Gramsci en España

Francisco Fernández Buey

El 25 de agosto de 2022 hizo diez años del fallecimiento de Francisco Fernández Buey. Se están organizando diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 publicaremos como nuestra pequeña aportación un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selección y edición de todos estos textos corre a cargo de Salvador López Arnal.
Triunfo, año XXVII, n. 546 (17 marzo 1973), pp. 50-51.
Uno de los primeros textos del autor sobre Gramsci, reseña-aproximación a A. Gramsci, Antología, México: Siglo XXI editores, 1970 (edición de Manuel Sacristán).
Fue el historiador Giaime Pala quien me llamó la atención sobre este escrito de FFB cuya existencia desconocía.

 

No puede decirse propiamente que Antonio Gramsci haya estado o esté de moda en los medios intelectuales de nuestro país. Más bien habría que hablar en este caso de lo contrario, aunque sólo sea por el hecho de que las amplias espuertas por las que se introduce tanta semiología y tanta Teoría (con mayúscula) generalmente aséptica, o las mínimas ranuras por las que se cuela en la siempre bien dispuesta industria editorial española algún que otro clásico del socialismo, no suele abrirse para dar cabida a Gramsci. Y menos a todo Gramsci. Es decir, no solo al Gramsci teórico de lo nacional-popular o de la organización de la cultura, sino también al Gramsci político artífice del núcleo dirigente del partido comunista italiano de los años 20, animador de los consejos de fábrica turineses, consciente internacionalista y activo (en la medida de sus diezmadas fuerzas) paciente de la represión fascista mussoliniana.

Desde los años en que algunas bien intencionadas revistas dedicadas al cine o al teatro tenían que referirse a Antonio Gramsci semiclandestinamente diciendo «como afirma A. G.», ante la sorpresa de unos y el guiño de complicidad de los menos, se han ido traduciendo al castellano o al catalán algunas de las páginas del revolucionario de Cagliari[1]. Páginas que, procedentes de los Quaderni del carcere[2], no necesitaban mayores recortes, puesto que ya habían sido escritas en su idioma original pensando en los periódicos registros carcelarios, y que, por otra parte, alcanzaron en nuestro país menos difusión que las de otros marxistas entonces más en boga, como G. Lukács[3], por ejemplo. En cualquier caso, entre esas páginas, no estaban los escritos políticos del joven Gramsci, no estaban los artículos periodísticos de la Città Futura, de Il Grido del Popolo, de L’Ordine Nuevo o Avanti. No estaba, en definitiva, toda la producción gramsciana anterior a los años de la cárcel.

Ahora nos llega desde México –con el con siguiente retraso ocasionado por el obstáculo del océano unido a otros obstáculos menos naturales[4]– la «Antología de A. Gramsci», preparada por Manuel Sacristán y fechada en mayo de 1969 en Barcelona[5]. Una antología que (en tanto no sea posible realizar la versión de las obras completas[6]) cubre en parte las lagunas de la producción gramsciana anteriormente traducida en España y que, por desgracia, no va a poder llegar de momento a las manos de los dos o tres mil lectores potenciales de las tiradas de la industria editorial ni siquiera a las de los muchos menos lectores reales de las mismas.

Y digo por desgracia porque leer hoy a Gramsci en la selección y traducción de Manuel Sacristán es un respiro indudable ante tanto texto pretendidamente científico sobre la estructura lógica de El capital, ante tanta reducción del marxismo a esquema, mera metodología o teoría científica de inspiración althusseriana en el mejor de los casos. En efecto, en los textos de Antonio Gramsci late un empuje moral revolucionario difícil de encontrar en un marxismo actual que muchas veces, cansado de esperar primero ante la «relativa» estabilización del capitalismo y luego ante la ofensiva del imperialismo, se ha tomado excesivamente en serio la repetida afirmación de que el materialismo histórico forma ya parte de la «sabia» cultura occidental como uno de sus elementos integrantes. En Gramsci, el marxismo, la «filosofía de la praxis», es todavía conjunción unitaria de una crítica, una teoría y una práctica; no mero análisis histórico o económico de vocación profesional desvinculado de la praxis revolucionaria.

Pero es que, además, en los diversos artículos recogidos en esta Antología se encuentran conceptos acuñados en los años 20-30 (y aun anteriores) que siguen siendo sustancialmente válidos para un marxismo no reductivo ni esquemático. Entre ellos –y en los límites de esta breve reseña– vamos a destacar tres.

En primer lugar, frente al objetivismo que centra el proceso revolucionario en el catastrófico desarrollo de la contradicción fundamental de la sociedad capitalista sin hacer referencia a la subjetividad de los individuos agentes en la lucha de clases, el concepto de voluntad colectiva, presente ya en el joven Gramsci, aunque con matices claramente idealistas y muy pronto desarrollados en un sentido materialista.

Efectivamente, después de decirnos que el pensamiento marxista no sitúa nunca como factor máximo de la historia los hechos económicos en bruto, sino siempre la sociedad de los hombres que desarrollan a través de sus relaciones una voluntad social capaz de canalizar como y por donde desee la realidad objetiva (La revolución contra El capital); y después de rebatir una posible acusación de voluntarismo, aduciendo que voluntad significa para el marxista impulso rectilíneo hasta el objetivo máximo, noción exacta de la potencia que se tienen en la correlación de fuerzas sociales («Nuestro Marx»[7]), Antonio Gramsci lleva a la madura concreción de que el hombre es voluntad concreta, un bloque histórico de elementos puramente individuales y subjetivos y elementos de masa y objetivos o materiales con los que el individuo está en relación activa (El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce).

El segundo concepto que interesa destacar aquí es precisamente el de bloque histórico, empleado para superar el mecanicismo de la socialdemocracia y la visión simplista de una estructura económica que determina abstractamente, sin mediaciones, la sobrestructura político-institucional. Vale la pena aclarar que en Gramsci ese término tiene escasamente que ver con el de «bloque dominante» o alianza de fuerzas sociales en un momento dado, como quieren ciertas divulgaciones demasiado frecuentes y precipitadas de la filosofía de la praxis. Gramsci lo emplea al menos en un triple sentido: 1) para expresar (como se ve en la cita anterior) la compleja naturaleza del hombre social entendida como conjunción de subjetividad y objetividad; 2) para expresar el todo constituido por la estructura y la sobreestructura, así como la reciprocidad entre ambas: la estructura y las sobreestructuras forman un bloque histórico; 3) para expresar la orgánica relación entre el saber propio de los intelectuales y el sentir propio del pueblo-nación. En este último sentido un bloque histórico se crea -afirma Gramsci- cuando el sentimiento-pasión de las masas populares deviene comprensión intelectual, no pedante saber de mandarines.

Finalmente hay un tercer concepto que parece importante recuperar sobre todo en tiempos de primacía de la táctica sobre la estrategia en el movimiento comunista, y de acusado tacticismo en los movimientos obreros nacionales de los países capitalistas; sobre todo en tiempos en que el socialismo parece oponer demasiado poco futuro a los problemas –casi siempre demagógicos– del capitalismo tardío. Se trata del término gramsciano de utopía. Lo utópico no es para Gramsci la lucha proclamada por unos principios generales futuros (como, por ejemplo, el principio que reza: «De cada cual según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades»), sino precisamente lo contrario, el programa detallado, la presunta previsión de los hechos, el filisteísmo y el reformismo. Una concepción esta que ya en 1917 en joven Gramsci expresaba así: «El defecto orgánico de las utopías estriba íntegramente… en creer que la previsión puede serlo de hechos, cuando solo puede serlo de principios o de máximas jurídicas».

La Antología que comentamos ya acompañada de unas utilísimas tablas cronológicas y de más de un centenar de notas que ponen de manifiesto una ya larga ocupación de su autor –Manuel Sacristán– con Gramsci.

Notas

[1] Selección de escritos de Gramsci en: A. G., Cultura i literatura, Edicions 62 (en castellano, Península), A. G. El Príncep modern, Ediciones 62 (en castellano Península), A. G., Introducción a la filosofía la praxis, Ediciones Península, NCI. Todas estas ediciones, al cuidado de J. Solé Tura.
[2] NE. FFB escribe antes de la edición crítica de los Quaderni de Valentino Gerratana.
[3] NE. Véase «Historia (personal) y conciencia de clase: György Lukács». En FFB, Poliética, Oviedo-Buenos Aires: editorial Losada, 2003, pp. 85-124.
[4] NE. La censura franquista.
[5] A. Gramsci, Antología. Selección, traducción y notas de M. Sacristán, Siglo XXI Editores, México, 1970 [NE. Reeditada por Akal en 2013].
[6] NE. Ediciones ERA publicó la versión completa en español de los Cuadernos de la cárcel en 1981.
[7] NE. Este fue el título que eligió FFB para su contribución al mientras tanto, 16-17, agosto-noviembre de 1983, el dedicado a Karl Marx con ocasión del primer centenario de su fallecimiento.

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