Francisco Fernández Buey (1943-2012) como profesor, como maestro
Salvador López Arnal
Para Pepe Gutiérrez-Alvarez (1946-2026), quien, como Paco, fue también maestro ejemplar y camarada admirado y amado por todos nosotros. ¡Que la tierra te sea leve, querido amigo!
Hace 14 años, en un día como hoy de 2012, nos dejó prematuramente, a los 69 años de edad, el autor de La gran perturbación y Leyendo a Gramsci, uno de los grandes filósofos españoles (y de allende nuestras fronteras) del siglo XX y de la primera década del siglo XXI, un filósofo con contribuciones decisivas en el ámbito de la tradición marxista-comunista y de la filosofía en general.
Fueron muchas las teclas que tocó (marxismo, biografía política y filosófica, historia de las ideas, filosofía e historia de la ciencia, Einstein, Weil, intervenciones políticas, filosofía política y moral, ecosocialismo, crítica literaria,…) el que fuera profesor de la UPF en su extensa obra, con aportaciones esenciales en muchos ámbitos. Recuerdo algunos de sus ensayos imprescindibles (algunos de ellos editados tras su fallecimiento): Lenin y su obra; Ensayos sobre Gramsci; Contribución a la crítica del marxismo cientificista; Marx (sin ismos); La ilusión del método. Ideas para un racionalismo bien temperado; Para la tercera cultura; Discursos para insumisos discretos; La barbarie. De ellos y de los nuestros; Redes que dan libertad. Introducción a los nuevos movimientos sociales; Ni tribunos. Ideas y materiales para un programa eco-socialista (estos dos últimos junto a Jorge Riechmann); Ética y filosofía política; Poliética; Albert Einstein. Ciencia y conciencia; Sobre Manuel Sacristán; Sobre izquierda alternativa y cristianismo emancipador; Sobre Simone Weil; Verde, roja y violeta. Una izquierda para construir ecosocialismo, etc.
Hay que sumar aquí sus prólogos, presentaciones, panfletos, artículos1, editoriales de Materiales y mientras tanto, etc. Se cuentan por cientos y algunos, los dedicados a Ernesto Guevara por ejemplo, merecerían una edición cuidada, como ha sugerido su discípulo Jordi Mir Garcia, en 2017, en el quincuagésimo aniversario del asesinato del revolucionario argentino.
Pero quiero referirme en esta nota a otras aristas del hacer de Francisco Fernández Buey, quien, como todos los grandes filósofos, fue más, mucho más, que su obra escrita y publicada (mucho más extensa la primera que la segunda). Pretendo hablar brevemente a su faceta de profesor y maestro.
No creo que ningún alumno, distante o cercano a sus posiciones ideológicas, de los miles que tuvo a lo largo de los años en las varias universidades en que impartió clases (la Central, Valladolid, Pompeu Fabra, universidades iberoamericanas), tenga la mínima duda de su (¡gigantesca!) altura como profesor («El Buey» le llamaban cariñosamente los estudiantes de sus últimos años; «Paco» sus primeros alumnos). Clases siempre preparadas (nunca fue de vacío o improvisando a partir de su enorme saber); explicación cuidada, detallada y siempre accesible, no pensada solo para los alumnos más brillantes; clases abiertas al debate; tiempo –mucho tiempo, todo el tiempo del mundo– para resolver dudas o conversar afablemente sobre «lo divino y lo humano» (¡Paco fue un polímata muy sólido!); despacho el suyo siempre abierto para el alumnado y sus inquietudes (no solo académicas); la paciencia que siempre le acompañaba, madre de la ciencia y del buen profesor; deslumbrante y seductora voz (¡quién la escuchó, lo sabe!); hermosísimo castellano (partidario también, desde luego, del uso del catalán); apoyo constante a las luchas estudiantiles contrarias a la imposición del neoliberalismo en la universidad; enérgica defensa de la universidad democrática. (Recordemos su libro Por una universidad democrática, que recoge el título del manifiesto de la formación del SDEUB en 1966 redactado por su maestro y amigo Manuel Sacristán y leído por él durante el encuentro).
Han pasado muchos años y conservo fiel memoria, como muchos de ustedes probablemente, de sus magistrales intervenciones poliéticas (¿qué opinará Paco sobre tal o cual tema?, nos solíamos –¡y solemos!– preguntar), de sus informadas explicaciones sobre Gramsci en la Facultad de Económicas de la UB de finales de los setenta o del inolvidable curso de doctorado sobre ética y ciencia en la obra de Sacristán que impartió en el misma facultad en 1993-1994. También de sus clases en la Escuela de Sociología de la Diputación de Barcelona.
Habría que sumar aquí su incansable tarea como conferenciante, no solo para públicos universitarios. El autor de Marx (sin ismos) siempre estuvo a disposición de las solicitudes y sugerencias de personas, colectivos y organizaciones vinculadas a los movimientos populares, al movimiento obrero en particular. A mis 72 años, como es natural, han sido muchos los profesores y conferenciantes escuchados. Ninguno de ellos ha superado su talento y esfuerzo para conectar, enseñar y dialogar con los oyentes, en la línea de lo también conseguido por Manuel Sacristán, José María Valverde o Antoni Domènech por ejemplo.
Pero el que fuera miembro y dirigente del PSUC-PCE y del CANC no fue solo un gran profesor y escritor (y un gran y agudísimo lector: ¡lean, por ejemplo, sus aproximaciones al Chevengur de Platónov o a Copenhague de Michael Frayn!). No hay duda sobre ello. Fue algo más: un maestro, un verdadero maestro, alguien que deja huella profunda, un filósofo de la vida, alguien que amplía, enriquece y en ocasiones rectifica nuestra visión, nuestras miradas sobre el mundo, alguien que nos ayuda en nuestro estar-en-el-mundo, en nuestro saber a qué atenernos y que nos muestra con su acción, con su hacer (y sin imponer nada) senderos de emancipación. Un maestro de los que hablaron Ortega y Sacristán.
Ortega dijo una vez, lo recordó Víctor Sánchez de Zavala a propósito de Sacristán (y Víctor Méndez Baiges más recientemente), que era una impiedad el mero estudiar a los grandes maestros, había que imitar sus virtudes. El autor de La rebelión de las masas pensaría, probablemente, en las virtudes dianoéticas, intelectuales: rigor, estudio, buen análisis, buena argumentación,… En el caso de Paco Fernández Buey hay que sumar también, en primerísimo lugar, las virtudes poliéticas, que en su caso fueron muchas y desde muy joven (y en tiempos de difícil lucha contra el franquismo): arriesgado compromiso ininterrumpido; apuesta y apoyo a las clases trabajadoras, a las personas y colectivos más vulnerables, a los nuevos movimientos críticos; coherencia, la máxima posible, entre el sentir, pensar, decir y hacer; paz, libertad, fraternidad, republicanismo, igualdad, ecomunismo, como finalidades, como ideas esenciales que iluminaron su hacer.
Nos quedan muchas tareas pendientes sobre su él y su obra. Entre ellas, sugiero, un libro de conservaciones, conversaciones amplias, con amigos, compañeros, discípulos, alumnos y familiares, una especie de Acerca de Francisco Fernández Buey. Hay urgencia en ello. El tiempo pasa y todos nos vamos haciendo más viejos. Sería una lástima, una verdadera lástima que personas que tienen mucho qué decir sobre él y su obra no dejaran su testimonio sobre un autor, un filósofo, un profesor, un maestro y un activista imprescindible, de los que ayudaron (y sigue ayudando) a transformar, a mejorar el mundo, a que no siga siendo éste «el mundo grande y terrible» del que nos habló su estudiado Antonio Gramsci2.
Paco Fernández Buey escribió unas palabras sobre el que fuera su maestro, referente y amigo: «En muchos de esos casos el oyente tenía que hacer un esfuerzo para entender o para desprenderse de prejuicios establecidos. En todos, fuera el oyente estudiante de lógica, activista político, maestro de escuela o afiliado al curso de alfabetización en L’Hospitalet [él también dio clases], había entendido o había empezado a entender la explicación. Cosa que sólo consigue un maestro de verdad. Y en ese sentido digo que Manolo Sacristán era un maestro diferente.» Exactamente lo mismo en su caso, también el autor de Para la tercera cultura fue un maestro diferente, excepcional, imprescindible, un maestro al que seguimos admirando y amando.
Les dejó con una de sus últimas intervenciones: la transcripción de la entrevista radiofónica sobre el 15M en el programa «24 horas» de Radio Nacional de 18 de mayo de 2011, en los primeros momentos de aquel movimiento social alternativo que tanta esperanza aportó. Emociona escuchar su voz, su pausado y profundo decir, su amabilidad, su sabiduría:
(He resumido las preguntas realizadas por el presentador del programa y por los propios tertulianos).
Perdone la espera.
No importa, no importa, se estaban diciendo cosas interesantes.
¿Qué futuro le augura usted a esta movilización?
A medida que pasan las horas me voy haciendo la idea de que va a tener continuidad. No cabe duda de que la movilización va creciendo y que lo que empezó siendo, sobre todo, una movilización de jóvenes, está siendo cada vez más una movilización transgeneracional o intergeneracional, tanto por lo que veo de la Plaza de la Puerta del Sol de Madrid como por lo que oigo de la plaza de Cataluña en Barcelona y de otros lugares.
O sea que, probablemente, va a tener más incidencia de lo que uno podía pensar ayer o anteayer.
Pero tal vez el gran pero sea la generalidad de las demandas, la falta de concreción. Pueden quedarse de este modo en vindicaciones demasiado abstractas. ¿Qué deberían hacer para perfilar más sus peticiones, para conseguir cosas concretas?
Eso no lo sé, yo no soy quien para decir a los que se han movilizado cómo tienen que hacer las cosas.
Sí que quería decir en todo caso una cosa. No tiene nada de extraño que un movimiento que empieza sea, sobre todo, un movimiento de protesta y en ese punto creo que sí que tienen muy claro qué es lo que no quieren.
Hay un aspecto de ese manifiesto plural que acabo de ver, son puntos redactados en la madrugado del 18 de mayo en la Puerta del Sol de Madrid, que me parece particularmente interesante. Es este punto 4º, en el que se afirma que el descrédito de la política ha traído consigo un secuestro de las palabras por parte de quienes detentan el poder y que debemos recuperar las palabras, resignificarlas, para que no se nos manipule con el lenguaje y se deje a la ciudadanía indefensa e incapaz de una acción cohesionada.
Esto creo que es la primera vez que lo he oído en mucho tiempo, el dar importancia a la recuperación del sentido de las palabras en el ámbito de la política. A mí personalmente esto me parece más importante que el que se concrete enseguida cuáles son las reivindicaciones, que sería entrar en un plano en el que, tal como lo entiendo, no quieren entrar los que han iniciado estas acciones: plantear la política en los mismos términos en que está planteada la política institucional.
Un movimiento que quiere perdurar en el tiempo, usted que es experto en estos temas, dos preguntas: 1ª. ¿Es imprescindible un líder que represente el movimiento? 2ª. ¿Qué estructura organizativa debería adquirir?
Lo habitual es que un movimiento social nuevo empiece siendo sobre todo asambleario. Esto, el empezar siendo asamblearios, es una constante en todos los movimientos sociales que se presentan como nuevos y alternativos. Si el movimiento tiene continuidad, y parece que va a tenerla, casi con toda seguridad, junto al carácter asambleario del movimiento, irán apareciendo portavoces, delegados, más o menos representativos de los distintos lugares. Eso parece inevitable, la elección de delegados a través de las asambleas o de las concentraciones que se vayan haciendo. Esto es lo que normalmente ha dado continuidad a un movimiento social.
En cambio, creo que no hay que extrañarse en absoluto de la heterogeneidad inicial de este movimiento que ha surgido hace cuatro días porque todos los movimientos sociales nuevos, buenos y alternativos empiezan siendo heterogéneos. Con eso hay que contar.
No se ve la presencia de IU, o del PSOE por supuesto, en el movimiento por no hablar de los sindicatos tras la firma de la reforma de las pensiones. En su opinión, ¿esto va a significar un revulsivo en el mundo de la izquierda o estamos ante un movimiento que se va a esfumar después de las elecciones [Las legislativas de finales de 2011, las que otorgaron mayoría absoluta al PP de Mariano Rajoy]?
A mí me parece que va a ser un revulsivo. Tengo que decir que para mí es una alegría que haya surgido un movimiento así y que lo que me extraña es que no haya aparecido antes porque motivos para que apareciera un movimiento plural como éste, ciudadano, crítico, directamente crítico con el sistema político existente, cabreado con las cosas que se están haciendo, con la forma en que se ha abordado las cosas durante la crisis económica, etc., que no haya surgido antes es lo que verdaderamente me extraña.
Hay una cosa que creo que va a tener, eso es lo que me parece a mí, repercusión en los próximos tiempos. Casi lo voy a decir en broma: hay una contraprueba de la importancia de un movimiento como éste que consiste en escuchar las declaraciones que van haciendo en estas últimas horas los responsables o representantes de partidos políticos, de sindicatos, incluso del Círculo de Economía. Lo que más me llama la atención de esto es que todos los que están siendo criticados por las personas que están presentes en las concentraciones van repitiendo que tienen algo en común con lo que están criticando las gentes.
Esto me parece que ya es un indicio de que va tener repercusión.
¿En qué medida hay un riesgo de fracaso por la manipulación o utilización que puedan hacer de ese movimiento, que de hecho ya están haciendo, las fuerzas políticas instaladas?
Ese riesgo existe siempre. En este movimiento social y en cualquier otro. Ahora bien, precisamente la misma forma radical y al mismo tiempo pacífica, y subrayo lo de pacífica, con que se está planteando la protesta me parece a mí que es una garantía inicial contra la manipulación inmediata por parte de los partidos políticos. Pero insisto en el argumento de antes: es muy raro que exista una coincidencia tan amplia como la que está existiendo en este momento que vaya desde el Círculo de Economía (acabo de oír hace poco a Claudio Boada decir que los banqueros también están de acuerdo con estas reivindicaciones) hasta los sindicatos [Risas de los tertulianos].
Claro, esto es una contraprueba de que, efectivamente, tienen toda la razón y que es un movimiento ciudadano de fondo. Y si es un movimiento ciudadano de fondo, entonces las probabilidades de manipulación o integración disminuyen, como disminuyen si, como veo en las imágenes últimamente, el movimiento va creciendo.
¿Y por qué cree usted que este movimiento, esta iniciativa, ha tardado tanto en irrumpir? ¿Cómo se explica la resignación que ha habido en este país durante estos años de crisis enorme y paro galopante?
Puedo intentarlo, puedo intentar buscar una explicación aunque sé que no es fácil.
Yo pensé, entre 2008 y 2009, que precisamente dadas las características de la crisis financiera, económica, cultural, medioambiental, etc. que se correspondía mucho con lo que estaban diciendo y criticando por otra parte los movimientos sociales, sobre todo el movimiento altermundista o alterglobalización, era como para extrañarse, justamente, de que hubiera esta especie de actitud resignada. Una cierta apatía.
Mi explicación va por el siguiente camino: yo creo que en los últimos tiempos hay una tendencia sociocultural muy amplia al conservadurismo en todo el mundo y que esto ha estado afectando a todas las generaciones de los últimos tiempos. Pero, en segundo lugar, creo que ha afectado mucho el hecho de que una buena parte de la gente crítica, rebelde, y que protestaba en los años anteriores ha puesto durante algún tiempo su esperanza en que la elección de Obama [2008] en EEUU iba a abrir realmente una nueva época.
Esas ilusiones, esas esperanzas, se han ido perdiendo en los últimos tiempos a medida que la forma de abordar la crisis por parte de las capas sociales dominantes se corresponde tanto a los que estaban haciendo antes que casi parece un insulto.
Y finalmente, esto último, lo que está pasando en estos días, aparece como muy revelador. No se puede aguantar más. Es significativo que se emplee tanto la palabra «indignación», que se corresponde con el título del panfleto de Hessel [¡Indignaos!, Indignez-vous! en el original en francés, es el título del libro de Stéphane Hessel, publicado en Francia en 2010]. Es verdad, había motivos para estar indignados y si la indignación no salía a la calle era fundamentalmente por la mezcla del aumento del conservadurismo sociocultural, miedo todavía mayor a lo que pueda pasar, y cierta esperanza o cierta ilusión en que el mundo podía cambiar algo a partir de la elección de Obama en Estados Unidos.
Muchísimas gracias por su intervención en la radio pública.
Muchas gracias a ustedes por llamarme.
Notas
1 Uno de sus primeros artículos, sobre la carta heideggeriana sobre el humanismo, lo publicó en 1964, con apenas 20 años y con la coautoría de Joaquim Sempere. en Nuestra Bandera, la revista teórica del PCE, entonces clandestina.
2 Otra tarea más académica: reedición de La ilusión del método, junto con sus textos y conferencias sobre asuntos de sociología, política y filosofía de la ciencia.