Cosas de mi Ridiculum Vitae (Para Guillermina Motta, Catalunya Ràdio)

Francisco Fernández Buey

El 25 de agosto de 2022 hizo diez años del fallecimiento de Francisco Fernández Buey. Se están organizando diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 publicaremos como nuestra pequeña aportación un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selección y edición de todos estos textos corre a cargo de Salvador López Arnal.
De 2001, salvo error por mi parte. Texto escrito a petición de la cantante y presentadora Guillermina Motta, compañera suya de estudios en la Facultad de Filosofía y Letras años atrás, para la preparación de una entrevista en Catalunya Ràdio cuyo enlace no he sabido localizar.
Anexo 1: Francisco Fernández Buey responde a la revista Illacrua.
Anexo 2: Protesta.
Anexo 3: Carta al Ministerio de Economía y Hacienda.

 

1943 Nací en Palencia, de padre gallego y madre castellana. Tengo dos hermanas[1].

1952-1960 Estudié el bachillerato (letras) en el Instituto Jorge Manrique de Palencia. Tuve dos profesores muy buenos: José Rodríguez Martínez (filosofía) y Xesús Alonso Montero (literatura)[2].

1961-1966 Estudié Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona [de eso lo sabes casi todo].

1962 Fui a mi primera manifestación: en solidaridad con los mineros de Asturias; y a la segunda: para protestar contra el asesinato de Julián Grimau[3].

1963 Me metí en la organización universitaria del PSUC (con Josep Elies, Quim Sempere, el Cristo de Pasolini [o sea, Irazoqui[4]], Parcerises y otros).

1965-1966 Contribuí a crear el SDEUB, fui delegado en él de la Facultad de Filosofía y ayudé a montar la Capuchinada. Me detuvieron tres veces en el 66 y pasé algunas semanas en la cárcel Modelo. Me expedientaron por tres años (siendo rector García Valdecasas[5]), me quitaron la beca con la que había estudiado desde el bachillerato y me mandaron al Sáhara[6].

1967 (enero)-1968 (mayo) Aprendí muchas cosas indeseables haciendo el servicio militar en el desierto del Sahara.

1968 (agosto) Me casé por lo civil con Neus Porta[7]; después de entonces obligada apostasía.

1968 (11 de septiembre). Me detuvieron en la manifestación correspondiente (una de las primeras conmemorativas del 11 de septiembre[8]) acusado de soltar palomas con banderas rojas y cuatribarradas. Volví a pasar otra temporada en la cárcel Modelo.

1969 Anduve huido casi todo el año, por el estado de excepción y bajo la acusación de haber organizado (con Manolo Sacristán y otros) la comisión de formación del PSUC. Pero esta vez me salvé de la cárcel gracias a Josep Solé Barberà. Mientras tanto, ese año y los siguientes, me gané la vida haciendo traducciones para Ariel, Península, Destino y Grijalbo.

1970 Colaboré en la organización del encierro de intelectuales en Montserrat con motivo del Consejo de Guerra de Burgos[9].

1971-1972 Por fin pude terminar la carrera de Filosofía y Letras. Me dieron el Premio extraordinario de Licenciatura (a título, como se ve, casi póstumo).

1973 Empecé a dar clases en el Departamento de Historia de la Filosofía de la UB como ayudante de Emilio Lledó.

1974-1975 Colaboré en la organización del movimiento de PNNs, fui miembro de su Coordinadora Estatal y montamos una de las huelgas más largas de la enseñanza bajo el franquismo. Como consecuencia de ello me expulsaron otra vez de la Universidad[10], siendo rector Fabián Estapé, pero me readmitieron poco después de la muerte de Franco.

1976 Pasé a trabajar en la Facultad de Económicas de la UB como ayudante de Manolo Sacristán. Simultáneamente di clases en la Escuela de Sociología de la Diputación de Barcelona[11]. Entonces empecé a escribir mis primeros ensayos publicables: sobre Gramsci y sobre Lenin[12]. Colaboré en la fundación de Comisiones Obreras de la Enseñanza.

1977 Con Manuel Sacristán, Jacobo Muñoz, Rafael Argullol y otros fundé la revista Materiales (de la que salieron 12 números y algún ministro) y empecé a colaborar en El viejo topo[13].

Ese mismo año, poco antes de su legalización, me fui del PSUC, descubrí el ecologismo social y me afilié al Comité Antinuclear de Catalunya (CANC)[14]. Ayudé a convocar las primeras manifestaciones ecologistas en Barcelona.

1979 Con Manuel Sacristán y otros fundé la revista mientras tanto (que todavía existe[15] y en la que he colaborado habitualmente durante más de veinte años).

1980-1982 Escribí mucho en m.t. y acabé de redactar mi tesis doctoral sobre el marxismo italiano de los años sesenta[16]. Me vinculé al Instituto Gramsci de Roma a través del filósofo Valentino Gerratana.

1983-1989 Me ofrecieron una cátedra interina en la Universidad de Valladolid el curso 82-83 y viví allí (o, mejor, en Vallacelona) durante seis años. En ellos: 1) crucé el Ebro, en los dos sentidos, cientos de veces; 2) me hice pacifista y entré en los Comités Anti-OTAN; 3) fundé un Centro para el Estudio de los Problemas de la Paz y del Desarme, vinculado a la UNESCO; 4) fui delegado por Castilla y León en la Iª Asamblea de Izquierda Unida; 5) me convertí en uno de los primeros objetores fiscales a los gastos militares y trabajé en favor de la objeción de conciencia; 6) me vinculé a la revista de poesía y literatura Un ángel más (con Antonio Gamoneda, Martín Garzo, Jiménez Lozano, Olvido Garcíaa Valdés, Miguel Casado y otros); 7) participé en varios congresos gramscianos en los que conocí y traté a la familia de Antonio Gramsci.

1990 Volví a Barcelona y saqué la cátedra (no sin conflicto) de Metodología de las Ciencias Sociales que había ocupado Manuel Sacristán en la Facultad de Económicas de la UB[17]. Al mismo tiempo seguí escribiendo (prioritariamente sobre movimientos sociales alternativos) para la revista mientras tanto y trabajé con Octavi Pellissa en el CTD (Centre de Treball i Documentació). Con José María Valverde[18], y también en el CTD, fundé una cosa sociopolítica llamada «La balsa», de donde salieron luego otras tantas cosas solidarias.

1993 Estuve enseñando (y aprendiendo) unos meses en El Salvador y en Ecuador con una ONG de docentes catalanes solidarios. Me ofrecieron una cátedra de Ética y Filosofía Política en la nueva Facultad de Humanidades de la UPF. Y ahí sigo, dando clases, entre viejos amigos y conocidos (Jaume Torras, Josep Fontana, Josep Termes, Josep Ramón Llobera, Dolors Folch, Enric y Rafael Argullol, etc., etc.). Ahora estoy metido en la organización de una cátedra UNESCO para el estudio de las relaciones interculturales.

En estos últimos siete años he escrito para casi todas las revistas roji-verde-violetas que quedan en el país (en un sentido amplio); he colaborado como independiente (en actividades culturales y político-culturales, sobre todo) con IU-IC primero y con IU-EUiA después. Desde 1998 dirijo (con el poeta Jorge Riechmann) una colección de «Clásicos del pensamiento crítico».

Académicamente, que se dice, he trabajado desde 1975 en cosas bastante diversas: historia de la filosofía, filosofía de las ciencias sociales, historia de las ideas, historia de la ciencia, ética y filosofía política. A pesar de todo lo anterior, y seguramente por los años, soy miembro de unas cuantas instituciones respetables: de la International Gramsci Society, de la New York Academy of Sciences y, últimamente (a propuesta del Senado), del Consejo de Universidades.

He publicado quince libros y un montón de prólogos, ensayos y artículos. Algunos de ellos están traducidos a otras lenguas (al francés, italiano, inglés, alemán, portugués, polaco y ruso). Entre las cosas más recientes, las siguientes:

Discursos para insumisos discretos. [Escritos: 1976-1992]. Madrid, Ediciones Libertarias, 1993.

La barbarie: de ellos y de los nuestros. Barcelona, Ediciones Paidós, 1995.

La gran perturbación. Discurso del indio metropolitano. Barcelona, Destino, 1995, y El viejo topo, Barcelona, 2000.

Ni tribunos. Ideas y materiales para un programa ecosocialista. Madrid, Siglo XXI, 1996 [en colaboración con Jorge Riechmann].

Marx (sin ismos). Barcelona, Los Libros del Viejo Topo, 1998; 2ª edición corregida, 1999.

Ética y filosofía política, Asuntos públicos controvertidos, Barcelona, Edicions Bellaterra, 2000.

En la colección «Clásicos del pensamiento crítico» de la editorial Los Libros de la Catarata he publicado desde 1998 ediciones de (e introducciones a): Antonio Gramsci, Ernesto «Che» Guevara, Bartolomé de las Casas y Girolamo Savonarola. En El viejo topo he editado e introducido el Manifiesto comunista y, más recientemente, los poemas románticos juveniles de Karl Marx.

[Sobre algunas de las cosas anteriores he dado mi opinión en una entrevista que se publica en el número de septiembre de El viejo topo].

Lo que más me gusta (entre las cosas que se pueden declarar en público) es leer poesía y discutir de cine. También me gusta el fútbol como juego de estrategia, pero no soporto el ambiente que rodea ese juego. El único deporte que, en mi opinión, hace pensar en cosas serias es el ciclismo. El turismo me parece la peste de la sociedad posmoderna.

Me gustaría escuchar: «Everybody knows», de Leonard Cohen (la de «Todo el mundo sabe que los dados están marcados/ todo el mundo los tira con los dedos cruzados», etc. etc.), y, si es posible, en la versión adaptada para la banda sonora de la película Exótica de Etom Egoyan[19]. Alternativamente, el «Pequeño vals vienés»[20], del mismo Cohen.

Cuando yo era joven[21]
los jóvenes a quienes trataba
lo tenían todo claro
Si uno decía «no sé, no sé»
le llamaban vacilante y caga dudas.
Ahora que empiezo a ser viejo
y creía empezar a saber algo de algo,
los jóvenes a los que trato
me dicen:
«No sé, no sé, el mundo es muy complejo»
Tal vez por eso
hoy me gustan los jóvenes de ayer
tanto como ayer
me gustaban los jóvenes de hoy.

 

Anexo 1: De Francisco Fernández Buey a Illacrua[22]

Texto no fechado. No he podido averiguar las preguntas que le fueron formuladas al autor.

A (la pregunta) 1
Mi compañera, Neus Porta, y yo nos hicimos objetores de conciencia en 1986. Estábamos entonces en los comités anti-OTAN y pensamos que la objeción fiscal al gasto militar (que aquel año era el 8,7% de los presupuestos del Estado español) representaba una forma justa de protesta moral y política no sólo contra el discurso proatlantista del gobierno sino contra la militarización del mundo. Hay que recordar que en aquellas fechas la posibilidad de una guerra nuclear entre la OTAN y el Pacto de Varsovia se vivía como un peligro inminente. Siendo como éramos marxistas y comunistas, hicimos nuestro el punto de vista de Tólstoi, de Einstein y de Russell, y decidimos apoyar a las organizaciones antimilitaristas y pacifistas que, como Justicia y Paz y Acció Solidaria contra l’Atur, llamaban a ingresar la parte correspondiente de la declaración de la renta en cuentas para fomentar actividades sociales alternativas.
Hoy seguimos creyendo que esa es una forma justa y acertada de resistencia moral contra las imposiciones del complejo militar-industrial en el mundo.

A (la pregunta) 2
Como legalmente no estaba prevista la figura del objetor fiscal a los gastos militares, las consecuencias prácticas de aquella decisión en los años siguientes fueron bastante kafkianas. En nuestra caso, al trabajar los dos, la declaración de la renta nos salía positiva y Hacienda no admitía la detracción en favor de organizaciones pacifistas alternativas, de manera que nos ha estado persiguiendo con embargos durante años.
Primero nos embargaron la cartilla de ahorro. Luego nos aplicaron un 20% del recargo de apremio. Creo que en total nos han debido embargar alrededor de 250.000 pesetas entre 1990 y 1996. Hacienda nos trató como si fuéramos defraudadores. Y luego peor, puesto que, como se ha visto, perdonaron u olvidaron a los defraudadores grandes reales. Como este mundo en el que vivimos está dominado por Bancos y Cajas de Ahorro no había manera de conseguir que nos pagaran la nómina mensual por otra vía. Las conversaciones que tuvimos con los funcionarios de Hacienda y de la Universidad sobre esto son irreproducibles en una página. Total que tuvimos que rendirnos hacia el 94 para no perjudicar a terceras personas. El comportamiento de Hacienda en todo esto fue injusto por discriminador. Resumiré mi opinión con una frase que incluimos Neus Porta y yo en una carta escrita al Delegado de Hacienda en Barcelona en 1991: «Esta discriminación trae a la memoria las palabra de Baltasar Gracián: Justicia hay y no puede estar muy lejos estando tan cerca la Mentira».

A (la pregunta) 3
El derecho a la desobediencia civil me parece una reivindicación básica en una sociedad democrática. Tanto más en una democracia demediada como la nuestra en la que las tendencias oligárquicas y el pensamiento único falsean la representación y obstaculizan la participación de los ciudadanos de abajo. La desobediencia civil es sobre todo una forma de resistencia moral de la conciencia ciudadana ante la degradación de las formas democráticas y la razón de Estado. La más fundamental es precisamente la que se ejerce contra la militarización de la sociedad: la objeción y la insumisión. Los cambios previstos en el servicio militar obligarán, en mi opinión, a adoptar nuevas formas de actuación frente al ejército profesional. Creo que hay que luchar por la disolución de los ejércitos. Para que cuaje un movimiento alternativo en ese ámbito se necesita apoyo social para cambiar las leyes. Y para que la desobediencia sea socialmente creíble hace falta coherencia moral (y política) entre los desobedientes. Eso quiere decir que hay que estar contra los ejércitos (y el militarismo) de ellos y de los nuestros.

Anexo 2. Protesta

Texto no fechado. El título es el nombre del archivo. El escrito no lo lleva.

Cuando en el 67, en el Sahara, apoyé a los Testigos de Jehová que se negaban a empuñar las armas, mis amigos de extrema izquierda (que luego cambiaron oportunamente de camisa) me criticaban con el argumento de que un comunista no puede ser pacifista.
Cuando volví del desierto y protesté en Barcelona contra la guerra de Vietnam, los que mandaban entonces (que también cambiaron oportunamente de camisa) me persiguieron con el argumento de que un comunista no puede ser pacifista.
Cuando en 1984 me metí en el movimiento anti-OTAN y fundé en Valladolid un centro antimilitarista, los nuevos mandamases (que se habían caído ya oportunamente del caballo en el camino que va de Damasco a New York ) me tildaron de utópico pseudopacifista porque un comunista no puede ser pacifista.
Cuando en 1986 me hice objetor de conciencia a los gastos militares y pasé la parte correspondiente de mis impuestos a organizaciones antibelicistas, los responsables de Hacienda (que luego resultaron prevaricadores), además de bloquearme la cartilla de ahorros, me compararon con los evasores fiscales del momento (que luego fueron indultados) y me cantaron telefónicamente la vieja canción: «un comunista no puede ser pacifista».
Cuando estalló la guerra del Golfo pérsico y salí a la calle con otros y firme manifiestos para exigir la paz, los mandamases de los dos principales partidos políticos del país (oportunamente de acuerdo ya en hacer de felpudo de la política exterior de los Estados Unidos de Norteamérica) me dijeron que bombardear Bagdad era parte de la guerra justa contra el Demonio y que, además, un comunista no puede ser nunca pacifista.
Y ahora cuando denuncio las barbaridades de la nueva guerra que mata a kosovares y serbios de la ex-Yugoslavia, los amigos de ayer me dicen que ser pacifista es precisamente estar a favor de la intervención armada de la OTAN y que, obviamente, un comunista como yo no puede ser tampoco en 1999 pacifista.
Podría haber elegido el silencio, como dicen que hizo Karl Kraus, para dejar encendida una bomba de relojería verbal, Los últimos días de la humanidad[23].
Pero antes de optar por el silencio voy a hacer una pregunta. A quien corresponda: ¿Qué creen los mandamases de este mundo que tiene que hacer un comunista para ser considerado pacifista?

Anexo 3: Carta al Ministerio de Economía y Hacienda.

Barcelona, 24 de junio de 1996

Delegació de la AEAT de Ministeri d‘Economia i Hisenda de Barcelona

Muy Sr. mío: he recibido la comunicación cuya copia le adjunto. No voy a presentar impugnación formal porque se trata de un asunto de moralidad pública que sé bien que no cabe en los motivos oficiales de impugnación.
Quiero recordarle, sin embargo, lo mismo que dije en su momento verbalmente al funcionario de Hacienda que me comunicó hace unos años la intención de cobrar una deuda que, en mi opinión, no es tal. Debe usted saber que, al hacer objeción fiscal a los gastos militares, hice constar las cuentas de las instituciones en las que ingresé en su día las cantidades correspondientes.
Diez años después me asimilan ustedes a los defraudadores fiscales y me aplican al porcentaje correspondiente. Mientras tanto, dada la situación kafkiana a la que de hecho conduce en este país la objeción fiscal por motivos morales, tuve que rendirme en eso. Ahora ya no soy objetor.
No obstante, en los diez años transcurridos desde entonces la historia de eso a lo que llamamos Europa nos ha dado la razón a los objetores de entonces al gasto militar.
En estos diez años hemos aprendido, de paso, que se puede defraudar y robar impunemente desde el Estado y desde la «sociedad incivil» con la colaboración del fisco. La lista correspondiente está todos los días en los principales medios de comunicación, de modo que me la puedo ahorrar aquí.
Como no hay mal que por bien no venga, podré usar este edificante ejemplo comparativo, personalmente vivido, en mis clases de ética y filosofía política en la Universidad para argumentar ahora que la insumisión en un país así tiene más base racional y moral que la mera objeción. Todavía aspiro a convencer a los de abajo de aquello a lo que hacen oídos sordos los de arriba.
Cordialmente,

Notas

[1] Charo y Nieves Fernández Buey.
[2] El autor ha escrito sobre ambos.
[3] Sin poder precisar más, finales de abril, principios de mayo de 1963. Tal vez el 2 de mayo.
[4] Le dio entrada en el PSUC.
[5] El mismo rector que expulsó a su maestro y amigo Manuel Sacristán Luzón.
[6] Dos de sus compañero en el Sáhara: Quim Boix y Paco Téllez. Boix y él organizaron cursos de formación cultural para soldados.
[7] Fallecida en 2011, un año antes que el autor.
[8] Entre muchos otros, un ejemplo más de la activa y arriesgada presencia de ciudadanos y militantes antifranquistas no nacionalistas en las manifestaciones del 11S contrarias a la opresión lingüística y política franquista sobre la ciudadanía de Cataluña. Nada que ver, desde luego, con el lema nacional-secesionista: «España contra Catalunya (1714-2014)».
[9] Sin embargo, FFB no estuvo en el encierro. En conversación personal, el autor me explicó la razón de ello.
[10] Junto a Miguel Candel, a quien FFB dio entrada en el PSUC.
[11] Entre sus alumnos, Francisco Javier Pardo.
[12] Conocer Lenin y su obra; Ensayos sobre Gramsci.
[13] Desde el número 1 y lo siguió haciendo a lo largo de los años, hasta sus últimos meses de vida.
[14] Junto con Eduard Rodríguez Farré, Víctor Ríos, Manuel Sacristán, Antoni Domènech y otros compañeros y compañeras.
[15] Sigue publicándose mensualmente en formato electrónico. FFB se fue de la revista por discrepancias con el comité de redacción a raíz de un editorial de la publicación y una reseña sobre M. Sacristán, M. A. R. X (Máximas, aforismos y reflexiones con algunas variables libres), Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2003 (edición de SLA; prólogo de Jorge Riechmann; epílogo de Enric Tello). El editor de esta nota nunca olvidará su gesto… que fue, desde luego, mucho más que un gesto.
[16] FFB, Contribución a la crítica del marxismo cientificista. Una aproximación a la obra de Galvano della Volpe, Barcelona: PPU, 1984.
[17] No está publicada su Memoria de Oposiciones.
[18] Han sido numerosos los textos que el autor escribió sobre el que consideró uno de sus maestros (junto a Emilio Lledó y Manuel Sacristán). Véase: FFB, Sobre izquierda alternativa y cristianismo emancipador, Madrid: Trotta, pp. 275-315 (edición de Rafael Díaz-Salazar).
[19] https://www.youtube.com/watch?v=TXwCCWHl5Ak
[20] https://www.youtube.com/watch?v=zSUHkWd44vU
[21] Lo tituló «Paradoja» y seguramente lo escribió a petición de Guillermina Motta.
[22] NE. Illacrua era una revista mensual, especializada en tratar la actualidad social, política y cultural desde el punto de vista y la praxis de los entonces llamados nuevos movimientos sociales. Desconozco si se sigue editando.
[23] NE. Véase. «La conciencia moral en el rigor de la palabra: Karl Kraus». En Poliética, Madrid: Losada, 2003, pp. 35-84.

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