Oskar Lafontaine: ¿Alemania vasallo de EEUU en la guerra de Ucrania?.

Emilio Díaz Miranda

En un largo articulo el famoso político que fuera jefe de la Social Democracia, luego del partido Die Linke para luego declararse independiente ha puesto en cuestión la actual política exterior del Estado alemán y, por tanto, también la de la Unión Europea.

Lafontaine dice que Europa necesita una política de seguridad militar independiente. Una crítica fundamental a la actual coalición alemana de socialdemócratas, liberales y verdes. Una coalición «semáforo» que sólo presenta el negro color de estímulo a la guerra en Ucrania.

Lafontaine denuncia la sistemática ignorancia de la historia y de los precedentes que han dado lugar a la guerra de Ucrania que, según la mayoría de los políticos y periodistas alemanes, comenzó el 24 de febrero de 2022. Tal miopía deja de lado toda la prehistoria de la invasión de Ucrania por parte del ejército ruso, y según Lafontaine, cuya opinión tiene peso y no sólo en la izquierda, con tan corta mirada Alemania no puede contribuir a la paz.

 Lafontaine cuya cultura está fuera de dudas recuerda la frase del poeta Esquilo: En la guerra, la verdad es la primera víctima. De ello se desprende que, para encontrar la paz, hay que volver a la verdad, mejor: a la veracidad. Y esto incluye el hecho de que toda guerra tiene su prehistoria. Y la prehistoria de la guerra de Ucrania comienza con la autoimagen de Estados Unidos como nación elegida con la pretensión de ser y seguir siendo la única potencia mundial. Es decir, mantener su hegemonía mundial a toda costa, especialmente a costa de otros, en este caso los europeos.

Si los EE.UU fueran realmente una potencia protectora de Europa y siguiese una política exterior pacífica y no rodease militarmente a los rivales emergentes, en este caso Rusia y China, provocándolos constantemente otro gallo cantaría en el coro internacional.

Lafontaine expone con claridad lo que muchos políticos y analistas internacionales opinan sobre el hecho de que si la supuesta potencia protectora tiene instalaciones militares en el territorio de sus aliados desde las que libra sus guerras, entonces se pone menos en peligro a sí misma y mucho a los aliados con tal geopolítica agresiva.

 Para mantener su hegemonía, los Estados Unidos hacen todo lo posible para evitar que otra potencia mundial ocupe terreno en el tablero internacional. Esto se aplica no sólo a China y Rusia, sino también a la propia Unión Europea (UE), y quizás en el futuro a la India como ahora hace con el Irán. Se sabe que EE.UU. tiene, con mucho, el mayor aparato militar del mundo, y algunos estados  concluyen que lo mejor es refugiarse bajo el ala de esta única, hasta hace poco única potencia mundial.

“Alemania no es un país soberano”

Lafontaine ocupó posiciones influyentes en la Oposición parlamentaria e incluso en gobiernos de la República Federal Alemana y sabe de lo que habla. Así pone algunos ejemplos como el del “aeropuerto de Ramstein que era y es indispensable para las guerras de Estados Unidos en Oriente Medio, África y Ucrania. Por lo tanto, cuando los estadounidenses hacen la guerra, Alemania siempre es parte de la misma, lo quiera o no.” El General Charles de Gaulle que había visto tal peligro para Francia, no quería instalaciones de la OTAN, es decir, de Estados Unidos, en suelo francés. Un país, dijo, debe ser capaz de decidir por sí mismo sobre la guerra o la paz.

Para Lafontaine el que Alemania no es un país realmente soberano volvió a quedar claro cuando el Secretario de Guerra de EE.UU., Lloyd Austin, invitó a una conferencia en Ramstein en la que los estados vasallos (así los llama) debían entregar su contribución a la guerra de Ucrania. No lo menciona pero debemos recordar que España estaba presente en la ceremonia de positivo acatamiento a la superioridad. Por supuesto, Estados Unidos también reclamó el derecho a decidir si un país como Alemania puede poner en marcha un gasoducto de suministro energético como Nord Stream 2.

La Guerra en Ucrania tiene larga historia y prehistoria

 Siempre siguiendo lo escrito por Lafontaine y también públicamente expresado por su esposa Sarah Wagenecht que sigue siendo parlamentaria del partido Die Linke: La prehistoria de la guerra de Ucrania incluye las consideraciones de los estrategas estadounidenses de que Ucrania era y es un Estado clave para el dominio del continente euroasiático. Por esta razón, según el antiguo asesor del presidente Carter, Brzezinski, en un libro de 1997 titulado “La única potencia mundial”, Ucrania debería convertirse en un estado vasallo de Estados Unidos. Como se ve, tales pensamientos en las alturas estatales americanas no son nuevos, ni mucho menos.

A pesar de que importantes analistas políticos estadounidenses como George Kennan advirtieron que no debían convertir a Ucrania en un puesto militar en la frontera con Rusia, los presidentes Clinton, Bush, Obama, Trump y Biden siguieron impulsando la expansión de la OTAN hacia el Este y el rearme de Ucrania a pesar de que Rusia llevaba más de 20 años diciendo e indicando en diferentes ocasiones que no aceptaría tropas y misiles estadounidenses en su frontera ucraniana.

 Con el golpe de estado en el Maidan en 2014, (en la prensa occidental celebrado como acto liberador), Estados Unidos demostró que no tenía en cuenta los intereses de seguridad de Rusia. Instalaron un gobierno títere de Estados Unidos, mediante presiones y grandes sumas de dinero, e hicieron todo lo posible para integrar las fuerzas armadas de Ucrania en las estructuras de la OTAN. Se realizaron maniobras conjuntas pese a las constantes objeciones del gobierno ruso.

  Ningún Estado debería desplegar misiles de una potencia rival en la frontera de una potencia nuclear sin tiempos de advertencia y justificarlo ingenuamente con la libre elección de la alianza.

 Oskar Lafontaine recuerda como el político liberal que fuera Ministro de Exteriores Hans-Dietrich Genscher cayó en desgracia a los ojos de políticos estadounidenses porque temía una guerra nuclear limitada en Europa y, por tanto, hizo todo lo posible para prohibir los misiles de corto alcance y las armas nucleares tácticas en territorio alemán y europeo. El “genscherismo” se convirtió en una palabra sucia en Washington. La actitud de algunos estrategas estadounidenses de que una guerra nuclear limitada a Europa podría muy bien llevarse a cabo fue señalada de nuevo recientemente por Klaus von Dohnanyi en su excelente libro “National Interests”(que ya hemos mencionado en anterior artículo).

 ¿Cómo se podría evitar la escalada?

 En la actualidad, no hay el menor indicio de una política exterior que anteponga los intereses de Alemania a los de EEUU y sus monopolios. Los principales políticos de la coalición “semáforo”, Scholz, Baerbock, Habeck y Lindner, son fieles vasallos de EEUU. Scholz aboga por el rearme y se enorgullece de poder anunciar entregas de armas a Ucrania a intervalos cada vez más cortos. Actúa como si nunca hubiera oído hablar de la Ostpolitik y la política de distensión de Willy Brandt, el gran político socialdemócrata alemán.. Asimismo olvidando a Genscher la actual política exterior de los neoliberales del FDP está dominada por el lobby armamentístico Strack-Zimmermann, que exige nuevas armas para Ucrania cada dos días.

Siempre según Lafontaine: Los Verdes han pasado de ser un partido del movimiento pacifista alemán a convertirse en el peor partido bélico del Bundestag alemán. Las declaraciones de Annalena Baerbock de que debemos “arruinar a Rusia” deben calificarse de fascistoides.

El mayor partido de la oposición cristianodemócrata también se bate en retirada de los anteriores parámetros. El líder de la CDU, Friedrich Merz, como antiguo empleado del gigante financiero estadounidense Blackrock, es un fiel atlantista servidor de la OTAN, y exige aún más entregas de armas e incluso quería cerrar el Nord Stream 1.

 La política exterior alemana perjudica los intereses de Alemania y no contribuye a la paz en Europa. Las reflexiones de Lafontaine, compartidas por muchos intelectuales y analistas independientes dicen que se necesita una reorientación completa. Si existe el peligro de una guerra entre potencias nucleares debido a la geopolítica de EE.UU., debe ser tarea de la política alemana y europea hacer todo lo posible para mantener nuestros territorios fuera de esta confrontación.

 Europa debe desprenderse de Estados Unidos y asumir un papel de mediación entre las potencias mundiales rivales. Alemania y Francia juntas tienen el potencial de construir una política exterior y de seguridad europea independiente.

 Ya es hora de empezar a hacerlo. No siempre podemos confiar en que los líderes militares prudentes eviten una conflagración mundial nuclear cuando la guerra llega a su punto álgido. Ejemplos de ello son el oficial naval soviético Archipov, que impidió el lanzamiento de un torpedo nuclear en la Crisis de los Misiles de Cuba, o el coronel soviético Petrov, que decidió en 1984, cuando los ordenadores rusos informaron erróneamente de la aproximación de misiles intercontinentales con punta nuclear desde EE.UU., no lanzar el “contraataque” nuclear que realmente se había ordenado en este caso.

 Es hora de dejar de dejar las iniciativas de paz sólo en manos del presidente turco Erdogan. Si EE.UU. ya no está dispuesto, según ha admitido, a trabajar por un alto el fuego y un rápido fin de la guerra en Ucrania, esto es el interés existencial de los europeos.

 El fundador del grupo musical Pink Floyd, Roger Waters, tiene razón cuando señala que la paz todavía podría alcanzarse sobre la base de los acuerdos de Minsk. Si, por el contrario, Estados Unidos declara (como lo ha hecho) que su objetivo es debilitar a Rusia para que no pueda volver a iniciar una guerra similar, eso es puro cinismo. ¿Cuántos ucranianos y rusos más deben morir antes de que Estados Unidos se acerque lo suficiente a su objetivo geopolítico de debilitar decisivamente a Rusia?

 Europa tiene ahora los precios más altos de la energía. Las empresas industriales europeas están emigrando y creando nuevas sucursales en Estados Unidos. Los enormes pedidos de la industria de defensa estadounidense y los exorbitantes beneficios de la contaminante industria estadounidense del fracking también dejan bien claro quién se beneficia de esta guerra y de las sanciones.

 Ante esta situación, incluso los políticos del semáforo, que no tienen ni idea de política exterior, deberían darse cuenta de que no hay forma de evitar la autoafirmación de Europa. Un primer paso sería impulsar un alto el fuego, presentar un plan de paz y poner en marcha el Nord Stream 2.

 

Por el contrario, continuar con la política actual empobrecerá a grandes sectores de la población, destruirá sectores enteros de la industria alemana y expondrá a Alemania al riesgo de verse envuelta en una guerra nuclear.

 

Oskar Lafontaine, de 78 años, fue ministro presidente del Sarre, candidato del SPD a la cancillería en 1990 y líder del SPD y ministro de Economía en el gabinete de Schröder de 1995 a 1999. A partir de 2005 trabajó en puestos de responsabilidad en el Partido de la Izquierda. El 17 de marzo de 2022 anunció su dimisión y desde entonces no es miembro del partido. Es independiente y así se expresa.

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