Contra la aporofobia, el supremacismo y el insulto, maltrato y degradación de los «excedentarios»
Salvador López Arnal
Reseña de Michel Husson, La estigmatización de los pobres. Eugenismo y darwinismo social, Barcelona: Ediciones Sylone (colección «Mil y un marxismos»), 2024, 315 páginas (traducción de Javier Garitazelaia).
«¡Muerte a los débiles! Esta sentencia está escrita en el fondo de los corazones moldeados por la opulencia o alimentados por la aristocracia» (305). Con esta cita de Honoré de Balzac de La piel de zapa abre Michel Husson (MH) el capítulo XIV – «Permanencia de la legitimación de los privilegios»- de La estigmatización de los pobres. Eugenismo y darwinismo social [LEPEDS], un recorrido histórico-analítico por esta creencia-desprecio alimentada en y por las clases dominantes de nuestras sociedades a lo largo de los siglos.
La pregunta esencial, el hilo conductor de LEPEDS: «cómo una sociedad puede tolerar dejar al lado a toda una proporción de excedentarios, por utilizar la expresión de Robert Castel, tomada a su vez de Marx. Tengo otro recuerdo, el desgarrador testimonio de un parado (militante) que tenía la sensación de que la sociedad le dirigía este mensaje: no te necesitamos, en resumen, que era inútil para el mundo, utilizando otra expresión de Castel.» (12). Un Ser que es un no-ser (en negativo y con minúscula). La intención de MH, académico y activista a un tiempo, es mostrar que existe una continuidad «entre los fundadores de la economía política y los abogados contemporáneos del capitalismo; o, más en concreto, que las teorías contemporáneas del paro no hacen sino reformular las posiciones de antaño hacia la gente pobre» (19). Las personas excedentarias fueron designadas como pobres antes de que se inventara la noción de paro. Más aún: «Hay muchos medios de establecer que las personas pobres -o las paradas- son los responsables de su suerte y que constituyen una carga inducida para la sociedad.» (314) Para NH, desencriptar estos abyectos modos de legitimación del orden social es una condición necesaria (no suficente, por supuesto) para la emancipación. Es lo que intentó con el libro que comentamos.
Un breve apunte sobre el autor. Michel Husson (1949-2021) ha sido uno de los economistas marxistas franceses más brillantes de su generación. Nunca separó su trabajo de investigación del deseo de cambiar un mundo que consideraba absurdo y plagado de catástrofes potenciales. «Fue un marxista abierto, deseoso de hacer un análisis concreto de una situación concreta» (9). Fue autor de una larga lista de libros. Entre ellos: Capitalismo puro (Maia, 2009) y El capitalismo en diez lecciones (La Oveja Roja, Viento Sur, junto con el dibujante Charb). Sus numerosos artículos pueden consultarse en http:/hussonet.free.fr.
Sus intereses fueron muy amplios: «desde las cuestiones teóricas más abstractas, como la transformación del valor en precio, hasta el análisis de la distintas facetas del capitalismo contemporáneo: políticas económicas, deudas públicas (en Francia y Grecia participó en los trabajos sobre las deudas públicas ilegítimas), políticas sociales, catástrofes ecológicas,…».
La estigmatización de los pobres. Eugenismo y darwinismo social (el autor dedicó cinco años al proyecto) está estructurado en una nota preliminar, una introducción y cuatro partes (Gestión, Selección, Racialización, Teorización), 14 capítulos en total, más una breve nota final.
La primera parte trata de «la gestión de las personas pobres y podría llamarse El arte de ignorar a las personas pobres, utilizando el título francés de un artículo de John Galbraith. Está centrada en las leyes inglesas sobre los pobres (Poor Laws) así como en encuestas sociológicas y diversas medidas de alejamiento, y se encuentran ya algunas ideas y venidas con discursos contemporáneos.» (15)
La segunda parte, tal vez la más conflictiva del ensayo, está dedicada al darwinismo. Intenta mostrar que «Darwin dejó las puertas abiertas a lo que después se llamó darwinismo social o, dicho de otra manera, a la extensión a la especie humana del principio de selección. Se trataba de medir la influencia, muy subestimada, de esta línea de pensamiento, incluso entre los progresistas». Aunque, según MH, la actitud de Marx evolucionó hacia un distanciamiento, «la penetración del darwinismo [social] fue muy profunda, sobre todo en la socialdemocracia alemana.»
La tercera parte (también conflictiva en algunas de sus aristas) «trata de las derivas más radicales del darwinismo social cuando se ha combinado con un enfoque racista y/o nacionalista, hasta el exterminio nazi o diversas experiencias de esterilización». A través del retrato de individuos siniestros actualmente casi olvidados, «el hilo conductor de esta parte es en el fondo la desviación de la ciencia». Aunque estamos lejos de la economía, la conclusión es análoga: «el deseo de hacer ciencia [tesis de alta tensión sin duda] conduce a una representación del mundo anti-humanista (la humanidad como rebaño) y a elucubraciones con implicaciones reaccionarias y, a veces, abominables».
La cuarta y última parte vuelve a los elementos de teorización. MH señala que la ciencia estadística estuvo de partida estrechamente ligada a las tesis darwinistas, incluso a las tesis eugenésicas. «Casi todos sus fundadores fueron profundamente reaccionarios, con independencia de la calidad intrínseca de los instrumentos que inventaron y que todavía hoy son utilizados de forma habitual». Ocurre lo mismo con la economía, esta ciencia lúgubre para MH, «en la que muchos de sus padres fundadores tuvieron una subyacente proximidad con el darwinismo social, aunque este vínculo no aparezca en sus grandes contribuciones.» (15-16). Para MH, esta impregnación no ha desaparecido, está soterrada incluso en las modernas teorías del desempleo, «por lo que existe una tentación permanente de darwinismo social, que vuelve hoy día bajo formas más o menos eufemísticas.»
De los 14 capítulos del ensayo sugiero especialmente el 1º: «El arte de ignorar a los pobres»; el 3º; «Justificar la hambruna irlandesa»; el 5º: «Darwin, darwinismo social y desigualdades de raza y género»; el 6º: «Los marxistas frente al darwinismo» (abre con una cita de Engels de Dialéctica de la Naturaleza: «La concepción de la historia como una sucesión de luchas de clases es más rica y más profunda que su simple reducción a fases apenas diferenciadas de la lucha por la vida»); el 10º: «La biologización de la historia y de las relaciones sociales»; el 11º: «La ciencia desvirtuada: tres ejemplos», y el 13º: «La economía política: lúgubre, siempre lúgubre».
Michel Husson falleció repentinamente el 18 de julio de 2021. La redacción final del libro, pendiente de ser corregido y editado por el autor, ha corrido a cargo de Odile Chagny y Norbert Holcblat.
La perspectiva marxista de la investigación es evidente desde las primeras páginas: «Resulta útil aquí una breve disgresión para señalar que la evolución doctrinal que se acaba de descubrir, que lleva del mejor de los mundos concebidos por Dios al reconocimiento de la responsabilidad del Estado, no se desarrolla en el etéreo mundo de las ideas. Las ideas son también reflejo de las mutaciones sociales.» (25). Por la misma senda (con más riesgo): «La neutralidad científica es un envoltorio frágil. Basta con raspar un poco bajo los modelos teóricos formalizadores por un economista como Stigler, para encontrar un bloque compacto de prejuicios. Siempre se trata de encontrar una justificación científica al orden social. Así, el paro procede del comportamiento de la gente en paro. Stigler fue un precursor de lo que más tarde se llamará la teoría del job search (la búsqueda de empleo).» (301).
Husson inicia su estudio en la segunda mitad del siglo XVIII, en el momento en que tras Adrien Lamourette se empiezan a secularizar los discursos sobre los pobres, inaugurando la era de una supuesta racionalización científica del fenómeno. Los que para él son los nuevos clérigos: los economistas.
No hay ausencia de pasajes y consideraciones polémicas, como he indicado. Por ejemplo: como decía, la segunda parte del libro está dedicada al darwinismo. Su tesis central, recojo las palabras del autor, «es que, aunque el propio Darwin evitó entrar por esa vía, dejó las puertas abiertas para que lo hiciesen otros. En su principal trabajo, El origen de las especies, publicado en 1859, no decía nada, o poco, sobre la posible extensión de la teoría a la especie humana. Darwin ya sabía que no podía esquivar la cuestión, pero hubo que esperar doce años para conocer su posición, expuesta en su libro El origen del hombre, publicado en 1871» (119-120). Más aún: «Esta carta [de Darwin a Heinrich Fick, 1872] es importante porque muestra cómo la ciencia darwinista se articula con prejuicios de clase y posiciones reaccionarias, a favor del salario por méritos y del trabajo a destajo, contra las sociedades cooperativas, y todo ello en nombre de la competencia que no es sino la trasposición al campo social del principio de selección.» (128). En la misma línea: «El cauteloso Darwin siempre tomó, como se ha mostrado, la precaución de esconderse tras las posiciones de otros autores, en particular su primo Francis Galton. Pero nunca se desolidarizó de las interpretaciones de su teoría que intentaban hacerla el fundamento de todo tipo de desigualdades, de razas o de sexos «(150). Por ello, en opinión de MH, no es posible absolver a Darwin del darwinismo social. (El firmante de esta reseña tiene dudas en este punto).
MH también trata de medir la influencia, muy subestimadada en su opinión, de esta línea de pensamiento incluso entre pensadores y ciudadanos progresistas (por ejemplo, en Bertrand Russell o en Virginia Woolf). Desde su punto de vista: «Los marxistas (y los progresistas, en sentido amplio) no siempre han conseguido o querido levantar una muralla china entre la obra de Darwin y sus implicaciones sociales. Esto se explica desde nuestro punto de vista, por el hecho de que el propio Darwin no estableció tal delimitación». Por ello, remarca MH, «el darwinismo social ha podido difundirse en diversos sectores del pensamiento progresista. Esta penetración fue particularmente significativa en el seno del movimiento obrero alemán, por lo que hay que analizar con más detalle las contribuciones de Ernst Haeckel.» (164, autor al que dedica una buena parte del capítulo 7º.
Como se observa en la contraportada del libro, una de las aportaciones teóricas del ensayo de MH es hacer plausible una constatación que generalmente ha quedado oculta: una gran mayoría de los economistas que han sentado las bases de la teoría económica dominante han adoptado posiciones que beben (y abonan) el darwinismo social.
Los editores han añadido una «Nota final» (Page2-Syllepse): «En su programa de trabajo para 2021, redactado para el IRES [Instituto de Investigaciones económicas y sociales], Michel Husson escribía: «El proyecto es estudiar en primer lugar la genealogía de los diversos mecanismos de legitimación de la pobreza (en el siglo XIX) y del paro en los siglos siguientes, destacando las similitudes y las inflexiones. Este enfoque histórico se prolongará con un enfoque crítico de las teorías contemporáneas del paro, para mostrar que establecen una forma de renuncia al objetivo del pleno empleo». El tiempo, por desgracia, no le ha permitido escribir sobre este último punto, y en general, sobre otros muchos temas en los que habría aportado una preciosa contribución».
No es difícil compartir las palabras y el sentimiento de los editores. Tampoco la última consideración del MH (313): tal vez sea, señala, «Harriet Martineau quien mejor resuma lo que ha sido nuestro hilo conductor cuando insta a los pobres a no multiplicarse y ajustarse al capital: «¿Cómo os pueden ayudar los amos si continuáis aumentando en número, como si vuestros empleadores pudieran encontrar trabajo para varios millones, o pudieran transformar las piedras que pisáis en salario, o amasar el polvo hacer pan? Ellos hacen lo que pueden por vosotros aumentando el capital que debe permitiros subsistir; a vosotros os corresponde hacer el resto adaptando vuestro número a los medios de subsistencia».»
Como nos recuerda MH, Marx citó esta «reflexión», este insulto de Martineau, «indignado por ese discurso cínico dirigido por el Capital a las personas «excedentarias».»
Una de las limitaciones de LEPEDS señalada por el propio autor: «Nuestro trabajo ha dado un lugar importante al darwinismo social y al eugenismo, y apenas ha rozado la economía clásica contemporánea (la ciencia económica). Pero en el curso de esta investigación se ha visto que se trataba de respuestas a una misma cuestión: cómo justificar la existencia de gente «excedentaria», de «inútiles para el mundo» o, como se diría hoy, de «no empleables».» De hecho, no es propiamente una limitación, más si tenemos en cuenta la nota final a la que hemos aludido anteriormente.
Se echa en falta un índice onomástico. Y también otro conceptual.
En síntesis: un libro que merece ser leído por cualquier ciudadano con registro anímico interesado y hastiado por el permanente maltrato que las clases adineradas (pensemos en el manifiesto Palantir, por ejmplo) han dedicado y dedican a los pobres, a los excedentarios, a los vulnerables, a todos aquellos a los que el sionista presidente Epstein llama «los perdedores».