Sobre el socialismo realmente inexistente por Fernando Hugo Azcurra

Fernando Hugo Azcurra

I – Socialismo y revolución

Los cambios radicales por el socialismo consisten en destruir un tipo de poder de clase, burgués, despótico e impune, por otro tipo de poder que construya un forma diferente y superior de sociedad en el que la emancipación social y económica para los hacedores de la misma no sea sólo un discurso enunciado pero jamás convertido en realidad, y esto sólo puede hacerse oponiendo otro poder superior e imbatible al esclavismo capitalista vigente. No es como Sartre escribe que  “La revolución no consiste en un poder para instaurar otro, sino en un largo proceso de superación del poder”  (Biemel, Walter; “Sartre”; Salvat;  Barcelona; 1985; p. 173. Fragmento tomado de “Sartre par lui même”, París, 1955 de Francis Jeanson). Es precisamente todo lo contrario a su afirmación: la revolución es precisamente aplastar un anacrónico poder establecido, acérrimo defensor de su statu-quo, que sólo puede lograrlo otro poder opuesto que lo destruya; es la condición para la “superación del poder” vigente y la posibilidad de que se extinga todo poder de clase, y esto es porque sólo el poder es respetado o dicho de otro modo: todo poder sólo respeta el poder que se le contrapone. 

De este modo el cambio revolucionario no es un hecho simple sino que, para tomar el término de Sartre, es un “constituirse” en un poder de fuerza irresistible; es un poder que “se constituye” y afirma como tal; el proceso   revolucionario  “constituye” el nuevo poder de la clase triunfante; es un poder “constituido” que crea lo nuevo al derrocar lo antiguo; de manera que, derrocar a la burguesía, es al mismo tiempo un poder de clase  “reconstituyente” de la humanidad perdida hace milenios cuando aparecieron las formas sociales de división en clases; en el caso burgués particular actual reconstituye lo humano al sepultar la voraz atrocidad salvaje (anti-humana) del capital y de los capitalistas en sus variantes privadas y estatal.  

La  desaparición de la propiedad privada y su conversión en propiedad colectiva; el trabajo asalariado expropiado superado  por el trabajo asociado; la eliminación de las clases por la sola figura del trabajador; exige que el nuevo poder se constituya desde abajo hacia arriba; desde lo individual hacia lo social; desde la opresión hacia la emancipación; desde las inequidades hacia la equidad; desde la división social del trabajo hacia su unidad esencial genérica; diferentes sus miembros por funciones y capacidades no por sometimiento político-económico coactivo hacia otro que ordena y manda pero que es quien se excluye de cumplir con lo que ordena y manda porque es el “poder” del esclavista. 

Luego de más de un siglo de experiencias “socialistas” y de lo que hoy es a ojos vista un inexcusable y difundido “mentís”, se impone la realización de un examen y balance descarnados  para poder estar en condiciones de saber sin excusas ni subterfugios si aún perduran las bondades atribuidas a las gestas de liberación, o son sólo una aspiración lírica que queda como retazo grotesco de la estudiado y demostrado por Marx-Engels-Lenín, desmoronado por una aparente fortaleza inconmovible de la sociedad burguesa y del dominio del capital. 

La historia reciente de muestra que llegados al poder estatal las fuerzas político-sociales portadoras del cambio o construido un nuevo poder de Estado, éste se “autonomiza” y se “impone” al resto de la sociedad incluso ante quienes contribuyeron al acceso al mismo, bajo formas autoritarias, dogmáticas y limitaciones a los derechos individuales de los trabajadores; comenzando entonces el proceso de “cuidar”, “proteger”, “limpiar” y “blindar” lo logrado mediante la elaboración de reglamentaciones, leyes, prohibiciones y discursos frente a los cuales quien no los reconozca y acepte o sencillamente discrepe pretendiendo adoptar otro enfoque o forma nueva de encarar los problemas, es tipificado como enemigo, opositor, infractor, hereje, subversivo, delincuente, loco, etc.? ¿Por qué el nuevo poder autodenominado “socialista”  los ubica sin más como “fuera de la ley”,   ¿por qué sucede esto? ¿Es una ley natural-social la que determina la aparición y transformación de esta situación? ¿Cuál es el fundamento del fenómeno?     Es esto lo que debe ser expuesto con razones analíticas serias  y  lo que sin dudas de especie alguna sucedió en la URSS (y aún sucede) con los autoproclamados “países socialistas” sobrevivientes; China, Viet-Nam, Cuba, Corea del norte. 

 

II – Las condiciones objetivas fundamentales de las sociedades de clase.

 

Es pertinente resumir las condiciones fundamentales que determinan la existencia de las sociedades de clase desde hace miles de años. La primera de ellas atañe a la organización social del trabajo: “Sean cuales fueren las formas sociales de la producción sus factores son siempre los trabajadores y los medios de producción. Pero si están separados unos y otros sólo lo son potencialmente. Para que se produzca, en general, deben combinarse. La forma especial  en la que se lleva a cabo esta combinación distingue las diferentes épocas económicas de la estructura social.” (K. Marx; El Capital; Libro II). La “forma especial” en que se lleva a cabo la combinación de aquellos “factores” es lo que se denomina “modo de producción” que en las sociedades de clase no es otra cosa que el proceso histórico real por el cual se estructura un “modo de explotación” del trabajo de la mayoría de la sociedad en calidad de trabajador por una minoría que no trabaja pero que es dueña de los Mp, del Estado y del Ejército y, por tanto, impone sus fines e intereses como general y legal; crea, establece y defiende el status particular dándole una justificación de carácter “general” para su dominio del conjunto; es la “legitimación” de su práctica y de su discurso  que la población toda la procesa luego como “sentido común” en la actividad  cotidiana de su vida.  

La relación de dominio establecida por las clases propietarias, en rigor, siempre es  presentada y difundida como obedeciendo a razones “superiores” de dos tipos: a) religiosas; Dios construyó así el mundo y pretender desconocerlo es rebelarse contra su mandato y las leyes divinas; b) naturales: es el orden de la naturaleza que debe ser respetado so pena de infringirle una violencia al funcionamiento de la sociedad tal como está constituida, lo que acarreará enormes consecuencias perjudiciales para el “conjunto social”, al Estado en primer lugar y demás instituciones (jurídicas, militares, políticas) 

Ambos tipos constituyen un discurso particular para entronizarlos como “verdad” general probada, inmodificable e irrefutable; el aspecto material objetivo es el de la coacción personal impuesta mediante el aparato represivo-militar como disuasivo central para con la conducta de la población trabajadora dominada, o como sojuzgamiento directo por la fuerza (guerras).  Sin esta “razón” no habría discurso, por más persuasivo que fuera, que pudiera “imponer” y mantener el status conseguido por las clases propietarias. Coacción, violencia, sojuzgamiento y discurso son aspectos de una misma situación de dominio y explotación que componen la base endógena de los conflictos, a veces larvados o a veces manifiestos no como insatisfacción e inquietud sino llanamente como actividad confrontativa del poder vigente. Como se puede apreciar entonces, toda acción de violencia y poder contiene su propia “legitimación” discursiva (argumentación), como  fines “generales” de la sociedad en una etapa histórica o bien de la humanidad toda; ésta (la legitimación) forma parte inescindible de aquella (la acción), sería algo así como la “puesta en acción” de los aparatos políticos, ideológicos y culturales de clase desde el Estado que descansa en el aparato de fuerza militar de dominación como reaseguro fundamental de última instancia. 

La segunda condición es la de los productores. No puede haber producción ni reproducción de la sociedad sin el trabajo colectivo de los individuos que constituyen el grupo social: el trabajo es el fundamento vital de toda sociedad no la propiedad. El trabajo es productivo no la propiedad. Ser propietario no es ninguna actividad productiva a pesar de cuanto afirmen y difundan las clases dominantes en cada etapa o sociedad histórica. 

Tercera condición es la propiedad de los Mp; concentración de éstos en una fracción de individuos como apropiadores que los faculta a subordinar a quienes han sido despojados de ellos y, en primer lugar, la tierra como medio fundamental de subsistencia y producción de los trabajadores. La propiedad de los Mp es de un carácter tan determinante, tan potente, que en las sociedades antiguas unida a la violencia no sólo somete a quienes producen sino que los convierte en Mp vivos o humanos (esclavismo; servilismo). Es el modo de apropiarse del trabajador, de su trabajo y de los resultados del mismo.  Las clases propietarias se asientan en estas condiciones básicas para establecer su dominio, presentarlas y defenderlas, repetimos, como dispuestas por Dios y/o por la naturaleza, elaborando para tal fin la jurisprudencia que juzga, sanciona y condena sin miramiento alguno a quienes se oponen: es la lucha de clases que recorre la historia de la humanidad desde hace milenios.    

Cuarta condición. El Estado como poder de imposición, control e impunidad. No está de más recordar que en todas las sociedades de clase el Estado tiene dos propiedades esenciales (o centrales): a) Propiedad, y b) Fuerza o violencia. De los cuales se deriva su condición y realidad de Poder que legitima el orden de la sociedad y la subordinación de una clase a otra en la organización social del trabajo y la producción.

De modo que podríamos hablar de dos determinaciones en relación con el Estado: a)  jurídico-económica; propiedad de Mp, que subordina y dirige el proceso de producción; b) político-violenta; la fuerza como imposición de voluntad de una parte de la sociedad al todo social. Éstas son dos determinaciones o propiedades fundamentales del Estado “en general”. Ahora bien, tanto una determinación como la otra contienen implícito la situación de “coacción”:   a) coacción directa que es de carácter “extraeconómico” fundada en la fuerza o violencia sobre el trabajador. En las sociedades de carácter esclavista y feudal predomina el Estado con su propiedad de fuerza o sea la imposición violenta. Los esclavos están excluidos de los derechos civiles y políticos y de la posesión de armas. Todos estos “derechos” son exclusivos de la clase “libre” o esclavista. Actúa la coacción directa;  b) coacción indirecta  es de carácter “económico” fundada en la “libertad” personal del trabajador o explotado que queda obligadamente a subordinarse al capital para subvenir a la subsistencia de su familia. Las clases propietarias coaccionan directa o indirectamente a los trabajadores, lo subordinan, lo someten a sus fines e intereses vedándoles el acceso a la propiedad de los Mp de los cuales han sido despojados hace milenios.   

La quinta condición es la conformación de un  Ejército como brazo armado del Estado para ejecutar y mantener, por la violencia, el dominio de las clases propietarias que está “legitimada” por los Códigos y Jurisprudencia del Derecho. Así propiedad – política – leyes – violencia constituyen un todo de sojuzgamiento de las clases propietarias sobre las clases trabajadoras  y el procedimiento minuciosamente construido para presentar su interés particular  como interés general.                

 

III – Las condiciones bajo el capitalismo

 

1) A la forma que adoptan respecto de la clase trabajadora las condiciones objetivas del trabajo en particular los Mp, corresponde la determinación social específica del trabajo de aquella, las que a su vez determinan las condiciones de apropiación de lo producido. Para que los Mp  enfrenten a los trabajadores en tanto que capital ajeno, es necesario que las condiciones objetivas de producción se les hayan “escapado” de sus manos, que hayan tomado la forma de propiedad ajena, o sea que se hayan concentrado en otras manos; así es como esas condiciones de producción se muestran autonomizados como capital y con el poder subyugación. 

La clase trabajadora al perder la propiedad de sus condiciones objetivas de producción ha perdido la capacidad de decidir sobre las mismas y sobre los fines propios por las cuales producir la riqueza social, riqueza que es apropiada y acumulada por clases ajenas que no trabajan pero satisfacen sus intereses privados; es la ley fundamental primigenia de las sociedades de clase. El modo de producción capitalista no sutura la escisión originaria de las sociedades de clase antiguas entre condiciones objetivas y subjetivas de producción, sino que la repite y consolida bajo una nueva forma: es la forma antagónica entre capital y trabajo asalariado. La superación del sistema del capital no sería otra cosa que el reestablecimiento de la unidad originaria de aquellas condiciones, lo cual significa abolir el capital y el trabajo asalariado en simultáneo de lo contrario no puede haber cambio estructural alguno en el modo de producción.  Cuando el dinero se cambia por la fuerza de trabajo como mercancía, por tanto cuando el trabajo es trabajo asalariado, estamos ante un proceso capitalista de producción de mercancías; el capital no existe, no puede existir, sin el trabajo asalariado; donde exista trabajo asalariado habrá capital sea cual fuere la denominación a la que se recurra para definirlo.  La clase propietaria no puede existir sin la clase asalariada, se presuponen y se excluyen al mismo tiempo. 

Esta relación es a su vez de carácter histórico, conformando una estrecha conexión social y productiva de carácter antagónico; intereses y fines de ambas clases son opuestos irreconciliables. El “modo de producción” capitalista es el modo de explotación y de existencia del trabajo asalariado. 

2) La esencia de la producción capitalista descansa, entonces, en el carácter asalariado del trabajo y en la conversión de los Mp en capital constituyendo una determinación social antagónica específica, en la cual el proceso de trabajo se ha transformado en ajeno a los propios productores; en que la riqueza social constantemente creada por su actividad los enfrenta como riqueza ajena, y en que su propia fuerza productiva le es despojada y atribuida al capital, creando pobreza para sí y soportando que su poder social de producción lo enfrente como un poder extraño que lo domina y oprime, como un poder enemigo. La posibilidad de disponer de las condiciones de trabajo por parte de la clase capitalista muestra la apariencia de que es “la” sociedad la que detenta un poder superior sobre los individuos como trabajadores y no la clase capitalista.  

3) Concentración de los Mp como propiedad de una clase (en sociedades de clase antiguas y bajo la burguesía), otra de las condiciones. La producción por el capital se caracteriza básicamente por dos aspectos de importancia notoria: 1º) concentración de los Mp como propiedad privada de un reducido número de capitalistas, lo cual significa, dicho de otro, que tales medios ya han dejado de pertenecerles como propiedad inmediata a los trabajadores individuales y han adquirido de esta manera una potencia de producción social cuyos resultados son apropiados privadamente y no socialmente. 2º) se desprende del punto anterior: organización del trabajo mismo como trabajo social por la división social del trabajo, la combinación de múltiples fuerzas individuales como trabajo cooperativo, bajo la égida del capital, desposesión de propiedad, entonces,  propiedad – concentración – acumulación en los capitalistas, la clase ociosa se enriquece; no-propiedad (despojamiento) – expropiación – pauperización relativa, la clase que trabaja enriquece a otra clase que no trabaja pero ella misma no se enriquece sino que se empobrece.        

4) El poder del Estado como condición, ha sido dicho, es la capacidad de imponer la voluntad e intereses de una clase sobre otra clase por medio de la fuerza y la violencia; fuerza y violencia “institucionalizada”, permanente y legalizada cual si fuera “natural”. La sociedad burguesa es continuadora refinada de este poder de clase de las antiguas sociedades de clase.  Es refinada porque no hay coacción personal (coacción directa), hay coacción económica (coacción indirecta), aun cuando en los pródromos de su historia también el capital apeló a la coacción directa: a) en los inicios (Maquinaria y Gran Industria – Siglos XVIII y XIX) predomina también el carácter de fuerza y violencia del Estado: los trabajadores carecían de  derechos cívicos, políticos y económicos;  posteriormente el conflicto abierto entre capital y trabajo  derivó en: b) Siglo XX y XXI (Fordismo; transnacionalización productiva, etc.) la conquista de derechos económicos: sindicatos, convenios, contratos, etc. Conquista derechos políticos (partidos, instituciones etc.); conquista de derechos cívicos (familia, propiedad personal, etc.); sindicalización laboral.  

La burguesía sobre la base de la coacción indirecta usaba, en los primeros tiempos a) o sea apelaba a los mecanismos de coacción directa: violencia ante huelgas; matones ante esfuerzos de organización sindical; represión ante manifestaciones; encarcelamientos, persecuciones, torturas, etc. Características que aún perduran en mayor o menor medida ya que es una propiedad esencial del funcionamiento del Estado en las sociedades clasistas. Ahora, b) se muestra como cotidiano el predominio de la propiedad del capital como decisivo para la explotación de los trabajadores en su calidad de productores y de consumidores: explotación al producir y explotación al consumir (créditos, deudas de consumo, consumo de despilfarro, etc.) marketing, publicidad, cine, publicaciones, diarios, revistas, espectáculos, turismo, etc. al servicio de la enajenación; al servicio de la rentabilidad del capital. Esto opaca al enemigo y “afloja”, distiende, pero no elimina, la lucha contra él. 

Por supuesto, después de lo dicho, se advierte que el Estado no es un “mero instrumento” de las clases dominantes: ¡es el instrumento por excelencia! en tanto esté en sus manos o bien respondiendo a sus intereses y negocios, ya que cuando esto no sucede y despliega políticas populares, asistencialistas, etc. desata una furiosa ofensiva por los “derroches” y el impacto fiscal deficitario que significa.  Se suele  argumentar que el Estado burgués domina por otros mecanismos no sólo por la violencia. Efectivamente es así. Sin embargo, esta situación no es nueva en la historia de la humanidad: en la etapa esclavista el Estado opresor de los esclavistas se acompañaba de la “religión” y lo mismo sucedió en la etapa feudal en la cual la propia Iglesia Católica Romana se estatuyó como un poder feudal con el Papado como su centro rector poniendo a Dios y a su religión como un factor de “consentimiento” impuesto sosteniendo el temor del castigo divino ante desvíos subversivos y oposiciones.  

Para el caso de la sociedad burguesa actual (etapa del imperialismo financiero), cierto es que el dominio de clase se acompaña de otros factores aleatorios: los que hemos llamado “aparatos ideológicos del Estado”: sistema de educación, instituciones civiles y “culturales”; también de las diversas religiones, como antaño, aunque con una penetración muy menguada en este caso, todos estos medios “construyen” el discurso que “legitima” la exacción de quienes trabajan como algo “natural” e inmodificable. Pero ninguno de estos “acompañantes” podría sustituir y/o cumplir acabadamente su cometido sin los caracteres esenciales de coacción económica y político-militar.  

5) La condición de la violencia militar de clase. ¿En qué consiste la autonomización de la violencia de clase? Es la profesionalización y especialización en la guerra como una rama de la política y de la economía plasmada en la organización militar, en el Ejército, y con más precisión en la constitución de poderosas Fuerzas Armadas con privilegios y prerrogativas especiales. El mantenimiento de FF.AA. y de la guerra como su “oficio”  bajo el capitalismo, es “el” mercado para la invención tecnológica sofisticada de todo tipo de armas, su producción y venta: la paz no es posible por la exacerbación en la rivalidad en los mercados y en los fines expansionistas de monopolios y holdings.    

 

IV – Las condiciones  en el socialismo inexistente

 

En la ex – URSS fue posible advertir sin discusiones de índole alguna que en su sociedad existía una clase trabajadora asalariada despojada de propiedad a excepción de su capacidad laboral, de su Ft. Que los Mp pertenecían a una fracción escindida de la sociedad como poder y propiedad estatal, o sea como capital del Estado, que aunque no existiera la burguesía como dueña del capital y del Estado la estructura fundamental de su economía era la del modo de explotación por el capital, es decir mantenía un modo similar de explotación del trabajo sin burguesía privada, pero con una élite en posesión de los derechos, privilegios y prerrogativas de aquella. El Estado, por tanto, se había autonomizado de la sociedad y se situaba por encima de ella como institución propietaria superior que dirigía, organizaba e imponía actividades y fines sobre la clase productora. Y finalmente toda esta estructura se completaba con la erección de una poderosa Fuerza Armada “profesionalizada y especializada” divorciada de la sociedad y de sus intereses. La URSS construía un capitalismo de Estado pero, al igual que el Papado de Roma y las Sagradas Escrituras, usaba la letra del marxismo como medio de enmascaramiento de la propiedad, el capital, el trabajo asalariado y de la protoburguesía: mostraba todos los caracteres esenciales de las sociedades de clase.   

El Estado propietario era dominado por el Partido Comunista autoproclamado “representación” de  la clase trabajadora, lo cual significaba en los hechos que  la clase no era dueña del  poder del Estado, no era el Estado de todo el pueblo trabajador, se había constituido en un poder autónomo mostrando los rasgos fundamentales propios de las sociedades de clase, o sea,  la capacidad de imponer la voluntad e intereses de una clase propietaria sobre otra clase no propietaria por medio de la fuerza y de la violencia. Era cierto que en la URSS había desaparecido la burguesía como clase dominante, pero se había erigido una nomenklatura propietaria (Partido-Estado) y una nomenklatura poseedora de las empresas que oficiaba de “capitalista en funciones” en los hechos cotidianos de la economía y de la administración enfrentadas a la clase trabajadora que era la clase productiva pero no propietaria ni poseedora. La estructura  de clases permanecía aunque no existiera burguesía pero sí la protoburguesía de la nomenklatura.

Que el Ejército Rojo fuera el Brazo armado del Partido-Estado y no de la población trabajadora rusa (o del “campo socialista”) lo demuestra cabalmente y sin vacilaciones las invasiones, ejecuciones y represiones a la población en rebeldía y sus dirigentes del propio “campo”: Berlín 1953; Hungría 1956; Checoeslovaquia 1968; era el comportamiento de gran potencia del Partido-Estado ante las rebeliones populares desacreditadas como organizadas y financiadas por el Imperio de los EE.UU.     

De lo anterior se desprende con una lógica férrea que, para la instauración de un camino de superación del capital, la conditio sine qua non sea ir a fondo en los siguientes elementos radicales de toda sociedad de clase, por tanto también del capitalismo: i) eliminación de la propiedad privada por la efectiva propiedad social de los medios de producción; ii) abolición del trabajo sometido asalariado (antes fue necesario eliminar el trabajo esclavo y luego el trabajo servil, para dar lugar a otro “tipo” de sociedad de clase) , iii) armamento de todo el pueblo trabajador para sostener y defender la nueva sociedad, que no se opone a la existencia de fuerzas profesionales pero sí les pone a éstas un límite objetivo a su “autonomización” y que se ponga por encima de ella cual herramienta de un Estado, a su vez, separado, por encima y subordinando la población a sus decisiones y arbitrios, siendo esto último algo así como un “establecer límites” al Estado naciente aun cuando se trate de un Estado social naciente. 

Y un punto más que contribuyó a la autonomización del poder-Estado en las “nuevas” sociedades, que no se puede dejar de señalar como de enorme importancia económica e histórica: iv): la transformación de la persistencia ineludible de la escisión entre trabajo manual y de servicios (Dirección, administración y control) adoptando formas que eliminen  a este último considerado como “superior” y de mayor calidad (calificación) respecto del anterior como una rémora de la sociedad burguesa, en lugar de ser tomado como una necesaria “prolongación” en otra esfera del proceso total de producción/reproducción, sin el cual no habría trabajo administrativo que lo sustituyera (¿administrar qué si no hubiera o fuera muy primitivo el proceso de producción?). Los servicios de conducción, administración, gestión, etc. no son otra cosa que la necesaria organización general del proceso productivo no su antagónico, ni mejor, ni superior, ni de mayor calificación, etc. que debe emanar de los propios trabajadores “asociados” ¿o ellos mismos serían incapaces de elegir dentro de sus propias filas los individuos más aptos para la realización de tales tareas y subordinados a las directivas y finalidades del colectivo laboral? ¿es acaso “natural” que la población trabajadora sea considerada apta legalmente y políticamente para “elegir” las autoridades políticas del país, la mayoría de cuyos aspirantes le son desconocidos, pero carecerían de capacidad para conocer y elegir a los más aptos dentro del colectivo de trabajo al que concurren diariamente? Tal posición no se puede sostener ni siquiera como ironía o chiste.    

 

V – Conclusiones

 

La obra de Marx, su análisis materialista científico y sus teorías del modo de producción capitalista, nada que ver tiene con lo que en su nombre se proclama y difunde como de su autoría en la construcción de un sistema socialista que jamás creara y sobre el cual no se podrá encontrar respaldo alguno en toda su producción. 

Lo que desde 1917 se ha venido conociendo como “experiencias” de construcción socialista está totalmente desprovisto del fundamento teórico que él expusiera; el socialismo nada que ver tiene con: 

 

1) Mantener y ampliar la escisión entre condiciones objetivas y subjetivas en el proceso de producción/reproducción de la sociedad.

 

2) Mantener y expandir el trabajo asalariado.

 

3) Mantener a la clase trabajadora como no propietaria. 

 

4) La apropiación del excedente por un Partido-Estado propietario estatal. 

 

5) Un Estado como poder autonomizado de la sociedad sobre ella, en particular, sobre la clase trabajadora. 

 

6)  Consolidar la división social del trabajo.

 

7) Un Ejército separado de la sociedad, profesionalizado, y con privilegios estamentales que defender. 

Los factores de “fundamento” como causa de la implosión de la URSS son estructurales: el “modo de producción” y la institución “político-militar” del Ejército como instrumento “profesional” de un Estado propietario. Breve: la persistencia asalariada del trabajo como contracara del no-trabajo de los propietarios estatales; y las FF.AA. “profesionales” como la cabal “mostración” de la población trabajadora “desarmada”, por tanto, sin condición alguna para “defender” supuestamente su “nueva” sociedad. Los medios de producción (Mp) separados, alejados, autonomizados, respecto del trabajador, concentrados en la nomenklatura estatal (PCUS-Estado), y la violencia de clase “autonomizada” y “concentrada” como Ejército en una élite de profesionales constituyeron la verdadera estructura económico-social clasista no socialista.   

Entonces, lo importante para estar en condiciones de comprender lo que fue la URSS, es advertir críticamente la forma económica específica mediante la cual se le extraía el plustrabajo impago al productor directo (trabajador),  que determinaba, finalmente, un tipo de   relación de subordinación al Estado y de dominación de éste, tal como  surgían directamente de la propia relación de producción establecida. Es éste  “el secreto más íntimo, el fundamento oculto de toda la estructura social” creada en Rusia, o sea el “modo de producción” basado en la  extracción de plustrabajo, que era exactamente idéntico al capitalismo,  el que “en virtud de diferentes circunstancias empíricas” presentaba una variedad en su manifestación: capital de Estado, PCUS, burocracia de planeación y de administración, eliminación de propiedad privada, etc.  

Desde este planteo teórico la URSS no fue otra cosa que una “variación” socio-económica “empíricamente comprobable” de la estructura capitalista de explotación del trabajo; capitalismo de Estado en definitiva. De allí que sea inexacto afirmar que la URSS “involucionó” del socialismo al capitalismo, lo que ocurrió fue que se “desplazó” de un tipo de capitalismo (estatal) a otro (privado-monopólico)  

Hubo voces y escritos durante la primera etapa entre 1921 y 1930 que en el PCUS llamaban la atención y hasta se oponían al rumbo que había tomado la política de construcción del socialismo, sobre todo en relación con la NEP, pero fueron acalladas y perseguidas; un solo ejemplo entre tantos lo brinda el dirigente revolucionario Christian Rakovsky quien  “… vio que las conquistas de octubre no permanecerían intactas si se permitiera que se desarrollaran las leyes económicas mediante un plan diferente en el que participaron los propios trabajadores, ya que solo el proletariado podría guiarlo hacia una dirección ventajosa para sí mismo. Por eso advirtió proféticamente que una clase dominante distinta al proletariado estaba cristalizando “ante nuestros ojos”. La fuerza motriz de esta clase singular es la forma singular de propiedad privada, el poder estatal”. (Citado por Raya Dunayeskaya en “La naturaleza de la economía rusa” – diciembre 1946. Tomado de Boletín de la Oposición No. 17–18, 11–12 / 30. Énfasis FHA)

Como se comprueba, la historia de las sociedades de clase se repite: las “fuerzas revolucionarias” que se habían propuesto la destrucción del Estado burgués explotador eliminando la burguesía; al mantener las relaciones asalariadas de producción, transformar los Mp estatales en capital estatal y a la clase trabajadora como no-propietaria; proceder a desarmar al pueblo o a no armarlo nunca porque se “profesionaliza” al erigir “nuevas FF.AA.” separadas y por encima de la clase trabajadora; simultáneamente construir un poder de Estado administrado por el Partido que se funde con aquél (Partido-Estado) también, no como emanación de la fuerza colectiva de la clase sino como un poder nacido de ella, pero que se sitúa por arriba de ella y se separa cada vez más desplegando y asumiendo los fines e intereses cual nuevos “dueños” del aparato así constituido, o sea como “Estado socialista” que permanece, deriva en que tal “construcción” no es expresión de superación de las clases (o tránsito hacia…) sino erección, en los hechos que la historia reciente muestra, de una sociedad proto-burguesa, en la cual domina el capital, el excedente, la explotación, bajo formas de Estado autoritarias porque deben acelerar la acumulación de sus economías atrasadas, en pos de alcanzar a los países burgueses más desarrollados. 

Surge entonces, una nueva modalidad de lucha de oposición entre trabajadores, administradores y no trabajadores representados en el Estado-Partido: no propietarios – poseedores – propietarios. He aquí el fundamento del “autoritarismo”, el dogmatismo, la represión estatal, la delación, las persecuciones y el espionaje, la calificación de “disidente” funcional al enemigo y encarcelamientos ante cualquier voz crítica, los privilegios de la élite gubernamental-militar; etc. Ninguna “mejora” superficial, ningún “aflojamiento” de las restricciones civiles, ningún llamado a la “eficiencia” mediante el “libre” juego del mercado, ninguna supuesta “reforma democrática” de las instituciones, etc. habría modificado el final que se anunciaba. El poder y el Estado seguían siendo en estos Estados “socialistas”, expresión de antagonismos sociales bajo aparentes “nuevas” formas socio-históricas que en rigor ocultaban que lo que estaba en gestación y novedoso era sólo un camino no conocido antes en la sociedad hacia la construcción del capitalismo, pero nunca construcción del socialismo. 

La persistencia del “modo de producción del capital” como estructura en la URSS significó, en definitiva,  que nunca hubo nada que pudiera llamarse socialismo. Al mantener la estructura asalariada, por tanto, la oposición clase asalariada rusa versus Estado-Partido como propietarios por la concentración de los Mp en sus manos, esta situación constituyó (lo constituye aún en China y otros países “socialistas”), una típica escisión entre trabajadores sin propiedad y propietarios de los Mp que no trabajan, al igual que en cualquier sociedad de clases. Si además, permanece el Estado como aparato de violencia organizada de la “nueva” sociedad, se legitima que debía dotársela de una estructura militar “profesionalizada” aislada de la población trabajadora y con la finalidad de cuidar y proteger la “propiedad estatal” vigente presentada y defendida como “propiedad de todo el pueblo” (¿?). 

El pueblo ruso produjo la revolución (de febrero y octubre) con armas en las manos + los soldados sublevados contra la oficialidad zarista, pero en la URSS, desde sus inicios (con Lenín) y bajo el mando de Trotsky se “autonomizó” la institución militar; la situación de injerencia político-diplomática e invasión directa de los Ejércitos de la burguesía impusieron tal decisión: había que oponerle una fuerza de contención que detuviera primero tales fuerzas militares y que las derrotara luego, los trabajadores y campesinos estaba exhaustos luego de lustros de penurias de todo tipo ¡no había que perder tiempo en armar a todo el pueblo! ¿Quiénes trabajarían para sostener la guerra en este caso? Todo esto es irrefutable. Pero no menos irrefutable es que si se mantiene la estructura social de clases, perdura el Estado, si se crea un Ejército profesional separado de las masas, si el poder se concentra en la cúspide del Estado y éste diseña políticas para reconstruir la economía sobre las espaldas de los trabajadores con salarios de subsistencia por años y lustros continuados, si el Partido se convierte en “dueño” efectivo de la sociedad y de la economía con este carácter, y en ningún momento se establece que la finalidad esencial y superadora del trabajo asalariado es para otro tiempo futuro junto con, armar al pueblo, ampliar los derechos civiles y políticos, difundir el trabajo asociado en las empresas del Estado, que el Estado mismo llegue a ser una verdadera representación del pueblo trabajador que se administre por su medio, si esto no está como proyecto, así sea futuro, lo que se está construyendo no es socialismo de ningún tipo y sí, tal como ha quedado comprobado en la realidad, una variante capitalista estatal que luego pugna por transformarse en capitalismo “privado” de carácter general (China se encamina a eso como un bólido, pero es imposible decir cuándo y cómo estallará. Sin embargo ya ha aparecido una muestra que para ilustración es útil: el esclavista y explotador chino Jack Ma, multimillonario “comunista”, se permitió en octubre del 2020 en una intervención pública a manifestar que los reguladores estatales eran demasiado conservadores y los exhortó a ser más innovadores. La respuesta no se hizo esperar, el “comunista-capitalista” chino fue invitado a guardar silencio luego de esa intervención por el todopoderoso Partido-Estado; pero las voces de resistencia ya empiezan, esto no es casualidad ni error) 

La ex-URSS repetimos, en definitiva, fue un capitalismo de Estado, autoritario, represivo de las libertades civiles de la población trabajadora. Y ahora China desarrolla un capitalismo con “características chinas”; Viet-Nam construye un capitalismo “amable”; Cuba se desempeña como un capitalismo estatal asistencialista y bienintencionado que está empezando a recrear condiciones para la “libre iniciativa” de inversores personales y empresariales; Corea del norte es gobernada por una dinastía familiar al estilo feudal. La historia vuelve a repetirse calcada en sus fundamentos. Deng Xiao Ping y el C.C. del Partido Comunista Chino sepultaron a Mao Tse Tung. Deng sin mayores escrúpulos afirmaba que la figura de Mao, su proeza, sus hazañas y sus enseñanzas, debían de ser alabadas y mantenidas, pero en los hechos debían ser dejadas a un lado y poner en práctica los objetivos y procedimientos económicos para desarrollar a China como gran potencia y recuperar su rol en la historia humana, para lo cual el modo social de la inversión de capital y la expansión del mercado privado con control del Estado era el gran desafío; todo bajo la bandera del Marxismo-leninismo-maoísmo y del socialismo como pura propaganda mistificadora(¿?) para el desarrollo más descarado del capitalismo y la expansión de los multimillonarios chinos por tanto expansión de los trabajadores asalariados no su abolición.   

Ha llegado, finalmente, el momento de descargar de las espaldas de Marx y del socialismo a construir esta impostura enajenada y para nada socialista. Partidos de izquierda, movimientos populares anticapitalistas, agrupaciones, organizaciones, asociaciones civiles, movimientos vecinales progresistas, tienen la obligación de desplegar una ofensiva práctica y teórica contras estas perversiones que se han apropiado de la obra de Marx, Engels, Lenín, en nombre de una variante capitalista etiquetada de socialismo. La ex – URSS se adueñó de la figura de Lenín para contrabandear capitalismo en su nombre; lo mismo hace China que en nombre de Mao se ha erigido en gran potencia capitalista; Viet-Nam que utiliza a Ho Chi Min para echar las bases del capitalismo. Reiteramos, todo esto es exactamente igual a lo que hiciera la Iglesia Cristiana de Roma con la figura de Jesús y las Sagradas Escrituras que transformaron en “Sagradas Imposturas”: en su nombre una vez constituida en una Institución oficial con prerrogativas y propiedades el Papado se erigió en una potencia feudal propietaria de tierras, inmuebles, siervos y un Ejército para defender y expandir sus intereses materiales como originados en mandatos divinos.  El poder en estas sociedades se constituye en razón de la   separación entre propiedad y trabajo; división de la sociedad en trabajadores y holgazanes; autonomización del Estado como institución dominante de la sociedad,  y creación de la violencia armada del Ejército para el sostenimiento de  privilegios y castigo de quienes se rebelan ante el statu impuesto. Nada de esto fue superado por los “nuevos capitalismos” mal llamados socialismo. 

En tanto se mantengan las divisiones de clase estas “autonomizaciones” del poder político (Estado) parecieran ser fatales para los procesos emancipatorios si no se los erradica “de entrada” poniendo en ejecución nuevas formas sociales y económicas asociadas con todo lo riesgoso que puedan contener, de lo contrario veremos aún la continuidad de “fracasos tras fracasos” endilgándoselos al “socialismo” y a que Marx se equivocó y otras tonterías por el estilo que serán (lo son) muy bien recibidas por la burguesía y el capital.     

Un ejemplo de incomprensión

Las propuestas reformistas y progresistas para superar la sociedad capitalista no dejan de sorprender por su insistencia en querer hacer creer que el camino anti-capital es la de los “buenos modales democráticos” y procurar establecer catálogos de buenas intenciones a partir de tomar los avances de ambos sistemas (socialista de la URSS y del capitalismo) y dejar atrás sus “debilidades”. Un ejemplo es el expuesto por Paul Cocksott y Allin Cottrel en su nota titulada ¿Qué caminos podría transitar el socialismo del siglo XXI? Para estos autores socialdemócratas el proyecto socialista soviético alcanzó logros reales: i) acabó con la polarización de la sociedad entre ricos y pobres; ii) acabó con la explotación capitalista; iii) terminó con el desempleo; iv) trajo progreso económico para las mujeres; v) ofreció salud pública universal de calidad; vi) estableció educación pública gratis para todos; vii) los trabajadores se beneficiaron de alojamiento y transporte barato, jubilaciones justas, etc. viii) alto crecimiento económico hasta 1970. Las debilidades del modelo fueron: a) fuerza de trabajo sobredimensionada en las empresas; b) escasez de bienes de consumo; c)  innovación técnica en retraso; d) cálculo de costos y precios eran irracionales; e) inexistencia de control democrático en la producción y distribución de bienes. 

La propuesta elaborada por los autores, brevemente dicho, consiste en: i) mantener la propiedad pública sobre la tierra y la industria; ii) planificación estatal de toda la economía; iii) pleno empleo; iv) administración estatal del comercio exterior; v) mantener el mercado para los bienes de consumo; vi) libertad de asociación (sindicalización). Destacan lo que consideran ideas básicas para materializar una transición “adecuada”: 1) la economía debe operar sobre el valor objetivo (basada en el tiempo de trabajo no basada en el dinero); 2) planificación cibernética usando internet para planificar sin aumento de la burocracia; 3) creación de mecanismos de retroalimentación de los consumidores, en tiempo real, para asegurar la satisfacción de sus necesidades; y finalmente 4) establecer una democracia real directa que supere la versión parlamentaria del capitalismo y la versión soviética. 

No se puede dejar de observar que estos autores, como mínimo, son muy “inocentes”; muestran que no tienen la menor idea analítica de lo que es el modo de producción bajo el dominio del capital; en su escrito no hay la menor mención al trabajo asalariado como la forma de explotación por el capital y de que éste existe por aquél; asumir que en la URSS se terminó con la explotación capitalista es un desconocimiento de la estructura creada sobre todo bajo la égida de Stalin. Que en la URSS existía una democracia soviética es en verdad de una ignorancia supina; creer que con una buena y “sana” administración se resolverán las debilidades de ambos modelos y desarrollando sus “virtudes” se alcanzará una especie de socialismo democrático, pacífico, equilibrado, armónico, justo, etc. es de un lirismo utópico que más bien parece una afrenta a la historia y a la realidad de las luchas de los trabajadores de antaño y hogaño; es en verdad una especie de reverdecimiento del utopismo del siglo XIX inglés-francés de cuya impotencia en la transformación de la sociedad burguesa es un claro ejemplo lo que, precisamente, entregan los dos autores británicos.  No es éste el camino que debe transitar el anti-capitalismo.      

Y un punto adicional de extrema importancia en la lucha por el cambio del sistema: la clase asalariada no se desliza hacia el poder político a partir del poderío de su propiedad y de su riqueza como si lo hizo la burguesía con la nobleza y el Papado de Roma. Se entiende esa situación porque al carecer de propiedad de Mp no puede desarrollar su poder y “desalojar” a la burguesía de sus posiciones de privilegios rivalizando con ella; la necesidad de unidad y organización políticas ante esa carencia es vital, he aquí el por qué de movimientos o agrupamientos que se configuren como  partido que unifiquen la actividad rebelde de la clase,  aspire a apoderarse del Estado y cambie las reglas de juego aplastando a la burguesía y sus mecanismos de dominio. Y esto mismo es lo que vuelve de importancia superior el que la clase se “adueñe” de las condiciones objetivas de producción apoderándose de los Mp convirtiéndolos en medios asociados; sin esto no habrá cambio revolucionario alguno ni construcción de nueva sociedad.                                

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