Tennessee Williams y La nit de la iguana

Antonio Ruiz

Tennessee Williams (1911-1983) fue posiblemente el dramaturgo más conocido y prolífico del siglo XX en USA. Escribió unas sesenta obras teatrales en cincuenta años y también algunas novelas, cuentos y poesía. Su nombre se hace popular a mediados de los cuarenta por el éxito de sus obras representadas en Broadway, sobre todo a partir de Un tranvía llamado deseo (1947) con montaje dirigido por Elia Kazan. A partir de esa época, y coincidiendo con su madurez de autor dramático, se van sucediendo estrenos en las principales ciudades de EEUU y en otros países hasta mitad de los años sesenta. Paralelamente, la industria cinematográfica realiza versiones, más o menos libres, de una decena de sus obras teatrales de mayor éxito.

Las piezas teatrales de Williams tienen en general características propias que fácilmente se pueden apreciar cuando se han visto o leído varias de ellas, reseñamos tres: temporalidad, ubicación y personajes. Los argumentos se desarrollan en la época vivida por el autor, pero no siempre están escritos en las fechas en que se situa la historia de la obra. La familia del dramaturgo se trasladó a vivir a St. Louis cuando este tenía siete años y a los veintiocho él se instala en Nueva Orleans. Esto, junto a su
ímpetu viajero (México, España,…) nos puede orientar a comprobar que sus dramas transcurren en el sur de su país o lugares que ha visitado, generalmente en pequeñas comunidades, donde muestra la cercanía y formas de vida junto a las diferencias de raza y posición social de este sur de reminiscencias culturalmente francófonas. La característica que considero más personal, como creador, es la construcción de los personajes principales y en particular los femeninos, estos suelen ser el centro del
drama en cuyo entorno giran el resto de personajes, a veces incluso hay más de un centro pero siempre femenino y donde lo masculino suele ser el círculo centrífugo. Esto no significa que los intérpretes varones tengan menor valor pero si son menos complejos, sus fantasmas internos aparentemente son más inteligibles. Sin embargo, la sensibilidad de Williams profundiza psicológicamente en los personajes femeninos, enriqueciendo el drama con protagonistas impregnados de inquietudes tormentosas y de un mundo interno no asumido, llegando ineludiblemente al espectador si están bien interpretados, como el personaje de Alma en Verano y humo (Summer and Smoke, 1948), o el de Blanche en Un tranvía llamado deseo (A Streetcar Named Desire, 1947), y tantos otros de su extensa creación.

Tennessee Williams muestra sensibilidad para desmenuzar e indagar profundamente en las contradicciones de sus personajes. Tuvo práctica en su propia persona durante su fogosa vida, sus encuentros y desencuentros personales y familiares de su tiempo y sociedad.

Él encontró su camino y lo vivió intensamente con cierta suerte al escribir sus obras, donde se dedica a exponer el entorno social de su época profundizando en la psicología de sus personajes.


LA NIT DE LA IGUANA (The Night of the Iguana, 1961)
Autor: Tennessee Williams. Traducción y dirección del montaje: Carlota Subirós.
Lugar: Teatre Nacional de Catalunya (Barcelona), estreno de 11/2 á 28/3.
Descripción escénica: Año 1940 al norte de México en la costa del Pacífico. Un hotel para turistas, dirigido por una mujer llena de vida que se acaba de quedar viuda, situado sobre una pequeña colina selvática donde se “pasean” las iguanas y desde donde se divisa el mar al que se tiene fácil acceso. Llega un guía turístico y viejo conocido (antiguo pastor de almas expulsado del pueblo donde ejercía por estupro y hereje), con un grupo de 11 mujeres de Texas. En el hotel está hospedada una familia alemana y seguidamente llegará una señora entorno a 40 años y su abuelo, poeta de 97 años. La hotelera, el guía y los recién llegados son de USA. En el gran porche transcurre la acción de la obra.

El texto original del drama en tres actos suele durar tres horas, Carlota Subirós, traductora y directora, reduce su montaje a dos horas por la limitación horaria en la situación actual pero no pierde lo sustantivo de la obra que se realiza sin interrupciones que, en mi opinión, es un acierto.

La escenografía es impresionante (foto superior) en estética y dimensiones, cuestión que se debe a la creación artística pero también a ser un teatro institucional pues difícilmente se ve en los privados hoy en día. La directora y su equipo (como ella lo define) han realizado un respetable trabajo, de una obra nada fácil de representar y transmitir lo que su autor pretende, ante la complejidad de personajes entrando y saliendo de escena sin que decaiga el ritmo ni perjudique al espectador el seguimiento
de lo que se expone.

Una característica de Williams es exponer la situación social del entorno pero sin entrar a analizarlo. Él se suele centrar en los personajes principales desgranando sus sentimientos, contradicciones y pasiones. En esta ocasión son tres los personajes principales: Maxine la viuda, Shannon el guía (ex sacerdote anglicano) y Hannah pintora itinerante con abuelo poeta.

Maxine es una mujer llena de vida y que la quiere vivir mientras tenga ocasión antes de envejecer. Dice y hace lo que siente con pasión. Lucha por lo que quiere sabiendo que puede perder y asumiendo que siempre encontrará otro camino. No contempla la desesperanza sino el dar para sentir. Viendo la representación me imaginé a la gran Bette Davis interpretando el papel en el estreno teatral y a Ava Gardner en el cine, dos actrices de carácter.

Shannon siempre va acompañado de su otro yo y lo manifiesta. Piensa que él no es culpable, se siente provocado por jóvenes que entran en su habitación, pero le acusan de estupro por segunda vez con una adolescente de Texas. Está perdido, no domina los diablos internos que le perforan la mente pero sí juzga a los otros. No asume sus debilidades ni supera su romanticismo auto creado. Es débil en su lucha,
puede que tenga suerte con la propuesta de Maxine y aprenda algo antes de perecer.

Hannah cree entenderlo todo, ante momentos de agobio los supera con profundos suspiros. Va para cuarenta años, de los cuales, más de veinte acompañando a su abuelo de un lugar a otro. Sin conocer contacto físico-carnal, cree superarlo todo pero no sabe caminar sola. Al morir su abuelo, cuando da por terminada su última poesía, tendrá que volver a empezar, aprender a buscar su camino pero antes ha de
encontrarse a sí misma, admitir que no lo sabe todo y que no todo camino te lleva a alguna parte.

En bastantes montaje teatrales a los principales protagonistas les conceden una amplitud escénica, no siempre justificada, que reduce e incluso anula a otros secundarios. Esto no ocurre en este caso donde todo el elenco hace creíble el drama, al ajustarse cada uno a su respectivo personaje con naturalidad, lo cual produce la armonización del conjunto como espectáculo. No cabe duda que eso solo se consigue
con una buena dirección de escena, el respeto del texto original y la presentación del montaje, que dan como resultado una valoración seria y digna de esta nueva versión del equipo de Carlota Subirós.

Recuerdo que la versión en cine de John Huston de 1964 es bastante libre respecto al libreto original, si bien como cine tiene su propio valor. La principal diferencia está en que la película sitúa la acción en los años sesenta y no hay turistas alemanes (el resto no es significativo). Esto hace que desaparezca un elemento que debe tener un sentido para el autor, ya que este escribió la obra en los años sesenta pero la situó en los cuarenta. En el texto los turistas alemanes pasan por el escenario, en plano secundario, cantando y celebrando que el armamento que fabrica el patriarca de la familia ha sido lanzado por los nazis y Londres esta incendiado en ese momento. Que este hecho no esté en el film estadounidense de 1964 también debe tener su sentido.

Como resumen, confiemos que se realicen montajes de este tipo con más asiduidad para mantener contacto con ese espejo directo que es el teatro como reflexión de la vida.

Antonio Ruiz 20/03/21

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