La vida asociativa en los barrios

Antonio Torrico

DEBILIDAD CRÓNICA Y NECESIDAD DEMOCRATICA

Las Asociaciones de Vecinos, impulsoras del movimiento vecinal, han sido, históricamente, parteras de la vida asociativa en los barrios, jugaron un papel importante en la lucha por mejorar la vida de los ciudadanos, lucharon contra la especulación, por la enseñanza pública, por que hubiera equipamientos culturales y deportivos, por una buena sanidad… Jugaron un papel muy importante, junto al movimiento obrero, en lograr lo que se llamó el salario indirecto, es decir, servicios públicos, que de no existir tendrían que pagarse y por tanto el poder adquisitivo del trabajador disminuiría. A la vez ayudaron enormemente al proceso democrático en España; creando conciencia de su necesidad, practicándola cuando estaba prohibida, luchando por ella y aportando capital humano y experiencia a las diferentes administraciones (principalmente la local).

Pero los barrios populares no han recibido igual que aportaron, la política que se hace hacia ellos (hacia sus ciudadanos), tiene, a mi juicio, muchas deficiencias; incluso cuando hay aportes especiales, como es el caso de la Ley de Barios de la Generalitat de Cataluña. Esta política es en primer lugar de “parcheo” y asistencial, es decir, aborda los problemas en su manifestación, según brotan, pero sin abordar sus causas. En segundo lugar trata los problemas de manera individual, cuando, por el contrario, la inmensa mayoría tienen sus causas y soluciones en el colectivo, es decir en la sociedad. Y por encima de todo, la administración aborda su relación con el ciudadano, desde una perspectiva de consumidor, no como protagonista. En el mejor de los casos, hace las cosas para el pueblo, pero sin él.

Los partidos políticos (principalmente los de izquierdas, que son los que a mí me interesan) y sus militantes han abandonado los barrios. Hay quienes opinan que mejor así, pues para lo que hacen… pero yo creo que es una perdida; éstos aportaron históricamente coherencia y objetivos a largo plazo. Hoy los partidos se relacionan con el territorio teniendo en cuenta solo sus intereses electorales. Creen en una democracia de representación, pero ignoran y desprecian la democracia de participación, sin embargo, ésta es la verdadera democracia, la que realmente nos debería importar.

Pero, de todas las ausencias posibles, la que causa mas dificultades para el impulso asociativo es la del movimiento obrero. Los sindicatos están solo en las grandes empresas, en la administración pública y en las sedes sindicales, que están llenas de funcionarios, no de militantes. Sin embargo, en los barrios viven los trabajadores; todos los trabajadores: los de las grandes empresas y los del resto, que son la mayoría. Viven los jóvenes con grandes dificultades para acceder al mercado del trabajo; viven los parados, los autónomos (que son muchos), los trabajadores de la pequeña y mediana empresa, a los que tampoco suelen atender los sindicatos y viven los trabajadores inmigrantes, muchos trabajando en situaciones muy precarias. Que el movimiento obrero esté presente en el territorio es algo mas profundo que la apertura de una oficina sindical en el barrio, aunque ello seria ahora una cosa importante, se trata de impregnar de los intereses de clase (clase obrera) al asociacionismo, a la cultura, al ocio, a las reivindicaciones… . Así ocurrió históricamente. Cuando el movimiento obrero, además de en las fabricas, actuaba en los barrios, estos tuvieron mucha mas capacidad de organización y de reflejo el propio movimiento obrero salió fortalecido.

Pero, a pesar de esta experiencia, la vida asociativa ha ido decreciendo con los años, fue fuerte en el final del franquismo y en los primeros años de la transición, pero se ha ido debilitando poco a poco. Alguien podría considerar que es lógico, ahora votamos para que los políticos resuelvan las cosas, pero este planteamiento es un espejismo y un engaño. En estos momentos tenemos un asociacionismo muy débil, con escasa participación de los asociados (que a la vez son muy pocos, en comparación con el conjunto de la sociedad) y con juntas directivas que funcionan con un número escaso de personas, sin renovarse durante años y con objetivos limitados y parciales, carentes casi siempre de proyectos globales e integradores. Es evidente que ahora hay más cantidad de asociaciones en los barrios que hace 25 años, pero a veces el conjunto de las mismas no movilizan sino una pequeña parte de lo que lo hacían las AAVV en sus años más fuertes. En este momento hay una gran falta de objetivos comunes y de proyectos generales y unificadores, la dispersión es la reina, cada asociación va al suya.

La dependencia de la subvención es otra gran lacra, las asociaciones ya no se mantienen de sus afiliados o de sus actividades, si no de lo que les dan las administraciones. Hay bastantes casos ,que nacen y viven exclusivamente por y para la subvención. Muchos ayuntamientos promueven esta dinámica dependiente: por un lado es más fácil de domesticar, por otro, un asociacionismo así plantea menos dificultades y exigencias al poder.

Sin embargo, seria injusto por mi parte no reconocer la aportación de las personas que están al frente de las asociaciones actuales, pues en momentos de dispersión y debilidad mantienen vivo el espíritu de la participación y del compromiso social, de estas personas surgen muchas veces iniciativas y propuestas que cuestionan el actual estado de cosas, unas veces triunfan y otras no, pero sin estas personas seria muy difícil plantearse un futuro de cambio para el movimiento vecinal.

Por otro lado, la participación ciudadana en los asuntos públicos, es fundamental por muchas razones, hacerlo en el territorio es aun muy necesario ya que se trata del primer lugar de socialización y vivencia colectiva. Destacaré dos grandes razones:

Primera, democrática. La democracia está cada vez más alejada de pueblo. Habiendo adoptado solo la forma de representación, el ciudadano delega en políticos profesionales que resuelven a su antojo (por decirlo suave), los problemas que le afectan, en cambio éste, no se implican en nada y ve las cosas desde fuera, con una actitud individual e individualista. La democracia aparece castrada de su parte más importante, la participación. Lo grave es que por no haber otras referencias, esta visión es la que identifican la mayoría de personas, como la única democracia posible.

Segunda, para mejorar las condiciones de vida de la gente. Esto no es cuestión solo de las administraciones, a quien más interesa luchar por conseguir mejores condiciones de vida, es con diferencia, a las capas populares de la sociedad. Lograrlo, es una tarea compleja, pero imprescindible para que la solución tenga la mayor eficacia posible. Vemos muchas veces como proyectos que salen de la administración, incluso con grandes dispendios y cargados de buenas intenciones, no tienen la aceptación necesaria y son un fracaso, obviaron lo fundamental, contar con la gente. Por contra cuando los proyectos salen de entre los ciudadanos estos los hacen suyos y los defienden obteniendo así mejores resultados con menores inversiones. Esto es aplicable en todos los ámbitos de la vida publica.

En relación a estos planteamientos, en los barrios norte del distrito de Nou Barris de Barcelona hace unos años, a iniciativa de las AAVV, comenzamos una experiencia de desarrollo comunitario que denominamos Planes Comunitarios. Y aunque en estos momentos hay proyectos que se llaman de igual manera y que nada tienen que ver con ellos, yo seguiré identificando este concepto en relación al contenido con el que trabajamos en este distrito entre los años 1996 a 2004, periodo en el que contamos con la colaboración y el asesoramiento del sociólogo Marco Marchioni, teórico del desarrollo comunitario, impulsor inicial de los primeros Planes Comunitarios en España y asesor en estos momentos, de diversas iniciativas en varias ciudades del país. Los planes tenían como finalidad los dos objetivas antes dichos, mejorar las condiciones de vida y promover la participación y para su desarrollo se planteó la implicación de tres partes que tienen presencia en le territorio: los ciudadanos, la administración y los servicios técnicos que trabajan aquí.

Los planes comunitarios parten de un diagnostico participativo que organizan los promotores, para conocer la realidad social del barrio, para proponer un programa de actuación y para organizar a las personas y grupos interesados en impulsarlo. El diagnostico es muy importante, no es un simple estudio, se trata, de que el conocimiento de la realidad sea un proceso, donde las personas del barrio participan en su elaboración, no solo ha de ser informadas de cual es la realidad, si no que han de ser constructores de dicho conocimiento. Con un diagnostico participativo conseguimos tres cosas complementarias: acercarnos lo más posible a un conocimiento científico de la realidad social, proponer un plan viable y asumible por la gente y detectar las fuerzas, grupos y personas, que han de llevarlo adelante.

El programa que surge de un proceso así no es la suma de las diferentes reivindicaciones, o de diferentes sectores, es un proyecto global que debe tomar a la comunidad en su conjunto, como unidad de intereses. Los diferentes proyectos parciales (que han de existir lógicamente) se enriquecen al vincularse a un proyecto general y encuentran así más capacidad de ser apoyados y defendidos. Estos proyectos parciales dejan de ser individuales (o de grupo más o menos extenso) para ser del conjunto del plan, es decir de la comunidad.

Los Planes Comunitarios aportaron una propuesta novedosa y compleja. Para su desarrollo se dotaron de un equipo de profesionales de lo comunitario. No se trata de técnicos al uso, de tal o cual proyecto, ni de administrativos de las asociaciones y por supuesto tampoco son dirigentes sociales profesionalizados; son técnicos del conjunto del plan, están para facilitar su desarrollo general. Su tarea principal facilitar y ayudar a las asociaciones, y a los ciudadanos que participan en el Plan,. El equipo comunitario pone trabajo profesional para fomentar el”trabajo” voluntario. Ahora bien, es a los ciudadanos que participan en el Plan, a quienes corresponde tener el liderazgo del proceso, los técnicos trabajan bajo su dirección y no la sustituyen.

Hoy, en los barrios populares, hay una realidad muy diferente de la de los años en que surgió el movimiento vecinal, los problemas son distintos, muchos de ellos nuevos, que requieren soluciones nuevas. Un ejemplo claro es la situación creada a partir de la llegada a gran escala de inmigrantes. Para abordar los nuevos retos, hace falta más democracia, más participación y más organización.

Sé, que no es lo que vende ahora, pero sé también, que esto es lo que se necesita.

Antonio Torrico.

MIEMBRO DEL MOVIMIENO VECINAL DE 9BARRIS. BARCELONA.

SOCIO ESPAI MARX

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