Un punto de encuentro para las alternativas sociales

El proceso de creación de un nuevo mundo, más perfecto, más armonioso y más justo está teniendo lugar frente a nosotros

Manolo De Los Santos

En enero de 1966, cuando el mundo conmemoraba el séptimo aniversario de la Revolución Cubana, La Habana se convirtió en el epicentro de un cambio sísmico en la lucha global contra el imperialismo. La Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina, conocida históricamente como la Conferencia Tricontinental, no fue simplemente otra reunión; fue una declaración de guerra contra el orden colonial vigente.

Mehdi Ben Barka, el revolucionario marroquí y presidente del Comité Internacional Preparatorio de la Conferencia, apenas semanas antes de su asesinato y del inicio de la reunión, observó con agudeza su significado histórico, destacando explícitamente que el encuentro reuniría ‘dos grandes corrientes contemporáneas de la Revolución Mundial’: la corriente de la revolución socialista iniciada con la Revolución de Octubre de 1917 en la Unión Soviética y la ‘corriente paralela de la revolución por la liberación nacional’. Para los pueblos de África –que aún vivían bajo los terrores del colonialismo portugués, el apartheid y las maquinaciones del neocolonialismo- La Habana representaba un nuevo amanecer de lucha coordinada, reuniendo esta composición histórica.

En la última publicación de 1804 Books, les traemos registros nunca antes vistos de las memorias y los participantes del evento en Tricontinental: Havana 1966: Speeches and Documents of the First Solidarity Conference of the Peoples for Africa, Asia, and Latin America (febrero de 2026). Estos registros nos permiten ir más allá de la conmemoración y adentrarnos en el análisis de cómo los movimientos de liberación africanos forjaron un pensamiento estratégico sobre soberanía, lucha de clases e internacionalismo que sigue resonando hoy.

Colonialismo y neocolonialismo: una coyuntura crítica

Para comprender la significación de esta reunión, primero hay que entender la coyuntura histórica. La Conferencia de Bandung de 1955 había sembrado las semillas de la independencia política en el continente, pero para 1966 la situación había evolucionado radicalmente. La crisis del Congo había demostrado la brutal realidad de la intervención imperialista tras el asesinato de Patrice Lumumba. En el sur y oeste de África, el triunvirato fascista –Salazar en Guinea-Bisáu, Cabo Verde, Angola y Mozambique; Smith en Rodesia; y Verwoerd en Sudáfrica– consolidaba un bloque racista, militar y económico para frenar la marea de la liberación africana. Simultáneamente, la agresión imperialista de Estados Unidos en Vietnam servía como un recordatorio contundente de que el enemigo era global e interconectado. Fue en este contexto que la Conferencia Tricontinental amplió el frente antiimperialista, incorporando las luchas revolucionarias de América Latina a una alianza formal con las de África y Asia.

Colectivamente, hicieron un balance del carácter contemporáneo del imperialismo y sus manifestaciones específicas, primero elaboradas en discursos de los dirigentes de los movimientos y luego seguidas por resoluciones de las Comisiones Económica, de Organización, Política, Social y Cultural, y diversas subcomisiones (por ejemplo, sobre Vietnam). Pasando de lo abstracto a lo concreto, estas fueron desarrolladas en resoluciones específicas que abordaban el carácter particular de las organizaciones internacionales (como el rechazo a la Organización de Estados Americanos), cuestiones nacionales, temas urgentes y cuestiones sectoriales, entre otras.

En la ‘Resolución General de la Comisión Política sobre Colonialismo y Neocolonialismo’ –incluida en nuestro nuevo libro– la conferencia resolvió que:

Nuestro tiempo se caracteriza por grandes progresos revolucionarios. El proceso de creación de un nuevo mundo, más perfecto, más armonioso y más justo está teniendo lugar frente a nosotros. Vivimos en los tiempos del derrumbe del sistema colonial del imperialismo, en los tiempos del despertar y del renacimiento de los países de Asia, África y América Latina. El imperialismo, ante el colapso de su sistema colonial, recurre a nuevos métodos para mantener bajo su control a los países próximos a la independencia y para reducir a una mera independencia política formal a aquellas naciones que ya han obtenido su independencia rompiendo sus cadenas coloniales. Así, el neocolonialismo se ha sumado a la vieja política colonialista, ya en agonía.

Tras explorar los rasgos generales de esa etapa del imperialismo, la resolución –como muchas de las otras elaboraciones que la siguieron– expuso con sobriedad las nuevas fuerzas dominantes lideradas por Estados Unidos y los mecanismos desplegados para mantener las estructuras neocoloniales en las décadas recientes. Por ejemplo, sobre la cuestión del orden financiero internacional de posguerra, la misma resolución profundizó en el papel de las instituciones financieras internacionales y sus intereses:

…el Fondo Monetario Internacional, el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, el Banco Interamericano de Desarrollo y otros [están] al servicio de la política de expansión del imperialismo, y en particular del imperialismo norteamericano, porque Estados Unidos controla estas instituciones. De hecho, Estados Unidos por sí solo tiene el 25 por ciento de los votos en el FMI, el 34 por ciento en el BIRF y el 41 por ciento en el BID. Con este control, Estados Unidos utiliza estas instituciones para sus fines imperialistas, con esta doble ventaja: tiene a su disposición, además de sus propios fondos, los de los países subdesarrollados que son miembros de esas instituciones, y no aparece como imponiendo directamente condiciones políticas y económicas onerosas a estas naciones.

Un ejemplo de esta utilización son los préstamos otorgados por el Banco Mundial desde su fundación en 1946 hasta 1959 a once países africanos, por un total de 627 500 000 dólares. ¿Cómo se asignó este total aparentemente impresionante?

Un tercio de los préstamos fue a la Unión Sudafricana para la construcción y modernización de comunicaciones, con el fin de facilitar la exportación hacia Estados Unidos de uranio y otros recursos estratégicos; para el pago de instalaciones de energía eléctrica, turbogeneradores y otros equipos para las minas de uranio y otras minas en ese país. Y resulta que los monopolios norteamericanos tienen un ‘interés’ especial en las minas sudafricanas, sin mencionar que estos préstamos fueron un medio de fortalecer al gobierno fascista y bestialmente racista que ha sido impuesto al pueblo negro, que constituye una abrumadora mayoría de la población.

…Numerosos ejemplos similares pueden citarse a lo largo de África. En contraste, ni un solo préstamo ha sido otorgado para un proyecto que signifique una construcción básica para el desarrollo industrial de los países africanos, como el de la Presa de Asuán, o si fue otorgado, ha estado sujeto a condiciones onerosas.

Tras identificar las ‘prácticas criminales de bloqueos económicos y militares dirigidos contra el movimiento de liberación nacional’, esta resolución planteó el apoyo programático de la Conferencia a ‘todas las medidas dirigidas contra la política neocolonialista’ que continuaba subordinando la soberanía política de las antiguas colonias y los movimientos de resistencia.

De izquierda a derecha: Nguyen Van Thien (Vietnam del Sur), Paul Lantimo (Haití), Chieh Shuu Chang (China), Florence Mophosho (Sudáfrica), Bijamal Ramazanova (URSS), Luisa González (Costa Rica), Amad Jamaluddin Abdulla (península arábiga), Lee Siew Shoh (Malasia), Kim Riong Gu (RPDC), Pauline Miranda Clerk (Ghana), Abdul Hamid Khan Bashani (Pakistán), Aruna Asaf Ali (India). Fuente: Archivos de Granma y Bohemia.

El arsenal teórico de la liberación

Cuba, habiendo destruido el dogma del fatalismo geográfico al hacer una revolución socialista a apenas noventa millas de Estados Unidos, era la anfitriona lógica. Sin embargo, para las delegaciones africanas presentes, la conferencia fue un espacio crítico de profunda reflexión estratégica para la siguiente fase de la lucha de liberación.

Entre las voces más poderosas estuvo la de Amílcar Cabral, secretario general del Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC). El discurso de Cabral se erige como una clase magistral de teoría revolucionaria. Fue más allá de las simples condenas al imperialismo para diseccionar las contradicciones internas de los propios movimientos de liberación. Argumentó célebremente que ‘la deficiencia ideológica, por no decir la total carencia de ideología, dentro de los movimientos de liberación nacional constituye una de las mayores debilidades de nuestra lucha contra el imperialismo’. En un desafío directo a los delegados, articuló la dura realidad de clase que enfrentaba la dirección pequeñoburguesa de muchos movimientos, afirmando que para servir verdaderamente a la revolución, debían ser ‘capaces de suicidarse como clase para renacer como trabajadores revolucionarios, completamente identificados con las aspiraciones más profundas del pueblo al que pertenecen’.

Esta no era filosofía abstracta; era una guía práctica para las luchas armadas que se desarrollaban en las selvas de Guinea, las tierras altas de Angola y los matorrales de Mozambique. La intervención de Cabral aseguró que la conferencia entendiera que la liberación nacional no se trataba solo de izar una bandera, sino de liberar el proceso de desarrollo de las fuerzas productivas nacionales, lo que necesariamente implicaba un camino socialista. ‘En nuestra actual situación histórica’, afirmó, ‘solo hay dos caminos posibles para una nación independiente: volver a la dominación imperialista (neocolonialismo, capitalismo, capitalismo de Estado), o tomar el camino del socialismo’.

Amílcar Cabral y la delegación del PAIGC en la Conferencia Tricontinental, enero de 1966. Fuente: Granma Internacional.

Voces del campo de batalla

La conferencia resonó con las voces de quienes estaban en las trincheras, representando un espectro políticamente denso de fuerzas más que una presencia puramente diplomática. Estas incluían movimientos armados de liberación como el PAIGC liderado por Cabral; el Frente de Liberación de Mozambique (FRELIMO), representado por figuras como Marcelino dos Santos y Josina Muthemba Machel; junto con el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA); el Congreso Nacional Africano (ANC), incluyendo dirigentes como Yusuf Dadoo; la Unión Nacional de África del Sudoeste (SWANU); y la Unión del Pueblo Africano de Zimbabue (ZAPU). También hubo corrientes nacionalistas prohibidas o suprimidas como Sawaba de Níger, representada por Abdoulaye Mamani; internacionalismo obrero a través de figuras como John Kofi Barku Tettegah de la Federación Sindical Panafricana; y organizaciones internacionales de masas como la Federación Democrática Internacional de Mujeres, representada por la sudafricana Florence Mophosho. Varios delegados moldearían posteriormente las trayectorias de los Estados poscoloniales –Pedro Pires se convirtió en presidente de Cabo Verde– mientras que otros, incluyendo a Cabral y Muthemba Machel, fueron martirizados en el curso de la lucha de liberación.

Gabriel Yumbu, del Consejo de Liberación Nacional del Congo, expuso las raíces económicas del interés imperialista, detallando el ‘escándalo geológico’ de la riqueza del Congo, desde el uranio hasta el cobalto, y cómo fue saqueada por los monopolios estadounidenses y belgas. Denunció la farsa de la independencia neocolonial, donde las palabras ‘parlamento’, ‘gobierno’ y ‘ejército’ habían perdido todo significado bajo el régimen títere en Léopoldville.

Robert Resha, del Congreso Nacional Africano (ANC), llevó los horrores del apartheid a la tribuna. Pintó un cuadro estadístico de la brutalidad: el 87% de la tierra reservada para la minoría blanca; una proporción de ingreso per cápita de 425 libras para los blancos frente a 39 para los africanos; el encarcelamiento sistemático de un pueblo. Resha declaró que con la masacre de Sharpeville y la represión subsiguiente, había comenzado una nueva fase: la fase de Umkhonto we Sizwe (‘La lanza de la nación’). Aseguró a los revolucionarios reunidos que, a pesar del encarcelamiento de líderes como Nelson Mandela, el pueblo estaba preparado para los ‘días sangrientos y difíciles que están por venir’.

John K. Tettegah de Ghana, hablando en nombre de Kwame Nkrumah, vinculó el destino de África con la unidad de los tres continentes. Condenó la manipulación imperialista de la ONU y la cobardía del gobierno laborista británico en Rodesia, exigiendo apoyo material y moral a los combatientes por la libertad hasta la victoria final.

La delegación vietnamita siendo honrada durante la Conferencia Tricontinental, enero de 1966. Fuente: Archivo de la OSPAAAL.

Los internacionalistas cubanos

Lo que transformó la conferencia de un foro de solidaridad en un motor de liberación fue el compromiso concreto de la Cuba revolucionaria. En su discurso de clausura, Fidel Castro no se anduvo con rodeos. Abordó directamente el miedo a la represalia estadounidense, un miedo utilizado para paralizar a los movimientos. Usando las campañas calumniosas contra el Che Guevara como telón de fondo, Fidel redefinió el campo de batalla. ‘Nuestro país es un país pequeño’, admitió, ‘nuestro territorio puede incluso ser parcialmente ocupado por el enemigo, pero eso nunca significaría el cese de nuestra resistencia… para los revolucionarios cubanos, ¡el campo de batalla contra el imperialismo abarca el mundo entero!’

Esto no era retórica. Era la política de Estado de una revolución joven pero intrépida. Fidel declaró que el movimiento revolucionario mundial podía contar con combatientes cubanos ‘en cualquier rincón de la Tierra’. Este compromiso rompió el aislamiento de los movimientos de liberación africanos. La conferencia condujo directamente a la creación de la Organización de Solidaridad con los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL), con sede en La Habana. Esta institución se convirtió en el centro logístico y político para apoyar la ofensiva final para acabar con el colonialismo en el continente.

Carteles de solidaridad de la OSPAAAL utilizados para movilizar el apoyo global a las luchas de liberación en Libia y Angola. Fuente: Archivo de la OSPAAAL.

El impacto fue inmediato e histórico, pues la ayuda material se expandió masivamente. La formación proporcionada por la Revolución Cubana a los cuadros del MPLA, FRELIMO, PAIGC y ANC no fue meramente militar; maestros, médicos, artistas e ingenieros cubanos recorrieron el continente compartiendo con combatientes y pueblos por igual. La reivindicación definitiva de esta solidaridad llegó años después, más decisivamente en la Batalla de Cuito Cuanavale en 1987-88, donde las fuerzas combinadas de Cuba, Angola y la SWAPO destruyeron el mito del invencible ejército del apartheid sudafricano, conduciendo directamente a la independencia de Namibia y al debilitamiento definitivo del régimen de apartheid.

La Conferencia Tricontinental de 1966 proporcionó la claridad estratégica y el marco organizativo para el asalto final al colonialismo en África. Como afirmó Fidel en su discurso de clausura, el asesinato de Mehdi Ben Barka, al igual que el de Lumumba, no detendría la marcha victoriosa del pueblo hacia la libertad. La Habana demostró que una isla pequeña podía servir como una poderosa retaguardia para la liberación de un continente. La historia de la liberación africana no puede escribirse sin reconocer el papel fundamental de aquel enero en La Habana.

Cordialmente,

Manolo De Los Santos

Manolo es el director ejecutivo de The People’s Forum e investigador del Instituto Tricontinental de Investigación Social. Coeditó recientemente Viviremos: Venezuela vs Hybrid War (LeftWord, 2020) y es el editor de Tricontinental: Havana 1966 — Documents of the First Solidarity Conference of the Peoples of Africa, Asia, and Latin America (1804 Books, 2026).

Fuente: Instituto Tricontinental de Investigación Social, Segundo Boletín Pan-África, 24 de febrero de 2026 (https://thetricontinental.org/es/pan-africa/boletin-habana-tricontinental-1966/)
Imagen de portada: Fidel Castro se dirige a los delegados de la Conferencia de La Habana, enero de 1966. Fuente: Granma Internacional.

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