El miedo suma…. 77

Sergio Cararo

Pensiones, precariedad, decisiones de política militar, Tren de Alta Velocidad, privatizaciones, distanciamiento entre representación política y realidad social. La contradicción entre las expectativas y la realidad crece impetuosamente. El gobierno Prodi y los poderes fuertes aceleran el paso pero temen las repercusiones. La normalización del cuadro político pasa a través de la criminalización de las luchas o de los sujetos disonantes. Por eso, se rescata de los armarios la demonización de los movimientos de los años 70, evocando continuamente unos espectros que tendrían todas las posibilidades para materializarse.

 

Sería un error archivar la larga tarde turinesa de locura en el tranquilizador archivo “goliardia” (1) o estudiantada,  y  seguir adelante como si nada hubiese pasado…las primeras crónicas que llegan desde la ciudad hacen pensar en una acción preparada esmeradamente en los días pasados con el concurso político y organizativo de varias siglas de la izquierda más extrema, aquellas que gravitan entorno a los centros sociales y a los pequeños sindicatos de base”.

Esto ha publicado el Corriere della Sera comentando la contestación sucedida en Turín en confrontación con el Ministro de Economía Padoa Schioppa (2)

El artículo del Corriere es sólo el último de una innumerable serie de análisis, comentarios, alarmas, emboscadas mediáticas, rigurosamente bipartidistas, que desde hace meses, se abaten sobre todo episodio de lucha política o social que se coloca en plena autonomía del cuadro político existente (3).

La alarma es considerable y nada superficial. El documento de la revista de los servicios secretos sobre la precariedad y los movimientos contra el precariado (4), indica no solo un análisis atento de los documentos y de el debate sobre un tema de cualquier modo central  en la agenda política, sino que indica, también, los riesgos de la formación de un nuevo sujeto social con una propia autonomía política.

La demonización de los movimientos es una constante

 

En estos decenios, el cuadro político completo –de la derecha a la izquierda radical- han trabajado a fondo para extirpar de la cultura y de las elaboraciones de las nuevas generaciones los movimientos de los años 70. Ha sido un verdadero y propio exorcismo consciente  que teorizando las nuevas formas de la política, los nuevos lenguajes, las nuevas formas de lucha, ha intentado desarmar (en sentido político y cultural) los nuevos movimientos y  acentuar al máximo la separación con las elaboraciones y los modos de los movimientos de los años precedentes. Si se observa bien, no ha sido solo una operación cultural. En el centro de ella ha estado la prisión para millares de personas, el boom de la heroína (hoy prácticamente desaparecida y sustituida por las drogas sintéticas), una cierta capacidad de gestión de las contradicciones sociales a través del gasto público hasta los primeros años 90. Pero esto que parecería un “pequeño mundo antiguo” ha sido hecho añicos en los primeros años Noventa con la aplicación de las terapias de choque de los gobiernos de Maastricht, con la puesta en crisis del viejo sistema político (que se regía sobre la asociación entre Democracia Cristiana, PCI y PSI), y con una modernización liberal que hoy –incluso con el gobierno de centro-izquierda de Prodi- debe concluir el trabajo iniciado en el 1992.

El proceso que ha llevado al gobierno Prodi ha estabilizado los límites dentro de los cuales hoy debería se posible y compatible  el ejercicio del conflicto social y de la oposición política. Cuando Bertinotti traza los confines entre los que están dentro y los que están fuera de la “comunidad política”, recuerda  muy de cerca tanto el lealismo del PCI  hacia las instituciones republicanas, como el hastío por los “grasientos” que en el 77 abrieron y  desarrollaron el conflicto en los tiempos de la normalización (basta pensar en Bolonia).

Este año, el espectro del movimiento del 77 será agitado –a su pesar- por el trigésimo aniversario de algunos hechos políticos relevantes de aquella época: la expulsión de Lama (5) de la universidad de Roma, la puesta a hierro y fuego y los carros armados patrullando por Bolonia, los muchos compañeros y compañeras muertos o heridos en las calles (Lorusso, Giorgiana Masi, Walter Rossi, solo para recordar a algunos).

La actitud con la que la nueva comunidad política afrontará este aniversario será emblemática para comprender la fase que estamos atravesando.

La derecha lo usará como una lanza contra la perdurable amenaza comunista y extremista, y para legitimar, al contrario, a sus propios escuadristas y a sus propios asesinos como victimas del odio rojo. La izquierda radical intentará una historización inocua e instrumental para mantener en el limbo a sus propios jóvenes activistas y contribuir al exorcismo  a través de ritos fundados sobre la total ruptura y discontinuidad.

Los herederos irreconocibles de aquello que fue el PCI y los comentaristas del Partido Democrático (ver La Repubblica), siendo alguno de los más preocupados,  ocuparán el centro del exorcismo recurriendo al binomio cooptación/represión. La cooptación es un instrumento formidable. Asegura visibilidad, un  sueldo, la inserción en la comunidad política, un presente conformista y una vejez tranquila. Para los recalcitrantes existe todavía un sistema represivo experimentado y rodado en los años de la emergencia y hoy perfeccionado sobre la base de una legislación antiterrorista extensa e invasiva hasta los intersticios de la vida social.

El acuerdo y la convergencia bipartidista –así como hace treinta años el compromiso histórico- aseguran manos libres y legitimidad a cualquier forzamiento del estado de derecho.

La gestión de esta página de la historia política estará caracterizada también por el hecho de que hasta final del año pasado estaba Berlusconi en el gobierno, por lo que las manifestaciones un poco más “animadas” de estos años eran metabolizadas también por el centro-izquierda dentro del esfuerzo anti-berlusconiano, hoy que está en el gobierno el centro-izquierda apoyado por dos partidos comunistas, los “disturbios al maniobrero”(6) no gozan de la misma indulgencia, al contrario, son vistos como una ameba a la que extirpar de la vida política.

Aquel movimiento intentó impedir la penosa realidad de hoy

 

Contropiano, también en este caso, intentará aportar su propia contribución a un debate leal sobre el movimiento del 77, sobre sus causas y sobre sus consecuencias.

Estaremos y animaremos este debate con dos preocupaciones de fondo:

a)      Responder a las preguntas y a la curiosidad histórica, política y cultural de las nuevas generaciones, provocadas tanto por la exorcización como por la demonización del 77, intentando evitar nostalgias y residualismo.

b)      Reivindicar los procesos positivos de aquel movimiento y de aquella fase histórica en relación a la situación actual.

La ruptura sucedida con el movimiento del 77 fue rabiosa y violenta porque se era consciente de lo que se ponía en juego. Aquel movimiento quería sustancialmente impedir las cosas que han sucedido en estos años y, en muchos aspectos, ha conseguido retardarlas al menos un decenio. La oleada liberal se ha abatido sobre Italia con retraso respecto a la oleada de los años Ochenta (con gran escarnio de los liberales ayer y de los reformistas hoy) porque en nuestro país existía un vasto movimiento de resistencia social que –a pesar de la represión y la cooptación- por varios años, ha impedido las leyes sobre la flexibilidad del trabajo, sobre la privatización de la seguridad social y los servicios, les centrales nucleares y tantos otros horrores económicos y sociales que, por el contrario, hoy se desarrollan plenamente.

El 77 fue la explosión de las contradicciones entre las expectativas de cambio maduradas con el avance electoral del PCI y la penosa realidad que el sistema político del compromiso histórico ponía a disposición sobre el plano económico, social, político y cultural.

Aquel movimiento tenía conciencia de deber impedir aquello que hoy  es la prioridad de la agenda política del gobierno y de la gestión sustancialmente bipartidista de las elecciones estratégicas.

El distanciamiento entre la actual comunidad política y la penosa realidad social, económica y moral de la que hoy disponemos, crece día a día sobre las decisiones políticas de fondo. Y en esta conciencia hoy se reencuentran cada vez  más frecuentemente  juntos aquellos  que hace treinta años estaban en el PCI  y aquellos que estaban con el movimiento y que incluso fueron golpeados en las calles de Roma, Bolonia o Turín.  Por este motivo los ricos de la comunidad política demuestran  cada vez más frecuentemente su propio miedo del pasado y del presente.

Notas:

(1)   El término goliardo era aplicado en la Edad Media a los estudiantes pícaros y a ciertos clérigos vagabundos.

(2)   Petardi e rettori” en el Corriere della Sera del 18 de enero.

(3)   Citamos a modo de ejemplo los venenosos y preocupantes comentarios de “La Repubblica” sobre la jornada del 6 de noviembre de 2004 con la requisa proletaria en el supermercado Panorama y la primera gran manifestación por el redito social desarrollada por la tarde, las manifestaciones por Palestina, el movimiento por el no al Tren de Alta Velocidad, las manifestaciones del sindicalismo de base, etc

 

(4)   Antagonismo  al ataque del  objetivo precariado”. En “Gnosis” revista del Sisde, octubre 2006

(5)   Luciano Lama era secretario general de la CGIL. El 17 de febrero de 1977 trata de llevar a cabo un mitin en la universidad de Roma que había sido ocupada previamente, los ocupantes le obligan a interrumpirlo y a huir rápidamente de la universidad mientras destruyen la tribuna.

 

(6)   El maniobrero” es el apelativo por el que es conocido el actual primer ministro italiano Romano Prodi 

* Director de Contropiano

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