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Palestina 36: Origen de la resistencia de un pueblo

Antonio Ruiz

Dirección y guión: Annemarie Jacir. Producción: Palestina. Año 2025. Duración: 119 m.

Argumento: 1936. Palestina está al borde de un colapso. La resistencia árabe contra el Mandato británico crece al mismo ritmo que la llegada de refugiados judíos desde Europa. El joven Yusuf se debate entre la vida que conoce y unirse a quienes lo arriesgan todo por la libertad de su pueblo.

Annemarie Jacir es una intelectual, directora y poetisa Doctorada por la Universidad de Artois (Francia), que fue la primera mujer palestina en dirigir un largometraje en 2008 (La sal de este mar). El rodaje de la que hoy comentamos se inició en Palestina en 2020, pero tras la acción de Hamás en 2023 todo el equipo y escenario fílmico se tuvo que trasladar a Jordania e iniciarlo de nuevo. Este cambio de escenario y situación política en Palestina hace que Jacir modifique parte del guion, «… cuando en Palestina se inició el genocidio, todo cambió en nuestras vidas…no sentía que el tono fuera el correcto…desenredé la historia y la hice más directa en el montaje..». Este acontecimiento, posiblemente, en mi opinión, le aporta al relato pluralidad colectiva y más vida a las escenas familiares y bélicas en lugar de describirlo a través del punto de vista de un personaje central.

Lo primero que sorprende es la técnica de fusionar escena reales, documentales, de la época que describe con las del rodaje. Llaman la atención, igualmente, la puesta en escena del medio, las vestimentas, el tren… todo ello se integra y evoluciona a ritmo de las secuencias: evolución de los personajes, niños y mayores. Aparecen, y se muestran, a la vez, debilidades y fortaleza de los personajes ante la progresiva presión que trata de socavar su moral y ética de vida. Todas las escenas hasta casi el final, –en la que aparece un niño con una vieja y simbólica pistola–, tienen una evolución dinámica que consigue del espectador un seguimiento continuado y atento. Cuestión no fácil de conseguir en más de hora y media. Eso es calidad técnica y escénica acompañada de un buen guion y montaje. Las escenas finales, epílogo posterior que narra la continuación de la historia, pasado un tiempo, nos enlaza con lo sufrido y luchado del pueblo palestino desde esas fechas hasta la actualidad.

Desde el punto creativo de la narración, los diez años transcurridos desde el inicio del proyecto a su consumación final, la realidad ocurrida desde 2023 a hoy, que es el tiempo en el que se ejecuta el proyecto fílmico, creo que le ha beneficiado a la autora, indudablemente, junto al hecho de que la directora es palestina y ha vivido la realidad de su pueblo durante cincuenta años. Sin la verdad aportada por dicha realidad, tendríamos un resultado coherente del inicio del proceso imperial sionista, que no es poca cosa, pero hubiera faltado la realidad vivida, que, según la propia directora, le ha hecho de la película un todo más vivo que lo une con la actualidad de la lucha y sufrimiento de su pueblo. Por todo ello, la película causa un gran dolor a quienes no tenemos el corazón alienado.

Aunque esa no era la intencion de la película, que tenía finalidad testimonial, la señora Annemarie Jacir ha realizado una obra importante. No solo coyuntural. Según parece, -esta persona es poco conocida en el mundo fílmico-  su primer corto lo realizó a los 26 años y debe de tener cierta experiencia fílmica previa. Veremos si nos llega, en el futuro, algo de sus nuevos trabajos para ver si se mantiene esa viveza narrativa diciendo cosas con sentido fílmico. Mientras, quedémonos con esta primera impresión: buen guion, buena filmación y dirección, y ese añadido que yo llamo «tempo real» que nos ha proporcionado con la presente película. Esto no es imprescindible pero sí lo que marca a una autora artísticamente.

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