Derivaciones del socialismo inexistente

Fernando Hugo Azcurra

“… la mirada a la que no guían los preconceptos no se deja engañar”

(Marx; El Capital; Siglo XXI Editores; Libro I; 3; p. 934)

A partir del análisis de la estructura socio-económica de lo que fuera la URSS y que los hechos demostraron finalmente como un capitalismo de Estado que pugnaba por sacudirse a éste para pasar a configurarse como un capitalismo privado, sobre lo cual hemos expuesto en varias obras, se deriva la necesidad de una lectura reinterpretativa de algunos episodios históricos y económicos que necesariamente deben ser reubicados para una mejor conceptualización de lo acaecido. Como mínimo hay cuatro hechos merecedores de tal tarea:

1.- La llamada por E. Preobrazhenski “ley de la acumulación originaria socialista”.

2.- Los planteos sobre la relación precios y ley del valor en el “socialismo”.

3.- El debate sobre planificación centralizada socialista versus mercado capitalista.

4.- La agresiva rivalidad EE.UU. – URSS.

Trataremos de mostrar que para el punto 1) Jamás existió en la URSS, ni siquiera en embrión, ninguna acumulación “socialista”; la exposición argumental que expuso P. en su obra La Nueva Economía era la de la acumulación originaria capitalista estatal tal como los hechos posteriores (1989-1991) pusieron en claro. Nada de transición socialista y, mucho menos, de “socialismo realmente existente”. Sí en su obra se encuentran prácticamente la mayoría de los temas-problemas que resurgen en los años 50-60 del siglo pasado, lo cual habla de su penetrante anticipación de lo que sería materia controversial entre economistas, técnicos, ingenieros, y Universidades de la URSS.

Para el punto 2) Que fue una discusión bizantina entre los participantes: la ley del valor experimentaba interferencias y obstáculos a partir de las rígidas decisiones de la planificación centralizada y los cálculos de precios “contables” en una estructura socio-económica que producía mercancías, había trabajo asalariado, el Partido-Estado era el propietario de los Mp, se producía excedente como plusvalor en las empresas públicas, pero que se la definía ideológicamente como “planificación socialista”.

En cuanto al punto 3) La controversia fue completamente estéril. La planificación centralizada e imperativa en la URSS fue un procedimiento político-económico de acumulación estatal del capital: no había ninguna “transición socialista” por lo cual nunca existió ninguna oposición real entre la supuesta planificación socialista y el mercado. Que algunos economistas soviéticos “ortodoxos” se opusieran a modificarla y otros “reformistas” sostuvieran la necesidad de un “socialismo de mercado” era la cruda señal de que lo que se construía no era socialismo sino capitalismo, aunque se lo enarbolara como un camino “apto” para modernizar y consolidar al primero.

Y el punto 4) No fue una rivalidad entre dos sistemas socio-económicos diferentes. Fue una confrontación entre potencias de un mismo modo social de producción pero diferentes en los procesos históricos de la génesis de su poder.

Como militantes comprometidos por el cambio social desde posiciones anti-capitalistas y antiimperialistas, hemos vivido y pensado durante un siglo bajo formas fetichístas, enajenadas, tomándolas como “verdaderas” solo que se las consideraba como “deformadas”, “desviadas”, “burocratizadas”, “degeneradas”, “dogmatizadas”, etc. El materialismo analítico brilló por su completa ausencia sobre tales temas, salvo contadas excepciones siempre silenciadas, descalificadas y calumniadas.

1.- La ley de la acumulación socialista originaria

Es conveniente procurar una adecuada lectura de lo expuesto por Marx sobre el tema de la acumulación capitalista para luego poder establecer comparaciones y sus bondades o debilidades.

1. a. – La acumulación originaria en Marx

La llamada acumulación originaria” (K. Marx; El Capital; Siglo XXI Editores; Libro I; 3; Cap. XXIV; p. 891 y ss.)

El secreto de la acumulación originaria

El dinero y la mercancía no son capital desde un primer momento, como tampoco lo son los medios de producción y de subsistencia. Requieren ser transformados en capital” (Pág. 892)

Transformación del dinero y la mercancía en capital exige: una relación de oposición entre dos clases diferentes de poseedores de mercancías: 1º) propietarios de dinero, de Mp y de Ms (medios de subsistencia); 2º) trabajadores libres, vendedores de su Ft, vendedores de trabajo. Los primeros buscan valorizar la suma de valor que poseen para lo cual “compran” Ft ajena. Los segundos, son trabajadores que carecen de Mp propios pero, además, no son ellos mismos Mp como esclavos o siervos de la gleba, en este sentido son trabajadores “libres”, es la “libertad” para ofrecerse sin coacción personal a las empresas capitalistas; la coacción es económica. Esto da lugar “objetivamente” a una polarización del mercado de mercancías por lo cual constituyen las condiciones fundamentales de la producción capitalista: “La relación del capital presupone la escisión entre los trabajadores y la propiedad sobre las condiciones (materiales FHA) de realización del trabajo. Una vez establecida la producción capitalista, la misma no sólo mantiene esa división sino que la reproduce en escala cada vez mayor. El proceso que crea a la relación del capital, pues, no puede ser otro que el proceso de escisión entre el obrero y la propiedad de sus condiciones de trabajo, proceso que, por una parte, transforma en capital los Mp y de subsistencia sociales, y por otra convierte a los productores directos en asalariados. La llamada acumulación originaria no es, por consiguiente, más que el proceso histórico de escisión entre productor y Mp. Aparece como “originaria” porque configura la prehistoria del capital y del modo de producción correspondiente al mismo”. (Págs. 892-893. Énfasis Marx)

Parágrafo Nº 7 (p. 951) – Tendencia histórica de la acumulación capitalista

¿En qué se resuelve la acumulación originaria del capital, esto es, su génesis histórica?

i) Es una nueva forma histórica de la escisión entre las condiciones subjetivas y las condiciones objetivas del proceso de trabajo característica de las sociedades de clases: el trabajador “libre” es convertido en trabajador asalariado; continúa trabajando para otro que se le contrapone como no-trabajador, se le contrapone como “propietario capitalista” no como propietario de esclavos ni propietario de siervos de la gleba. Se ha producido una transformación en el “modo” de producción y en las relaciones de propiedad.

ii) El proceso histórico-económico de acumulación originaria del capital, es expropiación del productor directo, esto es, de disolución de la propiedad privada fundada en el trabajo propio.

iii) El proceso se inició como la expropiación y desalojo de los productores rurales individuales por medio de la violencia más sanguinaria. (Ver. P. 922)

iv) Formó parte del proceso la confiscación de las propiedades de la Iglesia cristiana; la enajenación fraudulenta de las tierras fiscales, la usurpación de la propiedad feudal y de los clanes todavía existentes en esa remota época originaria en el occidente de Europa.

v) El origen y expansión de la clase capitalista reconoce en su génesis otros procedimientos: la expansión y esclavización colonial, deudas públicas, impuestos saqueadores, políticas proteccionistas, guerras comerciales, estafas, bandolerismo, asesinatos; etc.

vi) En realidad los métodos de acumulación originaria del capital son cualquier cosa menos idílicos, pero sí prestos para fábulas y cuentos para escolares por parte de los asaltantes, saqueadores, delincuentes autoproclamados “empresarios dadores de empleo” y sus abogados vulgares pagados para la difusión de tales mediocres novelas. (Pág. 892). El capital ha venido al mundo “… chorreando sangre y barro por todos los poros, desde la cabeza hasta los pies” (Pág. 950)

1. b.- La llamada por Preobrazhenski “ley de la acumulación originaria socialista”

P. busca comprender las leyes del desarrollo de la nueva economía soviética (p. 16), para lo cual formula la siguiente tesis central: “… el equilibrio económico se establece en la economía soviética sobre la base de la lucha entre dos leyes antagónicas: la ley del valor y la ley de la acumulación socialista originaria” (Nueva Economía; p. 14).

El plafond analítico de tal formulación consiste en que: “Entre nosotros, donde existe la economía estatal centralizada del proletariado y donde la ley del valor es limitada o parcialmente reemplazada por el principio de la planificación, la previsión desempeña un papel absolutamente excepcional en comparación con la economía capitalista” (p.18). Veamos cuales es el punto de partida analítico de P.

Premisas de análisis de P. – La Nueva Economía; Ediciones Ariel; Barcelona; 1970.

i) En Rusia se están construyendo nuevas relaciones de producción de carácter socialista. (Transición socialista: “tipo socialista de nuestra economía estatal” dice P. pág. 15). Para P. incrementar la inversión expandiendo al máximo la reproducción ampliada del capital estatal era la demostración más rotunda de la “acumulación socialista originaria”. (Pág. 83) La sociedad soviética es una “… formación social absolutamente nueva y original” (Pág. 90); es “… la lucha del proletariado organizado en Estado, armado de la economía estatal y sostenido por los campesinos más pobres, contra la economía mundial”. (Pág. 389), por esta razón proponía que se definiera al nuevo sistema social como “sistema socialista-mercantil de transición”. (Pág. 390)

ii) Se ha suprimido la propiedad capitalista de los Mp y han sido entregados al proletariado organizado en Estado. (Propiedad estatal es propiedad “social”)

iii) En el tránsito de una sociedad a otra se despliega una aguda lucha entre dos leyes antagónicas: la ley del valor y la ley de acumulación socialista “originaria”. (Planificación centralizada versus mercado), lo cual significa que se trata de “… dos tipos diferentes de organización del trabajo… una distribución diferente de las fuerzas productivas… dos métodos de regulación…” (Pág. 99). “El período de acumulación socialista previa… es un período de lucha directa de la economía estatal con la economía privada…” (Pág. 169). El sistema que prevalezca “… será el que salga victorioso de esa lucha” (Pág. 391)

iv) El Estado se caracteriza por ser un Estado obrero. “… el Estado es entre nosotros un Estado obrero, la industria una industria estatal y que esta industria estatal está soldada al Estado proletario” (Pág. 348) (Estado de la clase obrera)

v) Ha surgido una etapa en la sociedad rusa en la que rige una ley de acumulación socialista originaria del mismo modo que el capitalismo se desarrolló a partir de una acumulación originaria del capital. Esta ley es aquella “… que permite superar el retraso económico y técnico de la economía estatal con relación al capitalismo avanzado” (Pág. 393). (Acumulación socialista originaria)

En consecuencia para P. en Rusia soviética la propiedad estatal era sinónimo de propiedad social, ésta era igual a planificación centralizada la cual, a su vez, era acumulación originaria y ésta finalmente era socialismo en transición. Todo esto hablaba de que se estaba en presencia de una nueva formación social y económica enfrentada y superadora del capitalismo.

En las propias palabras de P. lo anterior él lo expresa así: “Nosotros oponemos la producción mercantil a la economía socialistas planificada, el mercado a la contabilidad socialista, el valor y el precio a los gastos de trabajo de la producción, la mercancía al producto” (pág. 220). Con énfasis sostenía P. que La economía estatal tiene sus propias leyes de desarrollo y la economía privada posee las suyas” (Pág. 302) A esto P. le añade una llamativa subestimación de la importancia de las cooperativas de producción como una forma del modo de producción del trabajo asociado y verdadera anticipación o camino hacia… la nueva sociedad no capitalista: “La cooperación no puede desempeñar un papel socialista sino en la medida que constituye un eslabón del sistema que evoluciona hacia el socialismo sobre la base de sus propias fuerzas internas. Ese sistema es la economía estatal del proletariado, que se apoya en su desarrollo en el crecimiento de la gran industria socializada” (Pág. 294), o sea sólo tendrá sentido cuando sea un eslabón del… ¡capital estatal! que de socialismo no tenía nada y la historia mostrará no haber sido jamás apoyada, financiada y fomentada como una contrapartida auténtica del capital privado pero también de ese capital estatal mismo.

P. establece una diferenciación entre la acumulación socialista originaria como previa y acumulación socialista de una economía ya formada. “… calificamos de acumulación socialista originaria la acumulación en manos del Estado de recursos materiales sacados principal o simultáneamente de fuentes situadas fuera del complejo de la economía estatal… la acumulación a expensas del área no estatizada, predomina manifiestamente en el curso de este período” (P. 116), y por acumulación socialista “… entendemos la sujeción a los medios de producción en función del plusproducto que se crea en el interior de la economía socialista una vez formada y que no servirá para una distribución suplementaria entre los agentes de la producción socialista y el Estado socialista, sino que es empleado en la reproducción ampliada” (p. 116)

Llamamos ley de la acumulación socialista originaria a la suma de todas las tendencias conscientes y semiespontáneas de la economía estatal que están orientadas hacia la ampliación y fortalecimiento de la organización colectiva del trabajo en la economía soviética…” (Pág. 198)

Para P. “La ley de la acumulación socialista originaria es la ley de la lucha por la existencia de la economía estatal” (Pág. 352); “… precede a la acumulación socialista verdadera y prepara los elementos de esta última”. La acumulación socialista es aquella “… en que el sector socialista de la economía se levantará sobre una nueva base técnica al desarrollar todas las ventajas económicas sobre el capitalismo que le son inherentes” (Pág. 393)

1. c.- Fuentes de la acumulación socialista originaria

Las fuentes de la acumulación “socialista” originaria según P son las siguientes:

a) Apropiación de una parte del plusproducto de las formas económicas presocialistas. ”Durante el período de acumulación socialista originaria, la economía estatal no puede prescindir de la enajenación de una parte del plusproducto del campo y del artesanado y, en fin, de la extracción de la acumulación capitalista en provecho de la acumulación socialista” (Pág. 122) Apoyarse sólo en el plusproducto de la industria no alcanza para enfrentar el desarrollo acelerado de las relaciones socialistas y a las fuerzas hostiles del capitalismo avanzado. “… que la economía socialista pueda desarrollarse sola, sin tocar los recursos de la economía pequeño burguesa y, en particular, de la economía campesina, aparece con toda seguridad como una utopía pqburguesa reaccionaria” (P. 123)

b) Impuesto sobre la ganancia capitalista privada (123) “… es decir, una extracción sistemática sobre la acumulación capitalista”.

c) Préstamos estatales.

d) Emisión monetaria. “… cuando el Estado es simultáneamente el órgano de dirección del país y el dueño de un complejo económico de los más vastos, la emisión sirve directamente de canal para la acumulación socialista. Esta acumulación se opera, ora a expensas de los ingresos de los elementos pequeño-burgueses y capitalistas, ora por la reducción del salario de los obreros y empleados del Estado” (Pág. 125)

e) Plustrabajo obrero. “… acumulación de capital por vías económicas. Hay que distinguir aquí la acumulación realizada en la producción misma, a expensas del plusvalor del proletariado ocupado en las empresas…” (Pág. 126)

f) Salarios bajos. “Abordemos ahora el problema de la acumulación sobre la base de la economía estatal. La fuente de esta acumulación es la misma que bajo el capitalismo, es decir, el trabajo de la clase obrera, cuyo salario debe ser más bajo que el valor global de los productos creados por esa clase obrera” (Pág. 158)

g) Regulación de los salarios. La ley de la acumulación socialista originaria regula y limita el nivel de los salarios de la economía estatal en provecho de las relaciones “socialistas” de reproducción, específicamente, de la acumulación ampliada de capital. (Pág. 263-264)

A las anteriores P. agrega otras fuentes: h) Intercambio desigual entre países; i) Tarifas ferroviarias; j) Estatización total del sistema bancario; k) Estatización del Comercio Exterior; l) Política de precios; m) Política arancelaria; n) Acumulación sobre la base de la producción.

¿Acumulación “socialista” originaria la de los puntos a) que significó la expropiación de millones de familias campesinas en la Unión Soviética tras la “colectivización” agrícola de Stalin desde 1929; y los d); e); f) y g)? Pero además ¿qué “enajenación del plusproducto de la economía privada” (Pág. 198) podía extraer el Estado “socialista” de esta economía que ya prácticamente no existía al haber sido confiscada la burguesía capitalista?

Lo que estos fragmentos muestran como una evidencia indisputable es que lo que estaba en marcha como “construcción socialista” era exactamente el mismo proceso que ya había recorrido la acumulación capitalista originaria y había demostrado Marx, pero que P. se empeñaba en definirla de aquella forma porque no la hacía el capital privado sino el “Estado proletario” (¡!). He aquí adonde condujeron y conducen las premisas de la exposición de P. Describe claramente un proceso capitalista estatal de acumulación al que denomina increíblemente ¡acumulación “socialista” originaria! No ve la realidad y la etiqueta de lo que no es, lo cual funciona no sólo como un error sino como un obstáculo de conocimiento (epistemológico) que impide avanzar críticamente en el estudio de su estructura real en proceso. Esta interpretación padecía del fetichismo estatal de la planificación.

Pero veamos lo que dice P. en otro pasaje de su obra al respecto con claridad meridiana “… la existencia de la Ft como mercancía supone la existencia del proletariado, separado de los instrumentos de producción, en uno de los polos, y una clase de compradores de Ft que disponga del monopolio del derecho de propiedad sobre los instrumentos de producción en el otro polo. Por consiguiente, la noción de plusvalor supone, no simplemente una relación de explotación, sino una relación de explotación entre empleadores y obreros asalariados”. (Pág. 248).

Otra prueba sin discusión de lo expuesto por P. Describe la misma relación que él tenía como objeto de su estudio pero que no alcanzaba a verla cegado por la fórmula propiedad del Estado es propiedad “social” y ésta es planificación centralizada puesto que aquél era definido como “Estado obrero” y, a consecuencia de esto, la planificación centralizada estatal era concebida como la contrapartida al mercado privado capitalista, con lo cual él planteaba la existencia de un conflicto entre dos leyes: la ley del valor y la ley de la acumulación socialista originaria.

La ceguera analítica (obstáculo de conocimiento) era de tal proporciones en P. que escribía: “… nuestro sistema económico se ha alejado del capitalismo en el campo de la realidad (¿?). (Pág. 97. Énfasis P.), la “realidad” era lo opuesto: con dificultades y obstáculos de todo tipo, lo que se estaba construyendo en Rusia era un “nuevo tipo” de capitalismo, capitalismo estatal, centralmente planificado, sin propietarios burgueses privados, pero con trabajadores asalariados y un Partido-Estado como propietario. La inmensa mayoría de los dirigentes, funcionarios, economistas e intelectuales pensaban, creían y escribían sobre un socialismo absolutamente inexistente ni tampoco siquiera en proceso de “construcción” en la “realidad”. En lugar de ir analíticamente desde la manifestación inmediata aparente (externa, fenoménica) hacia el fundamento real (interno), o sea captar el movimiento real (interno) por oposición a su movimiento aparente (externo, inmediato) de la estructura soviética, partían de aceptar lo que debían explicar; sus explicaciones eran montañas de incongruencias y dislates; sin embargo lo unánime era el dogmatismo “oficial” prescribiendo que “eso” era ¡socialismo! tal como lo sostenía P.

Escribe P. “… hemos progresado no por vía evolutiva, sino a saltos, gracias a la revolución socialista, a la supresión de la propiedad capitalista de los Mp y a la entrega de éstos al proletariado organizado en Estado” (Pág. 254). Como la historia mostró y es hoy evidente e irrefutable ¡nunca los Mp fueron “entregados” al proletariado! Se podrá afirmar que P. dice “organizado en Estado”, pero tampoco el proletariado jamás se organizó en Estado si esto significa que la clase trabajadora rusa estaba al frente del mismo como una prolongación de la propiedad “social” de los Mp. Lo anterior era una completa inadvertencia de que el Partido-Estado actuaba directamente y jurídicamente como “propietario estatal” de los Mp y que tenía como opuesto a la masa desposeída de la clase obrera rusa. P. afirma que “La clase obrera no puede explotarse a sí misma”; correcta en general esta expresión sin embargo no se ajustaba a la realidad rusa y a la supuesta construcción del socialismo; podría decirse que es muy cierto que la clase obrera no puede explotarse a sí misma, pero la fracción dirigencial del Partido que monopolizaba el Estado en condiciones de propiedad de facto de los Mp sí podía explotarla y así sucedió.

Al respecto examinemos el siguiente fragmento de P. en el que se puede localizar la distorsión que padece la lectura de la realidad que trata: “… luchar por la reproducción de relaciones de un tipo dado, , es decir, de tipo socialista, significa luchar, en primer lugar por la extensión de los Mp que pertenecen al Gobierno proletario; en segundo lugar, por la unión de un número cada vez mayor de obreros en torno de esos medios, y en tercer lugar, por la elevación de la productividad del trabajo en todo el sistema” (Págs. 82-83). Si se disecciona lo escrito se encontrará que: i) Mp que “pertenecen al Gobierno proletario”, por tanto, no pertenecen a la clase trabajadora sino a la “representación” de ella como Gobierno etiquetado de “proletario” que es el auténtico “propietario” en tanto Partido-Estado; P. era un hombre de gran talento como para que, en verdad, “creyera” ingenuamente que la clase trabajadora era la que “gobernaba” como una extensión a la administración política desde una estructura, digamos, del modo asociado de producción sin capitalistas privados y también sin trabajadores asalariados; y sin embargo es lo que da a entender; ii) expansión numérica de la clase obrera “en torno de esos medios”, de manera que debía crecer la clase asalariada que no era propietaria de tales Mp; iii) como clase trabajadora asalariada debía “elevar” la productividad del trabajo cual si fuera lo mismo que bajo el sistema del capital.

¿Era esto la lucha por relaciones de tipo “socialista”? trabajadores no-propietarios bajo el comando de propietarios no-trabajadores que se imponen el crecimiento de los asalariados y la inversión del capital estatal en maquinarias y equipo planificación mediante. Esto no tenía nada de socialismo a pesar del énfasis entusiasta y noble de P. Lo que sí está claramente formulado es que había un cambio de relaciones de propiedad (de producción) por la eliminación de la burguesía y la transformación del capital privado en capital estatal, pero nunca un cambio en el modo de explotación del trabajo asalariado; el “modo de producción” no había cambiado. Este es el error fundamental en la percepción y apreciación de P. y de todo el movimiento comunista internacional después, sobre qué era lo que se estaba construyendo en Rusia y que todavía persiste en las obras de la mayoría de los economistas de izquierda, que no logran alcanzar la conciencia crítica sobre la estructura real de la URSS, por lo cual se refieren livianamente al “fracaso del socialismo” cuando no hubo tal sino desplazamiento desde un tipo capitalismo hacia otro tipo.

Veamos con un poco más de detalle el socialismo pregonado por P. Él establece una comparación clara entre el capitalismo y la economía estatal soviética como idéntica a socialismo. Capitalismo privado características: i) el proceso de producción regulado por la ley del valor; ii) finalidad central: producir, obtener y apropiarse de la ganancia; iii) trabajo asalariado (venta de Ft). Economía estatal (Socialismo en expansión): i) el proceso de producción no se rige por el principio de obtención y apropiación de la ganancia; ii) reproducción ampliada cuantitativamente creciente de acumulación del plusproducto en forma material; iii) subordinación del aumento de los salarios a la función de acumulación que mantiene la disparidad entre el nivel de aquellos y el valor de Ft; iv) contradicción dentro de la economía estatal misma entre el consumo individual y la necesaria reproducción ampliada creciente que asegure la consolidación y difusión de las relaciones socialistas de producción. Esta contradicción caracteriza enteramente la ley misma de la acumulación socialista originaria; v) la regulación de la economía por la ley del valor se descarta coercitivamente y es reemplazada por el regulador del sector colectivo en expansión que se expresa en la planificación. (Págs. 100-102). Y como remate de lo anterior se puede leer lo que P. afirma categóricamente en el siguiente fragmento: “Por sociedad socialista entiendo una sociedad en que las clases existen todavía –en todo caso dos clases fundamentales-; la clase de los obreros de la economía estatal, de un lado, y del otro las secciones pequeño burguesas de la población, ya completamente sometidas económicamente a la economía planificada, pero sobreviviendo, no obstante, como clase independiente” (Págs. 400-401). Un socialismo muy curioso sin dudas: las clases existen; la clase asalariada existe; no hay propiedad de los Mp en manos de los trabajadores; el Estado existe separado y por encima de la población trabajadora; la clase pequeño burguesa existe y está sometida a la economía estatal planificada.

P. menciona que en el debate soviético sobre la construcción del socialismo “En una época se consideró entre nosotros como el summun del realismo en asuntos económicos y de valentía comunista tratar nuestra economía como una variedad de economía mercantil, apenas alterada por la existencia de la propiedad estatal sobre la gran industria” (Pág. 188. Énfasis P.). P. no aclara quiénes fueron los economistas que defendían esta línea analítica ni las obras en las que expusieron su pensamiento, pero es indudable que, como la posteridad ha demostrado, esa era la posición que más se acercaba a lo que en realidad era la economía “soviética” en esos tiempos. Pero P. sostenía una opinión contraria a esta interpretación con su idea de una dura lucha entre la ley del valor y la ley de la acumulación socialista originaria.

A partir de lo expuesto no pueden caber dudas de que el carácter fundamental del “socialismo” de la URSS consistía en que el capital estatal de la URSS poseía el modo de producción del capital sin el modo de explotación privado. Esto era lo que confundía a P. y aún confunde a economistas, dirigentes, funcionarios, etc. cuando abordan el mal llamado “socialismo” de la URSS; no pueden advertir que era acumulación capitalista bajo un nuevo tipo histórico. Para P. esto era acumulación “socialista” originaria; la historia nos propinó a todos un rotundo ¡mentís!

2.- Planteos sobre la relación precios y ley del valor bajo la planificación

Para una mayor y mejor comprensión de este punto transcribimos algunos fragmentos del análisis de la mercancía de Marx más conocido como teoría del valor o ley del valor y resumimos la importancia que tiene en su pensamiento.

¿Qué es, en qué consiste la denominada “ley” de valor de las mercancías teorizada por Marx? Es ley social-natural que preside las relaciones de producción e intercambio de las mercancías.

2. a. – El concepto propio del valor

Es el trabajo como sustancia social común a todas las mercancías producidas/ reproducidas; las mercancías consideradas como valores son trabajo social realizado, plasmado, cristalizado, de manera que se puede decir brevemente que: las mercancías tienen valor por ser cristalización de un trabajo específicamente social, general, igual, abstracto, y de este modo constituye el fundamento general sobre el que descansa el sistema económico burgués.

La ley del valor, en las condiciones del capitalismo de libre competencia, es aquella que rige o regula el movimiento de los precios de las mercancías en los mercados de tal manera que cuando disminuye el tiempo social del trabajo requerido para su producción, disminuyen los precios; cuando aumenta, los precios también aumentan, ceteris paribus. “De hecho esta ley se impone como reguladora del proceso de producción capitalista no con relación a mercancías o artículos singulares, sino a los productos globales originados en cada una de las ramas sociales particulares de la producción, autonomizadas en virtud de la división social del trabajo; de modo que no sólo se emplea únicamente el tiempo de trabajo necesario para cada mercancía, sino que sólo se emplea la cantidad proporcional necesaria del tiempo de trabajo social global en los diversos grupos”. (K. Marx; El Capital; Siglo XXI Editores; Libro III; 8; pág. 817). Esta idea analítica Marx vuelve a repetirla en la página 824 del mismo Libro. En el manuscrito de las Teorías sobre el Plusvalor (Libro IV de El Capital) había ya anticipado este aspecto de la ley del valor diciendo que “… el valor de la mercancía de una determinada esfera de producción no se determina por la cantidad de trabajo que ha costado tal o cual mercancía, sino por el que cuesta la mercancía producida en las condiciones medias de la esfera considerada” (FCE; 13; p. 217)

La determinación del valor y de la regulación de la producción global capitalista por el valor como su ley, derivan de: a) la producción del producto como mercancía; y b) de la mercancía como resultado del capital, es decir, mercancía producida por el capital; mercancía “capitalista”. (Libro III; 8; pág. 1116)

2.b. – Características de su vigencia bajo el capitalismo

i) El trabajo de los productores constituye la fuente o causa del valor como expresión de una forma social determinada.

ii) La forma social es la que corresponde a la de productores privados que intercambian las mercancías producidas.

iii) La ley rige los intercambios de la producción mercantil y también la producción capitalista por empresas privadas, en este último caso como “precio de producción”.

iv) La ley rige el proceso de producción/reproducción global de mercancías, no mercancías individuales.

v) La ley rige los intercambios del comercio mundial del capitalismo.

vi) El trabajo asalariado no es determinante en la formación del valor y de la ley del valor.

2.c. – El status de la ley del valor en la obra de Marx.

i) Es el fundamento “racional” del funcionamiento del modo capitalista de producción.

ii) La ley es la comprensión inteligible del movimiento real (interno) del capital por oposición a su movimiento aparente (externo, inmediato)

iii) La ley es el fundamento objetivo natural que rige los precios de producción y los precios de mercado dela economía capitalista.

2. d.- ¿Cómo expone la ley del valor Preobrazhenski?

La ley del valor es la ley del equilibrio espontáneo de la sociedad capitalista-mercantil” (Pág. 201) “… cumple la función de regulador de la economía y corrige todos sus errores” (de los gobiernos capitalistas, de los dirigentes de las empresas capitalistas, de directores, profesores y parlamentos) (Pág. 18)

“… la ley del valor es el regulador espontáneo del proceso de producción en la sociedad mercantil, la acción más completa, la más característica de ese mecanismo de regulación exige el tipo más espontáneo de las relaciones de producción con el mínimo de alteraciones de esa espontaneidad por la intervención de principios organizadores en la producción y los intercambios” (Pág. P. 205. Énfasis P.)

Para P. la persistencia de la ley del valor era la resistencia de la vieja sociedad que se negaba a morir y luchaba por su permanencia obstaculizando el desarrollo pleno de la nueva ley de acumulación socialista; consideraba que a pesar de todo, esta última instancia se desplegaría con fuerza y aplastaría a aquella.

Pero la persistencia de categorías “mercantiles” en la URSS, como se comprobaría a lo larga de las décadas siguientes de los años 20, no era una mera cuestión de prolongación en la nueva sociedad de aspectos de la “vieja” sociedad, la ley del valor por ejemplo; se trataba de categorías mercantiles “capitalistas” no sencillamente “mercantiles” sin más. Producción simple de mercancías: Mercancía – valor – valor de cambio – precio – dinero – mercados – crédito – interés, son categorías con las que el capitalismo se encontró existentes desde siglos atrás y las reformuló de acuerdo con su estructura específica de producción y explotación asalariada del trabajo: producción capitalista de mercancías – valor – valor de cambio – precio – dinero – inversióncapital – mercados – créditos al capital – interés – capital ficticio.

Por supuesto, no se trata de una sencilla modificación “convencional” de categorías sino de un profundo cambio en las relaciones de producción, haciendo necesaria la aclaración de que la historia de las sociedades y civilizaciones no registra que el modo fundamental de producción/reproducción fuera el de la producción “simple” de mercancías, en cambio el proceso de producción de mercancías basado en el trabajo asalariado bajo el dominio del capital sí constituye un “nuevo” modo de producción y explotación del trabajo ajeno. Trabajo asalariado; Mp como capital fijo; inversión de capital, propietarios; créditos; todo esto existía aún en la URSS y confundirlo con que se trataba de categorías mercantiles simples era escabullirles su carácter capitalista. Esta situación fue la base de lo que se conoció por lustros en la URSS como el problema de los precios y la ley del valor, su correspondencia o desvíos y la relación que guardaban con la planificación.

El carácter “expoliatorio” en que se hubo de transformar la ley del valor como fundamento de la apropiación igualitaria de la producción simple en ley de “expropiación” bajo el capitalismo es lo que no se señalaba como aún existente en la URSS por no haber superado el modo de producción del capital, concepción que se asentaba en una apariencia de la circulación simple de mercancías, tal es la razón por la cual se afirmaba que “Como quiera que en la sociedad socialista existe la producción mercantil, la ley del valor actúa. Ahora bien, bajo el socialismo (¿cuál socialismo?), el Estado utiliza esta ley lo mismo que cualquier otra ley económica, conscientemente y de manera planificada con vistas a la edificación del comunismo” (Diccionario de Economía Política; EPU; Montevideo; 1966), de manera que el Estado supuestamente “utilizaba” las leyes económicas cual si fuera una herramienta común de ferretería o un mecano (¿?) para edificar no el comunismo sino el… ¡capitalismo! Sin que lo supieran.

3.- El debate sobre la planificación socialista

La economía política burguesa ha concebido el proceso de acumulación del capital como resultado del esfuerzo personal y del espíritu ahorrativo de la clase burguesa. Para el caso de los países periféricos el concepto de acumulación fue tomado como sinónimo de “industrialización” acelerada mediante decisiones de políticas incentivadoras de las inversiones de capital, sobre todo de capital extranjero, poseedor de las modernas técnicas de producción como un procedimiento para romper lo que llaman el “círculo vicioso” de la pobreza de recursos y de tecnologías en tales países. En cierto sentido esta concepción fue extrapolada por los dirigentes y planificadores soviéticos presentándola como el camino más idóneo y eficaz para la “industrialización socialista”.

Los temas y problemas planteados por el debate entre los economistas soviéticos de los años 20-30 del siglo pasado que emergieron a raíz de la obra de P. volverían a surgir en las décadas del 50 y 60 con más rudeza entre “reformistas” y “ortodoxos” ambos partiendo de aceptar que se estaba en pleno proceso de construcción del socialismo y la aparición de las situaciones nuevas y complejas que esto implicaba como diferenciación del capitalismo occidental. De una manera general y resumida el debate adoptó como lema la cuestión de la “prioridad” de la inversión en las ramas pesadas de la industria, las políticas estatales más aptas para el crecimiento y la implementación de políticas para la industrialización acelerada de la agricultura, siendo consideradas por todos los participantes como la etiqueta de autenticidad de la forma de desarrollo específicamente socialista soviética como diferente de los procesos histórico-económicos seguidos por el capitalismo, desechándose y hasta condenando los argumentos de quienes sostenían un proceso inverso más lento pero supuestamente menos lesivo para la clase trabajadora rusa: 1º) producción de textiles; 2º) producción bienes de consumo, y 3º) inversión en producción pesada en Mp industrial para abastecer la demanda de 2).

¿Cuáles eran los argumentos en la URSS para sostener lo que sus dirigentes políticos y económicos titulaban como “acumulación socialista?

El objetivo de tal proceso era el de incrementar los índices de producción y su perfeccionamiento de modo que se pudiera crear en corto lapso la base material y técnica del comunismo, para esto era necesario: i) las innovaciones técnicas; ii) la elevación creciente de la productividad del trabajo; iii) proceder a regímenes de economías (disminución de costos de producción); iv) el incremento de la rentabilidad de las empresas estatales; v) colectivización de la producción agraria; vi) mantener el pleno empleo de los trabajadores, y dentro del “Plan” la acumulación en las ramas de la industria “pesada” se llevaba las mayores tasas de inversión respecto de las industria de bienes de consumo.

Como se puede apreciar estos objetivos y políticas bien considerados, en rigor, siguen más bien el análisis hecho por Marx en el capítulo del Libro I de El Capital sobre la acumulación originaria del capital. Lo expuesto en el párrafo anterior no es más que una exposición de “desarrollo del capital estatal” difundido y aceptado por la dirigencia y los “expertos” económicos soviéticos supuestamente inspirado en Marx-Lenín como verdad indiscutible, pero no hay nada de “socialista” en esto.

En la exposición no hay referencia alguna a cambios en la estructura socio-económica sobre la organización del trabajo; son un todo igual a lo que sucedía (sucede) bajo el capitalismo; por ejemplo se parte de la existencia “natural” de la clase trabajadora asalariada la cual debe incrementar la “productividad” del trabajo; las “empresas” tienen la finalidad de incrementar la “rentabilidad” y disminuir “costos”; etc. Los dirigentes políticos y los economistas de la URSS pasaban por alto el hecho de que el modo de producción para “industrializar” Rusia era un camino histórico económico “nuevo” de expansión del capital respecto de lo conocido hasta entonces pero no de relaciones socialistas aunque todos así lo etiquetaban; sufrían de un “espejismo” por el hecho de que la producción se sometía a la “planificación centralizada” a la que consideraban como una oposición decisiva al “mercado”; la “falsa conciencia” sobre lo que estaba en marcha en Rusia dominaba ampliamente y tozudamente en los responsables políticos y económicos.

Partían ellos de que Estado y planificación centralizada eran sinónimo inmediato de socialismo como opuesto al mercado capitalista privado; en ningún escrito, proyecto, diseño, etc. se podrá encontrar, por ejemplo, la mínima y aunque fuere ocasional referencia a trabajadores “asociados”, a la propiedad de los Mp en manos de los propios trabajadores, al modo de producción “asociado”, al Estado de los trabajadores actuando bajo su administración y control, etc. como elementos determinantes de la “nueva sociedad socialista”. Puede decirse que todo, en los hechos, se reducía a pragmáticas metas cuantitativas: tasas, tiempo de producción, productividad del trabajo (stajanovismo) reducción de gastos, evitar despilfarros, aprovechamientos, óptimos, sobrecumplimientos de planes, etc. etc. que generalmente no se cumplían por diversas razones. El análisis de Marx, que era una comprensión científica del orden burgués, fue transformado en “ideología socialista” en su nombre a efectos de la llamada “construcción del socialismo”.

Con posterioridad a la segunda guerra mundial se planteó a la URSS el problema de la “reconstrucción” de la economía y de la sociedad “socialista”; en los año 50 y 60 del siglo XX empezaron a surgir debates y controversias sobre tal necesidad que implicaron el tratamiento de las cuestiones siguientes: Inversiones y su rentabilidad; precios y su correspondencia con los valores por tanto vigencia o no de la ley del valor; tasas de crecimiento equilibrado; interés del capital fijo, etc. La mayoría de estos temas se asemejaban a los encarados por gobiernos y economistas de los países capitalistas también durante el mismo período aunque los modos de resolución fueran muy diferentes en la URSS y en aquellos. Además en el caso soviético se despertó una polémica interna respecto de la utilización de los métodos matemáticos para resolver planteos prácticos de los responsables de las empresas, su administración y decisiones que encontraban fuertes rechazos ideológicos desde los “doctrinarios” acusando a quienes abogaban por la introducción de tales procedimientos de pro-burgueses y anti-marxistas.

Es interesante lo que un economista marxista británico de renombre como Maurice Dobb comentaba hacia 1965 en “Soviet Studies” (Vol. XVII, Nº 2), publicado en “Ensayos sobre capitalismo, desarrollo y planificación” (Tecnos; Madrid; 1973). Decía Dobb que “Por una parte, surgían periódicamente quejas (En la URSS FHA) sobre el bajo nivel de la teoría económica, el predominio de un “estrecho pragmatismo´´ y los escritos puramente descriptivos, y la incapacidad para generalizar la experiencia de una economía socialista –quejas que adquirieron mayor fuerza después de la guerra–. Por otra parte, cuando ocasionalmente se hacían declaraciones ex cathedra en materia de teoría económica, los comentarios posteriores sobre ellas, tanto en la URSS como en otros países socialistas, resultaban sorprendentemente vacíos de contenido y poseían un carácter excepcionalmente abstracto, incluso escolástico. Se puede citar como ejemplo la cuestión de la ley del valor y su continua “influencia´´ bajo el socialismo, sobre la cual se nos decía poco más que esta ley se usaba “conscientemente´´ en la planificación; que esto no significaba que las relaciones de precio coincidiesen con las relaciones de valor, sino que , de forma que no se explicaba, se “desviaban del valor´´ en interés de los objetivos del plan –aunque de modo que se mantuvieran “los precios totales iguales a los valores totales´´ –. Tales generalizaciones se aceptaban aparentemente como la esencia del sentido común.” (Pág. 128). Dobb se refiere al bajo nivel de los economistas soviéticos de la ortodoxia “oficial” (talmudismo), pero leyendo las entrelíneas de su texto se filtra también la enorme incomprensión de lo que creían se estaba “construyendo” y cuáles eran los verdaderos problemas de la URSS.

Junto con los problemas provocados por la eficacia de la inversión y los otros temas señalados antes, todos eran motivos de una controversia aguda entre ortodoxos-doctrinarios y los dirigentes al frente de las empresas ante la necesidad de decisiones prácticas, quienes eran tildados de “reformistas” al igual que los economistas que preconizaban “modernizar”, “actualizar” y hacer “progresar” el análisis socialista de la planificación de los recursos.

Lo verdaderamente interesante del texto anterior y de las polémicas abiertas que se produjeron por aquella época es que expresaban una situación como mínimo desconcertante por las incongruencias de ambos “bandos” en pugna quienes ignoraban cuál era el objeto real bajo discusión cuyos problemas pretendían resolver. Cuando los ortodoxos acusaban a los reformistas de “contrabandear” ideas, procedimientos y métodos burgueses en la resolución de los problemas planteados como “mayor libertad de decisiones”, cálculos exactos de inversiones y su comparación con el rendimiento; el uso intensivo de las matemáticas; la necesidad de precios como indicadores más libres para las decisiones, “socialismo de mercado”; la irrelevancia de la proclamada “ley” del valor en la planificación; etc. etc. señalaban correctamente algo que ellos mismos desconocían desde su innegable estolidez: eran problemas y soluciones de una economía “capitalista estatal” pero que obtusamente ellos llamaban “socialismo”, exactamente igual que sus contendores; y los reformistas defendían y argumentaban que eran formas de resolver cuestiones que surgían de la propia maduración de la planificación que ahora exigía más dinamismo, innovaciones y agilidad combinándose con los movimientos del mercado y de los precios. También éstos no sabían que sus propuestas eran, efectivamente, burguesas pero no porque estuvieran infiltrados por ideas de esa naturaleza deliberadamente adoptadas sino porque, dada la realidad del capital estatal real, ellos expresaban las exigencias de éste bajo modalidades “técnicas”; matemáticas; prácticas; etc. que afirmaban “perfeccionarían” la economía socialista.

Es obvio que unos y otros contrincantes, se movían sobre un terreno que desconocían desde la teoría convirtiéndose en portadores inconscientes, enajenados, de una realidad que los superaba e ignoraban: la controversia confirmaba su despliegue en el ámbito del fetichismo estatal de la planificación.

Y transcribimos unos breves renglones que no tienen desperdicio: “La planificación de la economía nacional parte de bases científicas, y es posible a condición de que exista la propiedad social sobre los medios de producción” (Diccionario de Economía Política cit.). Es notable lo manifestado por los economistas soviéticos redactores de la obra y por toda la concepción ortodoxa de los doctrinarios; se apoyaban en un lapsus acrítico: la planificación sólo es posible a condición de la existencia de la propiedad social de los MP. Pues bien, ¡esto es algo que nunca existió en la URSS! confundían propiedad estatal o pública con propiedad social con una desconcertante “naturalidad” e ingenuidad. En los hechos, propietario era el Partido-Estado, en particular el Secretariado General del Partido, su equipo y el C.C. en un polo de la estructura social y en el otro polo la masa de trabajadores “soviéticos” despojados de propiedad y trabajando bajos las “ordenes” de los “nuevos” propietarios en las empresas del Estado. Como hemos visto tampoco les iba mejor a los “reformistas”.

De nada parecía servir para ambos bandos en confrontación que Marx en El Capital hubiera mostrado y demostrado que: “el modo capitalista de producción y de acumulación, y por ende también la propiedad privada capitalista, presuponen el aniquilamiento de la propiedad privada que se funda en el trabajo propio, esto es, la expropiación del trabajador” (Pág. 967). Era lo mismo que estaba haciendo (e hizo) Rusia por otros procedimientos socio-económicos pero en todo esencialmente lo mismo que ya había hecho el capitalismo en países adelantados siglos antes. La propiedad estatal soviética era la forma de expropiación del trabajador ruso y la de su reproducción constante como tal: trabajador no-propietario que se oponía obtusamente a la difusión de la propiedad “social”, a que los trabajadores fueran “propietarios colectivos”, o sea, “… la cooperación de trabajadores libres y su propiedad colectiva sobre la tierra y sobre los medios de producción producidos por el trabajo mismo” (Marx – I; 3; Pág. 954)

¿Por qué, para finalizar, decimos que los debates sobre inversiones, rendimientos, precios, valores, interés de Mp, productividades del trabajo, etc. eran temas correspondientes a la forma capital del proceso de producción y no a “socialismo” alguno en la URSS? Por lo siguiente.

La estructura socio-económica de la Rusia soviética (tampoco tenía nada de soviética) consistía en una relación entre trabajadores no-propietarios y propietario único (PCUS-Estado) no-trabajador; y en medio de ellos, por así decir, un mar de empresas de diferentes ramas con sus dirigentes-administradores al frente como responsable de que funcionaran teniendo en cuenta la relación costo-rendimiento en el cumplimiento del plan cuyas directrices bajaban desde el Gosplan. Éstos funcionarios actuaban, de hecho, como pseudo-capitalistas en funciones (protoburguesía) limitados y coaccionados con limitada libertad de gestión para decidir pero debiendo hacer que se cumplieran las metas establecidas para los trabajadores de las empresas y además con restricciones monetarias para incidir en los costos de la producción asignada. La relación entonces era: trabajadores sin propiedad – administradores poseedores – propietario no-trabajador. Esto no era “socialismo” sino una estructura en que predominaba el capital estatal, por tanto el proceso era el de la producción de mercancías “estatales”, excedente como plusvalor; salarios y rendimientos como ganancia. Los problemas de la inversión eran el del rendimiento de los Mp considerados como capital; los de la relación valores y precios era la de empresas que no competían como rivales pero se les exigía que obtuvieran un rendimiento cual si estuvieran en aquellas condiciones; y también el problema de la necesidad del cálculo de una tasa de interés para los Mp cual si se tratara de una cantidad de dinero en préstamo cuyo valor estimado varía con el tiempo que incide en el rendimiento; etc. todas cuestiones “capitalistas” para nada “socialistas” aunque, como sabemos eran así tomadas y definidas “oficialmente”.

Un ejemplo sencillo entre tantos sobre esta cuestión puede ser útil; en una Resolución del XXV Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética se enfatizaba que “la fundamental importancia de una dirección más eficiente de la inversión de capital, que permita el menor gasto posible de los medios de producción producidos”. El texto habla por sí solo: inversión de “capital” y “menor gasto” en la producción de Mp; si no estuviera el contexto de la frase el lector diría que se trata de una objetivo puramente capitalista y no de “planificación socialista”.

Pero a modo de mayor ilustración transcribimos un fragmento de la obra de 1968 “La transition vers l´économie socialiste” (La transición hacia la economía socialista) de Charles Bettelheim renombrado estudioso de la transición hacia el socialismo y, en particular, de la economía de la URSS exponiendo sus características principales: “En la práctica de la economía planificada actual, las unidades de producción no son simples unidades técnicas sino sujetos económicos que, en consecuencia, toman decisiones y a los cuales es preciso reconocerles un margen de iniciativa y de responsabilidad que, de hecho, las convierten en sujetos jurídicos. Estos sujetos jurídicos son, como tales, fuentes de derechos y obligaciones. No están solo sometidos a las obligaciones que les impone el plan sino también sometidos a las obligaciones que contraen.

Los productos que pasan de una unidad económica a otra no son, en general, repartidas en virtud de órdenes administrativas, la mayor parte de esos productos circulan en virtud de actos de compra-venta que dan lugar a pagos.

Hay entonces, a menudo, no reparto de productos sino circulación de mercancías; hay dinero y precios, es decir (al menos aparentemente) categorías mercantiles, de allí por lo tanto un sistema de contabilidad en precios, un sistema de cálculo monetario y salarios diferenciados así como también un sistema financiero y un sistema de crédito con una red bancaria de Estado que puede realizar préstamos por tiempo más o menos prolongados. Tal es la descripción que se puede hacer de todas las economías planificadas actualmente existentes”. (C. Betthelheim; Maspero; París; 1968; p. 30. Énfasis Betthelheim).

En su brevedad el texto habla de una penetrante verdad: ¡esto no era socialismo en construcción! Bettelheim, para esa época mantenía todavía pudorosamente una terminología de definición como “economía de transición entre capitalismo y socialismo”, aunque no dejaba de señalar que esa realidad “compleja” mostraba estar en contradicción con algunas anticipaciones sobre la sociedad socialista expuestas por Marx y Engels. Lo diría más tarde con todas las letras en un intercambio epistolar con Paul M. Sweezy con motivo de la invasión soviética de Checoeslovaquia en 1968: ¡la URSS restauraba el capitalismo con una burguesía de Estado! Lo cual Raya Dunayeskeya había ya anticipado entre 1939 y 1946 bajo la definición de capitalismo de Estado. Digamos a modo de observación, aunque suene a fatigosa repetición, que lo cierto consistió en que no se trataba de una “restauración” sino del paso hacia el capitalismo privado desde un capitalismo estatal como ha sido expuesto en estas páginas.

En los hechos la realidad de esta estructura rusa de producción pugnaba tortuosamente por ser reconocida como lo que era, como relaciones de capital, que sus mercancías se intercambiaran como producto de capitales que esperaban una participación en la masa global del plusvalor producido por la clase obrera rusa como participación proporcional a la magnitud del capital estatal de las empresas, pero que les era impedida o perturbada por la “planificación centralizada” y las órdenes de ejecución establecidas.

Pero sigamos a Marx ante una situación distinta a la descripta. Si la clase trabajadora rusa hubiera estado en posesión de los Mp como trabajo asociado, podía haber intercambiado entre las diferentes empresas las mercancías producidas ¿qué es lo importante de esta situación? ¡Pues que las mercancías producidas no serían producto del capital! Es claro que la magnitud de valor de los Mp sería diferente de acuerdo con las necesidades de trabajo de las ramas productivas. Si concedemos que los trabajadores trabajaran igual cantidad de tiempo con un ritmo de intensidad standard, lo que se desprendería de esto es que una cantidad dada de trabajadores repondrían en su trabajo diario los costos de los Mp que utilizan, luego habrían creado con su trabajo un valor nuevo, o sea el tiempo de trabajo que se agrega al de los Mp, lo cual incluye su ingreso de mantenimiento más el excedente, este último igual al plustrabajo, pero que serían de su propiedad no de un tercero por encima de ellos como apropiador del esfuerzo colectivo.

Dado esto, como se puede pensar, es probable que los valores de las mercancías sean diferentes; en un tipo de mercancía incidiría más el valor del Mp que en otra por ejemplo, por eso habría diferencias en el “rendimiento” (Tasa de ganancia), etc. pero como se trata de trabajo asociado y no de capitales privados en competencia, las diversas tasas de rendimiento no serían lo importante o serían indiferente ante la sociedad “… tal como hoy en día le resulta indiferente al asalariado la tasa de ganancia en la cual se expresa la cantidad de plusvalor que le ha sido expoliada, y tal como resulta una circunstancia indiferente, en el comercio internacional, la diversidad de tasas de ganancia para el intercambio mercantil entre las diversas naciones”. (K. Marx; El Capital; Siglo XXI Editores; Libro III; 6; p. 224). Lo que Marx ilustra es un ejemplo del modo de producción del trabajo asociado que no era ni nunca fue, siquiera aproximadamente, a lo que se decía construir en la URSS y en los países que todavía se autodenominan “socialistas”.

¿Cuál es el fundamento de la nueva sociedad post-capitalista?

Ahora es más claro para el lector comprender que el fundamento de la nueva sociedad es la actividad en cooperación de trabajadores libres y en condiciones de propietarios colectivos sobre la tierra y sobre los Mp producidos por el trabajo mismo, lo cual es la disolución-transformación de la propiedad capitalista, de hecho ya fundada sobre la producción y administración social de la producción, en propiedad social. Esto significa: desaparición, eliminación de la clase capitalista y superación del trabajo asalariado por la transformación de todos los trabajadores en ¡trabajadores sin más! Ya no existe, ha desaparecido, la explotación ajena, se ha producido un ¡cambio en el modo de producción! Esto no fue la URSS, no es China, no es Viet-Nam, no es Cuba ni lo es Corea del Norte.

4.- La rivalidad URSS – EE.UU.

Lo que ha sido expuesto en las páginas anteriores da lugar al planteo de que el enfrentamiento geopolítico y militar entre EE.UU.-URSS deba ser reconsiderado en nuevos términos. Al reconocer o aceptar que no hubo en la URSS ninguna construcción de nueva sociedad socialista tal como los hechos mostraron y que no hubo ni “explosión” ni “implosión” sino un emerger o un desplazamiento de un tipo de sociedad capitalista por otra, de un capitalismo estatal a un capitalismo privado, la conclusión no puede ser otra que aquel conflicto fue entre dos potencias del mismo tipo social pero nunca entre capitalismo y socialismo, sobre todo porque, como hemos tratado de demostrar, la URSS jamás fue un país socialista, como tampoco lo son los que aún se autotitulan de esa manera. Fue una “guerra fría” entre pares como potencias del capital y no como potencias una del capital y otra del trabajo asociado.

El fetichismo de la planificación alcanzó también a los dirigentes políticos y militares del occidente capitalista, víctimas a su vez del fetichismo del capital como propiedad privada. Los países y regiones que hubieron de sufrir el enfrentamiento son todo un testimonio del conflicto: invasiones, usurpaciones, bloqueos, bombardeos, persecuciones, asesinatos, por parte de los EE.UU. con la excusa de “oponer una barrera de contención del comunismo”, tenían su contrapartida en la política agresiva de la URSS en su propio campo “socialista” reprimiendo los intentos de lo que calificaban “regreso al capitalismo” en algunos países del Este europeo bajo su dominio. Toda una impostura histórica general en la que los protagonistas ignoraban la plataforma real que los oponía. No menos aleccionador sería que aun si la URSS se hubiera proclamado como lo que en verdad fue, un capitalismo de Estado, por tanto un hermano de clase, la situación conflictiva no hubiera sido menos aguda aunque hubiera tomado otros caminos político, diplomáticos y militares; lo vemos ahora con la constitución de China como una potencia capitalista sin ambages aunque siga esgrimiendo la etiqueta de “socialista” que mal le cuadra como hoy ya lo sabemos. Cuando se trata de potencias con sus intereses, ambiciones, voracidad, y rapacidad, lo importante no es que partan de la misma base estructural social y económica, lo importante es la avidez de aplastar al rival.

Febrero 2021

 

 

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