Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Dos notas sobre la tradición de la Filosofía de la Praxis

Joaquín Miras Albarrán

Amigos: El lunes, 13 de julio, Pepe y yo subimos al castillo de Montjuic, desde Paralelo/Miramar hasta Plaza de España, para ganarnos el derecho a un almuerzo de cuchillo y tenedor. En el recorrido, entre otros varios, hablamos de dos asuntos.

1 De la Filosofía de la Praxis o, sea, de la tradición filosófica praxeológica cuyo fundamento es que el ser humano es resultado de su hacer: que el ser humano es creación práxica de sí mismo, y que, antes de esa praxis autogeneradora, que parte de la voluntad de acción y que se autoconstituye a sí misma, en proceso, nada existe: ese ser, eventual producto de su hacer, es un inexistente antes de y al margen de esa praxis que le da el existir (ontologías filosóficas, del «Existencia-lismo», y de la «Historicidad» ontológica práxica). Filosofías variantes del tronco común aristotélico al que pertenece la tradición de la Filosofía de la Praxis: porque, precisamente el aristotelismo es el origen de la Filosofía de la Praxis.

Historicidad, Existencialismo y Praxis creadora dadora de existencia a lo hasta entonces inexistente, frente a la disrupción que ejecuta la Ilustración, que rompe con esa tradición praxeológica.

2 De la diferencia en Hegel entre «Concepto» e «Idea», sobre la que, me recordó Pepe, que me había preguntado, en el seminario que llevamos sobre el libro de Günther Anders, Joaquín (Bilbao) y que, gracias al resumen de Pepe, que además me dijo que, como es habitual me fui por los cerros de Úbeda, sé que fue una explicación insatisfactoria sobre lo que es el «Idea-lismo» que es además Idea-lismo «objetivo».

El primer asunto. La que debiera ser denominada Filosofía de la Praxis, porque lo es, es la tradición filosófica clásica, que nace con Aristóteles. Para Aristóteles, el ser humano es una comunidad práxica (Ética Nicomáquea, Política…). Hay, en la explicación de la ontología o «naturaleza» de aquello en lo que consiste el ser humano, en la filosofía aristotélica, prioridad ontológica de la comunidad sobre el individuo (Política 1253 a); una comunidad de sujetos «ejon-logos/έχον λογος», (Política, 1253 a) (donde ejon, del verbo ejo, con omega, significa «tener»), dotada/dotados de logos o lenguaje, esto es, de la facultad del «habla». Facultad del habla, que usamos para crear en comunidad el saber hacer que ponemos en obra y para guiar la aplicación práxica por parte de los sujetos, de ese mismo saber hacer. Porque el lenguaje tiene, para los griegos, ese primer cometido, que no es el de «conocer» y «hacer ciencia», sino el de crear en comunidad, dialógicamente, praxis que produce mundo –mundo: kosmos: totalidad ordenada–. Los griegos, por tanto, denominan lenguaje, no a la estructura de la lengua, y menos aún, a las gramáticas que la estudian, sino a la praxis lingüística generada en comunidad. Para los griegos, y para la traditio que se genera desde ella, la tarea primordial del lenguaje no es tratar de estudiar y explicar la realidad, sino producirla, articulando en comunidad Logos mediante el que se crea el saber hacer y el hacer. En política, es el agoreuo/αγορυο, que es el hablar en asamblea/ágora para deliberar boulesis/βουλησις y decidir la praxis política. La palabra boulesis significa, tiene el matiz de «voluntad»; esto es, habla de la deliberación para elaborar la voluntad que dirige la praxis.

No sólo, ni mucho menos, se elabora en comunidad la política. Todo el saber hacer que ponemos en obra para producir nuestro vivir, es, para el pensamiento clásico, elaborado en comunidad. Ese saber hacer cultura material de vida, creado en comunidad mediante el lenguaje es llamado «ethos/έθος» con épsilon ο «e» breve, y ha sido denominado, posteriormente, por esa misma tradición aristotélica, praxeológica, que incluye a la Escolástica: consuetudo, mores, sittlichkeit, eticità, eticidad, o cultura material de vida y, también, Estado. A su vez, la creación y puesta en obra comunitaria de ese saber hacer concreto creado por todos, por parte de cada individuo, construye o produce el ethos/ηθος, con «e» larga o eta, de cada individuo: su «carácter», que varía a cada ethos. Podemos documentar esta explicación en Ética Nicomáquea, 1103 a y también en 1114 a. En Platón, Leyes, 792, d, e. Y otro ejemplo, en este caso no filosófico, sino en un escrito de un hístor, en «Discurso de los corintios ante los Lacedemonios», antes del inicio de la guerra del Peloponeso, en la obra de Tucídides Historia de la guerra del Peloponeso. Los corintios explican qué diferencias hay entre los caracteres –ethos con eta o e larga– de los lacedemonios y de los atenienses, consecuencia de sus respectivos modos de vida. A cotejarlo con el famoso «Discurso de Pericles» de la misma obra, en el que éste explica cuál es el modelo de ethos, con e breve, o cultura material de vida de los atenienses. Está, por tanto, reconocido, desde el inicio de la Filosofía de la Praxis, lo que, con frase de Hegel, en lenguaje hegeliano, podemos denominar la «autoidentidad» entre sujeto –sujeto práxico–  y objeto, –objeto comunidad social humana–, que es no otra cosa que objetivación práxica del saber hacer y de la aplicación del mismo. Hegel es el filósofo que, frente al hiato disruptivo que es la Ilustración, recupera, actualiza y pone en obra, nuevamente, esa tradición praxeológica.

La comunidad es producida y reproducida por la actividad, actividad que la comunidad misma produce. La comunidad es resultado de la praxis, no de la naturaleza. Tampoco de las ingenierías políticas: de las tecnologías de intervención aplicadas desde las instituciones por minorías teoréticamente dotadas.

Si, como vemos, es la comunidad de sujetos organizados la que genera, mediante su praxis, tanto la eticidad como la subjetividad de cada individuo; es decir: tanto el mundo objetivo, cuanto la subjetividad del sujeto individual, resulta ridículo de toda ridiculez preguntarse si el sujeto «conoce» o no conoce el mundo. El sujeto sabe que es –lo muestra la obra de Aristóteles– resultado del hacer común puesto en obra conscientemente, y es también consciente productor copartícipe del saber hacer y del hacer común puesto en obra. Cómo no va a conocer ese individuo el mundo del que él sabe que él es producto; mundo, del cual, a su vez, sabe que es producción suya….esto se sostiene durante toda la tradición en la que, desde el inicio, sí se da razón del origen del sujeto: el sujeto no es un trascendental innato, ahistórico, ni a-comunitario, ni un misterio, es un ser producido por la comunidad.

En esta tradición se produce, desde el siglo XIV al XVl, una colosal elaboración en polémica sobre las bases ontológicas u ontología del ser humano en la que se basa o sobre la que se sustenta la praxeología de la Filosofía de la Praxis, originaria de Aristóteles. Se abre la apercepción de que el ser humano carece por entero de naturaleza, por endeble que ésta sea, dado que el humano es producto del hacer de su comunidad. Se elabora la comprensión de la historicidad ontológica del ser humano, de su ser. Es el Existencialismo/Voluntarismo que se desarrolla desde Duns Escoto a Luis de Molina y Francisco de Suárez, filósofo en el que se establece el punto de síntesis que abre la filosofía de la Modernidad.

Esta inflexión ontológica que se opera en el seno de la Filosofía de la Praxis, elabora la nueva ontología que presenta al ser humano como ente sin esencia predeterminada, sino sólo producto de su hacer –«rayo sin llama, pájaro sin matiz, pez sin escama y bruto sin instinto natural»–. Ente cambiante, mudadizo, según mudan los resultados de la propia praxis generadora de sí mismo, ente cuya esencia no es otra que su existir de cada momento producto de su praxis. Para estos pensadores de la Filosofía de la Praxis que elaboran esta nueva onto antropología, según explica Cristina García «Existir» significa «Eficiencia constante». Eficiencia es un participio de presente, que es tiempo verbal que expresa acción en estado de estar realizándose –también es participio de presente el término Existencia–. Eficiencia es palabra que proviene del verbo efficio (ec ficio/ ex et Facio, cuya traducción es Hacer, hacer ex/ desde1) que expresa objetivación «hacia afuera» de acción, un hacer generado «desde/ex» el sujeto. Un hacer que incluye la generación de la propia idea de lo que se produce, que es, ella misma, el saber hacer que se pone en obra para ejecutarla. Saber hacer del que se es consciente de que es procesual, está siempre bajo el control intelectual activo del que lo genera, quien modifica su proceso de acción, según conviene a cada concreta ejecución. Saber hacer inventado por los seres humanos que elaboran las ideas de los objetos y fines que buscan producir, antes de los cuales no había idea alguna preexistente. Existencialismo humano de un ser que carece de esencia predeterminada a priori.

Esto va a Giambattista Vico, y va a Hegel. Y a Antonio Gramsci. Esto, esta praxeología, va a Heidegger, que rompe con el postkantianismo y está en esta tradición: el Existente –Existencia-lismo–, el Dasein que es no otra cosa que producto, carente de esencia, de su estar en el mundo, mundo en devenir, que es producto creado, desde la cotidianidad, desde la vida cotidiana, por la praxis en común de la cual cada sujeto es agente partícipe también, además de existente creado.

Merece la pena detenernos un momento en Giambattista Vico, quien, en su autobiografía en tercera persona, recuerda que, de joven, en un determinado momento de su vida, detiene toda actividad intelectual para dedicarse, en exclusiva, durante todo un año, al estudio de las Disputaciones Metafísicas de Francisco de Suárez. Podemos recurrir a la obra más famosa del periodo de juventud de Vico, Sobre la revelación de la antiquísima sabiduría de los itálicos, para obtener una comprensión de cómo se interpretaba desde dentro de esta tradición, desde la lectura de la misma, y ya en el siglo XVIII, lo que era lo fundamental. El capítulo primero se abre así: «Para los latinos, “lo verdadero” y “lo hecho” son recíprocos, o según suelen decir los escolásticos, son convertibles [convertuntur] (…) De ello nos es dado conjeturar que los antiguos sabios de Italia llegaron a los siguientes principios acerca de lo verdadero: lo verdadero es lo hecho mismo [Verum ipsum factum]»2. Podemos comprobar que, para la tradición –quien la lee–, la tradición –lo leído– no versa sobre los ángeles que caben en la punta de un alfiler, sino sobre la radical praxeología autoconstitutiva del ser humano por sí mismo. Y cómo, a la estela de la tradición, comprende Vico la prioridad ontológica de la praxis comunitaria, y la autoidentidad de sujeto y objeto.

En resumen: praxis en comunidad que crea sujetos organizados nuevos, antes inexistentes, sujetos organizados siempre en proceso, en devenir irrefrenable, y nuevas eticidades, todos ellos, antes inexistentes, productos de un hacer antes no generado y, por tanto, imposibles de prever y pronosticar, antes del proceso de génesis autocreadora que ellos mismos producen y mediante la que se autoconstituyen. Esas nuevas realidades, subjetivas, «existentes» /«existenciales», sin esencia establecida previa, producto de la creación intersubjetiva organizada antes inexistente, crean posibilidades indefinidas de transformación social y cultural, consecuencia del proceso de su autoponerse, de su autoconstituirse o autoproducirse como sujeto práxico.

Esos sujetos intersubjetivos nuevos, tal como hemos dicho, no son el «emerger» de algo antes «sumergido», oculto, resultado de una esencia predeterminada ya antes en potencia que se manifiesta como «avatares». No existe sustancia preexistente en potencia. Como ya señala, mucho antes de la inflexión filosófica existencialista, Aristóteles, en relación con la praxis humana, negando así que en el ser humano tuviera una forma de ser y hacer predeterminada: el acto crea la potencia: «nos hacemos constructores de casas, construyendo casas y citaristas tocando la cítara». (Ética Nicomáquea, 1103 a. En el mismo sentido, 1114 a)-. No al revés.

Aristóteles no posee una interpretación de la ontología humana como ente histórico, en permanente devenir. Pero sí sostiene la constante irrepetibilidad de la actividad –tanto la praxis como la poiesis–. Sabe que toda actividad es un proceso en devenir, y que es, además, singular, pues, para alcanzar su fin debe tener siempre en cuenta la situación, las condiciones, en las que la acción ha de ser ejecutada, que es única, no reiterable. No puede ser orientada por la ciencia, o Episteme, pues no hay ciencia de lo singular, sino por la Frónesis, que es saber experiencial, que forma parte de las virtudes dianoéticas. Esta apercepción, tan aguda, respecto de la praxis, como acción singular, que debe tener en cuenta la situación y las circunstancias de cada caso, es sostenida y continuada por parte la Escolástica: «non est scientia de particularibus».

La palabra Frónesis/Φρόνησις será traducida por Cicerón como «Prudentia». Sobre la Frónesis, que no es episteme sino saber experiencial, saber elaborado como consecuencia de la experiencia, reflexión filosófica segunda sobre la experiencia de la praxis, y que forma parte de las virtudes dianoéticas, podemos leer Ética Nicomáquea desde1140 a hasta 1145 a.

El cientifismo absurdo que, desde la Ilustración reduce todo pensamiento valioso al que generan las ciencias positivas, ha hecho que todo saber sustantivo quiera ser considerado «ciencia/Episteme», y se ha perdido la palabra «Prudencia» como denominación del saber práxico en general y del político en concreto, que pasa a ser considerado ciencia, como debe serlo todo saber que se precie: ciencia científica.

Sobre el fundamento de la praxeología aristotélica se elaborará la historicidad ontológica del sujeto humano, «Existencialismo» del mismo en constante devenir que irá siendo comprendido cada vez más como devenir constante en constante cambio de sí mismo: de un sujeto que sólo «está» cuando se da a sí mismo su propia existencia mediante la acción autoconstituyente. Ser existente por su propia auto generación práxica de cuyo seno surge el único saber reflexivo sobre sí mismo, inmediato, la experiencia práxica, inherente al hacer: el saber de la experiencia de la consciencia, que es el subtítulo de la Fenomenología del Espíritu, de Hegel. Un saber reflexivo, experiencial, sobre lo que va apareciendo, en singularidad única, a cada vez, por autocreación; saber reflexivo, saber segundo, no sólo sobre su nuevo hacer y su nuevo saber hacer, sino también sobre las capacidades práxicas, nuevas, las nuevas necesidades, generadas –su nueva antropología deviniente, en general– por el nuevo hacer, sobre cómo intervenir desde el seno del propio sujeto nuevo, para debatir las nuevas praxis, antes no existentes. Un saber que no puede preexistir antes de la existencia del sujeto nuevo y del previo saber: el saber hacer mediante cuya objetivación el existente se auto genera.

Por ello mismo, las ciencias no pueden pronosticar el futuro de este ser. Y, en el caso de los procesos de masas en los que la comunidad genera organizadamente su propia praxis, las ciencias tampoco pueden proporcionarnos el conocimiento de las posibilidades práxicas que pueden ir abriéndose, en el proceso, como consecuencia de la autocreación de un ser que «aún» no existe. Un ser que es, mucho más que un «condicional contra fáctico», un ente, a fortiori, ni siquiera imaginable ex ante.

Por ello mismo, y en referencia a la filosofía de la praxis elaborada por Antonio Gramsci, Manuel Sacristan Luzón, que sabía que cada praxis nueva genera un sujeto nuevo, y no solamente un mundo objetivo nuevo, y que la Filosofía de la Praxis posee consciencia de la modificación permanente del sujeto práxico, al explicar el tipo de pensamiento reflexivo-activo que es puesto en obra, escribe:

«(..) se trata de saber en qué consiste la nueva práctica [de la filosofía marxista] (…) para esta pregunta, los marxistas de la «prassi» tenían precisamente una respuesta de interés: el filosofar del marxismo es el filosofar de la práctica (en genitivo subjetivo, no objetivo: de la práctica, no sobre la práctica)»3

Genitivo subjetivo hace referencia a una propiedad inherente al ente de que tratamos, en este caso, el ser humano práxico. Frente al genitivo objetivo «mesa de mi casa», el subjetivo, «mesa de madera». En el caso de la filosofía de la Praxis, indica que es la praxis la que se autorreflexiona a sí misma, que la reflexión es actividad inherente al sujeto que elabora la praxis, y que esto debe ser tenido en cuenta, porque, como consecuencia de la praxis, el sujeto cambia su antropología: sus capacidades y facultades, sus necesidades, sus expectativas. Y por ello cambia su poder o capacidad de hacer4. Con esta expresión procedente de la gramática latina se reflexiona sobre la constantemente nueva reflexión hermenéutica que, sobre la praxis, ejecuta, no el filósofo académico, sino el mismo sujeto que genera praxis. Una hermenéutica interpretativa siempre constantemente nueva, dado que el sujeto práxico es, en su materialidad antropológica, un sujeto constantemente nuevo, como consecuencia del devenir de su actividad objetiva, de los cambios reales que la misma producen en el hacer, en lo hecho y en la materialidad de la antropología del sujeto actor. Nada que ver con los constructivismos simbólicos imaginarios de la posmodernidad deconstructiva neoliberal woke. Existencia del hacer que se pone a sí mismo.

Sacristán destaca la radical evolución que, a partir de ese saber compartido por el pequeño grupo «neohegeliano» –Gramsci, Terracini, Tasca, Togliatti– se produce, aceleradamente, durante los cinco años en que la mente de Gramsci puede trabajar en los Quaderni. Y habla del «ritmo del pensamiento» de Gramsci, frase que es título de un muy interesante libro de Giuseppe Cospito, pero que consta ya en su libro inacabado.

Las ciencias humanas sólo pueden dar razón de lo ya existente, una vez lo existente es objetivo, y además, ha sido percibido como tal por estudiosos y ha sido constituido por ellos como objeto de estudio. Algo que no es inmediato, exige que los estudiosos de cada ciencia social parcial detecten el novum, lo construyan como objeto de investigación, elaboren hipótesis, emprendan la recogida de datos y, tras algunos años, lleguen a conclusiones… siempre respecto de un periodo histórico concreto, singular, ya acaecido que no será nunca igual que ninguno de los devinientes, como no lo es de los pasados, y por tanto esas conclusiones no pueden ser conclusiones predictivas para el futuro. El método Galileo Newton, muy fértil, precisamente por su capacidad de pronóstico, para la astronomía, se convierte en astrología si se aplica al ser humano. Sobre esto trata precisamente la obra de Calderón de la Barca La Vida es sueño.

Esta tradición de la Filosofía de la Praxis es quebrada por la Ilustración, pensamiento orgánico del capitalismo del siglo XVIII. Descartes y Kant, por ejemplo. En esta alternativa de pensamiento se elabora una antropología innata, fijista, individualista, universal, a priori, no relacionada con el mundo que constituye la esencia de cada sujeto individual. El sujeto es un trascendental ahistórico, natural, que es el que explica que se produzca el «cogito»: cogito ergo sum; pero ese sujeto, individuo innato, que se auto reflexiona en cogitación ab initio, es un sujeto que, como tal ente sujeto, es inexplicado –el «sum», la entidad del ser que es sujeto del pensar, del cogito, ergo sum, es un inexplicado del que no se da razón–. Es además, a destacarlo, sujeto individual individualista. Individualismo antropológico, ontología del individuo individualista, innatista. Esto hace que toda la filosofía posterior que parte de estos principios se despeñe por el precipicio de la conversión del filosofar en simple autointerrogarse sobre si es posible y cómo, conocer la realidad. Que se abandone la reflexión filosófica sobre la praxis, que desaparece como asunto teórico en los autores ilustrados, y se centre absolutamente en ser una gnoseología-epistemología. …¿eso que creo percibir al margen de mi y de mi consciencia, –creo percibirlo, no producirlo– fuera de ella, eso que se me aparece como realidad…es real, o es fantasía metida en mi por un genio maligno que quiere engañarme?.

A partir de ahí, la única manera considerada de comprender la realidad es, no la de la experiencia de la consciencia del ser que se sabe generador de la praxis que produce el mundo, voluntad creadora; sino la justificación de la capacidad de conocer de un ser que innatamente está aislado del mundo. Y sólo los esfuerzos intelectuales, teóricos, provenientes de la ciencia podrán ser aceptados eventualmente como conocimiento, pues son trabajo del Intelecto o mente cognoscente.

La Ilustración, se sostiene, precisamente, sobre esta otra ontología antropológica del sujeto humano existente a priori, que es innato, natural, singular, –individualista antropológico/ individualista metodológico–; que ya ab ovo, como individualidad aislada, posee capacidad innata, inherente, de pensar y reflexionar,… que comienza con la auto reflexión de ese sujeto sobre sí mismo, aun antes de «conocer» el mundo, pues lo único que puede conocer esa consciencia operante desde el inicio, al margen de la relación del sujeto con todo lo «demás», es el «conocer-se» …. Desaparece la reflexión praxeológica, porque ha desaparecido la praxis comunitaria como prioridad ontológica. Y todas las propuestas de modificación de la realidad, elaboradas a partir del uso crítico de la teoría, de la Episteme, le son confiadas, son solicitadas, de parte de las instituciones, se le confían a las minorías cultas5. Ingeniería social.

La concepción política que se desprende de la Filosofía de la Praxis

Todo esto viene escrito, no como crítica teórica o como teoría crítica, ni como Epistemología en una cualquiera de sus diversas variantes, decolonial deconstructiva, antipatriarcal, del sur, feminista, indigenista, animalista… ni, tampoco, como Epistemología de, tal como lo consideraba Aristóteles, la única, verdadera, Episteme: como Epistemología de las ciencias positivas6. Sino como resumen de las líneas fundamentales de una praxis política posible elaborada a la luz del acervo intelectual generado por la praxis practicada por Traditio de la Filosofía de la Praxis, traditio bimilenaria, no precisamente un invento kantiano. Acervo de reflexiones sobre prácticas políticas posibles que ha recibido múltiples denominaciones históricas, y que podemos nombrar con la palabra buena creada por Aristóteles para designarlo: Frónesis. Tampoco es mal término denominativo «saber de la experiencia de la consciencia», indudablemente. Y, desde luego, y en primer lugar, Filosofía de la Praxis. Un saber sólo operable desde el vivir inmediato de las mayorías organizadas, que son producto de su propio autoorganizarse, y que lo crean para generar actividad política entendida como nueva acción productora de nuevo vivir en común. Historicidad. Un saber hoy día desestimado y sometido al olvido, frente a las alternativas políticas institucionalistas, delegativas, «representativas», profesionalizadas, siempre fracasadas, que, sin embargo, son las puestas una y otra vez en obra. Todo lo escrito se justifica porque estamos pensando sobre la posibilidad de participación en posibles, eventuales, procesos revolucionarios.

Toda tradición se reproduce en variantes históricas, más aún la tradición de la filosofía del ser que es Existencia sin Esencia, o cuya Esencia es ser un Existente que se da a sí mismo su ser mediante su praxis. Qué alternativa política se concluye de la Filosofía de la Praxis, en sus diversas subvariantes en que se sustenta.

Para resumir las ideas fuerza del hacer práxico en política por parte de la Filosofía de la Praxis hay que situar en primer lugar la noción de autoidentidad sujeto objeto. Esto es: la noción expuesta por Aristóteles, según la cual, el carácter, la antropología de las individualidades existentes es inherente, producto, de la concreta manera de organizar y generar la actividad que produce mundo. Si lo queremos matizar más, se da lo que Hegel llamaba la identidad entre la identidad y la no identidad: que dentro de un modo de hacer y de una antropología generada por un ethos común compartido, haya explotadores y explotados y estos puedan poseer intereses encontrados. Pero la estructura de las necesidades antropológicas de todos los individuos, dentro de la misma civilización cultura producida, sobre todo, una vez liquidadas las culturas subalternas, comunitarias, de vida cotidiana, que organizaban, en lucha por su resistencia, alternativas de cultura material y de consumo, son las mismas: querer más, querer todo, mirarse en el modelo de consumo y de necesidades más elevado. Sobre la creación de las necesidades antropológicas como aberrante –enajenante– manera de expresarse la búsqueda de el «Reconocimiento» –como iguales– por parte de todos, subalternos y no subalternos, en la economía capitalista –falta tal nombre para ese nuevo modo de hacer– pues, ahí está la admirable explicación de Hegel en la tercera parte de Principios de Filosofía del derecho. Marx no la comprende, porque no tiene, no se percata, del significado profundo que acarrea la noción ontológica de ser que es sólo, y siempre, tanto como eticidad objetiva cuanto como subjetividad, resultado de su hacer Existencial. Lo que conlleva un constante cambio histórico no sólo de los «Modos de producción», sino también de la materialidad de las antropologías subjetivas. Hay siempre debajo, en Marx, una naturalización antropológica, una «esencia de la especie», por «genérica» que sea, que le impide comprender que la ontología antropológica, su «materialidad» subjetiva, y no sólo su manera de percibir y conocer la realidad, está moldeada por la civilización cultura que genera la praxis generada: por el poder sobre la actividad y la vida que adquiere en cada momento, y por su autoconocimiento de estas nuevas capacidades ontológicas suyas. Y por eso, para él, lo máximo que se produce es «Fetichismo»: «Conocimiento» invertido, por parte del sujeto, de la realidad del mundo. Interpretamos el mundo del revés, y donde hay relaciones entre personas, percibimos sólo relaciones naturalizadas entre cosas. Vale la pena leer sus dos escritos críticos –de Marx– sobre la obra indicada de Hegel. Se queda uno de una pieza. La reducción de asuntos onto praxeológicos, antropológicos, los propios de la traditio praxeológica, a mera gnoseología, implica una asunción del modelo antropológico kantiano/postkantiano, de un ser de naturaleza innata fija, dotado de trascendentales cognoscitivos. Seguramente es la influencia de Fichte, quien sostiene una antropología humana ahistórica de temple kantiano.

Una vez la estructura de necesidades universal es la generada por el capitalismo para el consumo de la Vida Cotidiana, en un mundo cultural en el que nadie se organiza para actuar en la vida cotidiana, se explica que «nadie se ponga al teléfono», que es lo que perciben los Turiel, los Yayo Herrero etc, quienes piensan que a base de teoría y de análisis teórico, con la teoría crítica y la crítica teórica…ecológicas, en este caso, debiera ser suficiente. Indudablemente lo que ellos, que son grandes científicos, explican es absolutamente cierto. Como lo es la estructura de necesidades de la gente, sumada a la percepción inmediata de la misma sobre la impotencia individual para elaborar alternativas ante el colapso climático, y a la imposibilidad de resolver su vida de otra manera que la que determina la eticidad capitalista. Pero nadie hizo nunca una revolución a base de divulgar la teoría científica del Valor, ni mediante la «agitación y propaganda» divulgativas. Y ceteris paribus.

Sobre la grave deficiencia, para la política, de carecer de una comprensión ajustada de la ontología humana: sobre la evaluación de esto como grave deficiencia, pues tenemos que el viejo Lukács, opta por escribir una ontología como fundamento para inspirar una nueva manera de hacer política. Una ontología cuyo punto de partida no es la auctoritas de Marx, sino la vida cotidiana y el pensamiento cotidiano. Ya lo había hecho así con su Estética, que comienza con la Vida cotidiana, y con una fuerte agarrada subterránea con Heidegger, quien tiene elaborada esa colosal Vida cotidiana que es Ser y Tiempo, desde 19267.

Ya se puede ver cuál es el tipo de opción de praxis política que puede proponer la Filosofía de la Praxis. La política de la Filosofía de la Praxis pretende crear, mediante la inmediata organización de las personas, en el seno de su vida cotidiana, para la generación de acción inmediata, que ya sólo por ser acción organizada desde un tejido organizativo antes no existente, es acción nueva. Acción nueva para la cual que se requiere crear saber hacer nuevo o eticidad nueva. Un sujeto práxico nuevo, antes no existente, generado por ese hacer nuevo antes inexistente. Hacer cuyo fin –fin inmediato, desde ya– es hacerse con el control organizado de la actividad que produce el mundo. No el tener representación, porque, sin sujeto nuevo, a nadie hay que representar. Ambas cosas, la actividad naciente, nueva, en sí misma y lo logrado por ella, la cultura material comunitaria nueva, producen cambios en la antropología de cada individuo participante. Se produce en ese proceso deviniente, práxico, la «conversión interior» onto antropológica, de cada participante. El sujeto «puesto» –no usamos «sujeto que aparece» porque «aparecer» puede ser interpretado como que «estaba oculto» en plan «esencia genérica», y ahora «emerge»; «puesto», generado y «creado», es mejor–, generado como cultura ético política –Gramsci– es lo que, también Gramsci, denomina Bloque Histórico. Esa es la línea clásica: el bloque cultural civilizatorio nuevo, la nueva cultura sittlichkeit, y su nueva antropología con sus nuevas capacidades, facultades y necesidades, generadas por el control protagonista de la actividad por parte de las clases subalternas organizadas, es el meollo, la verdadera posibilidad de constitución de todo Estado. «Nuevo»: impredecible, impronosticable; aquello que no se puede conocer ni imaginar, aquello a lo que no se le puede prescribir lo que ha de hacer. Eso quiere decir historicidad ontológica del ser humano. Existencialidad deviniente del Dasein.

La cultura material capitalista «anterior», y la correspondiente antropología y necesidades «anteriores», esto es, las actuales, las nuestras, y no las leyes, son el constituyente central, la verdadera constitución del orden político y económico, del estado actual. El proyecto no es un futuro ni un futurible. Sus fines, no son metas para mañana son actuales y actuantes.

El proyecto político alternativo, consiste, pues, en generar, ya en el presente, para ahora, no para lo futuro, un proceso práxico organizado, capilar, autodirigido, que cree, ya desde ahora, en devenir, una nueva eticidad, y nuevas capacidades y facultades y necesidades subjetivas individuales. Ese proceso de autoorganización para controlar la actividad inmediata, ya ahora, desde la cotidianeidad, genera en proceso, ya ahora, un sujeto social, una comunidad, un Bloque histórico, nuevo.

La medida de su eficacia es siempre la eficacia presente. Y esa eficacia consiste en la capacidad de subsunción y control sobre la praxis que produce mundo, ejercida por parte del sujeto comunitario que comienza eventualmente a crearse. Su grado posible de control sobre la actividad, siempre nuevo, dependerá de las relaciones concretas que se articulen en el proceso. Y tan importantes resultan los cambios en la antropología de personas que aprenden a controlar en común su actividad, para lo que van desarrollando capacidades y aprendizajes nuevos, nuevas necesidades, etc. –conversión–, como el propio control ejercido y el nuevo saber hacer o eticidad generados para ello. Sólo un cambio en la estructura antropológica de las necesidades, que nos libere de las actuales, puede liberarnos de la «gestell» o dispositivo tecnológico, creador de las «relaciones técnicas», industrialistas y desarrollistas, de producción, nunca puesto en duda por las corrientes políticas que sí proponen diversas alternativas de «relaciones sociales» de producción; modelo tecnológico que es el que domina la producción, del que es orgánica la estructura antropológica de necesidades, y que nos lleva a la catástrofe.

La consecuencia del intento de cambio o conversión práxica y antropológica siempre será un Novum. Como lo será siempre la causa, el origen o inicio de un movimiento comunitario praxico. Pero un Novum no es previsible, no es predecible, y no se le puede prescribir recetario alguno. No consistirá en proyectos de futuro hoy pensables pero que son eso, proyectos/proyecciones elaboradas por nuestra imaginación a partir de las necesidades actuales y que se nos presentan a nosotros, ahora, como el desiderátum de la Felicidad. Pero que quedan desechadas en cuanto los sujetos actúan y generan en sí mismos nueva capacidad antropológica de protagonismo de vida, nuevas facultades. Escribe Hegel:

«Por eso el individuo no sabe lo que él es antes de haberse llevado a la realidad efectiva [wirklickeit; Wirken, actividad] por medio de la actividad [Tun].- Pero entonces parece que no puede determinar el fin de su actividad antes de haber actuado; al mismo tiempo, sin embargo, en tanto que es consciencia, tiene que tener delante de sí la acción [Handlung] como enteramente suya, esto es, como fin. El individuo que va a obrar, pues, parece encontrarse en un círculo en el que cada momento presupone ya lo otro, y parece, por tanto, no poder encontrar comienzo alguno, porque sólo por el hecho [por el hacer] llega a conocer, por primera vez, su esencia original, la que tiene que ser su fin y su propósito, pero para actuar, tiene que tener previamente ese fin y ese propósito. Mas justamente por eso tiene que empezar inmediatamente, cualesquiera que sean las circunstancias, a avanzar hacia la actividad, sin darle más vueltas al comienzo, el medio y el final. En cuanto comienzo, se halla presente en las circunstancias de la acción, y el interés que el individuo encuentra en algo es ya la respuesta dada a la pregunta de si se ha de hacer algo aquí, y qué…»8.

Al lector no familiarizado con la obra de Hegel, pueden servirle estas notas como prueba de que estamos ante un caso de la traditio de la Filosofía de la Praxis y que esta idea no es una forzatura inventada.

No se trata de acometer como objetivo delirante la lucha contra ideas actuales que aparecen como ideales que apuntan al futuro: la ideología no es mala en sí misma. Gramsci la consideraba necesaria. Desde luego, Marx la consideraba «Falsa consciencia», pero Costanzo Preve, apostilla a Marx diciendo que la ideología es una Falsa consciencia «necesaria»

Esto no quita que la mayoría de los sentidos que poseen los términos «socialismo» y «comunismo» son proyecciones a futuro elaboradas desde las situaciones materiales y antropológicas del periodo en que se elaboran: desarrollismos económicos de las fuentes de la riqueza, etapismos: a cada cual según… En este sentido, y en contraposición me parece verdaderamente brillante una –sólo una– de las diversas definiciones que Marx da del Comunismo; en ella el comunismo no es un deber ser futuro, que como deber ser futuro no es sino imaginario, proyección, utopía, sino un devenir presente. Una definición enteramente praxeológica:

«Nosotros llamamos comunismo al movimiento real [subrayado de los propios autores] que anula y supera el estado de cosas actual»9.

A veces, la felicidad es considerada como un telos o fin fijo y conocido de antemano. Una vez se comparan las muy diversas interpretaciones que se hacen de ese término, podemos comprender que no hay tal cosa. En todo caso, tal como la define Aristóteles y reitera Lukács en la Estética, la Felicidad/eudaimonía es sensación inherente a la capacidad de control que la persona posee sobre la propia actividad, que es lo que, de poseerlo, y en la medida en que lo poseemos, nos permite la auto elección y el autodesarrollo en conformidad con nosotros mismos, dentro del proceso de auto transformación generado por nosotros mismos y en el seno de cada eticidad histórica concreta: pero eso ya no es un ideal fijo.

En resumen, un sujeto social organizado, activo, no es la consecuencia de una función estructural, económica. Sino una comunidad de personas organizada, que se genera a sí misma como comunidad mediante su actividad, a la par que, mediante esa actividad desarrollada desde la vida cotidiana, genera alternativa de vida material autónoma y nueva antropología.

Por ello, la política es una praxis que debe ser ejecutada desde la organización de base que posibilite a las personas organizarse y activarse capilarmente, microfundamentadamente, en sus mundos de vida, en su cotidianidad, para cambiarlos, para cambiarla. Y su primer y primordial objetivo es la creación de ese nuevo Sujeto social práxico, Sujeto que surge a medida que actúa; sujeto cuya nueva praxis y cuyo nuevo saber hacer –eticidad–, sin el cual no hay nueva praxis, es lo que produce su propia génesis material, no verbal simbólica. Génesis procesual de nuevo hacer y nuevo saber hacer que es la cambia la antropología del «Existente», la «ontología histórica» del ser humano.

Una praxis que lucha por instaurar en lo ya inmediato, desde lo ya inmediato, una nueva eticidad, un nuevo mundo «ético político» –Antonio Gramsci–, lucha ya por instaurar, y lo instaura, un nuevo Estado que sustituye procesualmente al anterior. Porque, como recordamos, en la traditio, «Estado» no es ley constitucional, ni aparatos burocráticos, ni parlamentos, sino eticidad vivida en comunidad. Esta noción bimilenaria que define el estado como eticidad de una comunidad llega a nosotros, en primer lugar, gracias al esfuerzo de recuperación de legado escolástico, que, contra el liberalismo, elabora Hegel:

«§274(…) el estado, en cuanto espíritu de un pueblo, es al mismo la ley que penetra todas las relaciones, las costumbres y la conciencia de sus individuos, la constitución de un pueblo determinado depende del modo y de la cultura de su autoconsciencia. En ella reside la libertad subjetiva y en consecuencia la realidad de la constitución. Obs. La pretensión de dar a un pueblo una constitución a priori, sea más o menos racional por su contenido, pasa por alto el momento por el cual ella es más que un objeto de pensamiento. Cada pueblo tiene por lo tanto la constitución que le conviene y le corresponde Agregado (…) Napoleón, por ejemplo, quiso dar a priori una constitución a los españoles, lo que tuvo consecuencias suficientemente desalentadoras. Porque una constitución no es algo que meramente se hace: es el trabajo de siglos, la idea y la consciencia de lo racional en la medida en que se ha desarrollado en un pueblo. Ninguna constitución puede ser creada, por lo tanto, meramente, por sujetos (…)»10

En este sentido, como prueba de continuidad entre la filosofía helénica, aristotélica y Hegel, citemos un texto de Francisco de Suárez, quien, a inicios del siglo XVII –1612– escribe que la ley no puede ser contraria a la Consuetudo o eticidad, pues la eticidad es el verdadero Estado constituyente de la comunidad:

«Añade además, san Isidoro que esta posibilidad [promulgar leyes]debe ser conforme a la costumbre del país, pues la costumbre es una segunda naturaleza, y, por tanto, todo aquello que está en contra de la costumbre, se considera muy duro para la naturaleza y en consecuencia, casi moralmente imposible (…) Añade finalmente san Isidoro que [la ley] sea oportuna en cuanto al tiempo y el lugar, porque las circunstancias han de observarse necesariamente en todo acto prudente [Prudentia/Frónesis: denominación del pensamiento práxico político] (…) puesto que las mismas acciones no resultan convenientes en todo lugar y en todo momento. Por tanto, al promulgar leyes, deben tenerse en cuenta ambas circunstancias, como bien dijo asimismo San Agustín»11.

Esta comprensión de lo que es el Estado es saber compartido por la tradición desde su origen. ¡Cómo pudo ser que el saber compartido durante más de dos mil años, haya sido borrado por entero!

Aristóteles, Aquino, Escoto, Suárez, Vico, Hegel, Antonio Labriola, Gramsci, Heidegger, el viejo Lukács, se hubieran sentido reconocidos en esta comprensión de lo que es el objeto de la política y de lo que es el Estado.

La comprensión poseída por Antonio Gramsci de que un Estado es una Eticidad, un mundo de relaciones ético políticas, procede de Hegel, y de los autores italianos hegelianos coetáneos, que la manejan también, y que él ha estudiado, Benedetto Croce y Giovanni Gentile, el traductor de las Tesis Ad Feuerbach de Marx al italiano.

Tal como nos explica Manuel Sacristán12, según Antonio Gramsci, la eticidad nueva debe haber sido desarrollada ya antes de la revolución y como condición para la revolución y la instauración de un Ordine Nuovo. Sacristan insiste, contra las creaciones de un Gramsci «leninista», que la formación de Gramsci y del grupo de Turín de L’Ordine Nuovo, estaba ya fraguada antes del levantamiento turinés de los consejos de fábrica. Para comprender el fuste y calado de la propuesta de Gramsci debemos recordar que en esta tradición la eticidad es la verdadera constitución del Estado, y sin una nueva eticidad, previa, no hay condiciones para un nuevo estado. Y es a eso a lo que se le denomina «Hegemonía». Por eso, la noción de «hegemonía» es por entero diferente a lo que, sin el conocimiento de lo expuesto, se interpreta. La Hegemonía, no es «ideología», ni es cultura en el sentido de cine, teatro, prensa, medios de comunicación, etc. Es la articulación de un «vivere», de una eticidad civilización. Esa tarea requiere de un sujeto. Ese sujeto no es el partido cuya política –en el sentido convencional– ha permeado a las mayorías. Un partido no posee la capacidad de generar una «sitte» una consuetudo. El sujeto es el Bloque histórico organizado, constituido en potencia por todos los grupos subalternos, Bloque que además, se está constituyendo como tal, precisamente en el proceso de generar esa nueva eticidad. El «partido», el nuevo intelectual orgánico, es la denominación para el conjunto de individualidades que son la instancia organizativa interna a ese bloque, que ayuda a religar a la gente, insta a la actividad, ayuda toda iniciativa nueva, la recoge y difunde, y sintetiza lo que se hace. Por tanto, la denominación de «intelectual orgánico» expresa la consciencia de que estamos tratando de «otra» tarea, de «otra» concepción. –No «marxismo» sino «Filosofía de la prattica; no «partido» sino «intelectual orgánico»; no «socialismo» sino «sociedad regulada»–. Su modelo se inspira en las religaciones culturales generadas por las iglesias, cuando las religiones eran las instancias de mediación internas a las sociedades y favorecían la elaboración de civilización, sin pretender inventar las consuetudos que eran derecho de gentes autogenerado por ellas mismas. Por tanto Antonio Gramsci no hace «teoría», no elabora fases, estrategias ex ante, ni trata de hacer ingeniería social, diagnosis y prognosis sobre la nueva cultura civilización, que es un proceso nuevo, histórico. Lo que elabora o hace es un filosofar sobre la praxis generada, un ex post sobre el hacer, pegado al hacer, pero no anterior al mismo: el búho de Minerva solo ilumina ex post. Toda la soberbia ilustrada, del iluminar a los ignaros y adoctrinarlos ideológicamente propagando un saber ya acuñado está desechada. Se trata, no de iluminar intelectualmente, gracias a la ciencia ya conocida, a un sujeto social que se supone existente, sino de ayudar a crear un nuevo sujeto social de características desconocidas. Ontología, no gnoseología. Volumptas/potentia franciscana y jesuita, no Intellectus/scientia dominico. Sólo aquello que transforma la inmediatez del presente, en el grado que sea, transforma el inexistente futuro que no podrá no partir de lo nuevo cuajado.

Debemos ponernos en claro sobre el «estatuto epistemológico» del pensamiento de Gramsci. No es «ciencia», tampoco es «teoría», teoría fuerte, basada en la ciencia, como prognosis; Gramsci siempre tuvo claro que eso no funciona: la revolución rusa había sido «Una revolución contra Das Kapital», según el título de un artículo que Gramsci escribe (5-I-1918). Gramsci elabora, tal como él dice, un Filosofar. Ni ciencia –lo que no quita que la lea– ni Teoría, ni Crítica teórica, ni Teoría crítica: un Filosofar praxeológico. Es la tradición praxeológica.

La evaluación de Antonio Gramsci sobre el modelo leninista, está dada en su análisis sobre la «guerra de movimiento», –bolcheviques– fracasado ante las trincheras y casamatas de «occidente» –el centro del mundo capitalista, no su periferia–. Lo que le impone repensar el proceso conforme a la traditio praxeológica, y Gramsci lo denomina una «guerra» de posiciones. Sobre el éxito o fracaso de la línea leninista, y de haber conocido a Groucho Marx, Gramsci hubiera respondido «dígamelo usted a mi, joven, yo, que milito en un partido cuyo secretario general está en la cárcel». Los Quaderni del Carcere son esa reconsideración drástica.

Para conocer cuáles son sus matrices intelectuales, la edición crítica de los Quaderni, elaborada por el equipo de Valentino Gerratana nos da un instrumento formidable: los índices analíticos. Tanto el de nombres –las veces que cita a Marx, a Engels, a Hegel, a Croce, a Gentile, a De Sanctis, a Spaventa, a Mondolfo y a todos los neohegelianos, a Labriola a Lenin («Ilici»)– como el índice sobre lecturas citadas por Gramsci, y el de libros poseídos, etc., como el índice temático. El índice de temas muestra un modelo hermenéutico que no es, en absoluto, el modelo de temas simples de la socialdemocracia que es el que continúa Lenin, y lo reforma sin otro instrumental hermeneutico que el sólo sentido común y a base de encarar la feroz contundencia de la realidad, en su proceso, desprejuiciadamente, desde éste mismo; Lenin, muy respetado, desde luego, por Antonio Gramsci, etc.13.

El modelo político para hoy, y para día todos y cada uno de los días del año, inspirado en la traditio de la Filosofía de la Praxis, queda esbozado. La política no es actividad delegable, ni actividad institucional. No es actividad electoral. Se debe ser muy tajante en esto, porque la experiencia de los últimos cincuenta años muestra cómo las organizaciones cuya finalidad política es la institucional, han destruido una y otra vez las posibilidades de los movimientos incipientes de base, que se trataban de articular para generar, no sólo protesta, sino praxis controlada por ellos. No se excluye el interés de la actividad política institucional, a sabiendas de que da lo que da, resultados interesantes –también corrupción–, pero es una fantasía que ese sea el camino, la «estrategia», para el cambio de vida.

2 Sobre el segundo asunto de la relación entre Concepto/Begriff e Idea…en el «Idea-lismo» Objetivo/ Idea-lismo «Objetivo». El Idea-lismo «Objetivo» es el nombre técnico adecuado para el filosofar de Hegel; la denominación no es invento mío. Idealismo objetivo quiere decir que las ideas se objetivan, al ser llevadas a la práctica por la intersubjetividad humana organizada, y producen el mundo. Siguiendo la tradición clásica, Idea no es la denominación de pensamiento que explica la realidad, nombre para el saber del Entendimiento, que estudia el objeto-mundo. Es en primer lugar, y según la tradición, el pensamiento elaborado entre todos como saber hacer que se pone en obra mediante la praxis para poder producir el mundo humano. Mundo objetivo, producto de praxis que es la que objetiva el pensamiento intersubjetivo elaborado para producir ese mundo: la Idea, la Sittlichkeit, la consuetudo o mores, las «costumbres» –sitte: costumbres– la eticidad, esto es: el Estado. Me permito la reiteración: Ya hemos introducido citas al respecto.

En varias obras, desde luego en Principios de Filosofía del derecho y en Enciclopedia de las ciencias Filosóficas, Hegel dice que la Idea es el Concepto más su manera concreta, histórica, de Realización. Cuando el «Concepto» se dota de existencia, eso es la Idea. Lo documentó en la «Introducción» de Principios de Filosofía del derecho. Allí, refiriéndose en este caso, al derecho, Hegel escribe que:

«§ 1 la Idea del derecho es el concepto y su realización» (..) El concepto y su existencia son dos lados separados y unidos (.) La unidad de la existencia y el concepto (.) es La Idea»14.

La Idea es denominada también Eticidad, –Sittlichkeit: sitte, costumbres– porque es la totalidad de las ideas concretadas, elaboradas por la facultad lingüística –el Concepto– que posibilitan la objetivación de la praxis. Sabemos que para la traditio, y para Hegel, la eticidad es la verdadera constitución del Estado. Nada nos debe extrañar que Idea y Estado, también el término «Espíritu», sean sinónimas:

« § 270 (…) El desarrollo de esta idea ha mostrado por el contrario que la verdad es que el Espíritu, en cuanto libre y racional es en sí ético [eticidad/ Sittlichkeit/ «sitte»: costumbres], que la idea verdadera es la racionalidad real y que es ésta la que existe como estado. De la idea resulta igualmente que la verdad ética [eticidad] se halla en ella para la consciencia pensante como contenido que ha sido elaborado hasta alcanzar la forma de la universalidad, como ley; el estado sabe sus fines…»15

Razón (Vernunft) es término que Hegel recoge de la escolástica, y no posee el significado ilustrado, positivista, neopositivista, ni analítico: es la denominación de la capacidad que posee el entendimiento humano de reflexionar y sacar de sí nuevas ideas directrices de praxis nueva, creadora de nuevo mundo. Es, como siempre ocurre en esta traditio, y en Hegel, noción que se refiere a pensamiento práxico productor de mundo, no a instancia de observación y conocimiento. Por lo menos, no en primer lugar. Por eso, todo «lo que es real», realidad práxica [wirkliche: wirken, acción] es producto de la reflexión elaboradora de nuevo saber hacer para generar nueva praxis: «es racional». Nada de teleologías. Para la traditio, la «Ratio» es una parte del Intellectus.

Por cierto, la Eticidad, toda eticidad histórica concreta, y toda parte de la misma, es, siempre, el reino de la Libertad: siempre; porque es lo que nos hominiza, lo que nos libera de la naturaleza, lo que nos saca del «Paraíso de los animales»16, lo que posibilita poner en obra la praxis que crea la comunidad civilización, y nos dota, en consecuencia de libertad ontológica frente a la naturaleza17.

Para Hegel, para Antonio Gramsci, el «orden» es lo que crea la libertad. Para los posmodernos, el desorden es lo que crea la libertad.

Queda aclarado que la «Idea» «es» la «eticidad»: esa es su objetividad. Estamos en el Idealismo objetivo, que nada tiene que ver con ese otro Idealismo subjetivo, que es el elaborado por Kant, en el que, por ideas, se entiende los pensamientos internos de la consciencia construidos por ella individualmente, mediante los que nos tratamos de explicar el mundo. «Idealismo» es, por tanto, no sólo, término equívoco, sino también termino equivocador, porque confunde modelos hermenéuticos inconmensurables, diferenciándolos meramente por un adjetivo: objetivo/subjetivo.

En resumen: las ideas, la Idea, de Hegel es, al modo de la escolástica, las ideas elaboradas que ponemos en obra para producir mundo «objetivo», objetivándolas.

Una pregunta entonces:

Si cada Idea en concreto, es lo que elaboramos en concreto, a cada devenir, intersubjetivamente, y ponemos en obra también intersubjetivamente, objetivándola y produciendo mundo objetivo y antropología; si esa Idea total entendida así, puede ser denominada indistintamente, Eticidad, y Estado ¿qué es, entonces, el Concepto/Begriff?

Ya he adelantado la intercambiabilidad entre la palabra «Concepto/ Begriff, lenguaje y logos. El lenguaje es la capacidad de concebir –concepto–, de «dar a luz», lingüísticamente, el saber hacer, las ideas que dirijan la praxis comunitaria; lo que implica, como condición de posibilidad de la creación de esas ideas, la deliberación en común, imposible sin el lenguaje.

Ante todo, Concepto/Begriff es un término que Hegel acuña: se ve obligado a acuñar. Hegel, ese gran conocedor de la escolástica, que ha estudiado en uno de los escasos seminarios protestantes que a fines del XVIII aún sostenían un programa de estudios escolástico, está construyendo la lengua filosófica alemana y lo hace para poder traducir la terminología latina, sabedor de la ingenuidad que es la ruptura del filosofar que se cree estar naciéndose a sí mismo –que de veras se cree «proles sine matre creata», una ingenuidad que surge con la Ilustración y sacude y castra a muchos de los marxismos existentes, los cientifistas–.

El Begriff /concepto es la palabra con la que traduce el término griego «logos». Como hemos dicho, para los griegos, la lengua, el logos, no era concebido como estudios gramaticales sobre…ni como instrumento mediante el que se elabora el conocimiento del Intellectus. Sino, en primer lugar, era considerado medio a través del cual creamos en comunidad el saber hacer y generamos la praxis con la que producimos la polis, el mundo humano. Aún más, el logos es el medio sin en el que no existe la comunidad, es el creador de la comunidad, inexistente si no es gracias al lenguaje con el que nos comunicamos y la creamos. Como ya se ha dicho, somos, como comunidad: zoon logon ejon. Un ser que no es participe de una comunidad o es una bestia o es un dios, según dice Aristóteles.

En el neoplatonismo, posterior a Aristóteles, el Logos es la denominación de la fuerza creadora, de la praxis creadora de realidad, por antonomasia. Así, Filón de Alejandría, filósofo neoplatónico judío, define a la divinidad como Logos. Y esa es la noción con la que se abre el, a mi juicio, más interesante evangelio, el de San Juan. La traducción del mismo al español es, en este caso, particularmente afortunada. Porque, para destacar que se habla del lenguaje como productor de acción, y salir de las ambigüedades que podrían interpretar el término «lengua» como instrumento de conocimiento, se emplea la palabra «el Verbo». Verbo es la categoría gramatical que expresa acción.

En el libro tres de la Ciencia de la Lógica, al definir el concepto, podemos ver cómo apela Hegel a la noción de logos creador del evangelio de San Juan: el inicio de la frase va destacado mediante texto espaciado, que yo voy a transcribir mediante negritas. Con ello Hegel nos muestra que nos está explicando que el Logos/Begriff es una capacidad humana, ontológica, real, que es capacidad práxica, que carece de predeterminación, en la que no hay ni sustancia fija ni predestinación alguna: es la «Causa libre» de Suárez llevada a su extremo de radicalización:

«[I] Al principio es el concepto [Begriff/Concebir/Logos/Verbo], pues, sólo en sí la verdad, por ser sólo algo interno, así es también, y en el mismo sentido, sólo algo externo (…) el concepto es lo libre que se refiere solamente a sí mismo (…) la objetividad es el concepto real, emergido de su interioridad y que ha pasado al estar [al Dasein existencial] (…) En este acabamiento, en el cual tiene justamente el concepto, en su objetividad, la forma de la libertad, él es el concepto adecuado, la IDEA»18.

«Al principio fue el verbo», verdad y vida. El concepto, es interno en tanto capacidad creadora de praxis y mundo propia, que es propia de la intersubjetividad humana organizada. Es externo también, y así lo define el texto, para que no nos confundamos y desrealicemos esa capacidad considerándola concepto intelectual que elabora una abstracción inexistente mediante la que trata de explicar alguna realidad. Él, el concepto, es capacidad real.

El Begriff/Logos/lenguaje, es, pues, la denominación de la capacidad creadora de la comunidad humana. La capacidad que sólo surge de la comunidad organizada, y, además, capacidad –el lenguaje– que crea esa comunidad. Capacidad comunitaria, pues la creatividad humana y la fuerza creadora que de ella emerge, la Energueia/Ενεργεια, sólo se producen en comunidad, y que Hegel denomina también «Espíritu». Término indistinto, pero más frecuente en la Fenomenología del Espíritu. En el Cristianismo, el Espíritu, sólo «desciende» cuando la comunidad está congregada.

«[el] lenguaje es la existencia, el estar ahí [Dasein] del Espíritu. Él es la autoconsciencia que es para otros, que está inmediatamente dada en cuanto a tal, y que, en cuanto esta consciencia, es universal (…) el lenguaje sólo surge como medio de autoconsciencias autónomas y reconocidas (…) El contenido del lenguaje (…) es el sí mismo que se sabe como esencia. Esto es lo único que enuncia el lenguaje, y este enunciar es la verdadera realidad efectiva [Wirklickeit] de la actividad [Tuns] y la vigencia de la acción [Handlung]»19.

Esta capacidad lingüística, dialógica, productora de mundo y antropología humanas, no está cerrada sobre sí misma. No tiene un modelo de saber hacer concreto, una Idea concreta, «sustancial» a priori, que se vea impelido a poner en obra. Cada Idea, cada totalidad ética elaborada, es una posibilidad no determinada de su hacer, ella misma, creada desde la capacidad práxico lingüística del hacer.

El Begriff/Concebir lingüístico/Logos, es una fuerza potencial, y una Nada concreta intrínseca a sí misma, que debe ser operado, puesto en obra, para que genere saber hacer antropogenético. El ser humano es un ser que es una nada, y por ello, está en permanente devenir. No una «nada abyecta» –un «no somos nada»–, sino una nada autoproductora de sí mismo, que puede serlo todo. Estas ideas de Hegel aparentemente abstrusas muestran, en la incomprensión que generan hoy día, hasta qué punto existe una radical –y autosatisfecha– ignorancia –y desprecio, «desprecia cuanto ignora»– respecto de la traditio aristotélica y escolástica. Aristóteles parte siempre, en sus investigaciones, de la definición del objeto estudiado: el oros/definición, que explica las características o determinaciones de cada ente. Y pasa así, en consecuencia, a definir –oros/definición: límites– las determinaciones del ser humano. Toda definición, que es un conjunto preciso de determinaciones es límite o frontera que se contrapone a otros conjuntos de determinaciones que definen a otros entes: no hay nada mistérico en la frase «Omnia determinatio est negatio». Hegel, sigue esta traditio, la continúa y la objeta o debate con ella. Hegel traduce el termino «determinatio» con la palabra «Bestimmung», que es traducida al español como «determinidad». Y Hegel dialoga y objeta a Aristóteles: ¿Y si hubiera un ser cuya determinidad –Bestimmung– fuera el carecer de determinidades –bestimmungen–: un ser que, ontológicamente, de partida, es una Nada, y tiene que ponerse, autocrearse constantemente para poder Existir?. Historicidad ontológica, radical, del ser humano. A la estela de Francisco de Suárez: el «hombre, causa libre» de sí mismo.

El objeto del filosofar es precisamente, no lo ya acaecido y sus estudios, sino, lo que está en proceso la objetivación del Concepto:

«La filosofía, en cambio, (…) [considera] lo efectivamente real [Wirkliche: de wirken, acción], lo que se pone a sí mismo y vive en sí, la existencia en su concepto (…) el proceso quien se genera sus momentos»20.

Como se desprende de estas diversas citas, el Begriff Concepto o Logos es en primer lugar el poder creador activo que siempre está en capacidad de producir. Es poder práxico real, sustancial, pero libre de toda concreción determinada que lo ate para siempre. Su sustancialidad es el poder Libre, no una determinada manera de hacer perenne, que definiera al ser humano, que sería lo que se había entendido sustancia:

«§ 160 El concepto es lo libre en tanto poder sustancial que-está-siendo para él mismo…»21.

La sustancia humana es el Espíritu o capacidad productora sin proyecto inherente; capacidad productora que es el Logos/Begriff. Por ello mismo, la sustancia es la intersubjetividad comunitaria humana, de la que emerge el Espíritu /Logos/Begriff:https://espai-marx.net/wp-admin/post-new.php#sdfootnote22sym

«La substancia es ella misma, sujeto, todo contenido es su propia reflexión [productora: ratio] dentro de sí…» 22

Como podemos leer, el concebir/Begriff es: 1) poder, o sea capacidad práxica,”) y poder libre, esto es no determinado a hacer esto o aquello, sino energueia sin proyecto predeterminado, 3) y, ahora un participio de presente perifrástico: que está siendo, siempre, en ese su proceso, siempre presente, de estar dándose a sí mismo existencia. Concepto es en primer lugar, noción ontológica, logos que produce praxis, no elucidación intelectual de lo que sea o deje de ser la realidad.

El Concepto con su capacidad generatriz, no determinada, y en devenir, es lo que determina la historicidad ontológica humana, o sea, el tiempo humano, a no confundir con el tiempo físico, sea éste otro lo que sea. Es la experiencia de cambio lo que nos genera la sensación de paso del tiempo. Pero el cambio lo produce nuestra capacidad intersubjetiva de hacer, que es el Concepto Begriff: «el tiempo es [no otra cosa que] el concepto mismo que está ahí [Dasein, en cada uno de sus existires concretos u objetivaciones-Idea]»23.

Ahora sí creo que he logrado aproximar el carácter praxeológico de la noción de Concepto/Logos/Begriff, como denominación de la fuerza práxica creadora de mundo, creada, ella misma, en intersubjetividad por la comunidad humana, mediante el lenguaje.

Para concluir.

La tradición bimilenaria clásica, reproducida desde Irán en el siglo IX y X, y desde la Escolástica, que recibe ese legado, había elaborado una concepción del ser humano como ser comunitario praxeológico cuya capacidad de acción era interna a los mundos comunitarios. Y había elaborado un filosofar como pensamiento auto reflexivo de la comunidad sobre sí misma. Filosofar orgánico de la experiencia generada por la consciencia interna de la comunidad.

La Ilustración, cuya implacable crítica se encuentra en el capítulo VI de la Fenomenología del Espíritu, de Hegel, por el contrario, es el movimiento intelectual que arrasa con toda la tradición filosófica anterior, muy particularmente con la Praxeología, que desaparece por entero del pensamiento político ilustrado24. Rechaza la vinculación o relación del sujeto como productor y producto del hacer comunitario, lo convierte en sujeto que tan sólo puede relacionarse con el mundo «exteriormente», desde una consciencia pretendidamente innata –la «consciencia exterior» es, precisamente, consciencia autointerpretada desde la filosofía antropológica innatista, dotada de teoría…– , consciencia que no se reconoce producto del mundo en el que se encuentra. Sólo puede intervenir en el mismo, también exteriormente, y mediante tecnologías ingenieriles, basadas en el estudio de ese producto de la praxis humana que es la sociedad como si fuera un objeto, una mina, una montaña, un geosinclinal, y no un producto práxico generado por la voluntad comunitaria. Teoría y, por tanto, elaboración de elites, desde el saber teórico, no desde la coparticipación en la creación de actividad y reflexión en común, para ordenar un mundo en la que ellas, las elites, sean las que mandan.

En la medida en que la izquierda se deja imbuir por este pensamiento –la izquierda se origina en la Revolución Francesa y es el ala iusnaturalista de la misma–, ésta pasa a caer en el mito de que toda revolución es consecuencia de la propagación militante de pensamiento científico –y/o de leyes evolutivas, positivistas, de una sociedad que es naturalizada– y que no hay proceso revolucionario correcto si éste no se atiene a lo que el grupo que se declara dotado del verdadero saber científico prescribe como la estrategia recta. Pero esta variante, la cientifista, nada tiene que ver con el otro componente, muy minoritario ciertamente, que se ha ido sosteniendo en el seno de la izquierda, la Filosofía de la Praxis.

Dada la situación de fin de época y de mundo en que vivimos, es difícil saber si este final se nos va a llevar, o no, también a nosotros por delante. Si estamos aún a tiempo de abrir una reflexión de fondo, o ya el tiempo es pasado dado que, como en la película de Cecil B. De Mille, Los Inconquistables, los soldados que salvan el fuerte del asedio indio son ya cadáveres que van sentados y amarrados, en carros. O vetustos jubilados. El tiempo lo dirá, a no mucho tardar.

Notas

1 F. Gaffiot, Dictionnaire Latin Français, Hachette Paris, 1934, pág. 574.

2 Giambattista Vico, Sobre la revelación de la antiquísima sabiduría de los itálicos, Ed Anthropós, Rubí, 2002, pp. 133, 134

3 Manuel Sacristán Luzón, «El filosofar de Lenin», en Sobre Marx y marxismo. Panfletos y materiales I, Ed Icaria, Barcelona, 1983, pág, 159, nota 23.

4 Manuel Sacristán inspira esta interpretación de la Filosofía de la «prattica» en sendos textos de Martin Heidegger, autor que él conocía muy bien, Carta sobre el Humanismo, de 1947, e Identidad y diferencia, de 1957. La tesis doctoral de Martin Heidegger versó sobre la filosofía de Duns Escoto.

5 Hay que excluir de la Ilustración a pensadores que pertenece a la tradición iusnaturalista, y que pensaban las alternativas de sociedad, en consecuencia, en términos de creación práxica de eticidades nuevas, autores que, en consecuencia, creían que un estado era una eticidad y que las mores eran lo fundamental: Rousseau, Montesquieu, Mably…Robespierre. Hay que destacar que la Revolución Francesa no -NO- fue producto de ese pensamiento minoritario y aristocrático que es la Ilustración, sino del Iusnaturalismo, que inspira una praxis masiva.

6 Toda esa caterva de «epistemologías deconstructivas» son puro relativismo gnoseológico, superchería; facundia delirante a la que se hubiera apuntado el corrupto charlatán Sobrino de Rameau. Nada que ver con la historicidad ontológica del ser práxico propia de la traditio praxeológica cuyo filosofar declara no ser ni episteme ni epistemología; sino eso precisamente, Filosofar. Por si fuera necesario precisar.

7 El modelo ontogenético de la Estética es el de las filosofías de la existencia: la vida cotidiana. Este modelo heideggeriano ontogenético, excepcional, pone fundamentos micro al gran planteamiento ontológico autogenético elaborado por Hegel: saber de la experiencia de la consciencia: se capilariza cómo se genera la génesis de esa experiencia, y la génesis del sujeto que la sostiene, en la cotidianidad. El modelo filogenético de la Estética de Lukács es el de Hegel: «de lo abstracto a lo concreto», el arte primitivo «sin mundo», o sea, abstracto: cenefas en zigzag de los vasos campaniformes, bisontes aislados…, en cambio,…el arte griego, el arte realista actual…

8 G.W.F Hegel, Fenomenología del Espíritu, Saber de la experiencia de la consciencia, Bilingüe, Ed. Abada, Madrid, 2010 pág. 481

9 Karl Marx y Friedrich Engels, Ideología Alemana, Ed. Grijalbo, Barcelona, 1970, pág. 37. Dado que la definición se libera no sólo del «proyeccionismo» futurista, esto es, del utopismo, sino también del progresismo desarrollista industrialista, en cuanto sea registrada será convertida en otra nueva prueba del ecologismo de Marx. Seguramente.

10 G.W.F Hegel, Principios de Filosofía del Derecho, Op. Cit., pp. 358, 359.

Y También: «§ 540 La garantía de una constitución, la necesidad de que las leyes sean racionales y de que su realización [cumplimiento] esté asegurada, reside en el espíritu del pueblo entero (…) en la organización efectivamente real [Wirkliche], adecuada a aquella conciencia (…) La pregunta de a quién hay que atribuir el poder de hacer una constitución (…) demuestra la superficialidad de un pensamiento que no conoce la interdependencia del espíritu, o sea, la conexión entre la consciencia de sí mismo y la realidad efectiva [Wirklichkeit]. Lo que se llama así, hacer una constitución, no ha sucedido jamás en la historia, por causa de esta inseparabilidad (…) » En: G.W.F Hegel, Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, Ed Alianza, Madrid, 2008, pp. 556, 557.

11Francisco de Suárez, De Legibus, II, Ed. C.S.I.C., Madrid, 1972, pp. 24, 25 . La consuetudo, generada por cada comunidad, es el Derecho de Gentes, «hacia el interior» de cada comunidad. No el creado por consenso intercomunitario.

12 Manuel sacristán Luzón, El orden y el tiempo, Ed Trotta, Madrid 1998. También en sus notas sobre Antonio Gramsci publicadas para diccionarios, de 1958. Etc.

13 Sobre Francesco De Sanctis, cabe destacar: que, en los Quaderni, Gramsci considera el libro manual de historia de la literatura italiana, escrito por De Sanctis, como «el Manual de literatura de la Filosofía de la práctica». De Sanctis era un gran filólogo. La obra señalada es considerada por René Welek, padre de la historia de la crítica literaria, como la más hermosa historia de la literatura escrita nunca sobre ninguna literatura en ninguna otra lengua . El buen gusto y tino intelectual de Gramsci es seguro. Sólo que De Sanctis, que muere el mismo año que Marx, no conocía la obra de Marx. Era un hegeliano neohegeliano italiano.

14 G.W.F Hegel, Principios de Filosofía del Derecho o Derecho Natural y ciencia política, Ed. EDHASA, Barcelona, 1988, pág. 55.

15 G.W.F Hegel, Principios de Filosofía del Derecho o Derecho Natural y ciencia política, Op. Cit. pág. 343

16 Sobre las maneras de explicación de la hominización del hombre, siempre liberadoras respecto de la naturaleza, escribe Hegel: «El hombre es representado de tal manera que [la hominización] haya acontecido como algo no necesario (…) por arrancar el fruto del árbol del conocimiento (…) y fuera expulsado del estado de la consciencia inocente, de la naturaleza que se ofrecía sin trabajarla, del paraíso, del jardín de los animales» . GWF Hegel, Fenomenología del Espíritu, Op. Cit., pág. 877

17 «Estado» es otro nombre para la «eticidad». Recordemos lo ya citado: «§ 257. El Estado es la realidad efectiva de la idea ética, el espíritu ético como voluntad sustancial revelada, clara para sí misma (…). En las costumbres tiene su existencia inmediata y en la autoconsciencia del individuo, en su saber y en su actividad su existencia mediata… » Principios de Filosofía del Derecho, o Derecho natural y ciencia política, Op. Cit., pág. 318

18 G.W.F Hegel, Ciencia de la Lógica. II La Lógica subjetiva. 3 La doctrina del concepto (1816). Ed Abada, Madrid, 2015, pp. 146, 147,

19 G.W.F Hegel, Fenomenología del Espíritu, Bilingüe, Op. Cit., pág. 751. Otra muestra más que permite comprender, a quien no conozca a Hegel, con qué fundamento lo incluimos en la tradición de la Filosofía de la Praxis.

20 G.W.F Hegel, Fenomenología del Espíritu, Op. Cit. pág. 107

21 G.W.F Hegel, Enciclopedia de las Ciencias Filosoficas, Ed. Alianza, 2008, pág. 245

22 G.W.F Hegel, Fenomenología del Espíritu, Op.Cit. pág. 115

23 G.W.F Hegel, Fenomenología del Espíritu, Op. Cit., pág 105.

24 En el capítulo sexto de la Fenomenología, Hegel critica sin contemplaciones, y con sarcasmo, el pensamiento del siglo XVIII, en sus dos versiones, el de la laicidad Ilustrada y el de la Fe –frente a la Religión/religación–. Ambos son consecuencia de esa nueva antropología, muy bien analizada por Hegel, del individuo cartesiano kantiano que no siente ser parte del mundo en que surge y se comporta ante él, con desdén –el «crítico»–, con superioridad moral –Werther, el ama bella que se suicida antes de comprometerse– y, también, «haciendo lo que hacen todos, metiendo mano y robando corruptamente –El sobrino de Rameau–. La fe es «la» otra manera de solipsismo individualista egotista que se caracteriza por estar preocupado por sí y su intimidad interior, estilo película de Dreyer. La antropología innatista, individualista, solipsista, teoreticista, aristocraticista, criticada es «la más dura y la más frágil». Dura por despiadada, desdeñosa e insolidaria frente al mundo en el que vive. Frágil, por el infierno interior de despecho que siente, porque, considerándose ser superior, se siente, sin embargo, rechazada. Decía Pasolini en su Divina mímesis, obra en la que actualiza el infierno de la Divina comedia, de Dante, que en el infierno dantesco de las clases medias, el único castigo es estar.

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