Libia, de la guerra civil a la guerra del petróleo

Sergio Cararo

¿Por qué se quebró el equilibrio de poder de Gadafi? ¿Quiénes son “los de Bengasi”? Ésta es una auténtica guerra del petróleo, reveladora de la competición global y llena de incógnitas.

“Es una revuelta de jóvenes. Son ellos los que han iniciado la revolución… nosotros, ahora, la estamos completando”. Con esta breve consideración que el coronel Tark Saad Hussein realizó para el semanario estadounidense Time a finales de febrero es posible comprender gran parte del proceso que ha sido definido de forma impropia como “revolución libia” (1).

El cl. Hussein es uno de los altos oficiales del régimen de Gadafi que se pasó rápidamente a los rebeldes de Bengasi. Junto a él hay todo un sector importante del aparato estatal del régimen que ha promovido la confrontación mortal con Gadafi para substituirlo con una nueva dirección. Aunque, es verdad, han enviado primero a los jóvenes por delante. En Bengasi, el 15 de febrero fueron los jóvenes y familiares de prisioneros políticos de la revuelta de 2006 en la capital de la región de Cirenaica los que salieron a la calle, ante el comisariado donde había sido recluido el abogado Ferhi Tarbel, defensor de los arrestados durante la revuelta de hace cinco años. La manifestación del 15 de febrero fue reprimida duramente –como por desgracia es la norma en Libia y en todos los países del Oriente Medio. Dos días después, una nueva manifestación en la que, sin embargo, ya se pudo ver a manifestantes armados pasar inmediatamente a la acción militar contra los policías del régimen de Gadafi (2).

Una escalada rapidísima y explosiva que no tuvo ni siquiera tiempo de manifestarse como revuelta popular en la calle y ya se convertía en una guerra civil. Es verdad, empezaron los jóvenes, exactamente como hicieron sus iguales en Túnez, Egipto, Argelia o –con tiempos y modos muy diferentes- en las calles de Roma o en los suburbios franceses. Tenían todas las razones para hacerlo también en la Libia de Gadafi. Pero, detrás de los jóvenes libios, se hicieron inmediatamente con el control de la situación –dirigiéndola de acuerdo con sus intereses- los hombres del viejo aparato del régimen en conflicto con el líder y ansiosos por redefinir los equilibrios internos afectados desde la crisis financiera del 2008/09 y, ya antes, por las medidas “para liberalizar pero no liberales” impuestas por Gadafi en 2003.

La brusca y feroz escalada militar en la brevísima revuelta popular libia, nos convenció de que lo que se había iniciado era más bien una guerra civil y en algunos aspectos con todas las características de una “guerra de sucesión” como la sucedida en los años 90 en Yugoslavia o más recientemente en Sudán. Una guerra civil y una posible sucesión en Libia a la que, ciertamente, no son ajenos los intereses de las potencias europeas y de los Estados Unidos en el petróleo y el gas libio.

Sobre la base de esta valoración hemos trabajado con una primera clave de lectura de la crisis en Libia con la que hemos conseguido muchos consensos pero también numerosas críticas en muchos ámbitos de la izquierda, incluso de la más radical.

Con la brutal y habitual intervención militar, con los bombardeos sobre Libia por parte de Francia, EE UU, Gran Bretaña y otras potencias de la OTAN, la discusión podría parecer acabada vía realidad de los hechos. Los hechos explican la realidad mejor que mil opiniones. Sin embargo, creemos que este conflicto de Libia debe y necesita aclaraciones, informaciones, formación desde un punto de vista crítico y revolucionario de la realidad, que insiste mucho en abrirse camino entre tantas subjetividades de la izquierda y hasta de los propios activistas del movimiento pacifista.

¿Por qué se rompió el equilibrio sobre el que se mantenía el poder de Gadafi?

Un espléndido artículo del director del periódico árabe Al Quds Al Arabi, señala la preocupación por un escenario que allane el camino de lo que el autor define como el “Chalabi libio”. Add al Bari Atwan, director palestino de este prestigioso periódico en lengua árabe, describe perfectamente la trampa en la cual Gadafi ha caído –voluntariamente- a través de sus nuevos amigos occidentales, lo cuales, según Atwan, “han utilizado con el coronel libio la misma jugada que habían utilizado con el presidente iraquí Sadam Hussein, con algunas modificaciones necesarias a cuenta del cambio de condiciones y de la personalidad diferente de Gadafi”. El Coronel se desesperó porque sus nuevos amigos occidentales no le ayudaron mientras que los rebeldes de Bengasi lo estaban cercando. Si la alianza occidental se había visto obligada a deshacerse de Mubarak, afirma Atwan, ¿por qué no intervendría para salvar a Gadafi? La ilusión del líder libio derivaba de las concesiones hechas a los EE UU y Gran Bretaña en el año 2000 y que en el 2003 le permitieron salir de la lista negra de los “rogues states” y verse, por tanto, lejos de los objetivos de la guerra infinita desencadenada por la administración Bush en el 2001.

“Washington y Londres utilizaron el cebo de la “normalización” y de la rehabilitación del régimen libio, que habría abierto el camino para su vuelta a la comunidad internacional a cambio de su renuncia a las armas de destrucción masiva”, -observa Atwan- “Esto sucedió en 2003, de manera que estadounidenses y británicos pudieron decir que su guerra en Iraq había empezado a dar sus frutos. Después de haberle retirado las armas de destrucción masiva, lo sedujeron animándole a guardar sus reservas de dinero en los bancos americanos y abrir nuevamente el territorio libio a las compañías petrolíferas británicas y americanas, ahora más que en el pasado”. (3)

El análisis del analista palestino es despiadado pero pertinente: “El error más grave que Gadafi ha cometido ha sido el de hacerle a Occidente todas las concesiones que este último le pedía y de no hacerle, por contra, ninguna concesión a su pueblo que le pedía libertad, democracia y una vida digna”.

La historia de los últimos diez años nos habla de un Gadafi que abría el país a las inversiones extranjeras a cambio de la retirada de las sanciones económicas a las que Libia estaba sometida en ese mismo tiempo. No solamente eso, en el 2003 aplicó un paquete de medidas que incluía la privatización de 360 empresas estatales. “Libia después del cambio realizado por Gadafi durante los primeros años 2000 se ha abierto a las inversiones occidentales –escribe un prestigioso sitio web especializado en el Oriente Medio- Afluyeron al país capitales italianos, ingleses, norteamericanos, turcos, chinos. En 2003, Libia se había convertido en una de las nuevas fronteras de la globalización del continente” –afirman los analistas del prestigioso sitio Medarabanews- “el nuevo Eldorado par muchas sociedades europeas y americanas” (4).

Mientras la producción petrolífera estuvo bloqueada por las cuotas impuestas por la OPEP (con significativos aumentos del precio del petróleo), entre 2003 y 2007 la producción de gas natural libio prácticamente triplicó. Pero, no sólo esto, pues la calidad y los costes de recuperación del crudo relativamente bajos del petróleo libio, “hacen de Libia un importante actor del sector energético global” (5).

Libia se ha visto así con disponibilidad de una enorme liquidez financiera para invertir –a través del boom de los fondos soberanos desarrollados en los países petroleros- en bancos y actividades en los mayores países capitalistas. Por eso la entrada en las italianas Unicredit, Finmeccanica, Eni o la permanencia en el capital de FIAT.

Para el régimen de Gadafi son diez años de oro después de años de embargo y ostracismo. Encuentros con Condolezza Rice y la administración EE UU. Encuentros fabulosos con Berlusconi (e incluso con Prodi). No sólo; también fueron firmados tratados bilaterales con los países europeos que responsables de las dos mayores vulnerabilidades de la Unión Europea: garantías de provisión energética y bloqueo de las olas migratorias. Gadafi se conviertió así en la garantía de las dos.

Algunos días antes de los incidentes de Bengasi en febrero, el propio Fondo Monetario Internacional, el 9 del mes, publicaba una valoración del recorrido libio casi entusiasta: “Un ambicioso programa para privatizar bancos y desarrollar el sector financiero se está desarrollando. Los bancos han sido privatizados parcialmente, se han liberados las tasas de interés y se ha animado la competencia” (6).

El desorden de la “Belle Epoque” libia, como en el resto del mundo ligado al ciclo económico del capitalismo estadounidense, lo produjo la crisis financiera y global del 2008/09. Según algunos observadores atentos a las consecuencias de la crisis libia sobre Occidente, el punto de ruptura ha sido el siguiente: “La crisis financiera entre el 2008 y el 2009 ha reducido en un 40% el ingreso de los pozos de petróleo, afectando a las relaciones entre el jefe y las tribus, que con la rebelión están rompiendo el pacto económico y de honor” (7).

Es la crisis global, por tanto, la misma crisis sistémica que está sacudiendo el capitalismo en los EE UU y en Europa, la que ha puesto en crisis el equilibrio alcanzado entre Gadafi y las varias componentes (económicas y tribales) sobre el que se ha mantenido por 41 años el régimen libio. Pero, no es sólo esto. El giro panafricano de Gadafi en 10997, que llevó a la ruptura definitiva de la hipótesis panarábica perseguida hasta aquel momento, abre las fronteras de Libia a una enorme emigración de África que desestabiliza los equilibrios en la población, en el mercado de trabajo y en la distribución de renta petrolera. De una población libia de 6,5 millones de habitantes, se trata de “cerca de un millón y medio (tal vez dos millones, no se sabe la cifra exacta) de trabajadores provenientes de países como Mali, Níger, Nigeria, Sudán, Etiopía, Somalia, etc. Aportan mano de obra a un costo bajísimo para la industria petrolera, el sector de la construcción, el de los servicios, la agricultura. Pero, al mismo tiempo, la apertura de las fronteras libia al África sub-sahariana “suscita graves tensiones en el país a cuenta del enorme flujo de inmigrantes” (8).

El efecto de esta inmigración en las relaciones sociales en Libia es también la causa real y auténtica explosión de episodios de racismo contra los africanos, acusados de ser “mercenarios de Gadafi” por parte de los rebeldes de Bengasi, y señalados también por Amnistía Internacional y Human Rights Watch y por todos los corresponsales y enviados a las zonas controladas por los rebeldes.

“La revuelta libia ha prendido la más vasta explosión de violencia racial registrada en un país norteafricano… El propio régimen del Coronel es corresponsable de una ola de racismo tan feroz. Los enemigos del Coronel están instigando chovinismo y xenofobia contra los negros africanos. Permitir que un tal y evidente fanatismo racista se difunda dentro de las áreas ‘liberadas’ es un riesgo”, escribe un prestigioso periódico árabe decididamente hostil a Gadafi (9).

¿Quiénes son “los de Bengasi”?

La pregunta que muchos se plantean y a la cual pocos saben o quieren dar respuesta es: ¿quiénes son los rebeldes contra Gadafi? Algunos la resuelven con demasiada facilidad definiéndolos como “el pueblo libio” y por tanto nuestros aliados morales y políticos. Otros saltan totalmente al vacío. Otros, mientras, los miran sospechosamente solamente después de haberlos visto celebrar los bombardeos de la OTAN sobre Libia del mismo modo que hicieron los kosovares del UCK en Yugoslavia en 1999. Saber sirve para entender, y entender sirve para definir la propia acción política.

Según algunos analistas de los think tank cercanos a la OTAN y a sus círculos en Italia, la cuestión es si la revuelta contra Gadafi y las revueltas que han tenido lugar en los países del Magreb “se desarrollarán hacia un nuevo sistema político más estable, capaz de satisfacer las exigencias de las nuevas clases que han iniciado este proceso o si, al contrario, los estados árabes continuarán debilitándose hasta arruinarse” (10).

La ruptura del pacto con Gadafi haría emerger en Libia “la existencia de una elite de funcionarios civiles y filo-occidentales que a estas horas está tomando distancias de la masacre desencadenada por el ‘perro loco’”, sostiene el Instituto de Asuntos Internacionales (11).

Otros analistas prefieren alimentar el esquema de acuerdo con el cual la revuelta libia ha sido en todo igual a las de Túnez y Egipto, con un papel preponderante de los jóvenes y sobretodo de los jóvenes de la modernidad y ajenos a la herencia tribal de la estructura social libia. “El movimiento rebelde ha demostrado una madurez democrática insospechada y una sorprendente capacidad de autoorganización y de coordinar las diversas ciudades y los diversos componentes de la revuelta. También en este caso los jóvenes han jugado un papel de primer plano en la gestión de las protestas y de la lucha contra el régimen”. Y a propósito de los jóvenes, los defensores de este análisis precisan: “Los jóvenes libios se acercan al Mediterráneo y miran a Europa. Ellos han formado su conciencia gracias también a instrumentos como internet y las redes sociales que han favorecido la circulación de las ideas y el derrumbe de las barreras que hay siempre en un régimen dictatorial” (12).

Este análisis de la composición de los “rebeldes de Bengasi” opta decididamente por una visión generacional, moderna y consecuentemente democrática de la revuelta libia, ofreciendo un modelo perfectamente coincidente con todo lo que la sociedad civil europea podría y querría desear para sentirse en una especia de comunidad de destino con los rebeldes libios.

Otros observadores insisten mucho, por el contrario, en la dimensión tribal de los revoltosos contra Gadafi. En algunos casos, el uso de este análisis se hace evidentemente para alimentar el punto de vista sionista y neoconservador estadounidense. Según éstos, los rebeldes de Bengasi o ya son o pueden convertirse en instrumento del extremismo islámico. Las noticias sobre el emirato islámico fundado en Derna por los rebeldes anti-Gadafi han circulado abundantemente pero no han encontrado hasta ahora confirmación significativa. Ciertamente, la Cirenaica es la región libia donde la influencia de los grupos islámicos –a pesar de la represión- ha permanecido más fuerte. La última revuelta –la de Bengasi del 2006 contra las provocaciones del ministro italiano Calderoni- fue abiertamente inspirada y apoyada por los grupos islámicos y fue reprimida por Gadafi con el consenso y el aplauso de todos los gobiernos europeos, árabes “moderados” y de los EE UU.

En otros casos, la clave de lectura del conflicto tribal acaba también por agitar el fantasma de Al Qaeda, y afirma que la estructura tribal de Libia habría, por un lado, impedido la construcción de un Estado propiamente dicho y, por otro, amenaza con la caída entre los “Estados fracasados” evocando el espectro de Somalia. Según un experto estadounidense de un centro de estudios sobre el Oriente Medio y ex agente de la CIA en la región, las tribus cuentan mucho y, mucho más, “son decisivas” en la guerra civil actual en Libia. “Después de haber sido obligadas durante cuarenta años a obedecer los deseos del Coronel y de su tribu, que es muy pequeña, ahora ven la posibilidad de cambiar el equilibrio de fuerzas, tomándose muchas la revancha” (13).

Ciertamente, la estructura tribal en Libia no es un detalle. Algunos cuentan 140 a las que pertenecerían el 85% de los libios, de las cuales dos o tres son más importantes que las otras. Gadafi en los años 90 había renovado su alianza con los líderes tribales, las tribus se convirtieron de hecho en garantes de los valores sociales, culturales y religiosos del país. Particularmente, estrechó una alianza con la tribu Warfalla, la principal tribu de la Tripolitania (cerca de un millón de personas). Los lugares clave de los servicios de seguridad fueron entregados a miembros de las tribus Qadhafha y Maqariha, la primera es la tribu del propio Gadafi, a la segunda pertenece el ex delfín Jalloud defenestrado hace más de 20 años. Estas dos eran el núcleo central de la Revolución del 1969.

Si es verdad que con la crisis financiera del 2008-09 se ha producido una severa reducción del pastel para repartir en el pacto entre las tribus, la hipótesis de que esto haya coincidido con el conflicto interno del grupo dirigente libio y determinado la guerra civil, parece extremadamente plausible. Seguramente, el factor tribal no se puede olvidar en un análisis serio de la composición de los “rebeldes de Bengasi” y, de alguna manera, es obstáculo a la idea de una revuelta realizada solamente por jóvenes con el Ipod y el ordenador que aspiran a la democracia y que “miran a Europa”.

Pero, sobre la composición de los rebeldes de Bengasi y del Consejo Provisional de Transición, una estructura que ha sido reconocida oficialmente por Francia y que algunos pacifistas guerreristas o belicistas humanitarios querrían que reconociese también el gobierno italiano, hay todavía algunas cosas que decir y no son, de ninguna manera, sin importancia.

No puede dejar de sorprender el hecho –no la opinión- de que entre los miembros influyentes del Consejo Provisional de Bengasi haya tantos cuadros del viejo aparato del régimen de Gadafi.

El presidente es el ex ministro de Justicia libio Mustafá Abdel Jalil, bengasiano como el ex ministro del Interior, el general Abdul Fattah Younes que se pasó a los rebeldes a fines de febrero. Son, por tanto, dos que prácticamente han compartido con el régimen la represión y la “justicia”… hasta febrero.

El ex general y ex ministro Abdul Fattah Younes “ha sido ya reconocido por los observadores internacionales como posible actor del futuro de Libia; el ministro de Exteriores británico William Hague ya habló con él un buen tiempo” (14).

Pero, entre los rebeldes están también el ex embajador en la Liga Árabe Abdel Monehim Al Honi, el embajador ante la ONU Abdullarhin Shalgam (embajador en Italia por muchos años), los embajadores en Inglaterra, Francia (vaya, mira bien!), España, Alemania, Grecia, Malta y el actual embajador en Italia. En Bengasi están, pues, los militares como el coronel Hussein citado al inicio de nuestro artículo y tanto otros ex altos oficiales de las fuerzas armadas libias. Algunas fuentes confirman que Gadafi había descuidado las fuerzas regulares a favor de las fuerzas de seguridad personales produciendo malestar, celos y, sobretodo, reducción de prebendas entre las jerarquías militares.

Sobre estas cuestiones, sin dudas, han trabajado durante los meses previos a la “revuelta” los servicios secretos británicos, estadounidenses, franceses e incluso los italianos. “Intuimos detrás de los rebeldes una agitación de los servicios secretos occidentales, especialmente anglosajones, pero no sabíamos concretamente cuál era el nivel real de implicación” escribe un importante experto de Oriente Medio (15).

Pero, estos días están ya emergiendo con mayor precisión estas “presencias en campo” de los cuerpos especiales de las tropas británicas al lado de los rebeldes de Bengasi ya en los primerísimos días de la “revuelta” contra Gadafi: “centenares de militares de las SAS, uno de los cuerpos más elitistas del planeta, estarían de hecho actuando al lado de los rebeldes desde hace un mes, con el objetivo de destruir los sistemas de lanzamiento de misiles tierra-aire del Coronel” escribe el corresponsal en Londres del diario La Stampa (16).

¿Por qué “los de Bengasi” no pueden ser nuestros interlocutores o aliados?

Está clarísimo que en el Consejo Provisional de Bengasi domina una parte del ex aparato de poder del régimen libio y que, como afirma sardónicamente el coronel Hussein a la periodista del Time… “han completado la revolución iniciada por los jóvenes”. Los jóvenes o aquellos inspirados en honestas instancias de democratización y autodeterminación del pueblo libio, han sido inmediatamente marginados y reducidos al silencio, exactamente como las voces o los carteles en Bengasi que se decían contrarios a la intervención extranjera en Libia para arreglar cuentas con Gadafi.

Al contrario, el sector hoy preeminente en el Consejo Provisional no quiere una revolución, quiero solamente sustituir el poder de Gadafi con el propio y ha encontrado en las potencias europeas y en los EE UU, aunque también en ciertas corrientes de consenso “democrático” en Occidente, la palanca precisa para descabalgar del poder a Gadafi, substituirlo e iniciar un nuevo reparto de la riqueza que deriva del gas y del petróleo de Libia.

Para hacer esto han aprovechado la coyuntura favorable que se creó con las revueltas populares en Túnez y Egipto (éstas sí que podemos considerarlas tales), han mandado por delante a los jóvenes, han intentado un golpe de estado y frente a su fracaso han desencadenado una guerra civil, sabiendo que en este último caso había más posibilidades de “internacionalización” de la crisis interna libia y favorecer la intervención de agentes externos. Las bombas de Francia y de Gran Bretaña, los misiles estadounidenses que están lloviendo sobre Libia confirman que éste es el escenario más posible.

Si quitan de en medio a Gadafi, el cerco se cierra y el “escenario A” puede realizarse. Si Gadafi resiste, está preparado el “escenario B”, el de la secesión, que haría que la Cirenaica (región donde están la mayor parte de los pozos petrolíferos y de gas) quedase en manos de la camarilla que controla el Consejo Provisional de Bengasi y le consentiría que tratase directamente con las multinacionales petroleras de una Francia hambrienta de petróleo y gas frente a la crisis nuclear, de las de una Gran Bretaña desprestigiadas por el incidente en el Golfo de México (la BP), de las estadounidenses a busca de un petróleo menos caro de extraer como es el libio respecto a los otros yacimientos petroleros costosos como son los de las plataformas marítimas.

El tercer escenario –la llamada “somalización”- de momento está exorcizado de todas las opciones, pero no se puede negar que las viejas potencias coloniales empiezan ya a comportarse como aprendices de brujo sembrando por todas partes más sangre y desestabilización que estabilidad (véase Afganistán, Iraq, Cuerno de África, Oriente Medio).

No a la intervención militar contra Libia… pero, ¡¡ni Gadafi ni Bengasi!!

Queremos decirlo claro y directo. No tenemos motivos de simpatía particular por Gadafi. Tuvo un pasado anticolonial, sufrió los bombardeos de EE UU en 1981 y 1986 y los ataques franceses por sus iniciativas anti-hegemónicas y anti-colonialistas contra los EE UU y Francia, pero tomó también voluntariamente todas las decisiones que lo llevaron a la trampa de Occidente. Ha firmado tratados bilaterales vergonzosos con Italia y la UE y sometió los intereses del propio pueblo y de la economía libias a los intereses estratégicos de los varios competidores imperialistas. Por lo que hace a su suerte, podemos desearle solamente que no acabe como Ben Alí y Mubarak, huyendo al exterior, y que resista o muera con dignidad en el propio país.

Pero, queremos decir también clara y contundentemente que nadie venga a proponer que apoyemos o reconozcamos a “los de Bengasi”. En muchos aspectos son peores que Gadafi. No son, ciertamente, “el pueblo libio en revuelta”, son solamente un grupo de poder en lucha contra el viejo aparato de poder.

El pueblo libio, obligado por los hechos se ha visto obligado a optar, una parte con Gadafi y otra con los de Bengasi. Sus legítimas aspiraciones a la democracia y a la redistribución de la riqueza que resulta de los recursos del país, de momento no encuentran espacio en la polarización que sigue a la guerra civil ni, mucho menos, en las prioridades de los intereses estratégicos de las potencias occidentales empeñadas en la intervención militar en Libia.

Por esto, hemos afirmado que lo que sucede en Libia no es una revuelta popular, como sucedió en Túnez y Egipto, sino que es una guerra civil que poco a poco viene siendo más funcional a los intereses estratégicos de las multinacionales europeas y estadounidenses. Intereses que pueden coincidir o divergir rápidamente dentro del Gran Juego de la competición global por los recursos energéticos hoy en una fase muy aguda de la crisis internacional.

En Libia se da una auténtica guerra por el petróleo. Reveladora y llena de incógnitas

Emblemático de esta realidad de la competición, ya completa, en el plano energético, es por ejemplo el papel jugado dentro de la Liga Árabe y contra Libia por las petromonarquías árabes del Golfo reunidas en el Consejo de Cooperación del Golfo. De un lado, han obtenido con esta colaboración en el ataque militar que ningún miembro de la “comunidad internacional” metiese la nariz en la represión contra las revueltas populares en Yemen y Barheim (donde, por cierto, se ha producido una intervención militar directa de Arabia Saudita en la represión). Emblemático también el papel del emirato de Qatar –accionista de referencia de la televisión satélite Al Jazeera- que no sólo ha enviado cuatro aviones de combate para bombardear Libia, sino que además esta vez ha apoyado a la otra eminente satélite Al Arabija (bajo control saudita) en el trabajo de manipulación informativa y de legitimación del ataque militar a Libia.

Por otro lado, las petromonarquías árabes del Golfo han realizado el papel de garante, tanto del suministro petrolero para los países europeos frente al vacío que se abrió con la interrupción del suministro libio, como garante de que las transacciones petrolíferas continuasen siendo pagadas en dólares (una enorme asistencia a la economía EE UU, envuelta en una deuda pública gigantesca), impidiendo así que se abriese camino la hipótesis que por todas partes venía apareciendo de pagar en euros y yuanes chinos estas transacciones petroleras por parte de diversos países como Irán, Venezuela, Rusia y… Libia, una especie de nueva OPEP diferente y separada de la que está bajo estrecho control saudita.

Es evidente, como la misma crisis nuclear que explotó en Japón junto con la central atómica de Fukushima expuso para algunas potencias como Francia, toda la vulnerabilidad de un sistema energético fundado exactamente en la energía nuclear. La prisa y determinación de Sarkozy al desencadenar la guerra contra Libia no es sólo para recuperar la imagen deteriorada por los acontecimientos de Túnez o un reequilibrio en el plano militar en relación con Alemania que domina en el plano económico en la jerarquía de la Unión Europea (en esto determina el habitual juego con Gran Bretaña), sino que es el diktat de las multinacionales del petróleo y del gas francés a su gobierno para asegurarse al menos una parte de los muy cercanos yacimientos libios y de las multinacionales nucleares para que –ante una subida de los precios del petróleo como consecuencia de la guerra en Libia- la opción nuclear francesa continúe presente a pesar del rechazo al átomo que está creciendo después de la catástrofe nuclear en Japón.

La intervención militar de las potencias de la OTAN en el conflicto, en apoyo a una facción (la de los de Bengasi) contra la otra facción (la de Gadafi), confirma la validez de la tesis de la guerra civil y no la de una revuelta popular en Libia. Pero esto no puede ser para nosotros un motivo de consolación. Al contrario, la conciencia de la gravedad de la crisis global de la economía capitalista y de la brusca redefinición de las relaciones de fuerza internacionales, o sea de aquel plano inclinado del capital que indicamos claramente al inicio de esta década y que parece llevar a la civilización del capitalismo hacia un abismo a donde está empujando a toda la humanidad.

De esta crisis civilizatoria, solamente podemos hacer emerger una nueva oportunidad para las fuerzas “revolucionarias” capaz de invertir la tendencia o, por el contrario, como decía el viejo Marx, nos arriesgamos a que la crisis se acabe “con el fin de todas las clases en lucha”.

* director de www.contropiano.org (periódico on-line de la Rete dei Comunisti, Italia)

Notas:

(1) Corrispondenza di Abigail Hauseloner sul “Time” del 26 febbraio 2011

(2) “Così è nata la rivoluzione. Per i soldi non per l’islam”, La Stampa del 2 marzo 2011

(3) Abd Al Bari Atwan. “Attenti al Chalabi libico” su Al Quds Al Arabi del 2 marzo 2011

(4) L’emirato libico e il letargo dell’Europa. In www.medarabnews.com febbraio 2011

(5) “Crisi libica e impatto energetico con l’Italia” in Affari Internazionali del 25 febbraio 2011. Affari Internazionali è una pubblicazione web dell’Istituto Affari Internazionali, un think thank italiano strettamente legato agli ambienti NATO e filo-atlantici.

(6) www.imf.org/external/mp/sec/pn/2011

(7) “E se il rais resta al potere? Tre scenario per l’Occidente”, Corriere della Sera, 4 marzo 2011

(8) Analisi redazionale di Medarabnews. com del 16 marzo 2011-03-20

(9) Al Ahram weekly del 16 marzo 2011

10) “Nord Africa, rivoluzione o Gattopardo?”; Stefano Silvestri su Affari Internazionali del 14 /2/2011

11) “Libia è il momento di interferire”, Roberto Aliboni su Affari Internazionali del 24 marzo

12) Analisi redazionale di Medarabnews.com del 25 febbraio 2011

13) Intervista a Frank Anderson, su La Stampa del 9 marzo 2011

14) Il Foglio del 5 marzo 2011

(15) Giuseppe Cucchi, coordinatore dell’area di politica e sicurezza internazionale di Nomisma. “Tre scenari per la Libia” Pubblicato in Affari Internazionali del 5 marzo 2011.

(16)”I Sas di Sua Maestà a fianco dei ribelli”, su La Stampa del 21 marzo 2011

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