Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Manuel Sacristán Luzón: cursos y escritos de México

Salvador López Arnal

Se acaba de publicar el cuarto volumen de Filosofía y Metodología de las Ciencias Sociales de Manuel Sacristán Luzón (1925-1985). Una nota sobre su contenido.

En carta de 12/11/1981 dirigida al Decano de la Facultad de Económicas de la Universidad de Barcelona (donde Sacristán impartía clases de Metodología de las ciencias sociales), el traductor de El Capital pedía «permiso para asistir al Congreso Mexicano de Filosofía, que se desarrollará en Guanajuato del 7 al 11 de diciembre de 1981, en una de cuyas secciones soy ponente», así como para atender a la invitación de dirigir un seminario de filosofía de la ciencia del 25 de noviembre al 4 de diciembre que le había solicitado la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su ausencia duraría desde el 21 de noviembre hasta 15 de diciembre. Durante ese período las clases y las demás actividades académicas estarían «debidamente atendidas por el profesor Francisco Fernández Buey», amigo del autor y gran discípulo suyo, autor de La ilusión del método.

La comunicación que Manuel Sacristán presentó al Primer Congreso Nacional Mexicano de Filosofía versó «Sobre los problemas presentemente percibidos en la relación entre la sociedad y la naturaleza y sus consecuencias en la filosofía de las ciencias sociales. Un esquema de discusión.» El texto se publicó en 1983, en el número 12 de la revista mexicana Dialéctica con el título «Sociedad, naturaleza y ciencias sociales». Fue incluido posteriormente en el segundo volumen de «Panfletos y Materiales», Papeles de filosofía, pp. 453-467.

(No se ha conseguido documentación de sus intervenciones en el seminario sobre filosofía de la ciencia que codirigió con el profesor Hugo Zemelman. El profesor Zemelman fue entrevistado en 2004 por Xavier Juncosa para los documentales Integral Sacristán, Barcelona: El Viejo Topo, 2006)

Fue seguramente en esos días cuando la directora del Centro de Estudios Básicos en Teoría Social (CEBTS) de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, la doctora M.ª Ángeles Lizón, que posteriormente sería su segunda esposa, sugeriría al traductor de Marx y Quine la posibilidad de impartir dos cursos de posgrado en el año académico de 1982-1983 en el centro que dirigía. Sacristán aceptó la invitación. Pues bien, este cuarto volumen de Filosofía y Metodología de las Ciencias Sociales recoge toda la documentación que nos ha llegado (incluidas grabaciones no completas) de esos dos cursos, más diversos materiales complementarios (escritos, conferencias, entrevistas,..).

Del primer curso de posgrado que impartió, se recoge en el primer capítulo del libro el guion, la transcripción (parcial) de clases y el artículo sobre «Karl Marx como sociólogo de la ciencia» que abría con las siguientes palabras:

Se suele entender por sociología de la ciencia una derivación, más que una parte, de la sociología del conocimiento, que tiene por objeto principal el estudio sociológico de las comunidades de científicos, aunque, por efecto de varias influencias (entre las que se puede incluir, junto con la evidente de la obra de Th. S. Kuhn, la del período de renacimiento marxista de los años sesenta, hasta las especulaciones del estructuralismo marxista), la investigación en este campo está desbordando el marco de la temática con que se constituyó. La disciplina académica que hoy conocemos por sociología de la ciencia se puede considerar constituida hacia la mitad de siglo, principalmente en el medio de la sociología funcionalista. Pero las raíces o el arranque de la sociología de la ciencia en la sociología del conocimiento hacen pensar naturalmente en Marx, que es uno de los autores más antiguos en cuya obra se encuentra una visión de conjunto y tesis generales acerca de la relación entre el conocimiento y la realidad social. Y, efectivamente, la obra de Marx, sobre todo la escrita entre 1857 (Líneas fundamentales para una crítica de la economía política. Borrador) y 1863 (Teorías sobre la plusvalía) ofrece una concepción sistemática de aquella relación, organizada en torno a dos grandes cuestiones: la vinculación ideológica de la ciencia (principalmente de la social) con la realidad y la eficacia de la ciencia (principalmente de la ciencia de la naturaleza) en la producción, la reproducción y el cambio de la base social.

El 2 de abril de 1982 el propio Sacristán elaboró una «Propuesta para su trabajo en el Centro de Estudios Básicos de Teoría Social». En el apartado Investigación, observaba: «Se propone llevar adelante el proyecto de investigación sobre «El pensamiento de Karl Marx en la filosofía y la sociología de la ciencia» que el proponente tiene ya iniciado, con un primer resultado publicado (el artículo «El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia», mientras tanto, n.º 2).» El campo de investigación que se abría inmediatamente después de lo ya publicado se caracterizaba «como estudio de la sociología de la ciencia explícita o implícita en la obra de Karl Marx. Resultados parciales de la investigación pueden obtenerse sucesivamente y disponerse para su publicación en la revista del Centro. El desarrollo del punto anterior es compatible con la participación en los seminarios internos del CEBTS destinados a la promoción del debate teórico, a la formación de docentes jóvenes y a la confección de la revista.»

En el segundo capítulo del libro se incluye el detallado (y extenso) guion del curso que impartió sobre «Inducción y dialéctica». En el apartado docencia de su propuesta, comentaba Manuel Sacristán: «Se propone un seminario para docentes sobre el tema “Inducción y dialéctica”. La intención de este seminario consiste en explorar las características del razonamiento inductivo y del pensamiento dialéctico partiendo de un rasgo lógico-formal y metodológico que ambos comparten: el de ser modos de operación cuya existencia y cuya importancia en el pensamiento científico y en el común están fuera de duda, pero cuyas reglas o, en general, intentos de codificación suelen resultar triviales, cuando no inadmisibles.»

Una reflexión posterior corrobora lo señalado en la nota anterior: «Para cualquiera que observe sin muchos prejuicios, está claro que esa cosa tan ingenua y tan vaga que es la inducción se practica diariamente y también está claro que la aspiración dialéctica característica, la de integrar conocimientos diferentes, la de conseguir totalizaciones y explicaciones internas a los fenómenos, también se practica cotidianamente.»

Las tendencias inductiva y dialéctica eran, desde su punto de vista, dos tendencias mentales muy elementales. «Por eso carece de interés, por regla general, los intentos de formalizar, ya sean los de [John Stuart] Mill en el caso de la inducción, ya sean los de los lógicos dialécticos [López Medina, Lorenzo Peña, Da Costa, Priest,…] en el caso de la dialéctica, pero, al mismo tiempo, son modos de trabajar la mente muy presentes en la vida de cada día y también, como es natural, en la ciencia, aunque sin tener un valor formal ni demostrativo.»

La introducción de este curso de posgrado presentaba el siguiente desarrollo:

1. Danken.

2. Sobre todo por la escasa utilidad directa de la (inevitable) actitud filosófica, siempre distinta de la del científico positivo.

2.1. Y, en el caso de nuestro asunto, con particular diferencia.

2.1.1. Ejemplos son el uso -ocasional o no- de ‘inducción’ por Florestan Fernandes, e incluso por Boudon, al hablar de «crítica de la inducción sociológica».

2.2. Ese uso amplio es justificable, pero no es el que se adoptará aquí.

2.2.1. Aquí se usarán los términos en sentido lógico: lo que se buscará será clarificación lógica de ‘inducción’ y ‘dialéctica’.

2.2.2. Limitado alcance de la reflexión lógica: Hugo de S. Victor.

3. Un curso es una invitación a pensar sobre algún asunto.

3.1. Pero es claro que el que lo propone lleva una idea.

3.2. No quiero ocultar la mía, ya que no se trata de filmar una película de entrega y suspensión.

4. Mi hipótesis se forma sobre el fondo de menosprecio de ambos conceptos en una parte considerable de la filosofía de la ciencia del siglo XX.

4.1. Popper, Einstein, Boudon sobre inducción.

«(…) mientras que la no verdad de p puede demostrarse mediante un razonamiento con una lógica perfectamente definida, es imposible imaginar un razonamiento definido y efectivamente practicable que pueda demostrar la verdad de una proposición empírica. Podemos mostrar que ese razonamiento tendría que ser o indefinido o infinito.» Boudon, Crisis, p. 261.

Pese a todo su polemizar con Popper, eso implica el rechazo de la inducción por criterios popperianos.

4.2. Tantos autores –por ejemplo Bunge- sobre dialéctica.

5. Mi hipótesis es que inducción y dialéctica constituyen, desde el punto de vista de la filosofía de la ciencia, dos zonas de contacto de la ciencia teórica con el conocimiento en la cotidianidad, con la «práctica», con la «realidad». Zonas vagas y en algo contrapuestas, pero importantes o incluso imprescindibles.

6. Y el curso que propongo consiste en estudiar con cierto detalle problemas y textos clásicos.

6.1. Yo, desde el punto de vista de mi hipótesis.

7.1. Organización del curso.

7.2. Comentario de la bibliografía.

En carta de 26 de marzo de 1983 dirigida a su hermana Marisol Sacristán, manifestaba su interés en escribir un «trabajito» sobre inducción que, lamentablemente, no llegó a realizar:

No fue mal el curso, aunque, para una situación en alguna medida turística, trabajé demasiado. Y me temo que lo mismo, o «más pior» como dicen aquí, me va a pasar con el segundo semestre, porque se me acumulan en él las conferencias y cursillitos y viajecitos a otras universidades. Durante el semestre acumulé bastante trabajo, una parte del cual tiene su puntita original, de modo que, si alguna vez tengo calma, quizás aproveche esos materiales para escribir un trabajito sobre inducción. No lo podré hacer por ahora, porque el curso que tengo anunciado para el semestre próximo me lleva a otra cosa distinta, aunque también de análisis lógico. Es un curso sobre el concepto de dialéctica, en el que tengo que manejar conjuntos difusos, lógicas no clásicas, etc., o sea, nada que tenga que ver con inducción. Y como me conozco, y sé que no soy muy capaz de tocar varias teclas a la vez, estoy seguro que no podré seguir pensando en inducción. Pero bueno, siempre será trabajo hecho. De todos modos, me arrepiento de no haber sido un poco más cara dura: podía haber anunciado los dos semestres lo mismo.

En conjunto, proseguía, estaba siendo una experiencia didáctica muy diferente de la barcelonesa.

Como lo que aquí hago es un curso de «maestría» (= postgraduate) y un seminario de reciclaje de docentes, es como si en Barcelona tuviera solo cursillos de doctorado, y no lecciones de licenciatura, que son mucho más rutinarias y de pura transmisión de información básica. Por un lado, pues, resulta más atractivo; pero, por otro, es también más cansado. Y un poco innatural: si va en serio que un seminario o un curso así es de investigación, entonces no es nada sano dar dos a la vez. Con uno bastaría seguro. Lo que pasa es que aquí hay una diferencia enorme entre la norma y la práctica.

En el tercer capítulo se incluyen dos de las conferencias que Sacristán impartió durante su estancia en la UNAM: «La situación del movimiento obrero y de los partidos de izquierda en la Europa occidental» (una transcripción incompleta) y «Sobre política alternativa» (el guion de su intervención). Se sabe que impartió también, desde posiciones críticas, algunas conferencias más sobre la apuesta nuclear mexicana, pero no se ha podido conseguir hasta el momento documentación de ninguna de ellas.

Una breve nota sobre la primera conferencia:

Ignacio Perrotini Hernández, con el que Sacristán mantuvo una profunda relación durante su estancia en México, le solicitó que impartiera una conferencia sobre la relación entre el marxismo y la clase obrera en Europa occidental en los inicios de los años ochenta. El encuentro se celebró una mañana del invierno de 1982-1983, en algún lugar del sur de la ciudad de México, y estuvo orientado fundamentalmente a militantes y activistas de la izquierda revolucionaria mexicana que conocían a Sacristán sobre todo como traductor de Gramsci y Lukács.

El profesor Perrotini grabó la conferencia y facilitó una copia de la primera cinta grabada a Xavier Juncosa durante la estancia en México en 2004 del cineasta e historiador barcelonés, director y coguionista de «Integral Sacristán». También de «Filosofando desde abajo» (Francisco Fernández Buey sobre Sacristán) y «Conversación con Pere Portabella sobre Manuel Sacristán».

La grabación queda interrumpida cuando Sacristán está explicando la singularidad del PC de Portugal.

Sus palabras finales y el coloquio que siguió a la conferencia se grabaron en una segunda cita que no ha podido ser recuperada.

En el capítulo siguiente se incluyen algunos de sus escritos de aquel año: «A propósito del peligro de guerra», «El peligro de una guerra con armas nucleares», «¿Qué Marx se leerá en el siglo XXI?», y el prólogo a la edición catalana del Capital son los textos recogidos.

Sus palabras de cierre del último texto fueron las siguientes:

Pero una visión científica adecuada, ni cientificista ni apologética, tiene que partir de la revisabilidad de todo producto científico empírico. Lukács hizo una vez el experimento mental de preguntarse si quedaría algo del marxismo una vez que todas sus tesis particulares hubieran sido falsadas o vaciadas por la evolución social. Pensó que sí, que quedaría algo, a saber, el estilo de pensamiento muy abarcante y dinámico, histórico, que él llamó «método dialéctico». Admitiendo que esta idea de Lukács es muy convincente, habría que añadirle o precisarle algo: el programa dialéctico de Marx –que engloba economía, sociología y política, para totalizarse en la historia– incluye un núcleo de teoría en sentido estricto que, sin ser todo El Capital, se encuentra en esta obra.

Para Sacristán, el programa mismo era ya entonces inabarcable para un hombre solo, lo que explicaba seguramente muchos de los padecimientos psíquicos y físicos de Marx, y también daba el estilo de época

a una empresa intelectual que hoy consideraríamos propia de un colectivo, y no de un investigador solo. Por eso El Capital quedó en muñón, y por esto es inconsistente todo intento de convertir su letra en texto sagrado. Pero lo que sí parece imperecedero es su mensaje de realismo de la inteligencia: un programa revolucionario tiene que incluir conocimiento, poseer ciencia. Por su propia naturaleza, la ciencia real es caduca. Pero sin ella no puede llegar a ser aquello que no es ciencia. Por esta convicción ha dedicado Marx su vida y ha sacrificado mucho de su felicidad –con el turbio resultado que eso suele arrojar– en la redacción de estas miles de páginas que al final le producían tan escaso entusiasmo que se limitó a sugerir que Engels «hiciera algo» con ellas.

El capítulo 5º incluye las entrevistas concedidas por Sacristán durante aquel curso a las revistas UnomásUno, Dialéctica, Naturaleza y Argumentos (las tres primeras mexicanas) y al diario barcelonés La Vanguardia.

Su extensa conversación con Dialéctica sigue siendo uno de sus textos más interesantes y completos.

De la entrevista con Argumentos, una de sus reflexiones:

Opino que una de las más eficaces ayudas con que cuentan las fuerzas belicistas es la de los que, para no ver el riesgo de desastre en que estamos, se tapan los ojos con construcciones como esa, ignorando alegremente que fueron «fricciones para un nuevo reparto del mundo» las que desencadenaron la guerra de 1870, la primera y la segunda guerras mundiales.

Prescindiendo de las intenciones de los poderosos, la acumulación de armamentos y la especialización de estos desarrollan una dinámica que aumenta ininterrupidamente la probabilidad el desastre. Un filósofo tan cauto y analítico como Sir Karl R. Popper escribió hace ya más de diez años lo que hoy debería ser obvia para todos la posibilidad del desastre: «yo ya lo dije antes de Hiroshima», escribe Popper: «es infinitamente posible que ocurra un desastre local, total o parcial.» Por otra parte, Popper, que cree en la realidad de ese riesgo, cree también en la necesidad y la posibilidad de combatirlo: «no incluyo la guerra atómica entre los desastres que están más allá del campo de acción humana, aunque así lo crea la mayor parte de la gente, porque es tan incontrolable para la mayoría como una acción divina». Me complace traer a colación a un conservador tan redomado como Popper para ejemplificar que para entender las cosas hay que estudiarlas, y que el creerse de izquierdas no da automáticamente comprensión al que no se molesta en estudiarlas.

El sexto capítulo recoge las reflexiones filosóficas de su Cuaderno de notas, las escritas durante su estancia en la UNAM. Tres ejemplos (el número remite a su orden en el conjunto del Cuaderno):

378º. ¿Qué tal un libro sobre -contra- tópicos filosóficos? Mostrar que los sistemas «secamente lógicos» son poemas, buenos o malos, que la filosofía científica es más conmovedora que la otra, que el Tractatus, Pentateuco del positivismo lógico, es hermosísimo, etc.

Pero con moraleja pro common sense.

408º. La conclusión, tan política, del segundo borrador de la carta a V.Z. desemboca en la misma importancia de la política que ya descubrió en la cuestión de las fuerzas productivas. Parece como si los modelos están ya cumplidos, y lo que ahora ocurre de nuevo sea político, pero eso ¿es compatible con el referente del modelo? Parece que la afirmativa exige que el modelo tenga esta indeterminación, al modo como lo maneja Adam Schaff.

Lo que Marx parece decir en el caso de la aldea rusa es que el modelo se cumple en lo esencial -en algún sitio, en Europa- de un modo, y en Rusia se puede llegar al resultado final según otro modelo, gracias al cumplimiento del modelo en Europa. Gran confusión.

421º. La cuestión de la mezcla de valores y hechos en la obra de Marx, al final descubierta por Colletti, tiene que ver con un problema peculiar, en efecto, de las ciencias sociales, a saber: que el producto social está construido según valores. Tan malo como mezclarlas en la investigación con los juicios de hecho es ignorarlos en el objeto, e igual de acrítico.

En el séptimo y último capítulo pueden verse las cartas que a lo largo del curso Sacristán dirigió a sus discípulos y amigos Francisco Fernández Buey y Antoni Domènech, y una carta posterior en la que responde a la profesora Mónica Guitián, a quien conoció durante su estancia en el CEBTS.

De su carta a Antoni Domènech:

El segundo comentario es subjetivo: desde que estoy aquí estoy, como quizá te dije, enterrado en temas de lógica; durante el semestre pasado hice inducción, y este semestre, que ahora empieza, estoy haciendo dialéctica. En un rincón de la estantería tengo libros que tratan de cosas, y no de palabras -desde lengua náhuatl hasta entropía-, pero la verdad es que no tengo tiempo de mirarlos. Las cuestiones lógicas son (al menos para los aficionados) mucho mas peligrosas que la morfina; cuando me dieron morfina en cantidad, a los veintitantos años, no me crearon hábito; en cambio, la lógica crea inmediatamente adicción. Pero, de todos modos, durante todo el año he estado sabiendo que trabajar es lo otro. Tu ponencia me ha devuelto a las cosas reales, y aunque no creo que en lo que queda de semestre pueda dedicarme a ellas, me ha agudizado mucho la esquizofrenia lógico-material.

Cierran el libro una bibliografía esencial de Sacristán y un índice onomástico.

Aparte de las del artículo «Karl Marx como sociólogo de la ciencia», el resto de notas al pie de página son de los editores. Las anotaciones más extensas se han ubicado al final de cada apartado como «Notas complementarias».

Como en los anteriores volúmenes de Filosofía y Metodología de las Ciencias Sociales, Espai Marx ha apoyado muy generosamente la edición del volumen, que ha contado con la desinteresada ayuda de Jaime Ramajo. Jaime, el maquetador de Diéresis, ha hecho un trabajo impecable.

Miguel Candel, Óscar Carpintero, Gabriel Delgado, Gabriel Jover Avellà, Joaquín Miras, Manuel Monleón Pradas, Eduard Rodríguez Farré y Antonio Ruiz han disipado dudas de los editores.

El libro se ha editado en la Plataforma Lulu.com, en el enlace: https://www.lulu.com/shop/manuel-sacrist%C3%A1n-luz%C3%B3n-and-salvador-l%C3%B3pez-arnal-and-jos%C3%A9-sarri%C3%B3n-andaluz/filosof%C3%ADa-y-metodolog%C3%ADa-de-las-ciencias-sociales-iv/paperback/product-v8n8ypd.html?q=Sacrist%C3%A1n+&page=1&pageSize=4.

Se sirve a petición de las personas interesadas.

Se puede echar una ojeada al libro (y descargarlo gratuitamente) en https://espai-marx.net/elsarbres/review/filosofia-y-metodologia-de-las-ciencias-sociales-iv-de-manuel-sacristan/ (con enlace para su adquisición en Lulú).

Si se animan, espero que sí, ¡buena lectura!

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