenta se constituyó una sociedad clandestina de oficiales en la Fuerza Aérea, entre cuyos miembros destacados figuró el piloto de combate Abdul Qadir que en 1971 completó su formación en la URSS, en la Escuela Superior de Aviación de Kiev. Sin duda, el hecho de que la formación superior de pilotos y tanquistas tuviera lugar desde mediados de los sesenta en la URSS, favoreció la consolidación y expansión de esa corriente rupturista en ambos tipos de unidades; aunque ni mucho menos todos los que completaron formación en la URSS se adhirieron a las posturas de los dos PDPA, como se comprobaría cuando estalló la rebelión islamista en 1979. Babrak Karmal confiaba en que la acción y penetración institucional y la búsqueda de alianzas con otras formaciones políticas que tuvieran posiciones reformadoras iría llevando a Afganistán al desarrollo de la «revolución nacional y democrática», incluso contemplando que eso pudiera producirse en el marco de la monarquía al amparo de la constitución de 1964. Los «jalquistas» acusaron a sus rivales de «comunistas monárquicos», con evidente exageración y demagogia; en cualquier caso, y a pesar de su insurreccionalismo propagandístico y su denuncia del acatamiento de la monarquías por su rival el PDPA-KHALQhalq nunca se sumó a la línea insurreccional, de acción violenta preconizada por los grupos maoístas.

1.4. El nuevo islamismo político

Desde el final de la Gran Guerra se sucedieron tres proyectos de modernización que tenían el objetivo común de construir el estado-nación afgano y promover la transición de una sociedad predominantemente tribal-agraria, en gran medida autosubsistente, a una sociedad de economía de mercado basada en la igualdad jurídica de sus habitantes, en particular por encima de la diferencia de género, factor fundamental del tribalismo afgano. Caracterizándolos por la inclinación ideológica de sus impulsores se podría identificar un primer proyecto de modernización liberal protagonizado por Ammanullah y Tarzi, recuperado solo de manera parcial en los primeros años de la segunda postguerra mundial; un segundo proyecto de orientación democrática, que se quedó en ciernes, el del movimiento de la Juventud Despierta; y un tercer proyecto autoritario, el de Daud, que tuvo una primera expresión entre 1953 y 1963 para reformularse en términos de un mayor intervencionismo del estado durante la República de 1973-1978. Ante esos tres proyectos de modernización el gran opositor fue el poder tribal y los poderes institucionales del islam afgano, abiertamente refractario, las cofradías suníes y el clero musulmán; esos dos poderes constituían un bloque hegemónico en la sociedad afgana, que mediatizaba permanentemente su sociedad política y sus instituciones. Fue su reacción la que desequilibró el proyecto liberal y lo derrotó en 1929, llevando a la monarquía afgana a transigir con él en un pacto de no alteración de las estructuras sociales y culturales. También fue el que impulsó el acoso y derribo del movimiento de la Juventud Despierta y mantuvo una progresiva confrontación con Daud fijando a Zahir Sha en una posición de freno permanente a la modernización.

Hasta la década de los sesenta el islamismo contrario a toda reforma, consorte necesario del poder tribal, actuó a la defensiva; sin pretender un proyecto político propio sino el mantenimiento del statu quo, por más que en ocasiones lo hiciese por medios violentos. Ese era un comportamiento habitual del clero y las instituciones de las diferentes corrientes del Islam en Oriente Próximo y Asia sudcentral que habían dejado al Imperio Otomano, o al Británico, el ejercicio del poder político a cambio de que protegieran, también económicamente, la religión musulmana y las instituciones que la vertebraran. La principal excepción a esa regla –más allá de reacciones locales como la de wahabismo, que no trascendió de la Península Arábiga hasta el siglo XX– fueron las propuestas reformistas incardinadas en el movimiento de la Nahda17, entre las que sobresalieron la de Jamal al-Din «el Afgano», Muhammad Abdul y Quasim Amin pionero de la defensa de la igualdad de derechos de la mujer, tanto civiles como políticos. Esa propuesta, que por proponerse a todo el mundo musulmán fue asimismo panislamista, fue una abierta invitación a la participación política activa en un proyecto musulmán no clerical ni subordinado a las diferentes corrientes enfrentadas del islam; lamentablemente resultaron minoritarias y no llegaron a articular una propuesta política específica, aunque dejaran una recurrente influencia intelectual en las posteriores propuestas del reformismo islámico del siglo XX.

El fin del Imperio Otomano y la recolonización del Oriente Próximo a cargo del Reino Unido y Francia, con Alemania como aspirante, despojó a los árabes musulmanes de su poder protector; por el vacío dejado por la caída otomana y la agresiva intromisión del imperialismo británico y francés a partir del acuerdo Sykes-Picot de 1916. Las potencias vencedoras negaron la constitución de un nuevo estado árabe en el Oriente Próximo al acabar la Gran Guerra y lo fragmentaron en cambio en «mandatos» bajo la administración francesa o británica, con delimitaciones trazadas a escuadra y cartabón y basadas en los intereses de esas potencias europeas; su herencia fueron los estados semicoloniales de Irak, Jordania y Siria, de la que se segregó Líbano. Al propio tiempo el Reino Unido confirmó su protectorado sobre Egipto, jurídico hasta 1925 y de hecho hasta 1952, mediante el control de la monarquía y el dominio del Canal de Suez; mientras que su ocupación efectiva de Palestina, legalizada por la Sociedad de Naciones, se tradujo en un trato de favor en beneficio del movimiento sionista que perseguía restaurar en ella el estado de Israel, y en perjuicio de la población nativa asimilada como árabe a partir de la conquista musulmana de finales del siglo VII. Esa situación propició dos respuestas muy diferentes. Primero, la modernización nacionalista de Ataturk en Turquía, compartida por Ammanulláh-Tarzi en Afganistán y el Wafd en Egipto. Más adelante, en los años cuarenta, el Movimiento de la Resurrección Árabe impulsado por Michel Aflaq que se constituyó en Partido Baaz (Resurrección) Árabe Socialista en 1947; su socialismo no tenía nada que ver con el marxismo en ninguna de sus variantes, era una reinterpretación estatalista y laica de las fuertes raíces comunitarias de la cultura musulmana. Nacionalismo y «baazismo» fueron las reacciones con mayor presencia y resultado político hasta la década de los setenta del siglo XX en la que un nuevo islamismo político, con la protección del patrocinio saudí en el mundo sunita y el apoyo de EEUU, se impuso como opción dominante, por más que estar lejos de ser ni uniforme ni unitaria. En sus expresiones mayoritarias se configuró no solo contra la dominación colonial sino también de rechazo a las manifestaciones culturales de occidente y de reconstrucción de un nuevo Islam político activo sobre dos bases: sus interpretaciones ancestrales, respetuosas con las normas culturales locales adheridas al cuerpo doctrinal del Islam, y la elaboración de una ideología política teocrática.

Los pilares iniciales de ese islamismo político fueron el musulmán indio Abú Alá Maududi (1903-1979), originario de Hyderabad aunque a partir de 1937 se trasladó a lo que diez años más tarde sería el Paquistán, y el egipcio Sayyid Qutb (1903-1966). Maududi acuñó la tesis seminal de que en el mundo islámico la soberanía no reside en el pueblo, ni el ningún soberano terrenal, sino en Allah y sólo él ha de ser objeto de adoración por parte de los hombres, también en el plano político; precisamente por ello, los musulmanes no habían de abstenerse de hacer política, sino todo lo contrario para defender la soberanía de Alláh, mediante la consideración literal del Corán, los seis libros de los hechos y dichos de Mahoma, los hadices, transmitidos oralmente hasta que fueron escritos en el siglo IX, y la aplicación de la sharía. En la medida en que consideró que formaban parte del Islam no solo los que practicaban la religión musulmana sino todo los que reconocían un dios y una única ley divina, Maududi calificó al estado que propugnaba como «teodemocrático», como la verdadera democracia. En 1941 fundó en Lahore el Jamaat-e-Islami (Partido del Islam), que proponía la islamización progresiva del subcontinente, razón por la cual se opuso a la partición de 1947 aunque tras ella se adaptó a la nueva situación y se integró en la política del recién creado país en la confianza de que gradualmente se constituyera en el primer estado islámico de la época moderna. Sayyid Qutb compartió la concepción de la soberanía teocrática de Maududi y el reconocimiento del Corán, los hadices y la sharía como referentes fundamentales; y combatió de manera particular al nacionalismo emergente en los países musulmanes, sobre cuya derrota había de constituirse una nueva comunidad de sentido y contenido islámico. Formó parte de la organización de los Hermanos Musulmanes, fundada en 1928 y, a diferencia del gradualismo teórico de Mauduidi, propugnó desde el primer momento una lucha de ruptura, revolucionaria, contra la dominación occidental y por la instauración del estado islámico; introdujo además la lucha contra el takfir, contra el musulmán considerado herético o impío, empezando por los chiítas, lo que condujo en el extremo a una división interna de antagonistas en el seno del islamismo político. La fundación en 1962 de la Universidad Islámica de Medina, en Arabia Saudí, como alternativa a la histórica Universidad Islámica de Al-Azhar, en Egipto, proporcionó un hilo de unión entre el wahabismo y los movimientos impulsados por Mauduidi y Qutb, estableciendo puentes de pensamiento y acción entre ellos, sin llegar nunca a constituir una línea uniforme.

Tras la derrota de Ammanullah la influencia política turca cayó en picado en Kabul, en tanto que el nacionalismo baasista nunca incidió en el mundo islámico afgano. Este se movió entre la continuidad del islam no político, puntualmente reactivo a los cambios a través de los ulemas y las cofradías y la incorporación del nuevo islamismo político representado por Maududi, Qutb, y las organizaciones que fundaron o a la que pertenecieron, Jamiat-e-Islami y los Hermanos Musulmanes. La entrada de este nuevo Islam se produjo a partir de 1958 a través de la Facultad de Teología de Kabul. En concreto de la mano de algunos de sus profesores que se agruparon en la Jamiat-i Islami-yi Afganisthan (habitualmente traducida como Sociedad Islámica de Afganistám), liderada por el decano de la facultad Ghulam Muhammad Niazi18; éste había cursado estudios de postgrado en teología y ley islámica en la Universidad Al-Azhar de Egipto, donde entró en contacto con Qutb y los Hermanos Musulmanes. Tras él, sus alumnos Burhannuddin Rabbani y Abdul Rasul Sayaf, siguieron el mismo proceso de estudios en Al-Azhar el primero entre 1964 y 1968 y el segundo entre 1970 y 1973; aunque mientras Rabbani se mantuvo en la línea de Qutb y los Hermanos Musulmanes, Sayaf se orientó hacia el wahabismo. Ambos participaron en 1969 en la fundación de la Sazman-i Jawanan-i Musulman (Organización de la Juventud Musulmana, OJM); en la que Rabbani fue el responsable de la expansión hacia el interior de Afganistán19. En 1971 Rabbani dio un paso adelante al ser elegido como presidente de Jamiat-i Islami-yi Afganisthan; a la que que de sociedad orientada al combate cultural convirtió en partido islamista, con el apoyo de la formación de Maduidi. Entre sus alumnos y seguidores, miembros también de la Juventud Musulmana, se encontraron el estudiante de ingeniería Gulbuddin Hekmatyar, cabecilla habitual de los grupos de acción, y Ahmad Shah Masud estudiante en el Instituto Politécnico de Kabul, en 1972, que tuvo que abandonar a raíz del golpe de Daud, en 1973, al que se opuso su padre coronel del Ejército Real. De Nizai a Masud representaban tres generaciones del nuevo islamismo político, que en la década de los ochenta habría de dominar en el mundo musulmán afgano hasta la irrupción de los talibanes.

Reducidos inicialmente al ámbito de la universidad y de los estudiantes de secundaria, permanecieron durante largo tiempo aislados del campo de los ulemas y las cofradías. Las actividades principales de los nuevos islamistas se mantuvieron en las publicaciones -el Majallat-i Shari’at (Revista de la Ley Islámica/Revista de la Sharia), dirigida desde 1970 por Rabbani, y la lucha de la OJM contra los estudiantes comunistas por el control político de la Universidad de Kabul. La organización juvenil, se constituyó como reacción al avance de las posiciones de las grupos marxistas entre los estudiantes de Kabul; bajo el magisterio de Ghulam Muhammad Niazi, que fue su mentor intelectual aunque no formara parte de ella. De un modesto inicio de una veintena de estudiantes en 1969, se expandió rápidamente hasta casi un millar, con ramificaciones en la universidad de Jalalabad –creada en 1963– y en los centros secundarios de Kandahar; con una estructura de células jerarquizadas que reproducía el esquema organizativo de los grupos marxistas. Su objetivo no era el régimen monárquico, sino desarrollar una batalla cultural contra los comunistas y defender la nueva concepción de la islamización del estado. Los episodios resultaron recurrentes ya fuera por la protesta de unos ante las actividades culturales de los comunistas, en las que se criticaban las creencias religiosas, ya por la de los otros ante el cierre de la cafetería de la universidad durante el mes del Ramadán. Una batalla cultural que tuvo un desenlace trágico en mayo de 1972, cuando durante las protestas de la OJM por una conferencia en la facultad de económicas en la que se había refutado que los principios de la «economía islámica», defendidos por el nuevo islamismo político, pudieran hacer frente a las cuestiones económicas del presente, se produjo el asesinato de un estudiante maoísta20. Hekmatyar, organizador de las protestas, fue detenido como instigador del hecho, aunque resultó puesto en libertad poco después por falta de pruebas concretas.

De esa batalla cultural los miembros de la OJM se sintieron adalides frente a la pasividad o moderación de los líderes religiosos tradicionales. La división entre la vieja y la nueva elite musulmana, entre los ulemas y los miembros de las cofradías y la juventud universitaria luego convertidos en profesionales, se puso de manifiesto en marzo de 1970 con ocasión de las concentraciones islámistas en la explanada de la mezquita de Pul-e Khisti en Kabul. Éstas fueron convocadas por clérigos y pirs como protesta por la publicación de un poema, «La corneta de la revolución», de Muhammad Barek Shafi’i, miembro del PDPA, en el que se le daba un tratamiento de homenaje a Lenin que los convocantes de la protesta consideraban que era de exclusiva atribución a Mahoma. La manifestación, que exigió el castigo de los autores y los responsables del periódico, se prolongó durante un mes y se radicalizó derivando en una manifestación contra el gobierno de Etemadi, que inicialmente la había tolerado. Finalmente fue disuelta por la fuerza y los manifestantes pusieron fin a la concentración sin haber conseguido plenamente sus objetivos, con el disgusto de los jóvenes musulmanes; éstos, según el testimonio de alguno de ellos (citado por Edwards) llegaron a la conclusión de que los líderes religiosos tradicionales no estaban preparados para el cambio político hacia el estado islámico; y que el régimen de la monarquía, supuesto protector del Islam, tampoco era de fiar en ese cometido. Esa guerra cultural de la OJM, alentada por la Jamiat-i Islami-yi Afganisthan, fue el prólogo de la guerra civil que se produciría diez años más tarde.

2. La aceleración política: de la República a la República Democrática

Si la destitución de Maiwandwal en octubre de 1967 ya dejó ver las reticencias de la Corte sobre el avance de un sistema parlamentario, la reacciones del gobierno ante un incremento de la movilización política y social en 1968 y 1969 confirmó que el régimen de Zahir Sha se disponía a repetir la jugada de 1951 cuando cerró abruptamente la limitada apertura de 1946. El año de 1968 resultó doblemente conflictivo tanto en el ámbito de los centros educativos de las ciudades afganas como entre la clase trabajadora. Dupree registró entre abril y junio una docena de huelgas estudiantiles, en diversas partes del país, en la provincia de Nimroz, en Jabul, Gulbahar, Jabal us-Seraj, Patkya, Kunduz; y más de una veintena de huelgas obreras, en el sector de la construcción de Kabul, los transportes de la capital, la Imprenta del estado ubicada asimismo en Kabul, las plantas de fabricación de cemento de Ghouri, las de asfalto, la explotación de petróleo de Shibarghan, las empresa textiles del distrito de Jabal-us Seraj en Kabul, Pul-i-Charkhi, Kunduz, Gulbahar, Kandahar. Para el gobierno resultaron preocupantes las huelgas estudiantiles de solidaridad con las obreras y las protestas campesinas en Kabul, Kunduz y Paktya. Fueron acciones con un elevado grado de espontaneidad, sin organización estable, aunque el grupo maoísta fue el más activo del incipiente arco de organizaciones comunistas. No hay información sobre sí las protestas obreras se reprodujeron en 1969, sí de que los hicieran las estudiantiles. En la primavera de 1969 los estudiantes de la Escuela de Formación del Profesorado Ibn Sina inició una protesta contra el nepotismo presente todavía en la enseñanza, a la que el gobierno respondió el 17 de mayo enviando la policía antidisturbios para arrestar a los dirigentes de la protesta; esa desproporcionada respuesta a la protesta, que se había movido en términos pacíficos21, no hizo otra que extender la movilización a otras escuelas cercanas, con la subsiguiente réplica de la policía que de acuerdo con testimonios recogidos por Dupree mataron entre 5 y 15 –y quizás hasta 32 manifestantes–. El 19 de mayo el conflicto se generalizó a todas las escuelas secundarias y a la Universidad de Kabul, con participación de profesores de estudiantes. Una nueva intervención de la policía, que entró en el campus, causó a una docena de profesores y una cincuentena de estudiantes heridas que hubieron de ser atendidas en los hospitales de la ciudad; aunque esta vez no se contabilizaron muertos. La réplica subió de nivel y se declaró una huelga indefinida que duró cuarenta y ocho días, hasta que el gobierno decidió el 9 de julio cerrar la universidad, hasta el siguiente inicio de curso, en noviembre.

En el trasfondo de la dureza gubernamental estuvo la expectativa de las elecciones parlamentarias que habían de celebrarse entre agosto y septiembre. La Corte y el gobierno decidieron cerrar el paso a la movilización de la izquierda, y de toda la oposición reformista que pudiera haber, a la vez que estimularon la participación de los sectores conservadores. En el parlamento, la Ley de partidos, que incluía las condiciones para el voto, fue aprobado en abril en primera instancia por la Wolesy Jirga, otorgando el derecho de sufragio a partir de los veinte años, lo que no dejaba de ser una victoria política de las movilizaciones estudiantiles del curso anterior22; sin embargo, su curso fue frenado por el voto en contra de la cámara alta y se decidió que el encargo de la ley se transfiriera al nuevo parlamento, que ya nunca la examinó. Aquel mismo mes la cámara baja decidió aplazar la aprobación de la Constitución de la Universidad de Kabul, a la que se oponía fervientemente el sector conservador, islamista, por cuanto reconocía la igualdad de derechos en la enseñanza universitaria entre hombres y mujeres. En el mes de julio se prohibió la publicación de Parcham y Shu’La-Yi Javid. Con todos esos antecedentes, y las presiones de la Corte contra algunos candidatos como Farhang o Mawandwal, las elecciones a la Wolesy Jirga, fueron un paseo para las candidaturas conservadoras. La nueva cámara baja, podía parecer homogénea, casi unánime en torno a la monarquía, la oposición había quedado reducida a los dos diputados comunistas, Babrak Karmal y Amin; en realidad, empero, lo que se había hecho era reducir drásticamente la base de apoyo de Zahir Sha. Algo muy poco oportuno a largo plazo, pero que resultó improcedente ya de manera casi inmediata cuando Afganistán se vio afectado por dos graves sequías, la de 1969-1970 y la de 1970-1972, con consecuencias catastróficas23. El descontento social subió exponencialmente como si de un movimiento inflacionario se tratara. Por si ello fuera poco, en diciembre de 1971 la secesión de Bengala del estado del Pakistán, desestabilizó de manera grave a este país y alentó en Afganistán el renacimiento del nacionalismo pastún y la cuestión del Pastunistán, ante la pasividad del rey y su gobierno. La monarquía surgida del emirato afgano del siglo XIX, atacada desde dentro por diversos flancos, desacreditada ante antiguos partidarios y ante los nuevos islamistas, reducida su base por sus propias y equivocadas decisiones no fue capaz ni de prever ni de evitar su derrumbe.

2.1. La República de Daud

Tras la destitución de Etemadi por su fracaso ante la crisis producida por la sequía Zahir Sha perdió por completo el rumbo de los acontecimientos, sustituyendo al primer ministro que había iniciado la involución del régimen por figuras de la exclusiva confianza de la Corte, sin peso político personal y sin capacidad de articular ninguna política capaz de detener el deterioro interno. Primero encargó el gobierno a un antiguo Presidente de la Wolesy Jirga, Abdul Zahir, que solo duró año y medio en el cargo; luego lo transfirió a en diciembre de 1972 a Musa Safiq, uno de los miembros designados por el rey de la comisión redactora de la constitución de 1964, que se desempeñaba desde 1968 como embajador en Egipto. Ninguno de ellos fue capaz no solo de gestionar la crisis sino de contrarrestar la creciente fronda opositora, con tres conspiradores al frente: Maiwandwal, el comandante en jefe del Ejército del Centro Abdul Wali –miembro de la familia real– y Daud. Los dos primeros buscaban una nueva rectificación de la política de la monarquía, pero en cualquier caso se les adelantó Daud –excluido del poder por la constitución de 1964– con un proyecto más ambicioso, de ruptura del régimen monárquico. En 1971 Muhammad Hassan Sharq, jefe de gabinete de Daud durante su gobierno de 1953-1963 y compañero de luchas estudiantiles de Babrak Karmal, entró en contacto con la Organización del Ejército Revolucionario, una red militar clandestina impulsada en 1964 a instancias de Khaybar, por Abdussamad Azhar, también oficial de la policía y luego miembro del PDPA desde su fundación. La red, vinculada al PDPA-Parcham, incorporó a algunos centenares de mandos del ejército, la fuerza aérea y la policía, entre ellos Muhammad Aslam Watanjar, oficial de la Cuarta Brigada de Tanques de Pul-i Charqui, Seyid Mohammed Gulabzoy, oficial de comunicaciones de la fuerza aérea y Abdul Qadir, piloto jefe de combate, formado en la Escuela Militar Superior de Aviación de Kiev, en la URSS. El encuentro significó también que Babrak Karmal, que había impulsado una política de avance de posiciones en el estado evitando hasta entonces plantear la ruptura del régimen, dio por agotada la experiencia de la monarquía y pudo llegar a percibir en Daud el Mossadeq afgano. Con su apoyo, Daud pudo contar con los instrumentos materiales para el movimiento que pretendía; a costa de una alianza política en la que, por su parte, no parece haber creído nunca.

Aprovechando una de las habituales ausencias de Zahir Sha, esta vez en Roma, Daud, con la participación de los tanques y los aviones de los militares de la organización revolucionaria clandestina y el apoyo de los militantes del Parcham –que con brazalete rojo se encargaron de controlar aquel día el tráfico en las calles de Kabul– proclamó el derrocamiento del rey y la instauración de la República de Afganistan, el 17 de julio de 1973, sin encontrar ninguna resistencia. Inmediatamente constituyó un Comité Central Revolucionario, del que formó parte el miembro del PDPA-Parcham Abdul Hamid Mokhtad24, que lo eligió como Presidente de la República. Daud formó de inmediato un gobierno, en el que figuraba Muhammad Hassan Sharq, así como cuatro ministros miembros del PDPA: Pacha Gul Wafadar, Ministro de Fronteras y asuntos tribales, Abdul QMokhtad de Comunicaciones, Faiz Mohammed de Interior y Gilani Bakhtari de Agricultura; Abdul Qadir fue nombrado Jefe del Estado Mayor Central, y Abdussamad Azhar jefe de la policía. Por otra parte, el PDPA-Parcham instaló su sede pública en el Hotel Spinzar de Kabul. El 23 de agosto Daud presentó las líneas maestras de su programa de gobierno: instauración de un poder central fuerte; incremento de la intervención estatal de la economía: reformas sociales entre ellas de manera destacada la reforma agraria, la promoción de la igualdad de la mujer y mejoras laborales para los trabajadores industriales; y mantenimiento de la política de neutralidad. La constitución de 1964 quedó derogada y se elaboraría una nueva constitución, republicana. Todo ello confirmó inicialmente la coalición informal de los impulsores y ejecutores materiales del golpe.

Sin embargo, el programa solo avanzó realmente de acuerdo con esos supuestos intereses comunes en el ámbito económico: entre 1973 y 1974 se nacionalizó la banca y la gestión en monopolio del comercio exterior, se constituyó un Banco de Desarrollo Industrial y se nacionalizaron diversas importantes empresas, entre ellas las de la Compañía Spinzar. Parecía iniciarse el camino para el desarrollo económico no capitalista, en el fondo una nueva variante del capitalismo de estado pensado por Lenin como la antesala al socialismo. También en algunas reformas, como la promoción de la igualdad de la mujer –que siguió circunscrita al ámbito urbano– y el sometimiento de todo el sistema educativo, incluidas las escuelas de las mezquitas, al control del estado. A pesar de ello, antes del primer aniversario del golpe la entente entre Daud, el PDPA-Parcham y los militares revolucionarios se había quebrado. Su manifestación fue un primer movimiento unilateral de Daud por reducir el poder de sus aliados iniciales y responder a las discrepancias sobre el contenido concreto de reformas clave, como la agraria o la elaboración de la nueva constitución. Se produjo sin un momento puntual de ruptura, sino mediante una sucesión de medidas que fueron perfilando esa quiebra. Desde finales de 1973 los servicios secretos de Daud, asesorados por la SAVAK iraní, pusieron bajo vigilancia a Babrak Karmal. Luego, entre marzo y abril de 1974 se produjeron cambios significativos en la cúpula del estado, con la destitución de sus ministerios de Wafadar, Bakhtari y Mokhtad –este último por discrepancias con Daud sobre el borrador del nuevo proyecto constitucional– y el desplazamiento de Faiz del Ministerio del Interior al de Asuntos fronterizos y Tribales, hasta que al año siguiente fue obligado a dejar el gobierno. Abdul Qadir fue destituido, enviado a dirigir una empresa gubernamental de procesamiento de carne para el ejército; Abdussamad Azhar fue destituido, en julio, y derivado hacia la jefatura de la policía de la provincia de Herat. No fue una ruptura absoluta, todavía. De acuerdo con una tradición de la política afgana, algunos de los ministros destituidos fueron nombrados embajadores, y a los altos cargos depuestos se les mantuvo un empleo público; aunque en el caso de Qadir resultó particularmente degradante, hasta que en 1977 fue repuesto al frente de estado mayor de la fuerza aérea. En el ejército se produjo una depuración de medio centenar de oficiales, que tenían en común algo que era muy común en la época, que habían completado estudios de formación en la URSS; pero la inmensa mayoría de los que lo habían hecho25 y muchos de los que seguían vinculados al PDPA-Parcham se mantuvieron en sus puestos. Fue, eso sí, una disminución importante de la influencia del poder de los «parchamis»; que se reflejó también en el estancamiento de sus efectivos, en beneficio de su rival el PDPA-Khalq, que ni apoyó ni se involucró en el nuevo régimen, pero tampoco se le había enfrentado de manera activa. En la pasiva respuesta de las dos organizaciones del PDPA, frente a la recuperación por parte de Daud del autoritarismo de su primera etapa en el poder, influyó sin duda la notificación de la buena impresión que el gobernante afgano había causado a los dirigentes soviéticos en su visita a Moscú, en junio de 1975; algo que se encargaron a comunicar por telegrama cifrado al residente del KGB en Moscú para que se lo hicieran llegar a Babrak Karmal y a Taraki26. En diciembre de 1975 el acuerdo afgano-soviético de 1955 se prorrogó por diez años más.

Los principales problemas de la nueva república no vinieron de la mano de los comunistas, sino de la nueva oposición islámica y de la mano que meció su cuna. En este punto de la historia es indispensable incorporar un nuevo protagonista: los EEUU. Su presencia era activa en el Sudoeste asiático desde comienzos de la década del cincuenta; intervino, junto con el británico, en el golpe de estado que derrocó a Mosaddeq en Irán, en agosto de 1953, y apoyó el Pacto de Bagdad entre Turquía, Reino Unido, Iraq, Irán y Pakistán, al que se sumó en su organizacióna militar en 1958. Sin embargo, según Robert Dreyfuss, en 1957 Eisenhower concluyó que Afganistán no tenía ningún peso geopolítico específico en el área y no representaba ninguna amenaza, a pesar de las inversiones económicas soviéticas, con las que estableció una competencia secundaria, una suerte de coexistencia pacífica de inversores extranjeros. Esa fue la posición que mantuvieron sus sucesores en la presidencia, que limitaban la actividad estadounidense a la inversión y el préstamo, así como a una débil y casi rutinaria línea de inteligencia, que incluyó el primer contacto con el islamismo político afgano a través de la Fundación Asia, la denominación que adoptó a partir de 1954 el Comité por una Asia Libre creado por la CIA en 1951. La actuación de la Fundación Asia en Afganistán, prestó una atención particular al mundo universitario; uno de sus primeros beneficiarios fue Ghulam Muhammad Niazi, y dedicó particular atención a la formación de estudiantes, a los que instaron a enfrentarse al avance del marxismo en la Universidad de Kabul; también estableció relaciones con la familia Mujaddidi. Esa línea se mantenía todavía en 1972 cuando un funcionario de inteligencia de la embajada de EEUU en Kabul rehusó prestar ayuda material a la Juventud Musulmana, que le presentó entre otros méritos el haber asesinado a «cuatro izquierdistas»27.

Todo cambió con el golpe de julio de 1973. Kissinger temió que el retorno de Daud al poder, apoyado por los comunistas, empezara a significar un decantamiento de Afganistán hacia la URSS y dio un primer paso adelante hacia una intervención política activa, aunque todavía mediatizada a través de la cooperación entre la CIA, la Savak iraní y el ISI paquistaní. Las tres agencias se involucraron en los fracasados intentos de golpe militar en septiembre y diciembre de 1973 y junio de 1974. Tras los tres fiascos, rápidamente neutralizados por Daud sin que nunca contaran con un mínimo apoyo social, la CIA y su cooperador pakistaní decidió por fin apoyar a la Juventud Musulmana, que en 1974 inició una oposición activa al régimen republicano, que respondió a su vez encarcelando a un centenar y medio de sus miembros. Buena parte de los que escaparon se exiliaron a Peshawar, en Pakistán, desde donde Hekmatyar, con el apoyo de la CIA y el ISI promovió en agosto de 1975 un levantamiento islamista en el Panshir, Paktia, Laghman, Jalalabad y Badakshan. La insurrección no consiguió apoyos activos de las poblaciones locales y fue derrotada, desarbolando por completo a la Juventud Musulmana: 93 participantes en la acción fueron ejecutados y 16 condenados a prisión. El tiempo de aquella organización, fundamentalmente universitaria, se acabó y Hekmatyar y Rabbani permanecieron en el exilio, divididos entre ellos por el rechazo de Rabbani a la aventura insurreccional; mientras Rabbani mantuvo bajo su dirección el Jamiat-i Islami-yi Afganisthan, Hekmatyar fundó, con apoyo del gobierno pakistaní, el Hezb-i Islami (Partido Islámico). Ambos, empero, tuvieron que aguardar tres años para superar la debacle de 1975 y reactivarse, de nuevo bajo el patrocinio de la CIA y del ISI, ahora para hacer frente a la toma del poder del PDPA.

La vía insurreccional islamista quedó encallada después de 1975. No obstante, Daud pudo acusar recibo de las injerencias de los gobiernos vecinos y del estadounidense. El hecho es que lo que en 1974-1975 se había limitado a una reducción importantes de la influencia del PDPA-Parcham en el gobierno y el aparato del estado, se transformó a partir de 1976 en una clara rectificación política. Ésta se manifestó en el ámbito de las reformas sociales prometidas. Las mejoras laborales de las clases trabajadoras descartaron el derecho de sindicación y de huelga. La Ley de Reforma Agraria, promulgada por fin en agosto de 1976, estableció una limitación en la extensión de las propiedades de 20 hectáreas en el caso de las tierras de regadío, y dispuso la redistribución del exceso de propiedad entre los campesinos pobres; pero a cambio de un rescate de la tierra obtenida, que aunque preveía un plazo largo de hasta 25 años redundaba en los problemas de endeudamiento del campesinado. También inició una rectificación en la política exterior. En junio de 1976 Daud envió a su hermano Mohammad Naim a Washington, para solicitar a Kissinger apoyo frente a los comunistas y mayor ayuda económica para compensar y reducir la soviética. En aquel momento el gobierno norteamericano no atendió su petición; no obstante, Daud siguió adelante con su giro, iniciando un movimiento de aproximación al Pakistán, con intercambio de visitas de Alí Buttho a Afganistán en julio y Daud a Pakistán en agosto. Daud buscó ayuda en Irán –que según Selig. S. Harrison condicionó a la represión de los comunistas– y Arabia Saudí; y diversificó la formación de sus mandos militares, enviando un número creciente de ellos a India, Egipto y EEUU, sin interrumpir, por ello, el convenio con la URSS. La constitución aprobada en enero de 1977 cerró el cuadro fundamental de la reorientación de la República. Para empezar, el proyecto que finalmente complació a Daud fue presentado a una Loya Jirga, elegida por el sistema tradicional en el que la representación de la izquierda quedó absolutamente minorizada. El texto final estableció un estado presidencialista, centralizado, con un régimen de partido único, el Hizb-i Inquilab-i Milli (Partido Revolucionario Nacional). La Loya Jirga ratificó a Daud como Presidente de la República por seis años acordando un «período provisional» que no finalizaría hasta diciembre de 1979, cuando se constituiría la primera asamblea nacional electa. Acto seguido, reforzó los poderes otorgados al Ministro del Interior, Abdel Qadir Nuristani, para perseguir toda desafección y presionó a Babrak Karmal para que el PDPA-Parcham desapareciera, integrándose en el PRN. El puente ya muy frágil que había existido entre Daud y el PDPA-Parcham se rompió cuando Muhammad Hassan Sharq fue destituido en ese inicio de 1977 de la posición que había tenido en el gobierno desde julio de 1973, como Viceprimer Ministro, y enviado al Japón como embajador.

Los «parchamis» rechazaron de plano esa presión. Nada induce a pensar que la hubiese aceptado nunca. En cualquier caso, para entonces estaban en una posición antagónica con Daud desde el año anterior, cuando la confirmación del giro político llevó a las dos organizaciones separadas del PDPA a examinar una vez más su reunificación; las diferencias sobre la actitud ante Daud habían quedado resueltas por el comportamiento de este último y ambas empezaban a tener motivos para preferir, o cuando menos aceptar, la reunificación. La dirigida por Babrak Karmal para recuperarse del retroceso sufrido por el frustrante desenlace de su implicación en la República de 1973; la de Taraki, para capitalizar su crecimiento que le había llevado a invertir su correlación de militancia y superar a la del PDPA-Parcham en una relación de tres a dos. Por otra parte, el PCUS, que siempre lamentó la ruptura y mantuvo relaciones con las dos organizaciones en pie de igualdad, llamó en enero de 1974 a los dos dirigentes rivales a acabar con sus enfrentamientos que «veían con profunda alarma», considerando indispensable «la unión de todas las fuerzas progresistas y patrióticas»28. La división se mantenía, a pesar de un nuevo intento de reunificación en 1975 nuevamente fracasado, y dos años más tarde la apelación a la unidad se hizo de manera pública, en el diario del PC de Irak29 que publicó el 23 de junio de 1976 un llamamiento a la unidad de los comunistas afganos. El deterioro de la situación política en Afganistán obligaba a aparcar las diferencias. Se inició un largo proceso de aproximación y negociación, que contó con la mediación de las formaciones políticas «hermanas»: el PC Iraní a través de Ehsan Tabari, ideólogo de la corriente que encabezaba Kianuri que había apoyado al PDPA-Khalq, y Ajmal Khattak, dirigente del paquistaní Partido Nacional Awami –de izquierda socialista, alineado con la URSS–30– exiliado en Kabul desde 1973 y afín, entonces, a las posiciones de Babrak Karmal. Por fin, en julio de 1977 se firmó la reunificación en un solo PDPA, con un Comité Central paritario, con quince miembros de cada una de las dos organizaciones separadas, y con un programa político general que derivaba del manifiesto de 196631.

La unificación, empero, había dejado alguna insatisfacción y algún cabo suelto. Una parte del PDPA-Khalq, liderada por Amin se manifestó contrario a aquella paridad y quiso hacer valer la correlación de fuerzas militantes; un escollo que fue superado por el apoyo de Taraki a la paridad –la solución que prefería la dirección soviética– con lo que Amin tuvo que renunciar a seguir planteando esa batalla. En contrapartida la unificación se limitó a la organización civil de los dos partidos, por lo que subsistió la nueva organización militar clandestina impulsada por el PDPA-Khalq a partir de 1973 y organizada y dirigida por Amin, con un notable éxito entre los mandos intermedios y los suboficiales. En la medida en que Abdul Qadir había organizado tras su destitución en 1975 otra red militar clandestina, el Frente Unido de los Comunistas de Afganistán, afín al PDPA-Parcham, el partido unificado tenía una doble presencia en el ejército: una mediante una plataforma simpatizante, pero autónoma, y otra a través de un ala militar del partido no controlada por la nueva dirección sino por un miembro de ella, Amin, el que mayores reticencias tenía hacia la unificación. Ese cabo suelto resultó una grave disfunción que gravitaría muy negativamente en el futuro.

2.2. La Revolución Saur32

El giro de Daud llegó a ser tan pronunciado que Amin, animado por su éxito en la organización de la red militar clandestina del PDPA-Khalq, pensó en 1976 –algunas fuentes indican que en 1977– que había llegado el momento de promover un levantamiento militar y presentó el plan correspondiente a Taraki. Éste, y más que probablemente detrás de él el embajador soviético en Kabul, rechazó la propuesta considerando que no había condiciones para ella. Se desconoce el contenido del plan de Amin, por lo que no tiene ningún sentido considerarlo como un precedente del levantamiento militar que sí se produjo en abril de 1978; sin embargo, lo que sí se deduce de manera concluyente, por la presentación de ese plan, es que Amin había remplazado el proyecto insurreccional de masas que defendía Taraki y caracterizó al PDPA-Khalq, por una concepción militarista del proyecto. La debilidad de la movilización social, pese a la agitación estudiantil y a explosiones puntuales de actividad huelguística, la casi pasividad del mundo campesino, no habían permitido ningún avance significativo del proyecto de masas; tampoco la instauración de la República apenas había dado frutos de reforma social que estimulara esa movilización, en tanto que la relativa bonanza económica en la que transcurrió –en contraste con la dura coyuntura de 1971-1973– disminuyó la conflictividad social. Los islamistas y también los grupos maoístas33 que igualmente se habían lanzado al inicio de la ansiada guerra popular prolongada, sufrieron la pasividad campesina y el reflujo de la movilización social urbana34. En contrapartida el proselitismo «jalquista» en el ejército encontró un terreno doblemente abonado por el comportamiento de Daud. Por un lado, la promesa de luchar contra la corrupción interna y garantizar un sistema de promoción por méritos quedó incumplida cuando, a partir de 1975, Daud recurrió de nuevo al nepotismo en la designación de cargos en la administración, también la militar. Por otro, el acercamiento al Pakistán significó el abandono de la causa de Pastunitán y del Baluchistán, confirmando con sus hechos la acusación que le hiciera Abdul Ghaffar Khan a Daud de que su interés en la causa de la unidad pastún y la unidad baluchí solo era instrumental. En 1977 creció el rumor de que Daud, para conseguir el apoyo de Pakistán –condición previa para obtener la ayuda iraní y el incremento de la estadounidense– estaba dispuesto a reconocer la Línea Durand35. Esa expectativa indignó a buena parte de los militares afganos –oficiales, suboficiales y también jefes–, formados ya fuera en el nacionalismo pastún tradicional o en el incipiente nacionalismo afgano. Amín encontró en ellos el sujeto revolucionario que no podía ser el proletariado afgano.

En 1977 Daud, que en abril había tenido un desabrido encuentro con Breznev en Moscú36, inició a través de Nuristani un creciente hostigamiento a la militancia colectiva, que según Dreyfuss incluyó, además de detenciones puntuales, la actuación de escuadrones de la muerte. En ese clima de ruptura abierta y violencia creciente se produjo el asesinato de Akhbar Khaibar el 17 de abril de 1978. Dos días más tarde el funeral se convirtió en una manifestación de 15.000 personas por Kabul acusando a la CIA del asesinato y al gobierno afgano de haberlo permitido. Daud reacionó con furia a la manifestación con una redada nocturna contra el PDPA en la que se encarceló a Taraki, Babrak Karmal, Amin, Wali, Panjsheri, Jaujani y Safi, bajo la acusación de traición; algo que podía suponer su condena a muerte. El PDPA, que en 1976 había rechazado el proyecto de golpe de Amin, había finalmente considerado tras la reunificación que si Daud les atacaba frontalmente, pretendiendo liquidar al partido, la única reacción era derribarlo a él, con el apoyo de las unidades militares controladas por la organización de Abdul Qadir y de Amin, para la cual este último había diseñado un ataque conjunto de blindados y fuerza aérea sobre el Palacio Presidencial en Kabul. El plan debió ser desconocido por Daud, que lejos de preocuparse por la reacción comunista había dado instrucciones en la noche del 26 de abril para que todas las instalaciones militares de Kabul celebraran con festejos la detención de los «impíos»; y tampoco fueron informados los soviéticos –Amín dio instrucciones explícitas a los mandos de la conspiración militar para que no les proporcionaran ningún detalle–, de manera que hasta el 25 de abril el residente del GRU en Kabul no tuvo noticia de esa intención, que se comunicó luego al de la KGB y al embajador. La desconfianza de Amín dejó fuera del levantamiento a los representantes de la URSS en Kabul y el gobierno soviético decidió adoptar una actitud pasiva, sin tampoco traicionar al PDPA ante un Daud con el que estaban ya en virtual ruptura.

La invitación a festejar las detenciones de comunistas en los cuarteles fue un regalo añadido al plan de Amin, provocando desorientación y facilitando que también muchos mandos y unidades se quedaran pasivos ante el golpe, el 27 de abril, a la espera de ver qué bando resultaba vencedor. Dupree, testigo directo de los hechos, calificó al golpe de «accidental», caracterizado por una alternancia de errores de unos y otros, en el que el ganó fue quien acumuló menos errores; Selig S. Harrison, que escribió la síntesis más acertada de los hechos, señaló su alto grado de imprevisión e improvisación. Los enfrentamientos entre sublevados y defensores del gobierno se produjeron a lo largo del di 27, en el que por ser jueves era la víspera del fin de semana –que en el mundo musulmán se inicia el jueves– y las calles de Kabul estaban atestadas de tráfico de automóviles y personas preparándose para él; lo que introdujo algunas situaciones de caos en los enfrentamientos militares. En la previsión de Amin el levantamiento lo iniciaría a la 9 de la mañana la principal brigada de blindados de Kabul, al mando del Mayor Watanjar, «jalquista», y a la misma hora la fuerza aérea comandada por Qadir despegaría del aeropuerto militar de Bagram, junto a la capital; mientras Watanjar avanzaba sobre el Palacio Presidencial la fuerza aérea sublevada habría de sobrevolar los cuarteles de Kabul neutralizando reacciones para encontrarse finalmente a mediodía sobre el Palacio Presidencial y tomarlo sin que Daud hubiese tenido tiempo de reaccionar adecuadamente. Ese era el plan, sin embargo, si bien Watanjar realizó su movimiento, más lentamente de lo que había esperado al atravesar las atestadas calles de Kabul, los aviones de Qadir no despegaron al mismo tiempo; el hecho dio posteriormente pie a polémicas interesadas, que se inscribían en las pugnas internas del PDPA37, aunque parece que la explicación más plausible fue que los aviones de combate de Qadir no pudieron despegar de Bagram hasta que los técnicos soviéticos del aeropuerto, que gestionaban el control de vuelo, no recibieron confirmación de sus propios mandos de que no impidieran la acción. Hasta la cinco no despegaron los aviones rebeldes de Bagram. En ese lapso de tiempo Daud pudo reaccionar e intentar su defensa; no obstante, topó con dos problemas: la desorganización existente en los cuarteles por culpa de los festejos que él había ordenado y sobre todo la indecisión y la pasividad de la mayor parte de unidades y mandos que no quisieron comprometerse ni con uno ni con otro bando. Según Dupree los enfrentamientos, que en esta ocasión sí fueron sangrientos, no involucraron a más de 3.000 militares, los aviones sublevados de Qadir que contribuyeron finalmente de manera decisiva a derrotar y capturar a Daud, eran solo seis38. La clave fundamental del triunfo del golpe fue el desplome de la autoridad de Daud, abandonado por casi todos y cuya caída fue celebrada con satisfacción en las ciudades y también entre las tribus del Este a las que había reprimido a sangre y fuego durante su época de mando del Ejército Central y de gobierno de 1953-1963. A las siete de la tarde, Watanjar y Qadir anunciaron por Radio Kabul el triunfo del levantamiento y la formación de un Consejo Militar Revolucionario, encabezado por Qadir en virtud de ser el militar de mayor rango. Aquella misma madrugada Daud resultó muerto, junto con su familia y acompañantes en su residencia del Palacio Presidencial en un incidente que se prestó, más tarde, a interpretaciones contrarias39.

El triunfo del levantamiento y la toma del poder reabrió el debate sobre la naturaleza y contenidos del proyecto revolucionario del partido, que la unificación de julio de 1977 no había concluido. La unificación se hizo sobre la aceptación de los planteamientos comunes que se remontaban al programa de 1966, suficientemente genérico para ser aceptado por todos; además el PDPA era en aquellos momentos un partido de oposición, sin ninguna responsabilidad de gestión. A partir del 27 de abril se había convertido en un partido en el poder y había de pasar de la generalidad a la concreción. En ese paso se reabrió la discusión; que tuvo ya un primer episodio entre el encuentro de los dirigentes del partido en Radio Afganistán, tras el que se anunció la formación del Consejo Militar Revolucionario y el 30 de abril, cuando éste fue sustituido por un Consejo Revolucionario integrado por 35 miembros, de los que solo cinco eran militares y el resto pertenecían al PDPA40. El anuncio del éxito del levantamiento por Qadir y Watanjar y la formación del Consejo Militar Revolucionario fue una solución de compromiso transitoria entre dos conflictos que se entrecruzaron: la reivindicación de Qadir y Watanjar del protagonismo de los militares en el derrocamiento de Daud y las primeras diferencias que se produjeron entre Babrak Karmal y Amin y Taraki sobre la naturaleza del derrocamiento y la constitución del nuevo poder. Las pretensiones de Qadir y Watanjar fueron apoyadas por el residente del GRU41, en un primer momento en que el gobierno soviético quedó sorprendido por la realización del golpe; fue una pretensión fugaz, el PDPA no la apoyó42 y lo que se pasó a discutir fue la formación de un nuevo y definitivo organismo de poder. En esa nueva tesitura Babrak Karmal, interpretando que la «revolución Saur» se situaba en la línea de la proclamación de la república nacional democrática en 1973, traicionada por Daud, propuso crear un Consejo Revolucionario y que éste nombrara inmediatamente un Gobierno, en un proceso similar al impulsado cinco años atrás43; tanto uno como otro habían de constituirse en términos de una amplia coalición democrática, con presencia del PDPA pero no necesariamente encabezada por un comunista44. Esa propuesta se correspondía con la línea de frente nacional interpretada en sentido abierto que siempre sostuvo Babrak Karmal y que suponía considerarlo sobre la base del pluralismo político. Por el contrario, Taraki y Amin, insistieron en su interpretación restrictiva del frente nacional como una plataforma de organizaciones sociales en torno al PDPA, y postularon que dado que solo el partido había hecho la revolución –entiéndase había realizado la insurrección– a éste competía en exclusiva la ocupación del poder.

Entre el 28 y el 29 de abril hubo una dura pugna interna en el PDPA, que se resolvió con un nuevo compromiso: el Consejo Militar Revolucionario se disolvería y sería sustituido por un Consejo Revolucionario que nombraría al gobierno, como defendía Babrak Karmal, pero ni el primero ni el segundo se formarían en términos de coalición, sino que estarían integrados exclusivamente por miembros del PDPA. Como señala Selig S. Harrison, cuando Khriuchkov, responsable entonces del área de exteriores del KGB, llegó a Kabul esa decisión ya estaba tomada y sólo pudo influir en garantizar que el Consejo Revolucionario y el gobierno se formaran con una participación paritaria de las dos corrientes del PDPA. Así fue, con algún matiz. El Consejo Revolucionario lo integraron 35 miembros, todos los del Comité Central del PDPA más cinco militares: Qadir, Watanjar, Gulabzoy, Sarwari y Rafi; sólo este último pertenecía a la corriente liderada por Babrak Karmal. Taraki fue elegido Presidente y Babrak Karmal Vicepresidente. El gobierno, de 20 miembros, nombrado por el Consejo Revolucionario el 1 de mayo, quedó integrado por Taraki como Primer Ministro, Babrak Karmal y tres Viceprimer Ministros, Babrak Karmal, Amín y Watanjar. Esa era la cúpula formal del gobierno; luego el total de ministerios se repartían equitativamente, entre el cupo de los antiguos «jalquis», aunque la parte «parchami» fue completada con Qadir, que hasta entonces había actuado de manera independiente por más que coincidiera con Babrak Karmal en el apoyo inicial a la República de Daud. El análisis de las responsabilidades efectivas revela una primera disimetría: el ministerio estratégico más importante que controlaban los «parchamis» era el del Interior, en manos de Noor Ahmed Noor; el de Defensa lo asumía Qadir, pero su control real quedaba limitado por el subsistencia informal de la organización militar «jalquista» y sobre todo por el hecho de que Amin, en virtud del papel que en ella había jugado y jugaba, era responsable del Departamento Político del Ejército; Amín, además, era el Ministro de Asuntos Exteriores, y Watanjar, de Comunicaciones, pero a Babrak Karmal, también viceprimer ministro, no se le otorgó ningún ministerio. Por encima de los equilibrios en la adjudicación de responsabilidades de gestión, la solución de compromiso fue una primera e importante derrota política de la línea encabezada por Babrak Karmal; la República Democrática de Afganistán se constituía de hecho como un régimen de partido único y en el poder había un cierto predominio de Taraki y Amin, en tanto que Babrak Karmal quedaba en un cargo de honor, sin atribuciones concretas. Tanto el Consejo Revolucionario como el Gobierno estaban de hecho subordinados a las decisiones de la dirección del PDPA. Quedaba por ver cuál sería el ejercicio de ese poder, cuáles serían esas decisiones.

En su carta del 31 de mayo al Ministro de Relaciones Exteriores de la URSS, Gromyko, el embajador Puzanov recogía la tesis de que la «Revolución Saur» había sido un producto interno derivado de la ruptura por parte de Daud del programa de 1973, suponiendo implícitamente que no tenía que haber una solución de continuidad fundamental entre aquel programa y las tareas que había de abordar la nueva fase de la revolución afgana45. Pero lo que seguía en ella apuntaba a que la orientación que los comunistas afganos estaban tomando no era la mejor. Puzanov informó de una manera curiosa, digamos que «diplomática», sobre las posiciones que estaba tomando Taraki; después de sostener que el programa de gobierno presentado en público el 9 de mayo se había elaborado sobre la base del del PDPA de 1966, añadió que en una conversación privada Taraki le había dicho que «Afganistán, siguiendo el marxismo-leninismo, emprenderá el camino de la construcción del socialismo y pertenecerá al campo socialista», pero que por el momento era necesario «llevar esa línea con cuidado» y que «el PDPA informará al pueblo de sus verdaderos objetivos más tarde». Eso era una peregrina, y más que lamentable, concepción de la política del frente nacional, que identificaba a la política comunista con la argucia del caballo de Troya, una de las recurrentes críticas que históricamente la derecha anticomunista había hecho a la política frentista y al frentepopulismo en particular. No dijo mucho de la capacidad política de Taraki. Aunque Puzanov añadió que la RDA seguiría en el movimiento de los No Alineados, las palabras de Taraki ponían sombras sobre su convicción acerca de dicho movimiento. La carta se cerraba con una nota todavía más alarmante: los enfrentamientos entre las dos corrientes seguían produciéndose, con efectos negativos para la consolidación de la RDA. Puzanov señalaba que el motivo de conflicto era una cuestión de reparto de poder: los «jalquis» estaban descontentos por la adjudicación paritaria de ministerio y los «parchamis» por la incorporación de los militares al Consejo Revolucionario; sin embargo eso, que se repetirá hasta la saciedad en la bibliografía como motivo del enfrentamiento, era tomar el rábano por las hojas. El contenido del conflicto era la discrepancia fundamental de la concepciones políticas de cada corriente; el reparto de poder en esos organismos solo tenía importancia en la medida en que era en ellos en los que se había de dilucidar esa discrepancia y las correlaciones formales habían quedado ajustadas en extremo por el principio paritario de unificación de direcciones en la reunificación del PDPA: en el Comité Central «jalquis» y «parchamis» habían quedado al cincuenta por ciento; en el Consejo Revolucionario, ya que lo integraban los miembros del Comité Central, reproduciendo la correlación de fuerzas empatadas, el desempate corría a cargo de los cinco militares, de los que solo uno procedía del PDPA-Parcham, Rafi; aunque Quadir estaba más cercano a las tesis de los «parchamis» que a las de los «jalquis», y por su parte Watanjar rivalizaba directamente con Amin por el control del ejército, por lo que su comportamiento no era seguro para ninguna de las dos partes. En última instancia la situación no dejaba por el momento otra opción que las salidas de compromiso y el mantenimiento de la pugna de manera soterrada.

El compromiso había descartado la formación de un gobierno de coalición –en el que insistían y siempre insistirían los soviéticos–, pero a pesar de ello se mantenía abierta la posibilidad de una interpretación intermedia del frente nacional mediante la incorporación en la práctica a la gestión política del segundo nivel de gente que no formara parte del PDPA, la articulación de organizaciones de masas autónomas con respecto al partido y la apertura al diálogo con sectores nacionalistas e islamistas. Sobre la ampliación de la base de apoyo del régimen Taraki, en la primera rueda de prensa que dio, dejó un mensaje que, aunque con la boca pequeña y quizás también a regañadientes, dejaba una puerta entreabierta: a la pregunta de un periodista occidental sobre la situación en que quedarían el resto de fuerzas políticas organizadas su respuesta fue que permitirían su actuación siempre que acataran la «Revolución Saur» y su programa. El presentado en público en la Declaración del gobierno del 9 de mayo mantenía la línea democrática nacional, las reformas económicas y sociales apuntadas ya en 1966 entre las que destacaba la reforma agraria y la nacionalización de las principales empresas industriales, la igualdad de derechos de la mujer, el reconocimiento de los derechos culturales de las diversas etnias y el mantenimiento de Afganistán en el Movimiento de los no alineados. Un programa que podía ser aceptado por sectores nacionalistas de izquierda, como el que representaba el Setam-e Milli de Badakhshi, el Afghan Millat de Ghulam Muhammad Farhad o profesionales liberales e intelectuales que se habían movido en un campo intermedio entre el nacionalismo antiimperialista y la socialdemocracia sin llegar a tener afiliación, como Muhhammad Hassan Sharq, que en mayo regresó a Afganistán, o Faizal Haq Khaliqyar, sempiterno viceministro de Hacienda entre 1973 y 1985. Babrak Karmal quiso incorporarlos a la nueva RDA, y a Badakhskhi reincorporarlo al PDPA, del que se había separado en 1968.

Noor Ahmed Noor, en su función de Ministro del Interior, removió todos los gobiernos territoriales de diferente orden, nombrando como nuevos responsables no solo militantes del PDPA, sino también profesionales o funcionarios independientes. En los primeros meses del nuevo régimen y a impulso de cuadros «parchamis» se constituyó la Asociación Democrática de Mujeres, presidida por Anahita Ratzebad, y la Organización Democrática de la Juventud, con 15.000 afiliados, ambas autónomas del partido. Y resultó también significativo que frente a la liberación de 8.000 personas encarceladas por Daud46 la represión inicial de la RDA se limitó a la cúpula militar –con ejecuciones en este caso de los mandos que se habían opuesto activamente al golpe del 27 de abril, 25 jefes superiores– y a la destitución de altos funcionarios del estado y el cambio de diplomáticos en la representación exterior; el grueso del funcionariado y de los oficialidad del ejército se mantuvo en sus empleos; la única unidad militar disuelta por completo fue la Guardia Republicana, el cuerpo de élite formado por Daud. Por otra parte, la actitud inicial del nuevo gobierno frente a jeques y ulemas fue más conciliadora que hostil. Taraki mantuvo en mayo y comienzos de junio diversas reuniones con representantes de ambos estamentos, a los que invitó a sumarse al reformismo nacional y social de la RDA; uno de los aciertos en la composición del gobierno fue la atribución del Ministerio de Justicia a Abdul Hakim Sharai Jozjany, licenciado en la Facultad de Teología de Kabul en 1959, que estableció puentes con una parte del clero islámico, del que conseguiría una fatwa de defensa de la RDA frente al extremismo islamista47. En el campo de la diversidad cultural se abrió una nueva etapa histórica cuando el 15 de mayo Radio Kabul pasó a emitir en todas las lenguas de las principales etnias del país; y se empezaron a editar libros de texto también en las diversas lenguas. Los primeros viajes al exterior de Amin fueron a conferencias del Movimiento de los países no alineados, en Cuba y Belgrado, en mayo y julio de 1978, y para la conferencia de desarme de la ONU , en Nueva York, en junio; durante su estancia en Nueva York se reunió con el Subsecretario de Estado para Asuntos del Próximo Oriente y Asia Meridional y en julio lo hizo en Kabul con el Subsecretario de Estado para Asuntos Políticos, David Newson, a quien Amin solicitó que los EEUU incrementaran su ayuda a Afganistán. Las relaciones con la URSS no estaban en absoluto en discusión, pero el primer gobierno de la RDA quiso enfatizar su disposición a mantenerse en el no alineamiento e intentar, al menos, una ampliación de las fuentes de ayuda; a la que los soviéticos por otra parte no ponían ningún reparo, seguros de que en el esquema de la relaciones exteriores afganas las mantenidas con la URSS seguían siendo las prioritarias. Los gestos de Amin fueron vanos, la nueva Administración Carter consideró que bastaba y sobraba con reconocer al nuevo gobierno y mantener las relaciones diplomáticas, sin incrementar un ápice la inversión económica en el nuevo Afganistán.

Los augurios iniciales de que la base social de la RDA podía ir extendiéndose a sectores no comunistas, consolidándola, se rompió a finales de mayo por iniciativa de Amin. Dos días antes de la reunión del Buró Político del 24 de mayo, en la que se había de resolver la propuesta sobre la incorporación al Comité Central del PDPA de los cuadros militares protagonistas del 27 de abril, Amin aprovechó el control que tenía sobre el Departamento Político del Ejército para publicar en su nombre un folleto sobre La Revolución Saur; su contenido, completamente parcial, no solo era una apología de lo que se presentaba como la exclusiva participación de la corriente «jalqui» sino que constituía una deslegitimación de la liderada por Babrak Karmal, sin citar el nombre de éste, tildada de pasiva ante la revolución y oportunista tras su éxito; en segunda lugar, pero no en segundo término, el folleto iniciaba un culto a la personalidad de Taraki, calificado no solo de «gran maestro» sino, por primera vez, «gran líder». La publicación no era accidental ni inocente, significaba un desafío frontal a los «parchamis». En la reunión del 24 de mayo Babrak Karmal intentó neutralizarlo proponiendo incorporar a Amin al Buró Político al tiempo que rechazaba la integración de los militares en el Comité Central y pedía la retirada del folleto del Departamento Político del Ejército y la redacción de uno nuevo que reflejara la unidad del partido. Perdió la partida, se aceptó la incorporación de Amín al Buró Político pero ninguna de las otras dos propuestas. La reunión acabó con una nueva invocación a la unidad del partido. No duró nada. En la reunión del Comité Central del 12 de junio se produjo un enfrentamiento aún más grave, en torno a la bandera que había de adoptar el la RDA y al destino de los 23 detenidos de la familia real; lo que afectaba al sentido de la línea política que había de desarrollarse. Respecto a la última cuestión todos estaban de acuerdo en privarlos de la ciudadanía afgana, aunque mientras Babrak Karmal propuso ponerlos en libertad y expulsarlos al exilio, prevaleció la propuesta de Taraki y Amin de mantenerlos en prisión como rehenes de las hipotéticas conspiraciones que pueda alentar Zahir Sha. No era una cuestión menor, continuar en la cárcel mantenía sus vidas en peligro; pero el debate más importante y trascendente fue sobre la bandera, con una nueva división en dos bloques. Babrak Karmal defendió mantener la bandera tricolor histórica (negro, rojo y verde) adoptada desde la proclamación desde la proclamación del Reino de Afganistán, con el cambio de la disposición horizontal de los colores establecida por la República; por el contrario, Taraki y Amin propusieron una nueva bandera solo roja, en la que los símbolos islámicos tradicionales48, rodeados por dos gavillas de trigo, eran sustituidos por una estrella de cinco puntas coronando las dos gavillas y con la palabra Khalq en el centro. La mayoría aprobó la bandera roja. Fue una decisión sobre un tema simbólico fundamental que tenía una trascendencia política de calado; la bandera roja sin los referentes culturales islámicos significaba un mensaje de decantamiento ideológico en contra de la propuesta de frente nacional unido y de ampliación de la base política del régimen. Una decisión simbólica que no solo los «parchamis» no podían aceptar sino que le sería muy difícil aceptar a los no comunistas dispuestos a cooperar con el nuevo régimen y ya no digamos a la inmensa mayoría de la población campesina, analfabeta pero acostumbrada a leer en los símbolos.

Se había alcanzado un punto de difícil marcha atrás. Según Raja Anwar Taraki pidió la intervención de Breznev para evitar que se materializara la ruptura de nuevo entre las dos corrientes del PDPA, pero el líder soviético se negó a ello e instó a los afganos a resolver por sí mismos sus diferencias y mantener la unidad. No lo hicieron. Taraki y Amin tomaron por la calle de en medio y en la segunda mitad de junio impusieron su propia línea, que fue en la forma y el fondo una rectificación del pacto de unidad y de la solución de compromiso acordada inmediatamente después del derrocamiento de Daud. Primero, en la reunión del Comité Central del PDPA del 17 de junio en la que se discutió cuál habría de ser finalmente la orientación política general, Amin consiguió romper el empate atrayendo al hasta entonces «parchami» Ghaurbandi a las posiciones «jalquis»; de manera que el máximo órgano del PDPA acordó que esa había de ser la única línea del partido. Acto seguido, a propuesta de Laif y Shafi, asimismo «parchamis», se decidió utilizar el mecanismo tradicional afgano para alejar a los derrotados políticamente del país y neutralizar su reacción, enviándolos como embajadores por todo el mundo: los miembros del Comité Central Baryali al Pakistán, Noor Ahmed Noor a EEUU, Anahita Ratzebad a Yugoslavia; Najibullah, secretario general del Comité de Kabul, a Irán, Abdul Hamid Mokhtat, uno de los miembros del Frente Unido de Comunistas Afganos, al Japón. No se tomó todavía ninguna decisión sobre Babrak Karmal, pero éste irrumpió al día siguiente en una reunión en la embajada soviética entre Puzanov y Taraki49 para quejarse por el trato que se le estaba dando a los «parchamis» y pedir que a él también se le enviara a alguna embajada, ya que en sus cargos no tenía ninguna responsabilidad concreta de gestión, no podía seguir defendiendo el acuerdo de unidad ratificado el 24 de mayo y vivía bajo la amenaza de ser sometido a persecución; añadió que miles de comunistas honestos iban a ser «objeto de terror». Taraki le replicó que no había ningún terror, pero que si alguien se movía contra «la revolución y la unidad del partido» «habrá una purga» y si alguien «representa un peligro para la revolución, entonces se le pueden aplicar medidas decisivas de castigo, incluida la pena capital»; tras de lo cual Taraki se negó a seguir discutiendo con Babrak Karmal y éste abandonó la reunión. En lo que quedó de la tormentosa reunión Taraki insistió ante Puzanov que «aplastaremos como con una apisonadora» a quienes se manifestaran contra la unidad, lo que significaba, obviamente, la unidad en torno a las posiciones «jalquis» que se habían impuesto definitivamente en la dirección del PDPA. Babrak Karmal fue sumado a la lista de los enviados a embajada, en su caso a la de Checoslovaquia hacia la que partió el 10 de julio. Se cerraba el inicio de la construcción de una política democrática de frente nacional y se consolidaba el monopartidismo en perjuicio del propio PDPA, que quedó aislado del resto de opciones políticas democráticas y de buena parte de la sociedad afgana. No sería un desenlace definitivo, pero sin ninguna duda gravitó muy negativamente cobre la construcción inicial de la RDA.

Notas

1 Zahir Sha, con poder de veto, nunca tuvo interés en ella y aunque finalmente fue aprobado un proyecto inicial en la cámara baja, nunca prosperó hasta el final, como se explicará más adelante

2 Ante la falta de la ley correspondiente las formaciones políticas no pudieron tomar la denominación específica de «partido», sino otras más o menos equivalentes como la de «Jamiat», asociación, o «sazman», organización; en el primer caso traduciré en este texto, el primero de ellos como partido y no como asociación, para evitar una interpretación confusa sobre el sentido político que tenían. Por otra parte frecuentemente se identificaba a los partidos no por esa denominación, no legal, sino por la cabecera del periódico que era su portavoz.

3 John Riddel, editor, To See the Down. Baku, 1920. First Congress of the Peoples of the East. Pathfinder, New York, 1993; John Riddel, Vijay Prashad, Nazeef Mollah, editores, Liberate the Colonies! Communism and Colonies Freedom, 1917-1924. Leftword Books, Nueva Delhi, 2019.

4 Si había dos partidos comunistas importantes en su región continental: el Partido Comunista de Irán, fundado en 1920, prácticamente desaparecido por la represión en 1930 y refundado en 1941 bajo la denominación de Partido Tudeh (de las masas populares, o sencillamente del pueblo); y el Partido Comunista Indio.

5 No todos ellos siguieron esa evolución; Ghobar y Farhang se mantuvieron en posiciones liberales, nacionalistas en el caso del fundador de Watan y escoradas hacia el liberalismo social e intervencionista en economía en el de Farhang. Ambos se mantuvieron en posiciones personales independientes; aunque Farhang mantuvo una buena relación con el comunista Babrak Karmal, del que fue asesor entre 1980 y 1981.

6 Tanto en el caso de Abdul Rahman Mahmudi como en el de Taraki, sus biografías oficiales elaboradas por sus partidarios en los sesenta pretendieron una precoz adhesión al marxismo ya en los cuarenta, sin pruebas suficientes. Taraki no discurrió en esos términos.

7 El alejamiento del país mediante la atribución de destinos diplomáticos era una práctica habitual del estado afgano con los opositores a los que no se había detenido en acción considerada como flagrantemente delictiva; o no se les quería castigar con la cárcel. Taraki había publicado ya sus primeras novelas, Carne seca y Esta es mi guadaña, de estilo realista social, y empezaba a ser un personaje popular en Kabul y sobre todo en Kandahar.

8 La primera, que marcó la pauta se publicó en octubre de 1978 en Kabul.

9 El giro acompañó al de la política exterior de la URSS, apuntado por el viaje de Bulganin y Kruschev a Nueva Delhi, que fue aprovechado en el regreso para hacer escala en Kabul.

10 E.M. Zhukov, en Partiinaya Zhin (Vida del Partido), revista del Comité Central del PCUS, agosto de 1956, citado por Hélène Carrère d’Encausse (1958), ver Bibliografia.

11 Fueron las primeras que se celebraron en condiciones aceptables, con voto secreto –no cantado en asamblea como se había hecho hasta entonces– y mesas electorales en principio no parciales, integradas por jueces, maestros y secretarios gubernamentales. Como es habitual no se disponen de las cifras generales completas de participación –tampoco había censo– pero la estimación de Dupree fue que en el conjunto de todo el país solo votó el 13%; no votaron los campesinos, ajenos como siempre a la dinámica política, y el voto se concentró en las ciudades. En Kabul votó un 37% de la población.

12 Amin no participó en el proceso fundacional del PDPA, al residir en EEUU, realizando un doctorado en la Universidad de Columbia, desde 1962. No pudo acabar el doctorado, a causa de sus actividades políticas como dirigente de la asociación de estudiantes universitarios afganos en EEUU y su militancia en la izquierda universitaria norteamericana; por lo que regresó a mediados de 1965, a tiempo de incorporarse en el PDPA y participar en las elecciones.

13 El primer número apareció el 11 de abril, y la prohibición fue el 22 de mayo; la tirada inicial fue de 20.000 ejemplares y la que se mantuvo a partir del segundo de unos 10.000 ejemplares.

14 Entre marzo de 1968 y julio de 1969.

15 Sustituyo el término de «kalquista» por «jalquista», en favor de una mejor lectura

16 Después de presentarse a las elecciones a la Wolesi Jirga, no se le renovó la dirección del Instituto de Formación del Profesorado, y el gobierno afgano envió como profesor a la escuela de secundaria para niñas de Kabul, como forma de «degradación»; no consiguió otra cosa que ampliar su campo de proselitismo.

17 No tiene una traducción exacta en castellano, ni en ninguna otra lengua; es un vocablo particular árabe que puede «traducirse» por analogía como Renacimiento, por su voluntad de recuperación de la cultura clásica árabe vinculada a un relanzamiento cultural ante la penetración occidental. Habitualmente se utiliza esa analogía, pero mantendré en este caso el término original Nahda, una vez hecha esta explicación sumaria sobre su sentido.

18 No confundir con Abdul Rahman Niazi, estudiante universitario fundador de la Organización de la Juventud Musulmana, que pertenecía como él a la tribu de los niazi.

19 Frecuentemente se la identificó como los Hermanos Musulmanes de Afganistán, aunque eso era inexacto; había influencia intelectual, pero no relación orgánica.

20 En 1969 se produjo un primer asesinato, en este caso de un estudiante comunista de secundaria, que no tuvo la trascendencia del episodio de 1972.

21 No obstante, las fuentes de la Organización de la Juventud Musulmana consultadas por Edwards aseguraron que en esa época habían asesinado a un estudiante del PDPA de la escuela Ibn Sina, lo que dio lugar a un gran manifestación fúnebre en Kabul organizada por las dos corrientes del partido comunista. Según documentos desclasificados de la embajada de EEUU en Kabul, citados por Dreyfus, la OJM se jactó ante la CIA de haber asesinado a cuatro militantes comunistas.

22 El primer proyecto presentado por el grupo auspiciado por Zahir Sha había previsto el derecho de voto a partir de los 25 años.

23 Han sido descritas en la primera parte de este artículo, en el apartado 3.1 sobre el campo.

24 Arnold sostiene que también formaban parte de él Babrak Karmal, Akbar Khaibar y Anahita Ratzebad, pero eso no está confirmado por ninguna documentación publicada ni por ningún autor.

25 Unos 3.700 oficiales y suboficiales, según todas las fuentes; que mayoritariamente los realizaron en la URSS, aunque también una parte de ellos los curso en otros estados del «campo socialista».

26 Puede consultarse en el Archivo Digital del Wilson Center, el telegrama es del 2 de junio de 1975

27 Esa es la expresión del documento de la embajada consultado por Dreyfuss; dos de ellos, por lo menos, eran, como se ha dicho, comunistas.

28 Wilson Center. Digital Archive. Colección «La invasión soviética de Afganistán».

29 Se publicaba legalmente y según Selig S. Harris, reflejaba de manera pública las posiciones del PCUS sobre Afganistán.

30 Fundado en 1957, por antiguos seguidores de Abdul Ghaffar Khan, entre ellos su hijo, incluía a militantes del PC Paquistani, separado del indio tras la división de 1947 y prohibido en 1951.

31 En el nuevo Comité Central quedaron incorporados tanto Akhbar Khaibar como Anahita Ratzebad, cuya propuesta de inclusión por parte de Babrak Karmal había constituido uno de los primeros episodios de confrontación con Taraki. Amin, formó parte del nuevo Comité Central, pero no del Buró Político, según Beverley Male por la presión en tal sentido de Babrak Karmal, que Taraki aceptó.

32 Saur (Tauro), es la denominación que se le da en Afganistán al segundo mes del año del calendario persa, que es el que rige en dicho país, y comienza el 21 de abril.

33 Lo hicieron también en 1975 Setam-i Milli, dominado en esos momentos por una entrada de jóvenes activistas simpatizantes con China y las facciones generadas tras la división del primer grupo maoísta.

34 No se reprodujeron oleadas de huelgas como las de 1968-1969; o no tuvieron su trascendencia por cuanto no aparecen documentadas en la bibliografía, ni se refleja en el discurso político de la época.

35 El cierre de la jugada diplomática a cuatro bandas habría de ser el viaje del Sha iraní a Kabul en junio de 1978 y el de Daud a Washington para entrevistarse con Carter, en septiembre.

36 Selig S. Harris, relata que Breznev se quejó ante Daud, de manera extemporánea, por el aumento de expertos de la OTAN y la instalación de estaciones de seguimiento de satélites y de registro sismológicos, que consideraba que no eran sino instrumentos del espionaje estadounidense, pidiéndole que se deshiciera de todos ellos; Daud protestó por esa intromisión sobre como dirigir el país y a quien emplear en Afganistán y se levantó abandonando la reunión. Breznev intentó deshacer el lío que había montado y se ofreció a tener con Daud un encuentro privado, que éste rechazo considerando que ya no era necesario. Pudo ser un punto de inflexión en las relaciones entre Daud y la URSS, pero la cooperación prosiguió en los términos establecidos y el gobierno soviético evitó nuevos incidentes que dieran lugar a una ruptura abierta con la República de Afganistán.

37 Amin acusó a Qadir de sabotear el levantamiento.

38 Los efectivos del ejército en esos momentos eran de 90.000; la fuerza aérea tenía unos 160 aviones de caza, de diversos tipos, y unos 60 helicópteros.

39 De acuerdo con la versión del PDPA Daud fue muerto al responder a los militares que fueron a detenerle disparando contra su mando, lo que provocó una respuesta inmediata de los militares que acabaron con casi todos los presentes. Arnold sostuvo, por el contrario, que fue un asesinato premeditado y que se produjo el 30 de abril, como manifestación de la consolidación del nuevo poder; como es habitual en este autor sin presentar pruebas contradictorias con la versión del PDPA y forzando los datos, en este caso las fechas. Lo que sí está confirmado por fuentes diversas es que Babrak Karmal planteó detener con vida a Daud, lo que aceptón Taraki y Amin, aunque esa disposición disgustó a algunos militares «khalquistas». No puede excluirse por completo que fuera un asesinato premeditado, en una acción personal del jefe de la patrulla; o instigado por Amin, el más disconforme con mantener a Daud con vida. Fuera como fuese las muertes no se produjeron por orden del PDPA.

40 Los militares eran Qadir, Watanjar, Rafi, Gulazboi y Sarwari; los civiles, todos los integrantes del Comité Central del PDPA.

41 GRU, Glávnoye Razvédyvatelnoye Upravlenie (Departamento Central de Inteligencia) del Comisariado del Defensa de la URSS.

42 Algo a lo que Qadir y Watanjar no habrían podido oponerse, aunque solo fuera por el control de Amin sobre la organización militar clandestina, base del levantamiento. Por otra parte, la inclinación inicial del GRU no fue secundada por la embajadas soviética ni la dirección del PCUS.

43 Raja Anwar da importancia al hecho de que el primer organismo se denominara Consejo Revolucionario y no Comité Central como el instituido en 1973, argumentando que de esa manera se evitaba dar la sensación de que el nuevo régimen fuera continuidad del de Daud. Podría ser que se explicara así, pero en el fondo de la cuestión subsistía que el procedimiento institucional era el mismo y que en efecto se asumían elementos de continuidad entre julio de 1973 y abril de 1978. Otra razón más sencilla, y obvia, de que no se denominara Comité Central era la de que ésta era la denominación del máximo órgano dirigente del PDPA.

44 Selig S. Harrison, presenta la situación como el resultado de la orientación que le dio a Babrak Karmal uno de los residentes de la KGB en Kabul, Viloz Osadchy, que era su contacto habitual. Pueden caber pocas dudas que esa fuese el análisis y la propuesta del KGB; una propuesta que R.A. Ulyanovsky siguió defendiendo en la revista portavoz del CC del PCUS Kommunist, en julio de 1979, en la que expresó la preferencia soviética por un régimen «nacional-democrático» en Afganistán. Pero esa era ya una posición compartida de antemano por Babrak Karmal, no hacía falta convencerle de ella; en todo caso Babrak Karmal usó esas manifestaciones de los soviéticos con la intención de reforzar su posición en el seno del PDPA.

45 La carta, como el resto de los documentos sobre la relación entre los dirigentes soviéticos y los afganos, así como algunos documentos sobre la insurgencia islamistas y la guerra en los ochenta, corresponden a la citada serie sobre «La invasión soviética» del Wilson Center de Washington.

46 El dato lo da Fred Halliday, que añadió el detalle de la quema pública de archivos policiales del régimen caído. En cuanto a la liberación de presos no fue absoluta; permanecieron encarcelados los prisioneros islamistas, de la Juventud Musulmana, condenados tras el levantamiento de 1975.

47 Esa parte fue minoritaria, pero concitó las iras de los islamistas, que asesinaron a una cincuentena de ulemas.

48 Esos símbolos eran la imagen de un mihrab, el arco de la mezquita bajo el que se reúnen los fieles para orar, dentro del cual se inscribía un minbar, el púlpito escalonado en el que se sitúa quien guía los rezos.

49 Archivo Digital Wilson Center, 18 de junio de 1978.

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